MANIFIESTO POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

 

Manifiesto por la libertad de expresión

Ante la polémica desatada por el autobús de HazteOir.org que ha puesto sobre la mesa el debate sobre la libertad de expresión en España, la ciudadanía está sumamente preocupada por las continuas agresiones a las libertades públicas concretas. Por ello,

CONSIDERAMOS:

Hoy en España se afianzan, bajo la cobertura de una supuesta “diversidad”, formas cada vez menos sutiles de intolerancia y discriminación. Hoy en España, el lenguaje y el discurso público adoptan rígidos patrones de corrección política que expulsan del sistema a quienes osan utilizar las expresiones proscritas.

Hoy en España, con la excusa de la “no discriminación”, la ciencia y la razón se sustituyen por ideologías que alteran el significado de la realidad.

Hoy en España, la defensa de los derechos de las minorías se convierte en algunas ocasiones en pretexto para imponer políticas contrarias a los derechos fundamentales, como las libertades de pensamiento y de expresión.

Hoy en España, la libertad desaparece sepultada por los intereses de grupos no elegidos democráticamente que, convertidos en lobbies, terminan imponiendo sus dogmas particulares.

Hoy en España, la educación se convierte en instrumento de adoctrinamiento usurpando los derechos de los padres a educar a sus hijos en libertad de acuerdo con sus creencias y valores.

Hoy en España, los poderes públicos destinan recursos a la creación de instrumentos de control de las costumbres, la cultura y las tradiciones. Así sucede en Madrid y otras ciudades con cuerpos de policía como las “unidades de gestión de la diversidad” para reprimir a los disidentes.

Hoy en España existe una mayoría social que es silenciada o perseguida por ser contraria a lo políticamente correcto.

Ante esta situación EXIGIMOS a los poderes públicos:

Que respeten los derechos de todas las personas y no se inmiscuyan en su forma de pensar y actuar, ni en su vida privada, ni impongan ningún tipo de adoctrinamiento educativo.

Que no se impongan y prevalezcan los intereses de grupos minoritarios vulnerando los derechos y las libertades fundamentales de los ciudadanos.

Si nos callan, te callan. Firma nuestro manifiesto por la #LibertadExpresion http://www.LibertadDeExpresion.es
#ElBusQueNoMiente @hazteoir

https://go.citizengo.org/firmamanifiestolibertaddeexpresion.html

Mamá, papá y los niños — Iniciativa Ciudadana Europea para proteger el matrimonio y la familia

Mamá, papá y los niños — Iniciativa Ciudadana Europea para proteger el matrimonio y la familia

Objeto:

Una norma de aplicación horizontal que defina el significado de matrimonio y familia en el Derecho de la UE: el matrimonio es una unión entre un hombre y una mujer, y la base de la familia es el matrimonio y/o la descendencia.

 

Objetivos principales:

La creciente fragmentación de los conceptos de «familia» y «matrimonio» plantea un problema para la UE. La legislación de la UE hace referencia a ambos términos, pero su significado resulta cada vez más confuso, y existen definiciones divergentes en distintas Directivas de la UE. Esta iniciativa propone remediar esta situación mediante la adopción de una definición de ambos términos a escala de la UE que sea compatible con la legislación de todos los Estados miembros. En consonancia con el artículo 9 de la Carta de los Derechos Fundamentales, respeta plenamente las competencias de los Estados miembros para legislar en el ámbito del matrimonio y la familia.

APOYAR 

Dirección de la página web de la iniciativa ciudadana propuesta en el registro de la Comisión Europea:

http://ec.europa.eu/citizens-initiative/public/initiatives/ongoing/details/2015/000006/es

S.S. Papa Francisco: Catequesis – La Familia

Papa Francisco este miércoles al continuar su catequesis sobre la familia, donde advirtió que esto es síntoma de “una sociedad depresiva”.

“La alegría de los hijos hace palpitar los corazones de los padres y reabre el futuro. Los hijos son la alegría de la familia y de la sociedad. No son un problema de biología reproductiva, ni uno de tantos modos de realizarse. Y mucho menos son una posesión de los padres”, añadió.

