No se puede separar sexo del matrimonio, señala Cardenal Urosa a jóvenes

El Arzobispo de Caracas (Venezuela), Cardenal Jorge Urosa Savino, alentó a los jóvenes a sentirse orgullosos de ser cristianos y los llamó a promover la santidad de la familia y control personal guardando el sexo para el verdadero amor dentro del matrimonio.

“No se puede separar la actividad sexual del verdadero amor, del matrimonio que da protección y estabilidad a los esposos y a los niños, de una familia estable, cariñosa y unida. La práctica sexual debe ser expresión de un amor auténtico, y estar enmarcada en la familia unida para siempre, con respeto, cariño y fidelidad para toda la vida”, señaló durante la Misa de clausura del Encuentro Nacional de Jóvenes celebrado el domingo.

Desde Valencia (Venezuela), el Purpurado dijo que ante el libertinaje afectivo-sexual, que es una de las amenazas del mundo moderno, los jóvenes cristianos deben responder “con el compromiso de promover y fortalecer el amor a la familia y el respeto a las personas”.

“Promovamos la santidad de la familia, y para ello valoremos la unión conyugal cristiana, santificada por el mismo Jesús con el santo sacramento del matrimonio (…), porque el pecado, mis queridos muchachos, lleva a la muerte”, señaló.

El Cardenal Urosa también llamó a los jóvenes a intensificar su práctica religiosa, especialmente asistiendo a la Misa dominical. “Es preciso, por lo tanto, ser firmes en nuestra fe y practicarla, vivir en constante unión con Dios, que está siempre a nuestro lado, y que quiere tener un lugar privilegiado en nuestros corazones”, indicó.

Asimismo, durante la homilía, exhortó a enfrentar el desafío del desprecio a la vida, derecho humano golpeado por el aborto y la violencia.

“Los cristianos sabemos que toda persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, que tenemos un alma inmortal, que tenemos unos derechos inalienables. Y el más importante es el derecho a la vida (…). Por eso rechazamos el aborto, que es un crimen abominable”, así como “la droga, el secuestro, el homicidio, el robo, esa violencia criminal que está sesgando cada año más de 15.000 vidas, especialmente de muchachos y jóvenes adultos”, indicó.

Finalmente, el Arzobispo de Caracas invitó a los jóvenes a considerar “la posibilidad de seguir a Jesucristo en la Iglesia como sacerdotes, o religiosos o religiosas”.

“Es una vida hermosísima, la de quien se consagra a Dios para llevar su luz de vida a tanta gente que viven en tinieblas. Es una vida dedicada siempre a hacer el bien, a ser instrumentos de paz, a ser mensajeros y embajadores de Cristo, promotores de la vida y de la felicidad”, aseguró.

EWTN

Nueva agresión legal a la dignidad de la vida humana

Luis Alberto Loyo Martín, Deán de la Catedral de Bilbao

Una vez más, los Obispos españoles han tenido que salir al paso de una nueva agresión legal a la dignidad de la vida humana. En este caso por el proyecto de ley “sobre los derechos de la persona ante el proceso final de la vida”.
Y es curioso que si bien los derechos de la vida humana está debidamente protegidos tanto por la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, como por las leyes particulares de los Estados, son precisamente sus etapas más precarias y débiles como su “proceso inicial”, caso de los aún no nacidos, como su “proceso final”, caso de los enfermos incurables, los que tanta arbitrariedad acarrean a la hora de ser legislados, se entiende que para su mejor protección.

La vida del ser humano no puede ser comprendida sólo en su plenitud y vigor. No surgimos de manera espontánea, sino que somos el resultado de un proceso necesario de desarrollo, que se inicia en el momento de la concepción y que finaliza tras un natural ocaso. Todo ese largo o corto período de tiempo se denomina vida humana, y todo él debe ser custodiado por iguales derechos legales que garanticen su mejor proceso.

Pretender que sólo la vida del ser humano bien desarrollado y en plenitud de facultades sea la que se beneficie de una protección adecuada, es imposibilitarla de raíz, porque nadie viene al mundo sin haber sido antes un embrión, ni nadie deja este mundo, de manera natural, sin recorrer las últimas etapas en decadencia.
Precisamente por la debilidad y dependencia de los previos y los finales, se hace mucho más necesario una protección exhaustiva y clara, para evitar los abusos de los fuertes y prepotentes sobre quienes viven en precariedad. De lo contrario estaremos creando un monstruo legal que acabará por devorar a los que considere innecesarios o molestos.

O se confiere valor absoluto a la vida humana en su totalidad, o simplemente carecerá de este valor toda ella, porque no somos un tren donde se ponen y quitan vagones conforme a los intereses del momento, sino que la unidad vital del ser humano, es lo que hace que éste sea o no.

El proyecto de ley mencionado, no es sino una agresión más que se suma a las ya sufridas por otras leyes, igualmente injustas, y que limitan el valor de la vida a los intereses egoístas y arbitrarios de quienes por su posición de fortaleza puedan decidir.

De este modo, y desde nuestra condición de cristianos, debemos acoger la invitación a desobedecerlas con absoluta responsabilidad, sabiendo que sus consecuencias pueden ser costosas para quienes optemos por este camino, pero con la convicción de que lo hacemos en fidelidad a la verdad, y como defensa del ser humano a quien debemos reconocer siempre como un don de Dios.

 

La “cultura” de la muerte

Las estrategias principales que la “cultura de la muerte” ha usado para promover el aborto, la anticoncepción y la “educación” sexual hedonista ahora se han intensificado y se extienden a la manipulación de embriones humanos Ya no es solo el aborto, ya sea quirúrgico o el causado por los anticonceptivos abortivos, la única manera silenciosa y escondida en que la “cultura” de la muerte destruye a los seres humanos no nacidos. Lo es también la fecundación in vitro, la clonación y la experimentación con embriones humanos. Por otro lado, está el crimen de la eutanasia. Éste también ocurre en el silencio y a la sombra de las instalaciones médicas, revestido así de una apariencia de legitimidad. Es parte del engaño de la “cultura” de la muerte, de encubrir la destrucción de la vida de un ser humano con una fachada de “piedad”.

Es necesario profundizar en nuestro conocimiento sobre el avance que ha tenido la “cultura” de la muerte durante los últimos meses. Se precisa una reflexión que ahonde en las estrategias y engaños presentes en los nuevos ataques de esta falsa “cultura”. Este texto tiene ese propósito. Se trata de desenmascarar los nuevos “rostros” de la “cultura” de la muerte.

La necesidad de esa reflexión es apremiante, pues mientras más silencioso es el enemigo, más difícil es de combatir. Existe el peligro de que la conciencia, aún la de los buenos, se adormezca ante el sigilo de estas formas de atacar la vida humana, con el consecuente debilitamiento de la acción en defensa de la vida. Ello hay que impedirlo a toda costa.

¿Qué es la “cultura” de la muerte?

El término “cultura” de la muerte se refiere a una mentalidad, a una manera de ver al ser humano y al mundo, que fomenta la destrucción de la vida humana más débil e inocente por parte de los más fuertes y poderosos, de los que tienen voz y voto. El término “cultura” de la muerte fue acuñado por el Papa Juan Pablo II en su Encíclica El Evangelio de la Vida, publicada el 25 de marzo de 1995.

