Crónica: I CONGRESO DE EDUCADORES CATÓLICOS EN VALENCIA “El papel de la mujer en la educación del Siglo XXI”

I CONGRESO DE EDUCADORES CATÓLICOS EN VALENCIA
“El papel de la mujer en la educación del Siglo XXI”

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Eucaristía. Con exquisita puntualidad a las 9:30 dio comienzo la Misa inaugural del congreso que fue presidida por el Cardenal D. Antonio Cañizares y concelebrada entre otros del obispo auxiliar D. Esteban Escudero.

El Congreso congregó también en Valencia a padres, profesores, maestros, catequistas, estudiantes de magisterio, sacerdotes, pedagogos, monitores de tiempo libre… que abarrotaron el salón de actos, pretende “aportar criterios educativos que les ayuden en la preciosa tarea de la educación de niños y jóvenes” puesto que “los padres tienen el derecho primario, original e inalienable de la educación de sus hijos y para ello necesitan apoyarse en instituciones educativas que, de manera subsidiaria, les acompañen en ese proceso”.

El congreso que fue inaugurado por el cardenal Arzobispo de Valencia D. Antonio Cañizares tuvo por título “El papel de la mujer en la educación del Siglo XXI” se celebró en una de las sedes de la Universidad Católica de Valencia. Ignacio Sánchez Cámara, rector de la Universidad, la doctora en filosofía, Blanca Castilla de Cortázar y el crítico de cine Jerónimo José Martín, formaron parte del extraordinario elenco de ponentes que intervinieron en el Congreso.

Inauguración. . La mesa inaugural estuvo compuesta por el propio D. Antonio, por D. Ignacio Sánchez Cámara rector de la Universidad Católica como anfitrión, D. Juan Carlos Corvera, presidente nacional de la Fundación Educatio Servanda y por D. Isaac Oliver, vicepresidente y responsable de Educatio Servanda en la Comunidad Valenciana.

En su intervención el cardenal Cañizares aseguró que “el papel de la mujer es insoslayable y fundamental; es clave en estos momentos, y siempre. El hombre necesita de la educación de la mujer; de la mujer como mujer; de la educación de la madre como madre; de la educación de las maestras como maestras. Mujeres: sed verdaderamente mujeres; sed lo que sois, lo que Dios os ha hecho”.

D. Isaac Oliver, como responsable de la Fundación en Valencia, dio la bienvenida a los participantes que abarrotaban el salón de actos donde fue preciso instalar sillas adicionales para acomodar a todos los asistentes a “esta puesta de largo de nuestra institución en Valencia, donde deseamos poder contribuir  al lado de nuestro Arzobispo y del resto de instituciones católicas en el acompañamiento de las familias en su preciosa y apremiante tarea educativa”.

D. Juan Carlos Corvera denunció en su intervención inaugural la ideología de género, “última vuelta de tuerca de la convergencia entre varón y mujer, se puede elegir ser hombre o mujer con independencia del sexo con el que nacemos… Este es el umbral de la total desestructuración de la persona, que en su locura de ser su propio Dios,  se hace la ilusión de que puede elegir su género, pasando por encima de su naturaleza biológica”.

La magistral ponencia del rector de la Universidad Católica, anfitriona del acto, inauguró el ciclo de ponencias.
D. Ignacio Sánchez Cámara dio la bienvenida a la Fundación a Valencia y también a la universidad católica, manifestando la sintonía existente entre la joven institución y la Universidad Católica. Inmediatamente después el rector impartió una magistral conferencia para hablar de “Educación, mujer y posthumanismo”
En ella subrayó que “sin duda, uno de los avances del siglo XX ha sido la incorporación de la mujer al mundo laboral, de la política y los derechos. Pero ese proceso, que es bueno, ha ido acompañado de otro de deshumanización del hombre y, por tanto, de la mujer, que es pernicioso”.
De la filosofía en la primera ponencia a la vida pública y familiar de la mujer en la siguiente.
Tras la pausa de la mañana la ponencia “al alimón” entre la profesora de Filosofía del derecho de la Universidad de Valencia, Ana Paz Garibo yRuth Abril, directora de la Unida de Igualdad de la Universidad Cardenal Herrera-CEU, en su ponencia titulada “del postfeminismo de género a la corresponsabilidad familiar”, apostaron por que unas y otros participen tanto de la vida familia como de la vida social con su especificidad de varón y de mujer. Al conductor del congreso, el Doctor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia  Vicente Bellver no le pasó desapercibido el hecho de que profesores de la universidad pública y del CEU estuviesen exponiendo juntos en la sede de la Universidad Católica, agradeciendo a los organizadores su capacidad de integración de las tres universidades valencianas.
Risas en el auditorio en la ponencia más práctica entre los docentes y padres de familia.