A continuación el texto completo de la catequesis del Santo Padre gracias a Radio Vaticana:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Después de haber reflexionado sobre las figuras de la madre y del padre, en esta catequesis sobre la familia quisiera hablar del hijo, o mejor dicho, de los hijos. Me inspiro en una bella imagen de Isaías. El profeta escribe: «Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón». Es una espléndida imagen, una imagen de la felicidad que se realiza en el encuentro entre padres e hijos, que caminan juntos hacia un futuro de libertad y paz, después de mucho tiempo de privaciones y separaciones, como fue, en aquel tiempo, esa historia, cuando estaban lejos de su patria.

De hecho, hay una estrecha relación entre la esperanza de un pueblo y la armonía entre generaciones. Esto tenemos que pensarlo bien ¿eh? Hay un vínculo estrecho entre la esperanza de un pueblo y la armonía entre generaciones. La alegría de los hijos hace palpitar el corazón de los padres y vuelve a abrir el futuro. Los hijos son la alegría de la familia y de la sociedad. No son un problema de biología reproductiva, ni uno de los muchos modos de realizarse. Y mucho menos son una posesión de los padres… No, no. Los hijos son un don. Son un regalo: ¿entendido? Los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible; y al mismo tiempo, inconfundiblemente ligado a sus raíces.

Ser hijo e hija, de hecho, según el designio de Dios, significa llevar en sí la memoria y la esperanza de un amor que se ha realizado a sí mismo encendiendo la vida de otro ser humano, original y nuevo. Y para los padres cada hijo es sí mismo, es diferente, diverso. Permítanme un recuerdo de familia. Recuerdo que mi mamá decía sobre nosotros, éramos cinco: “Yo tengo cinco hijos”, “¿cuál es tu preferido?”, le preguntábamos. Y ella: “Yo tengo cinco hijos, como tengo cinco dedos. Si me golpean éste me hace mal; si me golpean éste me hace mal. Me hacen mal los cinco, ¡todos son míos! Pero todos diferentes como los dedos de una mano”. ¡Y así es la familia! La diferencia de los hijos, pero todos hijos.

Un hijo se ama porque es hijo: no porque sea bello, o porque sea así o asá, ¡no! ¡Porque es hijo! No porque piensa como yo, o encarna mis deseos. Un hijo es un hijo: una vida generada por nosotros, pero destinada a él, a su bien, para el bien de la familia, de la sociedad, de toda la humanidad.

De ahí viene también la profundidad de la experiencia humana del ser hijo e hija, que nos permite descubrir la dimensión más gratuita del amor, que nunca deja de sorprendernos. Es la belleza de ser amados antes: los hijos son amados antes de que lleguen.

Cuántas veces encuentro a las mamás aquí que me hacen ver la panza y me piden la bendición… porque son amados estos niños antes de venir al mundo. Y ésta es gratuidad, esto es amor; son amados antes, como el amor de Dios, que nos ama siempre antes. Son amados antes de haber hecho nada para merecerlo, antes de saber hablar o pensar, ¡incluso antes de venir al mundo! Ser hijos es la condición fundamental para conocer el amor de Dios, que es la fuente última de este auténtico milagro. En el alma de cada hijo, por más vulnerable que sea, Dios pone el sello de este amor, que está en la base de su dignidad personal, una dignidad que nada ni nadie podrá destruir.

Hoy en día parece más difícil para los hijos imaginar su futuro. Los padres – como mencioné en las catequesis anteriores – quizás han dado un paso atrás y los hijos se han vuelto más inciertos en el dar pasos hacia adelante. Podemos aprender la buena relación entre generaciones de nuestro Padre Celestial, que nos deja libres a cada uno de nosotros, pero nunca nos deja solos. Y si nos equivocamos, Él continúa siguiéndonos con paciencia sin disminuir su amor por nosotros. El Padre Celestial no da pasos hacia atrás en su amor por nosotros, ¡jamás! Va siempre hacia adelante y si no se puede ir adelante, nos espera, pero nunca va hacia atrás; quiere que sus hijos sean valientes y den pasos hacia adelante.

