Cuarenta mil jóvenes neocatecumenales con Kiko Argüello en Nápoles

Trescientos respondieron a la llamada vocacional para evangelizar en China

Por Salvatore Cernuzio

“Yo vengo a reunir a todas las naciones”, entonaba Kiko Argüello en el canto elegido para abrir el gran encuentro con los jóvenes del Camino Neocatecumenal que tuvo lugar en Nápoles, Italia, el domingo 20 de mayo.

Y justo esto es lo que sucedió en la plaza del Plebiscito: la histórica plaza en el corazón de Nápoles vio a cerca de cuarenta mil chicos y chicas procedentes no sólo de Italia sino también de Francia, Luxemburgo, Alemania, Bélgica, Suiza, Malta, Albania y Yugoslavia, reunirse para escuchar una palabra de Dios y obtener discernimiento sobre su vocación.

El objetivo fue evidentemente logrado, vistas las “alzadas” al término del encuentro: 200 chicos para el presbiterado y cerca de 120 chicas –algunas jovencísimas- para la nueva evangelización en China. Un centenar de jóvenes dió su disponibilidad a rezar diariamente el rosario ante el Santísimo por las missio ad gentes que el Camino desde hace años promueve en las zonas secularizadas de Europa.

En concreto, se entregaron cerca de 60 rosarios a grupos de jóvenes de Campania a quienes se confiaron las missio ad gentes de Niza, Marsella y Lausana; mientras que las misiones de Lyon, Albi y Tolón fueron confiadas a otras regiones de Italia.

La invasión pacífica de los jóvenes neocatecumenales empezó desde la mañana, caracterizada por ese entusiasmo que es ya un rasgo distintivo de todos los pertenecientes a esta realidad de fe y que ni siquiera una ligera e insistente llovizna logró detener.

Cantos y danzas resonaron en las calles napolitanas para luego aquietarse y transformarse en largos aplausos en torno a las 15,30, con la llegada de los iniciadores del Camino, Kiko Argüello y Carmen Hernández, junto al cardenal de Nápoles Crescenzo Sepe, y el padre Mario Pezzi.

Un “encuentro lleno de luz y de fuerza del Espíritu Santo para nosotros y Nápoles”, dijo Kiko en su monición ambiental, antes de acoger a la Virgen del Carmen, transportada a la tribuna por los seminaristas y presbíteros, mientras el canto “Una gran señal” –leit motiv de la JMJ de Madrid– despertaba el ánimo de los jóvenes de la plaza.

Tras dar gracias a la Virgen porque “ha inspirado este Camino y está ayudando a todos”, Kiko comentó una Palabra de la segunda Carta de San Pablo a los Corintios (5,14), invitando a los presentes a acogerla porque ella “tiene el poder de exorcizarnos y cambiar la vida de muchos”. Es el anuncio del Kerygma, la buena noticia de Cristo Resucitado, que Kiko no deja nunca, en sus encuentros, de remarcar con fuerza. “Todos los hombres han nacido con la muerte dentro –afirmó–, es el pecado original entrado en el mundo por envidia del demonio. Por esto se tiene miedo de la muerte, se escapa de ella, convirtiéndose así en esclavos del demonio”.

¿Cómo se supera este miedo?, se preguntó. “¡Venciendo a la muerte! Cristo ya lo ha hecho con la resurrección que es suya y nuestra”, respondió empuñando el crucifijo sobre la tribuna. “Murió para que el hombre no viva ya para sí mismo” y esta, añadió, “es la verdad según la cual todos hoy estamos llamados a vivir”.

La invitación es, por tanto, “a ser como la Madre de Cristo hoy”, a creer en este plan de salvación diciendo nuestro “sí” a Dios, sin tener miedo porque “no estamos solos”. Por ello, concluyó Kiko, “no temáis dar vuestra vida a Cristo, nada nos puede impedir amarlo, incluso los sufrimientos ayudan a estar unidos a El”.

Una fuerte palabra de ánimo, en tal sentido, llegó también del cardenal Sepe, que exhortó a decir el propio sí al Señor e ir a todo el mundo para predicar el Evangelio: “Dios se pone en camino para encontrar el hombre –dijo–. Vosotros del Camino, por tanto, proseguid el camino de Cristo”. “No debéis temer, El os ha elegido y os manda a anunciar la salvación. Id, por tanto, y haceros misioneros de la verdadera vida en este mundo que desprecia a Dios, predica violencia, asesinatos, y no tiene miedo de matar a inocentes de 16 años”, casi gritó el purpurado, refiriéndose a los últimos trágicos sucesos de Brindisi.

