Bono y el divorcio

Un artículo de Roberto Esteban Duque, sacerdote diocesano de Cuenca, párroco de Honrubia y doctor en Teología Moral

Muy a pesar suyo -o no-, el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, está muy lejos del cristianismo y de la Iglesia católica. Sus recientes declaraciones durante la procesión del Corpus Christi en Toledo, solicitando “vivir en una sociedad permisiva” y afirmando con entonación jocosa -como es habitual en él- que el que crea que el divorcio tiene relevancia moral alguna “no está en estos tiempos”, lo convierten en un católico separado de la Iglesia. Hacer apología del divorcio desde el Estado manifiesta un estilo de Gobierno totalitario, donde el campo del honor, la fidelidad y el amor, o el propio martirio, se antojan cosas bastante absurdas.

Bono intenta nivelar el hiato profundo que existe entre las convicciones de los hombres acerca de lo que debe ser una vida justa y buena con lo que de hecho la sociedad y él mismo practica, adaptando cualquier convicción al comportamiento estadístico real, a lo que “forma parte del paisaje”. ¿Cómo podría avergonzarse y no enaltecer Bono una ley que hace posible el divorcio en un tiempo mínimo después de contraer matrimonio, que no cultiva los fundamentos morales ni alienta las convicciones educativas desde las que la vida adquiere excelencia, si él mismo ha contribuido con su ejemplo a esa perversión moral?

Que sean aceptadas en una determinada época ciertas prácticas no significa que sean buenas ni beneficiosas para el hombre. Exhortar, como hace Bono, a la adaptación del espíritu de los tiempos no deja de ser algo avieso, convirtiéndose así el poder del Estado en un peligro para el matrimonio y la familia. Se cree Bono que él es el hombre normal, siendo el raro el hombre o la mujer casados, viviendo libremente en el amor y la fidelidad. Si el Estado estimula al divorcio con leyes frívolas y dañinas, con palabras y comportamientos provocadores, el camino no admite ya ninguna pendiente, y la pregunta que cualquier ciudadano debe hacerse es la siguiente: ¿cómo podemos organizar el Estado de modo que ni siquiera los malos gobernantes puedan causar unos males excesivamente graves en la sociedad?

Ni el hombre se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Los políticos y legisladores deberían saber que proponiendo o defendiendo leyes inicuas como las que destruyen la familia, o como el divorcio o el aborto, tienen una grave responsabilidad y existe la obligación de poner remedio al mal hecho si quieren volver a la comunión con el Señor. Destruir las formas de vida tradicionales sólo es fruto del relativismo, que ha roto las comunidades de tradición y memoria. Se precisa cada día más una cultura postmaterialista, que devuelva la confianza perdida en la vida política, una regeneración de la vida pública que respete un orden moral natural.

Cuando Mahoma hace su compromiso polígamo, estaba condicionado por una sociedad polígama. Tener cuatro esposas se conformaba a las circunstancias, pero nadie podría pensar que era algo enraizado en la naturaleza. La concepción de la unión conyugal de Mahoma se ajustaba a la sociedad de Arabia en el siglo VI. Sin embargo, Cristo, en su concepción del matrimonio, no se ajusta al contexto vital de Palestina en el siglo I. Su concepción del matrimonio se centra en el aspecto sacramental. Los judíos, romanos y griegos no creían la idea mística de que el hombre y la mujer se habían convertido en una sustancia sacramental. Por tanto, no se podrá afirmar que las palabras de Jesús de Nazaret se ajustasen a la época y no sean adecuadas para la época actual. Si el Imperio Romano se había convertido en el orbis terrarum, Cristo no hizo depender su doctrina moral de la existencia del Imperio Romano, ni sus palabras de las circunstancias de su tiempo: “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Lc 21,33). Cristo creyó en el sacramento del matrimonio a su manera, que es la manera de Dios Padre, y no a la manera contemporánea. No tomó sus argumentos contra el divorcio de la ley mosaica o de las costumbres de la gente de Palestina.

Cualquier persona que intervenga en política debe ser prudente, consciente de la tremenda responsabilidad intelectual que le incumbe y, sobre todo, de los daños que pueda acarrear. Debe pensar que no sabe nada y que su obligación es aprender, y no creer o fingir que se sabe cuando todo se ignora. Debe también ser capaz de criticarse a sí mismo (porque existe el pecado, y el bien y la verdad), y de mejorar las doctrinas del Estado y de la sociedad.

