HOMILIA DEL CARDENAL ARZOBISPO DE VALENCIA EN LA MISA EN SUFRAGIO POR RITA BARBERÁ

En la Catedral de Valencia, el 23 de noviembre

Al caer la tarde, como a los caminantes de Emaús, cariacontecidos y contristados hondamente, con profundo dolor, por la muerte de Dª Rita Barberá, sale a nuestro encuentro el Señor, Jesucristo, resucitado, que ha vencido la muerte, todo odio y maledicencia, y reaviva en nosotros la esperanza.
Traemos a nuestra memoria sus palabras que nos dicen: “Venid a mí, los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Aprended de mí que soy manso y humilde corazón”. Cansados y agobiados estamos, es verdad, de este mundo nuestro que condena a las personas, que no parece no le importan las personas sino otros intereses , que se muestra incapaz de mirar con verdad y amor a las personas, o que tiene una mirada ciega para ver cómo Dios mira con amor y misericordia a todos.Venimos esta tarde como Iglesia, en el mismo día en que Dios ha llamado junto a sí a nuestra hermana, Rita, una mujer profundamente creyente, hija fiel de la Iglesia. La acompañamos ante Dios, con nuestra plegaria, ofreciendo el sacrificio de la Cruz donde está todo el amor de Dios, el juicio de Dios que es el único verdadero y justo, el de la misericordia para la redención de todos. En el centro está el amor de Dios que sabe leer el corazón del hombre y conoce la vida de cada uno de nosotros, lo más recóndito y lo más verdadero y auténtico de cada uno: Eso nos llena de confianza y consuelo ante esta enserada muerte. Siempre estuvo y se consideró en manos de Dios y por ello ahora la ponemos en esas manos divinas, sabiendo que en la vida y en la muerte somos de Dios. Ella ya se ha encontrado con la verdad, con Cristo, rostro humanado de Dios misericordioso, ante el tribunal divino que no juzga ni condena como los hombres sino que mira con amor y verdad la capacidad de servicio y de amor puesto en el actuar humano. Dª Rita fue una gran servidora de todos, sus obras como Alcaldesa fueron para servir a todos los valencianos en verdadera misericordia: amó mucho a los valencianos, a su pueblo, y por ellos se desvivió. Ésta es la verdad de nuestra alcaldesa: fe, confianza en Dios en quien siempre creyó y a quien siguió, servicio, entrega, buscar el bien para todos, para su pueblo.

Sin duda que en estos momentos nos sentimos desconcertados y abatidos pero traemos a la memoria la misericordia de Dios, infinita y desbordante, que se nos ha mostrado de una vez por todas en Jesús, su Hijo, y que no tiene vuelta atrás. ¿Quién podrá apartarnos, dice San Pablo, del amor de Cristo, del amor de Dios, manifestado y entregado en Cristo?. Esta misericordia, como dice el Papa Francisco en su Carta Apostólica al finalizar el Año de la Misericordia, “tiene también el rostro de la consolación. “Consolad, consolad a mi pueblo” (Is 40, 19), son las sentidas palabras que el profeta pronuncia también hoy, para que llegue una palabra de esperanza a cuantos sufren y padecen. “No nos dejemos robar nunca la esperanza que proviene de la fe en el Señor Resucitado” -la fe que animó y dio coraje a la vida de Dª Rita-. “Es cierto, a menudo pasamos por duras pruebas -como ésta-, pero jamás debe decaer la certeza de que el Señor nos ama. Su misericordia se expresa también en la cercanía, en el afecto y en el apoyo que muchos hermanos y hermanas nos ofrecen, como lo ofreció nuestra hermana en tantísimas ocasiones”. Dios se acerca a nosotros en su misericordia a través de ellos y enjuga nuestras lágrimas, como supo hacer con discreción y sabiduría evangélica nuestra hermana.

