¿Cómo hacer para que la política proteja y valore la familia?

Monseñor Giampaolo Crepaldi*

La familia es el lugar de la vida: donde la vida se genera y donde la vida es acogida. Dado que el hombre no es una cosa, la vida humana no es producida, como se produce en un laboratorio o en una fábrica. La dignidad de la persona humana requiere que la vida sea generada y acogida en la familia, es decir, en un contexto de amor y de dedicación recíproca, de responsabilidad y de compromiso educativo.

 El hijo tiene derecho a la familia, mientras que la familia no tiene derecho al hijo. El hijo tiene derecho a ser co ncebido de forma humana, es decir, como expresión del amor entre su padre y su madre, de un amor desinteresado y por tanto abierto a la vida. Tiene derecho a no ser producido en un laboratorio y concebido en una probeta mediante una intervención médica. La vida y la familia, por tanto, se llaman mutuamente. No hay verdadero amor entre los cónyuges si no está abierto responsablemente a la vida, porque en este caso la instrumentalización recíproca, más o menos consciente, se haría sentir. La vida, por otro lado, no sería dignamente acogida y honrada si no se recibiese en una familia, donde el recién llegado se sienta acogido, protegido, y de donde puede recibir la educación necesaria para la vida.

La familia es la célula de la sociedad, se dice a menudo. Con esta expresión se pretende decir habitualmente que la familia es ya sociedad en sí, es el primer núcleo de la so ciedad y que la sociedad entera nace de la familia. Se puede decir también que en la familia se encierra una energía relacional que después se deriva a toda la sociedad. No es la sociedad, o peor aún, el Estado, el que funda la relacionalidad humana. Ésta pertenece a la persona, que es relacional por naturaleza, y se vive en primer lugar en la familia.

En este sentido, la familia está en el origen de la sociedad, y sin familia no hay siquiera sociedad, sino una suma de individuos. Por esto en el origen debe haber no dos individuos asexuados, sino un hombre y una mujer, o sea, una pareja. Dos individuos asexuados o del mismo sexo no forman una pareja, sino sólo dos individuos. El hombre y la mujer constituyen la pareja de la que nace la sociedad ante todo por su complementariedad: se completan mutuamente. En segundo lugar, por su apertura recíproca en su complementariedad: tienden a la unión, a ser “dos en una sola carne”, a ser una sola realidad. En tercer lugar, porque su apertura recíproca significa apertura a la vida: son capaces de engendrar una nueva vida de forma humana, son fuente de humanidad, pueden continuar la comunidad humana en el futuro. Esto comporta tener presente el aspecto social y político de la sexualidad, que hoy por desgracia es individalizada y entendida de modo funcional y no expresivo de la naturaleza de la persona.

Si la sexualidad se separa de la procreación, ésta se convierte en un hecho técnico, que puede ser llevado a cabo por dos individuos asexuados, en el sentido de que no interesa su sexo. Pero una sexualidad individualizada y reducida a técnica ya no es una sexualidad plenamente humana. Le falta el carácter de apertura recíproca en la complementariedad y de la uni-dualidad. En el origen de la sociedad no están por tanto dos individuos, sino una pareja de un hombre y de una mujer, abi ertos a la acogida recíproca en la complementariedad sexual, y abiertos a la vida.

No hemos reflexionado suficientemente sobre los efectos negativos de la individualización de la sexualidad, que es en cambio el hecho humano originario de la propia sociedad. Por esto la sociedad no puede renunciar a nacer de una familia, significaría comprenderse no como un todo relacional, sino como un conjunto de individuos aislados y como máximo aproximados. Si en el origen hay dos individuos asexuados, entonces también todos los demás vínculos sociales serán individuales. Si en cambio hay una relacionalidad complementaria desde el origen, existe la posibilidad de que también la sociedad pueda fundarse sobre vínculos de pertenencia y reciprocidad con carácter orgánico.

El comienzo es siempre decisivo. Se ve con la vida. Si no se acoge en ese momento ¿cómo se podrá ser acogedor despu&eacut e;s? Eso se ve para la familia: si no hay reciprocidad complementaria al principio, ¿cómo podrá haberla después? Las personas no se suman ni se amontonan; se relacionan.

