ORAR POR LA PAZ Y EL CESE DE TODA VIOLENCIA

Convocatoria del Sr. Cardenal a toda la diócesis, para este martes, en unión con el papa Francisco

Queridos diocesanos: El Santo Padre, el Papa Francisco, nos ha pedido a toda la Iglesia, que nos unamos a él en su oración por la paz. El martes, día 20 va a Asís, lugar emblemático para la paz por san Francisco, a orar por la paz, siguiendo lo que ya hicieron los papas San Juan Pablo II y Benedicto XVI. La paz está muy amenazada, incluso rota: como el Papa ha señalado en más de una ocasión nos encontramos en medio de una guerra: no hay paz.

Hemos de invocar a la misericordia de Dios, especialmente en este .Año de la Misericordia, por el establecimiento de la paz: necesitamos apremiantemente orar por la paz y el cese del terrorismo en el mundo entero que no se acaba.

Necesitamos el auxilio y el favor de Dios ante los problemas tan arduos e intrincados de la paz en el mundo: paz, por lo demás, tan rota y amenazada hoy en tantos lugares de la tierra. Con la mirada puesta en el Niño que yace indefenso en el pesebre de Belén o en el patíbulo de la cruz de donde cuelga el Justo Jesús, ajusticiado injustamente, pidamos confiadamente a Dios, fuente inagotable de todo amor y misericordia, que nos libre de todo odio, de toda violencia, de todo terrorismo, de todas las destrucciones de vidas humanas, de todo mal que se oponga a la paz verdadera, la que no es posible sin la base de la ley moral universal, esto es, sin la base del seguimiento del bien y del rechazo del mal, del no dejarse vencer por el mal, antes bien, del hacer posible que se venza al mal a fuerza de bien, con el perdón y la reconciliación.

Es preciso pedir a Dios que cesen tantas formas de creciente violencia, causa de indecibles sufrimientos; que se apaguen tantos focos de tensión, que corren el riesgo de degenerar en conflictos abiertos y aún mayores; que se consolide la voluntad de buscar soluciones pacíficas, respetuosas de las legítimas aspiraciones de los hombres y de los pueblos; que aliente Él mismo las iniciativas de diálogo y de reconciliación y perdón; y que nos ayude a comprender que la única vía para construir la paz es huir horrorizados del mal y buscar siempre y con valentía el bien. Que cada uno en la parte que le corresponda, contribuyamos a la edificación de un futuro de justicia, de solidaridad y de paz para cada nación, derribando fronteras y superando divisiones.

Oremos para que no golpee, o que deje ya de golpear, o que nunca más ya golpee el terrorismo en ninguna parte del mundo,­ como en Irak, Siria, Libia, Egipto, Turquía, Europa.. .que todos estemos unidos y seamos como una “piña” frente a él; que se multiplique la misericordia de Dios y la solidaridad, la ayuda de la caridad y de la justicia de los hombres en favor de sus víctimas. Que crezca en todos los ciudadanos y personas de bien un verdadero amor al hombre, a todo hombre sin excepción alguna ni marginación de ningún tipo; que se respete la vida del hombre en todas y cada una de las fases de su existencia, desde el principio de su ser hasta su muerte natural, ni se le manipule, ni se le instrumentalice para otras causas o intereses, aunque puedan tener apariencia de nobles. Que la ciencia se ponga al servicio del hombre, no a la inversa, que se ejerza con conciencia para que no se vuelva contra el propio hombre. ¡Que Dios nos conceda la paz, que sólo él puede dar! Que Él nos dé su gracia para que todos seamos personas que trabajan decididamente por la paz: así seremos dichosos, hijos de Dios, nuestro Padre, llamados a edificar día tras día la paz en la justicia, la verdad, la libertad y el amor.

