800 niños mueren al día por el sida

Caritas Internacional 

 En la Jornada Mundial del Sida de 2011, Caritas Internationalis dijo que es injusto que 800 niños mueran cada día por enfermedades vinculadas al sida. La organización humanitaria de la Iglesia mantiene, entre otras iniciativas, una campaña por el derecho a la salud de los niños con vih, tuberculosis, y las madres seropositivas.
Las muertes diarias de inocentes siguen siendo el resultado de que los niños carecen de acceso a un diagnóstico temprano del virus causante del sida (vih) o a medicamentos pediátricos para tratar la infección con este virus. A finales de 2010, los expertos estimaban que únicamente el 21% de los niños con vih tenían acceso a los medicamentos que necesitan con urgencia para sobrevivir más allá de su segundo cumpleaños.
Citando informes emitidos por ONUSIDA en noviembre de 2011, monseñor Robert Vitillo, asesor especial de vih y sida de Caritas Internationalis, dijo: “Mil niños en países pobres siguen naciendo a diario con vih. Tanto el vih como la tuberculosis (TB) se pueden prevenir. Para finales de 2010, únicamente el 48% de las mujeres con vih embarazadas tenían acceso al tratamiento antirretroviral para mantenerse saludables y evitar que el vih se extendiera a sus bebés.
A pesar de numerosas declaraciones y compromisos de los gobiernos en la respuesta al vih y el sida, se sigue ignorando a mujeres embarazadas y a niños con vih y con la coinfección vih/tuberculosis. Caritas insiste en que todo niño y mujer tiene derecho a ser diagnosticado a tiempo y debería tener acceso al tratamiento y la atención adecuados. Se necesita presionar a los gobiernos y a las empresas farmacéuticas para hacer que esto sea posible.
Caritas lanzó la campaña HAART para los niños en 2009 con el fin de exhortar a las Naciones Unidas, a los gobiernos y a las empresas farmacéuticas a garantizar el derecho a la salud de los niños con vih y tuberculosis, y de madres seropositivas.
Las siglas HAART en inglés significan Tratamiento Antirretroviral Altamente Activo: la combinación de medicinas que ayudan a alargar la vida de niños y adultos con vih. Estas medicinas también ayudan a prevenir la transmisión del virus de madre a hijo.
La campaña exhorta a los gobiernos y a las empresas farmacéuticas a: desarrollar y suministrar medicamentos pediátricos para el VIH y para la tuberculosis; seguir desarrollando métodos de bajo costo y bajo nivel tecnológico para realizar pruebas para el diagnóstico de estas infecciones en niños; ampliar los programas destinados a prevenir la transmisión del VIH de madres seropositivas a sus bebés durante el embarazo, el parto, el nacimiento o la lactancia.
Aunque se han realizado avances, todavía hace falta mucha más acción. Hay un consenso mundial en cuanto a que el mundo debe esforzarse por evitar que surjan nuevas infecciones de vih en bebés y conservar las vidas de madres y niños con vih.
Muchos niños más son diagnosticados con vih tempranamente, pero debido al temor del estigma y la discriminación, muchos padres no recogen los resultados de las pruebas o no registran a sus hijos para que puedan recibir tratamiento.
Otros niños se siguen enfrentando a obstáculos para iniciar oportunamente el tratamiento antirretroviral (TAR). Hay una gama bastante amplia de opciones para tratar las infecciones de vih en adultos, pero muchas de estas medicinas no han sido adaptadas para ser utilizadas en infantes y niños pequeños.
La campaña de Caritas cuenta con contrapartes de todos los continentes para depertar la conciencia sobre la difícil situación de los niños con las infecciones del vih y TB, para exigir la acción eficaz de los funcionarios de salud de los gobiernos, y para exhortar a las empresas farmacéuticas a que pongan las vidas y el futuro de los niños por encima de la búsqueda exclusiva de regalías durante esta emergencia de salud pública.

Intervención de la Santa Sede en el encuentro de alto nivel sobre HIV/Sida

Jane Adolphe, profesora asociada de Derecho de la Ave Maria School of Law y miembro de la Delegación de la Santa Sede en la ONU, en el último día de la reunión de alto nivel sobre HIV/Sida. Adolphe habló en nombre de monseñor Francis Chullikatt, observador permanente de la Santa Sede en la ONU.

 

Señor Presidente,

Al reunirnos aquí hoy en este encuentro de alto nivel de dignatarios de todo el mundo, lo hacemos reconociendo que estamos al lado, como una familia, con quienes viven con el HIV y el Sida, y recordamos en nuestros pensamientos y oraciones a todos aquellos a quienes esta enfermedad se ha llevado de este mundo. Las políticas, los programas y las declaraciones políticas no tienen sentido si no reconocemos la dimensión humana de esta enfermedad en los hombres, mujeres y niños que viven con el HIV/Sida. Por supuesto, toda política, programa o declaración política de esta noble organización tiene poco sentido si no son implementadas por las acciones virtuosas que ayuden a todos esos necesitados.