Los hijos, por su parte, no deben tener miedo del compromiso de construir un mundo nuevo: ¡es justo desear que sea mejor del que han recibido! Pero esto debe hacerse sin arrogancia, sin presunción. A los hijos hay que saber reconocerles su valor, y a los padres siempre se los debe honrar.

El cuarto mandamiento pide a los hijos – ¡y todos lo somos! – honra a tu padre y a tu madre. Este mandamiento viene inmediatamente después de los que tienen que ver con Dios mismo; después de los tres mandamientos que tienen que ver con Dios mismo, viene el cuarto. De hecho contiene algo de sagrado, algo de divino, algo que está en la raíz de cualquier otro tipo de respeto entre los hombres. Y en la formulación bíblica del cuarto mandamiento se añade: «Honra a tu padre y a tu madre para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da». El vínculo virtuoso entre generaciones es una garantía de futuro, y es garantía de una historia verdaderamente humana.

Una sociedad de hijos que no honran a sus padres es una sociedad sin honor; ¡cuando no se honran a los padres se pierde el propio honor! Es una sociedad destinada a llenarse de jóvenes áridos y ávidos. Pero también una sociedad avara de generaciones, que no ama rodearse de hijos, que los considera sobre todo una preocupación, un peso, un riesgo, es una sociedad deprimida. Pensemos en tantas sociedades que conocemos aquí en Europa: son sociedades deprimidas porque no quieren hijos, no tienen hijos, el nivel de nacimientos no llega al uno por ciento. ¿Por qué? Que cada uno piense y se responda. Si una familia generosa de hijos se ve como si fuera un peso, ¡hay algo mal!

La concepción de los hijos debe ser responsable, como enseña también la Encíclica Humanae Vitae del Beato Papa Pablo VI, pero el tener muchos hijos no puede ser visto automáticamente como una elección irresponsable. Es más, no tener hijos es una elección egoísta. La vida rejuvenece y cobra nuevas fuerzas multiplicándose: ¡se enriquece, no se empobrece! Los hijos aprenden a hacerse cargo de su familia, maduran compartiendo sus sacrificios, crecen en la apreciación de sus dones.

La experiencia alegre de la fraternidad anima el respeto y cuidado de los padres, a quienes debemos nuestra gratitud. Muchos de ustedes aquí presentes tienen hijos y todos somos hijos. Hagamos una cosa, un minutito, no nos extenderemos mucho. Que cada uno de nosotros piense en su corazón en sus hijos, si los tiene, piense en silencio. Y todos pensemos en nuestros padres y agradezcamos a Dios por el don de la vida. En silencio, quienes tienen hijos piensen en ellos, y todos pensemos en nuestros padres. Que el Señor bendiga a nuestros padres y bendiga a sus hijos.

Que Jesús, el Hijo eterno, hecho hijo en el tiempo, nos ayude a encontrar el camino de una nueva irradiación de esta experiencia humana tan simple y tan grande que es ser hijos. En el multiplicarse de las generaciones hay un misterio de enriquecimiento de la vida de todos, que proviene de Dios mismo. Debemos redescubrirlo, desafiando los prejuicios; y vivirlo, en la fe, en la perfecta alegría. Y les digo: ¡Qué hermoso es cuando paso entre ustedes y veo a los papás y a las mamás que alzan a sus hijos para que sean bendecidos! Es un gesto casi divino. ¡Gracias por hacerlo!

Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Mensaje del Papa para la Jornada que este año se celebra, en muchos países, el domingo 17 de mayo:

El tema de la familia está en el centro de una profunda reflexión eclesial y de un proceso sinodal que prevé dos sínodos, uno extraordinario –apenas celebrado– y otro ordinario, convocado para el próximo mes de octubre. En este contexto, he considerado oportuno que el tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales tuviera como punto de referencia la familia. En efecto, la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar. Volver a este momento originario nos puede ayudar, tanto a comunicar de modo más auténtico y humano, como a observar la familia desde un nuevo punto de vista.