Vemos así los efectos muy negativos, incluso para la propia sociedad, de la separación entre procreación y sexualidad mediante la inseminación artificial. La FIVET, es decir, la concepción en probeta, representa una herida incurable a la naturaleza humana y a la familia. A la naturaleza porque transforma al hijo en un producto, insinuando la idea de que la vida pueda ser una producción humana. A la sociedad, porque la nueva vida presupone solo una capacidad técnica y no un contexto de amor de pareja. De hecho la concepción in vitro puede suceder también mediante “donantes” de espermatozoides o de ovocitos externos a la pareja; puede ser satisfecho el deseo de tener un hijo por parte de dos mujeres o de dos hombres; se puede implantar el embrión en el útero de una tercera mujer que puede hacerlo por dinero, haciendo de madre subrogatoria.

 La familia natural es así deconstruida y reconstruida artificialmente de muchas formas, siguiendo los deseos de cada individuo. La maternidad y la paternidad se multiplican: está la genética, la biológica y la social… desde el punto de vista técnico, hoy un niño puede tener hasta seis padres. De la misma forma, también la filiación se multiplica y asume muchas facetas. Los derechos del niño a una familia compuesta por un hombre y una mujer unidos por un pacto duradero de amor recíproco son negados, con innumerables consecuencias negativas en el plano psicológico y de la maduración personal y con nuevas formas de malestar y de inadaptación, con ingentes costes para la comunidad.

Por todos estos motivos, la política no puede resignars e a hacer de notario imparcial de estos deseos de frontera animados por un espíritu individualista e incapaces de asumir responsabilidades en cuanto que destruyen la dignidad de la persona, de la mujer, del hijo concepbido, de la sexualidad y de la propia sociedad.

He insistido en los aspectos sociales de la sexualidad y de la procreación porque considero indispensable que la política vuelva a apropiarse de esos ámbitos, no en el sentido de intervenir en la responsabilidad personal y de pareja, como sucede por ejemplo en los países que imponen con la fuerza la planificación familiar y la política del hijo único. El poder político no puede intervenir en las cuestiones relativas a la sexualidad y a la procreación sin lesionar la libertad responsable originaria de la pareja. Esto, con todo, no significa que la sexualidad y la procreación deban perder su relevancia también pública, y sea n relegadas a las decisiones individuales, incluso como decisiones lúdicas.

Se trata de decisiones de graves consecuencias sociales. Por lo demás, los hijos no son una propiedad privada. Sea porque son personas y las personas no son de nadie, o porque los hijos representan un recurso para toda la humanidad. Si son bien educados, instruidos, formados en un ejercicio maduro de las virtudes personales y sociales, representan un “bien común”. Cuando en cambio crecen mal, sufren violencia o malos tratos, no adquieren ni una instrucción adecuada ni una verdadera capacidad laboral, cuando viven en las áreas del malestar y de la marginación, producen disfunciones y costes para toda la sociedad. Por todos estos motivos, la procreación no es un hecho privado, aunque nadie pueda sobreponerse a la responsabilidad de la pareja. El proprio hecho de que quien engendra es una pareja, en el sentido tantas veces expresado de est a palabra, confirma que no se trata de un hecho privado sino originariamente social.

*Monseñor Giampaolo Crepaldi es arzobispo de Trieste y Presidente del Observatorio Internacional “Cardenal Van Thuân” sobre la doctrina social de la Iglesia.

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Escribe al presidente de Pakistán: Salva a Asia Bibi

 http://www.hazteoir.org/firma/34272-escribe-presidente-pakistan-salva-asia-bibi

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S.S. Benedicto XVI. La familia es la primera educadora de las personas

El Papa Benedicto XVI señala en su mensaje al Cardenal Angelo Bagnasco, Arzobispo de Génova y Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), que la familia es la primera educadora de las personas, en la que se “plasma el rostro de un pueblo” y esta comunidad debe formar a las personas para el adecuado uso de la libertad.

