Homilía del Cardenal de Valencia, Monseñor Antonio Cañizares en la Jornada Mundial de Oración por la Paz

Día de oración por la paz: unión a la oración del Papa

El Santo Padre ha convocado hoy una Jornada Mundial de oración por la paz: ha convocado a la Iglesia entera, ha convocado a los cristianos de todas las partes, y ha convocado también a los representantes de las religiones del mundo a orar por la paz en Asís, la patria de san Francisco, hermano universal, maestro de la paz. Con el Papa nos unimos desde todas las partes del mundo para elevar al cielo una plegaria unánime que pide a Dios la paz, el cese de toda violencia, el final de todo terrorismo, la terminación de toda guerra, la aniquilación de todo odio, la implantación de toda justicia, la realización de la unidad verdadera que tiene como vínculo la caridad, el perdón, el amor. Con gran fuerza resuenan entre nosotros las palabras de Pablo a los Colosenses: “Como elegidos de Dios, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando uno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta, Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados”. La paz es la vocación de todo hombre, especialmente de nosotros creyentes en Jesucristo. Qué gozo vivir en la paz. Sin embargo la paz está rota o amenazada en tantos lugares.

Esta tarde, uniéndonos a un clamor universal, venimos a ofrecer el sacrificio mismo de Jesucristo que derramó su sangre en ofrenda para la reconciliación y para la curación de toda herida de separación y derribar el muro del odio que separa a los hombres. Presentamos a Dios el sacrificio de propiciación por los pecados de los hombres que hemos generado la división y la injusticia, y hemos impuesto en nuestras relaciones la violencia o los intereses propios. Venimos a orar con Cristo al Padre que, desde la Cruz, pide el perdón para los que le crucifican, promete el Paraíso al arrepentido y entrega su espíritu al Padre derramando todo su amor en favor de los hombres hasta el extremo. Estamos aquí, unidos al Papa, para orar por la reconciliación y la paz. Paz en todas las partes y países donde haya conflicto cuyos nombres todos tenemos en nuestras mentes, paz donde se extienda la violencia del tipo que fuere, paz para los que están desagarrados por dentro o en su interior carecen de ella y almacenan sentimientos, de odio, de venganza, o de cerrazón en la propia.
Paz en todos los lugares del mundo donde está amenazada o rota; me atrevo a decir que está amenazada en todas partes.

Uno no sólo piensa en los países calcinados por el sufrimiento y la terrible destrucción de la guerra, sino que también piensa en tanta hambre de los países subdesarrollados, en las víctimas del hambre, en los niños de la calle y abandonados o víctimas de tanta sinrazón de los mayores, en los pueblos cada día más lejanos al desarrollo normal, en continentes enteros excluidos del progreso, en las innumerables víctimas de la injusticia, en las destrucción masiva de la familia, en la violencia callejera, en tantos jóvenes sin trabajo, explotados o degradados por la droga y sus traficantes: Ahí no hay paz. Y uno piensa también, y de una manera particular, en ese fenómeno terrible, en esa lacra corrosiva de los últimos tiempos que corroe la humanidad, el fenómeno espantoso y vil del terrorismo que nuestra patria sufrió durante tantísimo tiempo, y que países tan cercanos y de nuestra área sociocultural lo están sufriendo –sin ir más lejos ayer en Estados Unidos–. Uno piensa, todavía horrorizado, en lo que supuso el atentado de hace unos años en Madrid, o aquel 11 de septiembre en Nueva York que cambiaron el rumbo de la historia, o los acaecidos en París o Bruselas meses atrás, cuyas consecuencias aún desconocemos para un mundo que parecía seguro, tranquilo, poderoso y feliz. Esa violencia se extiende y domina otros ámbitos de periferias en ciudades o países; y no digamos nada de la violencia, que en miles de formas, atenta contra la vida, y que todos tenemos en mente; o las persecuciones religiosas que acaecen ante la pasividad de tantos sin poner ningún remedio.

