Carnaval de Las Palmas. Cardenal Antonio Cañizares

Cardenal Antonio Cañizares

9 marzo 2017

Hace unos días, en los carnavales de Las Palmas de Gran Canaria acaecieron unos hechos lamentabilísimos y terribles que me dejan tristísimo y preocupado profundamente por su gravedad. Desde el primer momento, públicamente, durante la Santa Misa en una parroquia de los poblados marítimos de Valencia en la que me encontraba de visita pastoral, expresé mi rechazo y mi estrecha unión y solidaridad con el obispo querido y admirado de Canarias, monseñor Francisco Cases, y con el pueblo cristiano que él sirve con tanta entrega y empeño. Me he unido, me uno, a su dolor y sufrimiento, a su plegaria y acto de desagravio. ¡Qué carta tan preciosa, tan auténtica y verdadera, tan llena de lágrimas sinceras de un padre, pastor y obispo, que ha demostrado cómo quiere de verdad, generosa y hondamente, a su pueblo, también ofendido y vejado, como su obispo, por estos lamentabilísimos y condenables hechos! Reitero, una vez más: me uno a su dolor y sufrimiento, a su plegaria y acto de desagravio.

Pido al Señor Crucificado, como hizo desde la Cruz a quienes lo condenaron y ajusticiaron, que también perdone ahora a quienes han cometido tan grave ofensa –autores materiales desde la carroza, los que aplaudieron y los que premiaron tal ofensa a lo más Santo porque no saben lo que hacen; a los que permitieron tan deleznable acto y a quienes tratan de disculparlo de algún modo amparándose en el derecho a la libertad de expresión, que aquí se ven claramente sus límites–, en el sentido «burlesco, satírico y transgresor», se dice, del Carnaval. En verdad no saben lo que hacen aunque lo hicieren, en un supuesto, conscientemente. Que Dios les perdone y les conceda el don de la conversión. Que Jesucristo, como en la Cruz, les conceda su perdón del que a nadie excluye.

Confieso que no se entiende que a estas alturas y en un país como el nuestro sucedan tales cosas tan impunemente; debería hacernos pensar a todos por qué están sucediendo estas cosas en nuestras sociedades españolas: hoy ha sido Canarias, en otro momento ha sido Navarra, el año pasado fue Valencia; hechos semejantes están ocurriendo con total impunidad. ¿Qué nos está pasando? Han herido duramente, han atacado, sin duda, lo sentimientos de los ciudadanos cristianos, sentimientos religiosos y de conciencia –los míos y los de muchísimos otros más–. Merecedores de todo respeto, inviolable respeto, porque nos asiste tal respeto un derecho primordial entrañado en la dignidad de la persona: nos han ofendido gravemente sin razón alguna.

Pero, en este caso, más allá, incluso, de este debido respeto a sentimientos religiosos que es un derecho fundamental, hay que considerar que con estos hechos han ofendido, herido y atacado objetivamente la Realidad que es centro de todo, la realidad, la persona real de Jesucristo Crucificado, y la de su Santísima Madre, la Virgen María, que junto a la Cruz nos fue dada por madre de todos los hombres –también de los que han cometido tan execrables hechos–. Esto es lo que a mí me duele y debería doler a todos.

Sin duda nuestra sociedad está enferma y hay que detectar cuáles son los orígenes o las causas de esta enfermedad. Desde esta misma página he advertido en no pocas ocasiones que padecemos una quiebra de moralidad, expresión de una honda quiebra de humanidad, en cuyo origen está el olvido de Dios, la ausencia de Dios, vivir como si Dios no existiera. Esto origina un laicismo destructor, que tiene como aliados el relativismo generalizado y radical y el nihilismo, y alimenta ideologías destructivas de gran calado. Y esto origina, también, una sensación –se vive de sensaciones y sentimientos superficiales– de libertad, y crea una mentalidad para la que la libertad es todo y omnímoda, para la que todo es posible y todo vale.

