Cardenal Antonio Cañizares. Agradecimiento, ánimo y oración.

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Agradecer al Arzobispo de Valencia D. Antonio Cañizares por estar ahí. Dar testimonio con sus palabras y con sus obras. Hacerle llegar nuestro apoyo y nuestra oración en estos momentos. Por la persecución que esta sufriendo, que le convierten en diana, en objeto de odio y de repudio. Sepa que estamos con usted ante este ataque frontal a la libertad religiosa, al catolicismo, a la iglesia y en concreto a usted personalmente. Un ataque hacia su persona no es hacia usted, es hacia toda la Iglesia católica, que somos todos los que pertenecemos a ella. También es un ataque ante la libertad del no creyente. Nos sentimos respaldados por nuestro pastor, por lo que queremos expresarle nuestro apoyo. Estamos llamados a ser testimonio, la persecución es uno de ellos. Amor y misericordia, ese es nuestro juicio.

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Homilía del Cardenal de Valencia, Monseñor Antonio Cañizares en la Jornada Mundial de Oración por la Paz

Día de oración por la paz: unión a la oración del Papa

El Santo Padre ha convocado hoy una Jornada Mundial de oración por la paz: ha convocado a la Iglesia entera, ha convocado a los cristianos de todas las partes, y ha convocado también a los representantes de las religiones del mundo a orar por la paz en Asís, la patria de san Francisco, hermano universal, maestro de la paz. Con el Papa nos unimos desde todas las partes del mundo para elevar al cielo una plegaria unánime que pide a Dios la paz, el cese de toda violencia, el final de todo terrorismo, la terminación de toda guerra, la aniquilación de todo odio, la implantación de toda justicia, la realización de la unidad verdadera que tiene como vínculo la caridad, el perdón, el amor. Con gran fuerza resuenan entre nosotros las palabras de Pablo a los Colosenses: “Como elegidos de Dios, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando uno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta, Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados”. La paz es la vocación de todo hombre, especialmente de nosotros creyentes en Jesucristo. Qué gozo vivir en la paz. Sin embargo la paz está rota o amenazada en tantos lugares.

Esta tarde, uniéndonos a un clamor universal, venimos a ofrecer el sacrificio mismo de Jesucristo que derramó su sangre en ofrenda para la reconciliación y para la curación de toda herida de separación y derribar el muro del odio que separa a los hombres. Presentamos a Dios el sacrificio de propiciación por los pecados de los hombres que hemos generado la división y la injusticia, y hemos impuesto en nuestras relaciones la violencia o los intereses propios. Venimos a orar con Cristo al Padre que, desde la Cruz, pide el perdón para los que le crucifican, promete el Paraíso al arrepentido y entrega su espíritu al Padre derramando todo su amor en favor de los hombres hasta el extremo. Estamos aquí, unidos al Papa, para orar por la reconciliación y la paz. Paz en todas las partes y países donde haya conflicto cuyos nombres todos tenemos en nuestras mentes, paz donde se extienda la violencia del tipo que fuere, paz para los que están desagarrados por dentro o en su interior carecen de ella y almacenan sentimientos, de odio, de venganza, o de cerrazón en la propia.
Paz en todos los lugares del mundo donde está amenazada o rota; me atrevo a decir que está amenazada en todas partes.

Uno no sólo piensa en los países calcinados por el sufrimiento y la terrible destrucción de la guerra, sino que también piensa en tanta hambre de los países subdesarrollados, en las víctimas del hambre, en los niños de la calle y abandonados o víctimas de tanta sinrazón de los mayores, en los pueblos cada día más lejanos al desarrollo normal, en continentes enteros excluidos del progreso, en las innumerables víctimas de la injusticia, en las destrucción masiva de la familia, en la violencia callejera, en tantos jóvenes sin trabajo, explotados o degradados por la droga y sus traficantes: Ahí no hay paz. Y uno piensa también, y de una manera particular, en ese fenómeno terrible, en esa lacra corrosiva de los últimos tiempos que corroe la humanidad, el fenómeno espantoso y vil del terrorismo que nuestra patria sufrió durante tantísimo tiempo, y que países tan cercanos y de nuestra área sociocultural lo están sufriendo –sin ir más lejos ayer en Estados Unidos–. Uno piensa, todavía horrorizado, en lo que supuso el atentado de hace unos años en Madrid, o aquel 11 de septiembre en Nueva York que cambiaron el rumbo de la historia, o los acaecidos en París o Bruselas meses atrás, cuyas consecuencias aún desconocemos para un mundo que parecía seguro, tranquilo, poderoso y feliz. Esa violencia se extiende y domina otros ámbitos de periferias en ciudades o países; y no digamos nada de la violencia, que en miles de formas, atenta contra la vida, y que todos tenemos en mente; o las persecuciones religiosas que acaecen ante la pasividad de tantos sin poner ningún remedio.

