La Inmaculada, el misterio mariano por excelencia de la diócesis seguntina

La fiesta del martes 8 de diciembre de la Inmaculada Concepción  

 El dogma y devoción a la Inmaculada Concepción de María –cuya fiesta celebraremos el próximo martes, día 8 de diciembre- es el aspecto más destacado de la historia mariana y mariológica de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, que fue adelantado teológico y apóstol constante de esta verdad y misterio. Los cuatro costados de esta Iglesia local nuestra están impregnados de caminos, ermitas y advocaciones marianas. Su historia es hasta pionera en defender y proclamar los títulos y privilegios de la Madre de Dios. Molina de Aragón y el Cabildo seguntino se llevan la palma.

Las Purezas de Molina

 Corría el año de gracia de 1644, cuando, concretamente un 19 de junio, el Señorío de Molina de Aragón hizo solemne voto y juramento de “tener, defender y celebrar la Concepción sin culpa de la Virgen Madre de Dios”

 Más de un siglo antes, el Papa León X había honrado a Molina y su iglesia capitular de “Santa María la Mayor de San Gil” con el privilegio de poder celebrar en la medianoche del día 7 al 8 de diciembre una Misa en honor de la Inmaculada. Era el año de 1518. Molina de Aragón conservó, aún después de perder su Cabildo, este privilegio por decreto de León XIII, del año 1883, en la citada iglesia arciprestal. Hoy día esta Nochebuena anticipada es una de sus “honras”, una de sus señas de identidad, que durante tres años pude compartir.

“La Sin pecado”, tal y como es llamada por las tierras frías y entrañables del Señorío, es muy querida allá. Un solemne novenario caldea los ánimos de los molineses hasta la llegada de la gran noche. “Las Purezas” son muestras musicales de este fervor y de esta historia tan unida con el pueblo.

 El Salto de la Hoguera en Horche  

 La localidad campiñera de Horche no le va a la zaga a Molina de Aragón en devoción mariana. Una de sus advocaciones patrias es precisamente la Inmaculada. En el siglo XVI se formó en el pueblo la Cofradía de Esclavitud de la Purísima, compuesta por 12 cofrades que representan las doce estrellas de San Juan en el libro del Apocalipsis. Tras el rezo de Vísperas, en la tarde del día 7 y un ágape fraterno compuesto de sardinas asadas, se encienden doce hogueras que deben ser saltadas por los mozos.

 En la mañana del día 8, el día de la fiesta, los cofrades con capa, sombrero y cirio acuden a la Misa Mayor, y por la tarde, nombran Prioste de la Cofradía para el nuevo año.

Los Monumentos a la Inmaculada

 Tres grandes monumentos a la Inmaculada, cuales pairones de fe y amor filial, se alzan en esta tierra nuestra. Los dos primeros aluden al año Santo Mariano de 1954, y en recuerdo al Primer Centenario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada por el Papa Pío IX. Son los de Sigüenza, junto a la Iglesia de San Jerónimo del Seminario Mayor y el de Molina de Aragón, en el cerro de Santa Lucía.

El 11 de mayo de 1968 el entonces Nuncio del Papa en España, Luigi Dadaglio, junto al obispo Laureano Castán inauguraron en la Plaza de Santa María de Guadalajara otro monumento. Por fin, en el Año Santo Mariano de 1954, en el camino que va desde Sacedón a la Ermita de su Patrona, la Virgen del Socorro, el pueblo levantó un Vía -Crucis rematado con la imagen de María.

 El arte, el claustro, las fiestas  

  Otras cinco localidades de esta tierra reservan muestras artísticas y de vida religiosa contemplativa en honor de la Inmaculada: Sigüenza, Atienza, Pastrana, Guadalajara y Almonacid.

Las dos primeras conservan dentro de un inigualable patrimonio artístico dos espléndidas capillas bajo esta advocación mariana. Así, la más bella bóveda de la catedral de Sigüenza es la gótica de la Capilla de la Concepción, en el Claustro y cerrada tras la pasada guerra civil. La nave también catedralicia del Evangelio, en sus primeras estribaciones, guarda otro bellísimo espacio dedicado a la Virgen. Es la capilla de combinado y florido estilo cisneriano de la Anunciación, también llamada de la Purísima desde que en 1905, para conmemorar las Bodas de Oro de la definición dogmática de la Inmaculada, se instalará allí una bella talla murillesca de María Purísima en su Concepción. Atienza, por su parte, en la Iglesia de la Santísima Trinidad guarda también como uno de sus tesoros de primor otra capilla homónima.