Las repercusiones en el campo educativo y de la familia son muy notables, y en el campo moral y social ahí están a la vista de todos. Ahora que se habla del pacto escolar, que no se olviden estos temas centrales para el futuro del hombre, de la humanidad, y de la sociedad en paz. Lo que «ha sucedido, lo que está sucediendo, constituye una llamada a toda la sociedad a que cambie y gire el rumbo.

Pero, en todo caso, lo que ciertamente está siendo es una llamada a que los cristianos vivamos más honda y auténticamente nuestra fe, bien y sólidamente formada, y a que seamos capaces de ser en medio de los hombres testigos firmes de la verdad que nos hace libres: esa verdad que es Cristo Crucificado, verdad de Dios y del hombre, y de su Santísima Madre, en quienes se nos descubre y desvela el verdadero arte de vivir y ser hombres nuevos que regeneran una humanidad nueva, de lo que andamos tan necesitados. Pedimos y exigimos todo el respeto debido a las Realidades sacratísimas a las que asiente y se confía la fe de los cristianos, el mismo respeto que debemos a convicciones religiosas y humanas diversas, y rechazamos sin paliativos estos hechos tan reprobables y deleznables, actúe o no actúe la ley como debe, estén por medio los intereses –económicos, ideológicos o turísticos– que sean, o las visiones o formas de pensar que se quiera.

Pido a Dios que nos conceda el vigor de la fe vivida y la libertad y la valentía para ofrecerla a todos y defenderla, exigiendo y reclamando de todos su respeto y protección también de los poderes públicos, porque ahí está la salvación y el futuro de la humanidad.

Artículo publicado en La Razón el 7 de marzo de 2017.

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Liberta de expresión – Libertad religiosa

Con frecuencia, bien en la práctica, bien en el pensamiento, no es raro que el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la libertad religiosa aparezcan como realidades contrapuestas. Digo más, caso de conflicto entre ambos habría que darle, según la manera de ver de algunos, la prioridad al derecho a la libertad de expresión. Estos días atrás escuchaba en un medio de comunicación en el transcurso de una tertulia política, que la base de la democracia está en el derecho a la libertad de expresión, pues se trata de un derecho supremo al que otros se deben supeditar. Me produjo escalofrío escuchar tal afirmación por las posibles implicaciones que de ahí podrían derivarse. Soy consciente de que lo que acabo de afirmar no es políticamente correcto, pero espero que se me conceda ese derecho y se me respete en su ejercicio. Defiendo este derecho como el que más, pero no me atrevería nunca a decir que es el derecho máximo al que los demás deberían supeditarse en democracia, o que ésta se funda en tal derecho. Que le sea inherente, no quiere decir que no haya otros aspectos, por ejemplo, los valores humanos y morales en que se sustenta y apoya: sin principios morales no hay democracia. Creo, con toda honestidad y con el máximo respeto a la verdad y a la necesidad de la edificación de un mundo en paz y en libertad que considerar el derecho de libertad de expresión un derecho absoluto, prácticamente sin límites, es un error y es origen de muchos dolores y sufrimientos injustos que es necesario evitar.

En una sociedad vertebrada, los derechos humanos fundamentales deben ser respetados todos y por todos, y ser articulados en su unidad y mutua referibilidad por las legislaciones oportunas dentro del bien común y de la persona. La primacía que se está dando a este derecho de libertad de expresión, que sin ningún lugar a duda hay que respetar y salvaguardar, está siendo, con cierta frecuencia, fuente de cercenamiento de derechos fundamentales inviolables correspondientes a la dignidad de la persona humana. Es más, ¿puede prevalecer, me pregunto, el derecho de libertad de expresión sobre la verdad o el derecho a la verdad? Tiene su límite y está por encima el bien común, inseparable de la persona. Cuando se falla a la verdad, cuando se difunde la mentira en un proceso de libertad de expresión, cuando se va en contra del bien común y de la convivencia justa y justa paz, ¿se puede apelar al derecho a la libertad de expresión y poner por encima este derecho? Que conste que no hablo de situaciones hipotéticas, sino desde la propia experiencia, a veces sufrida.