Insisto en el terrorismo porque se basa en el desprecio de la vida del hombre –ese desprecio, por lo demás, por la vida que está socavando los cimientos de la sociedad con una cultura invasora de muerte, que lucha feroz batalla contra el hombre–. Precisamente por eso, el terrorismo no sólo comete crímenes intolerables, sino que en sí mismo, en cuanto recurso al terror como estrategia política y económica, es un auténtico crimen contra la humanidad, como otras formas de desprecio o de atentado contra la vida de inocentes, recordemos el aborto. Nunca, ni siquiera las injusticias existentes en el mundo pueden usarse como pretexto para justificar los atentados terroristas, y nunca otras excusas pueden ponerse para atentar contra la vida de inocentes, si queremos paz. La pretensión del terrorismo de actuar en nombre de los oprimidos o de las víctimas de las injusticias es una falsedad patente, una falacia, de modo análogo, podríamos decir de otras maneras de violencia.

Venimos a pedir la paz, porque sabemos que es un don de Dios, es la suma de los bienes que el hombre puede realizar en la vida, y eso está vinculado siempre a la misericordia de Dios y a la obediencia a Él. Porque la paz está permanentemente amenazada en el corazón de los hombres; el odio, la mentira, la no verdad, la soberbia que divide, la envidia, el resentimiento, la injusticia, y la ignominia. El primer lugar donde hay que combatir la guerra es en el propio corazón, y tenemos experiencia de cómo esas pasiones nos derrotan una y mil veces. Por lo tanto la actitud más razonable es la de suplicar a Dios el don de la paz, la gracia y la misericordia que elimine los obstáculos que hay en el corazón de cada uno, la conversión para la paz. Así podremos ser constructores de un mundo en paz, y seremos proclamados dichosos porque trabajamos por la paz como hijos de Dios.

Habrá paz en la medida en que toda la humanidad sepa redescubrir su vocación a ser hombres que tienen inscrita en su gramática personal la llamada a la paz, o su vocación a ser una familia, que constituye la base del ser humano y la primera e imprescindible matriz y escuela de paz, en la que la dignidad y grandeza del hombre en medio de sus fragilidades y con sus derechos inalienables, sean reconocidos como anteriores y por encima de cualquier diferencia. Es fundamental, y muy gozoso, cumplir el deber de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, llamados a comprometerse por la paz, a trabajar por la paz, a educar para la paz y en la paz, a desarrollar estructuras de paz e instrumentos de no violencia, a sembrar y cultivar sentimientos de amor y justicia, de verdad y auténtica libertad que generan paz, a crear, superado todo egoísmo e interés particular, una cultura de la paz, una nueva civilización de la verdad y el amor, a generar un ambiente social en todas las partes regido por la moralidad que se asienta en la búsqueda y pasión por el bien, por lo bello, lo bueno, lo verdadero, es decir por el hombre y que apueste por el hombre, como Dios ha apostado por nosotros en su Hijo.