Todo concluyó con las llamadas vocacionales para “hacerse obreros de la nueva evangelización” en el Este del mundo, en especial en China y Vietnam. Un río de más de trescientos jóvenes dió su propia respuesta al Señor y, corriendo hacia la tribuna, cada uno recibió la bendición de los obispos y presbíteros presentes.

Al término del encuentro, ZENIT abordó a algunos de estos chicos pidiéndoles que nos cuenten libremente su propia experiencia. El primero es Simón, de 23 años, de Roma, ya en su tercera “alzada”, que a la pregunta sobre qué le ha impulsado a reconfirmar esta llamada, responde: “La gratitud hacia Dios por todo lo que siempre ha hecho. Siento que mi vida no tiene sentido sin El y que todo el resto no me satisface, por tanto quiero de verdad entregarle todo y doy gracias de estar en una realidad como la del Camino Neocatecumenal que me ha iluminado en esta elección”.

Le hace eco Mattia, de Umbria, que dice: “Quiero lanzarme a esta ‘aventura’ maravillosa que Dios quiere llevarme a tener, como ha dicho Kiko. Humanamente, tengo un poco de miedo de tener que dejar casa, familia, etc, pero me ayudan mucho los testimonios de otros hermanos que han abandonado sus seguridades y han recibido el céntuplo. Estoy seguro de que Dios no quiere fastidiarme, sino que quiere solo mi felicidad”.

Nos ofrece su testimonio, por último, Stefano, de 19 años, del Lazio, en su primer encuentro vocacional: “He entrado hace poquísimo tiempo en el Camino Neocatecumenal –dice- pero ya me ha permitido vivir experiencias extraordinarias, como justo la jornada de hoy”.

“El espíritu de Kiko –añade- que tiene más de 70 años tiene la fuerza y el entusiasmo de un muchachito, su catequesis, la comunión que se ha creado enseguida con las otras personas, las llamadas vocacionales, la serenidad que transparenta en modo claro la cara de todos, me han hecho comprender que Dios está verdaderamente en medio de nosotros y que sólo en la Iglesia puedo encontrar la vía para ser feliz”.

Zenit

John Tong Hong obispo de Hong Kong

Ascendido al cardenalato durante el consistorio del 18 de febrero de 2012 con 72 años, monseñor Jonh Tong Hong es el obispo de Hong Kong desde el 15 de abril del 2009, fecha de la jubilación de su predecesor, el cardenal Joseph Zen Ze-Kin.

Usted es obispo y cardenal, pero si miramos su biografía, vemos que sus padres no provienen de familias cristianas. Ninguno de sus abuelos fué bautizado

–Cardenal Tong: Así es, mi madre fué la primera que tuvo la oportunidad de entrar en contacto con la fe católica. Siendo niña, fué a una escuela de religiosas canosianas donde habia muchas italianas. Hasta encontró al nuncio en China, mientras visitaba su escuela las hermanas le habían escogido para entregarle un ramo de flores al representante del papa y estaba muy orgullosa. Había comenzado a estudiar el catecismo pero no recibió el bautismo en seguida por que no había habido nunca católicos en su familia. Pidió ser bautizada después de la II Guerra Mundial cuando yo tenía 6 años.

Los años de su infancia debieron ser terribles

–Cardenal Tong: Cuando los japoneses invadieron Hong Kong fuimos a Macao. Allí fuí confiado a mi abuela paterna que vivía en un pueblo de Guangdong. Al final de la guerra, pude reencontrarme con mis padres en Canton. Eran años de la guerra civil. Los comunistas y los nacionalistas se enfrentaban principalmente en el norte del país, mientras que los refugiados y los heridos afluían a las provincias del sur. Los misioneros americanos presentes en Canton acogían con bondad a todos aquellos que estaban necesitados sin preocuparse a que campo pertenecian. Mi madre y yo ayudábamos a los supervivientes y a los refugiados.
El testimonio de mi párroco, el padre Bernard Meyer y de sus hermanos misioneros de Maryknoll me hizo pensar que algún día yo también podría ser sacerdote.

Usted estudió en Roma precisamente durante los años años del Concilio Vaticano II

–Cardenal Tong: El Concilio me ayudó mucho a ensanchar y hacer más profunda mi comprensión de las cosas y de la Iglesia. Fuí ordenado sacerdote unas semanas más tarde del final del Concilio. Nuestra promoción de diáconos en la Universidad Pontificia Urbaniana, fué escogida para recibir la ordenación presbiterial de manos del papa Pablo VI en la fiesta de la Epifanía de 1966.