Aunque en realidad la “cultura” de la muerte comenzó cuando, en el umbral mismo de la historia, satanás engañó al hombre y éste, por su propia voluntad, cayó en el pecado, y aunque la “cultura” de la muerte se ha extendido por toda la historia de la humanidad, ha sido en los últimos siglos que esta “cultura” de la muerte ha asumido unas características sin precedentes. “…Estamos frente a una realidad más amplia, que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera ‘cultura de muerte'” (El Evangelio de la Vida, núm. 12.).

¿Y qué es lo nuevo de esta “cultura” de la muerte? El Papa responde diciendo: “Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y –podría decirse– aún más inicuo ocasionando ulteriores y graves preocupaciones: amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias” (El Evangelio de la Vida, núm. 4).

El Papa aquí nos dice que la nueva forma que ha asumido la “cultura” de la muerte es inédita (es decir, nueva, no tiene precedentes en la historia) y aún más inicua (es decir, peor que antes). Ello se debe, explica el Santo Padre, a que el progreso científico y tecnológico de los últimos tiempos, que por una parte es una bendición de Dios por todo el bien que hace, por otra, sin embargo, en manos de gente mala, ha sido utilizado para hacer el mal y para hacerlo a gran escala, como nunca antes.

Pero ello no es lo peor. Juan Pablo II explica que lo inédito, lo nuevo, de esta “cultura” de la muerte, es el hecho de que gran parte de la sociedad la justifica en nombre de una falsa libertad individual y que incluso ha logrado, en muchos países, que el gobierno la legalice y que un gran sector de la comunidad médica la practique.

El aborto, la eutanasia y la manipulación de embriones son los ejemplos más tristes de esta situación que describe el Papa. Ya no se trata principalmente de una matanza de seres inocentes por medio de guerras y atropellos bélicos, sino de una silenciosa y sutil, pero más aún nefasta destrucción de la vida humana, que cuenta incluso con la aprobación de un gran sector de la sociedad, con el amparo de la ley y que es perpetrada precisamente por algunos de aquellos que se supone sean los primeros defensores de la vida: los médicos y otros profesionales de la salud.

Eugenesia y “cultura” de la muerte

Decíamos que la “cultura” de la muerte se caracteriza por formas de atacar la vida humana inocente e indefensa por parte de los fuertes y poderosos. Ello nos lleva precisamente a una de las características fundamentales de la mentalidad de la “cultura” de la muerte: la eugenesia.

La eugenesia es la reproducción planificada y sistemática de los seres humanos de forma tal que se reproduzcan los que son “superiores” y que no se reproduzcan o que se eliminen los “inferiores”. Esta definición de eugenesia es la que se desprende del pensamiento y del activismo de sus proponentes, que en breves momentos examinaremos. Pero antes de entrar en ello quiero señalar un par de cosas que me parecen muy importantes:

La primera es bien sencilla y evidente. Es el hecho de que la definición de superioridad e inferioridad de la eugenesia queda en manos de los que precisamente fomentan esta “cultura” de la muerte. En mi opinión, en el año 1922, tuvo lugar un hecho importantísimo que contribuyó sobremanera a la formación de la actual “cultura” de la muerte. Lamentablemente, pienso que a este hecho no se le ha dado la debida importancia. Me refiero a la publicación, en Alemania, del libro titulado Die Freigabe der Vernichtung Lebensumwertern Lebens (“La exoneración de la destrucción de la vida carente de valor”), del psiquiatra Alfred Hoche y del jurista Karl Binding. La idea de que existen personas cuyas vidas “carecen de valor” -por causa de enfermedad, limitaciones físicas o mentales, sufrimiento, vejez, etc.- influyó en los programas eutanásicos y de eliminación de los judíos y de otras personas por parte de los nazis.

Obsérvese que hemos dicho que la idea de que la vida de algunos seres humanos carece de valor influyó en los programas de los nazis y no al revés. Las ideas tienen consecuencias. Y las malas ideas tienen consecuencias funestísimas. Estos intelectuales alemanes, personas en posiciones de poder, definieron quiénes merecían vivir y quiénes no. Luego, otros se encargaron de llevar su diabólica mentalidad a la práctica. Lo mismo está sucediendo hoy.

La segunda cosa que quiero señalar es que la mentalidad eugenésica no es simplemente una idea más en el arsenal de la “cultura” de la muerte. Por el contrario, la eugenesia engloba esta “cultura”. Es una de sus motivaciones principales, la otra es el hedonismo, es decir, el culto al placer. La tentación del diablo que ocasionó el pecado original fue la famosa frase de la serpiente a Adán y Eva: “¡Seréis como dioses!” (Génesis 3:5). Y la manera más poderosa de ser como dioses, es decir, de dominar a los demás, es controlando la fuente de la vida y por supuesto, la muerte.
Margaret Sanger, la fundadora de Paternidad Planificada, la filial en Estados Unidos de la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas en inglés), la organización que más promueve el aborto en todo el mundo, dijo lo siguiente: “Más hijos para los capacitados; menos hijos para los incapacitados, ésa es la esencia del control de la natalidad” (The Birth Control Review, mayo de 1919).

Muchas veces nosotros los provida hemos denunciado las falsedades del control demográfico. Hemos refutado el mito de la “sobrepoblación”. Hemos alertado sobre la mentalidad imperialista presente en los programas controlistas que el primer mundo le quiere imponer a América Latina a base de condicionamientos y presiones económicas. Pero no podemos olvidar que en la base de todo ello hay una mentalidad eugenésica, que es una mentalidad de dominación, del ejercicio absoluto del poder sobre los débiles, inocentes e indefensos. Es la mentalidad provocada por el pecado de querer ser como dioses, del pecado de la soberbia, el padre de todos los pecados.

Breve resumen histórico de la “cultura” de la muerte

Se pudiera decir que la “cultura” moderna de la muerte comenzó a finales del siglo XVIII con la publicación del libro Essay on the Principle of Population (“Ensayo sobre el principio de la población”) de Thomas Robert Malthus (Jacqueline Kasun, The War Against Population. The Economics and Ideology of Population Control, San Francisco: Ignatius Press, 1988, p. 26). En esa obra, el autor, profesor de economía política, sostuvo la errónea teoría de que había que controlar el crecimiento de la población, especialmente de “las clases inferiores de la sociedad”, ya que el mismo era mayor que la producción de los alimentos. Malthus creía que si se les negaba a los pobres la ayuda económica, tanto pública como privada, éstos “se darían cuenta” de las “ventajas” de limitar sus familias de acuerdo con sus ingresos (Ibíd., 157). Aquí, evidentemente vemos la mentalidad eugenésica, que luego repercutió en la Alemania Nazi y en Margaret Sanger.

De hecho, Margaret Sanger, cuya nefasta influencia se dejó sentir en la primera mitad del siglo XX, publicó, precisamente en 1922, un libro titulado The Pivot of Civilization (“El pívot de la civilización”), por medio del cual divulgó las ideas eugenésicas. El siguiente pasaje de este libro revela con toda claridad el carácter eugenésico de la ideología de Sanger y constituye un eco perfecto del pensamiento de Malthus: “La caridad organizada es el síntoma más seguro de que nuestra sociedad ha criado y continúa criando, perpetuando y aumentando cada vez más el número de defectuosos, delincuentes y dependientes. La atención que se les da a las mujeres pobres es la filantropía más dañina e insidiosa. El crecimiento de la clase obrera debería ser regulado, puesto que son imbéciles benignos, que estimulan a los elementos defectuosos y enfermos de la humanidad para que sean más irresponsables, se extiendan y se reproduzcan. Debemos eliminar los yerbajos humanos, aislar a los idiotas, los desajustados y los que no sirven, y esterilizar a la raza genéticamente inferior” (The Pivot of Civilization, New York: Brentano’s, 1922, p. 108).

