Homilía del papa Francisco en la fiesta de la Sagrada Familia

Sagrada Familia

Las Lecturas bíblicas que hemos escuchado nos presentan la imagen de dos familias que hacen su peregrinación hacia la casa de Dios. Elcaná y Ana llevan a su hijo Samuel al templo de Siló y lo consagran al Señor (cf. 1 S 1,20- 22,24-28). Del mismo modo, José y María, junto con Jesús, se ponen en marcha hacia Jerusalén para la fiesta de Pascua (cf. Lc 2,41-52).

Podemos ver a menudo a los peregrinos que acuden a los santuarios y lugares entrañables para la piedad popular. En estos días, muchos han puesto en camino para llegar a la Puerta Santa abierta en todas las catedrales del mundo y también en tantos santuarios. Pero lo más hermoso que hoy pone de relieve la Palabra de Dios es que la peregrinación la hace toda la familia. Papá, mamá y los hijos, van juntos a la casa del Señor para santificar la fiesta con la oración. Es una lección importante que se ofrece también a nuestras familias. Es más, podemos decir que la vida de la familia es un conjunto de pequeñas y grandes peregrinaciones.

Por ejemplo, cuánto bien nos hace pensar que María y José enseñaron a Jesús a decir sus oraciones, y esta es una peregrinación, la peregrinación de la educación a la oración. Y también nos hace bien saber que durante la jornada rezaban juntos; y que el sábado iban juntos a la sinagoga para escuchar las Escrituras de la Ley y los Profetas, y alabar al Señor con todo el pueblo. Y, durante la peregrinación a Jerusalén, ciertamente han rezado cantando con las palabras del Salmo: «¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén» (122,1-2).

Qué importante es para nuestras familias peregrinar juntos, caminar juntos para alcanzar una misma meta. Sabemos que tenemos un itinerario común que recorrer; un camino donde nos encontramos con dificultades, pero también con momentos de alegría y de consuelo. En esta peregrinación de la vida compartimos también el tiempo de oración. ¿Qué puede ser más bello para un padre y una madre que bendecir a sus hijos al comienzo de la jornada y cuando concluye? Hacer en su frente la señal de la cruz como el día del Bautismo. ¿No es esta la oración más sencilla de los padres para con sus hijos? Bendecirlos, es decir, encomendarles al Señor, –como hicieron Elcaná y Ana, José y María– para que sea él su protección y su apoyo en los distintos momentos del día. Qué importante es para la familia encontrarse también en un breve momento de oración antes de comer juntos, para dar las gracias al Señor por estos dones, y para aprender a compartir lo que hemos recibido con quien más lo necesita. Son pequeños gestos que, sin embargo, expresan el gran papel formativo que la familia desempeña en la peregrinación de todos los días.

Al final de aquella peregrinación, Jesús volvió a Nazaret y vivía sujeto a sus padres (cf. Lc 2,51). Esta imagen tiene también una buena enseñanza para nuestras familias. En efecto, la peregrinación no termina cuando se ha llegado a la meta del santuario, sino cuando se regresa a casa y se reanuda la vida de cada día, poniendo en práctica los frutos espirituales de la experiencia vivida. Sabemos lo que hizo Jesús aquella vez. En lugar de volver a casa con los suyos, se había quedado en el Templo de Jerusalén, causando una gran pena a María y José, que no lo encontraban. Por su «aventura», probablemente también Jesús tuvo que pedir disculpas a sus padres. El Evangelio no lo dice, pero creo que lo podemos suponer. La pregunta de María, además, manifiesta un cierto reproche, mostrando claramente la preocupación y angustia, suya y de José. Al regresar a casa, Jesús se unió estrechamente a ellos, para demostrar todo su afecto y obediencia. También forman parte de la peregrinación de la familia estos momentos que, con el Señor, se transforman en oportunidad de crecimiento, en ocasión para pedir perdón y recibirlo, de demostrar el amor y la obediencia.

Que en este Año de la Misericordia, toda familia cristiana sea un lugar privilegiado de esta peregrinación en el que se experimenta la alegría del perdón. El perdón es la esencia del amor, que sabe comprender el error y poner remedio. Pobres de nosotros, si Dios no nos perdonase. En el seno de la familia es donde se nos educa al perdón, porque se tiene la certeza de ser comprendidos y apoyados no obstante los errores que se puedan cometer.

No perdamos la confianza en la familia. Es hermoso abrir siempre el corazón unos a otros, sin ocultar nada. Donde hay amor, allí hay también comprensión y perdón. Os encomiendo a vosotras, queridas familias, esta peregrinación doméstica de todos los días, esta misión tan importante, de la que el mundo y la Iglesia tienen más necesidad que nunca.