Oremos de manera especialmente intensa y ferviente, en estos momentos, por la paz en Siria, en Oriente medio, en Turquía, en tantos otros lugares donde se viven los terribles y espantosos horrores de la guerra, o se sufren las amenazas de destrucción y violencia … Por eso, uniéndonos al Papa, también en nuestra diócesis, como en el resto de las diócesis españolas y del mundo entero, el martes 20 de septiembre, nos sumaremos en oración ferviente al Dios de la misericordia y al Príncipe de la paz, su Hijo Jesucristo, invocando la paz, como un clamor o grito que se eleva hasta el cielo desde la tierra calcinada por la violencia y la locura de la guerra o de la no paz.

Invito a que, quienes podáis, participéis en la oración y eucaristía que tendrá lugar ese día, martes 20, a los 8 de la tarde en la Iglesia Catedral de Valencia; y a quienes por diversas causas no podáis participar en la Catedral, os pido que os unáis en vuestras parroquias y comunidades a la oración que se convoque; que ninguna parroquia, ni ninguna comunidad religiosa deje de orar el martes, 20, por la paz. Invito, así mismo, a los hermanos de otras confesiones cristianas y a todos los creyentes a que del modo que estimen oportuno se unan a esta plegaria, clamor universal al Cielo, por la paz.

Muchas gracias a todos por vuestra respuesta.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo-Cardenal de Valencia

Orden del Santo Sepulcro: cimentando la paz en Tierra Santa

El cardenal Foley explica los esfuerzos que el grupo está realizando

 Apoyando a los cristianos de Tierra Santa con más de 50 millones de dólares en menos de 10 años, la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén está poniendo los cimientos para la paz en Tierra Santa.
Lo afirmó el gran maestre de la Orden, el cardenal John Patrick Foley, este sábado al pronunciar una conferencia en Washington, D.C., en la que explicó la importancia de Jerusalén y la función de la Orden.

El cardenal destacó que la orden provee en torno a los dos tercios de los fondos del Patriarcado de Rito Latino, que lleva varias escuelas y hospitales, abiertos no sólo a los cristianos sino también a los musulmanes, a los judíos y a cualquier persona que los necesite.
“Todo el mundo es bienvenido porque creemos que a través de la caridad -del verdadero amor a nuestros vecinos- se construirán el respeto y el entendimiento mutuo, y esos son los fundamentos para la paz”, señaló el cardenal Foley.

La conferencia del cardenal estaba patrocinada por la Fundación Cristiana Ecuménica Tierra Santa.
Esta fundación empezó como una colaboración entre un cristiano palestino americano y un sacerdote de Jordania que ejercía su ministerio en Palestina.
Ambos creían que los cristianos de los Estados Unidos llegarían a ayudar a los cristianos de Tierra Santa sólo si eran conscientes de su situación.
De hecho, explicó el card enal Foley, el mayor porcentaje de caballeros y damas de su orden viene de los Estados Unidos.

Separación.

El cardenal también destacó algunos de los obstáculos que están afrontando los fieles en Tierra Santa.
“Me he encontrado con padres y madres que no pueden encontrar trabajo porque no pueden estar seguros de que serán capaces de viajar desde sus hogares hasta su potencial lugar de trabajo”, dijo.
“Cada día, tienen que atravesar controles y nunca tienen la seguridad de que les dejarán pasar -continuó-. Me he encontrado con estudiantes, deseosos de aprender, que no pueden asistir al colegio con regularidad”.
“He visitado casas en las que las familias acumulan el agua porque no pueden estar seguros de que cuando sus depósitos se vacíen vuelvan a rellenarse”, relató.
“Visité el seminario católico durante las vacaciones de Navidad el año pasado y fue a la vez triste y alentador ver que muchos seminaristas no habían ido a sus casas porque tenían miedo de no poder cruzar la frontera entre Jordania e Israel o pasar los controles para volver al seminario”, añadió.

El cardenal Foley llamó al muro que separa Jerusalén y Belén “lo más trágico que he visto” y destacó que mantiene a los agricultores alejados de la tierra en la que sus familias han permanecido durante generaciones.
“Es humillante y penoso”, dijo. “Agradezco la preocupación del gobierno israelí por la seguridad, y la respeto; pero muchas de esas medidas plantean graves cuestiones de derechos humanos que ellos se niegan a reconocer y abordar”.