Podemos dejarnos inspirar por el episodio evangélico de la visita de María a Isabel (cf. Lc 1,39-56). «En cuanto Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”» (vv. 41-42).

Este episodio nos muestra ante todo la comunicación como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo. En efecto, la primera respuesta al saludo de María la da el niño saltando gozosamente en el vientre de Isabel. Exultar por la alegría del encuentro es, en cierto sentido, el arquetipo y el símbolo de cualquier otra comunicación que aprendemos incluso antes de venir al mundo. El seno materno que nos acoge es la primera «escuela» de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mamá. Este encuentro entre dos seres a la vez tan íntimos, aunque todavía tan extraños uno de otro, es un encuentro lleno de promesas, es nuestra primera experiencia de comunicación. Y es una experiencia que nos acomuna a todos, porque todos nosotros hemos nacido de una madre.

Después de llegar al mundo, permanecemos en un «seno», que es la familia. Un seno hecho de personas diversas en relación; la familia es el «lugar donde se aprende a convivir en la diferencia» (Exort. ap. Evangelii gaudium, 66): diferencias de géneros y de generaciones, que comunican antes que nada porque se acogen mutuamente, porque entre ellos existe un vínculo. Y cuanto más amplio es el abanico de estas relaciones y más diversas son las edades, más rico es nuestro ambiente de vida. Es el vínculo el que fundamenta la palabra, que a su vez fortalece el vínculo. Nosotros no inventamos las palabras: las podemos usar porque las hemos recibido. En la familia se aprende a hablar la lengua materna, es decir, la lengua de nuestros antepasados (cf. 2 M 7,25.27). En la familia se percibe que otros nos han precedido, y nos han puesto en condiciones de existir y de poder, también nosotros, generar vida y hacer algo bueno y hermoso. Podemos dar porque hemos recibido, y este círculo virtuoso está en el corazón de la capacidad de la familia de comunicarse y de comunicar; y, más en general, es el paradigma de toda comunicación.

La experiencia del vínculo que nos «precede» hace que la familia sea también el contexto en el que se transmite esa forma fundamental de comunicación que es la oración. Cuando la mamá y el papá acuestan para dormir a sus niños recién nacidos, a menudo los confían a Dios para que vele por ellos; y cuando los niños son un poco más mayores, recitan junto a ellos oraciones simples, recordando con afecto a otras personas: a los abuelos y otros familiares, a los enfermos y los que sufren, a todos aquellos que más necesitan de la ayuda de Dios. Así, la mayor parte de nosotros ha aprendido en la familia la dimensión religiosa de la comunicación, que en el cristianismo está impregnada de amor, el amor de Dios que se nos da y que nosotros ofrecemos a los demás.

Lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras. Reducir las distancias, saliendo los unos al encuentro de los otros y acogiéndose, es motivo de gratitud y alegría: del saludo de María y del salto del niño brota la bendición de Isabel, a la que sigue el bellísimo canto del Magnificat, en el que María alaba el plan de amor de Dios sobre ella y su pueblo. De un «sí» pronunciado con fe, surgen consecuencias que van mucho más allá de nosotros mismos y se expanden por el mundo. «Visitar» comporta abrir las puertas, no encerrarse en uno mismo, salir, ir hacia el otro. También la familia está viva si respira abriéndose más allá de sí misma, y las familias que hacen esto pueden comunicar su mensaje de vida y de comunión, pueden dar consuelo y esperanza a las familias más heridas, y hacer crecer la Iglesia misma, que es familia de familias.

La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón. El perdón es una dinámica de comunicación: una comunicación que se desgasta, se rompe y que, mediante el arrepentimiento expresado y acogido, se puede reanudar y acrecentar. Un niño que aprende en la familia a escuchar a los demás, a hablar de modo respetuoso, expresando su propio punto de vista sin negar el de los demás, será un constructor de diálogo y reconciliación en la sociedad.

