Olvidando a los niños producto de la guerra

 

Forgetting Children Born of War [Olvidando a los niños producto de la guerra] muestra cómo estos menores han sido ignorados de forma deliberada debido a la presión de gobiernos y agrupaciones feministas que afirman que los niños son meras consecuencias de la violencia sexual, o lo que es peor, coagresores de las mujeres. Su autora, R. Charli Carpenter, es profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad de Massachusetts, en Amherst.

«Diseminados por todo el mundo», lamenta Carpenter, «los niños nacidos de víctimas de violación luchan por seguridad alimentaria en campos de refugiados… ansían una familia en orfanatos… les preocupa que sus madres los abandonen… buscan madres y padres biológicos del otro lado de los océanos… y anhelan el día en el que el tema pueda ser atendido en los consejos de naciones».

El libro intenta averiguar por qué las agrupaciones de derechos humanos han asumido el papel de espectadoras. La respuesta radica en el modo en el que la agenda de la violencia sexual en época de conflicto ha sido definida: en términos de violencia étnica, pintando a los niños como agentes del enemigo, y por el feminismo, contraponiendo los derechos de los niños a los de sus madres.

Hubo un momento decisivo en 1998, cuando el «embarazo forzado» fue codificado como delito en el Estatuto de Roma que constituyó la Corte Penal Internacional. Anteriormente, la «fecundación forzada» estaba prohibida en el derecho humanitario. Las feministas aseguran que la nueva formulación refleja la idea de que el embarazo es un crimen de guerra diferenciado además del de violación.

La interpretación que las feministas hicieron del «embarazo forzado» fue rechazada de manera explícita en el Estatuto de Roma que da origen a la Corte Penal Internacional. Los funcionarios de la ONU suelen ignorar las decisiones de los Estados Miembros, no obstante, y la interpretación rechazada se encuentra implícita en el reclamo efectuado esta semana por el Secretario General, que afirma que el aborto es un derecho de reparación para las víctimas de la guerra.

Carpenter sostiene que la incidencia masiva de casos de violación durante la guerra en Bosnia fue un acontecimiento decisivo que convirtió la lógica feminista en argumentación jurídica y catapultó la agenda feminista a expensas de los derechos de los niños. Señala que la influyente obra de Beverly Allen titulada Rape Warfare [Guerra de violación] insinúa que el infanticidio podría ser psicológicamente saludable para la madre, y que Allen equipara el embarazo forzado a la guerra biológica. El Centro de Derechos Reproductivos sostuvo que el embarazo «potencia el dolor de la violación» ya que «prolonga el dolor físico y emocional». Otras feministas dijeron que el embarazo es genocida, representa la ocupación extranjera del útero, impide la reproducción de otro y por lo tanto representa una forma de destrucción.

«Mediante esta clase de ejercicio intelectual y semántico», afirma Carpenter, «el embarazo forzado fue construido como un componente de la violación y como delito específico en sí, dentro de la categoría de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio». Se pasó por alto la violación de los derechos de los niños, y, en cambio, se los «invocó como prueba de la atrocidad».

Los medios sensacionalistas y juicios posteriores al conflicto perpetuaron la impresión de que estos niños eran indeseables, dice Carpenter. Los informes de noticias y las preguntas planteadas por los fiscales durante los procesos destacaban de manera deliberada casos de madres que abortaban, abandonaban o asesinaban a sus hijos después de nacer.

Organismos de la ONU e importantes agrupaciones de derechos humanos no solo pasaron por alto la penosa situación de estos niños, descubre Carpenter, sino que consideraron el tema y luego lo rechazaron adrede debido a intereses encontrados. A partir de 1996, sucesivos informes de la ONU sobre violencia sexual no hicieron mención alguna de los niños. Se suprimieron tales referencias en un informe canadiense de una conferencia en Winnipeg. Noruega negó la subvención a una agrupación de defensa de los derechos del niño que intentaba dar inicio a un tratado internacional. Un representante de Unicef retiró su apoyo de una conferencia en 2006 diciendo que «quedaba por ser convencido del mérito de que Unicef tratara a estos niños como grupo específico».