Lógicamente la eugenesia de Sanger la llevó al racismo. La siguiente cita lo demuestra fehacientemente: “No queremos que nadie se entere de que queremos eliminar a la población negra y el ministro religioso es el hombre que puede aclarar esa idea, si alguna vez se le ocurre al más rebelde de sus miembros” (citado en Madeline Gray, Margaret Sanger: A Biography, Nueva York: Marek, 1979, 326).

Lo peor de todo es que esta mentalidad eugenésica condujo a Sanger a apoyar la eliminación de aquellas vidas humanas consideradas un “estorbo”. Las siguientes palabras de Sanger, tomadas de otra obra suya, son terribles y demuestran la patética conclusión a la que lleva la eugenesia: “Lo más misericordioso que una familia numerosa puede hacer con uno de sus miembros más pequeños es matarlo” (Women and the New Race Nueva York: Brentano’s, 1920. Reimpr. : Geo. W. Halter, 1928, p. 67).

En 1916, en la Ciudad de Nueva York, Sanger fundó la primera clínica para el control de la natalidad, precisamente para llevar a la práctica sus ideas eugenésicas. También fundó la Liga para el Control de la Natalidad y la Revista para el Control de la Natalidad (Birth Control Review). Varios promotores de la eugenesia, de la “supremacía blanca” y de ideas nazistas escribieron artículos en su revista (George Grant, Grand Illusions. The Legacy of Planned Parenthood, 3ra edición, Higland Books, 1998, p. 39).

Sin embargo, con el correr del tiempo el mundo se enteraría de los horrores del nazismo. Sanger había estado vinculada al movimiento eugenésico y había fomentado la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Tenía problemas con la ley, que en aquel entonces prohibía estas cosas. Entonces le cambió el nombre a su organización. En 1942, surgió Planned Parenthood Federation of America –Paternidad Planificada de Estados Unidos (Ibíd., 75-76). Pronto surgieron filiales en otros países y en 1952 los líderes de estas filiales fundaron la IPPF (IPPF/WHR, “The First Forty Years,” Forum, vol. 10, junio de 1994, p. 36-41). Hoy en día la IPPF cuenta con asociaciones miembros en casi todos los países, incluyendo los de América Hispana, en México, su filial se llama MEXFAM.

He aquí, pues, un resumen de la “cultura” de la muerte y de uno de sus ejes: la eugenesia. A continuación veremos cómo esta mentalidad asume formas y estrategias concretas en algunos de los principales ataques contra la vida que pasaremos a examinar.

Reproducción sin sexualidad y manipulación de embriones

Hemos dicho que la eugenesia es una mentalidad que propicia la dominación de las fuentes de la vida. Dios nos creó a imagen y semejanza suya y nos mandó llenar la tierra y dominarla (cf. Génesis 1:27-28). Pero, por efecto del pecado, ese dominio legítimo de la naturaleza se convirtió en dominación desmedida, no sólo de la naturaleza, sino de la propia persona humana y de su capacidad procreadora.

Ello se manifiesta de forma patente en las técnicas de fecundación in vitro (FIVET). La FIVET consiste en la obtención de óvulos y espermatozoides que luego se colocan en una caja de Petri, que es un medio de cultivo, para que la concepción ocurra in vitro, es decir, en el laboratorio, fuera de la madre.

De esta forma se esquiva el acto conyugal y se busca la procreación fuera de él. La Iglesia enseña que para que una técnica de reproducción asistida sea legítima tiene que constituir una ayuda, no una sustitución, del acto conyugal. La FIVET es evidentemente una sustitución del acto conyugal. Para más información, véase el documento que la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó en 1987 y que se titula “Instrucción Donum vitae sobre el respeto de la vida naciente y la dignidad de la procreación”.

Pero la inmoralidad de la FIVET no sólo estriba en ser una sustitución del acto conyugal, sino que también consiste en el homicidio de seres humanos inocentes, ya que se presta para la destrucción de innumerables embriones humanos. La eficacia de la FIVET en producir nacimientos vivos es tan baja, que los especialistas en estas técnicas intentan fecundar y transferir a la madre de 4 a 6 embriones a la vez con el objeto de producir un nacimiento vivo. Pero evidentemente aquí estamos frente a la destrucción de varios seres humanos para que nazca uno. Los embriones de “baja calidad” son desechados o simplemente no sobreviven.

Eso no es todo. La FIVET se utiliza también para producir embriones para luego experimentar con ellos. El presunto objeto de ello es descubrir las causas de las enfermedades hereditarias y procurar su cura.

Pero esto constituye una falta de respeto a la vida de un ser humano pequeñito e indefenso. Tenemos que darnos cuenta de que no se debe nunca utilizar a unos seres humanos para curar a otros. Cada ser humano es un fin en sí mismo, es decir, un valor absoluto en sí mismo, y no un mero medio o instrumento para beneficio de otros. De lo contrario estaremos rebajando al ser humano a la categoría de cosa, en vez de reconocerlo como persona.

Estamos aquí ante el enfrentamiento entre una falsa “ética” de la “calidad” de la vida humana y una verdadera ética de la dignidad de la vida humana. La “ética” de la “calidad” de la vida humana propone que los seres humanos valen tanto en cuanto su vida tenga “calidad”. Esa “calidad” se mide en términos de utilidad. Si esa persona es útil para otros o es “deseada” por esos otros, entonces, y sólo entonces, tiene valor. Evidentemente esta “ética” aberrante coincide plenamente con la eugenesia y es la base que justifica todo tipo de atropellos de los fuertes contra los débiles: aborto, control demográfico, manipulación de embriones, eutanasia, etc.

La ética de la dignidad de la vida humana proclama en cambio que toda persona humana tiene un valor, o mejor dicho, es un valor intrínseco y absoluto, es decir, que la persona humana vale por el mero hecho de ser persona, y no por la posesión de ciertas cualidades: salud, dinero, posición social, edad, etc. La persona humana posee ese valor por la presencia en ella del alma inmortal, cuya existencia es demostrable por la razón, sin ayuda de la fe. Aunque, claro, la fe nos ayuda a esclarecer con más fuerza todavía la dignidad de toda persona humana. Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (cf. Génesis 1:27) y redimidos por Cristo (cf. Juan 3:16).

No es que la calidad de la vida humana no sea importante. Claro que lo es. Pero la calidad de la vida humana no puede erigirse como el fundamento del valor de la vida humana. Una vez que hemos afirmado el valor o dignidad intrínseca de toda vida humana como el fundamento de la moral, entonces podemos abordar, con equilibrio y sensatez, el tema de la calidad de la vida humana.

La FIVET también se presta para una especie de manipulación de embriones que se llama clonación. El documento de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Donum vitae, que cité hace unos momentos, se refiere a la clonación y otras manipulaciones embrionarias en los siguientes términos:

“Las técnicas de fecundación in vitro pueden hacer posibles otras formas de manipulación biológica o genética de embriones humanos, como son: los intentos y proyectos de fecundación entre gametos humanos y animales y la gestación de embriones humanos en útero de animales; y la hipótesis y el proyecto de construcción de úteros artificiales para el embrión humano. Estos procedimientos son contrarios a la dignidad del ser humano propia del embrión y, al mismo tiempo, lesionan el derecho de la persona a ser concebida y a nacer en el matrimonio y del matrimonio. También los intentos y las hipótesis de obtener un ser humano sin conexión alguna con la sexualidad mediante ‘fisión gemelar’, clonación, partenogénesis, deben ser considerados contrarios a la moral en cuanto que están en contraste con la dignidad tanto de la procreación humana como de la unión conyugal.

