Liberta de expresión – Libertad religiosa

Con frecuencia, bien en la práctica, bien en el pensamiento, no es raro que el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la libertad religiosa aparezcan como realidades contrapuestas. Digo más, caso de conflicto entre ambos habría que darle, según la manera de ver de algunos, la prioridad al derecho a la libertad de expresión. Estos días atrás escuchaba en un medio de comunicación en el transcurso de una tertulia política, que la base de la democracia está en el derecho a la libertad de expresión, pues se trata de un derecho supremo al que otros se deben supeditar. Me produjo escalofrío escuchar tal afirmación por las posibles implicaciones que de ahí podrían derivarse. Soy consciente de que lo que acabo de afirmar no es políticamente correcto, pero espero que se me conceda ese derecho y se me respete en su ejercicio. Defiendo este derecho como el que más, pero no me atrevería nunca a decir que es el derecho máximo al que los demás deberían supeditarse en democracia, o que ésta se funda en tal derecho. Que le sea inherente, no quiere decir que no haya otros aspectos, por ejemplo, los valores humanos y morales en que se sustenta y apoya: sin principios morales no hay democracia. Creo, con toda honestidad y con el máximo respeto a la verdad y a la necesidad de la edificación de un mundo en paz y en libertad que considerar el derecho de libertad de expresión un derecho absoluto, prácticamente sin límites, es un error y es origen de muchos dolores y sufrimientos injustos que es necesario evitar.

En una sociedad vertebrada, los derechos humanos fundamentales deben ser respetados todos y por todos, y ser articulados en su unidad y mutua referibilidad por las legislaciones oportunas dentro del bien común y de la persona. La primacía que se está dando a este derecho de libertad de expresión, que sin ningún lugar a duda hay que respetar y salvaguardar, está siendo, con cierta frecuencia, fuente de cercenamiento de derechos fundamentales inviolables correspondientes a la dignidad de la persona humana. Es más, ¿puede prevalecer, me pregunto, el derecho de libertad de expresión sobre la verdad o el derecho a la verdad? Tiene su límite y está por encima el bien común, inseparable de la persona. Cuando se falla a la verdad, cuando se difunde la mentira en un proceso de libertad de expresión, cuando se va en contra del bien común y de la convivencia justa y justa paz, ¿se puede apelar al derecho a la libertad de expresión y poner por encima este derecho? Que conste que no hablo de situaciones hipotéticas, sino desde la propia experiencia, a veces sufrida.

Quiero dejar constancia aquí de mi agradecimiento a aquellos hombres de la transición, tanto del mundo civil como de la Iglesia, que tan grandemente contribuyeron a la democracia, porque en su defensa de la libertad religiosa y de la libertad de expresión, unidas e inseparables, actuaron en favor del entendimiento entre todos y de la difusión de los derechos humanos y del bien, para el establecimiento de libertades en verdadera armonía.

Por otra parte, ¿se puede expresar uno impunemente, sin que pase nada cuando se trata de defender al cristianismo, la Iglesia, o sus representantes, lo más preciado en ella por sus gentes? Sin embargo, ¿qué espacio de defensa legítima se les deja?

Por muchas razones es necesario clarificar la cuestión del derecho de libertad religiosa y el derecho de libertad de expresión. Espero que, conforme a la doctrina social de la Iglesia –que es enteramente conforme a la recta razón–, su fundamentación en que se apoya esta doctrina social sobre los derechos humanos en Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI o Francisco, en apoyo también a la razón que reconoce a la libertad religiosa como base o fundamento del edificio de los derechos humanos fundamentales inviolables. Así podremos contribuir a la vertebración y edificación de esta sociedad nuestra democráticamente genuina, en libertad, en servicio toda ella al bien común y el bien de las personas. En esto todos podemos vernos unidos, encontrarnos y edificar un nuevo y gran futuro.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Avan

Cardenal Antonio Cañizares. Agradecimiento, ánimo y oración.

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Agradecer al Arzobispo de Valencia D. Antonio Cañizares por estar ahí. Dar testimonio con sus palabras y con sus obras. Hacerle llegar nuestro apoyo y nuestra oración en estos momentos. Por la persecución que esta sufriendo, que le convierten en diana, en objeto de odio y de repudio. Sepa que estamos con usted ante este ataque frontal a la libertad religiosa, al catolicismo, a la iglesia y en concreto a usted personalmente. Un ataque hacia su persona no es hacia usted, es hacia toda la Iglesia católica, que somos todos los que pertenecemos a ella. También es un ataque ante la libertad del no creyente. Nos sentimos respaldados por nuestro pastor, por lo que queremos expresarle nuestro apoyo. Estamos llamados a ser testimonio, la persecución es uno de ellos. Amor y misericordia, ese es nuestro juicio.

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ORAR POR LA PAZ Y EL CESE DE TODA VIOLENCIA

Convocatoria del Sr. Cardenal a toda la diócesis, para este martes, en unión con el papa Francisco

Queridos diocesanos: El Santo Padre, el Papa Francisco, nos ha pedido a toda la Iglesia, que nos unamos a él en su oración por la paz. El martes, día 20 va a Asís, lugar emblemático para la paz por san Francisco, a orar por la paz, siguiendo lo que ya hicieron los papas San Juan Pablo II y Benedicto XVI. La paz está muy amenazada, incluso rota: como el Papa ha señalado en más de una ocasión nos encontramos en medio de una guerra: no hay paz.

Hemos de invocar a la misericordia de Dios, especialmente en este .Año de la Misericordia, por el establecimiento de la paz: necesitamos apremiantemente orar por la paz y el cese del terrorismo en el mundo entero que no se acaba.