A propósito de límites y comunicación, tienen mucho que enseñarnos las familias con hijos afectados por una o más discapacidades. El déficit en el movimiento, los sentidos o el intelecto supone siempre una tentación de encerrarse; pero puede convertirse, gracias al amor de los padres, de los hermanos y de otras personas amigas, en un estímulo para abrirse, compartir, comunicar de modo inclusivo; y puede ayudar a la escuela, la parroquia, las asociaciones, a que sean más acogedoras con todos, a que no excluyan a nadie.

Además, en un mundo donde tan a menudo se maldice, se habla mal, se siembra cizaña, se contamina nuestro ambiente humano con las habladurías, la familia puede ser una escuela de comunicación como bendición. Y esto también allí donde parece que prevalece inevitablemente el odio y la violencia, cuando las familias están separadas entre ellas por muros de piedra o por los muros no menos impenetrables del prejuicio y del resentimiento, cuando parece que hay buenas razones para decir «ahora basta»; el único modo para romper la espiral del mal, para testimoniar que el bien es siempre posible, para educar a los hijos en la fraternidad, es en realidad bendecir en lugar de maldecir, visitar en vez de rechazar, acoger en lugar de combatir.

Hoy, los medios de comunicación más modernos, que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes, pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en la familia y entre familias. La pueden obstaculizar si se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier momento de silencio y de espera, olvidando que «el silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido» (Benedicto XVI, Mensaje para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 enero 2012). La pueden favorecer si ayudan a contar y compartir, a permanecer en contacto con quienes están lejos, a agradecer y a pedir perdón, a hacer posible una y otra vez el encuentro. Redescubriendo cotidianamente este centro vital que es el encuentro, este «inicio vivo», sabremos orientar nuestra relación con las tecnologías, en lugar de ser guiados por ellas. También en este campo, los padres son los primeros educadores. Pero no hay que dejarlos solos; la comunidad cristiana está llamada a ayudarles para vivir en el mundo de la comunicación según los criterios de la dignidad de la persona humana y del bien común.

El desafío que hoy se nos propone es, por tanto, volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información. Esta es la dirección hacia la que nos empujan los potentes y valiosos medios de la comunicación contemporánea. La información es importante pero no basta, porque a menudo simplifica, contrapone las diferencias y las visiones distintas, invitando a ponerse de una u otra parte, en lugar de favorecer una visión de conjunto.

La familia, en conclusión, no es un campo en el que se comunican opiniones, o un terreno en el que se combaten batallas ideológicas, sino un ambiente en el que se aprende a comunicar en la proximidad y un sujeto que comunica, una «comunidad comunicante». Una comunidad que sabe acompañar, festejar y fructificar. En este sentido, es posible restablecer una mirada capaz de reconocer que la familia sigue siendo un gran recurso, y no sólo un problema o una institución en crisis. Los medios de comunicación tienden en ocasiones a presentar la familia como si fuera un modelo abstracto que hay que defender o atacar, en lugar de una realidad concreta que se ha de vivir; o como si fuera una ideología de uno contra la de algún otro, en lugar del espacio donde todos aprendemos lo que significa comunicar en el amor recibido y entregado. Narrar significa más bien comprender que nuestras vidas están entrelazadas en una trama unitaria, que las voces son múltiples y que cada una es insustituible.

La familia más hermosa, protagonista y no problema, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos.

No luchamos para defender el pasado, sino que trabajamos con paciencia y confianza, en todos los ambientes en que vivimos cotidianamente, para construir el futuro.

Vaticano, 23 de enero de 2015
Vigilia de la fiesta de San Francisco de Sales.

 

Persecución a la Familia Cristiana

Papa Francisco: La familia cristiana, la familia, el matrimonio, nunca fue tan atacado como ahora. Atacado directamente o atacado de hecho. Puede ser que me equivoque. Los historiadores de la Iglesia sabrán decirnos, pero que la familia está golpeada, que a la familia se la golpea, y a la familia se la bastardea como bueno, si es una manera más de asociación, pero se puede llamar familia a todo, no.

