Todos los Santos

ARTÍCULO 3
MAESTROS Y LUGARES DE ORACIÓN

Una pléyade de testigos

2683 Los testigos que nos han precedido en el Reino (cf Hb 12, 1), especialmente los que la Iglesia reconoce como “santos”, participan en la tradición viva de la oración, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración hoy. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquéllos que han quedado en la tierra. Al entrar “en la alegría” de su Señor, han sido “constituidos sobre lo mucho” (cf Mt 25, 21). Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.

2684 En la comunión de los santos, se han desarrollado diversas espiritualidades a lo largo de la historia de la Iglesia. El carisma personal de un testigo del amor de Dios hacia los hombres puede transmitirse a fin de que sus discípulos participen de ese espíritu (cf PC 2), como aconteció con el “espíritu” de Elías a Eliseo (cf 2 R 2, 9) y a Juan Bautista (cf Lc 1, 17). En la confluencia de corrientes litúrgicas y teológicas se encuentra también una espiritualidad que muestra cómo el espíritu de oración incultura la fe en un ámbito humano y en su historia. Las diversas espiritualidades cristianas participan en la tradición viva de la oración y son guías indispensables para los fieles. En su rica diversidad, reflejan la pura y única Luz del Espíritu Santo.

“El Espíritu es verdaderamente el lugar de los santos, y el santo es para el Espíritu un lugar propio, ya que se ofrece a habitar con Dios y es llamado templo suyo” (San Basilio Magno, Liber de Spiritu Sancto, 26, 62).

Comunión de los santos

La comunión de los santos, significa que ellos participan activamente en la vida de la Iglesia, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. La intercesión de los santos significa que ellos, al estar íntimamente unidos con Cristo, pueden interceder por nosotros ante el Padre. Esto ayuda mucho a nuestra debilidad humana.

Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.

Aunque todos los días deberíamos pedir la ayuda de los santos, es muy fácil que el ajetreo de la vida nos haga olvidarlos y perdamos la oportunidad de recibir todas las gracias que ellos pueden alcanzarnos. Por esto, la Iglesia ha querido que un día del año lo dediquemos especialmente a rezar a los santos para pedir su intercesión. Este día es el 1ro. de noviembre.

Este día es una oportunidad que la Iglesia nos da para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad. Que ser santo no es tener una aureola en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios. Que debemos luchar todos para conseguirla, estando conscientes de que se nos van a presentar algunos obstáculos como nuestra pasión dominante; el desánimo; el agobio del trabajo; el pesimismo; la rutina y las omisiones.
Se puede aprovechar esta celebración para hacer un plan para alcanzar la santidad y poner los medios para lograrlo:

¿Cómo alcanzar la santidad?

– Detectando el defecto dominante y planteando metas para combatirlo a corto y largo plazo.
– Orando humildemente, reconociendo que sin Dios no podemos hacer nada.
– Acercándonos a los sacramentos.

Un poco de historia

La primera noticia que se tiene del culto a los mártires es una carta que la comunidad de Esmirna escribió a la Iglesia de Filomelio, comunicándole la muerte de su santo obispo Policarpo, en el año156. Esta carta habla sobre Policarpo y de los mártires en general. Del contenido de este documento, se puede deducir que la comunidad cristiana veneraba a sus mártires, que celebraban su memoria el día del martirio con una celebración de la Eucaristía. Se reunían en el lugar donde estaban sus tumbas, haciendo patente la relación que existe entre el sacrificio de Cristo y el de los mártires

La veneración a los santos llevó a los cristianos a erigir sobre las tumbas de los mártires, grandes basílicas como la de San Pedro en la colina del Vaticano, la de San Pablo, la de San Lorenzo, la de San Sebastián, todos ellos en Roma.

Las historias de los mártires se escribieron en unos libros llamados Martirologios que sirvieron de base para redactar el Martirologio Romano, en el que se concentró toda la información de los santos oficialmente canonizados por la Iglesia.