Tenemos que oponernos juntos, con firmeza a la tentación del odio y de la violencia, que sólo dan la ilusión de resolver los conflictos y procuran pérdidas reales y permanentes. Pero, ¿cuál es el camino que conduce al pleno restablecimiento del orden moral y social, violado tan bárbaramente por los atentados terroristas o por la guerra injusta? Dijo el Papa San Juan Pablo II: “La convicción a la que he llegado es que no se restablece completamente el orden quebrantado, si no es conjugando la justicia con el perdón. Los pilares de la paz verdadera son la justicia y esa forma particular del amor que es el perdón”. Hay, pues, un camino para empezar de nuevo, para construir un mundo más justo y solidario el camino del perdón. El perdón, nota distintiva de la fe cristiana, que podría parecer debilidad presupone, sin embargo, una gran fuerza espiritual y asegura ventajas a largo plazo. Para todos, creyentes y no creyentes, vale la regla de hacer a los demás lo que queremos que nos hagan. Este principio ético, aplicado a un nivel social e internacional, constituye una vía maestra para construir un mundo más justo y solidario.

En un mundo globalizado, donde las amenazas a la justicia y a la paz tienen repercusiones a escala mundial, se impone una globalización también de las conciencias: no hay que desalentarse ante las pruebas de la Historia, sino perseverar en el compromiso de orientar en la dirección justa las opciones personales, familiares y sociales, así como las grandes líneas del desarrollo nacional e internacional.

Hoy, en Asís, el Papa Francisco, con gentes de diferente raza, cultura y religión, procedentes de todos los rincones del planeta, quieren demostrar al mundo entero que es posible convivir en paz, que es posible tener esperanza. El secreto está en pedir el don de la paz al único que puede darla. A Dios, el Señor de la paz. ¡La paz parece, a veces, una meta verdaderamente inalcanzable! En un clima hostil por la indiferencia y envenenado frecuentemente por el odio, ¿cómo esperar que venga una era de paz, que sólo los sentimientos de solidaridad y amor pueden hacer posible? Podemos y debemos esperar una verdadera paz en el mundo, habrá un futuro de paz en la tierra. ¡La paz es posible! No se trata de un slogan, sino de una certeza, de un compromiso. Es posible siempre, si se quiere verdaderamente. Y si la paz es siempre posible, es objeto de un deber imperioso.

Ante una paz tan amenazada y rota, en una situación tan difícil para la paz como la que atravesarnos, nuestra mirada se dirige a Cristo. Los que en El creemos, pensamos que problemas tan graves no se pueden resolver sin hacer referencia a Él; sin Él no es posible resolver los problemas que se complican de día en día. En Él está la fuente de la fraternidad, la abundancia de la misericordia, la capacidad para el perdón sincero y real que alcanza a los enemigos, la superación de toda división, la implantación del derecho y la justicia. No podernos cruzarnos de brazos, o permanecer atenazados por el temor o la incertidumbre. Necesitarnos intervenir. Todos. Los Papas no cesan de recordarnos que una de las intervenciones más poderosa reside en la oración. Ella entraña un enorme poder espiritual, sobre todo cuando va acompañada del sacrificio y del sufrimiento.

La oración nos ha de unir a todos ante Dios, Padre justo y rico en misericordia. La oración es la única arma de la Iglesia para lograr la paz, particularmente en manos de los pobres, de los oprimidos, de las víctimas de la injusticia. La oración, resistente como el acero cuando se templa bien en el fuego del sacrificio y del perdón, es la sola arma eficaz para penetrar hasta el corazón, que es donde nacen los sentimientos y las pasiones del hombre.

Oremos, pues, sin cesar, con toda confianza y con todo el corazón pidiendo fuerza espiritual para acabar con la guerra y la violencia, para que la paz se implante y se destierre de manera definitiva la violencia, el terrorismo, el odio, la injusticia. ¡Unámonos con toda amplitud, sin reserva alguna, al Papa que en este día ha estado rezando en Asís de manera especialísima por la paz y con él también los líderes de las confesiones religiosas!

