1er domingo de adviento – Lecturas

Domingo 29 de Noviembre de 2015
Domingo 1° de Adviento

Morado. COMIENZA EL CICLO – C, año impar

(Empieza la novena de la Inmaculada Concepción).

Con el Adviento, renovamos nuestra esperanza en el cumplimiento de las promesas de Dios. Por eso, las lecturas y oraciones de este tiempo están cargadas de esperanza en la salvación y liberación de todo mal. El color morado nos ubica en un tiempo cercano a la luz, que se asemeja al color del cielo antes del amanecer. Todo es esperanza, por eso es también es un tiempo para poner nuestra seguridad en Dios y sus promesas.

Antífona de entrada          Sal 24, 1-3

A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío, yo pongo en ti mi confianza. Que no tenga que avergonzarme ni se rían de mí, mis enemigos. Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, te rogamos que la práctica de las buenas obras nos permita salir al encuentro de tu Hijo que viene hacia nosotros, para que merezcamos estar en el Reino de los cielos junto a él. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª Lectura    Jer 33, 14-16

Lectura del libro de Jeremías.

Llegarán los días –oráculo del Señor– en que yo cumpliré la promesa que pronuncié acerca de la casa de Israel y la casa de Judá: En aquellos días y en aquel tiempo, haré brotar para David un germen justo, y él practicará la justicia y el derecho en el país. En aquellos días, estará a salvo Judá y Jerusalén habitará segura. Y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.

Palabra de Dios.

Salmo 24, 4-5a. 8-10. 14

R. A ti, Señor, elevo mi alma.

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad, para los que observan los preceptos de su alianza. El Señor da su amistad a los que lo temen y les hace conocer su alianza. R.

2ª Lectura    1Tes 3, 12—4, 2

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica.

Hermanos: Que el Señor los haga crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia todos los demás, semejante al que nosotros tenemos por us­tedes. Que él fortalezca sus corazones en la santidad y los haga irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el Día de la Venida del Señor Jesús con todos sus santos. Amén. Por lo demás, hermanos, les rogamos y les exhortamos en el Se­ñor Jesús, que vivan conforme a lo que han aprendido de nosotros sobre la manera de comportarse para agradar a Dios. De hecho, ustedes ya viven así: hagan mayores progresos todavía. Ya conocen las instrucciones que les he dado en nombre del Señor Jesús.

Palabra de Dios.

Aleluya        Sal 84, 8

Aleluya. ¡Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación! Aleluya.

Evangelio     Lc 21, 25-28. 34-36

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo ante la expectativa de lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la em­briaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.

Palabra del Señor.

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI, A LAS COMUNIDADES DE NEOCATECUMENAL

 

Aula Pablo VI del
Viernes, 20 de enero 2012

 

[ Vídeo ]

 