Cuando cesaron las persecuciones, se unió a la memoria de los mártires el culto de otros cristianos que habían dado testimonio de Cristo con un amor admirable sin llegar al martirio, es decir, los santos confesores. En el año 258, San Cipriano, habla del asunto, narrando la historia de los santos que no habían alcanzado el martirio corporal, pero sí confesaron su fe ante los perseguidores y cumplieron condenas de cárcel por Cristo.

Más adelante, aumentaron el santoral con los mártires de corazón. Estas personas llevaban una vida virtuosa que daba testimonio de su amor a Cristo. Entre estos, están San Antonio (356) en Egipto y  San Hilarión (371) en Palestina. Tiempo después, se incluyó en la santidad a las mujeres consagradas a Cristo.

Antes del siglo X, el obispo local era quien determinaba la autenticidad del santo y su culto público. Luego se hizo necesaria la intervención de los Sumos Pontífices, quienes fueron estableciendo una serie de reglas precisas para poder llevar a cabo un proceso de canonización, con el propósito de evitar errores y exageraciones.

El Concilio Vaticano II reestructuró el calendario del santoral:

Se disminuyeron las fiestas de devoción pues se sometieron a revisión crítica las noticias hagiográficas (se eliminaron algunos santos no porque no fueran santos sino por la carencia de datos históricos seguros); se seleccionaron los santos de mayor importancia (no por su grado de santidad, sino por el modelo de santidad que representan: sacerdotes, casados, obispos, profesionistas, etc.); se recuperó la fecha adecuada de las fiestas (esta es el día de su nacimiento al Cielo, es decir, al morir); se dio al calendario un carácter más universal (santos de todos los continentes y no sólo de algunos).

Categorías de culto católico

Los católicos distinguimos tres categorías de culto:
– Latría o Adoración: Latría viene del griego latreia, que quiere decir servicio a un amo, al señor soberano. El culto de adoración es el culto interno y externo que se rinde sólo a Dios.

– Dulía o Veneración: Dulía viene del griego doulos que quiere decir servidor, servidumbre. La veneración se tributa a los siervos de Dios, los ángeles y los bienaventurados, por razón de la gracia eminente que han recibido de Dios. Este es el culto que se tributa a los santos. Nos encomendamos a ellos porque creemos en la comunión y en la intercesión de los santos, pero jamás los adoramos como a Dios. Tratamos sus imágenes con respeto, al igual que lo haríamos con la fotografía de un ser querido. No veneramos a la imagen, sino a lo que representa.

– Hiperdulía o Veneración especial: Este culto lo reservamos para la Virgen María por ser superior respecto a los santos. Con esto, reconocemos su dignidad como Madre de Dios e intercesora nuestra. Manifestamos esta veneración con la oración e imitando sus virtudes, pero no con la adoración.

Todos llamados a ser santos

 

 

La Castidad.

¿Es posible que no existan hoy teólogos, pastores, médicos, sociólogos que sepan ilustrar la belleza de la castidad como valor humano y, sobre todo, la virginidad por el Reino? Es desconcertante y preocupante que el Sínodo haya ignorado totalmente este aspecto.

 

Pienso que no sólo los Padres sinodales, sino también todos los católicos y las personas de buena voluntad han vivido con mucho sufrimiento interior el dilema debatido en el Sínodo, entre ser fieles a la palabra de Cristo sobre el matrimonio y, al mismo tiempo, salir al encuentro de tantas situaciones llenas de fragilidad, de fracaso, de crisis de la familia. Esta laceración interior, ciertamente presente en todos los Padres sinodales y en todos los otros participantes (parejas, religiosos y observadores de otras confesiones), impide clasificar de manera simplista las distintas posiciones contraponiendo los “conservadores” a los “abiertos”, los “rígidos” a los “misericordiosos”.