El cardenal señaló que los miembros de la Orden Ecuestre están llamados a ver en primera persona el sufrimiento de los cristianos de Tierra Santa.
“Ellos son animado con fuerza a visitar no sólo los Santos Lugares -y esto es ciertamente importante para su propia edificación espiritual-, sino también a los católicos y a otros cristianos que viven allí”, dijo.
“Les llamamos las “piedras vivas” porque ellos ofrecen un testimonio vivo de nuestra fe en la tierra en la que Nuestro Señor vivió y predicó, murió y resucitó de entre los muertos”, explicó.
Y añadió: “Nosotros leemos o vemos en las noticias, casi a diario, informaciones de la trágica lucha que se está llevando a cabo en la tierra que Nuestro Señor santificó con su santa presencia; y así, debemos continuar siendo instrumentos de su paz”.

 

El Nobel de Obama tuvo su oposición cuando se decidió

Que Barack Obama obtuviera el Nobel de la Paz 2009 no lo tenía claro ni el organismo que lo otorga. Fue una sorpresa para todo el mundo, incluída la propia administración norteamericana y hoy sabemos que su decisión no fue del todo unánime. Tres de los cinco miembros del Comité Nobel Noruego se opusieron inicialmente a dar el premio a Obama, aunque al final y con mucha negociación, aceptaron.

Ni la Admistración EE.UU. se esperaba el premio

 Lo cuenta hoy el periódico noruego “VG”.  La representante en el comité del Partido del Progreso, Inger-Marie Ytterhorn, la conservadora Kaci Kullmann Five y la
socialista Ågot Valle mostraron objeciones a la concesión del Nobel a Obama, anunciada el pasado día 9 en Oslo, según “VG”, que alude a “varias fuentes” sin especificar su origen.

 Ytterhorn, la más reacia, mostró sus dudas sobre la capacidad de Obama para mantener su compromiso internacional frente a los problemas de política nacional y objetó que era demasiado pronto para darle el premio, ya que apenas lleva diez meses en el cargo. “Había esperado más debate, en especial sobre lo que considero problemático, la guerra en Afganistán, dijo a “VG” Valle.

 El mayor defensor de Obama fue el presidente del comité, el laborista Thorbjorn Jagland, quien contó con el apoyo firme de su compañera de partido Sissel Ronbeck, de acuerdo con “VG”.  “El proceso ha sido completamente normal y la decisión es unánime“, declaró hoy al diario Jagland, quien en los últimos días
ha tenido que defender frente a las críticas públicas la elección de Obama para el premio.

 Hay que recordar que en su motivación, el Comité Nobel resaltó los “esfuerzos extraordinarios para reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos” de Obama, dando especial importancia a su visión y su trabajo por “un mundo sin armas nucleares“. El Comité Nobel habló también del “nuevo clima” en la política internacional surgido con la llegada de Obama, en el que la diplomacia multilateral ha reconquistado un papel central, enfatizando el papel de la ONU y otras instituciones.

 Los cinco miembros del comité son nombrados por un período de seis años por el Parlamento noruego, de acuerdo con la correlación de fuerzas entre las formaciones políticas.

 

“Obama debe recordar que existe una guerra contra la vida”

El diario “L’Osservatore Romano” muestra algunas reservas ante la concesión del Nobel.

 Al aceptar el Premio Nobel de la Paz 2009, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, debería recordar no solo las guerras en Iraq y Afganistán, sino también la guerra que está dirigiéndose contra los no nacidos, según un artículo de L’Osservatore Romano.