Necesitamos el auxilio y el favor de Dios ante los problemas tan arduos e intrincados de la paz en el mundo: paz, por lo demás, tan rota y amenazada hoy en tantos lugares de la tierra. Con la mirada puesta en el Niño que yace indefenso en el pesebre de Belén o en el patíbulo de la cruz de donde cuelga el Justo Jesús, ajusticiado injustamente, pidamos confiadamente a Dios, fuente inagotable de todo amor y misericordia, que nos libre de todo odio, de toda violencia, de todo terrorismo, de todas las destrucciones de vidas humanas, de todo mal que se oponga a la paz verdadera, la que no es posible sin la base de la ley moral universal, esto es, sin la base del seguimiento del bien y del rechazo del mal, del no dejarse vencer por el mal, antes bien, del hacer posible que se venza al mal a fuerza de bien, con el perdón y la reconciliación.

Es preciso pedir a Dios que cesen tantas formas de creciente violencia, causa de indecibles sufrimientos; que se apaguen tantos focos de tensión, que corren el riesgo de degenerar en conflictos abiertos y aún mayores; que se consolide la voluntad de buscar soluciones pacíficas, respetuosas de las legítimas aspiraciones de los hombres y de los pueblos; que aliente Él mismo las iniciativas de diálogo y de reconciliación y perdón; y que nos ayude a comprender que la única vía para construir la paz es huir horrorizados del mal y buscar siempre y con valentía el bien. Que cada uno en la parte que le corresponda, contribuyamos a la edificación de un futuro de justicia, de solidaridad y de paz para cada nación, derribando fronteras y superando divisiones.

Oremos para que no golpee, o que deje ya de golpear, o que nunca más ya golpee el terrorismo en ninguna parte del mundo,­ como en Irak, Siria, Libia, Egipto, Turquía, Europa.. .que todos estemos unidos y seamos como una “piña” frente a él; que se multiplique la misericordia de Dios y la solidaridad, la ayuda de la caridad y de la justicia de los hombres en favor de sus víctimas. Que crezca en todos los ciudadanos y personas de bien un verdadero amor al hombre, a todo hombre sin excepción alguna ni marginación de ningún tipo; que se respete la vida del hombre en todas y cada una de las fases de su existencia, desde el principio de su ser hasta su muerte natural, ni se le manipule, ni se le instrumentalice para otras causas o intereses, aunque puedan tener apariencia de nobles. Que la ciencia se ponga al servicio del hombre, no a la inversa, que se ejerza con conciencia para que no se vuelva contra el propio hombre. ¡Que Dios nos conceda la paz, que sólo él puede dar! Que Él nos dé su gracia para que todos seamos personas que trabajan decididamente por la paz: así seremos dichosos, hijos de Dios, nuestro Padre, llamados a edificar día tras día la paz en la justicia, la verdad, la libertad y el amor.

Oremos de manera especialmente intensa y ferviente, en estos momentos, por la paz en Siria, en Oriente medio, en Turquía, en tantos otros lugares donde se viven los terribles y espantosos horrores de la guerra, o se sufren las amenazas de destrucción y violencia … Por eso, uniéndonos al Papa, también en nuestra diócesis, como en el resto de las diócesis españolas y del mundo entero, el martes 20 de septiembre, nos sumaremos en oración ferviente al Dios de la misericordia y al Príncipe de la paz, su Hijo Jesucristo, invocando la paz, como un clamor o grito que se eleva hasta el cielo desde la tierra calcinada por la violencia y la locura de la guerra o de la no paz.

Invito a que, quienes podáis, participéis en la oración y eucaristía que tendrá lugar ese día, martes 20, a los 8 de la tarde en la Iglesia Catedral de Valencia; y a quienes por diversas causas no podáis participar en la Catedral, os pido que os unáis en vuestras parroquias y comunidades a la oración que se convoque; que ninguna parroquia, ni ninguna comunidad religiosa deje de orar el martes, 20, por la paz. Invito, así mismo, a los hermanos de otras confesiones cristianas y a todos los creyentes a que del modo que estimen oportuno se unan a esta plegaria, clamor universal al Cielo, por la paz.

Muchas gracias a todos por vuestra respuesta.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo-Cardenal de Valencia

El Cardenal D. Antonio Cañizares, abre la causa de canonización de monseñor Jesús Pla

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha presidido este, sábado, la apertura de la causa de canonización de monseñor Jesús Pla Gandía (Agullent, 1915- Valencia, 2000), que fue obispo auxiliar de Valencia y titular de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, al que ha definido como “cristiano ejemplar, de vida santa” que nos ayuda en la “apasionante tarea de renovación pastoral”.

“En los momentos cruciales de la Iglesia, han sido siempre los santos quienes han aportado luz, vida y caminos de renovación” y, por ello, según ha expresado el Cardenal “necesitamos- en este tiempo crucial en el que vivimos- santos y modelos de santidad”.

El Arzobispo de Valencia ha calificado, igualmente, a monseñor Pla como “hombre recio, ejemplar, un sacerdote conforme al corazón de Dios, que siempre buscaba dar a los fieles lo mejor que les podía dar: la fe”.

Durante la apertura de la causa, celebrada esta mañana en la Catedral de Valencia, también ha destacado que monseñor Pla fue un “obispo señero” y “buen pastor, entregado a los suyos”, con una “dedicación completa a los duros trabajos del Evangelio sin escatimar nada, olvidándose de si”.

Según ha asegurado el cardenal Cañizares, siendo “obispo como él”, su causa de canonización, “no sólo me emociona y llena de alegría sino que me abre un camino a seguir”.

Igualmente, el Cardenal, que ha dado gracias a la diócesis de Sigüenza- Guadalajara por la “comunión”- junto a la de Valencia- para llevar adelante este proceso- ha destacado la sencillez de monseñor Pla que “además nos enseña ante un mundo de necesidades y nuevas pobrezas, ir al grano, a lo prioritario y fundamental de las cosas”.