“Todos tenemos necesidad de consuelo, añade el Papa, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensión” -que padeció tan terriblemente nuestra hermana-. Cuánto sufrimiento provoca la experiencia de la traición, de la violencia y del abandono. Cuánto dolor puede causar una palabra rencorosa, fruto de la envidia, de los celos o de la rabia -o de otros sentimientos aún más innobles-. Cuánta amargura ante los seres queridos. Sin embargo, Dios nunca permanece distante cuando se viven estos dramas.

Estamos ante la muerte de Dª Rita, cristiana de una pieza, gran persona, gran alcaldesa, de corazón muy grande, y esta muerte nos produce un singular dolor por los motivos que están en la mente de la mayoría de los aquí presentes. “La Iglesia siempre ha vivido este dramático tránsito a la luz de la resurrección de Jesucristo, que ha abierto el camino de la certeza en la vida futura. Tenemos un gran reto que afrontar, sobre todo en la cultura contemporánea, que a menudo tiende a banalizar la muerte”, o no descubre la seriedad de la vida ante la muerte, en la que daremos cuenta ante Dios de la capacidad de amor y de misericordia, de perdón y de buscar el bien del hombre, de la persona, que ha de regir el comportamiento de todos, y en especial de los que ostentan y deben ser ejemplo para la sociedad, cargos públicos.

La muerte de Dª Rita me ha hecho pensar lo urgente que es un cambio y una regeneración en los modos de actuar. Así no podemos seguir. Mientras no importe por encima de todo el hombre, el bien de la persona y su dignidad inviolable, inseparable de la verdad de Dios, caminaremos por caminos ciegos incapaces de misericordia, que es la virtud de los fuertes con la fortaleza de Dios, que se rebajó hasta lo último, hasta una muerte en la Cruz, faro que ilumina el caminar del hombre, desde el amor, el perdón, la misericordia para todos. Ahí está la paz. Que la muerte de Dª Rita se muestre fecunda como el grano de trigo que cae en tierra buena para dar mucho fruto. Que Dios le haya perdonado todas sus culpas y que haya escuchado ya aquellas palabras que Dios dirige al siervo fiel y prudente: “Entra en el gozo de tu Señor”, el gozo de la gloria de Dios, que es que el hombre viva y viva para siempre en una dicha que nada ni nadie nos podrá arrebatar, una vida para siempre junto a Dios, que es amor sin límite.

Vivimos esta Santa Misa y la memoria de Dª Rita como una plegaria llena de esperanza por su alma y como ocasión para ofrecer consuelo y cercanía a cuantos sufren la muerte de esta persona tan querida, hermanos, sobrinos, familiares y amigos.

Antonio Cañizares Llovera

 

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COMUNICADO DEL ARZOBISPADO DE VALENCIA

Ante los hechos producidos tras la ceremonia religiosa presidida por el Cardenal Arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, en la Colegiata de Gandía con motivo de la Festividad de su patrón, San Francisco de Borja, y ante la sucesión de reacciones en los días posteriores, el Arzobispado de Valencia quiere realizar las siguientes manifestaciones, y con ello cerrar, esperemos definitivamente, un capítulo de divisiones y ofensas que están desgastando la convivencia del conjunto de la sociedad valenciana.

Esperamos prudencia y poner fin a una siembra de división en la sociedad valenciana que choca con los principios de libertad, tolerancia y conciliación, con los que el Arzobispo rige esta Diócesis.

La reiterada ofensa al Arzobispo Cañizares sólo puede venir de quienes no le conocen o no le quieren conocer. El mejor desmentido son los hechos, de los que damos testimonio, de lo que transmite constantemente a la Curia.

De ahí afirmamos que ya es hora de detener la distorsión de sus palabras. Respecto a los refugiados, a los que jamás ha descalificado sino apoyado más que cualquier institución, no ha escatimado en ayuda tanto personal como institucional en la Diócesis, lo que ha dispuesto en viviendas y alojamientos, medios económicos y gestiones, también en ofrecimiento de colaboración y disponibilidad a las autoridades locales y autonómicas.