Insisto en el terrorismo porque se basa en el desprecio de la vida del hombre –ese desprecio, por lo demás, por la vida que está socavando los cimientos de la sociedad con una cultura invasora de muerte, que lucha feroz batalla contra el hombre–. Precisamente por eso, el terrorismo no sólo comete crímenes intolerables, sino que en sí mismo, en cuanto recurso al terror como estrategia política y económica, es un auténtico crimen contra la humanidad, como otras formas de desprecio o de atentado contra la vida de inocentes, recordemos el aborto. Nunca, ni siquiera las injusticias existentes en el mundo pueden usarse como pretexto para justificar los atentados terroristas, y nunca otras excusas pueden ponerse para atentar contra la vida de inocentes, si queremos paz. La pretensión del terrorismo de actuar en nombre de los oprimidos o de las víctimas de las injusticias es una falsedad patente, una falacia, de modo análogo, podríamos decir de otras maneras de violencia.

Venimos a pedir la paz, porque sabemos que es un don de Dios, es la suma de los bienes que el hombre puede realizar en la vida, y eso está vinculado siempre a la misericordia de Dios y a la obediencia a Él. Porque la paz está permanentemente amenazada en el corazón de los hombres; el odio, la mentira, la no verdad, la soberbia que divide, la envidia, el resentimiento, la injusticia, y la ignominia. El primer lugar donde hay que combatir la guerra es en el propio corazón, y tenemos experiencia de cómo esas pasiones nos derrotan una y mil veces. Por lo tanto la actitud más razonable es la de suplicar a Dios el don de la paz, la gracia y la misericordia que elimine los obstáculos que hay en el corazón de cada uno, la conversión para la paz. Así podremos ser constructores de un mundo en paz, y seremos proclamados dichosos porque trabajamos por la paz como hijos de Dios.

Habrá paz en la medida en que toda la humanidad sepa redescubrir su vocación a ser hombres que tienen inscrita en su gramática personal la llamada a la paz, o su vocación a ser una familia, que constituye la base del ser humano y la primera e imprescindible matriz y escuela de paz, en la que la dignidad y grandeza del hombre en medio de sus fragilidades y con sus derechos inalienables, sean reconocidos como anteriores y por encima de cualquier diferencia. Es fundamental, y muy gozoso, cumplir el deber de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, llamados a comprometerse por la paz, a trabajar por la paz, a educar para la paz y en la paz, a desarrollar estructuras de paz e instrumentos de no violencia, a sembrar y cultivar sentimientos de amor y justicia, de verdad y auténtica libertad que generan paz, a crear, superado todo egoísmo e interés particular, una cultura de la paz, una nueva civilización de la verdad y el amor, a generar un ambiente social en todas las partes regido por la moralidad que se asienta en la búsqueda y pasión por el bien, por lo bello, lo bueno, lo verdadero, es decir por el hombre y que apueste por el hombre, como Dios ha apostado por nosotros en su Hijo.

Tenemos que oponernos juntos, con firmeza a la tentación del odio y de la violencia, que sólo dan la ilusión de resolver los conflictos y procuran pérdidas reales y permanentes. Pero, ¿cuál es el camino que conduce al pleno restablecimiento del orden moral y social, violado tan bárbaramente por los atentados terroristas o por la guerra injusta? Dijo el Papa San Juan Pablo II: “La convicción a la que he llegado es que no se restablece completamente el orden quebrantado, si no es conjugando la justicia con el perdón. Los pilares de la paz verdadera son la justicia y esa forma particular del amor que es el perdón”. Hay, pues, un camino para empezar de nuevo, para construir un mundo más justo y solidario el camino del perdón. El perdón, nota distintiva de la fe cristiana, que podría parecer debilidad presupone, sin embargo, una gran fuerza espiritual y asegura ventajas a largo plazo. Para todos, creyentes y no creyentes, vale la regla de hacer a los demás lo que queremos que nos hagan. Este principio ético, aplicado a un nivel social e internacional, constituye una vía maestra para construir un mundo más justo y solidario.

En un mundo globalizado, donde las amenazas a la justicia y a la paz tienen repercusiones a escala mundial, se impone una globalización también de las conciencias: no hay que desalentarse ante las pruebas de la Historia, sino perseverar en el compromiso de orientar en la dirección justa las opciones personales, familiares y sociales, así como las grandes líneas del desarrollo nacional e internacional.