En el texto dado a conocer hoy y enviado en ocasión de la 62° Asamblea General de la CEI, que se celebra esta semana en la localidad italiana de Asís, el Papa comenta sobre el Santo de Asís que “de la asistencia a la Santa Misa y de recibir con devoción la Sagrada Comunión deriva la vida evangélica de San Francisco y su vocación a recorrer el camino de Cristo Crucificado”.

En este contexto resalta que “la santidad de la Eucaristía exige que se celebre y se adore este misterio, conscientes de su grandeza, importancia y eficacia para la vida cristiana, pero también exige pureza, coherencia y santidad de vida por parte de cada uno de nosotros, para ser testigos vivos del único sacrificio de amor de Cristo”.

Refiriéndose al tema principal que están examinando, la traducción al italiano de la tercera edición típica del Misal Romano, Benedicto XVI señala que “cualquier verdadero reformador es un obediente de la fe: no se mueve de manera arbitraria, ni se permite ninguna discrecionalidad sobre el rito; no es el dueño, sino el guardián del tesoro instituido por el Señor y que se nos ha confiado. Toda la Iglesia está presente en cada liturgia: la adhesión a su forma es condición de autenticidad de lo que se celebra”.

Los progresos de la ciencia y de la técnica, continúa el Papa, “se han producido, a menudo, en detrimento de los fundamentos del cristianismo, en los que hunde sus raíces la historia fecunda del continente europeo: la esfera moral se ha confinado al ámbito subjetivo, y Dios, cuando no es negado, es excluido de la conciencia pública”.

El Papa Benedicto XVI afirma luego que “para cambiar de dirección, no es suficiente un vago llamamiento a los valores, ni una propuesta educativa que se conforme con intervenciones puramente funcionales y fragmentarias. Es necesaria más bien una relación personal de fidelidad entre sujetos activos, capaces de tomar decisiones y de poner en juego la propia libertad”.

“Por esta razón, es más oportuna que nunca vuestra decisión de recordar a todos los que se preocupan por la ciudad de los hombres y el bien de las generaciones futuras, su responsabilidad educativa. Esta alianza indispensable debe partir de una nueva proximidad a la familia, que reconozca y apoye su primacía educativa: dentro de ella se plasma el rostro de un pueblo”.

El Papa concluye exhortando a los obispos a “valorar la liturgia como fuente perenne de educación a la vida buena del Evangelio, que introduce en el encuentro con Jesucristo, que por medio de palabras y obras edifica constantemente la Iglesia, formándola en las profundidades de la escucha, de la fraternidad y de la misión”.

Benedicto XVI: la Iglesia, preocupada por la familia

Discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió hoy al nuevo embajador alemán ante la Santa Sede, Walter Jürgen Schmid, a quien recibió en audiencia con motivo de la presentación de sus Cartas Credenciales.

Señor Embajador,
aprovecho con agrado la ocasión de la solemne entrega de las Cartas Credenciales que le acreditan como embajador extraordinario y plenipotenciario de la República Federal de Alemania ante la Santa Sede, para darle la bienvenida y para expresar mis mejores deseos para su alta misión. Le agradezco de corazón por las amables palabras que me ha dirigido, también en nombre del señor Presidente Federal Christian Wulff y del Gobierno Federal. Extiendo de buen grado mi saludo de bendición al Jefe del Estado, a los miembros del Gobierno y a todos los ciudadanos de Alemania, con la esperanza de que las buenas relaciones entre la Santa Sede y la República Federal de Alemania perduren en el futuro y puedan desarrollarse ulteriormente.

Muchos cristianos en Alemania se vuelven, con gran atención, a las inminentes celebraciones de las beatificaciones de diversos sacerdotes mártires del tiempo del régimen nazi. Este domingo, 19 de septiembre, será beatificado Gerhard Hirschfelder en Münster. Durante el año próximo seguirán las ceremonias por Georg Häfner en Würzburg además de por Johannes Prassek, Hermann Lange y Eduard Müller en Lübe ck. Con los capellanes de Lübeck se conmemorará también al pastor evangélico Karl Friedrich Stellbrink. La comprobada amistad de los cuatro eclesiásticos es un testimonio impresionante del ecumenismo de la oración y del sufrimiento, florecido en varios lugares durante el oscuro periodo del terror nazi. Para nuestro camino ecuménico común podemos ver estos testimonios como indicaciones luminosas.