Que Dios, dador de todo bien –y ¿qué bien es comparable a la paz y la concordia?– conceda al mundo una paz estable, fundada en la justicia, el amor, la verdad, el perdón y la libertad. Que se busquen y encuentren soluciones adecuadas a los numerosos conflictos que atormentan el mundo. Que cese todo terrorismo sobre la faz de la tierra. Que quienes han sufrido o sufren las consecuencias del terrorismo y de la guerra hallen la solidaridad necesaria y el consuelo que alivie su gran sufrimiento. Con San Francisco decirnos: “¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! /Que allí donde haya odio, ponga yo amor; / donde haya ofensa, ponga yo perdón; / donde haya discordia ponga yo unión; /donde haya error, ponga yo verdad; /donde haya duda, ponga yo fe;/donde haya desesperación, ponga yo esperanza, /donde haya tinieblas, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo alegría. / ¡Maestro! que no busque yo tanto /ser consolado como consolar/; /ser comprendido, como comprender; / ser amado, como amar. / Porque dando es como se recibe. / olvidando, como se encuentra; / perdonando, como se es perdonado; /muriendo, como se resucita a la vida eterna”. Santa María, reina de la paz, ruega por nosotros y consíguenos la paz, la paz de tu Hijo Jesús, que no es la de este mundo, sino la suya que transforma e ilumina los corazones y las mentes.

ORAR POR LA PAZ Y EL CESE DE TODA VIOLENCIA

Convocatoria del Sr. Cardenal a toda la diócesis, para este martes, en unión con el papa Francisco

Queridos diocesanos: El Santo Padre, el Papa Francisco, nos ha pedido a toda la Iglesia, que nos unamos a él en su oración por la paz. El martes, día 20 va a Asís, lugar emblemático para la paz por san Francisco, a orar por la paz, siguiendo lo que ya hicieron los papas San Juan Pablo II y Benedicto XVI. La paz está muy amenazada, incluso rota: como el Papa ha señalado en más de una ocasión nos encontramos en medio de una guerra: no hay paz.

Hemos de invocar a la misericordia de Dios, especialmente en este .Año de la Misericordia, por el establecimiento de la paz: necesitamos apremiantemente orar por la paz y el cese del terrorismo en el mundo entero que no se acaba.

Necesitamos el auxilio y el favor de Dios ante los problemas tan arduos e intrincados de la paz en el mundo: paz, por lo demás, tan rota y amenazada hoy en tantos lugares de la tierra. Con la mirada puesta en el Niño que yace indefenso en el pesebre de Belén o en el patíbulo de la cruz de donde cuelga el Justo Jesús, ajusticiado injustamente, pidamos confiadamente a Dios, fuente inagotable de todo amor y misericordia, que nos libre de todo odio, de toda violencia, de todo terrorismo, de todas las destrucciones de vidas humanas, de todo mal que se oponga a la paz verdadera, la que no es posible sin la base de la ley moral universal, esto es, sin la base del seguimiento del bien y del rechazo del mal, del no dejarse vencer por el mal, antes bien, del hacer posible que se venza al mal a fuerza de bien, con el perdón y la reconciliación.

Es preciso pedir a Dios que cesen tantas formas de creciente violencia, causa de indecibles sufrimientos; que se apaguen tantos focos de tensión, que corren el riesgo de degenerar en conflictos abiertos y aún mayores; que se consolide la voluntad de buscar soluciones pacíficas, respetuosas de las legítimas aspiraciones de los hombres y de los pueblos; que aliente Él mismo las iniciativas de diálogo y de reconciliación y perdón; y que nos ayude a comprender que la única vía para construir la paz es huir horrorizados del mal y buscar siempre y con valentía el bien. Que cada uno en la parte que le corresponda, contribuyamos a la edificación de un futuro de justicia, de solidaridad y de paz para cada nación, derribando fronteras y superando divisiones.

Oremos para que no golpee, o que deje ya de golpear, o que nunca más ya golpee el terrorismo en ninguna parte del mundo,­ como en Irak, Siria, Libia, Egipto, Turquía, Europa.. .que todos estemos unidos y seamos como una “piña” frente a él; que se multiplique la misericordia de Dios y la solidaridad, la ayuda de la caridad y de la justicia de los hombres en favor de sus víctimas. Que crezca en todos los ciudadanos y personas de bien un verdadero amor al hombre, a todo hombre sin excepción alguna ni marginación de ningún tipo; que se respete la vida del hombre en todas y cada una de las fases de su existencia, desde el principio de su ser hasta su muerte natural, ni se le manipule, ni se le instrumentalice para otras causas o intereses, aunque puedan tener apariencia de nobles. Que la ciencia se ponga al servicio del hombre, no a la inversa, que se ejerza con conciencia para que no se vuelva contra el propio hombre. ¡Que Dios nos conceda la paz, que sólo él puede dar! Que Él nos dé su gracia para que todos seamos personas que trabajan decididamente por la paz: así seremos dichosos, hijos de Dios, nuestro Padre, llamados a edificar día tras día la paz en la justicia, la verdad, la libertad y el amor.

