El Cardenal, a los jóvenes

Soy testigo cada día, y precisamente en estos momentos, de la fuerza enorme que da el amor misericordioso de Dios, del que nada ni nadie puede apartarnos”
En la vigilia juvenil en la Basílica, donde fue ovacionado, les invitó a “amar como Jesús nos ama, en la entrega a los demás”

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, invitó anoche a todos los jóvenes valencianos a “amar como Jesús nos ama, saliendo de uno mismo y entregándose a los demás” y les invitó a confiar en Dios que “nos nos abandona en ningún momento, por muy grandes que sean los sufrimientos y las injusticias, no os angustiéis nunca”.
Durante la vigilia mensual juvenil en la Basílica de la Virgen de los Desamparados, el purpurado, que fue ovacionado por todos los jóvenes, destacó que “nada ni nadie puede apartarnos del amor misericordioso de Dios, manifestado en Cristo Jesús, y eso da una fuerza enorme, todos somos testigos de ello y, aunque piensen en acabar contigo, en absoluto, se siente una alegría enorme por la presencia entre nosotros de Jesús. Nada ni nadie podrá apartarnos del amor de Cristo. Y eso lo digo y soy testigo de ello todos los días de mi vida y, precisamente, en estos momentos”.En la vigilia, y ante el Santísimo expuesto, el Cardenal recordó también a los jóvenes que “adoramos a Dios, no nos postramos ante los poderes de este mundo sino ante el corazón de Cristo redentor, de su infinita misericordia”.

También invitó a los jóvenes valencianos a experimentar el amor de Jesús para transmitirlo a los demás. “¡Que hermoso es amar! Supone salir de si mismo y entregarse al otro que queremos, a los otros, y no con sentimientos torcidos, sino de todo corazón”, añadió.

Por el contrario, “hay gente que no quiere a los demás, que le es indiferente todo, pero nuestro corazón lo tenemos para amar, para vivir y cumplir la misión y vocación del amor”.

Igualmente, el arzobispo de Valencia alentó a los jóvenes a que “miréis y admiréis el amor de Jesucristo, donde brota la Iglesia y los sacramentos” y señaló que “necesitamos dejarnos transformar por el corazón de Cristo, para que nuestro corazón de piedra sea un corazón de carne”.

“¡Cuántas condenas, todos los días y a todas horas…! Jesús no se alegra en la condena, quiere que todos se salven, que vivan, que se levanten”, señaló el cardenal Cañizares en otro momento de su meditación.

Además, “en Cristo vemos el rostro de Dios que es amor, Jesús nos muestra el secreto insondable de Dios que es amor: Dios ha enviado a su hijo en carne al mundo, no para condenarnos, sino para que tengamos vida en Él, para que nada ni nadie pueda apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”, expresó el purpurado.

Al acabar la vigilia, en la que participaron también el obispo emérito de Lleida, Joan Piris, y el vicario
¡Cuántas condenas, todos los días y a todas horas…!
general de la archidiócesis de Valencia, Vicente Fontestad, el cardenal Antonio Cañizares se despidió de todos los jóvenes que le aplaudían, animándoles también a peregrinar a la Jornada Mundial de la Juventud con el papa Francisco este verano en Cracovia (Polonia).

AVAN


			

Jóvenes del Camino Neocatecumenal con el Papa S.S.Benedicto XVI en el Líbano

Encuentro vocacional en Beirut coincidiendo con la visita papal

Por Salvatore Cernuzio

Pasaron ya algunos días desde que Benedicto XVI dejó el Líbano, si bien aún se mantiene muy vivo el recuerdo de la calurosa acogida que el pueblo libanés le reservó al pontífice.

En particular en el encuentro con los jóvenes de Bkerké donde 25.000 -entre los cuales numerosos musulmanes- estaban presentes en la plaza situada ante el Patriarcado Maronita, para recibir el mensaje de paz y de esperanza que dio el santo padre.

Entre ellos, una buena parte eran jóvenes del Camino Neocatecumenal, que al día siguiente, domingo 16 de septiembre, se reunieron para el tradicional encuentro vocacional. Nos habló de este encuentro don Gianfranco Vitola, catequista itinerante responsable de Medio Oriente, en la breve entrevista a ZENIT que les proponemos a continuación.

¿Cuántos jóvenes del Camino Neocatecumenal estaban presentes en el encuentro con el santo padre en Bkerké?