“La misma congelación de embriones, aunque se realice para mantener en vida al embrión -crioconservación-, constituye una ofensa al respeto debido a los seres humanos, por cuanto les expone a graves riesgos de muerte o de daño a la integridad física, les priva al menos temporalmente de la acogida y de la gestación materna y les pone en una situación susceptible de nuevas lesiones y manipulaciones.

“Algunos intentos de intervenir sobre el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo o a otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad. No pueden justificarse de modo alguno a causa de posibles consecuencias beneficiosas para la humanidad futura. Cada persona merece respeto por sí misma: en esto consiste la dignidad y el derecho del ser humano desde su inicio” (Donum vitae, Parte I, no. 6).

En el caso de la clonación, ésta “se efectúa tomando un óvulo, sacándole su núcleo y reemplazándolo con un núcleo de una célula somática, es decir, con un núcleo que contiene 23 pares de cromosomas. La célula resultante de la primera etapa de un clon es un cigoto. Como se puede ver, la clonación evita la reproducción sexual e inyecta directamente un núcleo somático dentro del óvulo, sin necesidad del espermatozoide” (Padre Alfred Cioffi, “Clonación humana: ¿reproductiva o terapéutica?”, Boletín Electrónico de VHI, 26 de marzo del 2002, vol. 5, no. 15).

La estrategia que utilizan los que promueven la clonación consiste primeramente en disfrazarla con un manto de bondad, diciendo que es para curar enfermedades, como el Alzheimer.. Más concretamente, están utilizando la estrategia de establecer, como si fuese verdadera, una falsa distinción moral entre la clonación llamada “reproductiva” y la clonación llamada “terapéutica”. A continuación voy a citar varios párrafos de un artículo que se publicó en el número del 26 de marzo del 2002 del Boletín Electrónico de VHI, disponible en elportal. Su autor es el Padre Alfred Cioffi, doctor en teología moral, especialista en bioética y que actualmente está realizando estudios doctorales en genética en Boston:

“Actualmente, algunos científicos y políticos están tratando de establecer una distinción entre la clonación ‘reproductiva’ y la clonación ‘terapéutica’. En la clonación reproductiva, el cigoto se implanta en la matriz de la mujer y le permiten desarrollarse a través de todo el embarazo, dando como resultado el nacimiento de un bebé. En la clonación terapéutica, el cigoto se mantiene en una cajita de Petri, en el laboratorio, y sólo se le permite crecer hasta la etapa de la blástula (de una a dos semanas), y después es desmembrado para obtener sus células madres (stem cells).

“La distinción entre estos dos tipos de clonación es una distinción biotécnica, pero no moral. Ambas son una crasa manipulación de la dignidad intrínseca de todo ser humano. La Iglesia Católica se opone vigorosamente a ambos tipos de clonación, aunque de cierta forma la clonación terapéutica es aún más cruenta, ya que en ella se crea una vida humana sólo para destruirla y sacarle sus células madres.

“La gran mayoría de la gente se opone a la clonación reproductiva, ya que es tan repulsiva, pues le niega al niño un padre, y convierie a la madre en su hermana gemela. Sin embargo, algunas personas están cayendo en la trampa de pensar que la clonación terapéutica sí es buena, porque ayudaría a curar enfermedades. Pero el error de este argumento reside en que el embrión humano es destruido para obtener sus células madres. Nunca se debe permitir la matanza de seres humanos inocentes, aún cuando fuera por una noble causa, como la de tratar de curar graves enfermedades.”

El Padre Cioffi señala en su artículo que, aparte de la gravedad de la clonación, su uso es innecesario, pues existen otras alternativas que sí son aceptables, desde el punto de vista moral, para ayudar en la búsqueda de la cura de ciertas enfermedades. “Afortunadamente, Dios nos ha provisto de alternativas a la clonación humana y a la investigación de células madres embrionarias. Las células madres que se obtienen de tejidos adultos, e incluso del cordón umbilical o de la placenta, tienen el potencial de suministrar tejido nuevo para el uso terapéutico, sin la destrucción de vida humana. La Iglesia Católica no se opone a este tipo de investigación, siempre y cuando se haya obtenido el consentimiento apropiado.”

Vemos así cómo la fe y la ciencia no se contradicen. Ambas son dones de Dios que tenemos que desarrollar correctamente. Cuando algunos científicos se dejan llevar por intereses creados, entonces utilizan la ciencia no para beneficio del ser humano, sino en contra de su dignidad. He ahí el mal uso de la tecnología. Observemos que la maldad de estas técnicas no radica en el hecho de que son artificiales (¡hay muchas cosas artificiales que son buenas!), sino en el hecho de que son utilizadas en contra de la dignidad humana.

Precisamente otro engaño de los que promueven la clonación es la de hacerle creer a la gente de que los que se oponen a ella son “religiosos fundamentalistas” enemigos del “progreso científico” y que los que están a favor son “avanzados”. Los medios de comunicación seculares han sido cómplices de esta mentira.

La “anticoncepción de emergencia”, aborto disfrazado de anticoncepción

Precisamente MEXFAM, la filial de la IPPF en México, es una de las organizaciones que más promueve esta forma de aborto en el mundo hispano. Para este tema, del cual sólo presentaré a continuación un resumen, quisiera remitirles a la información que Vida Humana Internacional tiene en su página web e impresa, especialmente el artículo “La ‘anticoncepción de emergencia’: nuevo engaño del movimiento antivida”.

La “anticoncepción de emergencia” (AE) se refiere al uso de píldoras anticonceptivas o del dispositivo intrauterino cierto tiempo después de un acto sexual, en el que no se usaron anticonceptivos, con el objeto de impedir el embarazo. Pero en realidad el uso de estos anticonceptivos, en caso de que haya habido una concepción, produce un aborto, por cuanto actúan impidiendo la implantación del óvulo fecundado, es decir, del nuevo ser humano, en el útero de su madre.

Los que promueven la AE niegan que ésta sea abortiva. La razón de ello es que este método se promueve mucho en los países donde el aborto no es legal, como en la mayoría de los países de América Hispana. En Estados Unidos y en otros países donde el aborto sí es legal, la AE se promueve porque la idea del aborto sigue siendo repugnante para mucha gente.

¿Cómo es entonces que las organizaciones de la “cultura” de la muerte engañan a la gente en relación con la AE? Organizaciones como la IPPF, la ONU y otras alegan que la AE no es abortiva porque, según ellas, el embarazo no comienza sino hasta la implantación. Como el aborto es la interrupción del embarazo que resulta en la muerte del feto y como la AE actúa antes de la implantación, estas organizaciones dicen que ello no es aborto, sino sólo anticoncepción.

Dejando de lado el tema de que la anticoncepción es gravemente inmoral y dañina para la mujer, estamos aquí frente a otro engaño del movimiento antivida. Se trata de una manipulación de las palabras para cambiar la percepción de la realidad. Se llame o no aborto, el impedir que un ser humano se implante en el útero y luego sea expulsado de él, no es otra cosa que matarlo. Es un hecho incontrovertible, atestiguado en todos los principales diccionarios de medicina de la actualidad que la vida del ser humano comienza en la concepción, no en la implantación. En el artículo que ya señalamos, tenemos un listado parcial de estos diccionarios médicos, así como abundantes citas de expertos en farmacología y en embriología que afirman lo mismo. Estos expertos también afirman que la palabra “aborto” es el término adecuado para referirse a toda acción realizada desde la concepción hasta el término del embarazo que cause la destrucción del embrión o del feto.