Contemplando estas figuras de mártires aparece cada vez más claro y ejemplar, cómo ciertos hombres, a partir de su convicción cristiana, están dispuestos a dar su propia vida por la fe, por el derecho a ejercer libremente su propio credo y libertad de palabra, por la paz y la dignidad humana. Hoy, por fortuna, vivimos en una sociedad libre y democrática. Al mismo tiempo, sin embargo, observamos cómo entre nuestros contemporáneos, no se da un fuerte apego a la religión, c omo en el caso de estos testigos de la fe. Uno se podría preguntar si hay hoy cristianos que, sin compromisos, se hagan garantes de su propia fe. Al contrario, muchos hombres muestran mayormente una inclinación hacia concepciones religiosas más permisivas también para sí mismos. En el lugar del Dios personal del cristianismo, que se revela en la Biblia, se trata de un ser supremo, misterioso e indeterminado, que tiene solo una vaga relación con la vida personal del ser humano.

Tales concepciones animan cada vez más la discusión dentro de la sociedad, sobre todo respecto al ámbito de la justicia y de la legislación. Pero si uno abandona la fe hacia un Dios personal, surge la alternativa de un “dios” que no conoce, no escucha y no habla. Y, más que nunca, no tiene una voluntad. Si Dios no tiene una voluntad propia, el bien y el mal al final ya no se distinguen; el bien y el mal ya no est&aacu te;n en contradicción entre sí, sino que están en una oposición en la que uno sería complementario del otro. El hombre pierde así su fuerza moral y espiritual, necesaria para un desarrollo completo de la persona. La actuación social es dominada cada vez más por el interés privado o por el cálculo del poder, a costa de la sociedad. Si en cambio Dios es una Persona – y el orden de la creación, como también la presencia de cristianos convencidos en la sociedad es un indicio de ello – se desprende que está legitimado un orden de valores. Hay señales, que pueden encontrarse también en los tiempos recientes, que dan fe del desarrollo de nuevas relaciones entre Estado y religión, también más allá de las grandes Iglesias cristianas hasta ahora determinantes. En esta situación los cristianos tienen por ello la tarea de seguir este desarrollo d e modo positivo y crítico además de afinar los sentidos para la importancia fundamental y permanente del cristianismo al poner las bases y formar las estructuras de nuestra cultura.

La Iglesia ve sin embargo con preocupación el creciente intento de eliminar el concepto cristiano de matrimonio y familia de la conciencia de la sociedad. El matrimonio se manifiesta como unión duradera de amor entre un hombre y una mujer, que se dirige también a la transmisión de la vida humana. Una condición suya es la disposición de los cónyuges de relacionarse uno con otro para siempre. Por esto es necesaria una cierta madurez de la persona y una actitud fundamental existencial y social: una “cultura de la persona” como dijo una vez mi predecesor Juan Pablo II. La existencia de esta cultura de la persona depende también de desarrollos sociales. Puede comprobarse que en una sociedad la cultura de la persona se abaje ; a menudo esto deriva paradójicamente del crecimiento del estándar de vida.

En la preparación y en el acompañamiento de los cónyuges es necesario crear las condiciones básicas para levantar y desarrollar esta cultura. Al mismo tiempo debemos ser consciente de que el éxito de los matrimonios depende de todos nosotros y de la cultura personal de cada ciudadano. En este sentido, la Iglesia no puede aprobar las iniciativas legislativas que impliquen una revaloración de modelos alternativos de la vida de pareja y de la familia. Estas contribuyen al debilitamiento de los principios del derecho natural y así a la relativización de toda la legislación y también a la confusión sobre los valores en la sociedad.