Además, cuánta familia herida, cuánto matrimonio deshecho, cuánto relativismo en la concepción del sacramento del matrimonio. En su momento ya sea desde el punto de vista sociológico, que ve, desde el punto de vista de los valores humanos, como desde el punto de vista del sacramento católico, del sacramento cristiano, de una crisis de la familia. Crisis porque le pegan de todos lados y queda muy herida.

Entonces claro, no queda otra que hacer algo. Entonces tu pregunta, ¿qué podemos hacer?: Sí podemos hacer buenos discursos, declaraciones de principios, a veces hay que hacerlo, ¿no cierto?. Las ideas claras. Miren esto que ustedes están proponiendo no es matrimonio. Es una asociación. Pero no es matrimonio. O sea a veces hay que decir cosas muy claras. Y eso hay que decirlo. Pero la pastoral de ayuda solamente en este caso tiene que ser cuerpo a cuerpo. O sea acompañar. Y esto significa perder el tiempo. El gran maestro de perder el tiempo es Jesús, ¿no? Ha perdido el tiempo acompañando, para hacer madurar las conciencias, para curar heridas, para enseñar.

Acompañar ese hacer camino juntos.

Evidentemente que se ha devaluado el sacramento del matrimonio y del sacramento inconscientemente se fue pasando al rito. La reducción del sacramento al rito. Entonces se da que el sacramento bueno es un hecho social, sí con, religioso, no cierto, bautizados, pero lo fuerte es lo social. Cuántas veces yo he encontrado aquí, en la vida pastoral, ¿no? Gente que no, no, y ¿por qué no te casás? Están conviviendo ¿por qué no te casás? No, es que… hacer la fiesta, esto, no tenemos dinero. Entonces lo social cubre lo principal que es la unión con Dios no.En Buenos Aires me acuerdo que unos curas me dieron la idea de hacer el matrimonio a cualquier hora. Porque normalmente se hace un jueves, un viernes, el matrimonio civil, y el sábado el matrimonio sacramental. Y claro no podían hacer frente a los dos actos porque siempre hay algún festejo en el primero. Entonces estos curas muy pastores para ayudar a esto: “a la hora que quieran”. Terminaba la ceremonia civil, pasaban por la parroquia, matrimonio eclesiástico, o sea es un ejemplo de facilitar, facilitar la preparación. No se puede preparar novios al matrimonio con dos encuentros, con dos conferencias. Eso es un pecado de omisión de nosotros, los pastores y los laicos que realmente están interesados en salvar a la familia.

La preparación al matrimonio tiene que venir de muy lejos. Acompañar novios. Acompañar, pero siempre cuerpo a cuerpo y preparar. Saber qué es lo que van a hacer. Muchos no saben lo que hacen y se casan sin saber qué significa. Las condiciones. Qué prometen. Sí, sí, todo está bien pero no han tomado conciencia de que es para siempre. Y esto, ponele encima esta cultura de lo provisorio que estamos viviendo, no sólo en la familia, sino también entre los curas, no.

Me decía un obispo que se le presentó un muchacho excelente, y que quería ser cura pero no más por diez años y después volver… Es la cultura del provisorio. Es a tiempo. El “para siempre” es como que se olvida. Hay que recuperar muchas cosas en la familia herida de hoy día. Muchas cosas. Pero no escandalizarse de nada de lo que sucede en la familia. Los dramas familiares, destrucciones de familias, los chicos, no.

En el Sínodo un obispo se hizo esta pregunta: ¿somos conscientes nosotros los pastores de lo que sufre un chico cuando los papás se separan? Son las primeras víctimas. Entonces cómo acompañar a los chicos. Cómo ayudar a los padres que se separan a que no usen de rehenes a los chicos.

Cuántas psicologías pseudopatológicas de gente que destruye con la lengua a los demás vienen de haber sido educados del papá hablando mal de la mamá y de la mamá hablando mal del papá. Son cosas que hay que acercarse a cada familia, acompañar, o sea que tengan conciencia de lo que hacen y hay situaciones variadas hoy día. ¿No?