Don Gianfranco Vitola: En la cita con el pontífice participaron unos 250 jóvenes que pertenecen al Camino Neocatecumenal. Tal número estaba condicionado por el hecho que las invitaciones eran limitadas para cada movimiento y que había también un límite de edad que iba de los 16 a los 35 años.

¿Después del encuentro con el papa se realizó la habitual cita vocacional de las comunidades neocatecumenales?

Don Gianfranco Vitola: Sí, el encuentro se realizó en el campo deportivo de una escuela católica en la población de Rumieh, cerca de Beirut, la tarde del domingo 16 de septiembre, último día del viaje papa.

Kiko Arguello, el fundador del movimiento, no estaba presente pues estaba empeñado en la convivencia en Italia, en Puerto San Jorge, con los seminaristas de todo el mundo. El encuentro fue presidido por el equipo itinerante responsable del Líbano. Estaban presentes el corepíscopo Michel Aoun, obispo de Jbeil Byblos de los Maronitas (Libano); el obispo de Kuwait, monseñor Camillo Ballin y el vicario patriarcal copto católico, monseñor Kyrillos Kamal William Samaan.

¿Cómo se desarrolló en encuentro?

Don Gianfranco Vitola: Después de una presentación de los hermanos provenientes desde el exterior -o sea de Iraq, Egipto, Jordania y Chipre, y de los libaneses que venían de Beirut, Bcharre, Zgharta, etc- celebramos una liturgia de la palabra con el anuncio del Kerigma tomado de la segunda carta a los Corintios de S. Pablo. Y enseguida la lectura del evangelio de Juan, en el que Jesús renueva su llamado a Pedro. Justamente este fue el sentido de la proclamación de la Palabra: no vivir más para si mismos sino para Aquel que murió y resucitó por nosotros.

Especialmente porque el llamado de seguir a Cristo no se basa sobre las capacidades humanas, sino en su potencia y su fidelidad.

¿Una clara invitación, por lo tanto, a no tener miedo de donar la propia vida a Cristo. A la luz de esta palabra, cuántos muchachos y muchachas dieron su disponibilidad ‘levantándose’?

Don Gianfranco Vitola: En total se levantaron 20 jóvenes para el seminario y 18 muchachas para el monasterio o evangelización.

El papa se dirigió directamente a las nuevas generaciones exhortándolas a resistir a las tentaciones y tener confianza en Dios y a ‘trabajar’ por un futuro de paz entre el cristianismo y el islam, pues son el único medio para garantizar tal diálogo. ¿Cómo han recibido los jóvenes del Camino las palabras del pontífice?

Don Gianfranco Vitola: Con gran entusiasmo pero también con gran seriedad, conscientes que todas estas no son puras y simples exigencias éticas, sino el fruto de una verdadera y propia ‘vocación’ para vivir una vida como hijos de Dios, con una ‘ciudadanía’ celeste que supera, en Cristo, todas las contraposiciones que normalmente dividen a los hombres.

¿Cómo han recibido los jóvenes del Camino las palabras del pontífice?

Don Gianfranco Vitola: Con gran entusiasmo pero también con gran seriedad, conscientes que todas estas no son puras y simples exigencias éticas, sino el fruto de una verdadera y propia ‘vocación’ para vivir una vida como hijos de Dios, con una ‘ciudadanía’ celeste que supera, en Cristo, todas las contraposiciones que normalmente dividen a los hombres.

¿Qué frutos trajo por lo tanto la visita de Benedicto XVI al país?

Don Gianfranco Vitola: Es temprano para decirlo con precisión, entretanto se ha notado seguramente una atención más fuerte no solamente hacia los temas estrictamente políticos, sino también y sobre todo a los relacionados con la Nueva Evangelización.

¿Cómo se puede definir la realidad del Camino Neocatecumenal en el Líbano?

Don Gianfranco Vitola: Esa es una realidad pequeña pero fecunda, compuesta por unas treinta comunidades insertadas en parroquias maronitas o griego católicas, ricas de familias abiertas a la vida y con muchos hijos. En Beirut hay además un seminario misionero interritual que ha ordenado ya a once presbíteros encardinados o abscritos en diversas Iglesias católicas de rito oriental.

¿Qué se prevé para el futuro de los neocatecumenales libaneses, teniendo en vista la Nueva Evangelización y del Año de la Fe convocado por el Papa?

