Carta de Alexia González, a sus compañeras del Colegio Jesus Maestro

Diez días antes de su fallecimiento

7 de marzo de 1984_ su última fiesta de cumpleaños

El 25 de noviembre, diez días antes de su fallecimiento, Alexia dictó a su padre esta carta para que se la enviaran a sus compañeras de clase del Colegio Jesús Maestro, de la Compañía de Santa Teresa de Jesús.

Queridas todas:

Parece mentira, ¿verdad?, hace ya cinco meses que fui al Colegio a despedirme de todas vosotras con la idea de volver, como mucho, a los dos meses.

Pero todo se fue complicando y entre pruebas y operaciones, tratamientos y curas, sigo en Navarra, pero acordándome mucho de vosotras.

No sé si estaréis al corriente de todo lo que ha pasado desde junio hasta ahora (aunque supongo que la Madre Isabel os habrá tenido al tanto). Desde que llegué a la Clínica no paré de hacer cosas. (…)

Después de ver la habitación bajé a la Capilla que, aunque no es muy grande, es muy acogedora, muy bonita y está muy bien cuidada. Toda la Clínica tiene las puertas como las de nuestras casas y los ascensores son normales, es decir, que no es la típica Clínica: que te hace sentirte en tu casa.

En seguida empezaron a llegarlos médicos, todos encantadores, que se preocuparon mucho de qué tal viaje hicimos y se propusieron que, en cuanto pudiese, una vez terminadas las pruebas, saliese a visitar Pamplona. (…)

Pronto empezaron a decir qué iban a hacer conmigo: decidieron volver a operarme para arreglar el injerto que en Madrid me habían dejado mal.

Al principio tenía mucho miedo, a pesar de mi experiencia, pero en cuanto empecé a conocer como amigos a todos mis médicos, perdí ese miedo.

El Doctor Chamorro, que es un gran cirujano de digestivo, y que adora a todos los niños, se hizo muy amigo mío: él sería el que me pondría el “port-a-cats” (…)

Es un hombre encantador, muy bromista, y que me hizo pasar los días antes de la operación con mucha tranquilidad, sin miedo, y además estuvo en la operación conmigo; si no llega a ser por él, lo hubiera pasado mal (…)

La operación duró diecisiete horas, me pusieron una escayola que me cogía medio cuerpo y en donde se sujetaban dos hierros que, a su vez, mantenían mi cabeza firme mediante una corona, también de hierro, con cuatro clavos sujetos en los huesos de la cabeza.

Estuve un día y medio en la UCI con tubos para poder respirar que, más bien parecía que eran para ahogarme. Lo pasé mal, pero las enfermeras eran tan cariñosas y tan preocupadas, que lo hicieron más fácil. Había hilo musical.

El Doctor Chamorro vino en seguida a verme e hizo que me quitaran el tubo respirador, con lo cual me quedé muy aliviada. En seguida dejaron pasar a mi familia y mi madre estuvo conmigo todo el tiempo; no como en otras Clínicas, que lo tuve que aguantar yo sola. La UCI está llena de muñequitos.

Después de una semana de post-operatorio, ya tenía todos los puntos fuera: los de la cadera (tuvieron que volver a sacarme hueso para el injerto nuevo) y los del cuello, que me lo hicieron sobre la misma cicatriz de la operación de Madrid.

Muy pronto recuperé el buen humor y como tuvieron que darme alimentación por vena, entre esto y que se me abrió el apetito, engordé mucho, casi me puse como una vaca, y como la escayola no me dejaba engordar, tuve problemas, que los resolvía gracias a que estábamos en plenas fiestas de San Femiín, y con tan buen ambiente se te pasaba todo.

No me perdí un solo encierro televisado, porque en mi habitación tenía televisión. Puse la habitación “sanferminera” con carteles, la faja, el pañuelico, etc. La verdad es que fueron unos días que recuerdo como muy agradables pese a la escayola y la pérdida de movimiento que me produjeron las operaciones.

Y así se fue pasando todo el mes de julio, hasta el 9 de agosto en que me operaron por segunda vez; en esta ocasión estaba más triste y nerviosa porque no estaba conmigo el Doctor Chamoiro, que se encontraba de vacaciones.

Esta segunda operación duró ocho horas; también me entubaron y pasé una noche en la UCI, con toda mi familia a mi lado. Aunque más corta, fue más traumática al ser por detrás y yo lo pasé peor.

También ahora me pusieron injerto y dos plaquitas de metal que mantienen mi cabeza firme. Después de salir de la UCI y de una semana de post-operatorio, me quitaron los redones y los puntos y mi querida e inseparable escayola, que conservo y que os enseñaré cuando regrese a Madrid.