El ejemplo más ilustrativo de Carpenter es su breve labor de asesoría con Unicef en Bosnia en 2005, cuando logró convencer a un representante nacional que subvencionara un estudio sobre niños sobrevivientes. Cuando estuvieron listos los resultados, Unicef se negó a hacer público el informe diciendo que temía la reacción de algunas ONG y gobiernos.

Carpenter llega a la conclusión de que Unicef ha actuado como controlador en este asunto, manteniendo a los niños producto de violaciones durante la guerra fuera de la agenda internacional.

Esta es la segunda obra de Carpenter sobre el asunto, después de un volumen editado y numerosos trabajos que abordan la cuestión. Forgetting Children Born of War muestra su dominio del tema y su capacidad de ponerlo en el contexto mayor del escenario de la agenda internacional.

No obstante, Carpenter se equivoca cuando incluye al Papa entre sus ejemplos de líderes que no defendieron cabalmente a los niños concebidos en la guerra. Menciona a San Juan Pablo II en dos oportunidades y, en ambas, de forma errónea (distorsiona una fuente y basa su análisis en citas fragmentadas de una fuente secundaria en otro caso). Lo que es notable es que la carta (traducción al inglés) que se tergiversa en ambas instancias hace exactamente lo que Carpenter dice que desearía que los líderes del mundo hicieran: declara al niño de la guerra como enteramente humano, indiscutiblemente inocente, y necesitado de protección de forma urgente.

Violación, embarazo y aborto

Jorge Scala, abogado argentino especialista en derechos humanos y bioderecho, en el que ofrece su experiencia en una asociación de ayuda a madres solas, y sus respuestas al debate existente en Argentina tras una polémica sentencia que despenaliza el aborto en caso de violación.

Mucho se ha debatido en estos días sobre los tres sustantivos que titulan esta nota. Como tesorero y apoderado de “Portal de Belén” quisiera hacer un breve aporte a esas tres palabras, concatenándolas del mejor modo posible.

En EE.UU. decidieron investigar seriamente el problema de las violaciones en todos sus aspectos. Se hizo un protocolo de investigación y se designó al Hospital San Pablo de Minneapolis para efectuar el estudio. Los trabajos duraron 10 años, durante los cuales fueron derivados a dicho centro sanitario todas las mujeres violadas de la región. En total se investigaron más de 3.500 violaciones.

Entre las cuestiones estudiadas se incluyó la relación entre violación y embarazo. Muy pocas de las mujeres violadas presentaron embarazos. Todos esos embarazos fueron estudiados, tanto sea en los casos en que las mujeres abortaron como en los que continuaron sus embarazos. Se hicieron las pruebas genéticas pertinentes –tanto en los bebés abortados como en los nacidos-, y se determinó, científicamente, que todos los embarazos habían sido fruto de relaciones consentidas, con sus esposos o algún otro varón. En pocas palabras: las 3.500 violaciones no habían causado ningún embarazo (Reardon, David C., Aborted Women: Silent No More).

En “Portal de Belén” tenemos la experiencia de campo, que por la obvia falta de medios no ha podido verificarse con validez científica. La comparto: entre las muchas mujeres que hemos ayudado en estos más de 20 años de servicio al bien común, nos hemos encontrado con algunas mujeres violadas y embarazadas. Vienen a nosotros mujeres embarazadas en situación de conflicto y, ¿qué duda cabe?, la violación es uno de los conflictos más penosos que nos ha tocado acompañar.

Desde el comienzo de nuestra Asociación, intuimos que el mejor modo que tiene una mujer embarazada para superar su conflicto –cualquiera que sea-, es darle las herramientas que necesite para poder continuar con su embarazo y, más adelante, para que pueda criar amorosamente a ese hijo que lleva en su seno. En la generalidad de los casos esto parece muy obvio. Y lo es.

Ahora bien ¿qué sería lo mejor para una mujer encinta cuyo conflicto fuera el haber sido víctima de una violación? En realidad no lo sabíamos. Ni lo supimos hasta que se nos fueron presentando los primeros casos. Era evidente que la ayudaríamos a continuar con su embarazo: a fin de cuentas, ese es nuestro fin asociativo. Pero lo que no era nada obvio es que criar a ese hijo –en lugar de darlo en adopción–, fuera la mejor opción para la mujer violada.