Hoy, en Asís, el Papa Francisco, con gentes de diferente raza, cultura y religión, procedentes de todos los rincones del planeta, quieren demostrar al mundo entero que es posible convivir en paz, que es posible tener esperanza. El secreto está en pedir el don de la paz al único que puede darla. A Dios, el Señor de la paz. ¡La paz parece, a veces, una meta verdaderamente inalcanzable! En un clima hostil por la indiferencia y envenenado frecuentemente por el odio, ¿cómo esperar que venga una era de paz, que sólo los sentimientos de solidaridad y amor pueden hacer posible? Podemos y debemos esperar una verdadera paz en el mundo, habrá un futuro de paz en la tierra. ¡La paz es posible! No se trata de un slogan, sino de una certeza, de un compromiso. Es posible siempre, si se quiere verdaderamente. Y si la paz es siempre posible, es objeto de un deber imperioso.

Ante una paz tan amenazada y rota, en una situación tan difícil para la paz como la que atravesarnos, nuestra mirada se dirige a Cristo. Los que en El creemos, pensamos que problemas tan graves no se pueden resolver sin hacer referencia a Él; sin Él no es posible resolver los problemas que se complican de día en día. En Él está la fuente de la fraternidad, la abundancia de la misericordia, la capacidad para el perdón sincero y real que alcanza a los enemigos, la superación de toda división, la implantación del derecho y la justicia. No podernos cruzarnos de brazos, o permanecer atenazados por el temor o la incertidumbre. Necesitarnos intervenir. Todos. Los Papas no cesan de recordarnos que una de las intervenciones más poderosa reside en la oración. Ella entraña un enorme poder espiritual, sobre todo cuando va acompañada del sacrificio y del sufrimiento.

La oración nos ha de unir a todos ante Dios, Padre justo y rico en misericordia. La oración es la única arma de la Iglesia para lograr la paz, particularmente en manos de los pobres, de los oprimidos, de las víctimas de la injusticia. La oración, resistente como el acero cuando se templa bien en el fuego del sacrificio y del perdón, es la sola arma eficaz para penetrar hasta el corazón, que es donde nacen los sentimientos y las pasiones del hombre.

Oremos, pues, sin cesar, con toda confianza y con todo el corazón pidiendo fuerza espiritual para acabar con la guerra y la violencia, para que la paz se implante y se destierre de manera definitiva la violencia, el terrorismo, el odio, la injusticia. ¡Unámonos con toda amplitud, sin reserva alguna, al Papa que en este día ha estado rezando en Asís de manera especialísima por la paz y con él también los líderes de las confesiones religiosas!

Que Dios, dador de todo bien –y ¿qué bien es comparable a la paz y la concordia?– conceda al mundo una paz estable, fundada en la justicia, el amor, la verdad, el perdón y la libertad. Que se busquen y encuentren soluciones adecuadas a los numerosos conflictos que atormentan el mundo. Que cese todo terrorismo sobre la faz de la tierra. Que quienes han sufrido o sufren las consecuencias del terrorismo y de la guerra hallen la solidaridad necesaria y el consuelo que alivie su gran sufrimiento. Con San Francisco decirnos: “¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! /Que allí donde haya odio, ponga yo amor; / donde haya ofensa, ponga yo perdón; / donde haya discordia ponga yo unión; /donde haya error, ponga yo verdad; /donde haya duda, ponga yo fe;/donde haya desesperación, ponga yo esperanza, /donde haya tinieblas, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo alegría. / ¡Maestro! que no busque yo tanto /ser consolado como consolar/; /ser comprendido, como comprender; / ser amado, como amar. / Porque dando es como se recibe. / olvidando, como se encuentra; / perdonando, como se es perdonado; /muriendo, como se resucita a la vida eterna”. Santa María, reina de la paz, ruega por nosotros y consíguenos la paz, la paz de tu Hijo Jesús, que no es la de este mundo, sino la suya que transforma e ilumina los corazones y las mentes.

Video: El cardenal Cañizares ordena a monseñor Ros como obispo auxiliar de Valencia.

El cardenal Cañizares ordena a monseñor Ros como obispo auxiliar y le alienta a ser “testigo de esperanza, profundamente realista y hondamente libre”22 obispos de toda España y 400 sacerdotes concelebran la misa en la Catedral llena de fieles
VALENCIA, 3 SEP. (AVAN).- El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha ordenado hoy a monseñor Arturo Ros como nuevo obispo auxiliar de Valencia, en una multitudinaria misa en la Catedral de Valencia, completamente llena de fieles, y en la que han concelebrado un total de 22 arzobispos y obispos de toda España además de cerca de 400 sacerdotes valencianos.