Oremos de manera especialmente intensa y ferviente, en estos momentos, por la paz en Siria, en Oriente medio, en Turquía, en tantos otros lugares donde se viven los terribles y espantosos horrores de la guerra, o se sufren las amenazas de destrucción y violencia … Por eso, uniéndonos al Papa, también en nuestra diócesis, como en el resto de las diócesis españolas y del mundo entero, el martes 20 de septiembre, nos sumaremos en oración ferviente al Dios de la misericordia y al Príncipe de la paz, su Hijo Jesucristo, invocando la paz, como un clamor o grito que se eleva hasta el cielo desde la tierra calcinada por la violencia y la locura de la guerra o de la no paz.

Invito a que, quienes podáis, participéis en la oración y eucaristía que tendrá lugar ese día, martes 20, a los 8 de la tarde en la Iglesia Catedral de Valencia; y a quienes por diversas causas no podáis participar en la Catedral, os pido que os unáis en vuestras parroquias y comunidades a la oración que se convoque; que ninguna parroquia, ni ninguna comunidad religiosa deje de orar el martes, 20, por la paz. Invito, así mismo, a los hermanos de otras confesiones cristianas y a todos los creyentes a que del modo que estimen oportuno se unan a esta plegaria, clamor universal al Cielo, por la paz.

Muchas gracias a todos por vuestra respuesta.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo-Cardenal de Valencia

El Cardenal D. Antonio Cañizares, abre la causa de canonización de monseñor Jesús Pla

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha presidido este, sábado, la apertura de la causa de canonización de monseñor Jesús Pla Gandía (Agullent, 1915- Valencia, 2000), que fue obispo auxiliar de Valencia y titular de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, al que ha definido como “cristiano ejemplar, de vida santa” que nos ayuda en la “apasionante tarea de renovación pastoral”.

“En los momentos cruciales de la Iglesia, han sido siempre los santos quienes han aportado luz, vida y caminos de renovación” y, por ello, según ha expresado el Cardenal “necesitamos- en este tiempo crucial en el que vivimos- santos y modelos de santidad”.

El Arzobispo de Valencia ha calificado, igualmente, a monseñor Pla como “hombre recio, ejemplar, un sacerdote conforme al corazón de Dios, que siempre buscaba dar a los fieles lo mejor que les podía dar: la fe”.

Durante la apertura de la causa, celebrada esta mañana en la Catedral de Valencia, también ha destacado que monseñor Pla fue un “obispo señero” y “buen pastor, entregado a los suyos”, con una “dedicación completa a los duros trabajos del Evangelio sin escatimar nada, olvidándose de si”.

Según ha asegurado el cardenal Cañizares, siendo “obispo como él”, su causa de canonización, “no sólo me emociona y llena de alegría sino que me abre un camino a seguir”.

Igualmente, el Cardenal, que ha dado gracias a la diócesis de Sigüenza- Guadalajara por la “comunión”- junto a la de Valencia- para llevar adelante este proceso- ha destacado la sencillez de monseñor Pla que “además nos enseña ante un mundo de necesidades y nuevas pobrezas, ir al grano, a lo prioritario y fundamental de las cosas”.

“Una Iglesia de santos será una Iglesia cuyos miembros unidos a Cristo serán testigos de la caridad y de la entrega servicial de los hombres, siguiendo el camino de Cristo”, ha añadido el Arzobispo.

El acto ha contado también, entre otros prelados, con la participación del obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor Atilano Rodríguez, que ha señalado el “recuerdo imborrable” que tiene de monseñor Pla de su “rostro afable, alegre y bondadoso, reflejo sin duda de su experiencia espiritual”.