 Queridos hermanos y hermanas: También este año tengo la alegría de poder reunirme con vosotros y compartir este momento de envío a la misión. Vaya un saludo especial a Kiko Argüello, a Carmen Hernández y al sacerdote Mario Pezzi, junto con un saludo cariñoso a todos vosotros, sacerdotes, seminaristas, familias, formadores y miembros del Camino Neocatecumenal. Vuestra presencia hoy es un testimonio visible de vuestro gozoso empeño de vivir la fe, en comunión con toda la Iglesia y con el Sucesor de Pedro, y de ser anunciadores valientes del Evangelio.
En el pasaje de san Mateo que hemos escuchado, los Apóstoles reciben un mandato preciso de Jesús: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos» (Mt 28, 19). Inicialmente habían dudado; en su corazón aún había incertidumbre, estupor ante el acontecimiento de la Resurrección. Y es el propio Jesús, el Resucitado –según subraya el Evangelista–, quien se acerca a ellos, hace que perciban su presencia y los envía a enseñar todo lo que les ha comunicado, dándoles una certeza que acompaña a todo anunciador de Cristo: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 21). Son palabras que resuenan poderosamente en vuestro corazón. Habéis cantado Resurrexit, que expresa la fe en el Viviente, en aquél que, en un acto supremo de amor, venció al pecado y a la muerte y le da al hombre –nos da a nosotros – el fervor del amor de Dios, la esperanza de ser salvados, un futuro de eternidad.
Durante estos decenios de vida del Camino, uno de vuestros compromisos firmes ha sido el de proclamar a Cristo resucitado, el de responder a sus palabras con generosidad, abandonando a menudo seguridades personales y materiales, llegando incluso a dejar el propio país, afrontando situaciones nuevas y no siempre fáciles. Llevar a Cristo a los hombres y a los hombres a Cristo: esto es lo que anima toda obra evangelizadora. Vosotros lo realizáis en un camino que, a quien ya ha recibido el bautismo, le ayuda a redescubrir la belleza de la vida de fe, la alegría de ser cristiano. «Seguir a Cristo» exige la aventura personal de buscarlo, de caminar con él, pero siempre implica también salir de la cerrazón del yo, quebrar el individualismo que frecuentemente caracteriza a nuestro tiempo, para sustituir el egoísmo por la comunidad del hombre nuevo en Jesucristo. Y ello acontece en una relación profunda con él, en la escuc ha de su palabra, al recorrer el camino que nos ha indicado;pero acontece también, indisociablemente, al creer con su Iglesia, con los santos, en los que el verdadero rostro de la Esposa de Cristo se da siempre a conocer, una y otra vez.
Se trata, como sabemos, de un compromiso no siempre fácil. A veces estáis presentes en lugares en los que se precisa un primer anuncio del Evangelio, la missio ad gentes; a menudo os encontráis, en cambio, en áreas que, aún habiendo conocido a Cristo, se han vuelto indiferentes hacia la fe, pues el laicismo ha eclipsado en ellas el sentido de Dios y ensombrecido los valores cristianos. Allí, vuestro compromiso y vuestro testimonio han de ser como la levadura, que, con paciencia, respetando los tiempos, con sensus Ecclesiæ, hace que crezca toda la masa. La Iglesia ha reconocido en el Camino un don especial que el Espíritu Santo ha otorgado a nuestros tiempos, y la aprobación de sus Estatutos y de su Directorio catequético dan fe de ello. Os animo a aportar vuestra contribución original a la causa del Evangelio. En vuestra valiosa labor, buscad siempre una comunión profunda con la Sede Apostól ica y con los pastores de las Iglesias particulares en las que estáis insertados: la unidad y la armonía del cuerpo eclesial constituyen un importante testimonio de Cristo y de su Evangelio en el mundo en que vivimos.
Queridas familias: La Iglesia os da las gracias; os necesita para la nueva evangelización. Es la familia una célula importante para la comunidad eclesial en la que se forma con vistas a la vida humana y cristiana. Veo con gran alegría a vuestros hijos, a tantos niños que os contemplan, queridos padres, y que contemplan vuestro ejemplo. Un centenar de familias van a salir camino de doce misiones ad gentes. Os invito a no tener miedo: quien lleva el Evangelio nunca está solo. Saludo con afecto a los sacerdotes y a los seminaristas: amad a Cristo y a la Iglesia, comunicad la alegría de haberlo encontrado y la belleza de haberle entregado todo. Saludo también a los itinerantes, a los responsables y a todas las comunidades del Camino. ¡Seguid siendo generosos con el Señor, que no dejará que os falte su consuelo!
