Palabra de Dios y Eucaristía deben animar acción evangelizadora de la Iglesia, dice el Papa

Terminada la Santa Misa de clausura de la Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, el Papa Benedicto XVI recitó el Ángelus dominical con los fieles presentes en la Plaza de San Pedro desde los pies de la Basílica Vaticana, recordando a todos en sus palabras introductorias el esfuerzo de la Iglesia para que nadie se vea privado de lo necesario para vivir y que todos puedan conducir una existencia digna del ser humano.

“Agradecemos a Dios por el impulso misionero que ha encontrado terreno fértil en numerosas diócesis y que se expresa en el envío de misioneros a otros países africanos y de diversos continentes”, dijo el Santo Padre refiriéndose a los frutos del Asamblea Especial para África.

El Pontífice destacó, entre los temas vistos durante la Asamblea, “la familia, que también en África constituye la célula primaria de la sociedad, que hoy en día es amenazada por corrientes ideológicas provenientes incluso del extranjero”.

“¿Qué decir a los jóvenes expuestos a este tipo de presión –se preguntó el Santo Padre-, influenciados por modelos de pensamiento y de comportamiento que contrastan con los valores humanos y cristianos de los pueblos africanos?”.

Más adelante se refirió también a la gran necesidad de “reconciliación, de justicia y de paz” en África, recordando que “justamente a estas necesidades responde la Iglesia re proponiendo, con renovada fuerza, el anuncio del Evangelio y la acción de promoción humana. Animada por la Palabra de Dios y por la Eucaristía, esta se esfuerza porque nadie esté privado de lo necesario para vivir y que todos puedan conducir una existencia digna del ser humano”.

Seguidamente el Papa habló brevemente del Mensaje final de la Asamblea sinodal, citándolo como “un Mensaje que parte de Roma, sede del Sucesor de Pedro, que preside la comunión universal, y que también tiene su origen en África, recogiendo las experiencias, expectativas, proyectos, y retorna a esta llevando la riqueza de un evento de profunda comunión en el Espíritu Santo”.

Dirigiéndose a los fieles en África dijo: “¡Queridos hermanos y hermanas que me escucháis desde África! Encomiendo a vuestra oración los frutos del trabajo de los padres sinodales, y os aliento con las palabras del Señor Jesús: ¡sed sal y luz en la amada tierra africana!”.

Concluyendo, Benedicto XVI recordó que para el próximo año está prevista una “Asamblea Especial para el Medio Oriente del Sínodo de los Obispos. En ocasión de mi visita a Chipre, tendré el placer de hacer entrega del Instrumentum laboris de tal encuentro. Agradezcamos al Señor que no se cansa nunca de edificar su Iglesia en la comunión, e invoquemos con confianza la maternal intercesión de la Virgen María”.

Mensaje final de la II Asamblea Especial del Sínodo para África que llama a la reconciliación

La sala de prensa de la Santa Sede ha acogido esta mañana la presentación del mensaje de la II Asamblea Especial para África, en la que intervinieron el presidente de la Comisión y arzobispo de Abuja en Nigeria, Mons. John Olorunfemi Onaiyekan; el obispo del Cairo de los caldeos de Egipto y vicepresidente de la Comisión, Mons. Youssef Ibrahim Sarraf; y el obispo de Chimoio en Mozambique y segundo vicepresidente del simposio de las conferencias episcopales de África y Madagascar y miembro de la Comisión para el mensaje, Mons. Francisco João Silota.

 Precisamente, durante esta mañana ha tenido lugar la décimo octava congregación general, con la presentación y votación del mensaje final. Sobre los trabajos realizados esta mañana en el Aula nueva del sínodo tenemos con nosotros a nuestra enviada especial Alina Tufani Diáz: 

“África no está a abandonada al fracaso. Nuestro destino esta todavía en nuestras manos. África levántate…”. Así concluye, el Mensaje Final del II Sínodo para África que fue aclamado, esta mañana, en presencia del Santo Padre Benedicto XVI, a quien describen como “un verdadero amigo de África y de los africanos”, por acompañar al continente “en sus luchas y por defender su causa con todo el peso de su autoridad moral”.

Esta vez no hubo necesidad de oprimir botones para acordar por unanimidad el documento que fue leído en los cuatro idiomas oficiales del sínodo y que fue largamente aplaudido por los padres sinodales. Una radiografía del continente, a veces dolorosa, aunque no lastimera, precisa en sus denuncias y firme en su autocrítica, pero sobre todo compacta en su propósito de ser una guía eficaz en esa reconciliación, justicia y paz que se propone la Iglesia en África.