Lo malo de tanta operación es que me parece que en vez de ir hacia delante voy para atrás, pero yo sé que no es así y actualmente ya empiezo a andar un poquito y aguanto bastante andando.

No me aburría nada todo el tiempo que estuve esperando al ortopédico que tenía que ponerme el collarín, bastante aparatoso, dicho sea de paso. La planta 2ª que es donde yo estoy, está llena de niños encantadores, porque es la planta de Pediatría.

Estaba Miguel, un sabio pequeñajo que era el jefe de toda la planta; a mí me hacía mucha compañía y lo recuerdo con mucho cariño. También estaba Patricia, una chica de Madrid, que me gustaría presentaros a mi regreso. Y sobre todo Carolina y Aida, especialmente esta última, dos renacuajos, de 4 años Carolina, y año y medio Aida.

Ésta era tan simpática, tan alegre, se iba con todo el mundo, que le cogí un cariño muy grande; tanto es así que, aún hoy, la echo mucho de menos.

Lo malo de la tardanza del dichoso ortopédico fue que, al no poder moverme de la cama y el gran calor que hizo en verano, se me abrieron las heridas y pasé un mes muy doloroso hasta que se cerraron de nuevo con unas curas horribles.

En cuanto todo pasó me colocaron un collarín más cómodo de lo que yo pensaba y en seguida pude levantarme, sentarme en un sillón en la tenaza, visitar con mi silla de ruedas el nido con los niños chiquitines, es decir, lo que podríamos llamar una vida normal. Y todos los días el capellán me traía la Comunión que tanto me conforta.

Pero como nada es eterno y lo bueno acaba pronto, el pobre Doctor Brugarolas, que es el oncólogo que me trata, vino con una cara hasta el suelo, muy disgustado, para decirme que, por prevención, debía seguir con la quimioterapia.

Yo me llevé un gran disgusto pero, aunque no lo creáis, Dios da las fuerzas necesarias y todavía te dan ganas de reír un poquito. Desde entonces: adelanto, atraso, adelanto, atraso, pero sigo con la rehabilitación cada día y con la radioterapia que había dejado hace tiempo.

Y como todo pasa aunque parece que no es así, es la tercera semana que estoy en casa, yendo y viniendo para el tratamiento de quimioterapia, y todos aquellos días de dolor, aburrimiento, desesperanza, han pasado y ahora sólo queda la recta final que, aunque es muy dura, es la recta final.

Tengo muchas ganas de ir a Madrid y, si Dios quiere, podré hacerlo en diciembre, siempre que no me bajen las defensas, me salgan aftas o pasen cosas así, que es lo que me pasa siempre.

El caso es que las Navidades pienso pasarlas con vosotras, todas juntas, porque no sabéis cuánto os quiero, cuánto os hecho de menos y cuánto deseo veros. ¡Cómo se nota que estáis rezando por mí! Seguid haciéndolo para que pronto estemos juntas, ¡aunque tenga que repetir curso!

Decidle a la Madre Isabel que me sigo acordando mucho de ella y dadle besos de mí parte. ¡Le debo tanto!

Sabed que no me olvido de ninguna de vosotras. Os tengo presentes pese a no estar juntas y, si tengo que repetir curso, estoy segura que vosotras no os olvidaréis de mí.

Quiero deciros que vuestras cartas me hacen muy feliz y las espero como el mejor regalo y, si de verdad queréis hacerme uno, no os rompáis la cabeza, escribidme aunque sólo sea una postal, que eso me hará mucho más feliz que si me regalarais caramelos o libros o lo que sea.

Os vuelvo a repetir que noto lo mucho que rezáis por mí y que me tenéis presente. Decidles a las niñas nuevas que, aunque no las conozco, también las tengo presentes y que tengo muchas ganas de conocerlas.

No sabría nunca terminar esta carta. Me parece que siempre tengo algo más que contaros, pero ya me he alargado bastante contando mis batallas y ya tengo que poner punto final.

MUCHOS BESOS, ABRAZOS Y DE TODO LO QUE SE OS PUEDA OCURRIR, os quiere mucho y no os olvida vuestra amiga

Alexia

Fesser se defiende, difamando al Opus Dei.

El director no desmiente las acusaciones de manipulación.
Fesser se defiende de las críticas a su película “Camino” difamando al Opus Dei.

El cineasta español Javier Fesser se ha defendido de las críticas a su más reciente película, ‘Camino’, y ha acusado al Opus Dei de “enredar” a miles de personas en un “viscoso entramado pseudoespiritual” que en sus palabras no conduce a nada. En una carta abierta hecha pública este jueves en Madrid, el director afirma que lo que seguramente más desconcierte al Opus Dei de la película sea “el tratamiento objetivo e inusualmente nítido de su modus operandi”.