Como no podíamos resolver la duda, pues había tantos y tan buenos argumentos para una u otra opción, decidimos obrar con esas mujeres igual que con las demás: procurar ayudarlas a aceptar, amar y criar a ese hijo que venía al mundo de ese modo trágico. El resultado superó todas nuestras mejores expectativas. Se lo comparto.

En “Portal de Belén” no solo damos alojamiento y comida, sino también atención médica, jurídica, psicológica, etc. a las mujeres que lo necesitan. Todas las mujeres violadas recibieron atención psíquica. Con ese acompañamiento y el nuestro, decidieron no solo continuar sus embarazos, sino también criar a sus hijos. En todos los casos, en un tiempo relativamente breve, los informes psicológicos concluyeron del mismo modo: el acto de amor de haber acogido, amado y criado a ese hijo, curó completamente las secuelas psíquicas de la violación. Para nosotros fue una de las sorpresas más hermosas que tuvimos, en estos años de trabajo silencioso y fecundo.

Ante estas realidades que nos enseña la ciencia y nos muestra el trabajo de campo con quienes padecen la problemática, me pregunto: ¿Puede ser razonable matar por las dudas que el hijo fuera producto de una violación, cuando se sabe que esto casi nunca sucede? También me pregunto: ¿es bueno para la mujer violada quitarle la posibilidad de la curación total, del trauma que le produjo esa brutalidad?.

A los caballos que circulan por la ciudad hay que ponerles anteojeras, para que no vean la realidad; puesto que si la percibieran se asustarían y provocarían un desastre movidos por el miedo. Me vuelvo a preguntar: ¿qué clase de “anteojeras” tienen algunos de nuestros jueces, gobernantes y médicos, que parecen impedirles reconocer la realidad?.

En un rato se mata a una persona por nacer. Nosotros preferimos acompañar a sus mamás durante meses, ayudándolas a crecer y superar por sí mismas todos sus obstáculos. Nos parece lo mejor para todos, también para nosotros que crecemos en humanidad…

Jorge Scala

Zenit

Una corriente interna del PSOE da la voz de alarma

Desde la Izquierda Socialista en Albacete, estamos promoviendo en una red social BOICOT a la cinematografía del Sr. Aranda

Boicot que ha sido motivado por las declaraciones publicadas en el Diario El País el día 3 de enero pasado, dicho Director Cinematográfico, promocionaba su última película y respondía a algunas preguntas.

Se transcribe literalmente lo publicado:

P. El protagonista de ……….. es violador, asesino y fumador. ¿Qué le parece peor?

R. Pues asesino. Violador lo puedo perdonar. Y fumador, yo no fumo, pero lo consiento.

P. ¿He oído bien? ¿Puede perdonar a los violadores?

R. Pues sí. Puedo perdonar a los violadores, porque puedo llegar a comprenderlos.

Indica entre otras estupideces “admito que una mujer pueda decir que una violación le ha gustado”

Nadie ha cuestionado nada de esta entrevista (al menos que yo sepa), sobre la violación decir que, se entiende el acto de forzar a tener relaciones sexuales con otra persona sin su consentimiento empleando violencia en la acción, o amenaza de usarla.

Muchos juristas consideran la violación como uno de los delitos más graves, sólo por detrás del asesinato o la mutilación, porque el asesinato, en todos los casos, y la mutilación, en muchos, son irrecuperables, y la violación es muy difícil de recuperar psicológicamente, pero no se considera forzosamente imposible en todos los casos. Cuando se considera que la recuperación psicológica es muy difícil o prácticamente imposible, como cuando sucede en la infancia de la víctima, se juzga que el delito es más grave. (Wikipedia)

Que no se nos olvide que SOMOS EL PUEBLO, QUE EL PUEBLO ES SOBERANO, Y QUE ORGANIZAD@S PODEMOS HACER TEMBLAR LOS PILARES DE LA SOCIEDAD HIPÓCRITA EN LA QUE NOS ENCONTRAMOS.

Que la Ministra de Igualdad tome cartas en el asunto, y que el Ministerio de Cultura no subvencione o retire las concedidas a proyectos cinematográficos en los que figure el Sr. Aranda.

NO SE PUEDE CONSENTIR QUE SE ACEPTE, COMPRENDA Y PERDONE UNA VIOLACIÓN.

