Diario vaticano critica panteísmo y espiritualismo ecológico de Avatar

L’Osservatore Romano (LOR) dedicó tres de sus artículos de la edición del fin de semana a taquillera cinta de James Cameron, Avatar, en los que criticó el sentimentalismo, panteísmo y espiritualismo ecológico de la película.

En un primer artículo se señala que Cameron hace un paralelo entre el “genocidio” de los blancos contra las poblaciones nativas de Estados Unidos, presentando a los humanos de la película, como a los primeros y a los segundos como a los “na’vi” de la cinta que habitan en el mundo de Pandora, lugar donde transcurren la ficción.

La historia del director, dice el texto, “tiene una aproximación blanda, se cuenta sin profundizar y termina por caer en el sentimentalismo“.

“Todo se reduce –prosigue– a una parábola antiimperialista y antimilitarista fácil, apenas esbozada, que no tiene la misma mordiente de otras películas que buscan mostrar estos aspectos”.

El ecologismo de Avatar, dice LOR, “se empantana de un espiritualismo ligado al culto de la naturaleza que le hace guiños a una de las tantas modas del tiempo. La misma identificación de los destructores con los invasores y de los ambientalistas con los indígenas aparece luego como una simplificación que menosprecia el ámbito del problema”.

El segundo artículo plantea el nacimiento de una película de culto con Avatar. “Inaugurará, tal vez –dice el texto– un nuevo género, creando un imaginario colectivo en el que se reflejará una vez más la fuerza atractiva de los mundos alternativos, una cierta forma de espiritualismo ecológico hoy de moda y el temor, muy difundido, a vivir una verdadera trascendencia”.

El tercer texto, tomado por LOR de la revista Mondo e Missione (Mundo y Misión) lleva por título “La religión de Pandora” y refiere la opinión de algunos columnistas sobre este tema. El texto cita al comentarista de asuntos religiosos del New York Times, Ross Duhat, quien considera que Avatar presenta “una apología del panteísmo, una fe que hace a Dios igual a la naturaleza, y llama a la humanidad a una comunión religiosa con el mundo natural”.

Este comentarista, prosigue el artículo, “recuerda que esta visión religiosa es una especie de caballito de batalla del Hollywood más reciente. Para Douthat la opción panteísta de Cameron y de la industria cinematográfica de Estados Unidos en general, sigue a través de este camino porque ‘millones de estadounidenses han respondido a ella de manera muy positiva’”.

“Y como reconocía –continúa– en el siglo XVIII el filósofo francés Alexis de Tocqueville, ‘el credo estadounidense en la esencial unidad del género humano nos lleva a anular toda distinción en la creación. El panteísmo abre la puerta a una experiencia de lo divino para la gente que no se siente a gusto en la perspectiva escriturística de las religiones monoteístas’”.

Tras hacer algunas comparaciones de la cinta con la concepción del hinduismo, como que el color azul de los na’vi sea similar al de Shiva –una de sus principales deidades– el artículo sugiere, citando a un blogger estadounidense, que Cameron también podría haber “unido la antigua teología cristiana de la gracia y de la redención a su parábola antiimperialista’. (cuando afirma que llegar a ser un na’vi es volver a nacer)”.

“El debate, como se ve, está más abierto que nunca“, concluye

En línea el calendario 2010 de Benedicto XVI

Realizado por el servicio fotográfico del diario vaticano

Por vez primera se encuentra disponible en línea el calendario oficial 2010 de Benedicto XVI, realizado por el servicio fotográfico de “L’Osservatore Romano”, el diario de la Santa Sede.
El calendario, en formato para pared o escritorio, presenta trece imágenes exclusivas que que ilustran los viajes apostólicos del pontífice, de Australia a África.
El servicio fotográfico vaticano ha realizado también el calendario conmemorativo dedicado a Juan Pablo II, recordando que en el año 2010 se celebran los cinco años de su fallecimiento.
El gran formato y la calidad de impresión permiten conse rvar las imágenes y enmarcarlas.
El calendario puede comprarse en el sitio www.hdhcommunications.com, la librería internacional en línea dedicada al mundo católico, que propone tambien los DVDs del Centro Televisivo Vaticano y una selección de libros de la Librería Editorial Vaticana.
Más información: http://www.hdhcommunications.com/index.php?main_page=index&cPath=163