Asimismo, ha destacado de Jesús Pla “su valentía- manifestada en sus escritos y declaraciones- a la hora de defender la fe de la Iglesia y de orientar su acción evangelizadora en unos tiempos en los que ya comenzaba a ser casi normal el pensamiento único y la dictadura del relativismo”.

De igual forma, ha recordado el cariño que siempre han sentido todos hacia él “por su vivencia heroica de la fe y de la esperanza, y su disposición para pedir y ofrecer el perdón a sus semejantes”.

Para la diócesis de Sigüenza-Guadalajara “es motivo de gran alegría la apertura de esta causa” y su testimonio de vida “es una llamada para todos nosotros a progresar con decisión y confianza en el camino de la santidad”.

También, monseñor Atilano Rodríguez ha dado gracias por participar en este encuentro eclesial de apertura de la causa de beatificación y canonización de monseñor Pla, y personalmente al Cardenal por dar los pasos necesarios para que pueda llevarse a cabo, así como a los familiares de Jesús Pla, por su “entusiasmo y acogida”.

Acto de apertura

Durante el acto de la apertura de la fase diocesana de la causa, promovida conjuntamente por el arzobispado de Valencia y el obispado de Sigüenza-Guadalajara, ha quedado constituido el Tribunal, la comisión de peritos en Historia y Archivística y los teólogos censores han prestado juramento.

Por su parte, el postulador de la causa, el canónigo de la Catedral de Valencia Arturo Climent Bonafé, ha resaltado de monseñor Pla su “entrega a Cristo y a la Iglesia” y su “capacidad de tomar decisiones de gobierno”. Después de enumerar sus frutos pastorales y recordar datos de su biografía, Climent ha destacado del obispo Pla su “austeridad, su trabajo incansable, serenidad de espíritu, y su vocación y misión en la Iglesia”. Así, “no era amante de los honores, más bien los rehuía; tampoco pretendió privilegios especiales”, ha indicado.

Los miembros del tribunal se encargarán de recopilar la declaraciones de los testigos y la documentación necesaria que deberá recoger los testimonios, las pruebas y los documentos, a favor y en contra, sobre cómo monseñor Jesús Pla practicó las virtudes cardinales, teologales y las propias de su estado.

Al acto de apertura han asistido varios arzobispos y obispos de España, como el arzobispo emérito de Madrid, el Cardenal Antonio Maria Rouco; el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo; el arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, monseñor Santiago García Aracil; el arzobispo emérito de Zaragoza, monseñor Manuel Ureña; el obispo emérito de Mondoñedo-Ferrol, monseñor José Gea; el obispo emérito de Lleida, monseñor Juan Piris; el obispo de Orihuela-Alicante, monseñor Jesús Murgui; el obispo emérito de Orihuela-Alicante, monseñor Victorio Oliver; el obispo de Ibiza, monseñor Vicente Juan; y el obispo auxiliar de Valencia, monseñor Esteban Escudero.

Igualmente, entre los primeros bancos de la Catedral de Valencia se encontran ubicados familiares de monseñor Pla, varias decenas de sobrinos, muchos de ellos procedentes de la localidad de Agullent, en donde Jesús Pla nació. También, han participado vecinos y fieles de la localidad de Moncada, en donde fue director espiritual del Seminario Mayor y párroco, y de la localidad de Genovés, su primer destino parroquial, desde donde se han desplazado en autobús hasta Valencia.

Cuando concluya la fase diocesana, la documentación se enviará a Roma para que continúe el proceso en la Congregación vaticana para las Causas de los Santos. Allí “realizarán los estudios pertinentes para que, llegado el caso, monseñor Pla pueda ser declarado beato y posteriormente santo”.

La Santa Sede dio su autorización para la apertura de la causa de canonización el pasado mes de julio. Así, la Congregación para las Causas de los Santos dio su preceptivo “nihil obstat” (nada hay en contra) para el comienzo de la causa de canonización del obispo.

