El caso Hermann Tertsch y el pecado de Wyoming

El periodista de Telemadrid Hermann Tertsch, conocido por su posición crítica hacia el Gobierno, ha sido salvajemente agredido en un establecimiento público. La agresión llega pocos días después de que Tertsch fuera llamado “asesino” en un programa de La Sexta, cadena conocida por su posición extremadamente favorable al Gobierno. Quizás una cosa nada tenga que ver con la otra. Pero la sospecha pesa demasiado como para no tenerla en cuenta.

Hermann Tertsch y Wyoming

La crónica de los hechos debe empezar la semana pasada, cuando el programa de humor político de La Sexta ‘El intermedio’ criticaba agriamente a Hermann Tertsch. La crítica consistió en manipular unas declaraciones de Tertsch de modo tal que el periodista pareciera manifestar intenciones asesinas. Tertsch había dicho que a él, en una operación de rescate, no le importaría matar terroristas para liberar a rehenes inocentes. Es una posición unánimemente aceptada en cualquier gobierno (quizá con excepción del gobierno español). Lo que La Sexta hizo fue manipular las imágenes de esa manifestación de Tertsch haciéndole decir otras cosas: que no le importaría matar pacifistas, entre otras.
 
La manipulación en cuestión forma parte de un ‘gag’ habitual de ‘El intermedio’. Otros periodistas han sido “víctimas” de la broma. Cierto que nunca antes la broma había consistido en hacer aparecer a la persona en cuestión como un asesino.
 
‘El intermedio’ es un programa que dirige y presenta Jesús Monzón, alias Gran Wyoming. Un comunicador bien conocido por sus posiciones de izquierda radical, paladín del “cordón sanitario” que desde la primera legislatura de Zapatero ha intentado aislar política y socialmente a la derecha española, criminalizándola.
 
A raíz de la manipulación de La Sexta, Hermann Tertsch anunció que emprendería acciones legales contra ‘El intermedio’ y Wyoming. Éste, lejos de rectificar, dedicó largos minutos de su programa del lunes a abundar en la cuestión, justificando su caricatura y ampliándola en distintas direcciones.
 
Así estaban las cosas cuando en la madrugada del lunes Hermann Tertsch fue agredido en un bar de la calle Almirante de Madrid, cercano a su domicilio. La agresión fue imparable: una brutal patada por la espalda, “estilo kárate”, que le rompió varias costillas. El agresor, inmediatamente, huyó.
 
La gran cuestión que todo el mundo se plantea es si la agresión es producto del ataque de ‘El intermedio’, es decir, si algún espectador especialmente “motivado” por Wyoming habría decidido pasar al acto. Según elsemanaldigital.com, fuentes próximas a Tertsch han manifestado que en las últimas semanas el periodista había recibido amenazas telefónicas. De manera que la agresión podría guardar relación también con estas llamadas anónimas. O no.
 
Sea como fuere, el penoso episodio pone sobre el tapete la cuestión de la responsabilidad de los medios de comunicación. Es una evidencia que ‘El intermedio’ de La Sexta fue mucho más allá de lo tolerable al sugerir que Tertsch es un asesino. Y es igualmente una evidencia que la soberbia de Wyoming, que no sólo no rectificó sus palabras, sino que las subrayó, incapacita a este comunicador para seguir disponiendo de un programa de televisión.
 
La Sexta, a todo esto, no ha dicho ni mu. Aún se espera que la cadena de Zapatero y Roures pida disculpas.

No es noticia que los obispos entreguen casi dos millones de euros a Cáritas para afrontar la crisis que abarrota sus comedores sociales.

Cadenas de Televisión

Los mismos

Isidro Catela analiza la actualidad televisiva y muestra que “son los mismos que esta semana han considerado que no es noticia que los obispos entreguen casi dos millones de euros a Cáritas para afrontar la crisis que abarrota sus comedores sociales” y “las mismas televisiones que en plena crisis, le ponen encima de la mesa un cheque en blanco a los ladrones de guante blanco para que ofrezcan entrevistas y nos rompan el corazón con sus miserias”.

Los mismos informativos, las mismas televisiones, los mismos perros con distinto collar, que dice el refrán. Los escaparates que exhiben con frecuencia a la Iglesia en eterna confrontación con el poder político, los mismos que hace tres meses nos abrumaban con el silencio ante la crisis, aquellos telediarios de saldo que contribuyen a la difusión del falso tópico de la Iglesia acaudalada, de los ricos y los pobres, en dialéctica perpetua. Los mismos que se rasgaban las vestiduras, los mismos que hacen propaganda con el crucifijo de una escuela, los que quieren vaciarnos las paredes y jamás nos aportarán una idea para llenarlas de sentido. Son los mismos que esta semana han considerado que no es noticia que los obispos entreguen casi dos millones de euros a Cáritas para afrontar la crisis que abarrota sus comedores sociales.

Sólo algún medio, en el colmo del cinismo, se ha permitido decir que esta cantidad no es más que el uno por ciento del presupuesto que van a manejar las diócesis. Los mismos, exactamente los mismos, que promocionan campañas en pos del 0,7 oficial que nunca acaba de llegar.

Son los mismos informativos, las mismas televisiones que en plena crisis, le ponen encima de la mesa un cheque en blanco a los ladrones de guante blanco para que ofrezcan entrevistas y nos rompan el corazón con sus miserias.

Los delincuentes dan audiencia, se maquillan, se iluminan, nos emboban durante un rato y pasan la gorra al final de la función. Esta sí que es la crisis de verdad, el origen moral de la otra crisis. La vida económica que se ha visto dominada por la avaricia de la ganancia rápida, por el derroche y la ostentación presentados como supuesta prueba de efectividad económica y social. Esta es la verdadera crisis: la que se nos cuela en la cartera, en la cabeza y en el televisor. La misma crisis que se ha instalado en nuestro corazón hace ya tiempo.