La eutanasia, los que matan en nombre de la “piedad”

Finalmente, terminaré esta exposición con unas breves palabras sobre la eutanasia. No pretendo cubrir aquí este vasto tema. Me limito sólo a algunas observaciones importantes. Para más información los remito a los artículos que hay en el portal de VHI.

Primero que todo quisiera señalar que el principal y más reciente documento de la Iglesia sobre este tema es la Declaración sobre la eutanasia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicada el 5 de mayo de 1980. Lo tenemos en la página web de VHI en la sección de documentos de la Iglesia. Este documento tiene un valor no sólo específicamente cristiano, sino también humano, porque sus argumentos apelan a la razón y a la ciencia. Demuestra una vez más que, siendo Dios el autor de la fe y de la razón, no puede haber verdadera contradicción entre ambas.

El documento define la eutanasia como cualquier acción que de suyo o en la intención cause la muerte con el objeto de presuntamente eliminar los últimos sufrimientos. Por consiguiente, la eutanasia es matar directamente, es un homicidio, un crimen. Nunca está justificada. Lo que especifica este tipo de homicidios es que se realiza para eliminar los sufrimientos del paciente. Por ello es que se le ha llamado eufemísticamente “muerte por piedad”.

No debemos dejarnos engañar tampoco por términos como “eutanasia pasiva” o “activa”, etc. Estos términos son válidos en cuanto denotan las distintas maneras en que este crimen se comete. Pero la calificación moral del acto en sí es la misma: es un crimen contra la humanidad. El “suicidio asistido” es un tipo de eutanasia y está claramente descrito y condenado en el documento que ya señalé, si bien no con ese término.

La eutanasia es una amenaza creciente en países como Holanda y Estados Unidos. En este último, el “suicidio asistido” ha sido aprobado desde hace algunos años en el Estado de Oregon. No nos extraña que en ese Estado, como en Holanda, desde que este crimen fue aprobado, los casos de “suicidio asistido” han aumentado considerablemente. Con la eutanasia ocurre lo mismo que con el aborto: una vez que se legaliza, aumenta paulatinamente hasta convertirse en una especie de epidemia.

El argumento en la base de la ideología a favor de la eutanasia es el mismo que en el del aborto: “Yo soy dueño de mi cuerpo”. Pero en el caso de la eutanasia, este argumento cobra más fuerza, porque en este caso no hay un ser dentro de otro, como es el caso de una mujer embarazada, sino que se trata de una sola persona que quiere matarse o que la maten, para evitarse los sufrimientos. ¿Cómo se contesta este argumento?

La respuesta a este argumento es la misma que dimos al principio: la dignidad intrínseca y absoluta de toda persona humana. La dignidad humana nunca se pierde, ni por enfermedad, ni por pobreza, ni por nada. Ahora bien, como cada persona tiene esa dignidad, ese valor no debe destruirse, porque lo que vale no se destruye.

El argumento en favor de la eutanasia que dice que una persona tiene el “derecho” a matarse (o a pedir que la maten), porque ella es la que lo ha decidido, es un argumento circular y por tanto falaz. El argumento está diciendo que algo se puede hacer porque la persona que lo quiere hacer decide que quiere hacerlo. Pero ello es lo mismo que decir que una acción es buena porque yo decido que es buena. En otras palabras, la voluntad de la persona se ha convertido en la fuente de lo que está bien y de lo que está mal. Este argumento es el mismo que el diablo (simbolizado por la serpiente) le presentó a Adán y a Eva: “¡Seréis como dioses!” El ser humano se convierte en el arbitro del bien y del mal.

La falsa “solución” de la eutanasia no es como la pintan sus promotores. Para ellos es un asunto que concierne únicamente a la decisión del paciente o a los que deciden por él, en caso de incompetencia mental. Pero un paciente terminal en la mayoría de los casos está tan afectado psicológicamente que su petición de muerte es en realidad una petición de ayuda. Sin embargo, los que lo rodean, cuando están a favor de la eutanasia, no están en realidad queriéndole ayudar en su sufrimiento, sino que quieren eliminar al paciente para eliminar el sufrimiento de ellos. Quieren quitarse la “carga” de encima. Una vez más vemos cómo la falsa “ética” de la “calidad” de la vida humana, tan a fin a la eugenesia, se hace presente, esta vez al final de la vida.

La respuesta provida sigue siendo la misma: la dignidad intrínseca de toda persona humana, no importa cuán enferma esté o cuán “improductiva” sea. Si de verdad amamos a nuestro prójimo, lo cuidaremos y mitigaremos sus dolores hasta que la muerte le llegue. Nos solidarizaremos con él y no permitiremos que la desesperación le embargue.

La medicina moderna ha desarrollado fármacos y tratamientos (incluyendo los psiquiátricos) para el dolor, llamados en su conjunto, medicina paliativa, que permiten aliviar y reconfortar al paciente. El enfermo entonces recobra la serenidad y está más preparado para enfrentarse con esperanza al final de su vida. La medicina paliativa se utiliza en el movimiento de los hospicicios. Cuando los hospicios funcionan como es debido, constituyen una auténtica alternativa provida a la eutanasia.

Los promotores de la eutanasia astutamente plantean un cuadro de dos extremos: o le aplicamos la eutanasia al enfermo o sufrirá irremediablemente hasta que muera. En este contexto, y muchas veces a propósito, acusan a las personas provida de querer prolongar la vida del paciente por todos los medios posibles. Entonces se proclaman a ellos mismos como los “compasivos”, que vienen a ofrecer la eutanasia para que el enfermo “no sufra más”. En realidad vienen a eliminar el dolor por medio de la eliminación del doliente, así como los controlistas vienen a eliminar la pobreza eliminando a los pobres.

Pero los provida no caemos en ninguno de esos dos extremos. La Iglesia y la recta razón nos enseñan que no estamos obligados a utilizar medios que son inútiles para conservar la vida del paciente o que constituyen sufrimientos graves que son mayores que los beneficios. No siempre es fácil determinar cuándo se están utilizando esos medios, llamados desproporcionados. Pero con la ayuda de Dios y de la ciencia médica que Él nos ha dado lo podemos lograr. Siempre estamos obligados a utilizar los medios normales para conservar la vida, intentar curar al paciente o, si no se puede, al menos mantenerlo alimentado (por medios artificiales o naturales), limpio y confortable. De manera que hay una vía media entre los dos extremos de la eutanasia y del encarnizamiento terapéutico (el uso de medios desproporcionados).

Y para terminar, quisiera reproducirles el siguiente testimonio de Magaly Llaguno, directora ejecutiva de la organización Vida Humana Internacional. Estoy seguro de que las palabras de esta valiente y experimentada defensora de la vida les conmoverá a todos:

“Como enferma de cáncer que soy, quiero hablarles de mis experiencias. A juzgar por mis propios sentimientos y los de otros enfermos con quienes he tenido contacto, puedo decirles que la depresión es algo muy común entre las personas gravemente enfermas. Inclusive, mucha de la quimioterapia que recibimos los enfermos de cáncer causa depresión. Sin embargo, los que tenemos enfermedades terminales no necesitamos que alguien nos “ayude” a cometer suicidio – lo cual por cierto implica el que la persona que nos “ayude” a suicidarnos cometa un asesinato. Esta es una propuesta cruel, inhumana y simplista. Si a un enfermo le planteen esta falsa solución él o ella comenzará a sentir que le consideran una pesada carga para sus familiares y para la sociedad. Inclusive, si la idea del suicidio no ha pasado por su mente anteriormente, quizás sí se le ocurra ahora y se sienta obligado a morir porque le consideran una carga. Puesto que todos necesitamos una actitud positiva para que nuestro sistema inmunológico funcione bien y para que nuestro cuerpo sane o al menos la salud mejore, una actitud negativa y promuerte en los que nos rodean, sólo nos hará daño.