Casi medio siglo después, en el último Consistorio, usted tuvo una intervención ante el Sacro Colegio para explicar la situación de la Iglesia católica en China. ¿Qué dijo a sus colegas cardenales?

–Cardenal Tong: Para describir la situación en China, utilicé tres palabras. La primera es wonderful, sorprendente. Es sorprendente comprobar que estas últimas décadas, la Iglesia china no dejó de crecer, al mismo tiempo que es objeto de muchas presiones y restricciones. Es un hecho objetivo apoyado por las cifras. Los católicos en China eran alrededor de tres millones en 1949; hoy son doce millones. En 1980 después de la reapertura querida por Deng Xiaoping, había 1.300 sacerdotes, ahora son alrededor de 3.500, hay también alrededor de 5.000 religiosos de los cuales dos tercios pertenecen a las comunidades “oficiales” registradas en el gobierno. Hay 1.400 seminaristas, unos mil estudian en los seminarios financiados por el gobierno. Los seminarios “oficiales” son diez en total, mientras que hay seis seminarios “clandestinos”. Desde 1980, 3.000 nuevos sacerdotes han sido ordenados y 4.500 jóvenes religiosas pronun ciaronsus votos. El 90% de los sacerdotes tiene entre 25 y 50 años.

¿Por tanto, todo bien?

–Cardenal Tong: La segunda palabra para describir la situación en la Iglesia de China fue “difícil”. Y el desafío mas difícil al cuál se enfrenta la Iglesia en China es el control impuesto sobre la vida eclesial por el gobierno a través de la Asociación patriótica de los católicos chinos. Cité la carta de un obispo muy respetado en China continental que me escribía: “En todo el país socialista el gobierno intenta dividir a los cristianos apoyándose en algunos para crear una organización aparte de la Iglesia con el fin de controlar a esta última”. La Asociación patriótica es un ejemplo de este modus operandi. En la carta que el papa dirigió a los católicos chinos en junio del 2007, está escrito que estos organismos no son compatibles con la doctrina católica. Esto todavía se vió en el momento de las ordenaciones sacerdotales ilegítimasimpuestas a la Iglesia en el 2010 y 2011.

Pero, ¿por qué la superpotencia china siente todavía la necesidad de controlar tan estrechamente la vida de la Iglesia?

–Cardenal Tong: Según los análisis hechos por Leo Goodstadt –conocido estudioso de Hong Kong y exconsejero del último gobernador británico de Hong Kong, Chris Patten–, se debe a diferentes razones. Los regímenes comunistas temen que la religión compita con su influencia en el espíritu, las ideas e incluso la acción de las personas. Se dan cuenta de que las religiones son un elemento fundamental en la vida de las personas que no van a desaparecer del horizonte de las sociedades humanas y que al contrario el número de sus fieles va aumentando. Tienen miedo de esta evolución. Después de un acontecimiento como el del 11 de septiembre su temor se acrecentó, porque se dieron cuenta de que las ideas religiosas podían también conducir a la guerra. En fin, los nuevos dirigentes que se preparan para asumir el gobierno de China en 2012, deben demostrar que son comunistas.

¿Cómo es posible que el gobierno de una nación tan potente como China tenga miedode las interferencias políticas del Vaticano?

–Cardenal Tong: Vivimos en sociedad y nuestra vida tiene necesariamente una dimensión política y depende de eso estrechamente. Pero desde luego la Iglesia no es una organización política. Realmente no es nuestro problema o nuestro fin cambiar el sistema político. Por otro lado en nuestra situación esto sería imposible.

Volvamos al discurso que dió ante el Consistorio. ¿Cuál era su tercer término?

–Cardenal Tong: La tercera palabra para describir las condiciones de la vida de la Iglesia en China es, “posible”. Para comprender las razones de esta elección leí un pasaje de la carta del obispo que ya he mencionado. Este obispo decía que estaba sereno, apacible y confiado en el presente, en particular porque él consideraba los problemas actuales teniendo en el espíritu los tormentos vividos en los años de persecución entre 1951 y 1979. Él mismo en aquellas duras pruebas pasadas, pudo experimentar que todo estaba en las manos de Dios. Y Dios puede disponer las cosas de modo que incluso las dificultades puedan al final concurrir al bien de la Iglesia. Así podemos comprobar que no es el control del gobierno lo que puede apagar la fe. Al contrario, esto hasta puede tener como efecto el acrecentar la unidad y la vitalidad de la Iglesia. Sin duda la solución a nuestras dificultades puede no llegar mañana, pero sabemos qu eestá cerca.