Tras treinta años de la enfermedad HIV/Sida, la comunidad internacional sigue buscando respuestas y soluciones para detener la propagación del HIV y para proporcionar tratamiento, cuidado y apoyo a las cerca de 33 millones de personas que viven con el HIV/Sida. Desde el principio, organizaciones católicas, congregaciones religiosas y asociaciones laicales han estado en primera línea en proporcionar prevención, cuidado y apoyo a millones en todo el mundo, y al mismo tiempo, en promover la necesidad de una respuesta, basada en los valores, a esta enfermedad. A través de sus aproximadamente 117.000 centros de salud de todo el mundo, la Iglesia católica, por sí sola, proporciona alrededor del 25% de todas las atenciones a quienes viven con el HIV/Sida, especialmente a niños. Estas instituciones afiliadas con la Iglesia están en primera línea en proporcionar una respuesta que vea a las personas no como estadísticas, si nomás bien en su dignidad y valor como hermanos, hermanas y vecinos de la misma familia humana.

Mi delegación sigue estando comprometida en lograr el objetivo de detener y minorar la extensión del HIV promoviendo el único medio universalmente efectivo, seguro y asequible para detener la propagación de este mal: abstinencia antes del matrimonio y fidelidad mutua durante el matrimonio, evitando correr riesgos y conductas irresponsables y promoviendo el acceso universal a los medicamentos que previenen el contagio del HIV de madre a hijo. De hecho, hay un reconocimiento cada vez mayor de que los programas basados en la abstinencia y la fidelidad en lugares de África han tenido éxito en reducir él contagio del HIV, en los que la transmisión había tenido lugar durante mucho tiempo entre la población general. Con todo, a pesar de este reconocimiento, algunos siguen negando estos resultados y en cambio están mayormente guiados por la ideología y el propio interés económico que ha crecido como resultado de  laenfermedad del HIV.

Combatir la expansión del HIV no requiere medicamentos y productos caros, que buscan disminuir las consecuencias de una conducta peligrosa e irresponsable, sino que requiere más bien una respuesta basada en valores que reconozca la necesidad de promover la dignidad inherente de la persona humana, y por tanto, una conducta sexual responsable y el reconocimiento de la responsabilidad de cada uno y de la propia comunidad. Prevenir el contagio del HIV requiere no sólo identificar a esas personas que corren el riesgo de infectarse, sino también identificar las formas y los medios para ayudar a las personas en evitar toda actividad que les ponga en riesgo de contraer la infección. La mejor cura es la prevención que despierta la conciencia de las personas que podrían ser arrastradas a prácticas peligrosas que les amenazan a ellos y a quienes viven con ellos o con quienes se encuentran.

Señor Presidente.

Nuevos estudios han demostrado que el acceso a medicamentos anti-retrovirales proporcionan no sólo un medio para tratar la enfermedad, sino también para reducir los riesgos de contagio. Sin embargo, el acceso a la terapia anti-retroviral sigue estando fuera del alcance de muchos de los más pobres y vulnerables. En países de ingresos bajos o medios, aproximadamente 15 millones de personas viven con el HIV, pero sólo 5,2 millones tienen acceso al tratamiento para salvar su vida que necesitan. Además, a estas mismas poblaciones sigue faltando el acceso a tecnologías de diagnóstico y equipos de test que les permitan medios más efectivos y seguros de atender a quienes padecen HIV/Sida.

Con estimaciones que muestran que los fondos para combatir del HIV/Sida descendieron en 2010 – por primera vez en la historia del combate contra la enfermedad – debemos recordar que las declaraciones políticas y la buena voluntad necesitan ser acompañadas de acciones concretas sobre el terreno y a nivel internacional. El primer paso para llevar a cabo esta acción es asegurar que a los 10 millones de personas que no tienen acceso a medicamentos para salvar la vida se les proporciona el tratamiento, cuidado y apoyo seguro y asequible que necesitan. Los aproximadamente 7.000 millones de dólares que se necesitarían para proporcionar este tratamiento es una suma considerable,pero palidece en comparación con el dinero y los recursos invertidos por los países en buscar la guerra, y otras actividades destructivas, como el negocio global que rodea el comercio de armas de drogas.Además de cerrar el frente de la financiación, l ospaíses y el sector privado deben seguir reevaluando los derechos de propiedad intelectual farmacéutica para asegurar que estas protecciones sirven como medio para una mayor investigación y progreso, en lugar de convertirse en otro obstáculo para acceder a los medicamentos y el equipo médico necesarios.