Quiero dejar constancia aquí de mi agradecimiento a aquellos hombres de la transición, tanto del mundo civil como de la Iglesia, que tan grandemente contribuyeron a la democracia, porque en su defensa de la libertad religiosa y de la libertad de expresión, unidas e inseparables, actuaron en favor del entendimiento entre todos y de la difusión de los derechos humanos y del bien, para el establecimiento de libertades en verdadera armonía.

Por otra parte, ¿se puede expresar uno impunemente, sin que pase nada cuando se trata de defender al cristianismo, la Iglesia, o sus representantes, lo más preciado en ella por sus gentes? Sin embargo, ¿qué espacio de defensa legítima se les deja?

Por muchas razones es necesario clarificar la cuestión del derecho de libertad religiosa y el derecho de libertad de expresión. Espero que, conforme a la doctrina social de la Iglesia –que es enteramente conforme a la recta razón–, su fundamentación en que se apoya esta doctrina social sobre los derechos humanos en Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI o Francisco, en apoyo también a la razón que reconoce a la libertad religiosa como base o fundamento del edificio de los derechos humanos fundamentales inviolables. Así podremos contribuir a la vertebración y edificación de esta sociedad nuestra democráticamente genuina, en libertad, en servicio toda ella al bien común y el bien de las personas. En esto todos podemos vernos unidos, encontrarnos y edificar un nuevo y gran futuro.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

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HOMILIA DEL CARDENAL ARZOBISPO DE VALENCIA EN LA MISA EN SUFRAGIO POR RITA BARBERÁ

En la Catedral de Valencia, el 23 de noviembre

Al caer la tarde, como a los caminantes de Emaús, cariacontecidos y contristados hondamente, con profundo dolor, por la muerte de Dª Rita Barberá, sale a nuestro encuentro el Señor, Jesucristo, resucitado, que ha vencido la muerte, todo odio y maledicencia, y reaviva en nosotros la esperanza.
Traemos a nuestra memoria sus palabras que nos dicen: “Venid a mí, los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Aprended de mí que soy manso y humilde corazón”. Cansados y agobiados estamos, es verdad, de este mundo nuestro que condena a las personas, que no parece no le importan las personas sino otros intereses , que se muestra incapaz de mirar con verdad y amor a las personas, o que tiene una mirada ciega para ver cómo Dios mira con amor y misericordia a todos.Venimos esta tarde como Iglesia, en el mismo día en que Dios ha llamado junto a sí a nuestra hermana, Rita, una mujer profundamente creyente, hija fiel de la Iglesia. La acompañamos ante Dios, con nuestra plegaria, ofreciendo el sacrificio de la Cruz donde está todo el amor de Dios, el juicio de Dios que es el único verdadero y justo, el de la misericordia para la redención de todos. En el centro está el amor de Dios que sabe leer el corazón del hombre y conoce la vida de cada uno de nosotros, lo más recóndito y lo más verdadero y auténtico de cada uno: Eso nos llena de confianza y consuelo ante esta enserada muerte. Siempre estuvo y se consideró en manos de Dios y por ello ahora la ponemos en esas manos divinas, sabiendo que en la vida y en la muerte somos de Dios. Ella ya se ha encontrado con la verdad, con Cristo, rostro humanado de Dios misericordioso, ante el tribunal divino que no juzga ni condena como los hombres sino que mira con amor y verdad la capacidad de servicio y de amor puesto en el actuar humano. Dª Rita fue una gran servidora de todos, sus obras como Alcaldesa fueron para servir a todos los valencianos en verdadera misericordia: amó mucho a los valencianos, a su pueblo, y por ellos se desvivió. Ésta es la verdad de nuestra alcaldesa: fe, confianza en Dios en quien siempre creyó y a quien siguió, servicio, entrega, buscar el bien para todos, para su pueblo.