Además, asegura Fesser, la organización estará irritada sobremanera por comprobar “que hasta el último detalle de lo que en ‘Camino’ se muestra es un reflejo bastante exacto de la realidad, de sus contradicciones y de su insostenible discurso”.

“La han pillado (comprendido) tan bien y se reconocen de tal manera en el retrato que de ellos se hace, que no podrían aceptarlo sin echar el cierre al tinglado”, escribe.

El tercer largometraje de Fesser, estrenado en España el 17 de octubre, cuenta la historia de Camino (Nerea Camacho), una niña de 11 años educada en el seno de una familia del Opus Dei que sufre una enfermedad terminal (un tumor cancerígeno en la vértebra) y que se ve obligada a enfrentar de forma repentina y simultánea dos hechos nuevos en su vida: la cercanía de la muerte y el descubrimiento del amor.

Su historia está inspirada en un hecho real, la vida de Alexia González-Barros, una joven de 14 años fallecida en 1985 por una enfermedad terminal en honor de santidad, y que se encuentra en proceso de beatificación.

La similitud de los casos generó las críticas de la familia de Alexia, que denunció como falsas algunas escenas de la cinta, y del propio Opus Dei, que acusó a Fesser de haber hecho con su película una “radiografía falsa y manipulada”, a lo que el cineasta replica que “esta película no es una frivolidad más sobre las exóticas costumbres (del Opus) sino que va directa a su corazón y les muestra tal y como son. Qué curioso que en esta película el Opus Dei salga mal parado y Dios no. ¿No eran la misma cosa?”.

En palabras de Fesser (autor de ‘El milagro de P. Tinto’ o ‘La gran aventura de Mortadelo y Filemón’), lo que más duele de su nuevo largometraje es que “muestra que el camino que proponen e imponen a miles de inocentes personas que por una cosa o por otra han terminado enredados en su viscoso entramado pseudoespiritual es un camino a ninguna parte”.

Asimismo, acusa al Opus Dei de haber utilizado para sus fines “el calvario de una pobre niña adolescente, en clara y desconcertante connivencia” con su familia. “Como artistas que son de la contrapropaganda y del anonimato, han utilizado una vez más a Alexia y a su familia para desviar inútilmente la atención”.

“Quizás algún día los hermanos, tías y sobrinos de Alexia, que me envían dardos envenenados en forma de cartas al director, comprendan esta película y sientan la vergüenza de haberme maltratado ellos a mí. Porque es muy injusto aceptar que un tumor cancerígeno en la vértebra de Alexia fue voluntad de Dios y sin embargo esta película, que por cierto no es su biografía, no lo sea”, concluye Fesser.

Cada vez hay más gente indignada por la manipulación en “Camino”.

Cada vez hay más gente indignada por la manipulación en “Camino”
Se multiplican las cartas y artículos de protesta por la última película de Fesser

La manipulación realizada en la película “Camino” del caso de la niña Alexia González-Barros, ha provocado una catarata de protestas, especialmente dirigidas contra el director del film, Javier Fesser. El hermano de Alexia expresó en una carta dirigida a Fesser la indignación de la familia después de que el director dijese en rueda de prensa que la niña murió realmente entre aplausos de sus familiares –como refleja la película– lo que es falso. Además, se había comprometido a no utilizar la historia real de la niña para promocionar la película. La útima protesta, por parte del entorno familiar de Alexia, apareció ayer en el diario Abc, en la sección de cartas al director

En la carta publicada en Abc y que reproducimos a continuación, Gonzalo Medina denuncia el sufrimiento que para la familia de Alexia ha supuesto la película:

Estimado señor Fesser: soy alumno de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Acaba de estrenar su última película, que lleva por título «Camino». Como evidentemente conocerá, días antes del estreno su película fue proyectada en mi facultad, siguiendo a continuación un coloquio en el que participaron algunos de los actores del filme. Debe saber que soy sobrino de uno de los hermanos de Alexia González-Barros, a quien usted deseaba mantener en la memoria, como expone al finalizar la película: «A la memoria de Alexia González-Barros, fallecida…». Como le decía, acudí a verla, pero, desgraciada o afortunadamente, no pude quedarme al coloquio posterior. Sólo me gustaría, me encantaría, desearía decirle que si se hubiese interesado, al menos un poco, por conocer a la familia, saber cómo eran sus padres, cómo murieron…

¿Sabe usted que el padre de Alexia murió varios años más tarde que ella y no precisamente en un accidente de coche? ¿Sabe usted que la madre de Alexia no arrancaba nada más que sonrisas a diestro y siniestro y que no era una bruja reprimida, como usted la representa en su película? He conocido a pocas personas como ella, se lo aseguro. ¿Sabe usted que esa familia ya sufrió y sigue sufriendo lo bastante como para que personas como usted sigan metiendo el dedo en la llaga y les azote con su «exitosa» película, señor Fesser? No, no lo sabe ni nunca lo sabrá. Pero, Gracias a Dios, Paco y Moncha ya no están para ver su «exitosa» película. Se ríen no sólo de usted, sino también de todos nosotros desde el Cielo. ¡Menudo éxito el de su película!