Más tarde el matrimonio formado por Carlos Goñi y Pilar Guembe, especialistas en psicología evolutiva, descendieron al terreno de lo concreto en su conferencia “Educar entre dos” divirtiendo al auditorio con anécdotas y vivencias de su dilatada experiencia en la necesidad de la educación conjunta de varón y mujer.

A pesar de la hora, después de la comida, y de la luz ténue, fué imposible no saltar de la silla con el entusiasmo y vitalidad de su ponencia
Después del cocktail en el claustro de la universidad el crítico de cineJerónimo José Martín hizo las delicias de los asistentes con escenas cortas de muchas películas contemporáneas para ilustrar con ellas cómo los grandes del cine están recuperando en sus creaciones las principales preguntas sobre el hombre y entre ellas sobre la complementariedad entre hombre y mujer, maternidad y paternidad, etc.
Para terminar una ponencia que fue a la raíz antropológica más profunda. 

La doctora en Filosofía Blanca Castilla de Cortázar terminó la serie de ponencias con una exposición magistral sobre el genio femenino. La profesora del Instituto Juan Pablo II para la familia hizo un recorrido antropológico sobre el hombre en general, para terminar poniendo de manifiesto que “ser mujer y varón es una modalización de ser persona” utilizando preciosas comparaciones en la distinta forma de darse a los demás del hombre y la mujer. “El varón se entrega saliendo de sí mismo, dejando en la mujer su don, mientras que la mujer se entrega acogiendo en ella misma al otro, cuidando el don precioso de la vida en interior, custodiándolo, dándole todo lo necesario para su cuidado”.

En la Clausura, un resumen del hilo conductor del congreso y la presencia nuevamente del Arobispo de Valencia. 

Vicente Bellver, director del Departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia que condujo de manera magistral el congreso, resumió las intervenciones hilándolas en unas conclusiones lúcidas y certeras de todo lo que dio de sí este I Congreso de Educatio Servanda en Valencia.

En la clausura, de nuevo el cardenal Arzobispo D. Antonio Cañizares, agradeció a los organizadores su esfuerzo y de nuevo incidió en resaltar la encíclica de san Juan Pablo II Mulieris dignitatem, puesto que “es la gran respuesta a esta insidiosa ideología de género”, que ha animado a combatir “a través de la educación”, dado que “o la destruimos o nos destruirá ella a través de todos los medios poderosísimos que tiene en sus manos”. “Una ideología que mata al hombre de manera incruenta, pero lo destruye. Por eso la respuesta es familia y educación, mujer y educación”, ha concluido.

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Las confesiones de un obispo en Nigeria

Monseñor Emmanuel Adetoyese Badejo, obispo auxiliar de Oyo, en Nigeria, ordenado sacerdote en 1986 y obispo en 2007,es autor de varios libros, documentales musicales y de vídeos.