Hace poco os ha sido leído el Decreto por el que se aprueban las celebraciones presentes en el Directorio catequético del Camino Neocatecumenal, que, sin ser estrictamente litúrgicas, forman parte del itinerario de crecimiento en la fe. Es un elemento más que os muestra cómo la Iglesia os acompaña con atención en un discernimiento paciente que comprende vuestra riqueza, pero que atiende también a la comunión y a la armonía de todo el Corpus Ecclesiæ.
Este hecho me brinda la ocasión de formular una breve reflexión sobre el valor de la liturgia. El Concilio Vaticano II la define como obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia (cf. Sacrosanctum Concilium, n. 7). A primera vista, esto podría sonar extraño, ya que la obra de Cristo parece designar las acciones redentoras históricas de Jesús: su pasión, muerte y resurrección. ¿En qué sentido es, pues, la liturgia obra de Cristo? La pasión, la muerte y la resurrección de Jesús no son sólo acontecimientos históricos: alcanzan y penetran la historia, pero la trascienden y permanecen siempre presentes en el corazón de Cristo. En la acción litúrgica de la Iglesia está la presencia activa de Cristo resucitado, que hace presente y eficaz para nosotros hoy el mismo misterio pascual, por nuestra salvación; nos atrae a ese acto de la entrega de sí que en su corazón está siempre presente y nos permite participar de esa presencia del misterio pascual. Esta obra del Señor Jesús, que es el contenido auténtico de la liturgia –entrar en la presencia del misterio pascual–, es también obra de la Iglesia, que, al ser su cuerpo, es un único sujeto con Cristo –Christus totus caput et corpus, según dice San Agustín–.Al celebrar los sacramentos, Cristo nos sumerge en el misterio pascual para hacernos pasar de la muerte a la vida, del pecado a la existencia nueva en Cristo.
Esto se aplica de especialísima manera a la celebración de la eucaristía, que, al ser la cumbre de la vida cristiana, es también el eje de su redescubrimiento, hacia el que tiende el Neocatecumenado. Como rezan vuestros Estatutos, «la Eucaristía es esencial al Neocatecumenado, en cuanto catecumenado postbautismal, vivido en pequeña comunidad» (art. 13 § 1). Precisamente con vistas a favorecer un nuevo acercamiento a la riqueza de la vida sacramental por parte de personas que se han alejado de la Iglesia o que no han recibido una formación adecuada, los neocatecumenales pueden celebrar la eucaristía dominical en la pequeña comunidad, tras las Primeras Vísperas del domingo, conforme a las disposiciones del obispo diocesano (cf. Estatutos, art. 13 § 2). Pero toda celebración eucarística es acción del único Cristo en unión de su única Iglesia, y está por lo tanto abierta a cuantos pertenecen a esa su Iglesia. Este carácter público de la santa eucaristía halla expresión en el hecho de que toda celebración de la santa misa es dirigida, en última instancia, por el obispo, en su calidad de miembro del Colegio Episcopal, como responsable de una determinada Iglesia local (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 26). La celebración en las pequeñas comunidades, regulada por los libros litúrgicos–que han de seguirse fielmente– y con las particularidades aprobadas en los Estatutos del Camino, tiene la función de ayudar a cuantos recorren el itinerario neocatecumenal a percibir la gracia de estar insertados en el misterio salvífico de Cristo, que hace posible un testimonio cristiano capaz de asumir incluso los rasgos de la radicalidad. Contemporáneamente, la maduración progresiva en la fe del individuo y de la pequeña comunidad debe favorecer su inserci&#243 ;n en la vida de la gran comunidad eclesial, que tiene en la celebración litúrgica parroquial –en la cual y para la cual se realiza el Neocatecumenado (cf. Estatutos, art. 6)– su forma ordinaria. Pero también durante el camino importa no separarse de la comunidad parroquial precisamente en la celebración de la Eucaristía, que es el lugar auténtico de la unidad de todos, donde el Señor nos abraza en los diferentes estados de nuestra madurez espiritual y nos une en el único pan que hace de nosotros un solo cuerpo (cf. 1 Cor 10, 16s).
¡Ánimo! El Señor no deja de acompañaros, y yo también os aseguro mi oración y os doy las gracias por vuestras muchas señales de cercanía. Os pido que también os acordéis de mí en vuestras oraciones. Que la Santa Virgen os asista con su maternal mirada y que os sostenga mi bendición apostólica, que hago extensiva a todos los miembros del Camino. Gracias!