 En 1559 Santa Teresa de Jesús, siempre fémina inquieta y andariega, fundó en Pastrana el Carmelo Descalzo. Pero pronto las desavenencias con la Señora local, la Duquesa de Eboli, frustraron la realidad. En aquella iglesia teresiana, en 1575, se aposentaron monjas hijas de Beatriz de Silva, Concepcionistas Franciscanas, que crearon el Convento de la Purísima Concepción, que ha llegado a nuestros días, como acontece con la iglesia del Carmen de Guadalajara, habitada también por Monjas de la Inmaculada, congregación que hasta 1981 contó con una tercera casa de nuestra provincia, en Almonacid de Zorita, concretamente, en la Iglesia de los Calatravas del siglo XVI.

 Un obispo de Sigüenza, defensor del Privilegio  

 La historia del Dogma de la Inmaculada es inequívoca muestra de las veces que el pueblo creyente se adelanta a la Definición ex cátedra. Dicho queda que ésta no se produce hasta el 8 de diciembre de 1854, en los primeros compases del dificilísimo ministerio petrino de Pío IX, quien haría de la proclamación, de su significado profundo y hasta de su fecha un emblema durante todo su pontificado, que con 32 años, ha sido el más largo de todos los tiempos.  

 Tres siglos antes, el aula conciliar de Trento, estudió seriamente el tema, que, finalmente, se pospuso. Era en el primer período del Tridentino, celebrado en la capital del alto Adige entre el 13 de diciembre de 1545 y el 2 de abril de 1547. Concretamente, en la Sesiones V y VI. El tema de estudio era el Pecado Original y la Justificación, médula de la Reforma Protestante. Saber si la Virgen María tuvo o no pecado original surgía, pues, como consecuencia lógicamente el tema debatido. Una de las voces más ardientes en la defensa del Privilegio mariano fue la del cardenal Pedro de Pacheco, entonces obispo de Jaén y entre 1554 y 1560 obispo de Sigüenza.

 Pedro de Pacheco había nacido en Puebla de Montalbán (Toledo) en 1488 y antes de llegar a regir la sede seguntina, entre 1554 y 1560, había sido obispo de Ciudad de Rodrigo, Pamplona y Jaén. Era cardenal desde 1546, creado por Paulo III. Fue virrey de Nápoles, y murió en Roma, en 1560, en cuya iglesia de “Santa María de Araceli” fue enterrado hasta su traslado definitivo a la iglesia del pueblo toledano que le vio nacer.

 “El Obispo” de Pastrana

  El obispo y fraile franciscano Pedro González de Mendoza (1569-1639), hijo de Princesa de Eboli, nacido probablemente en Pastrana, es para esta noble villa alcarreña su “obispo”. Allí vivió, allí fundó un colegio y allí, en la Colegiata, está enterrado. Fray Pedro González de Mendoza, descendiente del Gran Cardenal de España, del mismo nombre, se crió en la corte del Rey Felipe II e ingresó fraile menor en el Convento de La Salceda, del que fue guardián. Posteriormente, fue, de modo sucesivo, obispo electo de Osma, Arzobispo de Granada, Arzobispo de Zaragoza y Obispo de Sigüenza. Rigió la sede seguntina entre 1623 y 1639.

Interesa también fray Pedro González de Mendoza en estos apuntes históricos sobre la tradición inmaculista de nuestra diócesis por su amplia y prolongada correspondencia epistolar con los Reyes Felipe III y Felipe IV, en defensa y en argumentación de las razones por la que se debía solicitar al Papa la definición del dogma de la Inmaculada Concepción de María, tema que inquietaba especialmente a Felipe III ante los planteamientos contrarios que le hacía llegar al respecto su confesor. Muchas de estas cartas -algunas de ellas en texto originales- se conservan en la Colegiata de Pastrana.

 Cabildo de Sigüenza y Ayuntamiento de Guadalajara

 El 12 de diciembre de 1986 el actual canónigo archivero Felipe Gil Peces y Rata publicaba en el semanario provincial “Nueva Alcarria” un artículo titulado “Los canónigos de Sigüenza y la Purísima Concepción”. En él narra y transcribe un juramento de los canónigos de 1644. Era entonces arzobispo-obispo de Sigüenza Fernando de Andrade y Sotomayor, Rey de las Españas Felipe IV y Romano Pontífice de la Iglesia Católica Urbano VIII, el Papa Barberini.

  Este juramento es anticipo de unas súplicas por la Inmaculada Madre del redentor que la iglesia seguntina elevó al Papa Clemente XII, quien estuvo a punto de definir este dogma mariano. La primera de ellas es del entonces obispo de Sigüenza Fray José García y Castro (1727-1746), franciscano, fechada el 12 de octubre de 1732. Ese mismo día la Universidad de Sigüenza, con su Rector, Miguel Falcó, y los catedráticos de Teología y Derecho, Manuel Lázaro y Blas Minayo, hacen lo propio. Por fin, el 17 de octubre del mismo año el Cabildo seguntino eleva una nueva súplica, firmada, primeramente, por su Deán Antonio Carrillo de Mendoza, y que es todo un tratado teológico sobre la Inmaculada Concepción.