Hay quien dice que al afrontar los problemas hay que elegir entre dos vías alternativas: o la vía del diálogo o de la defensa de los principios, ¿piensa que las dos cosas son incompatibles?

–Cardenal Tong: En cuanto a mí, prefiero el camino de la moderación, es preferible ser paciente y abierto al diálogo con todos, incluso con los comunistas. Estoy convencido que en ausencia de diálogo no es posible encontrar una solución. Pero mientras dialogamos con todos, deberemos al mismo tiempo mantener firmes nuestros principios sin sacrificarlos. Esto significa que un nuevo obispo puede aceptar la consagración episcopal solo si existe el consenso del papa. A esto no podemos renunciar. Forma parte de nuestro credo, en el cuál confesamos a la Iglesia como una, santa católica y apostólica. Pero también en la defensa de la vida, los derechos inviolables de la persona humana la indisolubilidad del matrimonio, etc. No podemos renunciar a las verdades de la fe y de la moral tal como son descritas en el Catecismo de la Iglesia católica.

A veces se tiene la impresión de que algunos ambientes católicos de Hong Kong tengan la tarea de medir el grado de catolicidad de la Iglesia de China. ¿Es esta la misión de la Iglesia de Hong Kong?

–Cardenal Tong: La fe no viene de nosotros, viene siempre de Jesús y no somos ni los controladores ni los jueces de la fe de nuestros hermanos. Nosotros somos simplemente una diócesis hermana respecto a las diócesis del continente. Así si lo desean, podemos compartir con ellos nuestra experiencia y nuestra acción personal. Y si se encuentran en situaciones difíciles mientras nosotros gozamos de una mayor libertad, deseamos solamente proporcionarles nuestro apoyo. Orar para que todos guarden la fe cualquiera que sea la intensidad de las presiones que deben sufrir.

En algunos comentarios, una amplia área eclesial en China es siempre descrita como si estuviera al margen de la fidelidad a la Iglesia. Al mismo tiempo la gran devoción de los fieles chinos es reconocida. ¿Cómo se concilian las dos cosas?

–Cardenal Tong: No me parece apropiado hablar de China que es inmensa como de un todo. No me convencen afirmaciones como “la fe es fuerte en China”, ni las que enfatizan lo contrario. Todo depende de las personas. Hay tantos testigos fieles de la fe que ofrecen su vida y también sus sufrimientos a Jesús y también estan aquellos que, llevados por las preocupaciones del mundo sacrifican sus principios. Estos son pocos. Por ejemplo, los sacerdotes que han aceptado recibir la ordenación episcopal sin el acuerdo del papa. Esto no está bien y no tenemos que dudar en decirlo.

Justo sobre los jóvenes obispos se concentra la atención de muchos. Según algunos, serían frágiles y habría algunos oportunistas entre ellos. ¿Qué hay que hacer? ¿Aislarlos? ¿Condenarlos? ¿Justificarlos siempre y de todos modos?

–Cardenal Tong: No, sobre todo nada de aislarlos. Primeramente es necesario orar por ellos. Lo mismo por aquellos que cometen errores manifiestos. Si alguno puede aproximarse y ser su amigo, deben exhortarles a reconocer lo que no es justo en sus decisiones. Lo mismo que deben animarles a escribir a las autoridades eclesiásticas para explicar cómo ha ocurrido todo esto y si es posible pedir perdón. Es una forma de la corrección fraterna.

¿Las divisiones entre estos dos grupos católicos los llamados “oficiales” y los “clandestinos” , tienen como único factor desencadenante las presiones y sumisiones impuestas por el gobierno?

–Cardenal Tong: Desgraciadamente no. Hay también muchas otras razones y factores.

Incluso en China, vemos que internet que atacan a los católicos sobre cuestiones de moral o de doctrina, acusándolos de haber traicionado la fe de la Iglesia por cobardía o por oportunismo aceptando lo que pide el régimen. ¿Qué piensa usted?

–Cardenal Tong: Pienso que la corrección fraterna a la cuál hacía referencia antes, debe ejercerse con el diálogo y no a través de los ataques que se les hace por internet.

Las dificultades vividas por la Iglesia en China afectan al vínculo con el Obispo de Roma. ¿Cree usted que al final puede haber el peligro de que este vínculo sea sentido con menos intensidad por los fieles y el clero?

–Cardenal Tong: En China sigo constatando una gran devoción por el papa. Aman al santo padre, esto es seguro. Están bajo presión en este punto. Se les impide tener relaciones normales con el sucesor de Pedro. Por esta razón el amor es todavía mas fuerte. Diría que es casi natural.