Igualmente a las acciones para combatir la pobreza, las normas y criterios que promueve desde Cáritas. De igual modo, la ayuda para combatir la desigualdad social y laboral de las mujeres y, en especial, a las mujeres víctimas de la violencia machista, y a sus familias. Resultan inauditas, pues, las acusaciones de machista a un Arzobispo entregado a defender la igualdad de hombres y mujeres.

Ponemos especial énfasis en que es rotundamente falso que se haya insultado a los colectivos homosexuales; es inconcebible atribuirle tal atrocidad. Lo que no se puede es no querer escuchar que la Iglesia forma parte de la sociedad, y que ésta no haga pública su doctrina de siempre, la suya, desde la libertad religiosa contemplada en la Constitución, y además, sin fisuras, en perfecta comunión con el Papa Francisco. No se puede criticar desde la confusión de términos, desde una simplificación que es muy grave porque que lleva al riesgo de romper la autenticidad de lo dicho.

Si esta ignorancia de lo real procede de representantes públicos, debería haber elementos democráticos que limitaran acciones claramente reprobables para evitar la indefensión de quien es objeto de sus acusaciones.
En consonancia con el Arzobispo de Valencia, que aboga constantemente por los principios de reconciliación y de unidad, simple y sencillamente solicitamos prudencia y esperamos reciprocidad.

Arzobispado
Diócesis de Valencia

Homilía del Cardenal de Valencia, Monseñor Antonio Cañizares en la Jornada Mundial de Oración por la Paz

Día de oración por la paz: unión a la oración del Papa

El Santo Padre ha convocado hoy una Jornada Mundial de oración por la paz: ha convocado a la Iglesia entera, ha convocado a los cristianos de todas las partes, y ha convocado también a los representantes de las religiones del mundo a orar por la paz en Asís, la patria de san Francisco, hermano universal, maestro de la paz. Con el Papa nos unimos desde todas las partes del mundo para elevar al cielo una plegaria unánime que pide a Dios la paz, el cese de toda violencia, el final de todo terrorismo, la terminación de toda guerra, la aniquilación de todo odio, la implantación de toda justicia, la realización de la unidad verdadera que tiene como vínculo la caridad, el perdón, el amor. Con gran fuerza resuenan entre nosotros las palabras de Pablo a los Colosenses: “Como elegidos de Dios, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando uno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta, Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados”. La paz es la vocación de todo hombre, especialmente de nosotros creyentes en Jesucristo. Qué gozo vivir en la paz. Sin embargo la paz está rota o amenazada en tantos lugares.

Esta tarde, uniéndonos a un clamor universal, venimos a ofrecer el sacrificio mismo de Jesucristo que derramó su sangre en ofrenda para la reconciliación y para la curación de toda herida de separación y derribar el muro del odio que separa a los hombres. Presentamos a Dios el sacrificio de propiciación por los pecados de los hombres que hemos generado la división y la injusticia, y hemos impuesto en nuestras relaciones la violencia o los intereses propios. Venimos a orar con Cristo al Padre que, desde la Cruz, pide el perdón para los que le crucifican, promete el Paraíso al arrepentido y entrega su espíritu al Padre derramando todo su amor en favor de los hombres hasta el extremo. Estamos aquí, unidos al Papa, para orar por la reconciliación y la paz. Paz en todas las partes y países donde haya conflicto cuyos nombres todos tenemos en nuestras mentes, paz donde se extienda la violencia del tipo que fuere, paz para los que están desagarrados por dentro o en su interior carecen de ella y almacenan sentimientos, de odio, de venganza, o de cerrazón en la propia.
Paz en todos los lugares del mundo donde está amenazada o rota; me atrevo a decir que está amenazada en todas partes.