Sin duda que en estos momentos nos sentimos desconcertados y abatidos pero traemos a la memoria la misericordia de Dios, infinita y desbordante, que se nos ha mostrado de una vez por todas en Jesús, su Hijo, y que no tiene vuelta atrás. ¿Quién podrá apartarnos, dice San Pablo, del amor de Cristo, del amor de Dios, manifestado y entregado en Cristo?. Esta misericordia, como dice el Papa Francisco en su Carta Apostólica al finalizar el Año de la Misericordia, “tiene también el rostro de la consolación. “Consolad, consolad a mi pueblo” (Is 40, 19), son las sentidas palabras que el profeta pronuncia también hoy, para que llegue una palabra de esperanza a cuantos sufren y padecen. “No nos dejemos robar nunca la esperanza que proviene de la fe en el Señor Resucitado” -la fe que animó y dio coraje a la vida de Dª Rita-. “Es cierto, a menudo pasamos por duras pruebas -como ésta-, pero jamás debe decaer la certeza de que el Señor nos ama. Su misericordia se expresa también en la cercanía, en el afecto y en el apoyo que muchos hermanos y hermanas nos ofrecen, como lo ofreció nuestra hermana en tantísimas ocasiones”. Dios se acerca a nosotros en su misericordia a través de ellos y enjuga nuestras lágrimas, como supo hacer con discreción y sabiduría evangélica nuestra hermana.

“Todos tenemos necesidad de consuelo, añade el Papa, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensión” -que padeció tan terriblemente nuestra hermana-. Cuánto sufrimiento provoca la experiencia de la traición, de la violencia y del abandono. Cuánto dolor puede causar una palabra rencorosa, fruto de la envidia, de los celos o de la rabia -o de otros sentimientos aún más innobles-. Cuánta amargura ante los seres queridos. Sin embargo, Dios nunca permanece distante cuando se viven estos dramas.

Estamos ante la muerte de Dª Rita, cristiana de una pieza, gran persona, gran alcaldesa, de corazón muy grande, y esta muerte nos produce un singular dolor por los motivos que están en la mente de la mayoría de los aquí presentes. “La Iglesia siempre ha vivido este dramático tránsito a la luz de la resurrección de Jesucristo, que ha abierto el camino de la certeza en la vida futura. Tenemos un gran reto que afrontar, sobre todo en la cultura contemporánea, que a menudo tiende a banalizar la muerte”, o no descubre la seriedad de la vida ante la muerte, en la que daremos cuenta ante Dios de la capacidad de amor y de misericordia, de perdón y de buscar el bien del hombre, de la persona, que ha de regir el comportamiento de todos, y en especial de los que ostentan y deben ser ejemplo para la sociedad, cargos públicos.

La muerte de Dª Rita me ha hecho pensar lo urgente que es un cambio y una regeneración en los modos de actuar. Así no podemos seguir. Mientras no importe por encima de todo el hombre, el bien de la persona y su dignidad inviolable, inseparable de la verdad de Dios, caminaremos por caminos ciegos incapaces de misericordia, que es la virtud de los fuertes con la fortaleza de Dios, que se rebajó hasta lo último, hasta una muerte en la Cruz, faro que ilumina el caminar del hombre, desde el amor, el perdón, la misericordia para todos. Ahí está la paz. Que la muerte de Dª Rita se muestre fecunda como el grano de trigo que cae en tierra buena para dar mucho fruto. Que Dios le haya perdonado todas sus culpas y que haya escuchado ya aquellas palabras que Dios dirige al siervo fiel y prudente: “Entra en el gozo de tu Señor”, el gozo de la gloria de Dios, que es que el hombre viva y viva para siempre en una dicha que nada ni nadie nos podrá arrebatar, una vida para siempre junto a Dios, que es amor sin límite.

Vivimos esta Santa Misa y la memoria de Dª Rita como una plegaria llena de esperanza por su alma y como ocasión para ofrecer consuelo y cercanía a cuantos sufren la muerte de esta persona tan querida, hermanos, sobrinos, familiares y amigos.