Cardenal Rouco en la Misa de las Familias, Mensaje de S.S. Benedicto XVI

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

1. “¡Gracias a la familia cristiana hemos nacido!”. Así reza el lema de esta nueva convocatoria para la celebración de la Eucaristía de la Fiesta de la Sagrada Familia en la madrileña Plaza de Colón en este año tan singular 2011: año de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Un acontecimiento que ha significado para la Iglesia y la sociedad, especialmente en Madrid y en España, un verdadero torrente de gracia del Señor. Los jóvenes del mundo fueron con el Santo Padre sus principales protagonistas. 

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El Evangelio fue proclamado, celebrado y testimoniado por ellos con la fuerza contagiosa de la alegría que surge siempre irresistible del encuentro con Jesucristo, el Hermano, el Amigo, el Señor, cuando se le busca y vive en la Iglesia, la Familia de los Hijos de Dios. El Papa, Vicario de Cristo y Pastor visible de la Iglesia Universal, los convocó y nos convocó, los presidió y nos presidió para celebrar una fiesta de la fe, de la esperanza y de la caridad cristiana que ha conmovido el corazón de nuestro pueblo y el de todos los hombres de buena voluntad. Fue una verdadera fiesta de la vida entendida y experimentada en toda su plenitud. ¡Una experiencia prodigiosa de la vida nueva en Cristo!

2. Estos jóvenes de la JMJ-2011 nos han pedido participar en la celebración de la Fiesta de la Sagrada Familia, este año, con una presencia destacada y significativa. Adujeron una hermosa y emotiva finalidad: el poder agradecer a sus padres que hayan querido ser para ellos instrumentos necesarios y generosos de la transmisión del don de la vida recibida de Dios; cumpliendo su santa voluntad, siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazareth y cobijándose espiritualmente en ese sublime hogar en el que Jesús, María y José abrían en la historia el camino definitivo de Dios para que los hombres tuviesen verdadera vida y, ésta, abundante: la vida que vence a la muerte más allá del tiempo y para toda la eternidad. ¡En Jesús, el Verbo e Hijo de Dios encarnado en el seno de la Virgen María, como enseña San Juan en el Prólogo de su Evangelio, “estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió… el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron” (Jn 1,4-5.10-11). Los jóvenes de la JMJ-2011 lo han conocido y acogido a través de sus familias. Por ello quieren agradecer hoy a sus padres pública y solemnemente que en su casa se les hubiera abierto la puerta de la vida en plenitud; primero, de la vida que se concibe y engendra naturalmente en el seno materno por el encuentro amoroso del padre y de la madre y, luego, de la vida que brota y se genera espiritualmente por la fe y el Bautismo en las entrañas de la Iglesia-Madre. Todo fue posible porque sus padres habían decidido formar una familia cristiana en la que sus hijos −¡los hijos de su carne y de su sangre!− pudieran ser hijos de Dios. De hecho, creyendo en su nombre y bautizados, “han nacido de Dios” (Jn 1, 13).

3. Los tiempos han sido y son difíciles para las familias, nacidas con el proyecto de constituirse y configurarse como una íntima comunidad de amor conyugal −del esposo a la esposa y viceversa−, fiel, indisoluble y abierto sin desnaturalizaciones voluntarias y sin reservas irresponsables al don de los hijos en conformidad gozosa con el plan de Dios. ¡Cuánto cuesta hoy a una sociedad tan intensamente influida y condicionada por una visión materialista y egocentrista del hombre y de su historia comprender y aceptar el Evangelio de la vida, del matrimonio y de la familia! No se quiere caer en la cuenta de que si el amor conyugal no es planteado, vivido y realizado en todo momento como una mutua donación entre marido y mujer generosa y gratuitamente abierta a la donación de la vida a los hijos, pierde su autenticidad y, más pronto o más tarde, se pierde a sí mismo.

Queridos jóvenes, artífices de la JMJ-2011: en el mundo de ideas, de estilos y formas de comportamiento, de diversión, de información y de comunicación en el que os encontráis, sois muy conscientes de la dura y crítica situación por la que atraviesa la valoración y la propuesta de la vocación cristiana para el matrimonio y la familia. Pero también sois conocedores de la honda verdad que el matrimonio cristiano encierra y de la bondad y de la belleza que lo impregna. Y sabéis, sobre todo, que de su afirmación valiente con vuestras palabras y con el ejemplo de vuestras vidas depende vuestro futuro y el futuro de vuestros contemporáneos: ¡un futuro de verdadera y nueva humanidad, justa, solidaria, fraterna… en paz! El contenido del Evangelio de la vida, del matrimonio y de la familia es muy claro. En el modelo de la Familia de Nazareth resplandece con la luz nueva del Evangelio de la gracia y de la santidad. Vosotros, unidos al Papa y a vuestros pastores, junto con vuestras familias, estáis llamados a darlo a conocer, a propagarlo y a testimoniarlo con palabras, gestos y ejemplos auténticamente evangélicos con urgencia también nueva.