Dividido en siete capítulos el mensaje comienza describiendo las contradicciones y profundas crisis que vive África: la trágica situación de los refugiados, una pobreza escandalosa, el hambre, la guerra y los conflictos. Una situación causada por personas que no se interesan por el bien común, y unidas en una criminal complicidad con los dirigentes locales y extranjeros. “Cualquiera sea el nivel de la responsabilidad imputable a los intereses extranjeros no es menos vergonzosa y trágica que la connivencia con los gobernantes locales: políticos que venden a sus naciones, hombres de negocios que se unen a voraces multinacionales, africanos que venden y trafican armas, sobre todo ligeras, que provocan la destrucción de vidas humanas, agencias locales de organizaciones internacionales que son pagados para difundir ideologías nocivas en las que ni ellos mismos creen”.

A las grandes potencias de este mundo, los obispos piden que “traten a África con respeto y dignidad”. Es necesario un cambio en el orden mundial pero no sobre la base de los intereses de los ricos sobre los pobres. Retomando los principios de la Caritas in veritate, de Benedicto XVI, el mensaje reclama “un cambio en relación con el peso de la deuda de las naciones pobres que literalmente está matando a los niños. Las multinacionales deben parar la devastación criminal del ambiente y la explotación insaciable de los recursos naturales. Es una táctica de corto visión fomentar guerras para lucrarse rápidamente gracias al desorden provocado, que cuesta vidas y sangre humano”

¿No existirá nadie que quiera o sea capaz de detener tales crímenes contra la humanidad?, se preguntan los padres sinodales en este mensaje, en el que también, sin dejar de reconocer la labor de la ONU en su territorio, le pide que sea coherente y transparente, que verifiquen que sus programas sean realmente buenos, y “que cesen en sus intentos de destruir y minar los valores africanos de la familia y de la vida humana”, esto refiriéndose al artículo 14 del Protocolo de Maputo sobre del derecho de las mujeres al aborto.

Sin duda, la iglesia en África fue llamada en causa desde los primeros capítulos. Conciente de su “deber de ser instrumento de paz y reconciliación según el corazón de Cristo” exhorta a sus miembros a una autentica conversión “pues sólo así se romperá el circulo vicioso de la ofensa, la venganza y la retaliación, para lo cual, el perdón y el reconocimiento de las culpas, es crucial”. En particular, llama a los sacerdotes a ser ejemplos de reconciliación, “sobrepasando las fronteras tribales y raciales”, y cumpliendo sus votos de castidad y desapego a las cosas materiales.

El mensaje pide un impulso y reconocimiento al rol de la mujer católica dentro de la iglesia, exige la formación de los laicos, en especial de los políticos en la Doctrina Social de la Iglesia, reconoce la vasta labor de los misioneros y la vida consagrada en África, llama a un mayor diálogo ecuménico e interreligioso, pero es enfático en reclamar a los países de mayoría musulmana el derecho a la libertad religiosa. “Dado que el mundo musulmán acoge con placer a los cristianos que deciden cambiar de religión, también deberían respetar la reciprocidad en este campo”.

En fin, un mensaje que en su amplitud y densidad llama ante todo a la esperanza y a la unidad. Como está escrito en sus páginas con este proverbio africano: “Un ejército de hormigas bien organizadas es capaz de abatir a un elefante”.

Los obispos africanos, contra las políticas antinatalistas

Reiteran que el problema no está en los abortos clandestinos.
 Durante la rueda de prensa que ofreció esta mañana la Santa Sede sobre la relación después de la discusión del Sínodo de Obispos de África, varios periodistas preguntaron si en el aula sinodal se ha discutido el tema del aborto.
La pregunta se realizó en el contexto de la publicación del informe del Instituto Guttmacher, publicado ayer martes, según el cual cada año mueren unas 70.000 mujeres en el mundo por practicarse abortos, de los cuales unos 20.000 se realizan de manera clandestina, por personas inexpertas en l os países donde el aborto no es permitido.
Frente a la pregunta, el cardenal Théodore-Adrien Sarr, arzobispo de Dakar en Senegal, aseguró que los obispos consideran que el aborto “no es una practica para incentivar”.
Aunque el aborto no ha sido el tema más recurrente – sino más bien el tema de la reconciliación, la paz y la evangelización -, los prelados han hablado en el aula del Sínodo de que toda vida merece ser respetada “desde el inicio hasta la fase final”.
El purpurado señaló que los agentes pastorales en África deben buscar ayudar a las mujeres embarazadas que se encuentren en dificultades, pero advirtió que “hay una salida a la maternidad difícil que no sea el aborto”.
“Es necesario que algunos pueblos de alejen de esta civilización occidental, de esto que piensan que debe ser la regla del mundo&rdq uo;, aseguró el purpurado.
Y dijo que las políticas en contra de la vida desde su concepción hasta la muerte natural. “No deben ser impuestas a todos los pueblos del mundo”·
Beijing y Maputo
Por su parte, el arzobispo de Durban en Sudáfrica, Wilfrid Fox Napier, O.F.M.,cuestionó el hecho de que Instituto Guttmacher, busque con su informe, legalizar una práctica en la que son asesinados los bebés en el vientre materno, supuestamente para salvar la vida de muchas mujeres.
“¿Qué es la muerte?”, se preguntó.“Es el fin de la vida”. “Tenemos grandes dificultades para entender esta cultura que dice que el derecho a la vida es un derecho supremo”, pero que en cambio actúa “en contra de los más indefensos”.
El cardenal Napier criticó algunos eventos mundiales como el Protocolo de Maputo, el cua l entró en vigor en el año 2005 y que, entre otras cosas, ha incentivado los derechos sexuales y reproductivos de la mujer en África.
Igualmente se refirió a la IV Conferencia sobre la mujer realizada en Beijing realizada en 1995 que “quieren minar el sistema moral judeocristiano”.
El purpurado recordó que la Iglesia ha adoptado una defensa contra políticas que aseguran “que el embarazo es una enfermedad”.
Ante esta cuestión, el portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, recordó que el protocolo de Maputo es “mezcla de elementos buenos – como la condena de la mutilación genital femenina – y otros absolutamente inaceptables”, como la extensión del aborto.