Don Gianfranco Vitola: La convicción de no dejarse persuadir por la “mentalidad corriente” que se traduce lamentablemente en la fuga emigratoria de Medio Oriente y en el conformarse a los modelos de comportamiento anticristianos -la así llamada ‘civilización de la muerte’- tan difundida actualmente en el mundo. Además de un renovado empuje misionero por parte de todos los jóvenes, muchachos y muchachas, y de las familias.

Zenit

No se puede separar sexo del matrimonio, señala Cardenal Urosa a jóvenes

El Arzobispo de Caracas (Venezuela), Cardenal Jorge Urosa Savino, alentó a los jóvenes a sentirse orgullosos de ser cristianos y los llamó a promover la santidad de la familia y control personal guardando el sexo para el verdadero amor dentro del matrimonio.

“No se puede separar la actividad sexual del verdadero amor, del matrimonio que da protección y estabilidad a los esposos y a los niños, de una familia estable, cariñosa y unida. La práctica sexual debe ser expresión de un amor auténtico, y estar enmarcada en la familia unida para siempre, con respeto, cariño y fidelidad para toda la vida”, señaló durante la Misa de clausura del Encuentro Nacional de Jóvenes celebrado el domingo.

Desde Valencia (Venezuela), el Purpurado dijo que ante el libertinaje afectivo-sexual, que es una de las amenazas del mundo moderno, los jóvenes cristianos deben responder “con el compromiso de promover y fortalecer el amor a la familia y el respeto a las personas”.

“Promovamos la santidad de la familia, y para ello valoremos la unión conyugal cristiana, santificada por el mismo Jesús con el santo sacramento del matrimonio (…), porque el pecado, mis queridos muchachos, lleva a la muerte”, señaló.

El Cardenal Urosa también llamó a los jóvenes a intensificar su práctica religiosa, especialmente asistiendo a la Misa dominical. “Es preciso, por lo tanto, ser firmes en nuestra fe y practicarla, vivir en constante unión con Dios, que está siempre a nuestro lado, y que quiere tener un lugar privilegiado en nuestros corazones”, indicó.

Asimismo, durante la homilía, exhortó a enfrentar el desafío del desprecio a la vida, derecho humano golpeado por el aborto y la violencia.

“Los cristianos sabemos que toda persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, que tenemos un alma inmortal, que tenemos unos derechos inalienables. Y el más importante es el derecho a la vida (…). Por eso rechazamos el aborto, que es un crimen abominable”, así como “la droga, el secuestro, el homicidio, el robo, esa violencia criminal que está sesgando cada año más de 15.000 vidas, especialmente de muchachos y jóvenes adultos”, indicó.

Finalmente, el Arzobispo de Caracas invitó a los jóvenes a considerar “la posibilidad de seguir a Jesucristo en la Iglesia como sacerdotes, o religiosos o religiosas”.

“Es una vida hermosísima, la de quien se consagra a Dios para llevar su luz de vida a tanta gente que viven en tinieblas. Es una vida dedicada siempre a hacer el bien, a ser instrumentos de paz, a ser mensajeros y embajadores de Cristo, promotores de la vida y de la felicidad”, aseguró.

EWTN

Cuarenta mil jóvenes neocatecumenales con Kiko Argüello en Nápoles

Trescientos respondieron a la llamada vocacional para evangelizar en China

Por Salvatore Cernuzio

“Yo vengo a reunir a todas las naciones”, entonaba Kiko Argüello en el canto elegido para abrir el gran encuentro con los jóvenes del Camino Neocatecumenal que tuvo lugar en Nápoles, Italia, el domingo 20 de mayo.

Y justo esto es lo que sucedió en la plaza del Plebiscito: la histórica plaza en el corazón de Nápoles vio a cerca de cuarenta mil chicos y chicas procedentes no sólo de Italia sino también de Francia, Luxemburgo, Alemania, Bélgica, Suiza, Malta, Albania y Yugoslavia, reunirse para escuchar una palabra de Dios y obtener discernimiento sobre su vocación.

El objetivo fue evidentemente logrado, vistas las “alzadas” al término del encuentro: 200 chicos para el presbiterado y cerca de 120 chicas –algunas jovencísimas- para la nueva evangelización en China. Un centenar de jóvenes dió su disponibilidad a rezar diariamente el rosario ante el Santísimo por las missio ad gentes que el Camino desde hace años promueve en las zonas secularizadas de Europa.