  Unos días antes, el Ayuntamiento de la ciudad de Guadalajara, entonces perteneciente eclesiásticamente a la archidiócesis de Toledo, y el Cabildo Colegial de Medinaceli, en la provincia de Soria, y obispado de Sigüenza hasta 1955, elevaron sendas súplicas al Romano Pontífice en el mismo sentido. La de Guadalajara va fechada el 7 de octubre y firmada en primer lugar por el Conde Medina y Contreras, y la de Medinaceli está datada el 10 de octubre del mismo año y encabeza su firma el abad de la Colegiata Diego de Buenaventura.

La gran aventura del Reino de Asturias

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El nacimiento del reino  de Asturias bajo la España musulmana fue una empresa titánica de resistencia y  supervivencia. Una de las aventuras más  fascinantes no sólo de la Historia de España, sino de la historia universal.  Aunque resulta inconcebible que un puñado de rebeldes cristianos consiguiera  formar en el norte de la Península un reino independiente frente al mayor poder  de su tiempo y, después, extenderlo hacia el sur en una tenaz labor de  repoblación, eso es lo que ocurrió en torno a Covadonga, entre Asturias y  Cantabria, a partir del año 722. ¿Cómo fue posible semejante proeza? ¿Quiénes  fueron sus autores? ¿Cómo se llamaban los heroicos pioneros que empezaron a  ganar tierras hacia el sur, gracias a sus azadas más que a sus espadas?

 

Más sobre Ágora: “Amenábar engaña tanto que hace de la película un panfleto político”

Amenábar ha hecho una nueva película, Ágora, que se caracteriza por la deformación de los hechos, es decir, el engaño, para ajustarlo a su discurso ateo y anticristiano. Él mismo se confiesa en la multitud de entrevistas que ha dado en la campaña promocional de su nueva película como ateo, con un añadido, su ostentación de la condición de homosexual, que es algo así como si Clint Eastwood tuviera necesidad de explicar cada vez que lo entrevistan que él es un hetero militante.

Cartel promocional

Todas las entrevistas están, lógicamente, pensadas a mayor gloria del director y su película. Entra dentro de las reglas del juego, por algo son pura promoción comercial donde el género periodístico substituye a la publicidad pura y dura. A pesar de ello, y del cuidado de los entrevistadores, siempre atentos al obligado panegírico, el director manifiesta unos caracteres curiosos, por decirlo de alguna manera.
 
Porque curioso es su sentido de culpa, que le lleva a declarar “no lo puedo remediar. En los aeropuertos siempre tengo la sospecha de que me van a detener en cualquier momento por lo que sea”. Él lo atribuye a un miedo a la “Autoridad” que constituye en su imaginario un valor abstracto y omnipresente. Bromas que gasta la propia conciencia.
 
No se cansa de declarar que en su nueva obra es fiel a los hechos históricos. Como pienso que es una persona razonablemente culta, que ha preparado su película, entonces solo me queda concluir que engaña, miente, o quizás se engaña a sí mismo, porque lo que plantea Ágora no tiene nada que ver con la realidad de lo que sucedió.
 
Esta no es la historia de Hipatia ni muchos menos de las relaciones entre neoplatónicos y cristianos en Alejandría. Su verdadera intención aflora porque tantas entrevistas y tan extensas obligan a hablar. Por ejemplo, cuando afirma que su intención real es denunciar los que utilizan la violencia como argumento, como hacen -dice- los etarras y los terroristas islámicos.
 
Claro, y por eso acude a un hecho de hace más de 1600 años, metiendo a los cristianos por en medio. En realidad, su intención es maniquea y no puede ocultarla “imaginé aquella lucha entre los paganos y los cristianos viejos –que ni fue exactamente tal, ni entonces existían viejos cristianos- como si fuera nuestra guerra civil” Está claro ¿no?A pesar de estos deslices, reitera lo que la necesidad comercial le ha marcado, especialmente pensando en un mercado que se le resiste como es el norteamericano, muy sensible a los panfletos anticristianos. “He insistido mucho en que la película no va contra los cristianos, sino contra los que utilizan la fuerza para defender sus ideas”.
 
Lástima que teniendo ejemplos tan categóricos y próximos, como Stalin y Lenin, Hitler, Mao, Pol Pot, o quizás para hacer una producción de ambiente histórico, los tiempos de terror de la Revolución Francesa, o el primer genocidio de La Vendée, tenga que acudir a una de las múltiples revueltas que sucedieron en la cosmopolita ciudad de Alejandría en el periodo inicial del cristianismo, y las pugnas políticas que entre los diversos grupos se produjeron. Unos hechos que mal representan la tesis que dice querer contar: unos violentos que masacran a unos pacíficos, benevolentes y cultos racionalistas.
 