“Una Iglesia de santos será una Iglesia cuyos miembros unidos a Cristo serán testigos de la caridad y de la entrega servicial de los hombres, siguiendo el camino de Cristo”, ha añadido el Arzobispo.

El acto ha contado también, entre otros prelados, con la participación del obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor Atilano Rodríguez, que ha señalado el “recuerdo imborrable” que tiene de monseñor Pla de su “rostro afable, alegre y bondadoso, reflejo sin duda de su experiencia espiritual”.

Asimismo, ha destacado de Jesús Pla “su valentía- manifestada en sus escritos y declaraciones- a la hora de defender la fe de la Iglesia y de orientar su acción evangelizadora en unos tiempos en los que ya comenzaba a ser casi normal el pensamiento único y la dictadura del relativismo”.

De igual forma, ha recordado el cariño que siempre han sentido todos hacia él “por su vivencia heroica de la fe y de la esperanza, y su disposición para pedir y ofrecer el perdón a sus semejantes”.

Para la diócesis de Sigüenza-Guadalajara “es motivo de gran alegría la apertura de esta causa” y su testimonio de vida “es una llamada para todos nosotros a progresar con decisión y confianza en el camino de la santidad”.

También, monseñor Atilano Rodríguez ha dado gracias por participar en este encuentro eclesial de apertura de la causa de beatificación y canonización de monseñor Pla, y personalmente al Cardenal por dar los pasos necesarios para que pueda llevarse a cabo, así como a los familiares de Jesús Pla, por su “entusiasmo y acogida”.

Acto de apertura

Durante el acto de la apertura de la fase diocesana de la causa, promovida conjuntamente por el arzobispado de Valencia y el obispado de Sigüenza-Guadalajara, ha quedado constituido el Tribunal, la comisión de peritos en Historia y Archivística y los teólogos censores han prestado juramento.

Por su parte, el postulador de la causa, el canónigo de la Catedral de Valencia Arturo Climent Bonafé, ha resaltado de monseñor Pla su “entrega a Cristo y a la Iglesia” y su “capacidad de tomar decisiones de gobierno”. Después de enumerar sus frutos pastorales y recordar datos de su biografía, Climent ha destacado del obispo Pla su “austeridad, su trabajo incansable, serenidad de espíritu, y su vocación y misión en la Iglesia”. Así, “no era amante de los honores, más bien los rehuía; tampoco pretendió privilegios especiales”, ha indicado.

Los miembros del tribunal se encargarán de recopilar la declaraciones de los testigos y la documentación necesaria que deberá recoger los testimonios, las pruebas y los documentos, a favor y en contra, sobre cómo monseñor Jesús Pla practicó las virtudes cardinales, teologales y las propias de su estado.

Al acto de apertura han asistido varios arzobispos y obispos de España, como el arzobispo emérito de Madrid, el Cardenal Antonio Maria Rouco; el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo; el arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, monseñor Santiago García Aracil; el arzobispo emérito de Zaragoza, monseñor Manuel Ureña; el obispo emérito de Mondoñedo-Ferrol, monseñor José Gea; el obispo emérito de Lleida, monseñor Juan Piris; el obispo de Orihuela-Alicante, monseñor Jesús Murgui; el obispo emérito de Orihuela-Alicante, monseñor Victorio Oliver; el obispo de Ibiza, monseñor Vicente Juan; y el obispo auxiliar de Valencia, monseñor Esteban Escudero.

Igualmente, entre los primeros bancos de la Catedral de Valencia se encontran ubicados familiares de monseñor Pla, varias decenas de sobrinos, muchos de ellos procedentes de la localidad de Agullent, en donde Jesús Pla nació. También, han participado vecinos y fieles de la localidad de Moncada, en donde fue director espiritual del Seminario Mayor y párroco, y de la localidad de Genovés, su primer destino parroquial, desde donde se han desplazado en autobús hasta Valencia.

Cuando concluya la fase diocesana, la documentación se enviará a Roma para que continúe el proceso en la Congregación vaticana para las Causas de los Santos. Allí “realizarán los estudios pertinentes para que, llegado el caso, monseñor Pla pueda ser declarado beato y posteriormente santo”.

La Santa Sede dio su autorización para la apertura de la causa de canonización el pasado mes de julio. Así, la Congregación para las Causas de los Santos dio su preceptivo “nihil obstat” (nada hay en contra) para el comienzo de la causa de canonización del obispo.

Monseñor Jesús Pla Gandia

Monseñor Jesús Pla Gandia nació en la localidad valenciana de Agullent el 24 de diciembre de 1915 y fue ordenado sacerdote en 1942. Su primer destino fue como párroco de Genovés, ministerio que desempeñó hasta 1946, cuando fue nombrado director espiritual del Seminario Mayor de Valencia en Moncada durante cinco años. En esta localidad permaneció 20 años más y en los que desempeñó los cargos de arcipreste y párroco de San Jaime Apóstol.

En Abril de 1967 fue nombrado Vicario General de la diócesis y en marzo de 1971 fue nombrado por el papa Pablo VI obispo auxiliar de Valencia, siendo arzobispo metropolitano el venerable monseñor José María García Lahiguera, que le encomendó diversas delegaciones.

El 5 de mayo de 1981, el papa Juan Pablo II nombró a monseñor Jesús Plá obispo de Sigüenza-Guadalajara, cargo que desempeñó hasta el 11 de septiembre de1991, cuando se jubiló.

Falleció en la ciudad de Valencia el día 8 de noviembre del año 2000. Sus venerados restos mortales descansan en la capilla de la Inmaculada Concepción de la Catedral de Sigüenza.