La liturgia, fuente de vida

Una perspectiva teológica para la praxis litúrgica

 Acaba de llegar a las librerías italianas el libro de don Mauro Gagliardi, “Liturgia fonte di vita – Prospettive teologiche (Fede & Cultura).
Se trata de un libro que tiene el mérito de proponer una visión de la liturgia principalmente en una perspectiva teológica, y que intenta responder a las preguntas sobre el fundamento de la liturgia indicando una praxis celebrativa más en consonancia con los sagrados misterios.

En el prólogo al libro, monseñor Mauro Piacenza, Secretario de la Congregación para el Clero, escribe que el autor “ofrece aquello de lo que hoy se advierte más exigencia: una aproximación teológica a la liturgia consistente, y al mismo tiempo accesible”, también porque “El Concilio Vaticano II recuerda que la aproximación a la liturgia es ante todo de tipo teológico”.
El arzobispo secretario de la Congregación para el Clero precisa que “entre los elementos principales que califican el sacerdocio está, sin sombra de duda, el servicio litúrgico y, de forma muy especial, el ministerio del altar”, y por esto “comprender teológica y espiritualmente el sentido de la liturgia significa por tanto comprender verdaderamente el propio sacerdocio”.
“Es nuestra convicción – concluye monseñor Piacenza – que el presente volumen pueda realmente contribuir a este necesario descubrimiento del hecho que el sacerdote es ante todo un hombre elegido por el Señor para estar ante Él y servirle”.
Don Mauro Gagliardi, nacido en 1975, fue ordenado presbítero en 1999 en la archidiócesis de Salerno. Doctor en Teología (Gregoriana, Roma 2002) y en Filosofía (L’Orientale, Nápoles 2008), desde 2007 es profesor de la Facultad de Teología del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma.
Desde 2008 es Consultor de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. Ha publicado varios volúmenes, artículos y contribuciones a misceláneas, tanto en Italia como en el extranjero. Sobre la relación entre teología y liturgia.

-¿Por qué un profesor de teología como usted ha decidido escribir un libro sobre liturgia?
Gagliardi: Diría que h ay varios motivos, algunos de los cuales son circunstancias y otros tocan mayormente el objeto de estudio teológico. En los últimos años, me he dedicado, por una serie de acontecimientos ocasionales, a profundizar el estudio de la liturgia. Al principio, mis estudios estaban dirigidos casi exclusivamente a la teología dogmática, que es mi principal campo de especialización y de enseñanza. Un día, durante mi último año de doctorado en teología, me cayeron en las manos algunos libros que me llenaron de curiosidad: presentaban el tema de la liturgia de un modo distinto al que yo estaba acostumbrado. Me apasionó su lectura y, a continuación, la de otros análogos. Comencé así a formarme una cultura litúrgica.
Por decirlo brevemente, esas obras constituían una aproximación a la liturgia no solo desde el punto de vista histórico – que sin embargo no se descuidaba – sino también desde el teológico.

Lo que nunca había conocido bien era una teología de la liturgia, y cuando esta me salió al encuentro, la acogí con alegría, casi de forma connatural. Después leí y releí el excepcional libro del cardenal Ratzinger Introducción al espíritu de la liturgia, y otros ensayos suyos en materia litúrgica. Creo que los he leído todos, y cada uno varias veces. En 2007 publiqué un libro sobre la Eucaristía (Introduzione al Mistero eucaristico. Dottrina – Liturgia – Devozione), en el que desarrollaba tanto el aspecto dogmático como el litúrgico y el espiritual del gran Sacramento del altar.

En efecto, mi aproximación seguía siendo teológico-dogmática, pero ahorra, gracias a los nuevos estudios, podía ver mejor el vínculo fe cundo entre doctrina, liturgia y devoción. Por otro lado, el libro salió casi al mismo tiempo que la Exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, que trata sobre la Eucaristía precisamente desarrollando estas tres dimensiones. Fue para mí una confirmación autorizadísima del estudio que había hecho para escribir el libro. En 2008 fue también nombrado consultor de las Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. También por este motivo, mi estudio en el ámbito litúrgico continúa y profundiza, aunque tiene que dividirse el campo con la investigación en el ámbito dogmático, que obviamente debo continuar.

Exponiendo estas circunstancias, creo haber explicado también porqué un dogmático se haya interesado en la liturgia: acontecimientos concretos me han llevado a ello, pero estos acontecimientos no hac&iacu te;an otra cosa que estimular en mí el interés por aspectos aún no desarrollados, y que están conectados con el propio dogma. En el caso específico de mi último libro, la ocasión se me proporcionó por una invitación a dar un seminario monográfico intensivo, en el ámbito del Curso internacional para los Formadores de Seminarios, una importante iniciativa que desde hace veinte años organiza el Instituto Sacerdos todos los veranos en Leggiuno, provincia de Varese (Italia).

El curso ofrece a rectores, profesores, padres espirituales y formadores de los seminarios de todo el mundo un programa amplio y muy bien estructurado de formación y de actualización, sobre los temas relacionados con la formación de los futuros sacerdotes. En julio de 2008 hablé durante tres días de la liturgia a estos hermanos sacerdotes, procedentes de los cinco continentes, y también a un obispo oriental que también participaba en el curso, y me di cuenta de su gran interés por el corte teológico que daba a mi exposición. Los datos bíblicos, históricos y filológicos ciertamente cuentan y yo intentaba que no faltasen, junto a los análisis de casos concretos, pero el interés lo suscitaba sobre todo la comprensión teológica de la liturgia. Tras esta experiencia positiva, decidí organizar mis apuntes y nació el libro.