Dicho esto, Bono, que no siente ningún respeto hacia la fidelidad matrimonial ni hacia las leyes de la Iglesia católica, festejando la desaparición de los vínculos y deberes para hacer uso de las libertades y derechos, se celebra a sí mismo como un personaje snobista, que desea vivir en la jungla del “todo vale”, sin dogmas ni jerarquías, sin reglas para el espíritu, bajo pretextos de modernidad y progresismo.

No escuchen los “indignados” a Bono “por inteligencia”, como él desea, escúchenlo más bien como quien amenaza la tradición y el fervor, el arraigo y la continuidad, como quien contribuye a la agonía de los vínculos y las promesas irrevocables, haciendo vigente el juicio de Françoise Chauvin: “los hombres han deseado cambiar; pero en otro tiempo deseaban ese cambio para acercarse a lo que no cambia, al paso que hoy quieren cambiar para adaptarse a lo que de continuo cambia”.

Roberto Esteban Duque

Ecclesia

Una oportunidad para salvar matrimonios llama a la puerta

Parejas retrasan su divorcio ante la crisis económica.

Cualesquiera que sean los problemas que la recesión ha creado, ésta también ha creado una gran oportunidad, para cada uno de nosotros individualmente y para las parroquias y las organizaciones católicas, para ayudar a salvar matrimonios.
Como en la Gran Depresión de los años 30, cuando cayeron las tasas de divorcio, la evidencia preliminar parece mostrar que se está dando la misma tendencia en nuestra actual crisis económica.
En el último mes, la agencia France Press informó que las tasas de divorcio en España han caído un 12,5% y el número de separaciones se ha reducido un 25%.
En los Estados Unidos, las informaciones indican un descenso similar.

Recientes noticias de Washington, D.C., Phoenix (Arizona), y Reno (Nevada) sugieren una tendencia nacional de las personas a posponer el divorcio porque se encuentran incapaces de “ir solos”.
Steve King, un abogado matrimonialista de Reno (Nevada) explicó a su periódico local, el Gazette Journal: “Algunas personas se ven en una situación de pérdida sin nada que ganar con el divorcio excepto volver a ser soltero (···). A menudo, no pueden permitirse dos viviendas separadas o pagar un alquiler, y esto para las parejas en los que los dos todavía trabajan”.
Con estas sombras, aunque desde una perspectiva práctica una ganancia prominente, debemos aprovechar la oportunidad para ayudar a los que han “retrasado” su divorcio a evitarlo totalmente.
Para los católicos, es una oportunidad única de reiterar la importancia del matrimonio a mucha gente que quizás antes no era receptiva a este mensaje.
Y a las personas que de repente consideran la posibilidad de arreglar sus matrimonios, la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio les ofrece esperanza.
Como Benedicto XVI afirmó el mes pasado, “la firme convicción de la Iglesia es que la verdadera solución a los problemas que las parejas casadas afrontan actualmente y que debilitan su unión es una vuelta a la solidez de la familia cristiana, un lugar de confianza mutua, de don recíproco, de respeto por la libertad y de educación para la vida social”.

Mensaje fuerte
La enseñanza de la Iglesia tiene un fuerte mensaje teológico -y práctico- para los que permanecen juntos.
Considere esto: Un estud io del 2002 realizado por el Institute for American Values reveló que las dos terceras partes de los cónyuges de matrimonios infelices que permanecieron casados afirmó que sus matrimonios eran felices cinco años después; además, los matrimonios más infelices afirmaron que lo más dramático había dado un giro”.
También en términos económicos, el divorcio tiene terribles consecuencias, sea cual sea el momento en que se produzca. Estudios sobre las consecuencias financieras del divorcio en mujeres y niños han constatado que la ex-mujer y los hijos experimentan un descenso de entre un 30 y un 73% de su nivel de vida tras el divorcio.
Y la religión ha desempeñado una función crucial en las tendencias del divorcio.
Según la experta en divorcio Barbara Dafoe Whitehead, las tasas de divorcio han crecido por una tendencia de muchas religiones a ver el matrimonio como una competencia de la psicología, en lugar de una de la teología.
“Las principales denominaciones religiosas dejaron los procesos a la psicoterapia -dijo-. Los terapeutas se convirtieron en maestros y establecieron las normas en los matrimonios y, después, en la disolución de los mismos”.
El resultado fue asombroso. Los sacerdotes y otros tradicionales consejeros matrimoniales cedieron su función a los terapeutas, destaca Whitehead. Y añade: “A diferencia de los que inicialmente proporcionaban consejos matrimoniales, que ofrecían sus servicios como parte de su vocación, los terapeutas vendieron sus servicios en el mercado.
“Además, (···), sus practicantes eran muy sensibles a los incentivos del mercado, incluido el creciente y lucrativo mercado de americanos cuyos matrimonios estaban en peligro -explica-. Los temo res sobre la explotación comercial del divorcio desaparecieron al crecer su potencial comercial”.
Pero si el dinero no llega para un divorcio, puede ser también que la gente busque asesoramiento en lugares menos caros, lugares que, en la mayor parte del siglo XX incluían la familia, los amigos y el clero, señala la experta.
Nuestra función como católicos no podría ser más importante
Hablando el mes pasado a los obispos brasileños reunidos en Roma para su visita “ad limina”, Benedicto XVI pidió a los sacerdotes “acompañar a las familias para garantizar que no se dejen seducir por estilos de vida relativistas promovidos por el cine, la televisión y otros medios de comunicación”.