 

Riesgos y oportunidades de la revolución biotecnológica

Presidente del IOR: los economistas cristianos “deberían objetar” a ciertas prácticas

Con un editorial publicado en L’Osservatore Romano en la edición del 28 de octubre, el presidente del IOR (Istituto per le opere di religione), Ettore Gotti Tedeschi explicó los riesgos y las oportunidades de las biotecnologías en el contexto mundial.
De cara al futuro de la civilización, el conocido economista indicó que existen tres desafíos: resolver cuanto antes la crisis económica; aprovechar la oportunidad pero también el riesgo de las revolución tecnológica, y la competición d e los países por apropiarse del liderazgo tecnológico en el sector de las biotecnologías.

Tras reafirmar que los verdaderos orígenes de la crisis económica están en “el derrumbamiento de la natalidad y el desarrollo insostenible”, Gotti Tedeschi explicó que las biotecnologías pueden ser “un elemento realmente revolucionario en las relaciones económicas y morales”.
La biotecnologia de hecho puede ser “el motor para salir de la crisis económica, pero con el riesgo de relativizar la dimensión ética”.

El presidente del IOR distingue entre a las biotecnologías vegetales, animales y médicas, como motor del desarrollo, y las biotecnologías que quieren clonar y manipular el embrión humano, como amenaza a la dimensión ética.
Para Gotti Tedeschi es “evidente la oportunidad de desarrollar actividades productivas, basadas en la biotecnología, con perspectivas de crecimiento enormes en varios sectores económicos ligados a la satisfacción de necesidades básicas: alimento, energía, salud”.

De esta forma, “una revolución biotecnológica que puede desarrollar una Silicon Valley hecha de centros tecnológicos de ciencia para la vida – útiles al hombre, al medio ambiente, y en consecuencia también al producto interior bruto – acelerando así la solución de la crisis económica. Y esto podría ser un bien”.
“Pero la revolución biotecnológica, – observa el economista – además de producir elementos y recursos de otra forma escasos en la naturaleza – por ejemplo el petróleo – ha demostrado ser capaz de modificar la materia y la estructura genética y de poder producir sintéticamente organismos biológicos. Con la ilusión de comprender el secreto de la vida, de poderla programas e incluso construir”.

Y aquí el presidente del IOR mira con evidente preocupación la posibilidad “de selección y modificación de organismos vivientes para uso humano”.
“La capacidad de transferir genes de un organismo a otro – escribe – y de producir cada cosa por síntesis podría anular la percepción de la diferencia entre la intervención a favor de la salud del hombre y la dirigida a la creación de vida artificial. Y esto seguramente no sería un bien”.

En este contexto el presidente del IOR observa que “se está poniendo en marcha la competición por el liderazgo mundial en el nuevo escenario geopolítico generado por la crisis”, y revela que “se trata de una competición que probablemente se desarrollará precisamente en la búsqueda de la afirmación en el sector biotecnológico”.
Si fuese así, “se relativizarían aún más los criterios morales de valoración sobre lo que es justo y útil para el hombre y, en algunos países, podría incluso nacer la tentación de corregir la Biblia para justificar estas decisiones”.

En conclusión, Gotti Tedeschi afirma que “está claro que de esta crisis saldremos también a través de la revolución biotecnológica” y que “el peligro es que no se limite a la satisfacción prudente de las exigencias del hombre, sino que, por sed de poder, se nos empuje hasta confundir las verdades sobre la propia vida humana. Y frente a este riesgo, también el economista tiene derecho a la objeción de conciencia”.

 

“Obama debe recordar que existe una guerra contra la vida”

El diario “L’Osservatore Romano” muestra algunas reservas ante la concesión del Nobel.

 Al aceptar el Premio Nobel de la Paz 2009, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, debería recordar no solo las guerras en Iraq y Afganistán, sino también la guerra que está dirigiéndose contra los no nacidos, según un artículo de L’Osservatore Romano.