A la vez que una mayor financiación y acceso a medicamentos necesarios es un requisito para afrontar la falta de acceso al tratamiento, el cuidado y el apoyo, también debe darse mayor importancia a asegurar que estos recursos sean usados de una forma que sea efectiva y responsable. Además, debería asegurarse que el acceso a la financiación no esté restringida a nociones ideológicamente preconcebidas, sino que se base más bien en la capacidad de las organizaciones de proveer cuidado seguro, asequible y efectivo a los necesitados.

El acceso a quienes viven con el HIV/Sida no termina en proporcionar acceso a medicamentos, sino que requiere apoyar a las familias afectadas. Los aproximadamente 16 millones de niños en todo el mundo que han quedado huérfanos por el Sida requieren un cuidado compasivo y un ambiente estructurado para que puedan recibir el apoyo psico-social adecuado y lleguen a ser miembros activos de la comunidad. Igualmente, las familias que están cuidando de miembros que viven con el HIV/Sida deben recibir el apoyo económico, social, médico y espiritual necesario. Esto también requiere adoptar políticas que eliminen las discriminaciones contra quienes viven con el HIV/Sida y los miembros de su familia.

Señor presidente,

El HIV/Sida ha sido y sigue siendo una de las mayores tragedias de nuestro tiempo. No sólo es un problema sanitario de enorme magnitud, sino también una preocupación social, económica y política. Es también una cuestión moral, pues las causas de la enfermedad reflejan claramente una seria crisis de valores. La prevención, primero y sobre todo, debe dirigirse hacia la formación y la educación en una conducta humana responsable o, en otras palabras, una dignidad humana adquirida. Esta es la clave para evitar la infección. El punto de partida debe ser el reconocimiento de que la persona humana puede y debe cambiar las conductas peligrosas e irresponsables, más que sencillamente la aceptación de esta conducta como si fuese inmutable. Más aún, en el campo de la formación y la educación, especialmente en lo que concierne a los niños, sus padres tienen el derecho, responsabilidad y deberprimordiales, y sus contribuciones son muy útiles y eficaces.

La lucha para eliminar la extensión del HIV y el trabajo de proveer un acceso universal al tratamiento, el cuidado y el apoyo, requiere también un desarrollo social y personal más amplio. En áreas con falta de acceso a agua potable limpia, instalaciones sanitarias, nutrición suficiente, vivienda adecuada y cuidado sanitario básico, la capacidad de individuos y organizaciones de proporcionar tratamientos a quienes viven con el HIV/Sida y y prevenir las infecciones seguirá siendo difícil de alcanzar. Igualmente, el desarrollo personal requiere que las personas reciban la educación, el asesoramiento y el apoyo espiritual necesario para tomar decisiones responsables y para lograr su máximo potencial.

La Santa Sede y las diversas organizaciones de la Iglesia católica siguen estando comprometidas de vivir y trabajar en solidaridad con quienes viven con el HIV/Sida y continuará defendiendo con firmeza las exigencias del bien común, y proveyendo apoyo y cuidados a los más necesitados.

Gracias, señor presidente.

Comunicado de la Santa Sede ante la Declaración de la ONU sobre el Sida

 “Comunicado de Interpretación” hecho público el pasado Viernes por la Misión de la Santa Sede en las Naciones Unidas sobre la Declaración Política sobre el HIV y el Sida, que se ha pedido que se incluya en el informe de la plenaria de alto nivel de la Asamblea General.

Señor presidente

Respecto a la adopción de la declaración, la Santa Sede ofrece el siguiente comunicado de interpretación. Pido que el texto de este comunicado, que explica la posición oficial de la Santa Sede, sea incluido en el informe de esta plenaria de alto nivel de la Asamblea General.

Al proporcionar más de una cuarta parte de toda la atención hacia quienes padecen VIH y el SIDA,las instituciones sanitarias católicas conocen bien la importancia del acceso a los tratamientos, atención y apoyo para los millones de personas que viven con el HIV y el Sida y están afectados por él.

La posición de la Santa Sede acerca de las expresiones “salud sexual y reproductiva” y “servicios”, la Recomendación ILO nº200, y la estrategia global de la Secretaría General sobre la salud de las mujeres y de las niñas debe ser interpretadaen términos de su reserva en el Informe de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (ICPD) de 1994. La posición de la Santa Sede sobre el término “género” y sus varios usos debe interpretarse en términos de sus reservas en el Informe de la 4ª Conferencia Mundial sobre la Mujer.