Es un principio de la fe cristiana, anclado en el derecho natural, que la persona humana sea protegida precisamente en la situación de debilidad. El ser humano siempre tiene pri oridad respecto a otros objetivos. Las nuevas posibilidades de la biotecnología y de la medicina nos ponen a menudo en situaciones difíciles que se parecen a un caminar sobre el filo de la navaja. Tenemos el deber de estudiar diligentemente hasta donde estos métodos pueden ser de ayuda para el hombre y dónde en cambio se trata de manipulación del hombre, de violación de su integridad y dignidad. No podemos rechazar estos avances, pero debemos ser muy vigilantes. Una vez que se empieza a distinguir – y esto sucede ya a menudo en el seno materno – entre vida digna e indigna de vivir, no estará a salvo ninguna otra fase de la vida, y aún menos la ancianidad y la enfermedad.

La construcción de una sociedad humana requiere la fidelidad a la verdad. En este contexto, últimamente, hacen reflexionar ciertos fenómenos que están operando en el ámbito de los medios de comunicaci&oacute ;n públicos: estando en una competencia cada vez más fuerte, los medios de comunicación se creen empujados a suscitar la máxima atención posible. Además, está el contraste que hace la noticia en general, aunque vaya contra la veracidad del relato. El tema se hace particularmente problemático cuando personajes autorizados toman públicamente postura al respecto, sin haber podido comprobar todos los aspectos de forma adecuada. Se acoge con favor el intento del Gobierno Federal de comprometerse en estos casos, en lo posible, de forma ponderada y pacificadora.
Señor Embajador, le acompañan mis mejores augurios para su trabajo y para los contactos que mantendrá con los representantes de la Curia Romana, con el Cuerpo Diplomático y también con los sacerdotes, religiosos y fieles laicos comprometidos en las actividades eclesiales que viven aquí en Roma. De corazón implo ro para usted, para su distinguida consorte, para sus colaboradores y colaboradoras en la Embajada la abundante bendición divina.

Europa: El derecho al matrimonio sólo se garantiza a “hombres y mujeres”, según el artículo 12.

En Europa, el “matrimonio” homosexual no es un derecho

Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos

El Centro Europeo para el Derecho y la Justicia (European Centre for Law and Justice, ECLJ) ha apoyado la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), según la cual, la Convención Europea de Derechos Humanos no prevé el matrimonio o el registro de uniones homosexuales.

Al analizar el caso “Schalk y Kopf contra Austria”, el Tribunal afirmó el 24 de junio que el gobierno austríaco no ha discriminado a una pareja homosexual al no permitirles contraer matrimonio.

Unánimemente la corte reiteró que el derecho al matrimonio sólo se garantiza a “hombres y mujeres”, según prevé el artículo 12 de la Convención.

El Tribunal recordó que entre los Estados miembros de Consejo de Europa “no se da todavía una mayoría de Estados que prevean el reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo”. Por este motivo, considera que los Estados se encuentran en una situación más adaptada para adoptar medidas legislativas.

Con esta decisión, la corte ha renunciado, si bien sólo por el momento, a imponer a los Estados nacionales el reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo.

Gregor Puppinck, director del Centro Europeo para el Derecho y la Justicia, interpreta esta decisión a la luz de la rebelión de doce Estados miembros contra la sentencia de ese Tribunal que prohibió la exposición del Crucifijo en las escuelas públicas.

“Los Estados no pueden ser obligados a aceptar nuevas obligaciones que no aparecen en la Convención y que, además, son contrarias a la misma Convención,” añade Puppinck.

El Papa a los jóvenes: No temáis ir contracorriente

“Estad orgullosos de que vuestro país defienda tanto la vida y la familia”

Encontrar a Jesús supone “una experiencia sobrecogedora de amor” que cambia la vida, afirmó el Papa Benedicto XVI esta tarde a los jóvenes de Malta y Gozo, con quienes celebró un encuentro en el puerto de La Valeta.