“Hay evidencias científicas de que el amor y el apoyo de los demás ayudan a lograr la sanación. Los estudios realizados muestran grandes diferencias con respecto al tiempo que sobreviven las personas gravemente enfermas que reciben amor y apoyo, y las que no los reciben. Uno de los estudios, realizado en la Universidad de Tejas, les preguntó a los pacientes si participaban regularmente en un grupo de apoyo, como por ejemplo asistiendo a una iglesia, y si esa participación les proporcionaba fuerzas y consuelo. Seis meses después del tratamiento, los que contestaron que no a ambas preguntas tuvieron siete veces más probabilidades de morir que los otros (Cancer Recovery Today, boletín de la organización Cancer Recovery Foundation of America) .

“Otro estudio de la Universidad de Los Angeles (UCLA) realizado con grupos de apoyo, investigó a personas a quienes se les practicó una cirugía debido al cáncer melanoma. Después de dicha cirugía algunas de las personas participaron en grupos de apoyo por sólo seis semanas, mientras el resto simplemente se fue a su casa. Cinco años después los investigadores encontraron que entre los que no participaron en ningún grupo de apoyo hubo tres veces más muertes y dos veces más metástasis que entre los que lo hicieron (Ibíd.). Verdaderamente, el amor y el apoyo de otras personas constituyen una necesidad básica para los enfermos. El no obtenerlos es dañino; cuánto más dañino será el ofrecerle a una persona enferma la eutanasia o el suicidio asistido. Los enfermos necesitamos una verdadera compasión, no la falsa compasión que ofrecen los promotores de la eutanasia y el suicidio asistido.

“Necesitamos alguien que nos escuche, que nos dirija una palabra de apoyo; pero más que nada, necesitamos el amor y la compasión de los que nos rodean. Cuando no hay familiares ni amistades que puedan llenar esas necesidades, deben hacerlo los profesionales de la medicina. ¡Los médicos y las enfermeras se entrenan para curar a los pacientes, no para matarlos o ayudarlos a suicidarse! Si ocurre lo contrario, habremos vuelto a los crueles tiempos paganos en que los pacientes no sabían si el doctor les visitaba para curarles o para matarles mediante la eutanasia. También necesitamos médicos que estén bien informados sobre los múltiples fármacos paliativos que están disponibles para aliviar el dolor, los cuales tienen la capacidad de eliminar casi todo el sufrimiento físico.

“En lo que concierne a enfrentar el dolor y la muerte, los enfermos graves tenemos el recurso a la oración, la mayor fuente de fortaleza y consolación que existe. Es precisamente esa fortaleza que recibimos de Dios en la oración, lo que nos permite soportarlo todo y aceptar Su Santa Voluntad, sea cual sea.”

Adolfo J. Castañeda (VHI)

“El CO2 no es malo, es un gas fundamental para la historia de la vida”

Jorge Alcalde derriba las mentiras sobre el CO2, un gas considerado venenoso y tóxico pero que en realidad es fundamental para la supervivencia de los seres vivos. Nosotros mismos lo producimos.

“En la cumbre de Copenhague se están reuniendo estos días los mandamases de todo el planeta para tomar medidas para combatir el demonio del CO2. Incluso la protección del medio ambiente de EE.UU quiere darnos a entender que el dióxido de carbono es un gas venenoso y tóxico pero ellos saben que esto no es cierto. La única razón por la que EE.UU dice esto es para poder reducir la emisión de gases de CO2 y reducir la contaminación en sus estados sin tener que pasar por el juzgado”, así de claro habla Alcalde.

Muy pocas veces se cuenta la verdadera historia de este gas. La realidad es que sin él no existiríamos ni nosotros, ni los animales ni las plantas y ahora mismo la cantidad de CO2 en el aire es mucho inferior a la de antes pese que las industrias hayan aumentado su presencia en el aire. De cada millón de moléculas que hay en el aire 385 son de dióxido de carbono, mientras que en el periodo del cámbrico, hace 540 millones de años, en la mayor explosión de vida, había 7.500 partes por millón.

Jorge Alcalde considera que la clave radica en que “han encontrado un gran negocio a partir de la obsesión del CO2, la locura del CO2. Nuestra respiración genera CO2 naturalmente y tenemos 50.000 partes de este gas por millón. Forma parte de la combustión de los alimentos y en un residuo puro y sano”.

Otro de los mitos del ecologismo queda desmitificado.



Los obispos españoles “siempre han estado a favor de la vida”

Carta del director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española.

 Ofrecemos a continuación, por su interés, la carta hecha pública hoy por la Conferencia Episcopal Española en respuesta a un editorial del diario español El País, en el que con el título “Protesta Calculada”, acusaba a los obispos españoles de “actuar con cálculos de oportunidad política” por su apoyo a la manifestación a favor de la vida del pasado 17 de octubre.

La Confere ncia Episcopal ha decidido hacer pública el contenido de su réplica a dicho editorial, tras haberla enviado en dos ocasiones (los días 14 y 20 de octubre), en el que se pedía derecho de réplica, no habiendo obtenido respuesta por parte del diario, según informa la CEE en una nota oficial.
“El editorial de “El País” del martes 13 de octubre, titulado “Protesta calculada”, se articula en torno a una falsedad sobre la Conferencia Episcopal Española que me parece preciso aclarar.

No es verdad que la Conferencia Episcopal sólo reaccione sobre la cuestión del aborto “cuando un Gobierno socialista establece la ley o trata de reformarla”. Los obispos españoles no han dejado nunca de recordar que toda vida humana debe ser respetada como sagrada desde la concepción hasta la muerte natural. Son muchos los documentos y declaraciones a favor de la vida que pueden citarse a este respecto, pero valga de ejemplo la Nota de la Comisión Permanente, de 17 de febrero de 2000, cuando no gobernaba en España el Partido Socialista. En ella se afirma que la legislación vigente en ese momento sobre el aborto era “gravemente injusta” y que debía “ser abolida”.

De igual manera han sido muchas las declaraciones públicas de diferentes personas reconociendo esta posición de la Iglesia. También a modo de ejemplo, valga la de la Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, el pasado día 6 de octubre cuando, preguntada sobre el tema en una entrevista, dijo que respetaba la actitud de la Iglesia Católica, que “ha mantenido siempre la misma posición, ha sido coherente”.

Isidro Catela Marcos

Director Oficina de Información

Conferencia Episcopal Española

La liturgia, fuente de vida

Una perspectiva teológica para la praxis litúrgica

 Acaba de llegar a las librerías italianas el libro de don Mauro Gagliardi, “Liturgia fonte di vita – Prospettive teologiche (Fede & Cultura).
Se trata de un libro que tiene el mérito de proponer una visión de la liturgia principalmente en una perspectiva teológica, y que intenta responder a las preguntas sobre el fundamento de la liturgia indicando una praxis celebrativa más en consonancia con los sagrados misterios.