Monseñor Jesús Pla Gandia

Monseñor Jesús Pla Gandia nació en la localidad valenciana de Agullent el 24 de diciembre de 1915 y fue ordenado sacerdote en 1942. Su primer destino fue como párroco de Genovés, ministerio que desempeñó hasta 1946, cuando fue nombrado director espiritual del Seminario Mayor de Valencia en Moncada durante cinco años. En esta localidad permaneció 20 años más y en los que desempeñó los cargos de arcipreste y párroco de San Jaime Apóstol.

En Abril de 1967 fue nombrado Vicario General de la diócesis y en marzo de 1971 fue nombrado por el papa Pablo VI obispo auxiliar de Valencia, siendo arzobispo metropolitano el venerable monseñor José María García Lahiguera, que le encomendó diversas delegaciones.

El 5 de mayo de 1981, el papa Juan Pablo II nombró a monseñor Jesús Plá obispo de Sigüenza-Guadalajara, cargo que desempeñó hasta el 11 de septiembre de1991, cuando se jubiló.

Falleció en la ciudad de Valencia el día 8 de noviembre del año 2000. Sus venerados restos mortales descansan en la capilla de la Inmaculada Concepción de la Catedral de Sigüenza.

 

AVAN

Apertura de la causa de canonización de monseñor Jesús Pla Gandía

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, presidirá mañana, sábado, la apertura de la causa de canonización de monseñor Jesús Pla Gandía (Agullent, 1915- Valencia, 2000), que fue obispo auxiliar de Valencia y titular de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara.

El acto contará también con la participación del obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor Atilano Rodríguez, entre otros obispos, según ha indicado a la agencia AVAN el delegado episcopal para las Causas de los Santos, Ramón Fita.

Durante el acto de la apertura de la fase diocesana de la causa, promovida conjuntamente por el arzobispado de Valencia y el obispado de Sigüenza-Guadalajara, quedará constituido el Tribunal, la comisión de peritos en Historia y Archivística y los teólogos censores prestarán juramento, ha añadido.

Además, los miembros del tribunal se encargarán de recopilar la declaraciones de los testigos y la documentación necesaria que deberá recoger los testimonios, las pruebas y los documentos, a favor y en contra, sobre cómo monseñor Jesús Pla practicó las virtudes cardinales, teologales y las propias de su estado.

Cuando concluya la fase diocesana, la documentación se enviará a Roma para que continúe el proceso en la Congregación vaticana para las Causas de los Santos. Allí “realizarán los estudios pertinentes para que, llegado el caso, monseñor Pla pueda ser declarado beato y posteriormente santo”.

La Santa Sede dio su autorización para la apertura de la causa de canonización el pasado mes de julio. Así, la Congregación para las Causas de los Santos dio su preceptivo “nihil obstat” (nada hay en contra) para el comienzo de la causa de canonización del obispo.

Monseñor Jesús Pla Gandia

Monseñor Jesús Pla Gandia nació en la localidad valenciana de Agullent el 24 de diciembre de 1915 y fue ordenado sacerdote en 1942. Su primer destino fue como párroco de Genovés, ministerio que desempeñó hasta 1946, cuando fue nombrado director espiritual del Seminario Mayor de Valencia en Moncada durante cinco años. En esta localidad permaneció 20 años más y en los que desempeñó los cargos de arcipreste y párroco de San Jaime Apóstol.

En Abril de 1967 fue nombrado Vicario General de la diócesis y en marzo de 1971 fue nombrado por el papa Pablo VI obispo auxiliar de Valencia, siendo arzobispo metropolitano el venerable monseñor José María García Lahiguera, que le encomendó diversas delegaciones.

El 5 de mayo de 1981, el papa Juan Pablo II nombró a monseñor Jesús Plá obispo de Sigüenza-Guadalajara, cargo que desempeñó hasta el 11 de septiembre de1991, cuando se jubiló.

Falleció en la ciudad de Valencia el día 8 de noviembre del año 2000. Sus venerados restos mortales descansan en la capilla de la Inmaculada Concepción de la Catedral de Sigüenza.

El Cardenal abre este domingo el Año de la Misericordia

La archidiócesis de Valencia celebrará este domingo, 13 de diciembre, el comienzo del Año del Jubileo Extraordinario de la Misericordia con una misa, a las 18 horas, presidida por el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, que abrirá previamente la Puerta de los Hierros de la Catedral, decorada con palmas, como Puerta Santa.