Sé que muchos sacerdotes que conozco recordarían fáci lmente una experiencia o acontecimiento por el que Dios les llamó al sacerdocio. Yo no pertenezco a esta élite. Lo digo con honestidad.
Al contrario que Moisés, Samuel y Pablo, cómo fui llamado fue una experiencia multidimensional pero simple que exige revelar información “clasificada” sobre mi familia. Sin embargo, creo que la ocasión del Año de los Sacerdotes y de los actuales desafíos de la Iglesia ante el relativismo exige un poco de desclasificación de nuestras experiencias religiosas para beneficio de otros.
Crecí en una familia de siete hijos, cuatro chicos y tres chicas. A la edad de 4 años, comprendí que mi familia era tridimensional. Para mis padres y mis dos hermanos mayores, la vida era el hogar, el trabajo y la Iglesia. Así de simple. Para el resto de nosotros era un poco distinto: hogar, escuela e Iglesia. Esta existencia trípode caracterizó mi juventud, de manera que sólo importaban los acontecimientos conectados con estas tres esferas de la vida. Además, descubrí que de las tres, la Iglesia tenía la presencia más dominante puesto que asomaba mucho en los otros dos aspectos. La escuela y la familia sólo eran otras iglesias. Crecí sintiendo que los misioneros sacerdotes y monjas me parecían formar parte de nuestro hogar cuando iban y venían, día y noche, a voluntad. Ellos parecían ser los únicos fuera de nosotros, los siete hijos, para los que no había ningún secreto en nuestro hogar de una sola estancia. Siempre ayudaron a mi familia en tiempos de necesidad, y fueron muchas veces. Su presencia me habló de que la Iglesia una compañera de la vida. Cuando los misioneros nos dejaron, los sacerdotes y religiosas indígenas simplemente ocuparon su lugar.
La oración fue otra de las guías para el descubrimiento de mi vocación. Mis padres hacían que la oración de la mañana, la oración antes de las comidas y antes de ir a dormir fueran imperativas en la familia. Y también había una lectura regular de la Biblia. En ocasiones, especialmente por las tardes cuando el aburrimiento podía causar alguna grieta moral en la familia, mi padre nos implicaba en una oración de alabanza en su forma prístina. Todos nosotros, excepto mi madre, éramos miembros del coro de la iglesia. La única razón por la que mi madre no participaba en el coro era para no dar la impresión de que el coro de la iglesia estaba personalizado en su familia.
De todas formas, por las tardes, mi padre abriría el libro de himnos familiar y nos haría cantar. Al cantar se unía el golpear de bancos, sillas y otros objetos que podíamos encontrar en nuestro humilde hogar para marcar el ritmo y el paso. Esta actividad atraía a una pequeña audiencia incluso de familias musulmanas que vivían cerca que se unían en el canto o simplemente escuchaban un rato. Mi padre aprovechaba al máximo las ventajas de este bien entrenado coro. No sólo nos hacía cantar de forma regular en el coro de la iglesia y en casa, nos llevaba a rezar y a cantar para los enfermos y los postrados en las camas del hospital local, especialmente en Navidad y en Pascua. Aunque todos los miembros de mi familia eran buenos cantores, mi hermana menor y yo casi siempre cantábamos los principales solos. Esto me dio un sentido especial de misión y vocación.
En la escuela, la vida no era muy diferente. La oración era un parte central de la vida escolar como si estuviéramos en la iglesia. En la escuela primaria fui elegido para los pa peles principales cuando había que cantar o actuar, fuera en la escuela o para el público. Puesto que la mayor parte de estas actividades trataban temas religiosos o morales, simplemente me vi a mí mismo llamado a llevar a cabo una especial función religiosa. Una experiencia que guardé conmigo de mis días de la escuela primaria fue la presentación de una obra en particular ante la parroquia. En aquella obra, yo actuaba de heredero de una familia pagana que se había convertido al catolicismo y quería ser sacerdote. Muchos meses después de la representación de la obra, la mayoría de la gente me llamaba Reverendo Padre. Esto me causó una profunda impresión a aquella tierna edad. El reconocimiento va a mis profesores que me animaron a actuar en aquel papel y a disfrutar de la admiración santurrona que siguió. En el seminario menor, la cosa siguió. Pasé de ser el líder más joven de las bandas musicales de la escuela a ser el maestro del coro del seminario, hechos que reforzaron mi convicción de que tenía una misión especial.
Mi padre nos hablaba constantemente del deseo de su padre – que fue un rey (mi abuelo era el líder real, el rey, de mi pueblo en Ijebu Ode, Nigeria, de donde soy) – de tener un sacerdote en su familia y mi madre nos aseguraba constantemente la presencia de nuestros fuertes ángeles guardianes. Aunque nunca señalaron a ninguno de nosotros para la carrera sacerdotal, nos enviaban a Misa cada día y nos dejaban claro de que para ellos serían un gozo tener un sacerdote en la familia. Aunque éramos pobres, demostraban ampliamente su sinceridad con actos de cortesía y generosidad hacia sacerdotes y religiosas que venían a nuestra localidad y a nuestro hogar. No es necesario decir que esto me ayudó a pensar que sería bueno convertirme en sacerdote.
Mis hermanos, por su parte, se habían acostumbrado tanto a la presencia de sacerdotes y religiosas en la familia que hicieron muy fácil mi decisión de ser sacerdote. Como monaguillo, volvía a casa e imitaba al sacerdote diciendo misa. Me miraban más con reverencia que con burla, dándome la impresión de que estaba haciendo algo valioso. Sólo mi hermano más mayor expresó cierta reserva sobre que me hiciera sacerdote. Ya era, en el momento en que entré en el seminario mayor, un artista reconocido. Pensaba que a mi otro hermano, con el que había entrado en el seminario mayor, le iría más el sacerdocio mientras que yo podría unirme a su propio negocio. No obstante, él nos apoyó a ambos una vez que nos marchamos al seminario. Mi hermano seminarista dejó después el seminario y se casó.
Estos aspectos de mi vida me dejaron bastante claro que Dios tenía una misión especial para mí. Al crecer, no tenía dudas de que sí alguna vez iba a hacer algo importante en la vida sería dentro del contexto de esta Iglesia cariñosa y ubicua.