4. La vida es un bien sagrado que el ser humano recibe de Dios. El hombre no es el dueño de la vida sino su servidor: desde el momento en el que es concebida en las entrañas maternas hasta el instante de la muerte natural. Ninguna instancia humana puede disponer de la vida de un ser humano inocente. Aún continúa vibrante el eco de las palabras del Beato Juan Pablo II en su Homilía de la Misa de las familias en la vecina Plaza de Lima, el 2 de noviembre del año 1982, tercer día de su primera visita a España. Hablando “del respeto absoluto a la vida humana, que ninguna persona o institución, privada o pública, puede ignorar”, añadía: “por ello, quien negare la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad”. ¡Cuán otro sería el panorama demográfico, social y humano de las actuales sociedades europeas, incluida naturalmente la española, si se hubiese escuchado entonces, hace veintinueve años las palabras valientes de aquel Papa santo que pisaba por primera vez las tierras de España como testigo excepcional de la esperanza! El número de niños a los que en nuestras sociedades, de raíces cristianas, se les ha impedido nacer en estas tres últimas décadas, es sencillamente estremecedor.

El derecho a la vida de la persona humana, desde que es engendrada hasta que muere naturalmente, es un derecho fundamental en un doble sentido: constituye, por una parte, la base ética primordial de todo ordenamiento jurídico que quiera considerarse justo, proporcionándole un fundamento prepolítico indispensable para el orden constitucional; y, por otra, en cuanto anterior a él, ha de ser respetado, protegido y promovido por el derecho positivo en todas sus expresiones legislativas. ¡Se trata de un verdadero derecho natural!

“El Evangelio de la vida −enseñaba el Beato Juan Pablo II en su Carta Encíclica Evangelium Vitae de 25 de marzo de 1995− está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las etnias y culturas” (EV, 1). La JMJ-2011 de Madrid fue, sin duda alguna, una jubilosa acogida y proclamación del “Evangelio de la Vida”. Sus jóvenes, presentes hoy aquí en la Plaza madrileña de Colón, están dispuestos a ser sus testigos como quería su Papa amigo: “con intrépida fidelidad”.

5. La familia es “una comunión de personas”. En la Exhortación Apostólica de Juan Pablo II Familiaris Consortio de 22 de noviembre de 1981 se concreta y define su relación esencial −¡fontal!− con el matrimonio, con las siguientes palabras: “En el matrimonio y en la familia se constituye un conjunto de relaciones interpersonales −relación conyugal, paternidad-maternidad, filiación, fraternidad− mediante las cuales toda persona humana queda introducida en ‘la familia humana’ y en ‘la familia de Dios’, que es la Iglesia” (FC, 15). La configuración institucional de esas relaciones de “comunión personal”, en sus elementos y rasgos esenciales, es también un bien sagrado que el ser humano y la sociedad reciben de Dios. “El orden” de la relación −matrimonio/familia− está implícito y prefigurado en la naturaleza humana, según la forma en la que es querida por Dios. El hombre tampoco puede disponer de la institución matrimonial y familiar a su antojo como si fuese su dueño. Habrá de respetar el designio de Dios, autor por igual de la vida y de esa comunidad matrimonial-familiar, fuente de la misma y lugar primero en el que la verdad del amor humano es vivida y trasmitida íntegramente, es decir, como amor realizado en la unidad y en la indisolubilidad esponsal, en la apertura fecunda al don de los hijos y en el compromiso constante con su educación y formación como personas llamadas a la filiación divina. ¡No hay duda! la institución matrimonial y familiar tiene también su fundamento inamovible en el orden de la naturaleza anterior y previo a la constitución de la sociedad y de su ordenamiento jurídico positivo. Respetar, proteger y promover a la familia en el cumplimiento de su misión es una cuestión de vital importancia para el bien común de las personas y de los pueblos. Así lo apreciaba Juan Pablo II en la “Familiaris Consortio”. Decía el Papa, hace ya treinta años: “en un momento histórico en que la familia es objeto de muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla, la Iglesia, consciente de que el bien de la sociedad y de sí misma está profundamente vinculado al bien de la familia, siente de manera más viva y acuciante su misión de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, asegurando su plena vitalidad, así como su promoción humana y cristiana, contribuyendo de este modo a la renovación de la sociedad y del mismo Pueblo de Dios” (FC, 3). ¡Cuán otra sería la situación humana y espiritual de las sociedades europeas de hoy, sin excluir a no pocos sectores de la comunidad eclesial, si se hubieran tomado en serio las enseñanzas de la Familiaris Consortio! ¡Cuántos dramas personales y familiares se hubieran podido evitar y cuántas jóvenes vidas desorientadas y desestructuradas hubieran podido lograrse! Y, por lo demás, ¿qué sería hoy de tantas personas en paro y de tantos jóvenes que no encuentran el primero empleo sin la ayuda de sus familias?