En concreto, se entregaron cerca de 60 rosarios a grupos de jóvenes de Campania a quienes se confiaron las missio ad gentes de Niza, Marsella y Lausana; mientras que las misiones de Lyon, Albi y Tolón fueron confiadas a otras regiones de Italia.

La invasión pacífica de los jóvenes neocatecumenales empezó desde la mañana, caracterizada por ese entusiasmo que es ya un rasgo distintivo de todos los pertenecientes a esta realidad de fe y que ni siquiera una ligera e insistente llovizna logró detener.

Cantos y danzas resonaron en las calles napolitanas para luego aquietarse y transformarse en largos aplausos en torno a las 15,30, con la llegada de los iniciadores del Camino, Kiko Argüello y Carmen Hernández, junto al cardenal de Nápoles Crescenzo Sepe, y el padre Mario Pezzi.

Un “encuentro lleno de luz y de fuerza del Espíritu Santo para nosotros y Nápoles”, dijo Kiko en su monición ambiental, antes de acoger a la Virgen del Carmen, transportada a la tribuna por los seminaristas y presbíteros, mientras el canto “Una gran señal” –leit motiv de la JMJ de Madrid– despertaba el ánimo de los jóvenes de la plaza.

Tras dar gracias a la Virgen porque “ha inspirado este Camino y está ayudando a todos”, Kiko comentó una Palabra de la segunda Carta de San Pablo a los Corintios (5,14), invitando a los presentes a acogerla porque ella “tiene el poder de exorcizarnos y cambiar la vida de muchos”. Es el anuncio del Kerygma, la buena noticia de Cristo Resucitado, que Kiko no deja nunca, en sus encuentros, de remarcar con fuerza. “Todos los hombres han nacido con la muerte dentro –afirmó–, es el pecado original entrado en el mundo por envidia del demonio. Por esto se tiene miedo de la muerte, se escapa de ella, convirtiéndose así en esclavos del demonio”.

¿Cómo se supera este miedo?, se preguntó. “¡Venciendo a la muerte! Cristo ya lo ha hecho con la resurrección que es suya y nuestra”, respondió empuñando el crucifijo sobre la tribuna. “Murió para que el hombre no viva ya para sí mismo” y esta, añadió, “es la verdad según la cual todos hoy estamos llamados a vivir”.

La invitación es, por tanto, “a ser como la Madre de Cristo hoy”, a creer en este plan de salvación diciendo nuestro “sí” a Dios, sin tener miedo porque “no estamos solos”. Por ello, concluyó Kiko, “no temáis dar vuestra vida a Cristo, nada nos puede impedir amarlo, incluso los sufrimientos ayudan a estar unidos a El”.

Una fuerte palabra de ánimo, en tal sentido, llegó también del cardenal Sepe, que exhortó a decir el propio sí al Señor e ir a todo el mundo para predicar el Evangelio: “Dios se pone en camino para encontrar el hombre –dijo–. Vosotros del Camino, por tanto, proseguid el camino de Cristo”. “No debéis temer, El os ha elegido y os manda a anunciar la salvación. Id, por tanto, y haceros misioneros de la verdadera vida en este mundo que desprecia a Dios, predica violencia, asesinatos, y no tiene miedo de matar a inocentes de 16 años”, casi gritó el purpurado, refiriéndose a los últimos trágicos sucesos de Brindisi.

Todo concluyó con las llamadas vocacionales para “hacerse obreros de la nueva evangelización” en el Este del mundo, en especial en China y Vietnam. Un río de más de trescientos jóvenes dió su propia respuesta al Señor y, corriendo hacia la tribuna, cada uno recibió la bendición de los obispos y presbíteros presentes.

Al término del encuentro, ZENIT abordó a algunos de estos chicos pidiéndoles que nos cuenten libremente su propia experiencia. El primero es Simón, de 23 años, de Roma, ya en su tercera “alzada”, que a la pregunta sobre qué le ha impulsado a reconfirmar esta llamada, responde: “La gratitud hacia Dios por todo lo que siempre ha hecho. Siento que mi vida no tiene sentido sin El y que todo el resto no me satisface, por tanto quiero de verdad entregarle todo y doy gracias de estar en una realidad como la del Camino Neocatecumenal que me ha iluminado en esta elección”.