La tarea
También habló de la importancia del testimonio de familias católicas, afirmando: “Confío en el testimonio de familias que encuentran las fuerzas para superar las pruebas en el sacramento del matrimonio (···). Sobre familias como esas, debe ser reconstruido el tejido social”.
En un momento en el que el problema económico nos está dando una mayor oportunidad de ayudar a salvar matrimonios, cada uno de nosotros tiene mucho por hacer.

Para los sacerdotes, esto significa dedicar tiempo a aprender y a aconsejar a matrimonios sobre los peligros del divorcio y la esperanza que llega con la superación de los problemas en el matrimonio.

Para las parejas casadas que afrontan problemas, significa trabajar como pareja, apoyados por la Iglesia, para superar sus problemas juntos.
Para los casados cuyos matrimonios son felices, significa predicar con el ejemplo y mostrar el amor que es posible y puede ser realizado en el matrimonio, y compartir los medios con los que ellos han superado dificultades en el pasado.

Finalmente, para cada uno de nosotros, significa escuchar a aquellos amigos nuestros que puedan vivir dificultades en sus matrimonios y dirigirlos a los recursos que les ayuden a salvar su matrimonio, teniendo en cuenta que, teológicamente y prácticamente, el divorcio y la separación siempre tienen consecuencias trágicas.
Por nuestro ejemplo, nuestro consejo y nuestra cercanía a los que están considerando un divorcio -especialmente ahora-, no debemos perder la oportunidad de ayudar a construir la civilización del amor, al mismo tiempo que una familia y un matrimonio.

Toma tomate.

“graves daños morales” a Aznar y Botella

Condenan a Telecinco a pagar 240.000 euros al matrimonio Aznar por hablar de su separación matrimonial

La juez María Elena Garde García, titular del Juzgado de Primera Instancia número 2 de Pozuelo de Alarcón, ha condenado a la cadena Telecinco a pagar un total de 240.000 euros al ex presidente José María Aznar y a su mujer Ana Botella por anunciar su separación matrimonial el pasado mes de noviembre en el programa ‘Aquí hay tomate’.

La juez declara que Aznar y Botella “han sufrido intromisiones ilegítimas en sus derechos fundamentales al honor y a la intimidad personal y familiar”

A raíz de esos comentarios, el matrimonio Aznar-Botella emitió un comunicado en el que desmentía su separación y calificaba de “falsas” esas “ignominias” que se habían conocido en algunos medios de comunicación. Ya entonces anunciaban que emprenderían acciones legales contra todos aquellos que habían vertido esas “calumnias”.

La juez declara que Aznar y Botella “han sufrido intromisiones ilegítimas en sus derechos fundamentales al honor y a la intimidad personal y familiar” por la divulgación que el programa ‘Aquí hay tomate’ hizo los días 22 y 23 de la noticia relativa a su separación matrimonial “por culpa de una relación extramatrimonial”. Como consecuencia de ello, agrega, se han ocasionado “graves daños morales” a Aznar y Botella que deben ser indemnizados por el demandado.

Por eso, condena a Telecinco a divulgar en el programa ‘Aquí hay tomate’ o el que le sustituya en la franja horaria, en dos días consecutivos, el  fallo de esta sentencia una vez adquiera firmeza. Igualmente, condena a la cadena de televisión a abonar a la cantidad de 120.000 euros a cada uno.

Por su parte, la cadena de TV, ha recurrido la sentencia ante la  Audiencia Provincial de Madrid.