Uno de los aspectos más bellos de la JMJ-2011 de Madrid ha sido precisamente el descubrimiento gozoso y alegre de la vocación para el matrimonio cristiano por parte de muchos jóvenes. ¿Cómo no van, pues, aquí y hoy a manifestar su decidido propósito de ser igualmente testigos fervorosos, valientes y lúcidos, privada y públicamente, del Evangelio del matrimonio y de la familia con sus palabras y con su comportamiento diario? ¡Lo seréis! ¡Lo serán! Benedicto XVI se lo ha pedido en su Mensaje. ¡No le defraudarán!

6. La substancia de la verdad tanto del don y del derecho a la vida, como la del matrimonio y de la familia, es ciertamente accesible al conocimiento de la razón. El Papa recordaba ante el Pleno del Parlamento alemán en Berlín el pasado 22 de septiembre la importancia para el momento actual de la humanidad de admitir la necesidad de “escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente”. En una situación histórica, subrayaba Benedicto XVI, “en el que el hombre ha adquirido un poder hasta ahora inimaginable”, resulta muy urgente reconocer que “existe también la ecología del hombre”, “que es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando escucha la naturaleza, la respeta y cuando se acepta como lo que es, y que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana”. Si hay un campo de la experiencia y de la realidad humana, en el que apremie la aplicación de este principio del reconocimiento de la naturaleza para su justo ordenamiento, es el del don de la vida, del matrimonio y de la familia. Sí, con la luz de la razón se puede conocer la verdad de lo que significa el valor de la vida humana y la recta concepción del matrimonio y de la familia para el bien del hombre y de la sociedad. La luz de la fe presupone este conocimiento, lo aclara y lo eleva hasta la altura del modelo de la Sagrada Familia de Nazareth: la familia que fue “la puerta de ingreso en la Tierra del Salvador de la humanidad” (Mensaje de Benedicto XVI. Misa de las Familias 30.XII.2011). María es Virgen y Madre antes del parto, en el parto y después del parto. José la acompañó castamente antes y después de que el Hijo Jesús viera la luz del mundo. El hijo es el Hijo de Dios que viene a ser el Hermano de muchos humanos ¡Su Salvador! El amor se vive en esta familia como una permanente y fidelísima acogida de la voluntad de Dios Padre, al servicio incondicional de los designios de su amor misericordioso para la humanidad caída y necesitada de ser perdonada y ansiosa de recobrar la esperanza. La verdad de la vida humana, del matrimonio y de la familia se convertía en Nazareth y desde Nazareth en “Evangelio”: en “la Buena Noticia” de la salvación. Que esa noticia bien conocida y experimentada por vosotros, queridos jóvenes, en la inolvidable experiencia de la JMJ de Madrid, sea escuchada y percibida en lo que es y significa para las nuevas generaciones de este mundo global. Es una de las más importantes tareas que el Señor os confía en esta hora clave de la historia y de vuestras propias vidas. ¡Pertenece al corazón mismo de la nueva Evangelización a la que el Santo Padre os ha llamado! Será una eficaz formula misionera para acabar con “el cansancio de ser cristianos que experimentamos en Europa”, del que hablaba el Santo Padre en su Discurso de Navidad a la Curia Romana. La JMJ-2011 en Madrid −aseguraba en ese mismo discurso− “ha sido una medicina contra el cansancio de creer”. Si permanecéis firmes en vuestro Sí a Cristo y lo lleváis a vuestros compañeros, vivo y jubiloso, y a vuestras familias, ese cansancio se convertirá en alegría: ¡en la alegría de creer! Si se cree, profesa y educa en la fe dentro del matrimonio y de la familia, si se acepta el don de la vida como un gran paso del amor, entonces quedará la puerta abierta al amor de Jesucristo que nos dará la fuerza para superar todas las crisis; también ésta, la presente, que tanto nos duele y angustia.

Permitidme que os recuerde, finalmente, a vosotros y a vuestras familias, las palabras con las que concluye el Santo Padre su Mensaje para esta Eucaristía de la Sagrada Familia de 2011: “Cuando sigo evocando con emoción inolvidable la alegría de los jóvenes reunidos en Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud, pido a Dios, por intercesión de Jesús, María y José, que no dejen de darle gracias por el don de la familia, que sean agradecidos con sus padres, y que se comprometan a defender y hacer brillar la auténtica dignidad de esta institución primaria para la sociedad y tan vital para la Iglesia”.