El diario oficioso vaticano publicó un artículo en su edición italiana del pasado domingo, en respuesta a la concesión del premio de la paz a Obama.
El Comité noruego del Nobel anunció la noticia el viernes, afirmando que se reconocía así “los extraordinarios esfuerzos del presidente para reforzar la diplomacia internacional y la colaboración entre los pueblos. El comité otorgó especial importancia a la visión y la labor de Obama en favor de un mundo sin armamento nuclear”.
El artículo de L’Osservatore, firmado por Lucetta Scaraffia, apremia al presidente a reconocer que “la guerra más larga, y con el mayor número de ‘caídos’, es la práctica del aborto, legalizado y facilitado por las estructuras internacionales”.
Pide también al presidente que recuerde las palabras de la ganadora del Premio Nobel de la Paz de 1979, la Madre Teresa de Calcuta, que llamó al aborto “el gran destructor de la paz hoy, […] porque es una guerra directa, una matanza directa – un asesinato directo por parte de la propia madre”.

El periód ico observó que el Nobel de Obama “ha cogido a todo el mundo un poco por sorpresa, en primer lugar al propio presidente de los Estados Unidos”. Era la primera vez, desde que Woodrow Wilson fue galardonado en 1919, que un presidente estadounidense recibe el premio estando en activo.
El artículo afirma que la concesión del galardón a Obama mientras está en el cargo lo convierte en “una forma de presión para inclinar a Obama hacia decisiones pacíficas mientras dure su mandato”.
“En base a las decisiones tomadas hasta la fecha, resulta difícil describir al presidente como un pacifista convencido”, afirma L’Osservatore.
El diario observa que las políticas de Obama en “Iraq y Afganistán parecen estar a medio camino entre la fidelidad a los principios pacifistas proclamados durante la campaña electoral, y una política más realis ta, que algunos ya han descrito como una continuación de ese ‘belicista’ Bush”.
“Se trata de una política oscilante, muy similar a la que el presidente americano está llevando a cabo en importantes cuestiones bioéticas, sobre todo en relación con el aborto, que ha suscitado tanta controversia entre los católicos estadounidenses”, añade.

Cuestiones
L’Osservatore Romano también pone en cuestión el proceso de elección del ganador del premio a la paz, observando que el papa Juan Pablo II ha sido ignorado en dos ocasiones, en 1999 y 2003.
El Comité del Nobel eligió a Médicos sin Fronteras en 1999, y al abogado y activista por los derechos humanos iraní Shirin Ebadi en 2003.
El pontífice había sido “considerado un gran favorito en 2003, tras su condena de la guerra de Iraq”, afirma L’Osservatore . “Ese año, muchas iniciativas y el favor de una gran parte del mundo parecían hacerle el destinatario natural del galardón. Fue considerado como el favorito, incluso por los apostadores”.

El papa Juan Pablo II “fue considerado por los miembros del jurado como demasiado conservador en otras áreas, y se temía que, galardonando con él a la Iglesia católica, podría favorecerse a una importante confesión religiosa en detrimento de las demás”.
“Esos miedos”, observa el diario vaticano, “han sido superados en el caso, mucho más controvertido, del premio a Obama”.
“Una vez más, por tanto, el Premio Nobel de la Paz ha suscitado preguntas y críticas, dado que los criterios para la designación a menudo parecen influenciados por el pensamiento políticamente correcto”, añade L’Osservatore.
En cualquier caso, “como ya manifestó el director de prensa de la Santa Sede -concluye el artículo-, no podemos sino estar contentos de ver reconocidos en el presidente Obama el esfuerzo por el desarme nuclear y la indudable propensión personal a una política más pacífica que a afirmar el poder americano en el mundo”.

El Papa anuncia un sínodo especial para la paz en Tierra Santa

 

Será en el Vaticano del 10 al 24 de octubre de 2010, con el tema “La Iglesia en Medio Oriente: Comunión y Testimonio” El anuncio lo ha hecho público el Santo Padre en el mediodía del sábado 19 de octubre en el transcurso de un Encuentro con los siete patriarcas orientales de la Iglesia Católica Ahora del 4 al 25 de octubre tiene lugar también en Roma otra Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos, dedicada a Africa.

El Papa Benedicto XVI exhorta a custodiar la creación para lograr la paz

La Sala de Prensa de la Santa Sede dio a conocer hoy que el tema de la 43º Jornada Mundial de la Paz que se celebrará el próximo 1 de enero de 2010 será “Para cultivar la paz es necesario custodiar la creación”, en el que el Papa Benedicto XVI resaltará la urgencia de tutelar lo creado a partir de lo que ya ha precisado en su encíclica Caritas in veritate.