Ese amor expulsa el temor, afirmó el Papa. “Por eso os digo a todos: ¡No tengáis miedo!”. “¡No tengáis miedo de ser amigos íntimos de Cristo!”, exclamó en maltés.
“Ciertamente encontraréis oposición al mensaje del Evangelio”– prosiguió, constatando que “la cultura actual, como toda cultura, promueve ideas y valores que quizás sean contrarios con los vividos y predicados por nuestro Señor”.

“A menudo se presentan con un gran poder de persuasión, reforzado por los medios de comunicación y la presión social”.
“Por eso os digo: no tengáis miedo, sino alegraos de su amor por vosotros; fidaos de él, responded a su invitación a ser discípulos, encontrad alimento y ayuda espiritual en los sacramentos de la Iglesia”, dijo a los jóvenes.

La voz de los jóvenes

El Pontífice llegó por el mar en el catamarán “San Pablo”, acompañado por una delegación de jóvenes. La nave entró en el puerto escoltada por una flotilla de pequeñas embarcaciones típicas de las islas maltesas, mientras que una multitud desde el muelle agitaba banderas vaticanas.

Tras la lectura del pasaje evangélico del joven rico (Mc 10, 17-22), intervinieron siete jóvenes, que pidieron al Papa consejo sobre cómo vivir ante situaciones distintas pero igualmente difíciles por los desafíos que la sociedad plantea.

El primer joven subrayó que la Iglesia tiene el gran mérito de unir a una gran variedad de personas, y preguntó cómo hacer para continuar satisfaciendo el deseo de “buscar y descubrir la verdad”.

Después, un chico y una chica expresaron un malestar por situaciones distintas: la marginación juvenil, a causa del pasado desordenado o de la disgregación familiar, por el hecho de tener una identidad sexual distinta o de ser inmigrantes, y que se sienten al margen de la Iglesia y tratados como un “problema”, y el de los jóvenes comprom etidos en actividades religiosas, que perciben una exclusión de la sociedad precisamente por ello.

Posteriormente, se dirigieron al Papa dos novios, que preguntaron cómo ser fieles a la vocación conyugal en una sociedad en la que la familia “está sufriendo un cambio radical” y se le plantean dificultades en muchos campos.

Finalmente hablaron dos seminaristas, que recordaron cómo en este periodo los sacerdotes están siendo atacados por el escándalo de los abusos sexuales cometidos por algunos de ellos, lamentando que la admisión de las culpas parezca “no valer nada”.

La fuerza del amor

En su intervención, el Papa quiso recordar a los presentes la vida de san Pablo, del que este año se festeja el 1950° aniversario del naufragio en el archipiélago maltés.
“En una época, él era enemigo de la Iglesia e hizo de todo para destruirla – observó –. Mientras estaba de viaje hacia Damasco, con la intención de eliminar a cada cristiano que encontrara, se le apareció el Señor en visión”.

“Toda su vida se transformó. Se convirtió en un discípulo, hasta ser un gran apóstol y misionero”.
“Cada encuentro personal con Jesús es una experiencia sobrecogedora de amor”, declaró el Papa. “Dios nos ama a cada uno de nosotros con una profundidad y una intensidad que no podemos siquiera imaginar. Él nos conoce íntimamente, conoce cada una de nuestras capacidades y de nuestros errores”.
“Puesto que nos ama tanto, desea purificarnos de nuestros errores y fortalecer nuestras virtudes de manera que podamos tener vida en abundancia. Aunque nos llame la atención cuando hay algo en nuestra vida que le desagrada, no nos rechaza, sino que nos p ide cambiar y ser más perfectos”.

Por ello, exhortó, “a los que deseáis seguir a Cristo, como esposos, padres, sacerdotes, religiosos o fieles laicos que llevan el mensaje del Evangelio al mundo, os digo: No tengáis miedo”.

Defensa de la vida

Benedicto XVI recordó también que la de Malta es una sociedad “marcada por la fe y los valores cristianos”.
“Deberíais estar orgullosos de que vuestro País defienda tanto al niño por nacer como la estabilidad de la vida familiar para una sociedad sana”, dijo el Papa a los jóvenes. “En Malta y en Gozo, las familias saben valorar y cuidar de sus miembros ancianos y enfermos, y acogen a los hijos como un don de Dios”.
“Otras naciones pueden aprender de vuestro ejemplo cristiano. En el contexto de la sociedad europea, los valores evangélicos están llegando a se r de nuevo una contracultura, como ocurría en tiempos de san Pablo”, admitió.