El diario oficioso vaticano publicó un artículo en su edición italiana del pasado domingo, en respuesta a la concesión del premio de la paz a Obama.
El Comité noruego del Nobel anunció la noticia el viernes, afirmando que se reconocía así “los extraordinarios esfuerzos del presidente para reforzar la diplomacia internacional y la colaboración entre los pueblos. El comité otorgó especial importancia a la visión y la labor de Obama en favor de un mundo sin armamento nuclear”.
El artículo de L’Osservatore, firmado por Lucetta Scaraffia, apremia al presidente a reconocer que “la guerra más larga, y con el mayor número de ‘caídos’, es la práctica del aborto, legalizado y facilitado por las estructuras internacionales”.
Pide también al presidente que recuerde las palabras de la ganadora del Premio Nobel de la Paz de 1979, la Madre Teresa de Calcuta, que llamó al aborto “el gran destructor de la paz hoy, […] porque es una guerra directa, una matanza directa – un asesinato directo por parte de la propia madre”.

El periód ico observó que el Nobel de Obama “ha cogido a todo el mundo un poco por sorpresa, en primer lugar al propio presidente de los Estados Unidos”. Era la primera vez, desde que Woodrow Wilson fue galardonado en 1919, que un presidente estadounidense recibe el premio estando en activo.
El artículo afirma que la concesión del galardón a Obama mientras está en el cargo lo convierte en “una forma de presión para inclinar a Obama hacia decisiones pacíficas mientras dure su mandato”.
“En base a las decisiones tomadas hasta la fecha, resulta difícil describir al presidente como un pacifista convencido”, afirma L’Osservatore.
El diario observa que las políticas de Obama en “Iraq y Afganistán parecen estar a medio camino entre la fidelidad a los principios pacifistas proclamados durante la campaña electoral, y una política más realis ta, que algunos ya han descrito como una continuación de ese ‘belicista’ Bush”.
“Se trata de una política oscilante, muy similar a la que el presidente americano está llevando a cabo en importantes cuestiones bioéticas, sobre todo en relación con el aborto, que ha suscitado tanta controversia entre los católicos estadounidenses”, añade.

Cuestiones
L’Osservatore Romano también pone en cuestión el proceso de elección del ganador del premio a la paz, observando que el papa Juan Pablo II ha sido ignorado en dos ocasiones, en 1999 y 2003.
El Comité del Nobel eligió a Médicos sin Fronteras en 1999, y al abogado y activista por los derechos humanos iraní Shirin Ebadi en 2003.
El pontífice había sido “considerado un gran favorito en 2003, tras su condena de la guerra de Iraq”, afirma L’Osservatore . “Ese año, muchas iniciativas y el favor de una gran parte del mundo parecían hacerle el destinatario natural del galardón. Fue considerado como el favorito, incluso por los apostadores”.

El papa Juan Pablo II “fue considerado por los miembros del jurado como demasiado conservador en otras áreas, y se temía que, galardonando con él a la Iglesia católica, podría favorecerse a una importante confesión religiosa en detrimento de las demás”.
“Esos miedos”, observa el diario vaticano, “han sido superados en el caso, mucho más controvertido, del premio a Obama”.
“Una vez más, por tanto, el Premio Nobel de la Paz ha suscitado preguntas y críticas, dado que los criterios para la designación a menudo parecen influenciados por el pensamiento políticamente correcto”, añade L’Osservatore.
En cualquier caso, “como ya manifestó el director de prensa de la Santa Sede -concluye el artículo-, no podemos sino estar contentos de ver reconocidos en el presidente Obama el esfuerzo por el desarme nuclear y la indudable propensión personal a una política más pacífica que a afirmar el poder americano en el mundo”.

La Santa Sede confirma la doctrina sobre el aborto procurado

Con fecha 11 de julio, L’Osservatore Romano publicó una Clarificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre aborto procurado, para zanjar la situación creada a partir de la publicación en el mismo diario vaticano del artículo Dalla parte della bambina brasiliana de Mons. Rino Fisichella, Presidente de la Academia Pontificia para la Vida, el 15 de marzo pasado.

Dice el texto de la Clarificación:

 

Recientemente han llegado a la Santa Sede varias cartas, incluso de parte de altas personalidades de la vida política y eclesial, que han informado sobre la confusión que se ha creado en varios países, sobre todo en América Latina, tras la manipulación e instrumentalización de un artículo de Su Excelencia Monseñor Rino Fisichella, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, sobre el triste caso de la “niña brasileña“.