En su homilía, el Cardenal ha asegurado que “Dios misericordioso nos concede un pastor conforme a su corazón para ser ordenado Obispo” y, dirigiéndose a monseñor Ros, le ha expresado que “tú eres el mejor testigo de lo que Dios ha hecho, está haciendo en ti y por ti”.

“Vas a ser ordenado para ser servidor y testigo de la esperanza, que es una dimensión especialmente actual, un hombre de Dios, un hombre de fe honda y espiritualmente vivida, alimentada en la oración constante”, ha indicado el Cardenal.

Precisamente, ha considerado de “una urgencia inaplazable” que el obispo sea “auténtico creyente en Jesucristo y testigo eminente de la fe apostólica” porque “ante las contestaciones tan contradictorias, tan inseguras, triviales y desconcertantes de muchos de nuestros contemporáneos, fuera y dentro de la comunidad eclesial, se necesita la respuesta decidida del obispo, testigo y maestro de la fe de sus hermanos, como la de Pedro y dicha con él en comunión indestructible”.

Además, “desde la fe, el obispo vive el drama de nuestro tiempo: la caída del sentido de Dios en la vida de los hombres” y “en medio de la noche oscura del ateísmo colectivo de nuestro tiempo, el obispo señala con su vida y su palabra que una humanidad que se aleja de Dios se priva de la raíz más profunda para la afirmación de su verdad, para el reconocimiento y respeto de su inviolable dignidad y para su realización en la más auténtica libertad”.

Por ello, “un obispo profundamente creyente será un hombre hondamente libre con la libertad gozosa de los que se sienten amados por Dios, y será testigo de la esperanza”.

Todo ello “nos urge a dar testimonio de esperanza, alentar a la esperanza, mirar al futuro y señalar caminos que conduzcan a él”, ha señalado el Cardenal, que también ha precisado que “la esperanza de un obispo de fe no le quita nada de realismo. Al contrario, es una persona, por fe, profundamente realista” y por ello, “consciente de que el contenido y la realidad objeto de la esperanza es don de Dios y que el futuro no es obra de nuestras solas fuerzas, sino promesa y obra de la gracia del Señor que viene y reclama nuestra colaboración”.

Así “ni el obispo es un hombre resignado, inactivo o falto de interés, ni tampoco un activista o voluntarista de la acción humana”, ha continuado el Cardenal, que ha sentenciado que “nada más ausente de un obispo que la falta de compromiso con nuestro mundo” y ha puesto como ejemplo de ese compromiso a San Juan Pablo II, Benedicto XVI y el papa Francisco.

Al término de su homilía ha evocado el Cardenal la figura del beato Arturo Ros, abuelo mártir del nuevo obispo auxiliar, cuando ha señalado que “un obispo hoy, como hombre de fe y testigo de esperanza, ha de afirmar constantemente la fe en la resurrección y la esperanza en la vida eterna” y, al mismo tiempo, “ser totalmente consecuente” con la vivencia del “poder salvador de Dios por el camino de la cruz de Jesucristo, como lo fue tu abuelo mártir Arturo Ros, como tú querido Arturo”.

Finalmente le ha recordado también a su nuevo obispo auxiliar que “te ordenas el día de la fiesta de San Gregorio Magno, un gran obispo, testigo de fe y esperanza que Dios regaló a la Iglesia. A él te encomiendo”.

22 arzobispos y obispos concelebrantes

En la misa de ordenación episcopal han concelebrado con el Cardenal los arzobispos de Madrid, monseñor Carlos Osoro; Barcelona, monseñor Juan José Omella, y de Burgos, monseñor Fidel Herráez; y obispos de la Provincia Eclesiástica Valentina, monseñores Casimiro López Llorente, obispo de Segorbe-Castellón; Jesús Murgui, de Orihuela-Alicante; Vicente Juan Segura, de Ibiza; Enrique Benavent, de Tortosa, y Esteban Escudero, obispo auxiliar de Valencia; así como el secretario general de la Conferencia Episcopal Española, José María Gil Tamayo.

También han concelebrado en la misa de ordenación episcopal los obispos de Lleida, monseñor Salvador Giménez; Sant Feliú de Llobregat, monseñor Agustín Cortés; Cuenca, monseñor José María Yanguas; Albacete, monseñor Ciríaco Benavente; Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig; Málaga, monseñor Jesús Catalá; y Huelva, monseñor José Vilaplana.