¿Es verdad eminencia que estuvo presente en la ordenación episcopal de monseñor Aloysius Jin Luxian, que tuvo lugar hace 27 años?

–Cardenal Tong: Sí, estuve presente. Fué en 1985 yo era aún sacerdote de la diócesis de Hong Kong y desde 1980 dirigía el Centro de Estudios del Espíritu Santo. Jin Luxian me pidió estar presente. Deseaba que le apoyara. Me dijo que había estado en prisión, que deseaba conservar su fe y su pertenencia a la Santa Sede y que enviaba cartas a Roma para manifestar su sumisión a la Sede Apostólica y a la Primatura de Pedro. Me dijo actuar en conciencia y que le parecía que la única solución era aceptar esta consagración episcopal. A la vista de las circunstancias le parecía necesario sostener a la diócesis de Shanghai y salvar a la Iglesia local y el seminario. Hace 7 años, la Santa Sede ha aceptado su petición y le ha reconocido como el obispo legítimo de la diócesis de Shanghai, pero estas son cosas del pasado, es importante mirar hacia el futuro.

Mirando hacia el futuro, ¿qué ha aprendido de esas experiencias pasadas?

–Cardenal Tong: He aprendido que time can prove, el tiempo puede dar cuenta de las cosas. A veces, sólo a largo plazo puedes reconocer si una cosa es justa o equivocada, si una elección ha sido dictada por buenas o malas razones. En la inmediatez transitoria del momento no puedes juzgar claramente las cosas. A la larga emerge la verdadera intención de las personas. Las situaciones son a veces complicadas en China. Estamos bajo presión y a veces faltan interlocutores para discutir las decisiones en profundidad. Pero si haces tu elección teniendo en el corazón el amor de Jesús y de la Iglesia, la buena intención se verá verificada con el tiempo.

¿Qué significa esto respecto a las controversias que afectan actualmente la Iglesia de China?

–Cardenal Tong: No hay que centrarse en un solo punto, controlar cada una de las decisiones tomadas por cada uno de los miembros de la Iglesia de China, esperando que sea perfecta en toda situación y en todo momento. ¡Somos seres humanos, somos seres humanos!. Todos cometemos errores y caemos muchas veces en el camino. Pero luego se puede pedir perdón. Si en cambio cada error es aislado y se convierte en motivo de condena sin apelación, ¿qiuén se puede salvar? Es a la larga donde se ve si un sacerdote tiene una buena intención en su corazón. Se ve si ha actuado por amor a Dios, de la Iglesia y del pueblo, incluso si ha cometido errores. Esto es importante: descubrir que las personas perseveran en la fidelidad porque son tocadas por el amor de Jesús incluso en situaciones difíles. Al final, todo el mundo lo verá. Y ciertamente Dios lo ve, Él, que escruta el corazón de cada uno de nosotros.

Zenit

Excomulgado el obispo chino ordenado sin mandato pontificio

El obispo chino que ha recibido la ordenación episcopal sin el mandato del papa por imposición de las autoridades locales ha quedado automáticamente excomulgado, ha aclarado una declaración emitida por la Santa Sede.

El comunicado constituye asimismo un elogio de la “resistencia” que obispos, sacerdotes, religiosos y laicos están oponiendo ante las medidas coercitivas de las autoridades chinas para obligarles a rebelarse a la autoridad espiritual del obispo de Roma.

La declaración vaticana, emitida este sábado, aclara la situación canónica del reverendo Joseph Huang Bingzhang, ordenado obispo de Shantou (Guangdong), el 14 de julio, por imposición de la Asociación Patriótica católica, una organización reconocida y promovida por las autoridades comunistas que busca crear una especie de Iglesia paralela en China.

El comunicado vaticano aclara que, dado que la ordenación episcopal tuvo lugar “sin el preceptivo mandato pontificio”, es “ilegal”, motivo por el cual el obispo “ha incurrido en las penas establecidas por el canon 1382 del Código de Derecho Canónico”.

Ese canon explica que “el obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurre en excomunión latae sententiae”, es decir, incurre automáticamente en ella quien comete el delito.

Por este motivo, el comunicado vaticano subraya que “la Santa Sede no lo reconoce como obispo de la diócesis de Shantou, y no tiene autoridad para gobernar la comunidad católica diocesana”.