 

También la relación-síntesis de la primera semana, hecha por el cardenal Erdő, reflejaba esta laceración e indicaba los posibles caminos para afrontar los problemas de la familia, manteniendo firme la doctrina. Son muchas las cosas positivas presentes en esta relación, pero otras dejan un sentimiento de incomodidad. Entre las positivas hay que subrayar la actitud de fondo que hay que asumir frente a la crisis de la institución familiar, que es la de presentar “el Evangelio de la familia”, es decir, toda la belleza del matrimonio y de la familia cristiana, testimoniada por muchos esposos y muchas familias. Esta “belleza”, fruto de la gracia, pasa ciertamente por el camino de la cruz, hasta el heroísmo del amor oblativo. La relación del cardenal Erdő tocaba también otras muchas situaciones que están más o menos directamente vinculadas a la familia, a saber: la cohabitación (y, por consiguiente, las relaciones prematrimoniales), las uniones de hecho, los matrimonios civiles entre bautizados y la cuestión homosexual.

 

Ahora bien, nos preguntamos: en lugar de plantear soluciones ambiguas, que lo único que hacen es desorientar a los fieles, ¿por qué no se ha dedicado ni una sola palabra a la “belleza de la castidad” como valor auténticamente humano y cristiano? ¿Tal vez sea porque la castidad ya no es una virtud? ¿O es que la Iglesia ya no tiene la valentía de indicar a los jóvenes, a los prometidos y también a las parejas casadas, el valor de la castidad y de la virginidad por el Reino de Dios? ¿No sería este el verdadero mensaje profético para nuestro tiempo?

 

Después de todo, los primeros cristianos, que vivían inmersos en un mundo corrompido bajo todos los puntos de vista, se presentaron proclamando, por una parte, la belleza del matrimonio cristiano, monógamo e indisoluble, signo de la unión de Cristo con la Iglesia y, por la otra, proponiendo la superior belleza de la virginidad, abrazada por causa de Cristo y del Evangelio. ¿Acaso Jesús no era virgen? Y la Madre de Jesús, María, ¿no ha sido proclamada desde el principio “siempre virgen”? Ciertamente, los tiempos modernos exigen una presentación adecuada a las problemáticas actuales. Pero, ¿es posible que no existan hoy teólogos, pastores, médicos, sociólogos que sepan ilustrar la belleza de la castidad como valor humano y, sobre todo, la virginidad por el Reino? Este sería el trabajo que hay que hacer y esperemos que se haga en el año de la vida consagrada (noviembre 2014-2015).

 

Es desconcertante y preocupante que el Sínodo haya ignorado totalmente este aspecto. Si la Iglesia ya no sabe proponer integralmente el mensaje evangélico sobre la sexualidad, entonces significa que la mentalidad del mundo ha entrado también en la Iglesia. Y queriendo ir un poco al fondo de la cuestión, hay un motivo para esta ofuscación, que ha ocurrido en el momento en que se han querido nivelar todas las vocaciones, todos los carismas, diciendo que la elección de la virginidad por el Reino no es “mejor” que la elección matrimonial. ¿No dice Pablo que hay que “aspirar a los carismas más grandes” (1Cor 12,13)? ¿Y acaso no dice que quien se casa “hace bien”, pero que quien no se casa para ser todo él del Señor “hace mejor” (cfr. 1Cor 7,32-38)? ¿Y no ha sido siempre ésta la posición de la Iglesia católica en sus dos mil años de historia? ¿O acaso Dios no es libre de dar sus dones y de ofrecer a uno cinco talentos, a otro dos y a otro uno solo? Después, le tocará a cada uno hacer fructificar al máximo el don recibido, y sobre esto el Señor valorará la santidad de la persona.

 

Volviendo al Sínodo, debería estar claro que la crisis de la familia está causada también por la crisis de la moral sexual. Ahora bien, en lugar de rociar con un poco de agua bendita situaciones objetivas de pecado (y se ha observado que en la relación-síntesis falta precisamente este concepto), ¿por qué no plantear, también respecto a la sexualidad, esa propuesta positiva que se quiere hacer para la familia? En otras palabras, hay dos “bellezas” evangélicas que hay que presentar: la “belleza de la familia”, escuela de oblación, de fecundidad y de comunión y la “belleza de la castidad”, escuela de autodisciplina y de elevación del amor humano y cristiano.