¡Que Jesús, María y José, os lo conceda y nos lo conceda a todos!

Amén.

 
 Al venerado hermano Antonio Mª Cardenal Rouco Varela, Arzobispo de Madrid:

 

Me es grato saludar cordialmente a Vuestra Eminencia, así como a los participantes en esa solemne Eucaristía celebrada en el centro de Madrid con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia, para dar gracias a Dios por este gran misterio que ilumina todo hogar cristiano y dar muestra a la humanidad entera de esperanza y alegría. 

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Invito a todos a considerar esta celebración como continuación de la Navidad: Jesús se hizo hombre para traer al mundo la bondad y el amor de Dios; y lo hizo allí donde el ser humano está más dispuesto a desear lo mejor para el otro, a desvivirse por él, y a anteponer el amor por encima de cualquier otro interés y pretensión. Así, vino a una familia de corazón sencillo, nada presuntuoso, pero henchido de ese afecto que vale más que cualquier otra cosa. Según el Evangelio, los primeros de nuestro mundo que fueron a ver a Jesús, los pastores, “vieron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre” (Lc12,6). Aquella familia, por decirlo así, es la puerta de ingreso en la tierra del Salvador de la humanidad, el cual, al mismo tiempo, da a la vida de amor y comunión hogareña la grandeza de ser un reflejo privilegiado del misterio trinitario de Dios.

 

Esta grandeza es también una espléndida vocación y un cometido decisivo para la familia, que mi venerado predecesor, el beato Juan Pablo II, describía hace treinta años como una participación “viva y responsable en la misión de la Iglesia de manera propia y original, es decir, poniendo al servicio de la Iglesia y de la sociedad su propio ser y obrar, en cuanto comunidad íntima de vida y amor” (Familiaris Consortio, 50). Os animo, pues, especialmente a las familias que participan en esa celebración, a ser conscientes de tener a Dios a vuestro lado y de invocarlo siempre para recibir de él la ayuda necesaria para superar vuestras dificultades, una ayuda cierta, fundada en la gracia del sacramento del matrimonio. Dejaos guiar por la Iglesia, a la que Cristo ha encomendado la misión de propagar la buena noticia de la salvación a través de los siglos, sin ceder a tantas fuerzas mundanas que amenazan el gran tesoro de la familia, que debéis custodiar cada día.

 

El Niño Jesús, que crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, en la intimidad del hogar de Nazaret (cf. Lc2,40), aprendió también en él de alguna manera el modo humano de vivir. Esto nos lleva a pensar en la dimensión educativa imprescindible de la familia, donde se aprende a convivir, se transmite la fe, se afianzan los valores y se va encauzando la libertad, para lograr que un día los hijos tengan plena conciencia de la propia vocación y dignidad, y de la de los demás. El calor del hogar, el ejemplo doméstico, es capaz de enseñar muchas más cosas de las que pueden decir las palabras. Esta dimensión educativa de la familia puede recibir un aliento especial en el Año de la Fe, que comenzará dentro de unos meses. Con este motivo, os invito a revitalizar la fe en vuestras casas y tomar mayor conciencia del Credo que profesamos.

 

Cuando sigo evocando con emoción inolvidable la alegría de los jóvenes reunidos en Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud, pido a Dios, por intercesión de Jesús, María y José, que no dejen de darle gracias por el don de la familia, que sean agradecidos también con sus padres, y que se comprometan a defender y hacer brillar la auténtica dignidad de esta institución primaria para la sociedad y tan vital para la Iglesia. Con estos sentimientos, os imparto de corazón la Bendición Apostólica”.

 

Vaticano, 27 de diciembre de 2011.

Benedicto XVI

Sagrada Familia

 

 
Sagrada Familia de Jesùs

En el año 2011, dado que el domingo siguiente a Navidad es 1 de enero, día en que recordamos a María como Madre de Dios, esta fiesta se traslada al viernes 30 de diciembre.

En la festividad de la Sagrada Familia, recordamos y celebramos que Dios quiso nacer dentro de una familia para que tuviera alguien que lo cuidara, lo protegiera, lo ayudara y lo aceptara como era.

Al nacer Jesús en una familia, el Hijo de Dios ha santificado la familia humana. Por eso nosotros veneramos a la Sagrada Familia como Familia de Santos.

¿Cómo era la Sagrada Familia?

María y José cuidaban a Jesús, se esforzaban y trabajaban para que nada le faltara, tal como lo hacen todos los buenos padres por sus hijos.

José era carpintero, Jesús le ayudaba en sus trabajos, ya que después lo reconocen como el “hijo del carpintero”.

María se dedicaba a cuidar que no faltara nada en la casa de Nazaret.