Antonio Cañizares Llovera

 

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COMUNICADO DEL ARZOBISPADO DE VALENCIA

Ante los hechos producidos tras la ceremonia religiosa presidida por el Cardenal Arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, en la Colegiata de Gandía con motivo de la Festividad de su patrón, San Francisco de Borja, y ante la sucesión de reacciones en los días posteriores, el Arzobispado de Valencia quiere realizar las siguientes manifestaciones, y con ello cerrar, esperemos definitivamente, un capítulo de divisiones y ofensas que están desgastando la convivencia del conjunto de la sociedad valenciana.

Esperamos prudencia y poner fin a una siembra de división en la sociedad valenciana que choca con los principios de libertad, tolerancia y conciliación, con los que el Arzobispo rige esta Diócesis.

La reiterada ofensa al Arzobispo Cañizares sólo puede venir de quienes no le conocen o no le quieren conocer. El mejor desmentido son los hechos, de los que damos testimonio, de lo que transmite constantemente a la Curia.

De ahí afirmamos que ya es hora de detener la distorsión de sus palabras. Respecto a los refugiados, a los que jamás ha descalificado sino apoyado más que cualquier institución, no ha escatimado en ayuda tanto personal como institucional en la Diócesis, lo que ha dispuesto en viviendas y alojamientos, medios económicos y gestiones, también en ofrecimiento de colaboración y disponibilidad a las autoridades locales y autonómicas.

Igualmente a las acciones para combatir la pobreza, las normas y criterios que promueve desde Cáritas. De igual modo, la ayuda para combatir la desigualdad social y laboral de las mujeres y, en especial, a las mujeres víctimas de la violencia machista, y a sus familias. Resultan inauditas, pues, las acusaciones de machista a un Arzobispo entregado a defender la igualdad de hombres y mujeres.

Ponemos especial énfasis en que es rotundamente falso que se haya insultado a los colectivos homosexuales; es inconcebible atribuirle tal atrocidad. Lo que no se puede es no querer escuchar que la Iglesia forma parte de la sociedad, y que ésta no haga pública su doctrina de siempre, la suya, desde la libertad religiosa contemplada en la Constitución, y además, sin fisuras, en perfecta comunión con el Papa Francisco. No se puede criticar desde la confusión de términos, desde una simplificación que es muy grave porque que lleva al riesgo de romper la autenticidad de lo dicho.

Si esta ignorancia de lo real procede de representantes públicos, debería haber elementos democráticos que limitaran acciones claramente reprobables para evitar la indefensión de quien es objeto de sus acusaciones.
En consonancia con el Arzobispo de Valencia, que aboga constantemente por los principios de reconciliación y de unidad, simple y sencillamente solicitamos prudencia y esperamos reciprocidad.

Arzobispado
Diócesis de Valencia

Video. El Cardenal Antonio Cañizares, abre el curso en la Facultad de Teología.

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha asegurado hoy que la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia debe ser “evangelizadora y evangelizada” y ofrecer “una Teología que conduzca a formar personalidades recias y firmes, con la firmeza de Cristo”, en una situación “nueva y nada fácil de secularización externa e interna en la Iglesia, y de laicismo radical”.

Asimismo, la formación impartida en la Facultad ha de conducir “a los futuros sacerdotes a configurarse firmemente con Cristo, a arraigarse y apoyarse en Él en todo y para todo”, ha añadido el Arzobispo y Gran Canciller de la Facultad de Teología.

El Cardenal ha pronunciado estas palabras en la homilía de la misa previa a la apertura de curso que ha presidido en la Iglesia de El Salvador, y en la que ha concelebrado el obispo auxiliar, monseñor Esteban Escudero, y el Provincial de España de la Orden de Predicadores y Vice Gran Canciller de la Facultad de Teología de Valencia, Jesús Díaz.