La evidencia de su desconocimiento o voluntad de traicionar la realidad se manifiesta en pretensiones como la de afirmar que el cine no ha contado mucho el cambio del mundo antiguo al medieval, cuando este es uno de los temas que han registrado, con obras mediocres y buenas, una notable producción cinematográfica.
 
Pero sobre todo lo que debe ser subrayado es que no deja de ser curioso que, cuando lo que caracteriza los cuatro primeros siglos de la historia cristiana es la persecución en ocasiones terrible que éstos reciben, se vaya a fijar en un hecho aislado que además ha sido reiteradamente utilizado, también falsamente, en la historia por el ateísmo agresivo y la masonería.Se ha intentado convertir  a una matemática y astrónoma, Hipatia, en un símbolo de la razón contra el oscurantismo cristiano. Pero en este caso, a diferencia de otros, la evidencia de los hechos es tan grande que el éxito no ha acompañado al propósito histórico. En este caso la leyenda negra no ha llegado a cuajar.
 
En otras palabras, Amenábar utiliza como guión uno de los panfletos editados en el siglo XIX. Para ello, claro está, ha contado con 50 millones de euros, algo insólito para un director español, y es que cuando se trata de pegarle leña a la Iglesia está visto que el dinero nunca escasea.Presentar a la mujer en el ámbito de lo que fue la sociedad pagana, en unas condiciones de emancipación como las que caracterizan a Hipatia, resultaría absolutamente incomprensible si no se advierte al mismo tiempo que es el creciente desarrollo del cristianismo y su concepción de igual dignidad de hombre y mujer que lo hacen posible. El paganismo, los clásicos griegos y romanos, confieren a la mujer un papel subalterno y esencialmente doméstico y para nada vinculado a las instituciones públicas, excepto en determinados y específicos cultos religiosos. Es decir, Hipatia es el resultado de la evolución de una sociedad influenciada de manera creciente por el cristianismo. Esto nuestro director de cine lo escamotea.Asimismo, de la misma manera que Amenábar presenta a Hipatia es necesario recordar otras figuras de mujeres filósofas o escritoras, como Eudocia, nacida en una familia pagana como Atenais y convertida luego al cristianismo. La presencia pública de mujeres en una sociedad que se estaba cristianizando solo se explica por este último hecho, lo cual contradice frontalmente lo que Amenábar nos relata. Como lo hace el querer presentar el paganismo, el propio neoplatonismo, como una fuente de razón y de luz. Qué duda cabe que Platón, como otros clásicos, hizo importantes aportaciones a la filosofía, pero lo que conocemos como bueno de ellas está pasado por el tamiz de la interpretación y, en muchos casos, como el de San Agustín, la recreación cristiana.El platonismo completo, a palo seco y sin matices, sería algo inasumible para una mente ilustrada y quien lo dude solamente debe interesarse por La República. La idea de una confrontación brutal entre cristianos y paganos también está falseada absolutamente. En el imperio de Bizancio y en Alejandría en particular se produjeron en los siglos IV y V numerosas algaradas fruto de las tensiones entre las distintas corrientes políticas y de los propios cristianos. Murió Hipatia pero también murieron obispos antes que ella. Fue un periodo de fuertes pugnas políticas. Esto es tan evidente que las relaciones entre los pensadores cristianos y paganos fueron en general, buenas. En realidad, muchos pertenecían a las mismas familias. La propia Hipatia tuvo entre sus alumnos a cristianos y paganos, y actuó como asesora áulica del gobierno de su ciudad.Y la constatación de todo esto, de que el asesinato de Hipatia fue el fruto de un grupo y de una algarada y no el resultado de una confrontación “entre lo cristiano y lo pagano”, es tan evidente como el hecho de que la escuela platónica de Alejandría continuó funcionando con normalidad durante más de 200 años después de su muerte.  Y, sobre todo, la premisa mayor: los que persiguieron masivamente, reprimieron, torturaron y mataron fueron los paganos a los cristianos en nombre del paganismo y de razones que hoy nos parecen brutalmente irracionales, como lo constatan las propias actas de los juicios romanos.Amenábar engaña tanto, miente tanto con sus imágenes y argumento, que hace de la película más cara rodada en España un panfleto político.

 

 

ÁGORA

Imagínense que hay que explicar con una película la realidad de Norteamérica a alguien que no sabe nada de historia, de culturas. Y para explicarle cómo es América le enseñamos unos planos de unas familias japonesas, entrañables.