 

Si la reflexión sobre la familia que proseguirá con el Sínodo ordinario del año que viene se reduce a copiar a los ortodoxos en lo que atañe a la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar; a los protestantes en su consideración del Evangelio como un ideal, dejando a las conciencias de los individuos la decisión en situaciones concretas; a los anglicanos en su comprensión de la sinodalidad como un modo de resolver las cuestiones a fuerza de mayorías, entonces no se entiende dónde está esa “creatividad” sobre la que el Papa Francisco ha insistido.

 

Enrico Cattaneo

Traducción de Helena Faccia Serrano, publicado en ReL, 24-10-14

 

Beato Duns Scoto

Con motivo de la festividad del Beato Duns Scoto el próximo domingo día 8 de Noviembre, la película sobre su vida.

Fue Beatificado por Juan Pablo II en el año 1.993.

SCOTO: EL DEFENSOR DE LA INMACULADA

 

Sinopsis:

Duns Scoto fue el fraile Franciscano que ofreció la explicación teológica de la Inmaculada Concepción de María a comienzos del siglo XIV (500 años antes de que fuese proclamado como un Dogma de Fe de la Iglesia Católica)

DUNS SCOTO, narra la vida y enseñanzas del beato, en los años transcurridos entre 1303 y 1305, años duros y conflictivos en los que Juan Scoto rechazó  firmar un decreto del Rey de Francia contra el Papa y terminando con la disputa teológica con los Dominicos sobre la concepción de María, Madre de Jesús, aún a riesgo de ser excomulgado.

La película, ganadora del premio a la mejor película en el Festival Internacional de Cine Católico Mirabile Dictu, nos ofrece además una breve mirada a la infancia de este hombre y su voluntad de querer formar parte de la Orden Franciscana desde bien niño.

¿Quieres ver el trailer? Pincha en el siguiente enlace: Trailer SCOTO: EL DEFENSOR DE LA INMACULADA

Crítica:

Entre los años 1303 y 1305, Scoto debió marchar de la Universidad de París donde enseñaba metafísica y filosofía, por negarse a firmar el libelo de Felipe IV, rey de Francia, contra el Papa Bonifacio VIII. Por ello fue exiliado a Inglaterra, en donde continuó dando clases en la Universidad de Oxford.

Tan solo dos años después regresa a Paris, en donde tendrá lugar su segunda gran “batalla”, la que mantuvo con los dominicos en torno al debate sobre la Inmaculada Concepción. Su discurso, inteligente y humilde al mismo tiempo, sentó las bases de lo que 500 años después supuso el dogma de la Inmaculada Concepción.

Los temas que toca son tres. El debate sobre la Inmaculada Concepción, la discusión del libre albedrío y el amor por Cristo en la Eucaristía. Este último provoca uno de los pasajes más hermosos del film, en el que Scoto explica con gran veneración el inmenso amor eucarístico que posee.

Ver Trailer SCOTO: EL DEFENSOR DE LA INMACULADA

Ficha técnica:

País: Italia

Año: 2011
Duración: 90 minutos
Idiomas: Castellano / Italiano
Clasificación por edades: Para todos los públicos.

 

 

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Catequesis del Papa Francisco. 4/11/15

Miércoles 4 de noviembre

Catequesis del Santo Padre, en la audiencia general:

 ¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

La Asamblea del Sínodo de los Obispos, que ha terminado hace poco, ha reflexionado a fondo sobre la vocación y la misión de la familia en la vida de la Iglesia y de la sociedad contemporánea. Ha sido un evento de gracia. Al final, los padres sinodales han entregado el texto de sus conclusiones. He querido que se publicara para que todos fueran partícipes del trabajo que nos ha ocupado durante dos años. Este no es el momento de examinar tales conclusiones, sobre las que yo mismo debo meditar.

Pero mientras tanto, la vida no se detiene, ¡en particular la vida de la familia no se detiene! Vosotras, queridas familias, estáis siempre en camino. Y continuamente escribís ya en las páginas de la vida concreta la belleza del Evangelio de la familia. En un mundo que a veces se hace árido de vida y de amor, vosotros cada día habláis del gran don que son el matrimonio y la familia.