 

AVAN

Apertura de la causa de canonización de monseñor Jesús Pla Gandía

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, presidirá mañana, sábado, la apertura de la causa de canonización de monseñor Jesús Pla Gandía (Agullent, 1915- Valencia, 2000), que fue obispo auxiliar de Valencia y titular de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara.

El acto contará también con la participación del obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor Atilano Rodríguez, entre otros obispos, según ha indicado a la agencia AVAN el delegado episcopal para las Causas de los Santos, Ramón Fita.

Durante el acto de la apertura de la fase diocesana de la causa, promovida conjuntamente por el arzobispado de Valencia y el obispado de Sigüenza-Guadalajara, quedará constituido el Tribunal, la comisión de peritos en Historia y Archivística y los teólogos censores prestarán juramento, ha añadido.

Además, los miembros del tribunal se encargarán de recopilar la declaraciones de los testigos y la documentación necesaria que deberá recoger los testimonios, las pruebas y los documentos, a favor y en contra, sobre cómo monseñor Jesús Pla practicó las virtudes cardinales, teologales y las propias de su estado.

Cuando concluya la fase diocesana, la documentación se enviará a Roma para que continúe el proceso en la Congregación vaticana para las Causas de los Santos. Allí “realizarán los estudios pertinentes para que, llegado el caso, monseñor Pla pueda ser declarado beato y posteriormente santo”.

La Santa Sede dio su autorización para la apertura de la causa de canonización el pasado mes de julio. Así, la Congregación para las Causas de los Santos dio su preceptivo “nihil obstat” (nada hay en contra) para el comienzo de la causa de canonización del obispo.

Monseñor Jesús Pla Gandia

Monseñor Jesús Pla Gandia nació en la localidad valenciana de Agullent el 24 de diciembre de 1915 y fue ordenado sacerdote en 1942. Su primer destino fue como párroco de Genovés, ministerio que desempeñó hasta 1946, cuando fue nombrado director espiritual del Seminario Mayor de Valencia en Moncada durante cinco años. En esta localidad permaneció 20 años más y en los que desempeñó los cargos de arcipreste y párroco de San Jaime Apóstol.

En Abril de 1967 fue nombrado Vicario General de la diócesis y en marzo de 1971 fue nombrado por el papa Pablo VI obispo auxiliar de Valencia, siendo arzobispo metropolitano el venerable monseñor José María García Lahiguera, que le encomendó diversas delegaciones.

El 5 de mayo de 1981, el papa Juan Pablo II nombró a monseñor Jesús Plá obispo de Sigüenza-Guadalajara, cargo que desempeñó hasta el 11 de septiembre de1991, cuando se jubiló.

Falleció en la ciudad de Valencia el día 8 de noviembre del año 2000. Sus venerados restos mortales descansan en la capilla de la Inmaculada Concepción de la Catedral de Sigüenza.

Video. El Cardenal Antonio Cañizares, abre el curso en la Facultad de Teología.

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha asegurado hoy que la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia debe ser “evangelizadora y evangelizada” y ofrecer “una Teología que conduzca a formar personalidades recias y firmes, con la firmeza de Cristo”, en una situación “nueva y nada fácil de secularización externa e interna en la Iglesia, y de laicismo radical”.

Asimismo, la formación impartida en la Facultad ha de conducir “a los futuros sacerdotes a configurarse firmemente con Cristo, a arraigarse y apoyarse en Él en todo y para todo”, ha añadido el Arzobispo y Gran Canciller de la Facultad de Teología.

El Cardenal ha pronunciado estas palabras en la homilía de la misa previa a la apertura de curso que ha presidido en la Iglesia de El Salvador, y en la que ha concelebrado el obispo auxiliar, monseñor Esteban Escudero, y el Provincial de España de la Orden de Predicadores y Vice Gran Canciller de la Facultad de Teología de Valencia, Jesús Díaz.

Igualmente, el Arzobispo ha subrayado que el camino de la Facultad es “el de nuestra Iglesia diocesana y así lo vamos a proclamar en las propuestas al Proyecto Diocesano de Pastoral Evangelizadora para los próximos años”, que tiene en su núcleo “la nueva evangelización que urge” y que será aprobado el próximo 15 de octubre, pero que será “un eslogan vacío sin un número suficiente de testigos, hombres y mujeres, que atestigüen con sus vidas que Dios merece ser amado”.

En esta sociedad “desde la que se escucha un poderoso llamamiento a ser evangelizada”, ha precisado el Arzobispo, “se necesita una nueva y fuerte irrupción del Espíritu que purifique, renueve, encienda y ponga en pie a la Iglesia y la haga salir adonde se encuentran los hombres para ser testigos en el pueblo”.

Además, en las situaciones “nada fáciles que vivimos”, el Espíritu Santo “nos da sabiduría y fortaleza para afrontar con lucidez y valentía las apremiantes necesidades y así permanecer fieles a la voluntad de Dios”.

“Cultivad de verdad la teología y huid de la superficialidad”

Después de la misa, ha tenido lugar el acto de apertura de curso en el salón de actos de la Facultad de Teología, en el que el Cardenal ha animado a los profesores y alumnos a “cultivar de verdad la teología y a huir de la superficialidad, hermana de la pereza y enemiga de la verdad”.

Asimismo, ha destacado que “para buscar de la verdad, y esta es vuestra tarea en el tiempo de formación, necesitáis luchar contra la frivolidad, cáncer de nuestra sociedad” y ha recordado que buscar la verdad “requiere soledad, concentración, disciplina, vida interior y paciencia”.

Además, “todo trabajo serio, y la teología lo es, exige esfuerzo, sacrificio y austeridad” y por ello “debéis luchar contra por la dispersión de los sentidos que incapacitan tantos hombres de nuestro mundo en el noble ejercicio del pensamiento y de la creación en cualquiera de los campos del saber y así podemos edificar sobre roca firme”.