No se casan, se quedan en su casa. Tienen su novio o su novia pero no se casan. Una mamá me decía ¿Padre qué puedo hacer para que mi hijo que tiene 32 años se case? Bueno primero que tenga novia, señora. Sí, sí, tiene novia pero no se casa. Y bueno señora si tiene novia y no se casa, no le planche más las camisas, a ver si así se anima ¿no?

Es decir, cuántos hay que no se casan. Conviven totalmente o como yo he visto en mi misma familia, convivencias part-time. De lunes a jueves con mi novia y de viernes a domingo con mi familia. O sea, son nuevas formas totalmente destructivas, limitadoras de la grandeza del amor del matrimonio. ¿No?

Bueno y como eso vemos tanto, convivencias, separaciones, divorcios, por eso la clave que puede ayudar es “cuerpo a cuerpo” acompañando, no haciendo proselitismo, porque eso no resulta. Acompañarlos. Paciencia, paciencia. Y una palabra hoy, una actitud mañana, no sé. Les sugiero eso”.

“La familia cristiana es la esperanza para hoy”

Fiesta de las Familias 2012
Un año más, con motivo de la Navidad, Madrid celebrará la fiesta de la Sagrada Familia en la Plaza de Colón. Se ha convertido en una tradición en la que participan además muchas familias de diferentes países de Europa.

Este año, el lema elegido ha sido sacado de una frase de Benedicto XVI. Con él, “La familia cristiana es la esperanza para hoy “, se quiere transmitir un mensaje alegre y positivo sobre la familia, consecuencia de la fe en Dios y del plan divino sobre la institución familiar. En estos momentos difíciles que atraviesa la sociedad, la familia cristiana brilla con la luz de Dios, como auténtica esperanza ante la crisis actual.

La Fiesta se celebrará el domingo día 30 de diciembre. A las 12,00 horas habrá una conexión con Roma para escuchar el mensaje del Santo Padre, y a continuación dará comienzo la Eucaristía, presidida por el Cardenal Arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio Mª. Rouco Varela. La Santa Misa será concelebrada por los obispos de la Provincia Eclesiástica, y numerosos obispos españoles y de otros países.

Previamente, y como preparación a la Misa, Kiko Arguello, iniciador del Camino Neocatecumenal, proclamará el Kerigma a partir de las 10,30 horas. También hablará Mons. Vicenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo de la Familia en el Vaticano.

Fiesta de las Familias
Como es sabido, este año se celebra en todo el mundo el Año de la Fe, convocado por el Santo Padre Benedicto XVI. En este contexto, toda la comunidad diocesana se ha implicado en la celebración de este día. Y, por deseo del Cardenal de Madrid, la Misión Madrid se ha encargado de organizar importantes novedades que ayudarán a prepararse para vivir con más sentido católico esta Fiesta.

Los días previos a la Fiesta de la Sagrada Familia, el viernes día 28, el sábado 29 y el domingo 30 hasta el inicio de la Santa Misa en la Plaza de Colón, en los Jardines del Descubrimiento tendrán lugar unos actos de preparación para celebrar la gran fiesta de la familia.

Así, en los Jardines habrá un lugar en el que toda la familia -abuelos, hijos y nietos- podrá rezar unida ante el Santísimo Sacramento expuesto en la Custodia. El motivo es pedir a Dios por la institución familiar, por las familias que pasan dificultad, por las familias pobres, por los niños sin hogar, por las madres en apuros en su gestación y por tantas personas maltratadas. También se pedirá para que se respete el derecho a la vida incondicionalmente, y por las intenciones que cada familia lleve en su corazón.

Además, se instalarán unos confesionarios para que, quien lo desee, pueda recibir el Sacramento de la Reconciliación que tanto ayudó en la JMJ.

Junto a esto, se explicarán las actividades que la Iglesia diocesana realiza en Madrid en pro de las familias y personas afectadas por la crisis. Se ofrecerá la información necesaria sobre cómo se puede ayudar a esas personas a través de las instituciones de la Iglesia: colaborando como voluntarios, realizando una aportación económica, y de cualquiera de las maneras al alcance de cada uno.
Todo se desarrollará en un ambiente festivo y alegre. Vendrán los pajes de los Reyes Magos para recoger las cartas de las niñas y niños, así como los donativos de las personas mayores para entregárselos a Sus Majestades los Reyes, que los emplearán en favor de niños pobres y familias muy necesitadas.