Uno no sólo piensa en los países calcinados por el sufrimiento y la terrible destrucción de la guerra, sino que también piensa en tanta hambre de los países subdesarrollados, en las víctimas del hambre, en los niños de la calle y abandonados o víctimas de tanta sinrazón de los mayores, en los pueblos cada día más lejanos al desarrollo normal, en continentes enteros excluidos del progreso, en las innumerables víctimas de la injusticia, en las destrucción masiva de la familia, en la violencia callejera, en tantos jóvenes sin trabajo, explotados o degradados por la droga y sus traficantes: Ahí no hay paz. Y uno piensa también, y de una manera particular, en ese fenómeno terrible, en esa lacra corrosiva de los últimos tiempos que corroe la humanidad, el fenómeno espantoso y vil del terrorismo que nuestra patria sufrió durante tantísimo tiempo, y que países tan cercanos y de nuestra área sociocultural lo están sufriendo –sin ir más lejos ayer en Estados Unidos–. Uno piensa, todavía horrorizado, en lo que supuso el atentado de hace unos años en Madrid, o aquel 11 de septiembre en Nueva York que cambiaron el rumbo de la historia, o los acaecidos en París o Bruselas meses atrás, cuyas consecuencias aún desconocemos para un mundo que parecía seguro, tranquilo, poderoso y feliz. Esa violencia se extiende y domina otros ámbitos de periferias en ciudades o países; y no digamos nada de la violencia, que en miles de formas, atenta contra la vida, y que todos tenemos en mente; o las persecuciones religiosas que acaecen ante la pasividad de tantos sin poner ningún remedio.

Insisto en el terrorismo porque se basa en el desprecio de la vida del hombre –ese desprecio, por lo demás, por la vida que está socavando los cimientos de la sociedad con una cultura invasora de muerte, que lucha feroz batalla contra el hombre–. Precisamente por eso, el terrorismo no sólo comete crímenes intolerables, sino que en sí mismo, en cuanto recurso al terror como estrategia política y económica, es un auténtico crimen contra la humanidad, como otras formas de desprecio o de atentado contra la vida de inocentes, recordemos el aborto. Nunca, ni siquiera las injusticias existentes en el mundo pueden usarse como pretexto para justificar los atentados terroristas, y nunca otras excusas pueden ponerse para atentar contra la vida de inocentes, si queremos paz. La pretensión del terrorismo de actuar en nombre de los oprimidos o de las víctimas de las injusticias es una falsedad patente, una falacia, de modo análogo, podríamos decir de otras maneras de violencia.

Venimos a pedir la paz, porque sabemos que es un don de Dios, es la suma de los bienes que el hombre puede realizar en la vida, y eso está vinculado siempre a la misericordia de Dios y a la obediencia a Él. Porque la paz está permanentemente amenazada en el corazón de los hombres; el odio, la mentira, la no verdad, la soberbia que divide, la envidia, el resentimiento, la injusticia, y la ignominia. El primer lugar donde hay que combatir la guerra es en el propio corazón, y tenemos experiencia de cómo esas pasiones nos derrotan una y mil veces. Por lo tanto la actitud más razonable es la de suplicar a Dios el don de la paz, la gracia y la misericordia que elimine los obstáculos que hay en el corazón de cada uno, la conversión para la paz. Así podremos ser constructores de un mundo en paz, y seremos proclamados dichosos porque trabajamos por la paz como hijos de Dios.

Habrá paz en la medida en que toda la humanidad sepa redescubrir su vocación a ser hombres que tienen inscrita en su gramática personal la llamada a la paz, o su vocación a ser una familia, que constituye la base del ser humano y la primera e imprescindible matriz y escuela de paz, en la que la dignidad y grandeza del hombre en medio de sus fragilidades y con sus derechos inalienables, sean reconocidos como anteriores y por encima de cualquier diferencia. Es fundamental, y muy gozoso, cumplir el deber de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, llamados a comprometerse por la paz, a trabajar por la paz, a educar para la paz y en la paz, a desarrollar estructuras de paz e instrumentos de no violencia, a sembrar y cultivar sentimientos de amor y justicia, de verdad y auténtica libertad que generan paz, a crear, superado todo egoísmo e interés particular, una cultura de la paz, una nueva civilización de la verdad y el amor, a generar un ambiente social en todas las partes regido por la moralidad que se asienta en la búsqueda y pasión por el bien, por lo bello, lo bueno, lo verdadero, es decir por el hombre y que apueste por el hombre, como Dios ha apostado por nosotros en su Hijo.