La Santa Sede entiende que, al referirse a los “jóvenes”, la definición no disfruta del consenso internacional, los estados deben respetar siempre las responsabilidades, derechos, y deberes de los padres de proveer de una dirección y guía adecuadas a sus hijos, que incluyen la responsabilidad primaria de criar, desarrollar y educar a sus hijos (cf. Convención sobre los Derechos de los Niños, art. 5, 18 y 27,2). Los estados deben admitir que la familia, basada en la relación de igualdad entre un hombre y una mujer, y elemento fundamental y natural de la sociedad, es indispensable en la lucha contra el VIH y SIDA, la familia es donde los niños aprenden los valores morales que les ayudarán a vivir de manera responsable y donde se provee gran parte del cuidado y del apoyo (cf. Declaración Universal de Derechos Humanos, art. 16,3).

La Santa Sede rechaza referencias a términos como “poblaciones de alto riesgo” debido a que trata a las personas como objetos y puede dar la falsa impresión de que ciertos tipos de comportamientos irresponsables son, de alguna manera, moralmente aceptables. La Santa Sede no apoya el uso de preservativos u otro tipo de productos como parte integrante de los programas de prevención o clases/programas de educación en el sexo/sexualidad. Los programas de prevención o clases/programas de educación en sexualidad humana no debería centrarse en tratar de convencer al mundo de que un comportamiento de riesgo o peligros forma parte de un estilo de vida aceptable, sino que debe centrarse en evitar el riesgo, lo que es ética y empíricamente sólido. El único método seguro y fiable de prevenir la transmisión sexual del VIH es la abstinencia antes del matrimonio y el respeto y mutua fidelidad dentro del matrimon io, quees y debe ser siempre la base de toda discusión sobre la prevención y el apoyo.

La Santa Sede no acepta la llamada “reducción del daño” en los esfuerzos relacionados con el uso de las drogas. Este tipo de esfuerzos no respetan la dignidad de aquellos que sufren de adicción a las drogas ya que no tratan o curan a la persona enferma, sino sugerir falsamente que no pueden liberarse del ciclo de adicción. Estas personas deben recibir el apoyo espiritual, psicológico y familiar necesario para liberarse de la conducta adictiva y restaurar su dignidad y alentar su inclusión social.

La Santa Sede rechaza la caracterización de las personas que se dedican a la prostitución como “trabajadoras del sexo”, ya que dan la falsa impresión de que la prostitución puede ser una forma legítima de trabajo. La prostitución no se puede separar de la cuestión de la dignidad de las personas; los gobiernos y las sociedades no pueden aceptar tal deshumanización y cosificación de las personas.

Lo que se necesita es un enfoque basado en los valores para hacer frente a la enfermedad del VIH y SIDA, un enfoque que proporciona los cuidados necesarios y el apoyo moral a aquellos infectados y que promueve una vida conforme a las normas del orden moral natural, un enfoque que respete totalmente la dignidad inherente de la persona humana.

Gracias, señor Presidente.

Señores periodistas: el Papa NO ha justificado el uso del preservativo

Para que el Papa pudiera aprobar el uso del preservativo, tendría primero que anular mediante un decreto magisterial (y no en una entrevista coloquial) la Humanae Vitae, la Casti Connubi, la Evangelium Vitae, el Catecismo de la Iglesia Católica y todo el
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Gran trifulca desataron en los medios los periodistas (siempre ávidos de escándalo), debido a un muy desafortunado artículo publicado en L´Osservatore Romano, que violando el periodo de embargo establecido por los editores, presentó algunos párrafos descontextualizados del nuevo “libro-entrevista” de Benedicto XVI titulado “La luz del mundo” realizado por el periodista alemán Peter Seewald y que saldrá a la luz el próximo 23 de noviembre.

Lo que desató el escándalo fue una parte sacada de contexto de la respuesta que dio el Santo Padre a Seewald, ante la pregunta acerca del uso del preservativo en la lucha contra el SIDA.

El párrafo publicado por L´Osservatore Romano dice así:

Puede haber casos justificados singulares, por ejemplo, cuando una prostituta utiliza un preservativo, y éste puede ser el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad para desarrollar de nuevo la conciencia sobre el hecho de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere. Sin embargo, este no es el verdadero modo para vencer la infección del VIH. Es verdaderamente necesaria una humanización de la sexualidad

De estas palabras del Papa, los medios alrededor del mundo no tardaron en redactar grandes titulares que decían, con unas u otras palabras, que el Papa había aprobado el uso del condón.

Lo primero que hay que revisar es la traducción al español de lo que realmente respondió el Papa en alemán a la pregunta de Seewald.

En el texto original, en alemán, el Papa habla de “männliche Prostituierte” que significa “prostituto” (no prostituta) y vale puntualizar que el Santo Padre está hablando del preservativo como herramienta contra el SIDA y no del preservativo como herramienta de anticoncepción.
Misteriosamente el término “männliche Prostituierte” conserva el género masculino en la traducción en inglés, en donde se habla de “male prostitute”, pero se cambia de manera arbitraria al femenino en las traducciones al español, italiano y francés. Ignoro si el error es de L´Osservatore o de las editoriales que publicarán el libro, pero creo que tendrán que arreglarlo.