Pequeña Crónica del BUS-DAV, en Valencia.

 

Derecho a Vivir - Valencia

 

Todo comenzó a las 7:30 h., con una mañana soleada. Todo era incertidumbre. El día anterior nos tenían que haber dado el permiso para circular por Valencia, pero no llegó. La Delegación de Gobierno tampoco había mandado los “permisos”, porque en definitiva son permisos, para la concentración en la Plaza del Ayuntamiento. Para colmo el Ayuntamiento pedía los permisos de la Delegación del Gobierno. En fin todo estaba en el aire, no como a mí me gustan las cosas, preparadas y bien hechas.

Llamadas arriba y viajes abajo, llegan los faxes y recogemos permisos para que pueda entrar el autobús a Valencia, y a las 10:00 h. de la mañana, con los preciados papeles en mano, saludo a un flamante autobús rojo que despunta por la calle que enfrenta a mi parroquia, punto de encuentro.

Tras unas breves palabras con Javi, nuestro chófer, emprendemos nuestra tournée por la ciudad.
Recorremos la zona norte de la ciudad. Desde allí nos dirigimos a la zona de facultades de Tarongers, donde no podemos realizar ninguna parada, ya que es condición del escrito que nos autoriza a circular.

La gente se gira para mirar el autobús, empieza la marcha. Seguimos durante toda la mañana circulando por Hospitales, La Fe, Hospital General Provincial, El clínico, 9 de Octubre, colegios, etc., y decidimos que tenemos que parar a tomar algo, no habíamos desayunado, y eran las 12:00 h. ¿Dónde parar? Tendremos que hacerlo fuera de Valencia.

Bueno necesitamos un suelo privado para parar, nos ofrecen una gasolinera para hacer esa parada, y tomar un café, y necesidades …

En diez minutos estamos en marcha para empezar a circular por el centro, ya que es mejor hora, esta todo el ajetreo diario. Calle Colón, Játiva, Guillen de Castro, y como no, las Grandes Vías. Paramos a comer utilizando la gasolinera que nos presta su preciado suelo privado.

En cuanto acabamos de comer cargamos un equipo de megafonía y mesa para recoger firmas, y preparamos el material (que como dice Pablo, merchandasin).

Nos dirigimos al centro pasando por todos los colegios de alrededor, aprovechando la salida de los estudiantes. A las 18:14 h. entramos a la plaza del Ayuntamiento, con todo preparado para bajar el material en plan los hombre de Harrelson, yo con un miedo en el cuerpo para que no nos llamen la atención por si tardamos en descargar el material. El autobús está obligado a circular sin parar y a lo mejor nos dice algo la policía que está en la puerta del Ayuntamiento.

Veo que ya hay gente en la Plaza, mejor que mejor pienso yo, tardaremos menos en descargar el autobús, pero cuando bajo para empezar la tarea de bajar trastos, el municipal nos indica donde tiene que aparcar.

Sin mediar palabra aparcamos, descargamos y disfrutamos de la tarde que teníamos por delante. Repartimos el material, pusimos música, recogimos firmas, leímos el manifiesto, nos llamaron de alcaldía para disculpar a Doña Rita Barberá, que se encontraba de viaje y no podía asistir a l acto al que previamente le invitamos. En fin una tarde para disfrutar con el autobús de fondo.