El Vaticano explica que “elreverendo Huang Bingzhang fue informado hace mucho tiempo de que  su candidatura no pudo ser aprobada por la Santa Sede para acceder al ministerio episcopal de Shantou, ya que esta diócesis cuenta con obispo legítimo, de modo que al reverendo Huang se le pidió que no aceptara la ordenación episcopal”.

Según refirieron a la agencia AsiaNews testigos presenciales de la ordenación sacerdotal, que tuvo lugar en la catedral de Shantou, presidida por monseñor Fang Xinyao, obispo de Linyi, presidente de la Asociación Patriótica, en el acto fueron secuestrados por la policía y obligados a participar por la fuerza ocho obispos en comunión con el papa.

Resistencia” católica

Monseñor Paul Pei Junmin, obispo de Liaoning en comunión con Roma y reconocido por el gobierno, logró no participar gracias a que sacerdotes de su diócesis rodearon su residencia en la que el obispo se encerró para evitar la deportación.

Ante casos como éste,la Santa Sede reconoce que algunos de los obispos “habían expresado su voluntad de no participar en esta ilegal ordenación episcopal, y que, a pesar de las intimidaciones, se resistieron a participar en la misma”.

“Por lo que se refiere a esta resistencia, es justo destacar que tal acto es meritorio ante Dios e inspira aprecio en toda la Iglesia. La misma consideración se aplica también a los sacerdotes, personas consagradas y a los cristianos que han defendido a sus pastores, acompañándoles en estos difíciles momentos mediante la oración y compartiendo su íntimo sufrimiento”, afirma el comunicado vaticano.

La ordenación episcopal en Shantou ha sido la tercera sin mandato pontificio celebrada en los últimos meses en China, tras las que han tenido lugar en Chengde (20 de noviembre de 2010) y Leshan (29 de junio de 2011).

Dolor del papa

El comunicado vaticano “reafirma el derecho de los católicos chinos a actuar libremente, siguiendo su conciencia y la fidelidad al sucesor de Pedro y en comunión con la Iglesia universal”.

Por último, informa que Benedicto XVI “se ha entristecido al ver cómo se trata a la Iglesia en China, y espera que pueda superar cuanto antes las dificultades actuales”.

Zenit

Nota de prensa del Vaticano tras una nueva ordenación episcopal ilegítima en China

Acerca de la ordenación episcopal de Mons. Joseph Huang Bingzhang, que se llevó a cabo el jueves, 14 de julio, la Sala de Prensa de la Santa Sede informa:

1) El reverendo Joseph Huang Bingzhang, ordenado sin el preceptivo mandato pontificio, y por lo tanto, de modo ilegal, ha incurrido en las penas establecidas por el canon 1382 del Código de Derecho Canónico. En consecuencia, la Santa Sede no lo reconoce como obispo de la Diócesis de Shantou, y no tiene autoridad para gobernar la comunidad católica diocesana.

El Rev. Huang Bingzhang fue informado hace mucho tiempo que  su candidatura no pudo ser aprobada por la Santa Sede para acceder al ministerio episcopal de Shantou, ya que esta diócesis cuenta con obispo legítimo, de modo que al reverendo Huang se le pidió no aceptara la ordenación episcopal .

2) Desde diversas fuentes de información, la Santa Sede era consciente de que algunos de los obispos en contacto con las autoridades civiles habían expresado su voluntad de no  participar en esta ilegal ordenación episcopal, y que, a pesar de las intimidaciones, se resistieron a participar en la misma.

Por esta resistencia, es preciso destacar que tal acto es meritorio ante Dios e inspira aprecio en toda la Iglesia. La misma consideración es extensiva también a los sacerdotes, personas consagradas ya los cristianos que han defendido a sus pastores, acompañándoles en estos difíciles momentos mediante la oración y compartiendo sus sufrimientos.

3) La Santa Sede reafirma el derecho de los católicos chinos de actuar libremente, siguiendo su conciencia y la fidelidad al Sucesor de Pedro y en comunión con la Iglesia universal.

El Santo Padre, consciente de todo ello y una vez más decepcionado de cómo se trata a la Iglesia en China, espera que pueda superar las dificultades actuales, tan pronto como sea posible.

 

Desde el Vaticano, 16 de julio 2011

Pekín prepara otra ordenación episcopal ilegítima

Pekín está preparando la ordenación ilegítima – no aprobada por Roma – de un obispo “oficial” para la diócesis de Wuhan, informó este miércoles Eglises d’Asie, la agencia de las Misiones extranjeras de París.

El padre Joseph Shen Guo’an sería ordenado obispo “oficial” de Wuhan, en la provincia de Hubei, el próximo 9 de junio, según fuentes eclesiales chinas citadas por la agencia Ucanews.