Lo que dice el Papa, si tomamos sus palabras originales en alemán, es simple y sencillamente que si un prostituto homosexual utiliza un condón (con el objetivo único de no contagiar ni contagiarse de SIDA), esto puede ser señal de un inicio de moralización, de que el hombre se está dando cuenta (en su interior) de que no puede hacer con el sexo lo que le venga en gana.

L´Osservatore Romano no publica la siguiente pregunta-respuesta, en la cual el Papa aclara que la Iglesia jamás podrá aprobar el uso del condón como algo moral.

Seewald: ¿Quiere decir, entonces, que la Iglesia Católica en realidad no se opone en principio a la utilización de los condones?
Benedicto XVI: Ella [la Iglesia], por supuesto, no lo considera como una solución real o moral, pero, en este u otro caso, puede haber, sin embargo, la intención de reducir el riesgo de infección, como un primer paso hacia una forma distinta y más humana de vivir la sexualidad.

No quiero pensar que haya sido una omisión voluntaria de L´Osservatore Romano.

Pero, bueno, es tan ridículo lo que han publicado los medios, por el simple hecho de que no toman en cuenta que para que el Papa pudiera aprobar el uso del preservativo, tendría primero que anular mediante un decreto magisterial: encíclica, carta, bula, etc (y no en una entrevista coloquial) la Humanae Vitae, la Casti Connubi, la Evangelium Vitae, el Catecismo de la Iglesia Católica y todo el magisterio anterior que habla sobre moral conyugal.

En fin, señores periodistas, pues nada, que el Papa no ha justificado el uso del condón, ni para las prostitutas ni para nadie.

Lucrecia Rego de Planas

Comunicado del padre Federico Lombardi sobre la contribución de Benedicto XVI al debate

Al final del capítulo décimo del libro “Luz del mundo”, el Papa responde a dos preguntas sobre la lucha contra el sida y el uso del preservativo, preguntas que se remontan a la discusión que siguió a las palabras pronunciadas por el Papa sobre este tema en su viaje a África, en 2009.

El Papa confirma con claridad que en esa ocasión no había querido tomar posición sobre el problema de los preservativos en general, sino que había querido afirmar con fuerza que el problema del sida no se puede resolver únicamente con la distribución de preservativos, pues es necesario hacer mucho más: prevenir, educar, ayudar, aconsejar, estar junto a las personas, ya sea para que no se enfermen, ya sea porque se han enfermado.

El Papa observa que también en el ámbito no eclesial se ha desarrollado una conciencia análoga, como lo demuestra la llamada teoría “ABC” (abstinence, be faithful, condom), en la que los dos primeros elementos (abstinencia y fidelidad) son mucho más determinantes y fundamentales para la lucha contra el sida, mientras que el preservativo se presenta en última instancia como una escapatoria, cuando faltan los otros dos elementos. Por tanto, debe quedar claro que el preservativo no es la solución del problema.

El Papa amplía después su mirada e insiste en el hecho de que concentrarse únicamente en el preservativo significa banalizar la sexualidad, que pierde su significado como expresión de amor entre personas y se convierte en una “droga”. Luchar contra la banalización de la sexualidad es “parte del gran esfuerzo para que la sexualidad sea valorada positivamente y pueda ejercer su efecto positivo en el ser humano en su totalidad”.

A la luz de esta visión amplia y profunda de la sexualidad humana y de su problemática actua l, el Papa reafirma que “naturalmente la Iglesia no considera los preservativos como la solución auténtica y moral” al problema del sida.

De este modo, el Papa no reforma o cambia la enseñanza de la Iglesia, sino que la reafirma, poniéndose en la perspectiva del valor y de la dignidad de la sexualidad humana, como expresión de amor y responsabilidad.

Al mismo tiempo, el Papa considera una situación excepcional en la que el ejercicio de la sexualidad representa un verdadero riesgo par la vida del otro. En ese caso, el Papa no justifica moralmente el ejercicio desordenado de la sexualidad, pero considera que la utilización del preservativo para disminuir el peligro de contagio es “un primer acto de responsabilidad”, “un primer paso en el camino hacia una sexualidad más humana”, en lugar de no utilizarlo, poniendo en riesgo la vida de la otra persona. En este sentido, el razonamie nto del Papa no puede ser definido como un cambio revolucionario.
Numerosos teólogos moralistas y autorizadas personalidades eclesiásticas han afirmado y afirman posiciones análogas; sin embargo, es verdad que no las habíamos escuchado aún con tanta claridad de los labios de un Papa, si bien de una manera coloquial y no magisterial.