En el prólogo al libro, monseñor Mauro Piacenza, Secretario de la Congregación para el Clero, escribe que el autor “ofrece aquello de lo que hoy se advierte más exigencia: una aproximación teológica a la liturgia consistente, y al mismo tiempo accesible”, también porque “El Concilio Vaticano II recuerda que la aproximación a la liturgia es ante todo de tipo teológico”.
El arzobispo secretario de la Congregación para el Clero precisa que “entre los elementos principales que califican el sacerdocio está, sin sombra de duda, el servicio litúrgico y, de forma muy especial, el ministerio del altar”, y por esto “comprender teológica y espiritualmente el sentido de la liturgia significa por tanto comprender verdaderamente el propio sacerdocio”.
“Es nuestra convicción – concluye monseñor Piacenza – que el presente volumen pueda realmente contribuir a este necesario descubrimiento del hecho que el sacerdote es ante todo un hombre elegido por el Señor para estar ante Él y servirle”.
Don Mauro Gagliardi, nacido en 1975, fue ordenado presbítero en 1999 en la archidiócesis de Salerno. Doctor en Teología (Gregoriana, Roma 2002) y en Filosofía (L’Orientale, Nápoles 2008), desde 2007 es profesor de la Facultad de Teología del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma.
Desde 2008 es Consultor de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. Ha publicado varios volúmenes, artículos y contribuciones a misceláneas, tanto en Italia como en el extranjero. Sobre la relación entre teología y liturgia.

-¿Por qué un profesor de teología como usted ha decidido escribir un libro sobre liturgia?
Gagliardi: Diría que h ay varios motivos, algunos de los cuales son circunstancias y otros tocan mayormente el objeto de estudio teológico. En los últimos años, me he dedicado, por una serie de acontecimientos ocasionales, a profundizar el estudio de la liturgia. Al principio, mis estudios estaban dirigidos casi exclusivamente a la teología dogmática, que es mi principal campo de especialización y de enseñanza. Un día, durante mi último año de doctorado en teología, me cayeron en las manos algunos libros que me llenaron de curiosidad: presentaban el tema de la liturgia de un modo distinto al que yo estaba acostumbrado. Me apasionó su lectura y, a continuación, la de otros análogos. Comencé así a formarme una cultura litúrgica.
Por decirlo brevemente, esas obras constituían una aproximación a la liturgia no solo desde el punto de vista histórico – que sin embargo no se descuidaba – sino también desde el teológico.

Lo que nunca había conocido bien era una teología de la liturgia, y cuando esta me salió al encuentro, la acogí con alegría, casi de forma connatural. Después leí y releí el excepcional libro del cardenal Ratzinger Introducción al espíritu de la liturgia, y otros ensayos suyos en materia litúrgica. Creo que los he leído todos, y cada uno varias veces. En 2007 publiqué un libro sobre la Eucaristía (Introduzione al Mistero eucaristico. Dottrina – Liturgia – Devozione), en el que desarrollaba tanto el aspecto dogmático como el litúrgico y el espiritual del gran Sacramento del altar.

En efecto, mi aproximación seguía siendo teológico-dogmática, pero ahorra, gracias a los nuevos estudios, podía ver mejor el vínculo fe cundo entre doctrina, liturgia y devoción. Por otro lado, el libro salió casi al mismo tiempo que la Exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, que trata sobre la Eucaristía precisamente desarrollando estas tres dimensiones. Fue para mí una confirmación autorizadísima del estudio que había hecho para escribir el libro. En 2008 fue también nombrado consultor de las Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. También por este motivo, mi estudio en el ámbito litúrgico continúa y profundiza, aunque tiene que dividirse el campo con la investigación en el ámbito dogmático, que obviamente debo continuar.

Exponiendo estas circunstancias, creo haber explicado también porqué un dogmático se haya interesado en la liturgia: acontecimientos concretos me han llevado a ello, pero estos acontecimientos no hac&iacu te;an otra cosa que estimular en mí el interés por aspectos aún no desarrollados, y que están conectados con el propio dogma. En el caso específico de mi último libro, la ocasión se me proporcionó por una invitación a dar un seminario monográfico intensivo, en el ámbito del Curso internacional para los Formadores de Seminarios, una importante iniciativa que desde hace veinte años organiza el Instituto Sacerdos todos los veranos en Leggiuno, provincia de Varese (Italia).

El curso ofrece a rectores, profesores, padres espirituales y formadores de los seminarios de todo el mundo un programa amplio y muy bien estructurado de formación y de actualización, sobre los temas relacionados con la formación de los futuros sacerdotes. En julio de 2008 hablé durante tres días de la liturgia a estos hermanos sacerdotes, procedentes de los cinco continentes, y también a un obispo oriental que también participaba en el curso, y me di cuenta de su gran interés por el corte teológico que daba a mi exposición. Los datos bíblicos, históricos y filológicos ciertamente cuentan y yo intentaba que no faltasen, junto a los análisis de casos concretos, pero el interés lo suscitaba sobre todo la comprensión teológica de la liturgia. Tras esta experiencia positiva, decidí organizar mis apuntes y nació el libro.

-En un mundo que parece cada vez más secularizado, ¿por qué un libro sobre liturgia?
Gagliardi: Diría, al contrario, que precisamente porque a menudo el mundo moderno – al menos el mundo occidental – parece cada vez más alejado de la fe y de la religión, es necesario recordar algunos puntos firmes y, entre estos, ciertamente está el culto divino, o sagrada liturgia.
A veces se ha creído que, ante los desafíos de la “ciudad secular”, también el cristianismo, si quiere ser aceptado, debe secularizarse. No puedo aquí, obviamente, entrar en detalles sobre un tema tan amplio, aunque se agotó en los mismos en que surgió dentro de la teología. Para la liturgia vale un discurso parecido.

Parece que en muchos casos haya existido una tendencia a secularizarla, casi a “desmitificarla”, a hacerla menos divina y más humana, de forma que las personas pudieran reconocerse más en ella, de acuerdo con la mentalidad y la cultura típicas de nuestro tiempo. Está claro que la liturgia se forma y cambia, a través de los siglos, también en base a la influencia de las culturas. Es necesario sin embargo verificar prudentemente cuándo se trata de cambios homogéneos con la tradición, y por tanto positivos h ablando en general, y cuándo no.
También en este caso, es imposible entrar aquí en detalles, pero a su pregunta respondo: precisamente en un mundo que parece a menudo alejado de Dios, es necesaria aún más una liturgia verdaderamente divina y sagrada.

No es correcto decir – como se ha hecho a menudo – que hoy los problemas de la Iglesia serían “más bien otros”. El culto que debemos dar públicamente a Dios, y la forma correcta de hacer este culto, son de capital importancia para el hombre de toda época, sean cuales sean los problemas que tenga que afrontar. Es más, pensándolo bien, es difícil encontrar un problema que sea más importante para el hombre que su relación con Dios, del que la liturgia sagrada es el momento cumbre.

-¿Cuáles son los temas relevantes tratados en el libro? ¿Qué quiere comunicar a los lector es? ¿Qué objetivos quiere alcanzar?
Gagliardi: Comienzo por la última pregunta y respondo simplemente que lo que me propongo, cuando estudio, enseño o escribo, es la búsqueda personal de la verdad y su consecuente difusión. Por eso nunca me propongo idear algo nuevo, algo que nadie ha sabido o dicho antes. Intento decir de forma clara, y en lo posible también de forma nueva, lo que la Iglesia siempre ha sabido y continúa incesantemente enseñando y profundizando en el desarrollo de su vida.