Luego aparece un avión donde sale un piloto con cara de bruto mascando chicle, y con fotos de playmates pegadas en el salpicadero. Por último vemos cómo ese avión lanza la bomba atómica sobre la ciudad de esas amables familias japonesas. Una vez terminado el cortometraje, se le dice al ignorante espectador: “Ya ves, esto es América”.

Hiroshima existió. Nadie lo duda. Nadie se alegra. Pero el juicio sobre los americanos que se deduce de ese film, ¿es justo? Es una mentira. Aunque Hiroshima sea una verdad.

  Imagen de la película Ágora  
 
Imagen de la película Ágora

Esto mismo es lo que sucede con la última película de Amenábar, Ágora: unas bases históricas reales, muchísimo maquillaje y caricatura históricos, para llegar a unas conclusiones completamente equivocadas.

Amenábar vuelve a demostrar que es un grande en el oficio de dirigir películas. Otra cosa es que él decida someter su genio a los imperativos del pensamiento único.

Lo más interesante es que Ágora no aparenta ser una película hecha en la era digital, sino que parece que todo decorado es real. La dirección artística es soberbia, y Rachel Weisz hace de Hipatia un personaje memorable.

La película es solemne, minuciosa, con un trabajo del sonido espectacular y con unos guiños cosmológicos muy brillantes. Hay mucho cine dentro de Ágora, y por ello es muy fastidioso ver cómo el guión va estropeando la película a medida que avanza.

 

¿UNA PELÍCULA CONTRA LA INTOLERANCIA?

Ágora es presentada por Amenábar como un film contra la intolerancia. Pero es necesario analizar el marco elegido por el cineasta para su alegato.

El contexto histórico son unos hechos luctuosos perpetrados por cristianos y paganos desmadrados entre los siglos IV y V en Alejandría. Según el historiador de la Iglesia Hubert Jedin, “el suceso más deplorable en el enfrentamiento entre el paganismo y el cristianismo en Egipto fue la muerte de la filósofa pagana Hipatia, que en 415 fue atrozmente asesinada, tras haber sufrido graves injurias, por una chusma fanatizada” (1).

Amenábar carga las tintas, descontextualiza y simplifica al máximo ciertos personajes como San Cirilo o Amonio. Aquellos hechos reprobables se sitúan, por tanto, en el contexto de la confrontación de dos cosmovisiones, de dos culturas, la pagana y la cristiana, y es ahí precisamente donde Amenábar quiere aprovechar para proponer su propia filosofía de la historia: si el paganismo fue luz, el cristianismo es oscuridad; si el paganismo fue progreso, el cristianismo supuso una marcha atrás en la cultura, en la civilización, en la filosofía y en la ciencia.

No es una metáfora caprichosa: en Ágora, los paganos visten de blanco (Hipatia), y los cristianos de gris o de negro (Amonio, Cirilo). A este esquema bipolar, Amenábar añade a lo largo del film una vuelta de tuerca: lo malo no es en realidad el cristianismo, sino cualquier concepción teológica. Ya sean los dioses paganos o el Dios cristiano y judío: la religión oscurece la razón, desprecia a la filosofía y frena la ciencia y el progreso. Frente al escepticismo que genera ver tanta guerra de religión en un kilómetro cuadrado, Hipatia declara: “Yo creo en la Filosofía”.

 

EL CRISTIANISMO COMO VERDUGO DE LA CULTURA

  Alejandro Amenábar en un momento del rodaje  
 
Alejandro Amenábar y Rachel Weisz en un momento del rodaje

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y ahí reside la relevancia de Ágora, que bajo el envoltorio de una película histórica, propone un juicio muy negativo sobre el valor actual de las religiones en general y del cristianismo en particular. Desmentir esa afirmación precisaría de una biblioteca como la de Alejandría, para documentar someramente lo que el cristianismo ha aportado al progreso de la cultura, del arte, de la ciencia, del derecho, de la filosofía, de la política, de las relaciones internacionales…

Pero dicha biblioteca sería insuficiente para ilustrar lo que el cristianismo ha supuesto para el “progreso” personal de millones y millones de hombres y mujeres concretos a lo largo del mundo y de la historia: el “progreso” que viene de encontrarse con Jesús, que promete sin rubor satisfacer los deseos del corazón del hombre.

Esto en Ágora no se intuye ni de lejos. Los cristianos que aparecen son bárbaros, fanáticos, misóginos, violentos y muy visionarios. Y los dos “buenos” cristianos que vemos, Sinesio y Davo, se van contaminando a lo largo del film del oscurantismo circundante.

  Imagen de la película Ágora  
 
Imagen de la película Ágora

Quien encarna las características de una antropología cristiana –caridad, benevolencia, serenidad, tolerancia, insobornabilidad, castidad, fraternidad universal, igualdad– es la pagana Hipatia, un personaje que Amenábar vuelve fascinante, ideal de virtud, y dechado de inteligencia y humanidad. Hipatia se propone como una santa laica de las que tanto están de moda.