Benedicto XVI nos da, por tanto, con valentía, una contribución importante para aclarar y profundizar una cuestión debatida desde hace tiempo. Es una contribución original, pues por una parte mantiene la fidelidad a los principios morales y demuestra lucidez a la hora de rechazar un camino ilusorio, como la “confianza en el preservativo”; por otra parte, manifiesta sin embargo una visión comprensiva y de amplias miras, atenta para descubrir los pequeños pasos –aunque sean sólo iniciales y todavía confusos– de una humanidad espiritual y culturalmente con frecuencia muy pobre hacia un ejercicio más humano y responsable de la sexualidad.

Recta sexualidad y no preservativos para luchar contra el SIDA, proponen obispos de África

En su mensaje por el Día Mundial de la lucha contra el SIDA que se celebra hoy, los obispos del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), reiteraron, con el Papa Benedicto XVI, que esta enfermedad no se supera con la distribución de preservativos sino con unaadecuada educación moral de la sexualidad humana, enfatizando la fidelidad conyugal.

En su mensaje, los prelados africanos señalan que “el SIDA no es un simple problema médico y las inversiones en fármacos no son suficientes. Con el Santo Padre, Papa Benedicto XVI, advertimos que el problema no puede ser superado resaltando exclusivamente o principalmente la distribución de profilácticos”.

“Solo una estrategia basada en la educación a la responsabilidad individual–prosiguen– en el cuadro de una visión moral de la sexualidad humana, en particular mediante la fidelidad conyugal, puede tener un impacto real en la prevención de esta enfermedad“.

En el texto, los obispos del SECAM explican además que “la Iglesia es la primera en la tarea de afrontar el VIH en África y en la asistencia de las personas seropositivas y enfermas de Sida”.

El texto, dado a conocer por la agencia vaticana Fides y firmado por el Cardenal Polycarp Pengo, Presidente del SECAM y Arzobispo de Dar es Salaam (Tanzania) asegura que “constantemente presente entre los millones de africanos que han sido afectados por la pandemia, vemos cómo el SIDA continúa devastando nuestras poblaciones, a pesar de ya no ser un tema prioritario en la agenda de los gobiernos, de la sociedad civil y de las organizaciones internacionales”.

Tras denunciar que “va disminuyendo la preocupación de los organismos oficiales sobre la pandemia”, los prelados resaltan que “la asistencia es más que absolutamente necesaria. El virus VIH y el SIDA no han desaparecido. La idea de que los cuidados ya están disponibles para todos es una farsa. Solo un tercio de quienes necesitan los cuidados los pueden recibir y tras dos años del inicio del tratamiento, solo el 60 por cento de estas personas continúan a ser curadas. Por cada dos personas que reciben la terapia, otras cinco son infectadas”.

Los obispos del SECAM explican además el contexto actual de la lucha contra el SIDA, afecta también por la crisis económica mundial: “el aumento de los precios del alimento y de los otros bienes de base obstaculiza el éxito de la terapia, porque la gente no se puede permitir la nutrición, esencial para el éxito de los cuidados”.

“Además el aumento del hambre y la desesperación están haciendo aumentar el número de personas que recurren al sexo como medio de sobrevivencia. Toda intervención que trate de afrontar el VIH y el SIDA sin tener en cuenta este contexto está destinado a fracasar“.

Sida, los medios continúan tratando a la Iglesia como parte del problema y no de la solución.

Explicación durante la rueda de prensa de presentación de la “Relatio post disceptationem”
“¿Por qué respecto al sida, los medios de comunicación continúan tratando a la Iglesia como parte del problema y no de la solución?”
Se lo preguntó el arzobispo de Durbán (Sudáfrica), el cardenal Wilfrid Fox Napier, a los periodistas reunidos este miércoles en la segunda rueda de prensa de presentación de la “Relatio post disceptationem” (informe después del debate), con ocasión del Sínodo de los obispos sobre África.

El informe ha recogido las quejas de los padres sinodales sobre varios aspectos de la sociedad africana, en particular sobre la amenaza a la institución familiar derivada de múltiples causas, entre ellas de enfermedades de gran difusión como el sida.
Además de la “milagrosa transición del régimen de apartheid a la democracia -afirmó el cardenal Napier-, el otro fenómeno por el que es conocida Sudáfrica es la elevada tasa de contagiados de sida, y la Iglesia realiza una función muy importante en el tratamiento de la enfermedad y en la calidad de la asistencia”.

En primer lugar, las instituciones eclesiales se involucran ofreciendo información sobre la enfermedad a fin de evitar el contagio.
Así, ofrecen un apoyo efectivo en la asistencia y tienen relación con las empresas farmacéuticas, interviniendo para verificar si los retrovirales comunes se adaptan a todas las personas enfermas (en algunas no tienen efecto) y para incentivar el desarrollo de la investigación.
“Intentamos hacerlo lo mejor posible -dijo el purpurado-, aplicando programas de prevención que requieren también vigilar con atención la causa de esta tremenda difusión de la enfermedad”.
“Si, en líneas generales, la causa debe buscarse en comportamientos sexuales irresponsables -prosiguió-, nosotros no podemos dejar de decir que necesitamos comportamientos sexuales responsables”.