Hoy quisiera subrayar este aspecto: que la familia es un gran gimnasio de entrenamiento para el don y el perdón recíproco, sin el cual ningún amor puede durar mucho. En la oración que Él mismo nos ha enseñado –el Padre Nuestro– Jesús nos hace pedir al Padre: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Y al final comenta: Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes” (Mt 6,12.14-15). No se puede vivir sin perdonarse, o al menos no se puede vivir bien, especialmente en familia. Cada día nos hacemos daño los unos a los otros. Debemos tener en cuenta estos errores, que se deben a nuestra fragilidad y a nuestro egoísmo. Se nos pide que curemos las heridas que hacemos, tejer de inmediato los hilos que rompemos. Si esperemos mucho, todo se hace más difícil. Y hay un secreto sencillo para sanar las heridas y para disolver las acusaciones. Y es este: no dejar que termine el día sin pedirse perdón, sin hacer la paz entre el marido y la mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas… ¡entre nuera y suegra! Si aprendemos a pedirnos inmediatamente perdón y a darnos el perdón recíproco, sanan las heridas, el matrimonio se robustece, y la familia se transforma en una casa más sólida, que resiste a los choques de nuestras pequeñas y grandes maldades. Y para esto no es necesario hacer un gran discurso, sino que es suficiente una caricia, una caricia y ha terminado todo y se comienza de nuevo, pero no terminar el día en guerra, ¿entienden?

Si aprendemos a vivir así en familia, lo hacemos también fuera, allá donde estemos. Es fácil ser escépticos sobre esto. Muchos –también entre los cristianos– piensan que es una exageración. Se dice: sí, son palabras bonitas, pero es imposible ponerlo en práctica. Pero gracias a Dios no es así. De hecho, es precisamente recibiendo el perdón de Dios que a la vez somos capaces de perdonar a los otros. Por esto Jesús nos hace repetir estas palabras cada vez que recitamos la oración del Padre Nuestro, es decir, cada día. Y es indispensable que, en una sociedad a veces despiadada, haya lugares, como la familia, donde aprender a perdonarse los unos a los otros.

El Sínodo ha revivido nuestra esperanza también en esto: la capacidad de perdonar y de perdonarse forma parte de la vocación y de la misión de la familia. La práctica del perdón no solo salva las familias de las divisiones, sino que las hace capaces de ayudar a la sociedad a ser menos malvada y menos cruel. Sí, cada gesto de perdón repara la casa de las grietas y refuerza sus muros. La Iglesia, queridas familias, está siempre a su lado para ayudarlos a construir su casa sobre la roca de la cual ha hablado Jesús. Y no olvidemos estas palabras que preceden inmediatamente la parábola de la casa: «No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre». Y añade: «Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios en tu Nombre?” Entonces yo les manifestaré: «Jamás los conocí» (cfr Mt 7,21-23). Es una palabra fuerte, no hay duda, que tiene por objetivo sacudirnos y llamarnos a la conversión.

Os aseguro, queridas familias cristianas, que si sois capaces de caminar cada vez más decididas sobre el camino de las bienaventuranzas, aprendiendo y enseñando a perdonarse recíprocamente, en toda la gran familia de la Iglesia crecerá la capacidad de dar testimonio a la fuerza renovadora del perdón de Dios. Diversamente, haremos predicaciones también muy bonitas, y quizá expulsemos algún demonio, ¡pero al final el Señor no nos reconocerá como sus discípulos!

Realmente las familias cristianas pueden hacer mucho por la sociedad de hoy, y también por la Iglesia. Por eso deseo que en el Jubileo de la Misericordia las familias redescubran el tesoro del perdón recíproco. Recemos para que las familias sean cada vez más capaces de vivir y de construir caminos concretos de reconciliación, donde nadie se sienta abandonado al peso de sus ofensas.

Y con esta intención, decimos juntos: “Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. Digámoslo juntos: “Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. Gracias.