Respecto a los temas de mi libro, he tratado, a nivel de temas fundamentales y generales, sobre el concepto de liturgia, del papel del sacerdote ministro y de los fieles en la celebración, del modo en que la liturgia es para nosotros fuente de vida, es decir, manantial de la gracia, de la santificación litúrgica del tiempo y del espacio, de la dinámica teológica de la Eucarist&iac ute;a, de la belleza litúrgica, así como de la relación entre liturgia y ética y liturgia y devoción, concluyendo sobre la formación litúrgica. Además he propuesto un capítulo con una breve historia de la reforma litúrgica desde el Concilio de Trento hasta nuestros días. En el libro se encuentran también diversos temas específicos y concretos, como: la orientación de la oración litúrgica, la lengua que usar en la celebración, la mejor postura para recibir la Santa Comunión, y otros.

-Hay aún mucha polémica sobre el éxito de la reforma litúrgica post-conciliar. ¿Puede ilustrarnos los términos del debate y cuál es su parecer al respecto?
Gagliardi: Sobre los términos de la cuestión, dicho muy resumido: tras el Vaticano II una comisión dedicada a ello trabajó para l levar a término la reforma general de la liturgia, pedida por el Concilio. Los resultados concretos de esta reforma, según admitieron el entonces cardenal Ratzinger y tantos otros expertos, no corresponden en todos los detalles concretos al texto de la Sacrosanctum Concilium.

Aquí las posturas divergen: unos hablan de traición al Concilio y, aún más, a la Iglesia y a su inmemorial tradición litúrgica y quisieran una anulación completa de la reforma, a la que seguiría una restauración de la liturgia a la situación de 1962, si no antes. Otros, por el contrario, tienden casi a hacer una canonización de la reforma del modo en que se ha llevado a cabo y de los resultados, y se muestran a veces incluso agresivos cuando alguno lanza la hipótesis, ciertamente no de anularla, sino sólo de revisarla y corregirla.
Ambas posturas, en mi opinión, están equivocadas. Y estas perspectivas impiden también valorar de modo correcto algunas importantes decisiones que el Santo Padre ha tomado. Con todo existe una tercera vía, que es la correcta, y que consiste en favorecer el desarrollo homogéneo de la tradición litúrgica de la Iglesia.

-Según un reciente sondeo, dos practicantes sobre tres irían a la Misa tridentina al menos una vez al mes si la tuvieran en la parroquia, pero parece que varios obispos y párrocos no tienen simpatía por este rito. ¿Es verdad? ¿Que piensa sobre ello?
Gagliardi: He leído sobre este sondeo reciente, llevado a cabo por Doxa, una conocida sociedad que trabaja en el sector. Los resultados deberían por tanto, en líneas de máxima, corresponder a la situación real, en cuanto que eso sea posible a un sondeo.

Desde la publicación del Motu proprio Summorum Pontificum, ya hace más de dos años, muchas veces los periódicos, las revistas y los sitios web han sacado noticias de declaraciones y/o decisiones de miembros del clero, que parecen ir en una dirección distinta de la augurada por el documento pontificio.- En este sentido, se puede decir que una parte, que no sabría cuantificar, de obispos y sacerdotes parece no estar entusiasmada con la idea de ver una nueva difusión de la celebración de la Misa según el uso más antiguo. Los motivos de esta postura pueden ser distintos y está claro que aquí no podemos hacer un análisis profundo y puntualizado.

Mi opinión personal es que, si el Santo Padre ha decidido favorecer, a través de su decisión, a quienes desean celebrar o participar en la forma más antigua del rito romano, quienes no aman especialmente esta forma – y por tanto no desean valerse personalmente de la facultad concedida – no deberían poner obstáculos a la realización de una normativa que, habiendo emanado de la Suprema Autoridad, tiene valor para toda la Iglesia. Ciertamente, puede haber casos particulares, en los que los amantes del rito de San Pío V tengan pretensiones excesivas.

Estos casos deben valorarse singularmente por parte de los obispos, que siguen siendo, en sus diócesis, los responsables principales de la vida litúrgica (y hay que recordar que compete a los mismos obispos vigilar no sólo sobre estos casos, sino también sobre la observancia estricta de las normas fijadas en los libros litúrgicos postconciliares). Me parece, con todo, que los casos de excesos por parte de los que aprecian el rito más antiguo, de dos años a esta parte, sean menos frecuentes que las declaraciones y acciones para desanimar a la celebración de ese rito. Brevemente, diría que es esencial que nadie anteponga su autoridad particular o su visión personal a las decisiones del Santo Padre, que es el centro de unidad visible de la Iglesia.
-Muchos fieles lamentan un empobrecimiento de la actual praxis celebrativa. ¿Qué cosas aconseja hacer para renovar y hacer más bella e intensa la liturgia?

Gagliardi: Hay muchas, que expongo en mi libro y por tanto para responder a su pregunta no debería hacer otra cosa que recomendar su lectura. Con todo, puedo decir al menos que en la base de las muchas cosas que hacer o que renovar – tanto a nivel más general como a nivel detallado – creo que hay una verdad teológico-litúrgica en torno a la cual gira todo lo demás: el protagonista de la sagrada liturgia no es el individuo ni la comunidad – que sin embargo tienen un papel relevante – sino el Dios trinitario y su Cristo. Todo está aquí.

Esto es verdaderamente esencial. Cada gesto, cada disposición, cada actitud del cuerpo y del espíritu, cada objeto utilizado en la liturgia debe ser una manifestación de este hecho: no celebramos nosotros mismos o nuestra comunidad. Nuestro culto está dirigido a Dios Padre, a través de Jesucristo, en el Espíritu Santo. Este culto en espíritu y verdad nos santifica y nos abre a la vida eterna.

Cardenal Rouco: “La vida sólo es de Dios”

Antonio María Rouco Varela, Card. Arzobispo de Madrid

 Para el Cardenal, “colocarse en esta posición intelectual, ético-moral, de concienciación de la ética, del derecho, partiendo de un supuesto de que el Estado es el dueño del derecho a la vida, es empezar a bajar por una pendiente que no sabemos a dónde nos puede llevar. Vamos a impedir que bajemos por esa pendiente, y que los sacerdotes, que son maestros de la fe y testigos cualificados de la misma (porque son testigos del Señor y maestros del misterio de Cristo) puedan ayudar a los fieles, en colaboración con los obispos y con el magisterio pontificio, para que todos, desde el punto de partida de la buena reflexión teológica, del buen pensamiento filosófico y cultural, afirmemos que la vida sólo es de Dios, de cada uno de nosotros y de todos nosotros”.

 Así, ha proseguido, “la Iglesia responde a uno de los retos y de los problemas más graves que afectan a la sociedad de nuestro tiempo, de una forma mucho más vital y más entrañada en la existencia diaria de lo que muchas veces creemos… Eso, en el marco de la experiencia diaria, de la familia. Y no digamos cuando se hacen perspectivas y prospectivas del futuro, como recordaba en la memoria histórica de la primera mitad del siglo XX. Aquella forma de tratar la vida terminó en la Segunda Guerra Mundial, que es probablemente el capítulo de la historia de toda la humanidad donde más millones de muertos se han producido porque los hombres han matado a otros hombres”.

 Por eso, ha exhortado a los presentes “a asistir a este curso” y a dedicar “todos los lunes al estudio y reflexión de estos grandes problemas que hoy nos angustian y nos acucian”.

 Ha concluído deseando “los mejores augurios para el curso que comienza hoy, y para los profesores y alumnos que lo van a protagonizar o vivir durante este curso”.