Dirigiéndose a los participantes en el acto de apertura de curso, les ha manifestado que “tenéis en vuestras manos una tarea insustituible en la vida de la iglesia”. Así, la ayuda de la Teología “y por tanto la de vosotros, dedicados al quehacer teológico como maestros o como alumnos”, es valiosísima y enteramente necesaria para la evangelización, que es la dicha y la entidad más profunda de la Iglesia”, ha destacado.

Finalmente, ha animado a los asistentes a “seguir adelante con vuestra tarea” y ha agradecido su labor. “En mi encontrareis siempre aliento, cercanía y atención solícita”, ha concluido.

Por otro lado, el decano-presidente de la Facultad, Vicente Botella, ha afirmado en su intervención que “una facultad como la nuestra ha de ayudar a vivir a todos sus miembros el valor del tiempo desde la perspectiva de la fe cristiana ya que la vida siempre va por delante y el seguimiento de Jesús y la experiencia evangélica es lo primero y lo último para el creyente”.

200 alumnos matriculados

El acto de apertura ha comenzado con la lectura de la memoria del curso 2015-2016 a cargo del secretario general, Mariano Ruiz, y con la lección inaugural a cargo del dominico Emilio Barcelón Maicas, con el título “Principios constitutivos de la comunión eclesial, según el magisterio del Vaticano II”.

En la mesa del acto de apertura de curso que este año cuenta con 200 alumnos aunque el plazo de matriculación continúa abierto, han participado, junto al Cardenal, el provincial de los dominicos, Jesús Díaz; el decano-presidente de la Facultad, Vicente Botella, y el vicedecano, Miguel Navarro, así como el secretario, Mariano Ruiz.

Igualmente, han asistido los vicerrectores de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir y de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Ricardo García y Elías Durán, respectivamente.

El acto ha contado con la participación de la Coral Harmonia Polifònica, vinculada a la Facultad de Teología.

AVAN

CARTA A LA DIÓCESIS AL COMENZAR EL CURSO PASTORAL 2016-2017

Queridos hermanos y hermanas en el Señor: Hoy, 28 de agosto, fiesta de San Agustín, -pastor conforme al corazón de Dios, testigo del amor de Dios como pocos, buscador incansable de la Verdad y maestro de sabiduría que el Espíritu concede- , cuando os escribo esta carta, se cumplen dos años que se hizo público mi envío por parte del Papa Francisco a esta queridísima Diócesis de Valencia para servirla como su Pastor.

Doy gracias a Dios por ello, así como por esta porción del pueblo de Dios que se me ha confiado y que peregrina en Valencia, a la que quiero con toda mi alma y por la que estoy dispuesto a darlo todo. ¡Esto es un gran don que ininterrumpidamente debo agradecer al Señor! Y así lo hago, al tiempo que pido humildemente perdón al Señor, rico en misericordia, por no ser enteramente fiel a ese don, y, por eso, pido que me conceda su Espíritu Santo que venga en auxilio de mi fragilidad para no defraudar ni a Dios ni a esta Iglesia peregrina en estas tierras valencianas que ha puesto en mis torpes manos para conducirla por los caminos que Él mismo dispone, siendo pastor conforme a su corazón en medio de ella y para ella, a la que Él quiere como pueblo suyo que está en Valencia; a esta porción del pueblo de Dios debo y quiero servir en todo y no servirme en modo alguno de ella

Tiempo de bendición para todos, Dios está grande con nosotros

Estamos a punto de comenzar un nuevo curso pastoral. Todavía nos hallamos inmersos en el Año Santo de la Misericordia y, entre nosotros, el Año Jubilar del Santo Cáliz de la Misericordia, aunque ya en su último trimestre. Sin duda que ha sido o está siendo un tiempo de bendición para todos: no puedo ni debo olvidar las peregrinaciones tan magníficas de todas las Vicarías y parroquias, de colegios, de instituciones eclesiales, de los diferentes miembros del Pueblo de Dios, sacerdotes, personas consagradas, familias, habéis venido, a lo largo del año, hasta nuestra Catedral como peregrinos, invocando la misericordia de Dios que no tiene límite: ¡cómo habéis expresado vuestra fe, vuestra confianza grande en Dios, vuestra alegría, vuestro sentido eclesial y vuestro amor a la Iglesia!; sin duda, ¡el Señor ha hecho obras grandes y, aunque no seamos capaces de verlos aún, los frutos han debido ser muy abundantes! Con María, Madre de los Desamparados, cantamos y hacemos nuestro su Magnificat por la infinita misericordia que el Señor tenido con nosotros.

También en el curso precedente tuvimos el gran regalo del Encuentro de Jóvenes de Taizé en el que pudimos comprobar lo grande que Dios está con nosotros y que nos llena de alegría. Fueron días que perduran en nuestro recuerdo; dejaron huella y debemos actualizar constantemente lo que en ellos vivimos. Y tampoco podemos olvidar la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa en Cracovia, con la participación y presencia muy cualificada de dos mil jóvenes valencianos en ella: ¡cuánto bien ha hecho esta Jornada en nuestros jóvenes!, y como les dije en mi catequesis allí, en Boschnia, junto a Cracovia, hemos de continuar -lo haremos en seguida- lo que allí Dios nos concedió ver, oír, palpar y vivir.