Un primer argumento a favor del “retroceso” cristiano que se puede desprender de Ágora es el de la inmoralidad de aquel grupo de cristianos pendencieros, que aparecen capitaneados por un san Cirilo cruel y maquiavélico.

Ciertamente hay muchos episodios en la historia de la Iglesia por los que un cristiano no se siente orgulloso. Así ha sido siempre y así será, porque la Iglesia la forman pecadores. Incluso los Papas han pedido a veces perdón por errores del pasado.

La conciencia del mal y del pecado es tan clara en el seno de la Iglesia que esta instituyó en sus mismos orígenes el sacramento de la penitencia y del perdón. Que se sepa ninguna organización, asociación o partido cuenta con una institución como la confesión, con lo que quizá habría que concluir que nadie como los cristianos tiene tanta conciencia del propio pecado.

 FE CONTRA RAZÓN

Más importante en Ágora es el conflicto soterrado –¿incompatibilidad?– que plantea entre razón y fe, entre ciencia y religión. No este el lugar tampoco para explicar y aclarar que la fe es la amiga más fiel de la razón, que lo que Amenábar y tantos otros llaman fe, no es más que una superstición visionaria y esclerótica que nada tiene que ver con el cristianismo. Bastaría con que leyeran algo, por ejemplo la Fides et ratio, para comprender que la fe no es enemiga ni de la ciencia, ni del progreso, ni mucho menos de la razón.

Siempre habrá energúmenos entre las filas de los creyentes, pero que sólo son representativos de su propia equivocación. En este sentido, el magnífico homenaje que Amenábar brinda en este film a la ciencia antigua, y muy en especial a la astronomía, es un homenaje a la razón que cualquier espectador cristiano disfrutará como propio, aunque Amenábar parezca querer oponerlo a los intereses “reducidos” de los cristianos (2).

Por todas estas razones es imposible que un cristiano pueda sentirse históricamente reconocido en la propuesta cinematográfica de Amenábar, muy lastrada por tópicos, prejuicios, esquemas ideológicos y leyendas negras.

 NOTAS

(1) Hubert Jedin, Manual de Historia de la Iglesia, vol. II, Herder, Barcelona, 1990, p. 259.
(2) No hay que olvidar que una figura de la talla intelectual de San Agustín es contemporáneo de Hipatia. Ni que el siguiente paso de gigante en la astronomía fue obra de Nicolás Copérnico en el siglo XV, dentro de una cultura de matriz cristiana. Los que creen que la ciencia se interrumpió durante los “oscuros siglos medievales” harían bien en informarse sobre Robert Grosseteste, Alberto Magno, Roger Bacon, Jean Buridan, Nicolás Oresme…

 

La influencia familiar de Santa Teresa

   
 

El bien que recibió Santa Teresa de toda su familia fue impresionante, así como el que ella hizo a los suyos.

En la Autobiografía recuerda que “su padre era muy aficionado a la lectura de buenos libros” (vidas de santos que se leían y comentaban por toda la familia al anochecer, junto a la lumbre”. Era mi padre “hombre de mucha caridad con los pobres… de gran verdad. Jamás nadie le vio jurar ni murmurar. Muy honesto en gran manera”. Teresa era, de los hijos, la “más querida” por él.

 De su madre dice que “también tenía muchas virtudes, y pasó la vida con grandes enfermedades. Grandísima honestidad… Muy apacible y de harto entendimiento… Murió muy cristianamente” a los 33 años. Hace rezar a sus hijos y procura que sean grandes devotos de nuestra señora y de los santos.

 Todas estas virtudes y ejemplos no podían quedar baldíos; “me ayudaba no ver en mis padres favor sino para la virtud; tenía muchas”. Ya a la edad de seis o siete años se juntaba con su hermano Rodrigo para leer vidas de santos y de mártires; hacían sus reflexiones sobre lo fácil que compraban éstos el cielo y sobre cómo pena y gloria (infierno y cielo) era para siempre, siempre, siempre… No hacían más que seguir el ejemplo de los padres.

 De él aprendió a decir siempre la verdad; de mayor afirmará: “Podré equivocarme, pero no mentir”. De su madre, aprendió la honestidad, el amor a la Virgen y a los santos (S. José)… a los sufrimientos.

 A los siete años sueña en ser mártir y se escapa de casa con su hermano Rodrigo para ir a tierra de moros y ser descabezados; como no dio resultado enfoca su devoción de otra manera: llegar al cielo haciéndose religiosa; juega a hacer monasterios, da limosnas y se retira en soledad para rezar sus devociones.