Tal como era la costumbre en aquella época, los hijos ayudaban a sus mamás moliendo el trigo y acarreando agua del pozo y a sus papás en su trabajo. Podemos suponer que en el caso de Jesús no era diferente. Jesús aprendió a trabajar y a ayudar a su familia con generosidad. Él siendo Todopoderoso, obedecía a sus padres humanos, confiaba en ellos, los ayudaba y los quería.

¡Qué enseñanza nos da Jesús, quien hubiera podido reinar en el más suntuoso palacio de Jerusalén siendo obedecido por todos! Él, en cambio, rechazó todo esto para esconderse del mundo obedeciendo fielmente a María y a José y dedicándose a los más humildes trabajos diarios, el taller de San José y en la casa de Nazaret.

Las familias de hoy, deben seguir este ejemplo tan hermoso que nos dejó Jesús tratando de imitar las virtudes que vivía la Sagrada Familia: sencillez, bondad, humildad, caridad, laboriosidad, etc.

La familia debe ser una escuela de virtudes. Es el lugar donde crecen los hijos, donde se forman los cimientos de su personalidad para el resto de su vida y donde se aprende a ser un buen cristiano. Es en la familia donde se formará la personalidad, inteligencia y voluntad del niño. Esta es una labor hermosa y delicada. Enseñar a los niños el camino hacia Dios, llevar estas almas al cielo. Esto se hace con amor y cariño.

“La familia es la primera comunidad de vida y amor el primer ambiente donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios.” (Juan Pablo II, Encuentro con las Familias en Chihuahua 1990).

El Papa Juan Pablo II en su carta a las familias nos dice que es necesario que los esposos orienten, desde el principio, su corazón y sus pensamientos hacia Dios, para que su paternidad y maternidad, encuentre en Él la fuerza para renovarse continuamente en el amor.

Así como Jesús creció en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres, en nuestras familias debe suceder lo mismo. Esto significa que los niños deben aprender a ser amables y respetuosos con todos, ser estudiosos obedecer a sus padres, confiar en ellos, ayudarlos y quererlos, orar por ellos, y todo esto en familia.

Recordemos que “la salvación del mundo vino a través del corazón de la Sagrada Familia”.
La salvación del mundo, el porvenir de la humanidad de los pueblos y sociedades pasa siempre por el corazón de toda familia. Es la célula de la sociedad.

Oración

“Oremos hoy por todas las familias del mundo para que logren responder a su vocación tal y como respondió la Sagrada Familia de Nazaret.
Oremos especialmente por las familias que sufren, pasan por muchas dificultades o se ven amenazadas en su indisolubilidad y en el gran servicio al amor y a la vida para el que Dios las eligió” (Juan Pablo II)

“Oh Jesús, acoge con bondad a nuestra familia que ahora se entrega y consagra a Ti, protégela, guárdala e infunde en ella tu paz para poder llegar a gozar todos de la felicidad eterna.”

“Oh María, Madre amorosa de Jesús y Madre nuestra, te pedimos que intercedas por nosotros, para que nunca falte el amor, la comprensión y el perdón entre nosotros y obtengamos su gracia y bendiciones.”

“Oh San José, ayúdanos con nuestras oraciones en todas nuestras necesidades espirituales y temporales, a fin de que podamos agradar eternamente a Jesús. Amén.”

Encuentro Europeo de la Familias – 2 de Enero


ENCUENTRO EUROPEO DE LAS FAMILAS

Cardenal Rouco Varela y Kiko Argüello fraguan el nuevo encuentro europeo de las familias en Madrid. La misa tendrá lugar en la plaza de Colón el 2 de enero.

El Cardenal Rouco convoca una nueva concentración de las familias católicas.

Benedicto XVI intervendrá vía satélite. La convocatoria está organizada por el Camino Neocatecumenal

Habrá una nueva concentración de las familias católicas esta Navidad. El cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y el Camino Neocatecumenal, han convocado a todos los fieles europeos a una misa que tendrá lugar el domingo 2 de enero, a las once de la mañana, en la madrileña plaza de Colón, ya habilitada para su uso después de las obras que obligaron a que la edición anterior tuviera lugar en la plaza de Lima.

La misa tendrá carácter europeo, como la del año pasado, y su organización se ha encomendado al Camino Neocatecumenal. Sus iniciadores, Kiko Argüello y Carmen Hernández, fueron recibidos ayer por el Santo Padre, y le confirmaron la iniciativa, que ya habría avanzado el propio Rouco a Benedicto XVI durante su visita a España.