Le hace eco Mattia, de Umbria, que dice: “Quiero lanzarme a esta ‘aventura’ maravillosa que Dios quiere llevarme a tener, como ha dicho Kiko. Humanamente, tengo un poco de miedo de tener que dejar casa, familia, etc, pero me ayudan mucho los testimonios de otros hermanos que han abandonado sus seguridades y han recibido el céntuplo. Estoy seguro de que Dios no quiere fastidiarme, sino que quiere solo mi felicidad”.

Nos ofrece su testimonio, por último, Stefano, de 19 años, del Lazio, en su primer encuentro vocacional: “He entrado hace poquísimo tiempo en el Camino Neocatecumenal –dice- pero ya me ha permitido vivir experiencias extraordinarias, como justo la jornada de hoy”.

“El espíritu de Kiko –añade- que tiene más de 70 años tiene la fuerza y el entusiasmo de un muchachito, su catequesis, la comunión que se ha creado enseguida con las otras personas, las llamadas vocacionales, la serenidad que transparenta en modo claro la cara de todos, me han hecho comprender que Dios está verdaderamente en medio de nosotros y que sólo en la Iglesia puedo encontrar la vía para ser feliz”.

Zenit

Jesucristo es la luz que necesitan los jóvenes para el camino de su vida

Feria de Friburgo de Brisgovia, sábado 24 de septiembre de 2011

 

Queridos jóvenes amigos: He pensado con gozo todo el día en esta noche, en la que estaría aquí con vosotros, unidos en la oración. Algunos habéis participado tal vez en la Jornada Mundial de la Juventud, donde experimentamos esa atmósfera especial de tranquilidad, de profunda comunión y de alegría interior que caracteriza una vigilia nocturna de oración. Espero que también nosotros podamos tener esa misma experiencia en este momento: que el Señor nos toque y nos haga testigos gozosos, que oran juntos y se hacen responsables los unos de los otros, no solamente esta noche, sino también durante toda la vida.

 

En todas las iglesias, en las catedrales y conventos, en cualquier lugar donde se reúnen los fieles para celebrar la Vigilia pascual, la más santa de todas las noches, ésta se inaugura encendiendo el cirio pascual, cuya luz se trasmite a todos los participantes. Una pequeña llama irradia en muchas luces e ilumina la casa de Dios en tinieblas. En este maravilloso rito litúrgico, que hemos imitado en está vigilia de oración, se nos revela mediante signos más elocuentes que las palabras el misterio de nuestra fe cristiana. Jesús, que dice de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8, 12), hace brillar nuestra vida, para que se cumpla lo que acabamos de escuchar en el Evangelio: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5, 14). No son nuestros esfuerzos humanos o el progreso técnico de nuestro tiempo los que aportan luz al mundo. Una y otra vez, debemos experimentar que nuestro esfuerzo por un orden mejor y más justo tiene sus límites. El sufrimiento de los inocentes y, más aún, la muerte de cualquier hombre, producen una oscuridad impenetrable que, quizás, con nuevas experiencias, se esclarece de momento, como un rayo en la noche. Pero, al final, queda una oscuridad angustiosa.

Puede haber en nuestro entorno tiniebla y oscuridad y, sin embargo, vemos una luz: una pequeña llama, minúscula, que es más fuerte de la oscuridad, en apariencia poderosa e insuperable. Cristo, resucitado de entre los muertos, brilla en el mundo, y lo hace de la forma más clara, precisamente allí donde según el juicio humano todo parece sombrío y sin esperanza. Él ha vencido a la muerte, vive, y la fe en Él, como una pequeña luz, penetra todo lo que es oscuridad y zozobra. Ciertamente, quien cree en Jesús no siempre ve solamente el sol en la vida, casi como si pudiera ahorrarse sufrimientos y dificultades; ahora bien, tiene siempre una luz clara que le muestra el camino hacia la vida en abundancia (cf. Jn 10, 10). Los ojos de los que creen en Cristo vislumbran aun en la noche más oscura una luz, y ven ya la claridad de un nuevo día.