Halloween: “todo lo opuesto a Dios”.

Captura de pantalla 2014-06-12 22.24.20Halloween, una fiesta que resalta “todo lo opuesto a Dios”, sino que más bien debe festejar la vida, “el amor y la paz de Dios”. “Preguntémonos: un judío, ¿consideraría divertido vestir a su niño de Hitler?, ¿a un americano le haría gracia disfrazar a su hijo de Bin Laden?, ¿a una persona asaltada, le gustaría vestir a su niño igualito que al asaltante que robó y mató a sus familiares? ¡Claro que no! Nadie consideraría chistoso vestirse como aquellos a los que detesta. Y entonces ¿por qué a nosotros nos parece aceptable disfrazar a los niños de enemigos de Dios?”
Sería ilógico, lo mismo sucede con la vida espiritual. “En ‘Halloween’, disfrazamos a nuestros hijos de diablos y brujas y decoramos (es un decir) nuestras casas con calacas, calabazas de siniestra sonrisa, gatos negros, vampiros, y demás parafernalia tenebrosa”, sin considerar que en Halloween se celebra “la muerte, las tinieblas, el miedo, lo monstruoso, lo repulsivo, el diablo, todo lo opuesto a Dios”. “Nos hemos dejado engañar por la publicidad y por el comercio, que nos ha hecho creer que es divertido vestir a los niños de ‘diablitos’ y a las niñas de ‘brujitas’ y colgar en nuestras casas toda clase de artículos de horror”.
El diablo “no es un personaje simpático y mucho menos un invento. Su existencia es dogma de fe de la Iglesia Católica, que afirma de él que es un ser personal espiritual, enemigo de Dios, promotor del mal, que sólo busca nuestra condenación”. Por ello, hay que “celebrar la vida, no la muerte; el bien, no el mal; el amor y la paz de Dios”, e imitar a los santos. “Expresemos nuestra fe en que, con ayuda de Dios, el bien siempre triunfa sobre el mal, los buenos le ganan a los malos y la luz derrota la oscuridad. El 31 de octubre, o mejor aún, el 1 de noviembre, hay que celebrar a los santos.

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»1. NO es una actividad cristiana. Ninguna iglesia de denominación cristiana celebra esta fecha. Ni católicos, ni evangélicos, celebramos y nunca celebraremos una noche dedicada a la exaltación de la brujería en ninguna de sus formas.

»2. Va contra las enseñanzas de Jesús. Jesús está en contra de la brujería en todas sus formas: espiritismo, hechicería, adivinación, lectura de cartas, horóscopos, astrología y tantas máscaras con que se encubre la maldad. Estas han sido declaradas enemigas de la Palabra de Dios desde tiempos muy remotos y van contra todas las enseñanzas de nuestro Señor, quien dice claramente que “el que no está conmigo está contra mí”. Hay innumerables referencias bíblicas donde se condena el uso de toda estas clases de mal.

»3. Sirve para rendir culto a satanás. Aunque en apariencia es una actividad recreativa y muy llamativa, sobre todo para los niños, su verdadero significado sigue oculto a nuestros ojos. En muchos países, incluyendo el nuestro, los grupos satánicos usan esa noche para un “culto” especial dedicado a satanás y en muchos países alrededor del mundo, se hacen sacrificios humanos, sobre todo de niños que han sido secuestrados de sus hogares y que son ofrecidos como víctimas inocentes en una noche de lujuria, drogas, alcohol y toda clase de desenfrenos, en las llamadas “misas negras”.

»4. Se opone al primer mandamiento. Este tipo de actividades, ni exalta el nombre de Jesús, ni tiene nada que ver con su Padre Celestial y mucho menos con el Santo Espíritu del Dios Altísimo. Por lo tanto, va en contraposición al primer mandamiento de amar a Dios con toda nuestra alma, nuestra mente, nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas, en fin con todo nuestro ser.

»5. Participar es olvidarse de Dios. Participar quiere decir “ser parte de”: si tu participas estsá siendo parte de esta tremenda responsabilidad espiritual: No sólo se está alejando u olvidando de la adoración al Dios Eterno e Inmortal, sino que está siendo parte de una actividad que glorifica a las brujas y a su padre satanás.