Amor inquebrantable a la Iglesia ante persecuciones y calumnias

Es verdad que no han sido solo estos hechos en los que hemos podido gustar lo bueno que el Señor es con nosotros. Pero también es verdad que ha sido un año de ratos amargos, entre otras cosas, por la que vuestro pastor -y la Iglesia diocesana misma- ha sufrido una persecución implacable e injusta que todos tenéis en vuestra mente, llegando incluso a gestos sacrílegos contra nuestra Madre, la Santísima Virgen María. Y es también verdad que en todo ello habéis puesto de relieve vuestra fe, vuestro amor inquebrantable a la Iglesia, a la Santísima María, siempre Virgen, Madre de misericordia: será por mucho tiempo inolvidable lo que aconteció aquella tarde en la Plaza de la Virgen, de Valencia, ante la imagen de la Mare de Déu dels Desamparats, y, a continuación, en la Eucaristía celebrada en la Catedral, con gente que no pudo entrar en el templo madre de nuestra diócesis, y con más de cuatro mil quinientas comuniones recibidas en aquella Misa; no se me olvidan los muchos pueblos y parroquias que se sumaron a estos actos de reparación desde sus respectivos lugares. Ante las persecuciones y calumnias, manifestasteis maravillosamente vuestro afecto y vuestra comunión con vuestro Obispo, que es lo mismo que con la Iglesia diocesana, con una fe grande y pública, con vuestra oración, con vuestra adhesión: ¡Gracias! ¡Qué Diócesis nos ha dado Dios! ¡Gracias de todo corazón! Sois mi consuelo, mi aliento y mi cayado, la compañía amorosa y cercana que me acompaña en los duros trabajos por el Evangelio, en mi pastoreo: seguid rezando por mí, que persevere en la defensa de las ovejas que Dios me ha confiado -todos vosotros, sin excepción ninguna-.

En este curso que ahora comienza no se atisban en su horizonte que vayamos a estar exentos de menores dificultades, pero siempre lo viviremos con una gran esperanza y llenos de confianza en el Señor, porque, hago mías, aunque indignamente, y nuestras, aquellas alentadoras palabras de san Pablo: “Todo lo puedo con Aquel que me conforta”, que nos da fortaleza, porque “el auxilio viene del Señor que hizo el cielo y la tierra”, y Él es nuestro único pastor que nos guía y conduce, a veces, por “cañadas obscuras”. Y por eso nada tememos, porque Él, nuestro único pastor, va con nosotros, delante de nosotros, y Él, además, no se baja de la Cruz ni de su frágil barca, la Iglesia, que navega sin temor y sin ningún miedo en medio de corrientes adversas e incluso en medio de tempestades.

Signos que nos ofrece Dios para el nuevo curso pastoral

Sigamos así, muy unidos, con una unidad sin fisuras, y sin temor ni miedo alguno. Es lo que asegura la fe que nos sostiene y también los signos que Dios nos ofrece en el umbral de un nuevo Curso pastoral. Además de estar cercanos a concluir este año de gracia que pasamos, Año de la Misericordia y Año Jubilar del Santo Cáliz de la Misericordia, abrimos este curso con la ordenación episcopal de D. Arturo Pablo Ros Murgadas, que se ocupará de manera particular en animar, potenciar y coordinar el apostolado de los laicos, la familia, y la vida de la caridad en orden a una evangelización; y espero, como anticipé en su día, que el Papa me conceda a no tardar mucho otro Obispo Auxiliar, que se ocupe de alentar y coordinar en general cuanto se refiere a la evangelización explícita de nuestra diócesis, es decir, el primer anuncio o anuncio misionero para la conversión al Evangelio, el sentido misionero, la catequesis, la educación cristiana de niños y jóvenes, la iniciación o reiniciación cristiana: hacer cristianos, en definitiva -gran reto de la Iglesia de siempre y de hoy-. Son dos motivos para vivir con gran esperanza y alegría el momento que vivimos, por muchos motivos, que a ninguno de vosotros se os ocultan. Si a esto añadimos el gran regalo que Dios, por medio del Papa, nos hizo concediéndonos a D. Esteban Escudero Torres, que regresase de nuevo a Valencia como Obispo Auxiliar, para enriquecerla y alentarla en el vasto campo de la evangelización de la cultura, sobre todo en su atención a nuestra Universidad Católica, nos damos cuenta en seguida que no tenemos motivos nada más que para dar gracias a Dios y proseguir nuestro camino con esperanza, puesta nuestra mirada en Jesucristo, iniciador y consumador de nuestra fe, para hacer partícipes de ese don infinito y gozoso de la fe a nuestros hermanos los hombres, que es nuestra tarea y misión que Dios nos confía. Dios no nos deja, Dios nos concede lo que necesitamos y nos da su gracia para ponernos manos a la obra, siendo conscientes de que todo es don y gracia suya.

Pero, además, para rematar, debo añadir la gozosa e iluminadora llamada de Dios a todos -a mí el primero- a difundir y compartir con todos la alegría de la fe y del amor, porque Dios mismo nos concede concluir con una Asamblea Diocesana a celebrar -D.m,- el 15 de octubre, fiesta de la gran Santa Teresa de Jesús, los trabajos que en nuestra diócesis de Valencia se han llevado a cabo a lo largo de años con el “Itinerario de Renovación” (IDR) y el “Itinerario de Evangelización” (IDR), y que culminarán -s,D.q.- con las propuestas encaminadas a poner en marcha un Proyecto Pastoral a aplicar en toda la Diócesis los próximos años. La Asamblea, con sus propuestas de actuación, constituye un importante momento en nuestra Diócesis y será un espléndido instrumento, querido por Dios para su Iglesia en Valencia, de renovación y revitalización para recobrar el vigor de una fe vivida y anunciar y testimoniar el Evangelio de Jesucristo.