Acoger la vocación

En el Año Sacerdotal, el obispo de Roma pidió a los jóvenes “estar abiertos a la posibilidad de que el Señor pueda llamar a algunos de vosotros a entregarse totalmente al servicio de su pueblo en el sacerdocio o en la vida consagrada”

“Reconoced la profunda alegría que proviene de dedicar la propia vida al anuncio del mensaje del amor de Dios por todos, sin excepción”, les invitó.
El Papa les instó a atender a los débiles y marginados, a los ancianos y a los niños, a los que “pasan por momentos de dificultad, por los que padecen depresión o ansiedad”, por los discapacitados y los inmigrantes.

“Esta es la noble vocación de amor y servicio que todos nosotros hemos recibido. Que esto os impulse a dedicar vuestra vida a seguir a Cristo”, concluyó.

Las consecuencias imprevistas de las uniones de lesbianas

En Estados Unidos, la disputa entre dos lesbianas en torno a la hija de una de ellas ha revelado una consecuencia inesperada de las uniones civiles: la posibilidad de que, tras la ruptura, la madre biológica pierda a sus hijos.

No debe establecerse una unión civil con alguien al que no quiera darse los derechos legales sobre los hijos

Lisa Miller y Janet Jenkins se conocieron en 1997. Poco tiempo después, Miller dejó su casa de Virginia y se fue a vivir con Jenkins. A finales de 2000 viajaron a Vermont, donde se acababan de legalizar las uniones civiles entre personas del mismo sexo, para establecer la suya. Compraron una casa y se instalaron en ese estado.

En 2002 Miller concibió por inseminación artificial y dio a luz a una niña, Isabella, que ahora tiene 7 años. Un año y medio después, Miller se separó de Jenkins, abandonó la práctica homosexual y entró a formar parte de un grupo evangélico.

Como en Virginia no eran legales las uniones civiles entre homosexuales, Miller consiguió sin problemas la custodia exclusiva de su hija. Pero entonces Jenkins recurrió a un tribunal de Vermont, amparándose en la ley de uniones civiles de ese estado.

El juez concedió generosos derechos de visita a Jenkins. A partir de ese momento, comenzó una batalla legal que ha involucrado ya a varios tribunales de ambos estados, a los medios de comunicación y a diversos grupos de presión.

Miller comenzó a poner trabas a las visitas de Jenkins, pues estaba convencida de que a su hija Isabella no le hacían ningún bien. De hecho, en 2007 denunció a su ex pareja por abusar de la niña. Pero los servicios de protección de menores de Virginia consideraron infundadas las acusaciones.

Durante los últimos meses, la tensión ha ido en aumento. El pasado 20 de noviembre, un tribunal de Vermont decidió dar la custodia exclusiva a Jenkins. La niña debía ser entregada el 1 de enero, pero Miller no apareció. Ahora está con su hija en paradero desconocido.

Piénsatelo dos veces

A estas alturas, el caso tiene difícil solución. Una cosa está clara: a la pequeña Isabella le ha tocado pagar los platos rotos. Los tribunales implicados dicen que quieren guiarse por el interés de la menor, pero lo cierto es que este criterio puede servir para defender tanto una cosa como la contraria.

Para Maggie Gallagher, presidenta de la National Organization for Marriage, este drama debería servir al menos para aprender una lección: “No establezcas una unión civil con alguien al que no quieras dar los derechos legales sobre tus hijos”, dice en declaraciones a Catholic News Agency

“Y no confíes demasiado en el criterio del ‘mejor interés del menor’. Porque si ese interés entra en conflicto con las normas de última moda, ten por seguro que a los tribunales no les importará qué es lo mejor para tu hijo”.