Primer balance del Sínodo de África

Por el relator general, el cardenal Turkson
La tarde de este martes fue presentada en congregación general del Sínodo de los Obispos de África, la llamada “Relatio post disceptationem”, o relación posterior a la discusión.
Se cierra así la primera parte de la asamblea sinodal en la que los padres sinodales tuvieron la oportunidad, en 13 sesiones plenarias, de hacer sus planteamientos, que fueron recogidos en esta relación.
En la sesión plenaria estuvo presente el Papa Benedicto XVI quien siguió con atención el discurso realizado por el relator general del Sínodo, el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, según ha podido testimoniar el padre David Gutierrez de “Radio Vaticano”.

El cardenal Turkson articuló la relación en 20 grandes temas que reflejaron las 195 intervenciones de padres sinodales que se sucedieron en las 13 previas congregaciones generales.
Señaló que en los planteamientos de los padres hay alusiones a muchas luces y logros obtenidos en los últimos 15 años, especialmente por la aplicación del primer Sínodo de África (1994).
Pero también mencionó que fueron muchas las sombras y las problemáticas planteadas, haciendo pensar en algún momento que la asamblea se parecía a una reunión de las Naciones Unidas, donde se presentan las quejas de las dificultades que se viven.
Por eso, en la relación el cardenal Turkson, citando a un padre sinodal, insiste en el carácter pastoral del Sínodo, que debe impulsar a la Iglesia en África a seguir su peregrinación acompañando a los pueblos, buscando la mejora de las condiciones sociales, políticas y económicas, reforzando la fe en Cristo de los habitantes de ese continente.

Los 20 temas recogidos por el relator van desde la naturaleza de la reunión, pasando por la revisión de las estructuras de comunión eclesial, y abordando las esferas socio-cultural, socio-política, socio-económica, para después detenerse a reflexionar sobre Cristo como reconciliador, como justicia y como paz.
Las partes finales de la relación después de las discusiones del Sínodo fueron dedicadas a temas específicos, como la familia, la dignidad de la mujer y su papel en la sociedad y la Iglesia, los laicos, el clero, la vida consagrada, y se reservó un apartado para evaluar la actuación de los medios de comunicación en el África.

En la e sfera socio-cultural, según recoge el relator, los padres sinodales deploran que en la sociedad africana, más allá del nomadismo y de los conflictos por el agua y zonas de pastos, se den tendencias emergentes que son divergentes e incluso opuestas a los valores tradicionales y tienen un cuestionable carácter y contenido moral.
Muchos padres sinodales lamentan el destino de la familia en África, la “destrucción de una auténtica idea de matrimonio y la noción de una familia sólida”, además consideran la institución bajo seria amenaza de inestabilidad y disolución a causa de la pobreza, los conflictos, las creencias y prácticas tradicionales, como la brujería, y las enfermedades, principalmente la malaria y el VIH SIDA.
Pero los padres sinodales describen también de varias formas el feroz ataque a la familia y la afín institución fundamen tal del matrimonio, venido desde fuera de África y atribuible a diversas fuentes: ideológica (ideología de género, nueva ética sexual global, ingeniería genética) y clínica (anticoncepción: planificación familiar y educación en salud sexual, esterilización), y emergentes estilos de vida “alternativos” (matrimonios del mismo sexo, uniones de hecho).