En un comunicado dado a conocer hoy por el Pontificio Consejo Justicia y Paz con el que se presenta el tema para la mencionada jornada, se explica que éste busca “generar una toma de conciencia del estrecho vínculo que existe en nuestro mundo globalizado e interconectado entre la salvaguarda de lo creado y el cultivo del bien de la paz”.

Ante los nuevos desafíos que aparecen en este ámbito, prosigue el comunicado, “si la familia humana no sabe hacer frente a ellos con un renovado sentido de la justicia y equidad social; así como solidaridad internacional, se corre el riesgo de sembrar violencia entre pueblos y entre las generaciones presentes y futuras”.

“Siguiendo las preciosas indicaciones contenidas en los numerales 48 – 51 de la Carta Encíclica Caritas in veritate, el mensaje papal subrayará la urgencia del hecho que la tutela del ambiente constituya un desafío para la humanidad entera: se trata del deber, común y universal, de respetar el bien colectivo, destinado a todos, impidiendo que se haga uso desmedido de las distintas categorías de seres como se desee”.

Esta, indica el texto, “es una responsabilidad que debe madurar en base a la globalidad de la presente crisis ecológica y a la consecuente necesidad de afrontarla globalmente, en cuanto todos los seres dependen unos de otros en el orden universal establecido por el Creador”.

Mensaje de S.S. Benedicto XVI. “Combatir la Pobreza, Construir la Paz”.

“Combatir la pobreza, construir la paz” – Texto íntegro

Jornada Mundial de la Paz 2009: Mensaje de Benedicto XVI

Mensaje de Benedicto XVI para la celebración de la 42a Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2009) –difundido este jueves por la Santa Sede-.

El Papa y la Paz

Benedicto XVI

El tema elegido este año por el Santo Padre –“Combatir la pobreza, construir la paz”- retoma y desarrolla el del Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz 1993, el cual explicaba las conexiones y condicionamientos recíprocos entre pobreza y paz.

Al presentar el texto de Benedicto XVI esta mañana, el cardenal Renato Martino –presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz- apuntó que el actual mensaje profundiza en la globalización, en una aproximación adecuada para la lucha contra la pobreza –también inmaterial-, en el tema del desarme y del hambre, en la cuestión demográfica, en las pandemias, en el comercio internacional y en las finanzas.

Un mensaje pontificio, según el cardenal Martino, que alerta cómo “en el mundo global es cada vez más evidente que se construye la paz si todos crecen” y “que las distorsiones de sistemas injustos antes o después pasan factura a todos”.

MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PARA LA CELEBRACIÓN DE LAJORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 ENERO 2009

COMBATIR LA POBREZA, CONSTRUIR LA PAZ

1. TAMBIÉN EN ESTE AÑO NUEVO que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subrayó ya las repercusiones negativas que la situación de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas últimas alimentan a su vez trágicas situaciones de penuria. « Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo –escribió Juan Pablo II– otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial ».1

2. En este cuadro, combatir la pobreza implica considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización. Esta consideración es importante ya desde el punto de vista metodológico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y sociólogos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalización debería abarcar también la dimensión espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un único proyecto divino, el de la vocación de construir una sola familia en la que todos –personas, pueblos y naciones– se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.

En dicha perspectiva se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, de pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado « subdesarrollo moral »2 y, por otra, en las consecuencias negativas del « superdesarrollo ».3 Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como « pobres », el crecimiento económico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera « ecología humana »,4 se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendré brevemente.

Pobreza e implicaciones morales

3. La pobreza se pone a menudo en relación con el crecimiento demográfico. Consiguientemente, se están llevando a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos 5 y, lo que es más grave aún, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40 % de la población mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo demás, por un notable incremento demográfico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habría recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la población. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al elevado número de sus habitantes. Además, entre las naciones más avanzadas, las que tienen un mayor índice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros términos, la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.