 Tan íntima era su devoción a la Virgen que cuando muere su madre, siendo Teresa de 12 años, dice: “fuime a una imagen de nuestra Señora y supliquela fuese mi madre, con muchas lágrimas… que me ha valido”.

 La excesiva aflicción que tenía su madre a novelas de caballerías luego les fue entrando a los hijos, criados… contra el parecer del padre. Tras su muerte esta aflicción desordenada creció tanto en Teresa que comenzó a juntarse con primos y a tratar con una mala parienta. “Mi padre y mi hermana sentían mucho esta amistad; reprendíanmela muchas veces”. Pero ella no hizo caso. “Comencé a traer galas y a desear contentar en parecer bien, con mucho cuidado de manos y cabello, y olores, y todas las vanidades”. Poco a poco fue dejando sus fervores y deseos de ser religiosa. Al final reconocerá que se sentían “cansada”.

 Viendo su padre que no conseguí nada y que su hija, de 16 años, se enfriaba en la piedad la llevó al convento de agustinas de Ávila, para apartarla de las malas compañías. Allí, interna, se olvidó de sus galanteos juveniles, aunque ya era “enemiguísima” de ser monja. A los ocho días había perdido el desasosiego que traía de su vida interior; le ayudó mucho el trato con una santa religiosa que le fue ganando el corazón al contarle como descubrió su ideal.

 Al año y medio la sacó su padre con motivo de una enfermedad. Estuvo reponiéndose un tiempo en Hortigosa, con su tío, D. Pedro, que luego sería religioso y moriría muy cristianamente. Su trato le hizo mucho bien: “con la buena amistad, viene a ir entendiendo la verdad de cuando niña… la vanidad del mundo… y cómo acababa en breve; y “aunque no terminaba por decidirme (a ser monja) vi que era mejor y más seguro estado”. Estuvo por tres meses forzándose a ser monja, pues veía que se salvaría más fácilmente haciéndose religiosa, aunque el convento fuese para ella un purgatorio. Se lo comunicó a su padre, pero se lo prohibió “por lo mucho que la quería” y ni se dejó influir por intermediarios que se buscó Teresa. Al fin deja una puerta abierta: que haga lo que quiera después de su muerte. Ve Teresa que ya no se opone, que la negativa fue por el amor propio que la tiene y que le cuesta decidirse; para no humillarse toma la iniciativa y a sus veinte años, concertando un día con su hermano y las monjas de la Encarnación, se va de mañana al convento.

Nada más entrar en él escribe a su padre una nota aclaratoria. Este se da por vencido pero sin despecho; pronto, como ella se imaginaba, va a verla. Muchas otras veces irá a la Encarnación para hablar con su hija; ella le enseña a hace oración mental.

 De sus hermanos habla así: “Éramos tres hermanas y nueve hermanos. Todos parecieron a sus padres en ser virtuosos… pues mis hermanos ninguna cosa me desayunaban a servir a Dios”. Tras la influencia mutua en la infancia con Rodrigo, cuando decide ser monja, convence a su hermano Juan para que él también se haga religioso.

 En su casa aprendió a trabajar, a hacer de todo, y a poner toda su alma en lo que hacía, se hizo mujer. Al ambiente familiar debe su piedad de la infancia y su vocación religiosa, recuperada gracias a su padre y a su tío D. Pedro. Teresa, en “La Vida”, agradece al Señor por “tales padres virtuosos y temerosos de Dios”.

 He aquí un texto de la Santa que dedicó a los seminaristas, en especial a los de BUP por estar en años más difíciles: “espántame algunas veces el daño que hace una mala compañía y si no hubiere pasado por ello no lo pudiera creer; en especial en tiempo de mocedad debe ser mayor el mal que hace”.

 Y otro texto para vosotros, padres, que tenéis la inmensa suerte de ser padres de seminaristas: “Si yo hubiere de aconsejar, dijera a los padres que en esta edad tuviesen gran cuenta con las personas que tratan a sus hijos”…

Serie de documentales sobre “Los primeros cristianos”

 Goya Producciones acaba de  lanzar al publico una nueva serie de nueve documentales sobre “Los primeros cristianos”, que escribe los hechos más asombrosos de la transformación del mundo antiguo por la nueva fe.
Esta serie cuenta con numerosas recreaciones e imágenes reales grabadas en Europa y Oriente Medio y está apoyada por los valiosos comentarios de veintiséis historiadores de diversos países.

Entre los expertos que intervienen destacan Luis Suárez de la Real Academia de Historia de España, Thomas E. Dillon antiguo presidente del Thomas Aquinas College (Estados Unidos), el profesor Ulrich Luz de la Universidad de Berna (Suiza) o Isabel Rodá, directora del ICAC (Tarragona).
“Por primera vez en España se ha realizado una serie televisiva sobre los siglos iniciales de nuestra era desde una perspectiva cristiana. Incorpora las últimas investigaciones y ofrece claves para comprender el mundo actual”, explica su productor, Andrés Garrigó.