Se notó que era un día laborable, y que la gente joven está de exámenes, pero en fin, daremos gracias por la visita del autobús, aún siendo laborable, toda una suerte.

Tuvo lugar una anécdota que nos chocó. Estábamos tranquilamente repartiendo material y recogiendo firmas cuando de repente pasó un colegio de críos de excursión con sus profesores. Como era de esperar, se abalanzaron sobre nosotros pidiendo palas de playa, corazones, globos, pelotas, en fin, todo lo que teníamos. Nosotros, encantados, se lo dimos.

Seguimos a la nuestra cuando a los pocos minutos empiezan a llegar otra vez los niños pero esta vez no a tropel, si no escalonadamente, y devolviendo el material que les habíamos dado. Con sorpresa, uno de los voluntarios les pregunta a los críos, huy que no lo queréis, y suelta el crio:

“Sí, sí lo queremos, pero los profesores nos han dicho que devolvamos todo porque no están de acuerdo con esto.”

El chiquillo no sabía qué hacer, si devolverlo o escondérselo. Les dijimos que obedecieran a los profesores y que no pasaba nada.

Podéis imaginaros cómo nos quedamos. Si no lo veo con mis propios ojos no me lo creo, después de tan grata experiencia, al descubrir cuán imparcial es la educación que imparten algunos profesores que pregonan a los cuatro vientos la libertad.

El autobús aún tuvo tiempo de pasearse un poco por la ciudad. Córcholis, ¿dónde duerme el autobús? No puede en la ciudad. La bendita gasolinera nos proporcionó refugio y vigilancia gratuita durante la noche.

Al día siguiente, por la mañana, salimos directamente a la plaza de Toros de la calle Játiva, a las 11:00 h. con mesa puesta, y música a toda pastilla, haciéndonos oír.

Comenzamos a recoger firmas y nos damos cuenta que no tenemos que salir a buscarlas, hacen cola para firmar. Impresionante. Hoy me doy cuenta la falta que hace que esto pare y que gran parte de esta sociedad adormecida, está con nosotros.

Esto nos da fuerza y subimos el volumen de los altavoces, parecemos una discoteca, todo de categoría. Nos tenemos que ir a comer, no, no, que esto va bien, a la porra la comida.

No comemos y seguimos recogiendo firmas. Los voluntarios vienen y se van relevándose, ché, como si estuviera organizado.

Por la tarde llegan más jóvenes, muchos jóvenes, empiezan a recorrer todos los alrededores, hasta que a dos los echan de la estación de Renfe. Con su celo por recoger firmas habían entrado y les habían pedido autorización para estar allí. Salen por piernas. Hemos tenido extranjeros, dos ingleses, que no sabían español, como voluntarios recogiendo firmas, y abuelitas.

En fin estuvimos hasta las 20:30 h. desde las 11:00 h. de la mañana. De allí salimos pitando a dejar trastos y a recoger todo el material que teníamos guardado para reabastecer el autobús en mi parroquia.

Cargamos el autobús en un tiempo récord y nos echamos el ultimo cigarro Javi y yo. Nos damos un abrazo y le recuerdo dónde tiene un amigo. Intercambiamos correos, y marcha hacia Alicante.

Alicante, cuida a Javi.

Resultado, aún por computar, pero más o menos 1500 firmas solo el primer día.

Esta es la crónica resumida de lo acontecido en Valencia, pero lo más importante es lo que he descubierto hoy. En la vida me han llamado las cosas que me han llamado hoy. He sido insultado, me han mandado a sitios muy raros, nos han llamado cosas más raras, no voy a escribirlas aquí porque ya las sabéis.

Y esta situación es la que me animaba a seguir. No soy masoquista, pero le daba sentido a lo que estábamos haciendo, veía a los jóvenes recoger firmas, y lo que nos llamaban, y nos animaba más.

Y es que perder la vida de esta forma ha detener su recompensa, porque los jóvenes daban una alegría que no es normal en esta sociedad. Que te insulten por lo que estás haciendo y sigas. Esto es de locos. ¡Benditos locos! Gracias a todos, en especial a esta bendita juventud.

Derecho a Vivir - Valencia