De hecho, en Estados Unidos fue muy polémica la sentencia que dictó el pasado 6 de octubre el Tribunal Supremo de Montana, en la que reconocía derechos parentales a una lesbiana sobre los hijos adoptados por su ex pareja.

Barbara Maniaci adoptó a un niño y a una niña mientras convivía con Michelle Kulstad. Las dos cuidaron de ellos hasta que se separaron en 2006. Tras la ruptura, Kulstad exigió seguir viendo a los niños, cosa a la que no estaba dispuesta Maniaci.

Kulstad pidió entonces ayuda a la American Civil Liberties Union (ACLU), la misma organización cuyos servicios jurídicos defienden también ahora a Janet Jenkins. Su principal argumento fue que se debían tener en cuenta los derechos de los niños y no sólo los de su ex pareja.

En 2008, un tribunal de Montana reconoció el derecho de visita a Kulstad. Pero Maniaci, que se casó con un hombre tras dejar la práctica homosexual, recurrió al Tribunal Supremo de ese estado alegando que quería educar a sus hijos en la forma en que ella y su marido veían correcta.

El Tribunal Supremo de Montana rechazó el recurso de Maniaci y ratificó el argumento del juez inferior, quien consideraba que Kulstad tenía derechos parentales sobre los niños por haber establecido con ellos una relación materno-filial. 

Cáritas con Haití

 

La red Cáritas en Haití ha puesto en marcha una respuesta de emergencia tras el terremoto ocurrido en Haití el 12 de enero. El seísmo de 7´3 grados en la escalas Richter sacudió la capital haitiana con 3 réplicas destruyendo cientos de edificios. La respuesta de la red Cáritas está siendo para dar apoyo a las víctimas de la catástrofe. Entre las acciones de emergencia se incluyen albergues temporales, distribución de alimentos y kits de higiene y apoyo espiritual. En una segunda fase se contempla la reconstrucción de infraestructuras.
 
 
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CAM                   2090-5513-04-0040370409

 

Y EN LAS CUENTAS DE LAS CÁRITAS DIOCESANAS

 

 

Para la mayoría de los españoles la Navidad es familia, según el CIS

La mayoría de los españoles considera que la Navidad es de carácter familiar, un 56,5 por ciento, según el CIS. Un 62,9 por ciento (81,2 por ciento en 2004) pasa la Nochebuena con parientes y el 53,6 por ciento son partidarios de dar los regalos el día de Reyes.

Belén Municipal Logroño

La mayoría de los españoles considera que la Navidad son de carácter familiar, un 56,5 por ciento, según el CIS Para el 76,4 por de los encuestados la Navidad les hace sentir de forma especial un acercamiento a la familia, sentimiento seguido por el 84 por ciento en la encuesta de 2004.Un 62,9 por ciento (81,2 por ciento en 2004) pasa la Nochebuena con parientes, en su propia casa el 57 por ciento (44,1 por ciento hace cinco años) y en la de amigos o familiares el 41,7 por ciento.El 53,6 por ciento son partidarios de dar los regalos en día de Reyes, (81,2 en 2004); un 14,4 sigue la tradición de ofrecer los regalos en Navidad, (antes el 59,9 por ciento) y en ambas fechas el 24,3 por ciento.En España en la mayoría de los hogares se prefiere decorar la casa con un árbol de Navidad, 25,2 por ciento (el 66,3 por ciento en 2004), mientras el Belén cuenta con un 16,4 por ciento de seguidores (63,1 en 2004) y un 22,7 por ciento opta por no poner nada. Para el  26,2 por ciento de los españoles la Navidad tiene un caracter comercial, mientras para un 11,2 por ciento tiene un sentido religioso.La mayoría de los españoles continúan con la tradición de comprar lotería extraordinaria de Navidad, y así, en 2009 un 77, por ciento de los encuestados han declarado que la compran, mientras en 2004 era el 82,7 por ciento de los españoles los que se hacían con los décimos navideños.La encuesta también refleja que 6 de cada 10 españoles está bastante satisfecho con su vida y que el 44,7 por ciento destaca su vida familiar como el aspecto que más satisfacción le produce.