De igual forma han concelebrado el obispo auxiliar de Valladolid, monseñor Luis Arguello, y los obispos eméritos de Segovia, monseñor Ángel Rubio; Alicante, monseñor Rafael Palmero; Mondoñedo, monseñor José Gea; Lleida, Joan Piris, y Mérida-Badajoz, monseñor Santiago García Aracil.

Familiares, autoridades y cientos de fieles de Requena, Vinalesa y Torrent

En los primeros bancos se encontraban los familiares del nuevo obispo auxiliar, encabezados por su madre, Consuelo Murgadas. Igualmente, ha tomado parte en la ceremonia un grupo de personas con discapacidad procedentes del Cottolengo del padre Alegre de Valencia con sus sillas de ruedas acompañados de voluntarios y religiosas que les atienden.

Igualmente, el lugar reservado a las autoridades estaba encabezado por- entre otros- la consellera de Justicia, Gabriela Bravo; el expresidente de la Generalitat, Francisco Camps; el rector de la Universidad Católica de Valencia, Ignacio Sánchez Cámara, que ha asistido con el Consejo de Gobierno, y la rectora de la Cardenal Herrera-CEU, Rosa Visiedo.

Entre las autoridades presentes se encontraba una nutrida delegación de los ayuntamientos de Vinalesa y Requena, con sus alcaldes al frente, Julio Martínez y Mario Sánchez, respectivamente, al ser la primera de ellas su localidad natal y la segunda, donde ejerció la mayor parte de su ministerio sacerdotal como párroco. Cientos de feligreses de ambas localidades se han desplazado en autobuses fletados por las parroquias y en sus propios vehículos particulares.

Recepción del anillo la mitra y el báculo

Durante la liturgia de ordenación episcopal, tras la presentación del nuevo obispo y la lectura del mandato apostólico del papa Francisco, ha tenido lugar la imposición de manos por el Arzobispo de Valencia y de todos los obispos concelebrantes sobre monseñor Arturo Ros y, posteriormente, le han hecho entrega del Libro de los Evangelios. A continuación, monseñor Ros ha recibido el anillo episcopal, la mitra y el báculo como signo de su ministerio pastoral, momento en que ha tenido lugar una ovación por parte de los fieles.

Dedicatoria a la Virgen de los Desamparados

Previamente a la misa de ordenación episcopal, todos los obispos concelebrantes acompañados por monseñor Ros han acudido a la Basílica de la Virgen en procesión donde han venerado a la patrona de Valencia, la Virgen de los Desamparados, y monseñor Ros ha firmado la siguiente dedicatoria en el Libro de Oro de la Basílica: “Mare de Deu, Madre de Misericordia, a tí acudo hoy suplicando tu caricia maternal. Ayúdame, madre, a ser fiel discípulo de tu hijo, a poner en práctica todos los días lo que tú nos enseñaste, “haced lo que Él os diga”. Ante tí me presento como un niño en brazos de su madre. Por eso imploro tu protección y tu auxilio para que pueda ser siempre un pastor bueno y santo. ¡Gracias, Madre! ¡Te amo, Madre! Tu hijo, Arturo Ros, Obispo auxiliar de Valencia.

AVAN

Ordenación episcopal de monseñor Arturo Ros como nuevo obispo auxiliar de Valencia

La Catedral acoge este sábado la ordenación episcopal de monseñor Arturo Ros como nuevo obispo auxiliar de Valencia
Presidida por el cardenal Cañizares con quien concelebrará una veintena de obispos

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, presidirá este sábado en la Catedral de Valencia la solemne misa de ordenación episcopal de monseñor Arturo Pablo Ros Murgadas como nuevo obispo auxiliar de Valencia tras su designación por el papa Francisco el pasado 26 de junio.

Más de una veintena de arzobispos y obispos de toda España concelebrarán con el Cardenal en la misa que dará comienzo a las 11 de la mañana, después de que monseñor Ros visite la Basílica de la Virgen, donde venerará la imagen de la patrona de Valencia, la Virgen de los Desamparados, y firmará en el Libro de Oro de la Basílica.

La misa será transmitida ´on line` en directo por ´streaming` a través de la página web de la Catedral de Valencia (www.catedraldevalencia.es).

Monseñor Arturo Pablo Ros Murgadas, de 52 años, se convierte así en el segundo obispo auxiliar de la diócesis de Valencia, después de monseñor Esteban Escudero, nombrado por el Papa en mayo de 2015.