Tenemos que oponernos juntos, con firmeza a la tentación del odio y de la violencia, que sólo dan la ilusión de resolver los conflictos y procuran pérdidas reales y permanentes. Pero, ¿cuál es el camino que conduce al pleno restablecimiento del orden moral y social, violado tan bárbaramente por los atentados terroristas o por la guerra injusta? Dijo el Papa San Juan Pablo II: “La convicción a la que he llegado es que no se restablece completamente el orden quebrantado, si no es conjugando la justicia con el perdón. Los pilares de la paz verdadera son la justicia y esa forma particular del amor que es el perdón”. Hay, pues, un camino para empezar de nuevo, para construir un mundo más justo y solidario el camino del perdón. El perdón, nota distintiva de la fe cristiana, que podría parecer debilidad presupone, sin embargo, una gran fuerza espiritual y asegura ventajas a largo plazo. Para todos, creyentes y no creyentes, vale la regla de hacer a los demás lo que queremos que nos hagan. Este principio ético, aplicado a un nivel social e internacional, constituye una vía maestra para construir un mundo más justo y solidario.

En un mundo globalizado, donde las amenazas a la justicia y a la paz tienen repercusiones a escala mundial, se impone una globalización también de las conciencias: no hay que desalentarse ante las pruebas de la Historia, sino perseverar en el compromiso de orientar en la dirección justa las opciones personales, familiares y sociales, así como las grandes líneas del desarrollo nacional e internacional.

Hoy, en Asís, el Papa Francisco, con gentes de diferente raza, cultura y religión, procedentes de todos los rincones del planeta, quieren demostrar al mundo entero que es posible convivir en paz, que es posible tener esperanza. El secreto está en pedir el don de la paz al único que puede darla. A Dios, el Señor de la paz. ¡La paz parece, a veces, una meta verdaderamente inalcanzable! En un clima hostil por la indiferencia y envenenado frecuentemente por el odio, ¿cómo esperar que venga una era de paz, que sólo los sentimientos de solidaridad y amor pueden hacer posible? Podemos y debemos esperar una verdadera paz en el mundo, habrá un futuro de paz en la tierra. ¡La paz es posible! No se trata de un slogan, sino de una certeza, de un compromiso. Es posible siempre, si se quiere verdaderamente. Y si la paz es siempre posible, es objeto de un deber imperioso.

Ante una paz tan amenazada y rota, en una situación tan difícil para la paz como la que atravesarnos, nuestra mirada se dirige a Cristo. Los que en El creemos, pensamos que problemas tan graves no se pueden resolver sin hacer referencia a Él; sin Él no es posible resolver los problemas que se complican de día en día. En Él está la fuente de la fraternidad, la abundancia de la misericordia, la capacidad para el perdón sincero y real que alcanza a los enemigos, la superación de toda división, la implantación del derecho y la justicia. No podernos cruzarnos de brazos, o permanecer atenazados por el temor o la incertidumbre. Necesitarnos intervenir. Todos. Los Papas no cesan de recordarnos que una de las intervenciones más poderosa reside en la oración. Ella entraña un enorme poder espiritual, sobre todo cuando va acompañada del sacrificio y del sufrimiento.

La oración nos ha de unir a todos ante Dios, Padre justo y rico en misericordia. La oración es la única arma de la Iglesia para lograr la paz, particularmente en manos de los pobres, de los oprimidos, de las víctimas de la injusticia. La oración, resistente como el acero cuando se templa bien en el fuego del sacrificio y del perdón, es la sola arma eficaz para penetrar hasta el corazón, que es donde nacen los sentimientos y las pasiones del hombre.

Oremos, pues, sin cesar, con toda confianza y con todo el corazón pidiendo fuerza espiritual para acabar con la guerra y la violencia, para que la paz se implante y se destierre de manera definitiva la violencia, el terrorismo, el odio, la injusticia. ¡Unámonos con toda amplitud, sin reserva alguna, al Papa que en este día ha estado rezando en Asís de manera especialísima por la paz y con él también los líderes de las confesiones religiosas!