La luz no se queda sola. A su alrededor se encienden otras luces. Bajo sus rayos se delinean los contornos del ambiente, de forma que podemos orientarnos. No vivimos solos en el mundo. Precisamente en las cosas importantes de la vida tenemos necesidad de otras personas. Así, en particular, no estamos solos en la fe, somos eslabones de la gran cadena de los creyentes. Ninguno llega a creer si no está sostenido por la fe de los otros y, por otra parte, con mi fe, contribuyo a confirmar a los demás en la suya. Nos ayudamos recíprocamente a ser ejemplos los unos para los otros, compartimos con los otros lo que es nuestro, nuestros pensamientos, nuestras acciones y nuestro afecto. Y nos ayudamos mutuamente a orientarnos, a discernir nuestro puesto en sociedad.

Queridos amigos, “Yo soy la luz del mundo – vosotros sois la luz del mundo”, dice el Señor. Es algo misterioso y grandioso que Jesús diga lo mismo de sí y de cada uno de nosotros, es decir, “ser luz”. Si creemos que Él es el Hijo de Dios, que ha sanado los enfermos y resucitado los muertos, más aún, que Él ha resucitado del sepulcro y vive verdaderamente, entonces comprendemos que Él es la luz, la fuente de toda las luces de este mundo. Nosotros, en cambio, una y otra vez experimentamos el fracaso de nuestros esfuerzos y el error personal a pesar de nuestra mejor intención. Por lo que se ve, el mundo en que vivimos, no obstante los progresos técnicos nunca llega en definitiva a ser mejor. Sigue habiendo guerras, terror, hambre y enfermedades, pobreza extrema y represión sin piedad. E incluso aquellos que en la historia se han creído “portadores de luz”, pero sin haber sido iluminados por Cristo, única luz verdadera, no han creado ciertamente paraíso terrenal alguno, sino que, por el contrario, han instaurado dictaduras y sistemas totalitarios, en los que se ha sofocado hasta la más pequeña chispa de humanidad.

Llegados a este punto, no debemos silenciar el hecho de que el mal existe. Lo vemos en tantos lugares del mundo; pero lo vemos también, y esto nos asusta, en nuestra vida. Sí, en nuestro propio corazón existe la inclinación al mal, el egoísmo, la envidia, la agresividad. Quizás, con una cierta autodisciplina, esto puede ser de algún modo controlable. Pero es más difícil con formas de mal más bien oscuras, que pueden envolvernos como una niebla difusa, como la pereza, la lentitud en querer y hacer el bien. En la historia, algunos finos observadores han señalado frecuentemente que el daño a la Iglesia no lo provocan sus adversarios, sino los cristianos mediocres. ¿Cómo puede entonces decir Cristo que los cristianos, y también aquellos cristianos débiles y frecuentemente mediocres, son la luz del mundo? Quizás lo entendiéramos si Él gritase: ¡Convertíos! ¡Sed la luz del mundo! ¡Cambiad vuestra vida, hacedla clara y resplandeciente! ¿No debemos quizás quedar sorprendidos de que el Señor no nos dirija una llamada de atención, sino que afirme que somos la luz del mundo, que somos luminosos y que brillamos en la oscuridad?

Queridos amigos, el apóstol san Pablo, se atreve a llamar “santos” en muchas de sus cartas a sus contemporáneos, los miembros de las comunidades locales. Con ello, se subraya que todo bautizado es santificado por Dios, incluso antes de poder hacer obras buenas y actos concretos. En el Bautismo, el Señor enciende por decirlo así una luz en nuestra vida, una luz que el catecismo llama la gracia santificante. Quien conserva dicha luz, quien vive en la gracia, es ciertamente santo.

 

Queridos amigos, tantas veces, se ha caricaturizado la imagen de los santos y se los ha presentado de modo distorsionado, como si ser santos significase estar fuera de la realidad, ingenuos y sin alegría. A menudo, se piensa que un santo sea aquel que lleva a cabo acciones ascéticas y morales de altísimo nivel y que precisamente por ello se puede venerar, pero nunca imitar en la propia vida. Qué equivocada y decepcionante es esta opinión. No existe algún santo, excepto la bienaventurada Virgen María, que no haya conocido el pecado y que nunca haya caído en él.

 

Queridos amigos, Cristo no se interesa tanto por las veces que vaciláis o caéis en la vida, sino por las veces que os levantáis. No exige acciones extraordinarias, quiere, en cambio, que su luz brille en vosotros. No os llama porque sois buenos y perfectos, sino porque Él es bueno y quiere haceros amigos suyos. Sí, vosotros sois la luz del mundo, porque Jesús es vuestra luz. Vosotros sois cristianos, no porque hayáis cosas especiales y extraordinarias, sino porque Él, Cristo, es vuestra vida. Sois santos porque su gracia actúa en vosotros.