Arturo Pablo Ros nació en Vinalesa el 10 de junio de 1964 y recibió la ordenación sacerdotal en Valencia en 1993. Fue superior del Seminario Mayor de 2000 a 2005. Y desde 2006 a 2010 fue párroco en Requena y en numerosas pedanías de esta localidad. También fue titular de las parroquias de Valencia Nuestra Señora de la Buena Guía y San Vicente Ferrer.

Desde 2010 era titular de la vicaría episcopal territorial V de la diócesis de Valencia (Llíria-Requena-Ademuz), así como miembro del Consejo Presbiteral.

100 años del Santo Cáliz

El Santo Cáliz de la Última Cena cumple cien años expuesto en público en la Catedral de Valencia

El 6 de enero de 1916 tuvo lugar el solemne traslado desde el relicario a la capilla donde se venera hoy

El Santo Cáliz de la Última Cena, que se venera en la Catedral de Valencia desde el siglo XV, cumplirá mañana, 6 de enero, cien años expuesto al público en el Aula Capitular antigua de la Seo o capilla del Santo Cáliz, a donde fue trasladado solemnemente aquel mismo día desde el relicario de la Seo, donde permanecía custodiado desde su llegada al templo.El Santo Cáliz, con su copa palestina de ágata en la parte superior, datada en el siglo I antes de Cristo, y que, según la tradición, fue la utilizada por Jesucristo en la Última Cena, fue trasladado el 6 de enero de 1916 desde el relicario de la Catedral, donde permanecía custodiado desde el año 1437, hasta la antigua Aula Capitular de la Seo, hoy capilla del Santo Cáliz, según han indicado a la agencia AVAN fuentes del Cabildo de la Catedral.

El cambio de ubicación fue promovido por el entonces deán de la Catedral, José María Navarro Darás, a iniciativa del canónigo José Sanchis Sivera, quien en su libro “El Santo Cáliz de la Cena (Santo Grial) venerado en Valencia”, de 1914, propuso ya su traslado al Aula Capitular antigua “para recibir allí continuo culto”.

También fue promotor de aquel traslado el entonces arzobispo de Valencia, monseñor Valeriano Menéndez Conde, titular de la archidiócesis desde 1914 hasta 1916, quien acordó con el Cabildo convertir la Capilla de las Reliquias en Aula Capitular nueva y la antigua Aula Capitular, en Capilla para el Santo Cáliz.

Finalmente, el Cabildo de la Catedral acordó el 3 de enero de 1916 que “el día de la Epifanía, 6 de enero, se saque el Santo Cáliz del Relicario y se coloque en el Altar” y que, por la tarde, “en solemne procesión claustral, sea llevado y colocado en su nuevo altar del aula antigua”.

“Grandiosa solemnidad” en el traslado, que fue “felicísima idea”

El Boletín Oficial del Arzobispado de entonces describió el traslado del Santo Cáliz como de “grandiosa solemnidad”, y relató cómo fue sacado del relicario aquel 6 de enero de 1916 y conducido hasta el altar mayor de la Seo, por la mañana, y cómo, por la tarde, fue llevado “en andas de plata” y “en solemne procesión claustral” al Aula Capitular, donde el coro catedralicio entonó el motete “Calix benedictionis” y el arzobispo de Valencia, cuando monseñor Menéndez Conde, colocó el Cáliz en el templete del nuevo altar.

Los periódicos de la época también describieron en sus crónicas el traslado. “La Voz de Valencia” destacó la labor del deán Navarro Darás y calificó la jornada como “día de gloria y valencianismo”, mientras que “Las Provincias” subrayó la “idea felicísima” del canónigo Sanchis Sivera de trasladar la reliquia y el “Diario de Valencia” hacía un “llamamiento a la hidalguía y generosidad de la católica Valencia” para promocionar el culto de la reliquia.

Desde Jerusalén a Valencia

Según la tradición, la copa que utilizó Jesucristo en la Última Cena fue llevada de Jerusalén a Roma por San Pedro y utilizada desde entonces por él y los sucesivos papas de la Iglesia en Roma en las celebraciones eucarísticas hasta el año 258 cuando el papa Sixto II, encargó a su diácono, San Lorenzo que sacara aquel sagrado cáliz de Roma para protegerlo de la persecución del emperador Valeriano. San Lorenzo envió la reliquia a España, donde vivían sus padres. Tras pasar por distintos monasterios de Huesca y Zaragoza, en el año 1424, el rey Alfonso el Magnánimo decidió trasladar el Santo Cáliz a Valencia, donde estuvo primeramente en el desaparecido Palacio Real y, desde 1437, en la Catedral.