Que Dios, dador de todo bien –y ¿qué bien es comparable a la paz y la concordia?– conceda al mundo una paz estable, fundada en la justicia, el amor, la verdad, el perdón y la libertad. Que se busquen y encuentren soluciones adecuadas a los numerosos conflictos que atormentan el mundo. Que cese todo terrorismo sobre la faz de la tierra. Que quienes han sufrido o sufren las consecuencias del terrorismo y de la guerra hallen la solidaridad necesaria y el consuelo que alivie su gran sufrimiento. Con San Francisco decirnos: “¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! /Que allí donde haya odio, ponga yo amor; / donde haya ofensa, ponga yo perdón; / donde haya discordia ponga yo unión; /donde haya error, ponga yo verdad; /donde haya duda, ponga yo fe;/donde haya desesperación, ponga yo esperanza, /donde haya tinieblas, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo alegría. / ¡Maestro! que no busque yo tanto /ser consolado como consolar/; /ser comprendido, como comprender; / ser amado, como amar. / Porque dando es como se recibe. / olvidando, como se encuentra; / perdonando, como se es perdonado; /muriendo, como se resucita a la vida eterna”. Santa María, reina de la paz, ruega por nosotros y consíguenos la paz, la paz de tu Hijo Jesús, que no es la de este mundo, sino la suya que transforma e ilumina los corazones y las mentes.

El Papa nombra a monseñor Javier Salinas obispo auxiliar de Valencia

El papa Francisco ha nombrado a monseñor Javier Salinas, nuevo obispo auxiliar de Valencia, según ha anunciado este mediodía la Nunciatura Apostólica de Su Santidad en España.

Monseñor Salinas, de 68 años y natural de Valencia, era hasta ahora obispo de Mallorca, y será el tercer obispo auxiliar de la archidiócesis valentina, junto a monseñor Esteban Escudero y monseñor Arturo Ros, que recibió la ordenación episcopal el pasado sábado.

El prelado nació en Valencia el 23 de enero de 1948. Cursó estudios eclesiásticos en el Seminario valenciano, recibiendo la ordenación sacerdotal el 23 de junio de 1974. Es Doctor en Catequesis por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma. Su ministerio sacerdotal lo inició en la Parroquia de San Jaime de Moncada, de donde fue coadjutor entre 1974 y 1976. Este último año fue nombrado superior del Seminario Menor de Valencia, cargo que desempeñó hasta 1977, cuando fue nombrado consiliario diocesano del Movimiento Junior.  

Tras su estancia en Roma, que se desarrolló entre 1979 y 1982, volvió a Valencia como delegado episcopal de Catequesis, de 1982 a 1992; fue capellán y director espiritual en el Real Colegio Seminario Corpus Christi de Valencia, de 1987 a 1992; y Vicario Episcopal, de 1990 hasta 1992 cuando fue nombrado por el papa San Juan Pablo II Obispo de Ibiza, sede de la que estuvo al frente hasta 1997, cuando fue promovido a la diócesis de Tortosa. 

El 16 de noviembre de 2012 fue nombrado por el papa Benedicto XVI Obispo de Mallorca.

En la Conferencia Episcopal Española ha sido presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 1999 hasta marzo de 2014, cuando fue elegido presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar. 

El 23 de octubre de 2012 la Santa Sede le nombró miembro del Consejo Internacional para la Catequesis (COINCAT), organismo consultivo vinculado a la Congregación para el Clero.

 

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Nota del Arzobispado de Valencia

Arzobispado de Valencia

 

EL ARZOBISPO CAÑIZARES NUNCA SE HA REFERIDO A LA POLITICA DE IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES COMO AMENAZA

 

El Arzobispado de Valencia niega que el Cardenal, Antonio Cañizares, se refiriera en la Homilía con motivo de la Festividad de la Asunción a “la política de igualdad entre hombres y mujeres, entre los dragones que han amenazado a la humanidad” tal como se ha afirmado.