Igualmente, el Arzobispo ha subrayado que el camino de la Facultad es “el de nuestra Iglesia diocesana y así lo vamos a proclamar en las propuestas al Proyecto Diocesano de Pastoral Evangelizadora para los próximos años”, que tiene en su núcleo “la nueva evangelización que urge” y que será aprobado el próximo 15 de octubre, pero que será “un eslogan vacío sin un número suficiente de testigos, hombres y mujeres, que atestigüen con sus vidas que Dios merece ser amado”.

En esta sociedad “desde la que se escucha un poderoso llamamiento a ser evangelizada”, ha precisado el Arzobispo, “se necesita una nueva y fuerte irrupción del Espíritu que purifique, renueve, encienda y ponga en pie a la Iglesia y la haga salir adonde se encuentran los hombres para ser testigos en el pueblo”.

Además, en las situaciones “nada fáciles que vivimos”, el Espíritu Santo “nos da sabiduría y fortaleza para afrontar con lucidez y valentía las apremiantes necesidades y así permanecer fieles a la voluntad de Dios”.

“Cultivad de verdad la teología y huid de la superficialidad”

Después de la misa, ha tenido lugar el acto de apertura de curso en el salón de actos de la Facultad de Teología, en el que el Cardenal ha animado a los profesores y alumnos a “cultivar de verdad la teología y a huir de la superficialidad, hermana de la pereza y enemiga de la verdad”.

Asimismo, ha destacado que “para buscar de la verdad, y esta es vuestra tarea en el tiempo de formación, necesitáis luchar contra la frivolidad, cáncer de nuestra sociedad” y ha recordado que buscar la verdad “requiere soledad, concentración, disciplina, vida interior y paciencia”.

Además, “todo trabajo serio, y la teología lo es, exige esfuerzo, sacrificio y austeridad” y por ello “debéis luchar contra por la dispersión de los sentidos que incapacitan tantos hombres de nuestro mundo en el noble ejercicio del pensamiento y de la creación en cualquiera de los campos del saber y así podemos edificar sobre roca firme”.

Dirigiéndose a los participantes en el acto de apertura de curso, les ha manifestado que “tenéis en vuestras manos una tarea insustituible en la vida de la iglesia”. Así, la ayuda de la Teología “y por tanto la de vosotros, dedicados al quehacer teológico como maestros o como alumnos”, es valiosísima y enteramente necesaria para la evangelización, que es la dicha y la entidad más profunda de la Iglesia”, ha destacado.

Finalmente, ha animado a los asistentes a “seguir adelante con vuestra tarea” y ha agradecido su labor. “En mi encontrareis siempre aliento, cercanía y atención solícita”, ha concluido.

Por otro lado, el decano-presidente de la Facultad, Vicente Botella, ha afirmado en su intervención que “una facultad como la nuestra ha de ayudar a vivir a todos sus miembros el valor del tiempo desde la perspectiva de la fe cristiana ya que la vida siempre va por delante y el seguimiento de Jesús y la experiencia evangélica es lo primero y lo último para el creyente”.

200 alumnos matriculados

El acto de apertura ha comenzado con la lectura de la memoria del curso 2015-2016 a cargo del secretario general, Mariano Ruiz, y con la lección inaugural a cargo del dominico Emilio Barcelón Maicas, con el título “Principios constitutivos de la comunión eclesial, según el magisterio del Vaticano II”.

En la mesa del acto de apertura de curso que este año cuenta con 200 alumnos aunque el plazo de matriculación continúa abierto, han participado, junto al Cardenal, el provincial de los dominicos, Jesús Díaz; el decano-presidente de la Facultad, Vicente Botella, y el vicedecano, Miguel Navarro, así como el secretario, Mariano Ruiz.

Igualmente, han asistido los vicerrectores de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir y de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Ricardo García y Elías Durán, respectivamente.

El acto ha contado con la participación de la Coral Harmonia Polifònica, vinculada a la Facultad de Teología.