Y ello sobre la base de dos principios: “si se está casado, hay que ser fiel al propio cónyuge -dijo-; si no se está casado, es necesario abstenerse de prácticas irresponsables”.
Hay que buscar este resultado con todos los medios posibles. “En nuestra diócesis -destacó-, tenemos un programa llamado “El don de la vida”, que tiene como objetivo hacer entender, a los adolescentes en primer lugar, pero también a los adultos, la importancia de transmitir la vida a través del acto sexual”.
“El acto sexual debe conducir a la procreación -concluyó el cardenal Napier- y, aunque sabemos que en Occidente existen diversas convicciones, para nosotros es importante que el acto sexual sea el momento de la creación de la vida”.

“El Papa tiene razón: el sida no se detiene con el preservativo”

Entrevista a los doctores Renzo Puccetti y Cesare Cavoni

 Han suscitado polémica las declaraciones del cardenal de Ghana Peter Kodwo Appiah Turkson respecto al uso del preservativo dentro de una pareja en la que uno de los dos está contagiado de sida.
Respondiendo a las preguntas de un periodista, el relator general del Sínodo de los Obispos para África explicó que es más eficaz invertir en fármacos antirretrovirales que en preservativos para contener la propagación del sida.

La respuesta reabrió el debate sobre el uso de los preservativos como técnica para combatir la expansión del virus VIH.
Sobre la cuestión ya se había expresado el papa Benedicto XVI y se desencadenó una tormenta mediática.
Para tratar de comprender cuáles son los argumentos que subyacen al debate y que parecen implicar tantos intereses, los doctores Renzo Puccetti y Cesare Cavoni, el primero médico y el otro profesor de Bioética y periodista de Sat2000, conductor del programma “2030 entre ciencia y conciencia”, que acaban de entregar al editor el libro en italiano Il Papa ha ragione! L’Aids non si ferma con il condom (Fede & Cultura).

-¿Qué piensan de las declaraciones del cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson respecto al uso de preservativo?

Puccetti: Al leer los periódicos, me quedé sorprendido, pero luego leí la transcripción de la intervención del cardenal y entonces comprendí que se trataba del enésimo caso de distorsión del mensaje. El cardenal, en primer lugar, no se detuvo en una valoración moral de la cuestión; al mismo tiempo, a través de sus declaraciones, no se apartó para nada de la constante enseñanza moral de la Iglesia.

El cardenal reconoce, como es lógico, que junto a los fármacos antirretrovirales, el uso del preservativo se opone a la propagación del sida en los casos en los que no se recurra a la abstinencia y a la fidelidad. Se está hablando por tanto de todo lo que teóricamente puede utilizarse.
El cardenal refiere la experiencia de los centros sanitarios de Ghana de la Iglesia Católica, según los cuales en las familias en las que se propuso el preservativo, este funcionó sólo si estaban decididas a mantener la fidel idad. El cardenal recordó que, también en el caso de personas serodiscordantes el recurso al preservativo es fuente de una falsa seguridad, agravada por el hecho de confiar en una manufactura.

Cuando el presidente de Uganda dió luz verde a la estrategia ABC (Abstinence, Be faithful, Condom) que se reveló muy eficaz en combatir la epidemia de sida y que luego fue tomada como modelo con igual éxito en otros países africanos, decía cosas bastante similares a lo que dijo el cardenal: la vida no puede ponerse en juego confiándola a una fina capa de latex.

-¿Pero el preservativo sirve o no para detener el sida?

Puccetti: No es fácil responder en modo tajante, pero si tengo que decir si el preservativo sirve para detener el sida en las epidemias generalizadas, la respuesta que puedo dar según el cuerpo de conocimientos científicos disponibles es “no”. 
Para que pudiera funcionar, el hombre debería ser algo no muy diferente a un ratón en una jaula al que antes de cada cópula alguien endosa el preservativo. En ese caso, el preservativo podría ser útil.
Pero como el hombre no es un ratón, no vive en jaulas y no hay profesionales dispuestos a endosarle el condón, no hay que sorprenderse de que la eficacia teórica no se de luego sobre el terreno en la vida real.

-¿Por qué han decidido escribir un libro sobre este tema?