-En un mundo que parece cada vez más secularizado, ¿por qué un libro sobre liturgia?
Gagliardi: Diría, al contrario, que precisamente porque a menudo el mundo moderno – al menos el mundo occidental – parece cada vez más alejado de la fe y de la religión, es necesario recordar algunos puntos firmes y, entre estos, ciertamente está el culto divino, o sagrada liturgia.
A veces se ha creído que, ante los desafíos de la “ciudad secular”, también el cristianismo, si quiere ser aceptado, debe secularizarse. No puedo aquí, obviamente, entrar en detalles sobre un tema tan amplio, aunque se agotó en los mismos en que surgió dentro de la teología. Para la liturgia vale un discurso parecido.

Parece que en muchos casos haya existido una tendencia a secularizarla, casi a “desmitificarla”, a hacerla menos divina y más humana, de forma que las personas pudieran reconocerse más en ella, de acuerdo con la mentalidad y la cultura típicas de nuestro tiempo. Está claro que la liturgia se forma y cambia, a través de los siglos, también en base a la influencia de las culturas. Es necesario sin embargo verificar prudentemente cuándo se trata de cambios homogéneos con la tradición, y por tanto positivos h ablando en general, y cuándo no.
También en este caso, es imposible entrar aquí en detalles, pero a su pregunta respondo: precisamente en un mundo que parece a menudo alejado de Dios, es necesaria aún más una liturgia verdaderamente divina y sagrada.

No es correcto decir – como se ha hecho a menudo – que hoy los problemas de la Iglesia serían “más bien otros”. El culto que debemos dar públicamente a Dios, y la forma correcta de hacer este culto, son de capital importancia para el hombre de toda época, sean cuales sean los problemas que tenga que afrontar. Es más, pensándolo bien, es difícil encontrar un problema que sea más importante para el hombre que su relación con Dios, del que la liturgia sagrada es el momento cumbre.

-¿Cuáles son los temas relevantes tratados en el libro? ¿Qué quiere comunicar a los lector es? ¿Qué objetivos quiere alcanzar?
Gagliardi: Comienzo por la última pregunta y respondo simplemente que lo que me propongo, cuando estudio, enseño o escribo, es la búsqueda personal de la verdad y su consecuente difusión. Por eso nunca me propongo idear algo nuevo, algo que nadie ha sabido o dicho antes. Intento decir de forma clara, y en lo posible también de forma nueva, lo que la Iglesia siempre ha sabido y continúa incesantemente enseñando y profundizando en el desarrollo de su vida.

Respecto a los temas de mi libro, he tratado, a nivel de temas fundamentales y generales, sobre el concepto de liturgia, del papel del sacerdote ministro y de los fieles en la celebración, del modo en que la liturgia es para nosotros fuente de vida, es decir, manantial de la gracia, de la santificación litúrgica del tiempo y del espacio, de la dinámica teológica de la Eucarist&iac ute;a, de la belleza litúrgica, así como de la relación entre liturgia y ética y liturgia y devoción, concluyendo sobre la formación litúrgica. Además he propuesto un capítulo con una breve historia de la reforma litúrgica desde el Concilio de Trento hasta nuestros días. En el libro se encuentran también diversos temas específicos y concretos, como: la orientación de la oración litúrgica, la lengua que usar en la celebración, la mejor postura para recibir la Santa Comunión, y otros.

-Hay aún mucha polémica sobre el éxito de la reforma litúrgica post-conciliar. ¿Puede ilustrarnos los términos del debate y cuál es su parecer al respecto?
Gagliardi: Sobre los términos de la cuestión, dicho muy resumido: tras el Vaticano II una comisión dedicada a ello trabajó para l levar a término la reforma general de la liturgia, pedida por el Concilio. Los resultados concretos de esta reforma, según admitieron el entonces cardenal Ratzinger y tantos otros expertos, no corresponden en todos los detalles concretos al texto de la Sacrosanctum Concilium.