El propio Papa participará en el mismo, como en anteriores ocasiones, realizando un especial saludo a los participantes durante el Angelus en la plaza de San Pedro, que será retransmitido vía satélite.
La convoctoria, como ya sucediera el año pasado, contará con la presencia de obispos de toda Europa, pues el proyecto del cardenal de Madrid implica la creación, estable, de un acto por las familias a nivel europeo. La idea es que el mismo pueda acabar convirtiéndose en itinerante -incluso se hablaba de la posibilidad de que el de este año tuviera lugar en Toledo-, pero la inminencia de la Jornada Mundial de la Juventud ha hecho imposible esta medida.

Paticiparán en el mismo la práctica totalidad de los obispos españoles, y miles de familias. En la primera ocasión que se celebró -la más polémica-, no hubo misa, sino un compendio de oraciones y reflexiones de obispos y cardenales. Desde 2008, sin embargo, se celebra la Eucaristía. En todo caso, desde las diez de la mañana, se producirán discursos de obispos.

Más allá de una convocatoria diocesana, o asumida por la Conferencia Episcopal en su conjunto, cada vez aparece más claro que la idea, y su organización, corresponden al brío del Camino Neocatecumenal, que se ha comprometido a “llenar” el espacio, para que no suceda lo que el pasado año, cuando se pudo ver una afluencia mucho menor que en la de anteriores ediciones.

 
 
Himno JMJ 2011 Madrid
http://jmjmadrid2011.net/2010/11/08/himno-jmj-madrid-2011-versiones/

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Escribe al presidente de Pakistán: Salva a Asia Bibi

 http://www.hazteoir.org/firma/34272-escribe-presidente-pakistan-salva-asia-bibi

La Iglesia no defiende un modelo de familia tradicional

Monseñor César Franco, obispo auxiliar de Madrid, la familia que la Iglesia defiende está basada en “la estructura del hombre y la mujer, en la naturaleza biológica y afectiva, que es profundamente humana”.

César Franco, Obispo Auxiliar de Madrid

Tras la Fiesta de la Familia, que ha llegado a reunir a medio millón de personas en Madrid, Monseñor César Franco ha realzado el sentir de la Iglesia. El obispo auxiliar de Madrid ha contado en La Tarde con Cristina como ayer se demostró que “la Iglesia es un pueblo que ha ido a celebrar su fe y a reivindicar sus valores”.Pero, como ha asegurado que en contra de lo que dice la prensa, “no defienden el modelo de familia tradicional, ¿qué quieren decir con eso?”. A diferencia de todo lo que se cuenta en los medios, para el obispo auxiliar la Iglesia “defiende un modelo que está basado en la estructura del hombre y la mujer, la naturaleza biológica y afectiva, que es profundamente humana. Defendemos al hombre en sí mismo en su constitución”.Esta defensa también se alarga a la concepción de la vida. Mons. César Franco ha destacado la existencia en el Gobierno de un “retraso en esa promoción de la vida y  de la cultura de la vida”. Refiriéndose a la Ley del Aborto, “la ley demuestra que una cerrazón en la consideración del derecho a nacer” y obispo auxiliar de Madrid insiste en las palabras del Papa, al considerar la normativa como “una violación del orden moral”. 

El Cardenal Rouco a las familias: “sin vosotros Europa se quedaría sin el futuro del amor”

El arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Antonio María Rouco Varela, considera que el actual panorama de la familia en Europa no es “halagüeño” y “se agrava” con las medidas legales que facilitan el divorcio, la extensión de la crisis y del paro. Durante su Homilía en la Misa de la Familia que ha tenido lugar en Madrid, el Cardenal Rouco Varela que el futuro de Europa, su futuro moral, espiritual e, incluso, biológico, pasa por la familia realizada en su primordial y plena verdad.

El cardenal Rouco Varela

El Cardenal Arzobispo de Madrid ha asegurado que “el panorama que presenta la realidad de la familia en la Europa contemporánea no es precisamente halagüeño” y ha constatado que el ya de por sí “preocupante diagnóstico” del estado de salud de la familia europea de 1999 que se realizó en la II Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos “se ha ido agravando más y más“.Para el cardenal la situación se “agrava” por “la facilitación jurídica del divorcio hasta extremos impensables” y “asimilables al repudio“; la “aceptación” o la “eliminación” primero cultural y luego legal de la consideración del matrimonio como la unión entre varón y una mujer, “abierta a la procreación“; el crecimiento “imparable” de las rupturas matrimoniales y familiares y sus “dramáticas consecuencias” para los niños y de los jóvenes. Y a ello se añade, según Rouco, la crisis económica, con la inevitable secuela del paro y la crisis del matrimonio y de la familia.El Cardenal ha advertido que sin la familia cristiana Europa “se quedaría prácticamente sin hijos o, lo que es lo mismo, sin el futuro de la vida”. “Sin vosotras, Europa se quedaría sin el futuro del amor, conocido y ejercitado gratuitamente; se quedaría sin la riqueza de la experiencia del ser amado por lo que se es y no por lo que se tiene. El futuro de Europa, su futuro moral, espiritual e, incluso, biológico, pasa por la familia realizada en su primordial y plena verdad. `El futuro de Europa pasa por vosotras, queridas familias cristianas!”. En el transcurso de su Homilía Rouco ha criticado que el derecho del nasciturus está suplantado en la conciencia moral de la sociedad y de la ley. “El derecho a la vida del niño, todavía en el vientre de su madre – del ‘nasciturus’ -, se ve lamentablemente  suplantado en la conciencia moral de un sector cada vez más importante de la sociedad, y en la legislación que la acompaña y la estimula, por un supuesto derecho al aborto en los primeros meses del embarazo“. Para el Cardenal “la vida de las personas con discapacidades varias, de los enfermos terminales y de los ancianos, sin un entorno familiar que las cobije, se ve cada vez más en peligro. Un panorama a primera vista oscuro y desolador“.
 