Año Jubilar del Santo Cáliz

Precisamente, la archidiócesis de Valencia celebra en la actualidad el primer Año Santo Jubilar Eucarístico concedido por el papa Francisco cada 5 años a la archidiócesis de Valencia en conmemoración del Santo Cáliz que se venera en la Catedral.

El pasado 29 de octubre de 2015, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, presidió en la Catedral la misa de apertura del primer Año Jubilar , que se celebra bajo el lema “Cáliz de la Misericordia”, por coincidir sus fechas con el Año Jubilar de la Misericordia convocado por el Papa Francisco para toda la Iglesia desde el pasado mes de diciembre.

Desde entonces, la capilla del Santo Cáliz, que es visitada cada mes por miles de turistas, registra el paso de numerosas peregrinaciones que acuden desde distintos lugares a ganar el jubileo y la consiguiente indulgencia plenaria.

(AVAN)

Monseñor D. Carlos Osoro envia Familias a evangelizar.

(AVAN).- El arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, ha presidido esta noche en la Catedral la ceremonia de envío a la misión a diferentes países de seis matrimonios con sus hijos, a quienes ha agradecido su testimonio, en una sociedad “necesitada de la fe, de ver familias que se fían de Dios”.

Los fieles, pertenecientes al Camino Neocatecumenal, marcharán a distintos países de Europa, así como a Estados Unidos, para realizar la llamada misión “ad gentes”, con el objetivo de dar testimonio de la familia cristiana en zonas fuertemente secularizadas. A las seis familias, monseñor Osoro les ha felicitado porque “un día descubristeis que en Jesucristo está la Verdad” y ahora “vais para dar testimonio a personas que, al ver como vivís, se preguntarán porque os queréis así y quizás eso provoque en muchos un primer encuentro con Jesús”.

En la misa oficiada por el Arzobispo, durante la cual ha realizado el rito del envío misionero, ha concelebrado una veintena de sacerdotes. En la ceremonia en la Seo, que se ha llenado de fieles, también ha participado Nicanor Martínez, responsable del Camino para la Comunidad Valenciana, Murcia, Baleares y Albacete.

Las familias, cuyos destinos serán Boston (EE.UU), Berlín (Alemania), así como Viena y Graz (Austria), pertenecen a las parroquias de San Pío X de Algemesí, y a las de San Francisco Javier, San Jerónimo, San Isidoro Obispo y Santo Domingo Savio de Valencia.

Las familias en misión del Camino Neocatecumenal “acuden a las diócesis del mundo en las que los obispos de esos lugares han pedido su presencia para que den testimonio de la familia cristiana y colaboren en el desarrollo de la Iglesia”, según fuentes del Camino.

Monseñor Osoro enviará a matrimonios misioneros valencianos

 

CATEDRAL DE VALENCIA
 
ENVIO
DE
GORKA Y CRISTINA
JUANJO Y CATI
 
MARTES, 31 DE ENERO
20:00 H.
 
Matrimonios misioneros valencianos serán enviados a Evangelizar por Monseñor Don Carlos Osoro.
Matrimonios valencianos que son enviados a diferentes países del mundo como misioneros con sus hijos  el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, los enviará en una eucaristía el martes 31 de enero a las 20:00 h.
Entre ellos se encuantran los feligreses de nuestra parroquia, Gorka y Cristina que D.M. marchan a Boston, Estados Unidos. Y Juanjo y Cati que marchan a Austria.

Jóvenes de San Jerónimo llevan la cruz itinerante de las JMJ – 2011

 

Jóvenes de San Jerónimo llevan la Cruz itinerante de las JMJ – 2011.

 Tras la recepción de la Cruz en el PALACIO ARZOBISPAL se marchó en procesión hacia la CATEDRAL.
Se hizo la vigilia de Bienvenida de la Cruz en la CATEDRAL y  al finalizar se trasladó la Cruz en procesión hasta la Casa de las HERMANITAS DE LOS ANCIANOS DESAMPARADOS, allí se rezaron vísperas.