QUE ESTAS DECLARACIONES PASEN INADVERTIDAS O SEAN ADMITIDAS POR MUCHOS SECTORES DE LA SOCIEDAD DADO EL STATUS SOCIAL, PROFESIÓN O INFLUENCIAS DE ESTE SEÑOR.

EN UNA SOCIEDAD DONDE TODOS SOMOS IGUALES ANTE LA LEY, NO SE PUEDEN TOLERAR DICHAS AFIRMACIONES.

Las naciones inculpan al Relator de la ONU que afirmó: “el género es un constructo social”

Un gran número de naciones hizo frente común para criticar un informe especial sobre “la violación de los derechos humanos por cuestiones género en la toma de medidas contra el terrorismo”. El malestar surgió a raíz de que el autor del informe presentó el concepto de género como un constructo social flexible y, además, impulsó un documento sobre “derechos homosexuales” elaborado en la ONU que se conoce como “Principios de Yogyakarta”, en vez de centrarse en la tarea asignada, que consistía en el análisis de los abusos padecidos por las mujeres que fueron capturadas en la guerra mundial “contra el terror”.

     Durante el denominado “debate interactivo” con el Relator Especial de la ONU Martin Scheinin, la Organización de Países Islámicos y del Grupo Africano, representados por Malasia y Tanzania, respectivamente, criticaron a Scheinin por exceder su mandato, violando así el Código de Conducta del Consejo de Derechos Humanos. Según el Grupo Africano, Scheinin incurrió en el uso indebido de su función, para impulsar los controvertidos Principios de Yogyakarta, declaración que pretende “reflejar el estado actual de la legislación sobre derechos humanos” en relación con “la orientación sexual y la identidad de género”. Scheinin fue uno de los casi treinta “expertos” auto-elegidos que redactaron el mencionado documento en 2007.

     En respuesta a las críticas, Scheinin defendió el uso de los Principios aduciendo que fue “absolutamente legítimo”. Además, afirmó que se trata de una “ley blanda” que “enriquece” la interpretación de las normas vinculantes sobre derechos humanos. En sus declaraciones a Friday Fax, un delegado desestimó las afirmaciones de Scheinin al indicar que no existe consenso internacional sobre orientación sexual como una categoría protegida contra la discriminación, así como tampoco una obligación jurídica vinculante.

     La nación caribeña de Santa Lucía recriminó a Scheinin el haberse apartado de la definición acordada para el término “género”, según lo establecido en la Plataforma de Acción de Beijing y en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, los cuales confirman la interpretación tradicional de la palabra. La delegación estadounidense, mostrando continuidad con la política de la administración Bush, también respaldó el uso del término según lo acordado en Beijing, si bien añadió que los Estados Unidos están interesados en el impacto que las medidas en contra del terrorismo han tenido en la “comunidad lesbiana, gay, bisexual y transexual”. El Estatuto de Roma define al género como “los dos sexos, hombre y mujer, en el contexto de la sociedad”, a la vez que el documento de Beijing reafirma el “uso ordinario y generalmente aceptado” del vocablo.

     La Santa Sede reiteró que el “género se basa en la identidad sexual biológica, masculina o femenina”, y rechazó “la noción de que la identidad sexual pueda ser adoptada indefinidamente”.  India, que rara vez toma la palabra en esta clase de asuntos sociales que generan divisiones, criticó al Relator Especial por redefinir la “perspectiva de género” y por conducir al comité a un debate “académico” que se aparta de su mandato.

     Scheinin también tuvo defensores, particularmente entre las naciones europeas y ciertos países latinoamericanos, como ser Uruguay y Chile. Noruega expresó su “respaldo absoluto” al informe y recibió con agrado la visión de género como un constructo flexible. Suiza reprendió a las naciones que se opusieron al Relator Especial por no coincidir con su presentación, y sostuvo que éstas deben acatar cualquier resolución posterior que se base en el informe.

     Un delegado que reprochó la “arrogancia” de Scheinin y de los países europeos que lo respaldan resumió el debate diciendo: “En pocas palabras, ellos nos pueden criticar a nosotros, pero a nosotros no se nos permite criticarlos a ellos. Son dioses.”

Si fuera un cura …….