El primer documental se ambienta en la época apostólica. Un puñado de hombres y mujeres audaces parten a la conquista de un mundo politeísta y sensual. Su Dios no es uno más del panteón romano: es el único y verdadero. No adoran pues al Emperador. Eso les vale el martirio. Pero la sangre de los mártires será semilla de nuevos cristianos. Cuando Roma caiga, ya la religión de la Cruz será mayoritaria.

Aterrador es el siguiente bandazo de esta historia: las hordas de Atila y otros jefes bárbaros arras an el Occidente. ¿Era el fin? Al contrario, la nueva religión sale reforzada: se convierten los pueblos germánicos y la España visigótica se hace católica.

Dramática es también la lucha de la fe con sus enemigos internos. Herejías como la gnosis, el maniqueísmo, y el arrianismo están  a punto de triunfar. La fe se salva gracias a los concilios y a intelectuales insignes, como San Ireneo, San Agustín o San Gregorio Magno, que logran fijar el credo y  encarrilan la vida de la Iglesia sobre bases firmes.

Después de Constantino los emperadores de Oriente serán cristianos. Con mayor o menor acierto, toda una civilización se va a inspirar en los ideales evangélicos.

“Los primeros Cristianos” está editado en un moderno pack que incluye los 9 documentales repartidos en 3 DVDs.

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Perfil de “Txeroki”

La Guardia Civil cree que “Txerooki” disparó a los dos guardias en Capbreton.

líder del sector más duro de ETA que decidió romper la tregua

Perfil de “Txeroki”

Mikel Garikoitz Aspiazu Rubina, “Txeroki”, se había convertido en los últimos años en el principal objetivo de las fuerzas de seguridad, ya que encarnaba al sector más duro de ETA, opuesto a la tregua y responsable de la decisión que acabó con ella: el atentado de la T-4 de Barajas en diciembre de 2006.

Nacido en Bilbao el 6 de julio de 1973, “Txeroki” ó “Arrano” ó “El Indio” destacó por su violencia en la kale borroka, según fuentes de la lucha antiterrorista, que sitúan su salto a ETA en el año 2000, tras la ruptura de la tregua de 1998-1999, como colaborador del “comando Vizcaya”.

Tras la detención de los principales integrantes de ese comando,”Txeroki” fue uno de los encargados de reconstruirlo y en esa época participó en varios atentados, entre ellos el asesinato del magistrado José María Lidón en noviembre de 2001.

Otro de los atentados en los que los investigadores sitúan al etarra detenido esta madrugada fue la colocación de una bomba lapa en febrero de 2002 en el vehículo del dirigente de las juventudes socialistas vascas, Eduardo Madina, quien perdió una pierna en la explosión.

A mediados de ese año, Mikel Garikoitz Aspiazu se trasladó a Francia y rápidamente entró en el círculo de confianza del entonces máximo dirigente de ETA, Mikel Antza y de su compañera Soledad Iparraguirre “Anboto”.

“Anboto” se encargó personalmente del adiestramiento del etarra que, a su vez, asumió tareas de formación de comandos en el uso de armas y explosivos. Las fuerzas de seguridad creen que “Txeroki” que, a partir de 2004 se hizo cargo de la coordinación de los comandos, representa el sector más duro de la banda y los expertos le apuntan directamente como responsable del golpe de timón que supuso el atentado de Barajas que puso fin al denominado proceso de paz en diciembre de 2006.

Aspiazu Rubina es el mayor exponente de la nueva ETA de la que se viene hablando desde el último alto el fuego.

Terroristas venidos de la kale borroka, sin demasiada experiencia, pero más violentos y poco amigos de negociaciones.

Además, esos terroristas estarían organizados en una estructura más preocupada por la seguridad y, por tanto, serían menos conocedores cada uno de la actividad de los otros.

“Txeroki”, además de dirigirles, parece haber sido su único contacto, evitando así fugas y filtraciones, siempre según las hipótesis policiales, en las que se destaca que el jefe del aparato militar de ETA ha participado directamente en reuniones, traslados y cursillos que en principio parecerían más indicados para cargos intermedios.

Ese contacto directo de Aspiazu con los miembros de los comandos a los que enviaba a atentar a España se puso dramáticamente de manifiesto en diciembre de 2007 en el asesinato en Capbreton (Francia) de los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Centeno, ya que, según el testimonio de dos etarras detenidos del comando Nafarroa, “Txeroki” les confesó que fue él directamente quien apretó el gatillo.