El otro tema latente de su película es el Opus Dei. Mejor dicho, la manera de atacar y tergiversar la naturaleza y el espíritu del Opus Dei. La grandeza del Opus Dei, señor Fesser, no se reduce a meterse tres piedras en el zapato, como afirma en su «exitosa» película, ni a separar a los hombres de las mujeres, como mantiene en su «exitosa» película, ni mucho menos es obligación y represión, como defiende su «exitosa» película, sino que el Opus Dei se limita única y exclusivamente a aspirar a la Santidad en lo cotidiano de cada día, viviendo en el mundo, dándose a los demás con alegría y voluntariedad.

¡Ah! por cierto, yo no soy del Opus Dei, como tampoco lo fue Alexia González-Barros.

Alexia, digna de admiración.

La pequeña Alexia escribió una carta en el YA denunciando el aborto.

Alexia escribió una carta a Ya con apenas 12 años, contra el aborto.

Ocurrió en marzo de 1983, y hoy reproducimos el documento. Alexia González Barros, la niña cuya causa está en proceso de beatificación y que ha adquirido actualidad por la película “Camino” de Javier Fesser, donde ha sido brutalemente desvirtuada y ofendida, escribió una carta al antiguo YA en papel pidiendo a las madres que estuvieran pensando en abortar que no lo hicieran. El texto es emotivo y revela la tremenda bondad y la indudable santidad de la pequeña. Ahora, diarioya.es, la ha rescatado.

La carta, que fue publicada el 28 de marzo de 1.983 (dos años antes de su muerte), dice lo siguiente:
“Tengo doce años y soy la séptima de mis hermanos. Doy muchas gracias a Dios de haber nacido en una familia donde todos se pusieron muy contentos cuando yo nací. Si mi madre hubiera sido una de esas que quieren matar a sus niños antes de nacer, yo no habría nacido. Me gustaría decirles que no los maten, por favor, porque seguro que alguien adoptaría a esos niños. En nuestra casa seguro que recibiríamos encantados a uno de esos niños que no los quieren”. Alexia González Barros. Madrid.
El caso de Alexia ha vuelto a cobrar actualidad por la película “Camino”, en la que su director, Javier Fesser, hace una interpretación muy “personal” de lo que fue la vida de la pequeña.
Alexia era una niña normal hasta que el día 4 de febrero de 1985, cuando aún no había cumplido los 14 años, se le diagnostica un tumor maligno que, en poco tiempo, la deja paralítica. Sufre cuatro largas operaciones y una ininterrumpida cadena de dolorosos tratamientos que hacen de los diez meses de enfermedad una dura prueba.
Alexia desde el primer momento, aceptó plenamente su enfermedad, y dio sentido a su dolor ofreciendo su sufrimiento y sus limitaciones físicas por la Iglesia, por el Papa y por los demás, con total generosidad: “Jesús, yo quiero ponerme buena, quiero curarme, pero si Tú no quieres, yo quiero lo que Tú quieras”, decía la enferma.

Como narran desde distintos ángulos sus distintos biógrafos, su fortaleza, paz y alegría fueron constantes a lo largo de la enfermedad, como resultado de su fe, esperanza y amor, virtudes vividas ejemplarmente hasta el final de su vida. Mª Victoria Molins describe en su biografía la primera de las operaciones y el inicio de los tratamientos médicos de Alexia, entonces con 13 años:

“Pasó días y noches sin dormir. Cuando el cansancio la rendía, lograba, ya de madrugada, conciliar el sueño, pero sólo a ratos. Fue aquí cuando empezó a mostrarse su fortaleza de ánimo y su conformidad. Nunca se quejó y obedecía absolutamente en todo haciendo los ejercicios de recuperación que le decían. Aunque la cansaban en extremo, nunca se negó a hacerlos”.

La causa de beatificación de Alexia fue introducida en Madrid el 14 de abril de 1993 y clausurada solemnemente el 1 de junio de 1994. La fase de Roma comenzó el 30 de junio de ese mismo año. El Decreto de validez fue otorgado por la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos el 11 de noviembre de 1994.