El mundo del cine ha cerrado filas tras Roman Polanski, reclamando su libertad. En la petición firmada por 138 cineastas –Woody Allen, Pedro Almodóvar, Martin Scorsese, David Lynch y otras muchas celebridades– da la impresión de que Polanski, de 76 años, ha sido detenido por su ideas más que por sus actos. Nada se recuerda del origen de su arresto, la violación en 1977 de un chica de 13 años, tras haberla drogado, culpabilidad que reconoció en su momento ante el juez de Los Ángeles, aunque luego huyera sin dar ocasión a que se pronunciara la sentencia.

Roman Polanski

 Es verdad que el castigo de un delito pierde bastante su efectividad y su sentido cuando han transcurrido 32 años. No en vano la prescripción siempre ha tenido su papel en el Derecho. El tiempo tiene una influencia decisiva en la vida del hombre, también en la esfera de la extinción de derechos y de responsabilidades. La gente cambia. El castigo tiene un valor ejemplar en el momento, pero no del mismo modo tres décadas después. Si, además, como en el caso de Polanski, la víctima ha perdonado o ha llegado a un acuerdo con el agresor, y no quiere volver a verse en un juicio, hay buenos motivos para dar por cerrado el caso.

 Pero estos buenos motivos no tienen nada que ver con los invocados en la declaración de los cineastas de apoyo a Polanski. Los firmantes de la petición manifiestan su “estupor” y su “consternación” ante el arresto, y consideran una “trampa policial” que el cineasta haya sido detenido cuando iba al Festival de Cine de Zurich a recibir un homenaje, como si la ejecución de una orden de busca y captura emitida por el juez americano fuera un atropello de la policía.

 Da la impresión de que lo que estuviera en juego fuera la libertad de expresión, pues argumentan que “los festivales de cine del mundo entero han permitido siempre mostrar las obras y la libre circulación de los cineastas”, “incluso cuando ciertos Estados querían oponerse”. Pero Polanski no ha sido detenido por nada que tenga que ver con el Séptimo Arte, sino con unos hechos arteros que son perseguidos en cualquier Estado. Y ni EE.UU. ni Suiza están en manos de regímenes dictatoriales.

 Como supremo argumento, los colegas afirman que Polanski es “un artista de renombre internacional”, que hoy día se ve amenazado de extradición y de privación de libertad. Todo esto desprende un tufillo de elitismo irresponsable, en virtud del cual a un artista no se le pueden aplicar los mismos criterios jurídicos que al común de los mortales.

 Desde luego, si se le hubieran aplicado, Polanski habría sido detenido muchos años atrás, pues la orden de busca y captura es de 1978. Por eso, en vez de preguntarse por qué ha sido detenido ahora, habría que plantearse por qué el gobierno de Francia –donde reside– nunca hizo nada para llevarlo ante la Justicia, cuando el delito se acababa de cometer. ¿Ser un renombrado director de cine justifica un indulto sin consecuencias?

 Si fuera un cura

 Lo menos que puede decirse es que Polanski tiene suerte de ser un cineasta afamado. Imaginemos que hubiera sido un cura –o más bien un arzobispo, para mantenernos al nivel– , acusado de abusos sexuales sobre un menor en Estados Unidos. Cuando en 2002 estalló el escándalo de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes, la mayoría de los casos que entonces salieron a la luz pública habían sido perpetrados en los años 70, en la misma época del delito de Polanski, con adolescentes de edad similar a la de la víctima del cineasta. Pero entonces nadie les quitó importancia diciendo que eran “una historia antigua que ya no tiene sentido”, como ha afirmado ahora el ministro de cultura francés, Frédéric Mitterrand. Al contrario, hubo satisfacción por el hecho de que por fin los culpables pagaran por su atropello. “Tolerancia cero” era y es la consigna.

 Si Polanski fuera un cura, nadie le habría exculpado con argumentos como haber tenido una infancia trágica o por haber obtenido el perdón de la víctima, como se ha dicho a propósito del director polaco. Ni se habría minusvalorado la importancia del hecho calificándolo como “error de juventud” (¡un joven de 44 años!).