»6. Contamina y esclaviza a nuestros niños. No hay magia blanca y magia negra, no hay brujas buenas y brujas malas. Toda la actividad demoníaca se disfraza y se oculta para ganar adeptos y así muchas veces “vestimos” a nuestros niñitos como “brujitas” y “diablitos”. Jesús dijo: “Dejad que los niños vengan a mí y NO SE LO IMPIDÁIS, porque de los tales es el Reino de los Cielos”. Jesús necesita a sus niños libres de toda clase de máscaras y limpios de toda contaminación.

 

Balconeras AIN: Llenemos las calles de espíritu navideño

Los dos modelos de balconera para esta Navidad

Inundemos nuestras casas y las fachadas de nuestras ciudades de balconeras-tapices, para dar testimonio público de nuestra fe y contribuir a dar el verdadero sentido a la Navidad. ¡Elige la que más te guste y reenvía este mensaje a tus familiares y amigos!:

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Adquiérelas desde aquí y ahora
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*Los donativos recaudados se destinarán a proyectos de ayuda pastoral para los católicos de India (Campaña de Navidad de AIN).

Osoro pide poner una vela en las ventanas en Nochebuena

 

Osoro da la bendición con el Santísimo a los jóvenes 01

 

 

El arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, propuso anoche a los cientos de jóvenes que volvieron a llenar la Basílica de la Virgen, sentados en el suelo, en la vigilia de oración mensual con el prelado, la figura de Abrahán como ejemplo de “confianza absoluta en Dios” y les aseguró que “merece totalmente la pena renunciar a todo por Él”.

En su catequesis, el Arzobispo centró su reflexión en la confianza ante Dios “que jamás te abandona, que te quiere con todas las consecuencias” y recordó a los jóvenes que “con esa seguridad, se puede renunciar a todo en este mundo, porque nada encontraremos mejor que lo que Dios nos ofrece”.

Al ser la última vigilia de oración con los jóvenes en la Basílica antes de las Navidades, les invitó también a que “exteriorizar, y no quedarnos sólo para nosotros, la alegría de que Dios se hace hombre”, colocando una vela encendida en el balcón o la ventana en la Nochebuena. De esta manera, demostramos a todos “la alegría de que en el corazón de cada hogar está naciendo Jesús”.

El prelado insistió en que “tenemos que demostrar públicamente que la cercanía de Dios a cada uno, hasta el extremo de que se hace hombre, es una experiencia fundamental y decisiva para nuestra vida” e invitó también a “exteriorizar, de esta misma manera que sólo con Dios, con esa cercanía extrema suya, podemos ser seres plenamente humanos”.

La vigilia incluyó la exposición al Santísimo, la lectura de un salmo y la proclamación de una lectura vocacional. Igualmente, un icono de Cristo bendiciendo presidió la vigilia “que ha ido recorriendo los diferentes templos en los que se desarrollan”, según han indicado hoy a la agencia AVAN el presidente de la comisión de Infancia y Juventud del Arzobispado, Óscar Benavent.

Durante la vigilia grupos de jóvenes del arciprestazgo número uno “El Santo Cáliz y Nuestra Señora de los Desamparados” de la que forman parte las parroquias del sur de la capital valenciana fueron los encargados de organizar la celebración y preparar los cantos musicales, ha añadido.

Las vigilias se celebran durante este curso, al igual que el año pasado, todos los primeros viernes de mes en la Basílica y los segundos viernes, en una parroquia distinta de la archidiócesis de Valencia. De esta manera, está previsto que la siguiente vigilia de jóvenes con el Arzobispo sea el próximo 9 de diciembre en la parroquia San Jorge Mártir de localidad valenciana de Paiporta.

Los encuentros de jóvenes con el Arzobispo están siguiendo este año “como hilo conductor el ‘Itinerario Diocesano de Renovación 2010-2014“, que promueve monseñor Osoro.

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