Os invito a leer y releer las páginas con las que introduzco dichas propuestas en el folleto de Proyecto para la Asamblea que, para no repetir, resumo en aquellas palabras que, en su último viaje a España, San Juan Pablo II, dejó como consigna a cuantos formamos la España que somos, y que nosotros las concretamos para Valencia: “España evangelizada, España evangelizadora, ése es tu camino”: “Valencia evangelizada, Valencia evangelizadora, ése es tu camino”. El camino que vamos a seguir todos, con todos y entre todos, con la ayuda de Dios, dejándonos ayudar por Él, y con el auxilio y protección de la Santísima Virgen, Virgen del Puig y de los Desamparados, y de todos los santos, particularmente de los santos valencianos San Vicente Mártir y San Vicente Ferrer, y de la pléyade inmensa de valencianos, santos y santas confesores, mártires, vírgenes, que siguieron a Jesús y nos ayudan tantísimo en todo momento y circunstancia.

Contemplando la multitud de santos y santas de nuestra Diócesis, ya canonizados o beatificados, los que están incluidos en sus respetivos procesos o los que se van a iniciar próximamente su proceso, como es el caso de D. Jesús Pla Gandía, uno queda asombrado, admirado de las grandes maravillas que Dios ha hecho con esta Diócesis de Valencia, signo de lo que Él ha querido y quiere para Valencia y que nosotros hemos de secundar y continuar por la senda estrecha de las bienaventuranzas y de la caridad, que nos identifican con Jesús, en quien el Padre del Cielo nos lo ha dado todo y nos ha bendecido con toda suerte de bienes y bendiciones suyas y nos ha llamado a ser santos por el amor. Que se haga su voluntad.

Su voluntad, por su infinito amor misericordioso, es que todos los hombres se salven, y se salven por la fe en Jesucristo, nuestro único Salvador y Redentor, en quien nos ha amado y nos ama hasta el extremo, y por Él nos salva. Por eso, urge llevar a los hombres a Jesucristo, anunciarles y entregarles a Jesucristo: evangelizar. Ése es nuestro programa. No podemos querer otra cosa que Jesucristo sea conocido, amado y participado por todos. Este anuncio y testimonio, esta obra de evangelización, es obra del amor de Dios que actúa en nosotros y tiene que ir acompañado de la caridad, manifestación de la misma caridad de Dios que opera la salvación.

Madre Teresa de Calcuta, hito para nuestra diócesis

Por esto, como gran signo, inseparable siempre y para siempre, del anuncio del Evangelio, el signo de la caridad que verifica y comprueba la verdad de lo que se anuncia. Para remachar esto, Dios, en su infinita bondad, por su inmensa compasión, misericordia nos ofrece una gran señal que nos ilumina y guía en medio de la noche que atravesamos: la canonización el día 4 de septiembre por el Papa Francisco de la Madre Teresa de Calcuta.

Madre Teresa de Calcuta ha de ser por eso el gran signo, el hito que oriente nuestras tareas pastorales en nuestra diócesis. En la coyuntura que atravesamos y en el contexto de un nuevo año pastoral en nuestra diócesis, y ante la inminente Asamblea diocesana que se reunirá el 15 de octubre, fiesta de Santa Teresa de Jesús, para proponer la aprobación de un Proyecto Pastoral para la Iglesia que peregrina en Valencia, no me resisto a citar unas emblemáticas palabras de Madre Teresa de Calcuta dichas a los seminaristas de Toledo cuando visitó fugazmente su seminario: “La gente hoy está tan ocupada que no tiene tiempo para sonreírse unos a otros. Por eso necesitamos orar unidos, y la oración es el principio y el comienzo del amor. Enseñad, por favor, a orar a la gente. Cuando fuimos a México a abrir la casa, visitamos las familias más pobres de la zona. Ellos, que no tenían absolutamente nada en la casa, todas las familias nos pidieron, lo único que pidieron:´por favor, enséñanos la Palabra de Dios`. Aunque no tenían nada en la casa nos pidieron la Palabra de Dios. Tenían hambre de Dios, y esto es lo que descubro por todos los países. Hoy las Hermanas tienen casas en 52 países -hoy, bastantes más- y hay esa tremenda hambre de Dios. Por eso vosotros, que vais a ser sacerdotes, creced en ese profundo deseo imperativo de ser uno con Jesucristo. Cuando nos rendimos completamente a Jesucristo, también nosotros hemos de llegar a ser uno con Jesucristo. Y eso es la santidad; que es algo para vosotros y para mí. La grandeza de la santidad que se le pide a los sacerdotes, les exige ser capaces de perdonar los pecados, de convertir el pan corriente en Pan de Vida. ¡Qué santo y qué puro ha de ser el corazón del sacerdote! En el último Sínodo que asistí sobre la Familia, le pedí al Santo Padre ´Déme, por favor, santos sacerdotes, porque si nos da santos sacerdotes, nosotras religiosas, y las familias que atendemos, serán santas`. Necesitamos santos sacerdotes que nos lleven a Jesucristo, que nos enseñen a amar a Jesucristo. Porque si estáis enamorados de Jesucristo seréis capaces de amaros los unos a los otros, y habrá paz; porque las obras del amor, son obras de paz. Estad enamorados de Jesucristo en la Eucaristía. Porque Jesucristo se hizo Pan de Vida para darnos la Vida, para satisfacer nuestro amor hacia Él. Y entonces Él mismo se hizo hambriento para que vosotros y yo seamos capaces de satisfacer su hambre de nuestro amor. Por eso los pobres son el regalo de Dios hacia nosotros. Espero que cuando lleguéis a ser sacerdotes, profundicéis vuestro amor a Jesucristo amando a los pobres, y que se sientan reconocidos y amados en toda su dignidad de personas e hijos de Dios”.