Antonio Cañizares siempre ha defendido la igualdad entre hombres y mujeres, defendiendo con hechos sus derechos sociales y laborales, y luchando en especial contra toda violencia de la que las mujeres son víctimas. Es un tema de máxima sensibilidad, ante el que el Arzobispo de Valencia no se queda de brazos cruzados, y por tanto, con el que no se puede sembrar ninguna duda.

El Arzobispado de Valencia asegura que existe una grave responsabilidad al transmitir una realidad que no ha sido dicha sino interpretada equivocadamente por falta de rigor en los términos a los que se refiere.

Confundir la ideología de género, o también llamada teoría del género, como en ocasiones la ha acuñado el Papa Francisco, con la igualdad de género, que se refiere a la igualdad de hombres y mujeres en todos sus derechos, es de extrema gravedad, por lo que el Arzobispado se ve impelido a manifestar claramente la falsedad de la información que se ha difundido.

 

 

 

 

El Cardenal preside este viernes la misa de envío de los jóvenes valencianos que participarán en la JMJ de Cracovia

En la Catedral de Valencia, a las 20 horas, les dará también la cruz del peregrino.


El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, presidirá mañana, viernes, en la Catedral, una misa de envío de los jóvenes valencianos que participarán en la próxima Jornada Mundial de la Juventud con el papa Francisco en la ciudad polaca de Cracovia que se desarrollará del 26 al 31 de julio.

Así, el Arzobispo de Valencia oficiará una eucaristía a las 20 horas en la Seo en la que “se les impondrá a los jóvenes la cruz del peregrino que les acompañará durante todo el viaje”, según han indicado hoy a la agencia AVAN fuentes de la comisión de Infancia y Juventud del Arzobispado que organiza la peregrinación diocesana.

“Todos los jóvenes que partan a la JMJ están invitados a participar en la misa de envío que será concelebrada por el presidente de la comisión diocesana de Infancia y Juventud, Óscar Benavent.

En total, son dos mil jóvenes valencianos, procedentes de parroquias, colegios y movimientos cristianos, que viajarán a Cracovia en distintas peregrinaciones que han sido organizadas en la diócesis y que comenzarán a salir a partir del próximo sábado.

300 de estos jóvenes viajarán con la diócesis, en la peregrinación más numerosa organizada por la comisión diocesana para la Infancia y la Juventud, y que presidirá el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, según las mismas fuentes.

En Polonia, el Cardenal impartirá varias catequesis a los jóvenes participantes, invitado por los Pontificios Consejos para la Familia y de los Laicos y acompañará al papa Francisco en su viaje apostólico a Cracovia. (AVAN)

NOTA DE PRENSA ANTE LA INFORMACIÓN ESTE MARTES EN UN MEDIO DE COMUNICACIÓN SOBRE EL V ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS

Arzobispado de Valencia

Nota de prensa ante la información hoy en un medio de comunicación sobre el V Encuentro Mundial de las Familias

El Arzobispado de Valencia manifiesta su “rechazo a quienes, de forma maliciosa, tengan la pretensión de sembrar dudas, respecto a la participación de la Santa Sede en lo que fue el V Encuentro Mundial de las Familias”.

De igual manera, “nos duele especialmente que se aluda a dos personas ya desaparecidas, al cardenal Alfonso López Trujillo y al entonces Arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco, que merecen nuestro mayor reconocimiento”.

El Arzobispado de Valencia reitera que “cuanta información dispone está en manos de las autoridades que lo han solicitado, tanto del ámbito judicial como institucional” y, en especial, “vuelve a manifestar la colaboración con las instituciones autonómicas”.

Por último, el Arzobispado expresa su “repulsa a que se hubiera podido instrumentalizar la visita del Papa para otros fines, con intencionalidad de beneficio o lucro por terceros. Cualquier acto de esta naturaleza es reprobable y duele especialmente a la Archidiócesis de Valencia si se destina a otros fines en algo tan importante para la Iglesia y para los valencianos, como la visita del Santo Padre”.

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