4. Otro aspecto que preocupa son las enfermedades pandémicas, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la población, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del País. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la población no siempre logran resultados significativos. Además, los países aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida. Es difícil combatir sobre todo el sida, causa dramática de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que está relacionada la difusión del virus. Es preciso, ante todo, emprender campañas que eduquen especialmente a los jóvenes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagación del virus. Además, se requiere también que se pongan a disposición de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones terapéuticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atención sanitaria de base.

5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atención en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intrínseca dimensión moral, es la pobreza de los niños. Cuando la pobreza afecta a una familia, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños. Considerar la pobreza poniéndose de parte de los niños impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen más directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los daños recaen inevitablemente sobre los niños. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los más afectados son principalmente los hijos.

6. Un cuarto aspecto que merece particular atención desde el punto de vista moral es la relación entre el desarme y el desarrollo. Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasión de subrayar, « los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a “promover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el mínimo dispendio de los recursos humanos y económicos mundiales en armamentos” (art. 26) ».6 Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así, paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos. Como afirmó sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, « el desarrollo es el nuevo nombre de la paz ».7 Por tanto, los Estados están llamados a una seria reflexión sobre los motivos más profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocrítica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, sería posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podrían destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.

7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la actual crisis alimentaria, que pone en peligro la satisfacción de las necesidades básicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrición puede provocar también graves daños psicofísicos a la población, privando a las personas de la energía necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los últimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fenómeno son, por una parte, el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel más alto de la distribución de la renta y, por otra, la evolución de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho más rápidamente que los precios de los productos agrícolas y de las materias primas que poseen los países más pobres. Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos.

Lucha contra la pobreza y solidaridad global

8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana.8 Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global,9 tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un « código ético común »,10 cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es « signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano »,11 continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario.

9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se están produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones

10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera.12

11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.

12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el ámbito de la sociedad civil.

13. Como ya afirmó mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalización « se presenta con una marcada nota de ambivalencia » 13 y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabiduría.14 De esta sabiduría, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que están en el corazón humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional se afrontan a veces como meras cuestiones técnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones anónimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano.

Conclusión

14. En la Encíclica Centesimus annus, Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de « abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos– como un fardo o como molestos e importunos, ávidos de consumir lo que los otros han producido ». « Los pobres –escribe– exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos ».15 En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o después pasan factura a todos. Por tanto, únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación. Por sí sola, la globalización es incapaz de construir la paz, más aún, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalización pone de manifiesto más bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasión propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposición de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.

15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Encíclica Rerum novarum, éstos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuestión social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales.16 Esta ampliación de la cuestión social hacia la globalidad hay que considerarla no sólo en el sentido de una extensión cuantitativa, sino también como una profundización cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atención los actuales fenómenos de la globalización y su incidencia en las pobrezas humanas, señala nuevos aspectos de la cuestión social, no sólo en extensión, sino también en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relación con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalización, y a orientar la acción hacia la construcción de la paz. Entre estos principios conviene recordar aquí, de modo particular, el « amor preferencial por los pobres »,17 a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradición cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 4,32-36; 1 Co 16,1; 2 Co 8-9; Ga 2,10).

« Que se ciña cada cual a la parte que le corresponde », escribía León XIII en 1891, añadiendo: « Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto regateará su esfuerzo ».18 Esta convicción acompaña también hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo,19 sintiendo cómo resuena en su corazón el mandato del Príncipe de la paz a los Apóstoles: « Vos date illis manducare – dadles vosotros de comer » (Lc 9,13). Así pues, fiel a esta exhortación de su Señor, la comunidad cristiana no dejará de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no sólo para distribuir lo superfluo, sino cambiando « sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad ».20 Por consiguiente, dirijo al comienzo de un año nuevo una calurosa invitación a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma según el cual « combatir la pobreza es construir la paz ».

Vaticano, 8 de diciembre de 2008

BENEDICTUS PP XVI