No he venido a sembrar paz, sino división

En su comentario matinal de este día, el sacerdote y colaborador de la cadena COPE, Julio Rodrigo Peral, hace referencia al mensaje de Cristo como signo de contradicción desde la acogida.

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a la tierra a sembrar paz sino espada” (Mt. 10, 34).

 Sorprenden las palabras de Cristo que hoy leemos en el evangelio de este día, Cristo anuncia que no ha venido a traer paz, sino división. ¿No se anunció el nacimiento de Jesús con un mensaje de paz? ¿No llama Él bienaventurados a los que trabajan por la paz? ¿No es su mensaje de amor una fuente de paz universal? ¿Cómo dice, por tanto, que Él traerá división? ¿Cuál es el sentido de estas palabras?

 El sentido se encuentra en la propia experiencia de Jesús. Él sabe que su palabra no siempre es acogida, que muchos la rechazan, se rebelan ante la posibilidad de convertir sus vidas a la luz del evangelio. La fuerza del mal y del pecado es poderosa y no se resiste a ceder ante Jesucristo. Por eso surge la división, hasta en el seno de la propia familia. Apostar por el Señor puede suponer rechazo y persecución por parte de muchos, incluso por parte de los más cercanos. Cuántos ejemplos podríamos poner, la advertencia no es literatura, es pura realidad en la vida de la Iglesia y de muchos cristianos. Les cuento dos historias que he conocido de primera mano.

 La primera se trata de un joven seminarista italiano. Al acabar sus estudios medios y la preparación para la universidad decidió ingresar en el seminario para ser sacerdote. La decisión cayó como una bomba en su casa. Los padres le amenazaron con no ayudarle, y olvidarse de él si consumaba su proyecto de vida consagrada a Dios. Este joven vivió momentos amargos,  pero se decidió por su vocación sacerdotal. El resultado fue que sus padres no le hablaban, no podía acudir a su casa, ni por teléfono el padre quería hablar con él. Imaginen el dolor que sufrió este muchacho, muchas veces tuve que consolarle, pero no era fácil, el dolor era grande y todo por ser fiel a Jesús.

 La segunda se trata de una joven abogada. Comenzó a trabajar en un despacho de abogados. Ella quería comportarse moralmente en su profesión, pero veía que muy a menudo la obligaban a mentir para ganar los juicios de los clientes del despacho, ella se resistía a estas prácticas. El resultado fue que la echaron  del trabajo. Uno de los jefes comentó: Es muy rara, quiere decir la verdad siempre, debe pertenecer a una secta. La secta a la que pertenecía es la Iglesia. Lo único que ella pretendía es ser coherente con la verdad evangélica. La consecuencia fue el rechazo.

  Nada más amigos, sean fieles al Señor, merece la pena, aunque haya que soportar algún rechazo. Nuestra conciencia estará en gran paz y Dios nos premiará por ello. De todo corazón les deseo buenos días.