 

En ese artículo, aparecido en L’Osservatore Romano del 15 de marzo de 2009, se presentaba la doctrina de la Iglesia, teniendo en cuenta la situación dramática de esta niña, que -como se pudo constatar posteriormente- había sido acompañada con toda delicadeza pastoral, en particular por el entonces arzobispo de Olinda y Recife, Su Excelencia Monseñor José Cardoso Sobrinho. Al respecto, la Congregación para la Doctrina de la Fe confirma que la doctrina de la Iglesia sobre el aborto provocado no ha cambiado ni puede cambiar. Esta doctrina ha sido expuesta en los números 2270-2273 del Catecismo de la Iglesia Católica en estos términos:

 

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitae 1, 1). ‘Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado’ (Jeremías 1, 5). ‘Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra’ (Salmo 139, 15).

 

Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral. No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido. (Didajé, 2, 2; Bernabé, Ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, Apol. 9). Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables (Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 51, 3).

 

La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. ‘Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae’ (Código de Derecho Canónico, CIC, canon 1398), es decir, ‘de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito‘ (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cfr. CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

 

El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación: ‘Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte’ (Inst. Donum vitae 3). ‘Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho… El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos’ (Inst. Donum vitae, 3).

 

En la encíclica Evangelium vitae, el Papa Juan Pablo II afirmó esta doctrina con su autoridad de Supremo Pastor de la Iglesia: “con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos -que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina-, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal” (n. 62).

 

En lo que se refiere al aborto procurado en algunas situaciones difíciles y complejas, es válida la enseñanza clara y precisa del Papa Juan Pablo II: “Es cierto que en muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y doloroso, en cuanto que la decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones puramente egoístas o de conveniencia, sino porque se quisieran preservar algunos bienes importantes, como la propia salud o un nivel de vida digno para los demás miembros de la familia. A veces se temen para el que ha de nacer tales condiciones de existencia que hacen pensar que para él lo mejor sería no nacer. Sin embargo, estas y otras razones semejantes, aun siendo graves y dramáticas, jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente” (Enc.Evangelium vitae, n. 58).

 

Por lo que se refiere al problema de determinados tratamientos médicos para preservar la salud de la madre, es necesario distinguir bien entre dos hechos diferentes: por una parte, una intervención que directamente provoca la muerte del feto, llamada en ocasiones de manera inapropiada aborto “terapéutico”, que nunca puede ser lícito, pues constituye el asesinato directo de un ser humano inocente; por otra parte, una intervención no abortiva en sí misma que puede tener, como consecuencia colateral, la muerte del hijo: “Si, por ejemplo, la salvación de la vida de la futura madre, independientemente de su estado de embarazo, requiriera urgentemente una intervención quirúrgica, u otro tratamiento terapéutico, que tendría como consecuencia accesoria, de ningún modo querida ni pretendida, pero inevitable, la muerte del feto, un acto así ya no podría considerarse un atentado directo contra la vida inocente. En estas condiciones, la operación podría ser considerada lícita, al igual que otras intervenciones médicas similares, siempre que se trate de un bien de elevado valor -como es la vida- y que no sea posible postergarla tras el nacimiento del niño, ni recurrir a otro remedio eficaz” (Pío XII, Discurso a la Asociación de Familias Numerosas, 27 de noviembre de 1951).

 

Por lo que se refiere a la responsabilidad de los agentes sanitarios, es necesario recordar las palabras del Papa Juan Pablo II: “Su profesión les exige ser custodios y servidores de la vida humana. En el contexto cultural y social actual, en que la ciencia y la medicina corren el riesgo de perder su dimensión ética original, ellos pueden estar a veces fuertemente tentados de convertirse en manipuladores de la vida o incluso en agentes de muerte. Ante esta tentación, su responsabilidad ha crecido hoy enormemente y encuentra su inspiración más profunda y su apoyo más fuerte precisamente en la intrínseca e imprescindible dimensión ética de la profesión sanitaria, como ya reconocía el antiguo y siempre actual juramento de Hipócrates, según el cual se exige a cada médico el compromiso de respetar absolutamente la vida humana y su carácter sagrado” (Enc. Evangelium vitae, n. 89). (Traducción del original italiano publicada por Zenit). FIN, 11-07-09.