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Nota del Arzobispado de Valencia

Arzobispado de Valencia

 

EL ARZOBISPO CAÑIZARES NUNCA SE HA REFERIDO A LA POLITICA DE IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES COMO AMENAZA

 

El Arzobispado de Valencia niega que el Cardenal, Antonio Cañizares, se refiriera en la Homilía con motivo de la Festividad de la Asunción a “la política de igualdad entre hombres y mujeres, entre los dragones que han amenazado a la humanidad” tal como se ha afirmado.

Antonio Cañizares siempre ha defendido la igualdad entre hombres y mujeres, defendiendo con hechos sus derechos sociales y laborales, y luchando en especial contra toda violencia de la que las mujeres son víctimas. Es un tema de máxima sensibilidad, ante el que el Arzobispo de Valencia no se queda de brazos cruzados, y por tanto, con el que no se puede sembrar ninguna duda.

El Arzobispado de Valencia asegura que existe una grave responsabilidad al transmitir una realidad que no ha sido dicha sino interpretada equivocadamente por falta de rigor en los términos a los que se refiere.

Confundir la ideología de género, o también llamada teoría del género, como en ocasiones la ha acuñado el Papa Francisco, con la igualdad de género, que se refiere a la igualdad de hombres y mujeres en todos sus derechos, es de extrema gravedad, por lo que el Arzobispado se ve impelido a manifestar claramente la falsedad de la información que se ha difundido.

 

 

 

 

El cardenal Cañizares afirma que hoy es “un día para la esperanza” y “del triunfo del amor frente a los dragones del materialismo”

VALENCIA, 15 AGO. (AVAN)

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha asegurado en su homilía en la Catedral de Valencia con motivo de la solemnidad de la Asunción de la Virgen, que esta fiesta “es un día para la esperanza”, por “la protección cierta de María que nunca nos deja” y porque supone la “victoria total de Dios frente al mal”.

 

“Es como un estallido de júbilo”, ha descrito el Cardenal, en referencia a la fiesta que se vive hoy “en muchos pueblos en pleno descanso estival”, y que en esta ocasión se celebra dentro del Año de la Misericordia, por lo que “brilla de manera muy especial, precisamente, la Asunción de la que es Madre de la misericordia”.

 

El Cardenal Arzobispo de Valencia ha defendido que “siguiendo la lección de María alcanzamos la capacidad creadora para una nueva humanidad para evitar los nuevos dragones que con fuerza propagandística defienden la ideología materialista, que no respeta ni defiende al pobre, donde sólo importa el consumismo. Que trata la ideología de género como dominante, sin embargo lo importante es el respeto a la pobreza, pero no temamos, Dios es más fuerte y triunfa en el amor”.

 

Ante la imagen de la Dormición de la Virgen, que ha sido trasladada al inicio de la celebración en procesión hasta el presbiterio, ha señalado que en María “tenemos el gran signo de consolación y de la misericordia, de la victoria del amor, de la victoria del bien, de la victoria de Dios; ahí se nos abren las puertas de la gran esperanza”.

 

Victoria total de Dios

 

“Siempre, a lo largo de la historia, el amor de Dios ha sido más fuerte que el mal, ha vencido al odio, la violencia, el querer eliminar a Dios, que no triunfa el egoísmo o la libertad omnímoda que sólo piensa en el propio interés sin respeto a la naturaleza, a lo que Dios quiere y ha establecido”.

 

En la eucaristía, en definitiva, celebramos “la victoria de Dios, la participación en esa victoria de la resurrección como la Santísima Virgen María, como Reina de la misericordia en la que vemos el triunfo de la misericordia sobre los poderes del mal”. Esta es la gran lección de María, seguir su camino, dar nuestra vida”.

 

Con el Cardenal ha concelebrado el arzobispo de Maracaibo (Venezuela), monseñor Ubaldo Ramón Santana Sequera, que se encuentra visitando a sacerdotes de su diócesis actualmente en Valencia, y el cabildo de la Catedral. También ha intervenido la Coral catedralicia.