Aquí las posturas divergen: unos hablan de traición al Concilio y, aún más, a la Iglesia y a su inmemorial tradición litúrgica y quisieran una anulación completa de la reforma, a la que seguiría una restauración de la liturgia a la situación de 1962, si no antes. Otros, por el contrario, tienden casi a hacer una canonización de la reforma del modo en que se ha llevado a cabo y de los resultados, y se muestran a veces incluso agresivos cuando alguno lanza la hipótesis, ciertamente no de anularla, sino sólo de revisarla y corregirla.
Ambas posturas, en mi opinión, están equivocadas. Y estas perspectivas impiden también valorar de modo correcto algunas importantes decisiones que el Santo Padre ha tomado. Con todo existe una tercera vía, que es la correcta, y que consiste en favorecer el desarrollo homogéneo de la tradición litúrgica de la Iglesia.

-Según un reciente sondeo, dos practicantes sobre tres irían a la Misa tridentina al menos una vez al mes si la tuvieran en la parroquia, pero parece que varios obispos y párrocos no tienen simpatía por este rito. ¿Es verdad? ¿Que piensa sobre ello?
Gagliardi: He leído sobre este sondeo reciente, llevado a cabo por Doxa, una conocida sociedad que trabaja en el sector. Los resultados deberían por tanto, en líneas de máxima, corresponder a la situación real, en cuanto que eso sea posible a un sondeo.

Desde la publicación del Motu proprio Summorum Pontificum, ya hace más de dos años, muchas veces los periódicos, las revistas y los sitios web han sacado noticias de declaraciones y/o decisiones de miembros del clero, que parecen ir en una dirección distinta de la augurada por el documento pontificio.- En este sentido, se puede decir que una parte, que no sabría cuantificar, de obispos y sacerdotes parece no estar entusiasmada con la idea de ver una nueva difusión de la celebración de la Misa según el uso más antiguo. Los motivos de esta postura pueden ser distintos y está claro que aquí no podemos hacer un análisis profundo y puntualizado.

Mi opinión personal es que, si el Santo Padre ha decidido favorecer, a través de su decisión, a quienes desean celebrar o participar en la forma más antigua del rito romano, quienes no aman especialmente esta forma – y por tanto no desean valerse personalmente de la facultad concedida – no deberían poner obstáculos a la realización de una normativa que, habiendo emanado de la Suprema Autoridad, tiene valor para toda la Iglesia. Ciertamente, puede haber casos particulares, en los que los amantes del rito de San Pío V tengan pretensiones excesivas.

Estos casos deben valorarse singularmente por parte de los obispos, que siguen siendo, en sus diócesis, los responsables principales de la vida litúrgica (y hay que recordar que compete a los mismos obispos vigilar no sólo sobre estos casos, sino también sobre la observancia estricta de las normas fijadas en los libros litúrgicos postconciliares). Me parece, con todo, que los casos de excesos por parte de los que aprecian el rito más antiguo, de dos años a esta parte, sean menos frecuentes que las declaraciones y acciones para desanimar a la celebración de ese rito. Brevemente, diría que es esencial que nadie anteponga su autoridad particular o su visión personal a las decisiones del Santo Padre, que es el centro de unidad visible de la Iglesia.
-Muchos fieles lamentan un empobrecimiento de la actual praxis celebrativa. ¿Qué cosas aconseja hacer para renovar y hacer más bella e intensa la liturgia?

Gagliardi: Hay muchas, que expongo en mi libro y por tanto para responder a su pregunta no debería hacer otra cosa que recomendar su lectura. Con todo, puedo decir al menos que en la base de las muchas cosas que hacer o que renovar – tanto a nivel más general como a nivel detallado – creo que hay una verdad teológico-litúrgica en torno a la cual gira todo lo demás: el protagonista de la sagrada liturgia no es el individuo ni la comunidad – que sin embargo tienen un papel relevante – sino el Dios trinitario y su Cristo. Todo está aquí.

Esto es verdaderamente esencial. Cada gesto, cada disposición, cada actitud del cuerpo y del espíritu, cada objeto utilizado en la liturgia debe ser una manifestación de este hecho: no celebramos nosotros mismos o nuestra comunidad. Nuestro culto está dirigido a Dios Padre, a través de Jesucristo, en el Espíritu Santo. Este culto en espíritu y verdad nos santifica y nos abre a la vida eterna.

Vaticanista italiano insiste: El Papa si está considerando una “reforma de la reforma”

El vaticanista italiano Andrea Tornielli señaló este sábado en su blog que las recientes aclaraciones de altas personalidades del Vaticano no desmienten lo que él afirmó en un artículo en el diario Il Giornale el pasado 22 de agosto: que el Papa Benedicto XVI está considerando algunas medidas para profundizar “la reforma de la reforma” litúrgica.