Sin comentarios. Pero eso sí: Dios nos llama y alienta nuestra esperanza en estos tiempos precisamente por Teresa de Calcuta, que será puesta como enseña luminosa para la humanidad entera, también para nuestra diócesis, para España, a la que ella visitó varias veces y siempre pudimos ver en ella la llamada de Dios apremiante a ser santos, muy santos, pues así habrá una Iglesia renovada y renovadora, verdaderamente revolucionaria con la única revolución que cambia el mundo la del amor, la de la caridad, la de Dios que no pasa de largo de los pobres más pobres, sino que se acerca tanto a ellos, que con ellos se identifica: ahí está la santidad.

En Madre Teresa de Calcuta la caridad de Cristo, el infinito amor con que Él nos ha amado hasta el extremo, ha llegado a nosotros y lo hemos visto de manera palpable. Fue un aire fresco de vida su paso por esta tierra, calcinada frecuentemente por el hambre, el desprecio de la vida, la muerte violenta, y la cerrazón de las entrañas ante la miseria de esa inmensa muchedumbre de hermanos nuestros que son considerados deshecho de nuestras ciudades. Las gentes extenuadas, los pobres más pobres, los niños de las calles han visto en ella algo singular. Todo el mundo lo ha visto. Todo el mundo la admira. Porque hay en ella un rayo de luz y de esperanza, una frescura de vida, una ternura que levanta y libera de la postración o de la exclusión: La ternura de Dios, la luz de su presencia, la esperanza de su amor, la entrega infinita de su vida por nosotros, por los últimos y desheredados de la tierra.

Indicativo claro de que Dios es Dios

La Madre Teresa de Calcuta ha sido y es un don de Dios a la humanidad entera en su Iglesia; es signo y presencia del Evangelio vivo del amor de Dios, que se ha acercado a nosotros en una carne de sufrimiento en su propio Hijo; más aún, que se ha hecho esa carne y ha tomado sobre sí todo sufrimiento y toda pobreza y ha manifestado cómo Dios ama al hombre, hasta el extremo. Esta religiosa, consagrada al Señor -no lo olvidemos, consagrada al Señor, enteramente de Él y para Él, ante todo-, con una vida de alta e intensa oración y contemplación, es testigo viviente de Jesucristo, Hijo de Dios humanado, el Buen samaritano que no pasa de largo, sino que se acerca a todo hombre maltrecho, tirado en la cuneta y despojado, para curarle y cargarlo sobre su propia cabalgadura y conducirlo donde hay calor y cobijo de hogar.

Enraizada en el amor de Dios, conducida por El mismo, ha ido a donde se le puede encontrar: en su Hijo crucificado y pobre, y así, en los leprosos, los hambrientos, los moribundos en las calles, los sin techo, los inocentes eliminados antes de nacer…, ese larguísimo viacrucis o inmenso calvario donde Él sigue crucificado. El amor, la caridad, la misericordia, la compasión es señal y presencia de la luz que es Cristo, a quien los hombres buscan a veces sin saberlo, como han buscado a esta mujer que ha vivido con las mismas entrañas de misericordia que su Maestro. Esta mujer menuda y muy grande ha sido y es un indicativo claro y esplendoroso de que Dios es Dios, Dios-con­ nosotros; ella ha sido y es recuerdo hecho carne para todos de que al atardecer de la vida seremos juzgados del amor; es afirmación de que la caridad es lo primero y principal que permanece para siempre; es cercanía de Dios que es amor, al que se le conoce cuando se ama a los demás, con amor preferencial por los más pobres y despreciados: como Él.

De estos signos, que, además, todos entienden, sobre todo los sencillos, necesita la humanidad, también hombres y mujeres de nuestra diócesis. Ahí se muestra y comprueba cómo el Evangelio vivo, el Evangelio de la caridad, Jesucristo, es creíble, porque es la única esperanza, el verdadero amor y la fuente de alegría para todos: para los que pasan hambre, los pobres, los encarcelados, los desterrados, los refugiados, los enfermos, los excluidos, los que carecen de cobijo, los desnudos y despojados, los perseguidos por su fe y la defensa de la justicia, los inocentes no nacidos amenazados de muerte en el seno materno…, en definitiva los más pobres, que son los predilectos de Dios. Él es Dios con los hombres y para los hombres: es Amor. Teresa de Calcuta nos recuerda que nuestra vocación de hombres es ir por toda la tierra y abrazar los corazones de los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios, que vino a traer fuego al mundo para inflamarle con su amor. Ella es un gran signo por el que se conoce a Jesucristo y a sus discípulos: “En esto conocerán que sois discípulos míos: en que os amáis unos a otros como yo os he amado”. Verdadera enseña de la nueva humanidad hecha de hombres y mujeres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida conforme al Evangelio. Signo de Dios que es Amor.

Curso pastoral lleno de esperanza

Hermanos, al comenzar este curso pastoral, lleno de esperanza, don de la gracia de Dios, que opera por la caridad, sin olvidar para nada lo que nos ha precedido este pasado curso, signos de la caridad de Dios, conscientes de que el enemigo anda buscando a quien devorar, armémonos de las armas de la fe, avivemos nuestra esperanza, reafirmemos nuestra caridad, fortalezcamos la vida de oración, situemos en el centro de cada una de nuestras vidas personales y de nuestras comunidades la Palabra de Dios, la sagrada Eucaristía, la adoración eucarística y la oración. Así, por la gracia de Dios, seremos, en expresión teresiana de tan largo alcance, “amigos fuertes de Dios”, haremos testimonio del sólo Dios, de que “sólo Dios basta”, de la verdad escondida, tan progresista, en la expresión del Cardenal Sarah: “Dios o nada”, que acoge y quiere a todos y a nadie excluye. Con mi afecto profundo y mi bendición para todos

Valencia, 28 de agosto, 2016, fiesta de San Agustín

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

AVAN