Claramente promovida por las autoridades chinas, esta ordenación crea problemas en la medida en que el ascenso del padre Shen al episcopado no ha sido aprobado por la Santa Sede.

Si esta ceremonia se celebra, el padre Shen se convertirá en el segundo obispo ilegítimo -por no estar reconocido por el Papa- en ser ordenado en China desde la ordenación del obispo de Chengde (en la provincia de Hebei), el 20 de noviembre de 2010.

Tras la ordenación ilegítima del obispo de Chengde, la Santa Sede respondió afirmando que el Papa lamentaba profundamente esa noticia.

La ordenación constituía una “herida dolorosa” hecha a la comunión de la Iglesia y “una violación grave de la disciplina católica”.

Respecto a las presiones ejercidas sobre los obispos que habían participado en la ceremonia de ordenación, la Santa Sede hablaba de “violación grave de la libertad religiosa y de la libertad de conciencia”.

Más de seis meses después, Roma continúa estudiando las circunstancias exactas de la ordenación del obispo de Chengde y de momento no ha impuesto sanciones canónicas.

Puede pensarse que si se lleva a cabo la ordenación del padre Shen, la Santa Sede estudiará de cerca la ceremonia y su contexto, y su reacción pública será fuerte.

El pasado 18 de mayo, el Papa apeló a los cristianos de todo el mundo a rezar por la Iglesia en China.“Con la oración podemos obtener para la Iglesia en China que sea una, santa y católica, fiel y firme en la doctrina y en la disciplina eclesial”, aseguró.

También invocó a la Virgen María, pidiéndole que“ilumine a cuantos están en la duda, llame a los extraviados, consuele a los afligidos, refuerce a cuantos son atrapados por los cantos de sirena del oportunismo”.

 

Zenit

Santa Sede estudia excomulgar al obispo consagrado en China

 La ordenación de Joseph Guo Jincai como obispo de Chendge (China) sin mandato apostólico supone una “dolorosa herida” a la Iglesia y podría tener graves consecuencias para todos los implicados.

Así lo afirma este miércoles la Santa Sede, en un comunicado en el que da a entender que se está estudiando la posible excomunión del padre Guo Jincai, de los obispos implicados en el acto de consagración, e incluso se reserva valorar la posible invalidez de este acto.

El comunicado afirma que el Papa Bendicto XVI ha recibido “con profunda amargura” la noticia, pues esta decisión de l as autoridades chinas contradicen “la atmósfera de respeto, fatigosamente creada con la Santa Sede y con la Iglesia católica a través de las recientes ordenaciones episcopales”.
“Dicha ordenación ha sido conferida sin el mandato apostólico y, por ello, representa una dolorosa herida a la comunión eclesial y una grave violación de la disciplina católica”.

La Santa Sede ha querido esperar a “recoger informaciones sobre lo sucedido” antes de emitir este comunicado.
En él, constata tener constancia de que diversos obispos que han conferido la ordenación “han sido sometidos a presiones y a restricciones de su propia libertad de movimiento, con el fin de forzarles a participar y a conferir la ordenación episcopal”.
Esto constituye, afirma la Santa Sede, “una grave violación de la libertad de religión y de conciencia”.
“La Santa Sede se reserva valorar con profundidad lo sucedido, entre otros puntos, respecto a la validez en lo que respecta a la posición canónica de los obispos implicados”.

En cualquier caso, precisa el comunicado, con esta ordenación ilegítima, tanto el padre Guo Jincai como los obispos que han participado en ella podrían incurrir en pena de excomunión, en base al canon 1382 del Código de Derecho Canónico.

Este canon afirma que “el Obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica”.
Además, este hecho “pone en una condición muy delicada y difícil” a los fieles de Chendge, “también desde el punto de vista canónico”, y “les humilla, porque las Autoridades civiles chinas quieren imponerles un Pastor que no está en plena comunión, ni con el Santo Padre ni con los demás obispos diseminados por el mundo”.

Diálogo difícil

Sobre todo, el comunicado lamenta que esta decisión “unilateral” de las autoridades chinas se haya hecho a costa del gran esfuerzo que se estaba realizando con el fin de “superar las dificultades y normalizar las relaciones”.