 Si se tratara de un cura, el hecho de que la Iglesia no hubiera reaccionado, se habría interpretado sin duda como un signo de querer echar tierra sobre el escándalo en vez de preocuparse por la víctima. Pero si es el Estado francés quien cierra los ojos durante 32 años, es solo un signo de que Francia es tradicional tierra de acogida.

 En fin, echándole más imaginación, pensemos qué se habría dicho si 138 obispos firmaran una carta de apoyo al compañero acusado de un delito de violación de menor, aduciendo que es inconcebible que se pretenda juzgar a “un clérigo de renombre mundial”. El escándalo sería tal que estimularía el ingenio de algún cineasta para hacer una película sobre el caso.

La madre de la menor violada en Isla Cristina cree que “lo tenían todo pensado”

 

Germana Artiel, la madre de la niña de 13 años que la madrugada del pasado sábado fue violada en la playa de Isla Cristina presuntamente por un grupo de siete menores de 16 años, ha reclamado justicia para su hija y ha asegurado que los presuntos autores “la amenazaron en todo momento”. Artiel ha explicado que le ha costado mucho que su hija le explicara a ella y a su hermana lo sucedido.

“Cuando llegó a casa notamos que le pasaba algo raro -venía con la ropa rajada y con moratones en los brazos- pero no decía nada, estaba como ida; la amenazaron con hacerle algo si contaba lo que pasó”, ha declarado la madre, quien ha asegurado que la familia está siempre “muy pendiente de ella porque es muy extrovertida”.
“Ese día fue a la feria con su hermana y ya en casa vinieron varias amigas a buscarla para volver. Yo no quería que fuera, pero me dijeron que la traerían a casa no más tarde de las doce de la noche”,
ha narrado Artiel.

 Según ha relatado, fue de vuelta a casa, cuando las niñas se encontraron a dos de los jóvenes, a los que al parecer conocían, y las amigas la dejaron a medio camino de casa.

 Justo entonces, cuando iba acompañada por los dos jóvenes, “salió el resto que se encontraba escondido y la arrastraron y la llevaron a la playa, donde hicieron con ella todo lo que quisieron y después la soltaron, amenazándola en todo momento”.
Esto hace pensar a la madre de la niña que “lo tenían todo pensado”, y ha querido dejar claro que su hija no consintió en ningún momento, como se está diciendo por ahí. Tiene 13 años y además le partieron la ropa y llegó con los brazos lleno de moratones de intentar escapar; no entiendo cómo puede haber gente tan inhumana”, ha indicado.

 Tras explicar que desde que sucedieron los hechos la niña “está como ida”, ha pedido a la madre de los presuntos autores que se pongan en su lugar. “A mí me han destrozado la vida pero a ella también”. Airtel ha pedido que los siete menores implicados sean juzgados, incluso hasta los que tienen menos de 13 años y, por tanto, carecen de responsabilidad penal, porque “todos han estado en el mismo sitio y son todos iguales”.

 Los tres menores que han sido trasladados a la Fiscalía de Menores continúan prestando declaración ante el juez por lo que se desconoce aún si ingresarán o no en un centro sumándose así a los dos que ya lo hicieron ayer en un centro de Cádiz. 

Gabilondo se pregunta por la escala de valores de la sociedad ante la violación de menores

Ángel Gabilondo

Tras los últimos acontecimientos vividos en las localidades andaluzas de Baena e Isla Cristina, el ministro de Educación ha pedido una reflexión a toda la sociedad española. Gabilondo lamenta estas violaciones en manos de menores y reivindica la igualdad y que se eduque desde el respeto.

 El ministro de Educación ha hecho un llamamiento a la reflexión sobre qué ocurre en una sociedad donde los menores tienen los valores “tan dislocados” como para cometer “atropellos” como la violación de una niña de 13 años.

 Gabilondo ha recalcado que la educación es “corresponsabilidad” de toda la sociedad, incluyendo a las familias, los colegios, los medios de comunicación y también, de los poderes públicos.

 El ministro ha exigido la igualdad ya que ambos hechos se trata de una violación de varios chicos a una chica.

 También el responsable de la cartera de Educación se ha referido a algunas de las series que se pueden ver en nuestra televisión. Gabilondo ha señalado que no siempre reflejan toda la realidad social y que hay una tendencia a destacar sólo “lo llamativo, lo espectacular y lo extravagante”, que transforma todo en suceso.