Con estos actos se hará visible en Madrid la transcendencia de las familias cristianas y su carácter colaborador en la consecución del bien de toda la sociedad.

Visítanos y amplia información en: http://www.porlafamiliacristiana.es

Iglesia Católica no acepta leyes que admitan alternativas a familia natural, reitera Benedicto XVI

 

Al recibir ayer por la mañana las cartas credenciales del nuevo Embajador de Hungría ante la Santa Sede, Gábor Gyorivanyi, el Papa Benedicto XVI explicó la urgencia de defender y promover el matrimonio y la familia, y precisó que “la Iglesia no puede aprobar iniciativas legislativas que impliquen una valorización de modelos alternativos de la vida conyugal y familiar”.

En su discurso en alemán y tras recordar que “el matrimonio y la familia constituyen un fundamento decisivo para un sano desarrollo de la sociedad civil, los países y pueblos”, el Santo Padre advirtió que las leyes que promueven modelos alternativos de vida conyugal y familiar “contribuyen al debilitamiento de los principios del derecho natural y a la relativización del conjunto de la legislación y de la conciencia de los valores en la sociedad”.

El Papa recordó entonces que “Europa dejaría de ser Europa si esta célula básica de la construcción social (la familia natural) desapareciera o se transformase sustancialmente”.

Por ello y refiriéndose al proyecto de la nueva constitución húngara, Benedicto XVI auspició que se inspire “en valores cristianos, en modo particular por lo que concierne al lugar del matrimonio y de la familia en la sociedad y la protección de la vida”.

El Papa dijo luego que tras la reanudación de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República de Hungría en 1990, “se ha establecido una confianza nueva de cara al diálogo activo y constructivo con la Iglesia Católica”, y manifestó su esperanza en que “las profundas heridas de la visión materialista del hombre, que se adueñó de los corazones de la comunidad de los ciudadanos de su país durante casi 45 años, se sigan curando en un clima de paz, libertad y respeto de la dignidad humana”.

“La fe católica es, sin duda, parte de los pilares básicos de la historia húngara. Cuando, en el lejano año 1000, el joven príncipe húngaro Esteban recibió la corona real que le envió el Papa Silvestre II, con ella iba unido el mandato de otorgar a la fe en Jesucristo espacio y patria en esa tierra”, recordó el Santo Padre.

En la actualidad, continuó, “ciertamente no se espera por parte del Estado la imposición de una determinada religión: su misión es la de garantizar la libertad de profesar y practicar la fe. Sin embargo, la fe cristiana y la política se encuentran”.

Esto, advirtió, “no significa imponer reglas o modos de comportamiento a aquellos que no comparten la fe. Se trata, sencillamente, de contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y después puesto también en práctica”.

El Papa se refirió después al importante papel que ha desempeñado Hungría tras la caída de la Cortina de Hierro, a su incorporación hace seis años a la Unión Europea y a su inminente Presidencia en 2011 del Consejo de la Unión Europea.

“Hungría –dijo Benedicto XVI– está llamada de forma particular a ser mediadora entre Oriente y Occidente. Ya la Sacra Corona, herencia del rey Estaban, con su ligamen entre la corona greca circular y la corona latina, muestra cómo Oriente y Occidente deben apoyarse y enriquecerse mutuamente a partir del patrimonio espiritual y cultural y de la viva profesión de fe”.

Finalmente el Papa resaltó que la Iglesia Católica, “al igual que otras comunidades religiosas, tiene un papel que no es absolutamente insignificante en la sociedad húngara, con sus instituciones en el ámbito de la educación y la cultura, y la asistencia social, y de esa forma contribuye útilmente a la construcción moral del país”.

“Ojala –concluyó- la colaboración entre el Estado y la Iglesia Católica crezca en este ámbito también en futuro y aporte beneficios a todos”