La celebración será emitida en directo por internet a través de la pagina web del Arzobispado, http://www.archivalencia.org, según han indicado hoy a la agencia AVAN fuentes de la Seo.

Una procesión previa a la apertura partirá, a las 17.30 horas, desde la parroquia de San Esteban, “con la participación de los obispos que concelebrarán la misa, el Cabildo Metropolitano, vicarios episcopales, sacerdotes diocesanos, seminaristas, que serán los encargados de los cantos, y un centenar de fieles, designados para este fin”, han añadido.

Una vez que la procesión llegue a la Puerta de los Hierros de la Catedral “el propio Cardenal empujará la Puerta Santa, decorada con palmas, en un acto que simboliza la apertura del Año Jubilar, similar al realizado ayer, martes, por el papa Francisco en la basílica de San Pedro del Vaticano”, han comentado.

Asimismo, la puerta “se abrirá hacia adentro, dejando al descubierto la cancela interior, donde habrá un cartel colgado que identificará, en valenciano, esta puerta como `Porta de la Misericòrdia´ y la Catedral, como templo jubilar durante el año”, han explicado.

A continuación, la comitiva que acompañará al cardenal Cañizares “atravesará la puerta y dará comienzo la celebración de la misa correspondiente al tercer domingo de Adviento”, según las mismas fuentes, que han precisado que al comienzo de la misa “tendrá lugar el acto de la memoria del Bautismo, en el que se utilizará agua bendita de la Pila Bautismal de San Vicente Ferrer y San Luis Beltrán”.

Igualmente, al final de la misa tendrá lugar “la proclamación de los seis templos jubilares del Año de la Misericordia, además de la Seo, acto en el que el Cardenal entregará un leccionario nuevo al párroco o representante de cada uno de estos templos”, es decir, la Basílica de la Virgen en Valencia; las Colegiatas de la Asunción de Nuestra Señora, en Xàtiva y en Gandia; la Basílica de San Jaime Apóstol, de Algemesí; el Santuario de Nuestra Señora de la Encarnación, de Cullera; y el Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, de El Puig.

Además, está previsto que la celebración “cuente con la participación de una representación de cada una de las ocho vicarías territoriales de la diócesis y que en la misa se incluyan preces especiales para este día de inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia”, han señalado.

 

Se invita a todas las parroquias con campanas, las hagan sonar el día 13 a las 18 horas.

El cardenal Cañizares califica el terrorismo yihadista de “muy blasfemo, sacrílego y asesino”

El cardenal arzobispo de Valencia, Mons. Antonio Cañizares Llovera, afirmó este sábado por la tarde que el terrorismo yihadista es “muy blasfemo, sacrílego y asesino, porque no se puede matar en nombre de Dios, que es amor; no es muerte, sino vida”. Además, pidió a Dios “por las víctimas, sus familiares y sus pueblos”, pero también por los terroristas “para que les llegue el perdón de Dios, porque no saben lo que hacen”.

Durante la misa que presidió en la Catedral de Valencia ante cientos de personas, en el marco de la vigilia de oración convocada por las víctimas de los recientes atentados terroristas, el cardenal Cañizares señaló que “Jesucristo no es espectador de este escarnio, sino que lo sufre en su propia carne”.

“Dios está con las víctimas, sufriendo; con los familiares, sufriendo; con sus pueblos sufriendo, y ahí, en ellos, hemos de buscarlo y encontrarlo, siendo solidarios con todos ellos y dejarnos de falsos intereses, sólo el de Dios”, subrayó el arzobispo de Valencia.

“Dios es perdón y le pedimos también para que sobre los asesinos venga el perdón, porque no saben lo que hacen, que cambien el corazón y puedan abrirse al don de Dios que es misericordia”, dijo el purpurado en su homilía, según informó la agencia de noticias de la archidiócesis de Valencia (AVAN). Una vez finalizada la celebración eucarística, tuvo lugar la adoración al Santísimo Sacramento.