 

Queridos amigos, esta noche, en la que estamos reunidos en oración en torno al único Señor, entrevemos la verdad de la Palabra de Cristo, según la cual no se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Esta asamblea brilla en los diversos sentidos de la palabra: en la claridad de innumerables luces, en el esplendor de tantos jóvenes que creen en Cristo. Una vela puede dar luz solamente si la llama la consume. Sería inservible si su cera no alimentase el fuego. Permitid que Cristo arda en vosotros, aun cuando ello comporte a veces sacrificio y renuncia. No temáis perder algo y quedaros al final, por así decirlo, con las manos vacías. Tened la valentía de usar vuestros talentos y dones al servicio del Reino de Dios y de entregaros vosotros mismos, como la cera de la vela, para que el Señor ilumine la oscuridad a través de vosotros. Tened la osadía de ser santos brillantes, en cuyos ojos y corazones reluzca el amor de Cristo, llevando así luz al mundo. Confío que vosotros y tantos otros jóvenes aquí en Alemania sean llamas de esperanza que no queden ocultas. “Vosotros sois la luz del mundo”. Dios es vuestro futuro. Amén.

Homilía de Benedicto XVI en la Misa de la Jornada Mundial de la Juventud

Queridos jóvenes:

Con la celebración de la Eucaristía llegamos al momento culminante de esta Jornada Mundial de la Juventud. Al veros aquí, venidos en gran número de todas partes, mi corazón se llena de gozo pensando en el afecto especial con el que Jesús os mira. Sí, el Señor os quiere y os llama amigos suyos (cf. Jn15,15). Él viene a vuestro encuentro y desea acompañaros en vuestro camino, para abriros las puertas de una vida plena, y haceros partícipes de su relación íntima con el Padre. Nosotros, por nuestra parte, conscientes de la grandeza de su amor, deseamos corresponder con toda generosidad a esta muestra de predilección con el propósito de compartir también con los demás la alegría que hemos recibido. Ciertamente, son muchos en la actualidad los que se sienten atraídos por la figura de Cristo y desean conocerlo mejor. Perciben que Él es la respuesta a muchas de susinquietudes personales. Pero, ¿quién es Él realmente? ¿Cómo es posible que alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos años tenga algo que ver conmigo hoy?

En el evangelio que hemos escuchado (cf. Mt 16, 13-20), vemos representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. El primero consistiría en un conocimiento externo, caracterizado por la opinión corriente. A la pregunta de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», los discípulos responden: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Es decir, se considera a Cristo como un personaje religioso más de los ya conocidos. Después, dirigiéndose personalmente a los discípulos, Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro responde con lo que es la primera confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». La fe va más allá de los simples datos empíricos o históricos, y es capaz de captar el misterio de la persona d eCristo en su profundidad.

Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestación que Dios hace de sí mismo. Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe  tieneque consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena.

Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.

En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza.

Queridos jóvenes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer esta fe que se nos ha transmitido desde los Apóstoles, a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.

Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.

De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad devalores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios.

Queridos jóvenes, rezo por vosotros con todo el afecto de mi corazón. Os encomiendo a la Virgen María, para que ella os acompañe siempre con su intercesión maternal y os enseñe la fidelidad a la Palabra de Dios. Os pido también que recéis por el Papa, para que, como Sucesor de Pedro, pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe. Que todos en la Iglesia, pastores y fieles, nos acerquemos cada día más al Señor, para que crezcamos en santidad de vida y demos así un testimonio eficaz de que Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador de todos los hombres y la fuente viva de su esperanza. Amén.

Vigilia de oración de la JMJ presidida por el Papa en Cuatro Vientos, sábado 20 agosto

A la luz del Misal oficial de la visita papal, publicado por la Santa Sede

 

Con la presencia y presidencia civil de los Príncipes de Asturias, Felipe de Borbón y Leticia Ortiz, el Papa Benedicto XVIpreside el sábado 20 de agosto en la base aérea de Cuatro Vientos, en el sur de Madrid, la vigilia de oración previa a la clausura de la JMJ. Se trata del segundo acto en importante de la JMJ y de la visita papal.