El Cardenal ha explicado que esta situación se da “sólo a primera vista” porque “en el trasfondo alumbran los signos luminosos de la esperanza cristiana
y ha alentado a las familias presentes en la celebración en la madrileña Plaza de Lima a “dar testimonio de esa esperanza y corroborarla“.Rouco Varela ha recomendado vivir la familia “en toda la verdad, la bondad y la belleza que le viene dada por el plan salvador de Dios” e iluminarse por la memoria, “hecha actualidad“, de la Sagrada Familia de Nazareth. “Con la Sagrada Familia, formada por Jesús, María y José, se inicia el capítulo de la nueva y definitiva historia de la familia: el de la familia, que, fundada por el Creador en el verdadero matrimonio entre el varón y la mujer, va a quedar liberada de la esclavitud del pecado y transformada por la gracia del Redentor“.Con el ejemplo de la Familia de Nazareth, “como elegidos de Dios, santos y amados” y con el amor “por encima de todo“, el cardenal Rouco ha preguntado a los presentes: “¿En quién y en dónde podrán encontrar los niños, que van a nacer, los discapacitados, los enfermos, los rechazados, etc., el don de la vida y del amor incondicional sino en vosotros, padres y madres de las familias cristianas?”. Monseñor Rouco Varela ha recordado en su Homilía el viaje apostólico de Juan Pablo II en 1982 y el mensaje de la Eucaristía que celebró en la misma Plaza de Lima, convocada como  ‘La Misa para las familias’. En este sentido, ha afirmado que “nunca se  puede legitimar la muerte de un inocente” porque “se minaría el mismo fundamento de la sociedad.” También se ha hecho eco de la Encíclica ‘Cáritas in Veritate’ de Benedicto XVI, quien “en medio de una crisis socio-económica generalizada“, enseña, un cuarto de siglo después de la Homilía de su antecesor, que la familia es una “necesidad social, e incluso económica” y señala que “los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad“.

S.S. Benedicto XVI en la Misa de las Familias de la Plaza de Lima de Madrid

Saludo cordialmente a los pastores y fieles congregados en Madrid para celebrar con gozo la Sagrada Familia de Nazaret. ¿Cómo no recordar el verdadero significado de esta fiesta? Dios, habiendo venido al mundo en el seno de una familia, manifiesta que esta institución es camino seguro para encontrarlo y conocerlo, así como un llamamiento permanente a trabajar por la unidad de todos en torno al amor.

 De ahí que uno de los mayores servicios que los cristianos podemos prestar a nuestros semejantes es ofrecerles nuestro testimonio sereno y firme de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, salvaguardándola y promoviéndola, pues ella es de suma importancia para el presente y el futuro de la humanidad. En efecto, la familia es la mejor escuela donde se aprende a vivir aquellos valores que dignifican a la persona y hacen grandes a los pueblos. También en ella se comparten las penas y las alegrías, sintiéndose todos arropados por el cariño que reina en casa por el mero hecho de ser miembros de la misma familia. Pido a Dios que en vuestros hogares se respire siempre ese amor de total entrega y fidelidad que Jesús trajo al mundo con su nacimiento, alimentándolo y fortaleciéndolo con la oración cotidiana, la práctica constante de las virtudes, la recíproca comprensión y el respeto mutuo. Os animo, pues, a que, confiando en la materna intercesión de María Santísima, Reina de las Familias, y en la poderosa protección de San José, su esposo, os dediquéis sin descanso a esta hermosa misión que el Señor ha puesto en vuestras manos. Contad además con mi cercanía y afecto, y os ruego que llevéis un saludo muy especial del Papa a vuestros seres queridos más necesitados o que se encuentran en dificultad. Os bendigo a todos de corazón.