Tanto en un artículo como en su usualmente bien informado blog, Tornielli había anunciado el 22 de agosto que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, presidida por el Cardenal Antonio Cañizares, había presentado un conjunto de medidas litúrgicas –entre ellas, un mayor uso del latín en la Misa, la posibilidad de incluir la posición ad orientem por lo menos en la consagración, y el acento de la comunión en la boca– que estaban siendo estudiadas por el Pontífice.

En aparente respuesta a lo afirmado por Tornielli, el Vicedirector de la Sala de Prensa de la Santa Sede, el P. Ciro Benedettini, señaló el 24 de agosto que “no existen propuestas institucionales referidas a la modificación de los libros litúrgicos”; y el viernes pasado, en una entrevista concedida a L’Osservatore Romano, el Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone, se refirió a las “reconstrucciones fantasiosas sobre documentos de ‘retroceso’ respecto del Concilio”.

Según Tornielli, la desmentida del P. Benedettini y el comentario del Cardenal Bertone “más que por mi artículo, fue provocada por la manera como lo retomaron varios blogs, que daban por inminente la ‘reforma de la reforma” y las modificaciones a la Misa en sentido más tradicional”.

Tornielli aclaró el sábado que él en todo momento se refirió “al inicio de un trabajo” y no “de reformas inminentes o de documentos ya preparados”; y señaló que tanto los resultados de la plenaria de la Congregación que preside el Cardenal Cañizares como su presentación al Papa para su consideración son hechos reales.

“Todo esto es para decir que no crean a quien hoy escribe diciendo que no hay nada en acto, que el Papa y la Congregación para el Culto no están pensando en nada, que la ‘reforma de la reforma’ y la recuperación de una mayor sacralidad de la liturgia es una noticia falsa publicada por el suscrito”, escribe.

Tornielli concluye señalando que: “desde que soy vaticanista he cometido muchos errores y muchos cometeré aún, pero el artículo en cuestión, créanme, no está entre ellos”.

Opera Omnia

Presentada la “Opera omnia” de Joseph Ratzinger
“Es extraña al cristianismo antiguo la idea de que el sacerdote y los fieles deben mirarse durante la oración”

Esta mañana, en el Vaticano, fue presentado el primer volumen en lengua alemana de la Opera omnia de Joseph Ratzinger. En Conferencia de Prensa intervino el Obispo de Ratisbona, Monseñor Gerhard Müller, y la presentación de la colección fue escrita por el Obispo de Roma, Benedicto XVI. El primer volumen de su Opera Omnia es el tomo XI, dedicado enteramente a sus escritos sobre liturgia. El Papa afirma que se siente contento de que la colección de sus escritos comience precisamente por la liturgia ya que “desde la infancia ha sido para mí la realidad central de mi vida, capaz de responder a la pregunta « ¿por qué creemos?»”.

El Papa, en la introducción, hace una especial referencia a su libro “El espíritu de la liturgia”, publicado en el año 2000, recordando que en aquel momento “casi todos los comentarios se centraron, lamentablemente, en algunos capítulos: el altar y la dirección de la oración en la liturgia. Los lectores de los comentarios deben estar convencidos de que todo el libro trataba sobre la orientación en las celebraciones y que su contenido era querer reintroducir la Misa «de espaldas al pueblo»”.

Benedicto XVI confiesa luego: “Frente a estas interpretaciones, por un cierto tiempo he pensado en eliminar aquel capítulo –nueve páginas de un total de doscientas – de manera que finalmente pudiera quedar en evidencia lo que me interesaba efectivamente en el libro”. Y manifiesta que estudios sucesivos (como el de U.M. Lang y el de S. Heid) han mostrado que las ideas de fondo eran correctas: “la idea de que el sacerdote y los fieles debían mirarse unos a otros durante la oración ha surgido por primera vez en la era moderna y es completamente extraña al cristianismo antiguo ya que el sacerdote y los fieles no rezan uno al otro sino dirigidos al Señor”.

Finalmente, el Papa alemán concluye: “Mientras tanto, afortunadamente se afirma cada vez más la propuesta realizada al final del capítulo denunciado: no cambiar la disposición de las iglesias sino simplemente poner una cruz en medio del altar, a la que miran juntos el sacerdote y los fieles, para dejarse así conducir al Señor, al cual todos juntos oramos”.