La Santa Sede reafirma que “muchas veces, durante este año, la Santa Sede ha comunicado con claridad a las Autoridades chinas su propia oposición a la ordenación episcopal del Reverendo Joseph Guo Jincai”.
“A pesar de ello, dichas Autoridades han decidido proceder unilateralmente”, lamenta el comunicado.
“Esta pretensión de ponerse por encima de los obispos y de guiar la vida de la comunidad eclesial no corresponde a la doctrina católica, ofende al Santo Padre, a la Iglesia en China y a la Iglesia universal, y hace más intrincadas las dificultades pastorales existentes”.

El comunicado añade que la Santa Sede “reafirma su disponibilidad al diálogo”, pero constando “con amargura” que “las Autoridades dejan a la dirección de la Asociación Patriótica Católica China, bajo la influencia del señor Liu Bainian, asumir actitudes que dañan gravemente a la Iglesia católica y obstaculizan dicho diálogo”.
Concluye asegurando a los católicos chinos la oración y solidaridad espiritual del resto de la Iglesia, deseando que “el Señor de la historia les sea cercano, acreciente su esperanza y fortaleza, y les de consuelo en el momento de la prueba”.

Santa Sede ante la consagración ilícita en China

La Santa Sede en relación a la consagración episcopal del sacerdote Joseph Guo Jincai en Chendge, y que se ha hecho público en inglés, italiano y chino.

Ordenación episcopal en Chengde
(Provincia de Hebei, China Continental)
Respecto a la ordenación episcopal del Reverendo Joseph Guo Jincai, que ha tenido lugar, se han recogido informaciones sobre lo que ha sucedido y se está ahora en grado de prec isar cuanto sigue:

1. El Santo Padre ha conocido la noticia con profunda amargura, pues dicha ordenación ha sido conferida sin el mandato apostólico y, por ello, representa una dolorosa herida a la comunión eclesial y una grave violación de la disciplina católica (cfr Carta de Benedicto XVI a la Iglesia en China, 2007, n. 9).

2. Es sabido que, en los últimos días, diversos obispos han sido sometidos a presiones y a restricciones de su propia libertad de movimiento, con el fin de forzarles a participar y a conferir la ordenación episcopal. Dichas constricciones, realizadas por Autoridades gubernamentales y de seguridad chinas, constituyen una grave violación de la libertad de religión y de conciencia. La Santa Sede se reserva valorar con profundidad lo sucedido, entre otros puntos, respecto a la validez en lo que respecta a la posición canónica de los obispos implicado s.

3. En todo caso, esto repercute dolorosamente, en primer lugar, sobre el Reverendo Joseph Guo Jincai que, a causa de esta ordenación episcopal, se encuentra en una gravísima condición canónica frente a la Iglesia en China y a la Iglesia universal, exponiéndose también a las duras sanciones previstas, en particular, por el canon 1382 del Código de Derecho Canónico.

4. Tal ordenación no solo no ayuda al bien de los católicos en Chengde, sino que les pone en una condición muy delicada y difícil, también desde el punto de vista canónico, y les humilla, porque las Autoridades civiles chinas quieren imponerles un Pastor que no está en plena comunión, ni con el Santo Padre ni con los demás obispos diseminados por el mundo.

5. Muchas veces, durante este año, la Santa Sede ha comunicado con claridad a las Autoridades chinas su propia oposición a la ordenación episcopal del Reverendo Joseph Guo Jincai. A pesar de ello, dichas Autoridades han decidido proceder unilateralmente, a costa de la atmósfera de respeto, fatigosamente creada con la Santa Sede y con la Iglesia católica a través de las recientes ordenaciones episcopales. Esta pretensión de ponerse por encima de los obispos y de guiar la vida de la comunidad eclesial no corresponde a la doctrina católica, ofende al Santo Padre, a la Iglesia en China y a la Iglesia universal, y hace más intrincadas las dificultades pastorales existentes.

6. El Papa Benedicto XVI, en su mencionada Carta de 2007, expresó la disponibilidad de la Santa Sede a un diálogo respetuoso y constructivo con las Autoridades de la República Popular China, con el fin de superar las dificultades y normalizar las relaciones (n. 4). Al reafirmar dicha disponibilidad, la Santa Sede constata con amargura q ue las Autoridades dejan a la dirección de la Asociación Patriótica Católica China, bajo la influencia del sr. Liu Bainian, asumir actitudes que dañan gravemente a la Iglesia católica y obstaculizan dicho diálogo.

7. Los católicos de todo el mundo siguen con particular atención el accidentado camino de la Iglesia en China: la solidaridad espiritual, con la que acompañan las vicisitudes de los hermanos y de las hermanas chinas, se convierte en ferviente oración al Señor de la historia, para que les sea cercano, acreciente su esperanza y fortaleza, y les de consuelo en el momento de la prueba.