Cavoni: Este libro nace de una triste constatación, la de que a menudo la información habla de hechos que no conoce y, además, los deforma. Es lo que sucedió durante la primera visita del Papa a África en marzo de este año.
El libro nace de esta tristeza y, también, de la rabia de ver pisoteados los principios fundamentales de una correcta información. Al mismo tiempo nos parecía obligado dar a conocer al público los hechos así como sucedieron y, de algún modo, abrir los ojos a la opinión pública, de modo que no tome como oro fino torpes instrumentalizaciones, perpetradas por motivos ideológicos, por superficialidad, o por ambos factores.

-¿Cómo está planteado el libro y cuáles son los argumentos que suscitan para decir que el Papa tiene razón?

Puccetti: El libro se articula en dos partes. En la primera, se ha reconstruido con fidelidad absoluta el trabajo de parcheo de las declaraciones del Santo Padre; de la lectura del libro se hace sumamente evidente la progresiva distorsión del mensaje realizada con añadidos, omisiones, sustituciones.

Luego, hemos transcrito, como hacen ustedes con las del cardenal Turkson, las palabras exactas del Papa al periodista francés que hizo la p regunta sobre el preservativo. En la segunda parte del libro, hemos resumido lo mejor que hemos podido el panorama de conocimientos ofrecido por la literatura científica internacional en cuanto a aplicación clínica de la prevención mediante la promoció del uso del condón.
Hemos dedicado especial atención a los números, porque consideramos que pueden ser una base de discusión compartida al margen de la orientación religiosa.
Cuando un interlocutor mío se muestra sorprendido si declaraciones de eminentes científicos confirman lo que dice el Papa, no puedo sino deducir de ello el escaso conocimiento de los datos que en el curso de los años se han sedimentado y de la amplitud de las voces que, en revistas internacionales como “The Lancet” o el “British Medical Journal” han replicado a los editoriales de aquellas mismas revistas. Hace unos días, vi en la televisión a un señor bastante corpulento que definía “una tontería” las palabras del Papa, luego me di cuenta de que era la misma persona que a menudo aparece en la pantalla con una gran peluca rubia. Bueno, si cualquiera puede levantarse por la mañana y dar juicios como si fuera un epidemiólogo clínico, quizá entonces un libro que explique cómo están las cosas puede ser útil. Estoy convencido de que gran parte de una Bioética en la que es cada vez más difícil encontrar alguna traza de ética deriva de una dejadez científica en verdad preocupante.

-¿Por qué tanto clamor por las palabras del Papa y como se produjo la desinformación?

Cavoni: Todos los mayores diarios nacionales e internacionales se lanzaron, directa o indirectamente, contra el pontífice, reo de haber dicho que los preservativos no resuelven los problemas en África y más bien los agravan. Las críticas se acentuaron luego en el momento en que llegaron las observaciones, más feroces, por parte de varios exponentes de gobierno europeos e incluso la resolución del Parlamento belga que pedía al Papa que desmitiera lo afirmado.
La cuestión es que quien toma posiciones tan fuertes, se presume que sepa lo que dijo en verdad el Papa; y en cambio no fue así: Todos hablaban pero poco habían escuchado. Tanto es así que, en un segundo momento, muchos científicos confirmaron los conceptos expresados por Benedicto XVI.

Tenemos que pensar que, para muchas personas, la primera y única fuente de información, de culturización, o de simple conocimiento de la realidad circundante, está determinada por periódicos y telediarios. Está vigente todavía, en suma, el clásico “l o ha dicho el telediario”, o “lo he leído en el periódico”, y esto para confirmar la veracidad de lo que se ha sabido.

Los medios de información adquieren un principio de autoridad potentísimo. Si por tanto las cosas, los hechos, las noticias presentadas se basan en reconstrucciones parciales o mordisqueos de la realidad, el lector recibirá en regalo una lectura de la realidad deformada, que no corresponde a la verdad. Con esta técnica se puede incluso crear una realidad virtual paralela a la real.
Si yo, debiendo informar sobre las palabras del Papa, y comentarlas, no le escucho y no lo reproduzco correctamente, corro el riesgo de comentar algo que no se ha dicho o se ha dicho de modo sustancialmente diferente.

El problema de las fuentes periodísticas, que deben ser accesibles, etcétera, de las que se habla tanto en estas semanas, no vale sólo, y no tanto, para las actas públicas de las fiscalías, sino para el abc del periodismo: ser testigo de todo lo que uno se dispone a describir.
No estamos hablando de una nebulosa objetividad, de imparcialidad; no, estamos hablando del hecho de que debo estar presente en el escenario del hecho que describo. Y si esto no es posible, visto que en el caso específico, no todos los periodistas pueden estar en el séquito del pontífice, cuando menos me tomo la molestia de volver a escuchar, palabra por palabra, lo que de verdad dijo el Papa y por qué lo dijo.
En cambio, muchos se fiaron de lo que habían oído decir, de un primer texto, incorrecto. El resto es historia ordinaria de desinformación.