El aeródromo de Cuatro Vientos –aeropuerto civil y militar- recuerda al último viaje a España del Papa Beato Juan Pablo II, quien en la tarde del 3 de mayo de 2003 presidió en este lugar una inolvidable vigilia de oración con más de medio millón de jóvenes.

 

En el perímetro de la base aérea hay dispuestas 17 capillas eucarísticas ubicadas en carpas de gran capacidad para albergar a numerosos jóvenes en sus tiempos de oración y de vela ante el Santísimo Sacramento.

 

Los jóvenes peregrinos aguardan al Papa en un ambiente festivo y jovial, con cánticos, testimonios y el rezo del Santo Rosario. Gracias a los modernos sistemas de comunicación, participarán e intervendrá también en la preparación a la vigilia jóvenes de diversos lugares del planeta, quienes expresarán también sus testimonios y sus oraciones e intenciones.

 

La vigilia de oración propiamente dicha consta de tres partes. La primera de ellas es una procesión con la Cruz de los Jóvenes, portada por jóvenes de los cinco continentes mientras que otro pequeño cortejo compuesto por jóvenes de distintas naciones llevará el Icono de María. Se canta entonces el himno de la JMJ 2011 Madrid, alusivo al lema de la misma, “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”. Una vez colocadas la cruz, el icono y las lámparas, los jóvenes encienden las velas que tienen en sus mochilas de peregrinos y toda la asamblea se une en la contemplación de la Cruz redentora. Esta primera parte de la vigilia comenzará con un saludo al Papa y a los fieles de parte de dos jóvenes

 

La Palabra de Diosconstituye el núcleo de la segunda parte de la vigilia. Varios jóvenes, cinco (uno por continente), harán preguntas al Papa, se proclamará el Evangelio y a continuación el Santo Padre responderá a estas preguntas, con sus esperanzas e inquietudes. El texto evangélico de San Juan “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos” (Jn 15, 1-17) será el hilo conductor de esta vigilia de la Palabra de Dios.

 

Tras el discurso del Papa, comienza la tercera y última parte de la vigilia: la exposición y bendición solemne con el Santísimo Sacramento. El diácono trasladará la Eucaristía acompañado de acólitos que inciensan y por jóvenes que portan velas y flores y esparcen pétalos de rosas al paso del Señor. Llegado al altar, el Santísimo se expone en la monumental custodia de la catedral de Toledo, obra del gran orfebre Enrique de Arfe, en el siglo XVI, encargado del cardenal Cisneros. Durante este tiempo se interpretarán varios cánticos, entre ellos el “Tantum ergo”

 

La asamblea cantará el “Lauda Sion”, en latín, durante la procesión, y al terminar los minutos de recogido y orante silencio de adoración, se hará una nueva ofrenda del incienso y se entona a “Ave Verum” de Mozart, tras el cual los jóvenes alternan preces y letanías.

 

Al final de la Adoración, el Santo Padre consagra a los jóvenes al Sagrado Corazón de Jesús, momento de gran intensidad teológica y espiritual. Este es el texto de la consagración de los jóvenes que rezará el Papa Benedicto XVI:

 

“Señor Jesucristo,

Hermano, Amigo y Redentor del hombre,

mira con amor a los jóvenes aquí reunidos,

y abre para ellos la fuente eterna de tu misericordia

que mana de tu Corazón abierto en la Cruz.

Dóciles a tu llamada,

han venido para estar contigo y adorarte.

Con ardiente plegaria,

los consagro a tu Corazón

para que, arraigados y edificados en Ti,

sean siempre tuyos, en la vida y en la muerte.

¡Qué jamás se aparten de ti!

Otórgales un corazón semejante al tuyo,

manso y humilde,

para que escuchen siempre tu voz

y tus mandatos,

cumplan tu voluntad

y sean en medio del mundo

alabanza de tu gloria,

de modo que los hombres,

contemplando sus obras,

den gloria al Padre con quien vives,

feliz para siempre

en la unidad del Espíritu Santo

por los siglos de los siglos.

Amén”.

 

Tras la bendición con el Señor Sacramentado, la Asamblea entona el “Cantemos al Amor de los Amores”, himno compuesto hace exactamente ahora un siglo para el XXII Congreso Eucarístico Internacional que tuvo lugar en Madrid en junio de 1911.