Las mujeres, aludidas en la Primera Asamblea Especial para África (1994) como “bestias de carga”, han comenzado a acceder en ciertos países a puestos de relevancia y liderazgo en leyes, política, economía e ingeniería.
Pero son también “recursos sin explotar” en algunos países, en los que sufren la exclusión de las funciones sociales, la herencia, la educación y la toma de decisiones. Son víctimas indefensas en zonas de conflicto: víctimas de los matrimonios polígamos, abusos, tráfico para la prostitución.

Los niños, “la parte sufriente de la población”, son descritos como maltratados (niños soldado, trabajo infantil, tráfico¼) y se les deniega su derecho a la educación. En todas partes, sin embargo, son los beneficiarios de vigorosos programas de informatización de las escuelas.

La juventud también es mencionada entre los problemas de África a causa de su exposición al abuso de drogas, infección por VIH SIDA, embarazos adolescentes, emigración, tráfico humano y viajes que los reducen a una condición servil.

En el ámbito socio-político los padres sinodales plantean la necesidad de tener gobiernos y políticos que ejerzan un liderazgo de servicio en un transparente y responsable ejercicio del poder, el respeto de los derechos humanos y la administración de la riqueza nacional para el bienestar público.
Mientras que en el ámbito socio-económico el relator señala que “pobre” y “pobreza” son dos palabras recurrentes en los padres refiriéndose a sus países, gobiernos, gentes e Iglesias. Además la pobreza ha justificado numerosas intervenciones de la Iglesia para la búsqueda de soluciones efectivas.

La relación posterior a la discusión, presentada en la tarde de este martes, termina con una serie de 25 preguntas que guiarán los trabajos de los círculos menores, quienes desde este miércoles tienen la tarea de preparar proposiciones que serán llevadas a las sesiones plenarias para su aprobación y entrega al Santo Padre.
Los círculos menores son 12 en total y se han organizado en función de las 4 lenguas oficiale s de este sínodo para África.

La aterradora violencia contra las mujeres africanas conmociona al Sínodo

Varios participantes denuncian las violaciones como arma de guerra
La violencia que sufren demasiadas mujeres de África se ha convertido en uno de los argumentos de conmoción para los participantes en el Sínodo de ese continente en su primera semana de congregaciones.
“¿Cómo hablar de reconciliación y de auténtica paz en una sociedad en la que los hijos han sido obligados a violar a sus madres y hermanas ante la mirada impotente de sus mismos padres?”, preguntó a la asamblea monseñor Théophile Kaboy Ruboneka, obispo coadjutor de Goma, en la República Democrática del Congo, según han informado los portavoces del Sínodo.
¿Qué porvenir se puede garantizar a los chicos reclutados a fuerza por grupos armadas, convertidos en carniceros de sus madres y hermanas? ¿Qué se les puede decir a los niños que han nacido de la violencia? ¿Qué armonía espera a una juventud nacida de madres traumatizadas?”, siguió preguntando el prelado.
“Los conflictos y las guerras –denunció monseñor Kaboy al tomar la palabra este lunes en la mañana–, han llevado, especialmente en el Congo, a la ‘victimización’ y la ‘cosificación’ de la mujer”.
“Se han perpetrado actos de violencia sexuales masivos contra mujeres por parte de todos los grupos armados, como un arma de guerra, una violación flagrante de las disposiciones jurídicas internacionales”.

El obispo de Goma presentó varias propuestas para aliviar las consecuencias de traumas tan brutales.
E n primer lugar, invitó al Sínodo a luchar contra la violencia sexual, “remontándonos a sus últimas causas, que son las crisis de gobierno, manifestadas en las guerras, saqueos y en la explotación anárquica de los recursos naturales, la circulación de armas, el mantenimiento de las milicias, la ausencia de un ejército fuerte y republicano, etc.”.

A continuación, propuso “la creación de casas de la mujer y de las jóvenes como centros de escucha y acompañamiento de las mujeres violadas y traumatizadas”.
En tercer lugar, pidió “la implicación directa de las mujeres en las comisiones de justicia y paz”, que en algunos países africanos se encuentran en cada diócesis o incluso parroquia, “para que promuevan y luchen contra las ideas denigratorias sobre ellas, transmitidas por la nueva ética mundial y por ciertas tradic iones culturales”.
Sugirió, también, “la formación, a través de la catequesis y la alfabetización concientizadora de las mujeres para permitirles llevar a cabo su función. Ésta se articula en tres módulos dedicados a la dignidad y vocación de la mujer; la mujer como artífice de la paz; y la mujer como agente del cambio social”.
En quinto lugar, exigió “el establecimiento de estructuras de promoción de la mujer. Podría tratarse de organizaciones de mujeres que se ocupen de diferentes actividades a nivel parroquial y diocesano, y centros de formación de las mujeres para la paz”.
Al tema de la violencia de las mujeres han dedicado sus intervenciones en particular la madre Felicia Harry, superiora general de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de los Apóstoles en Ghana, y la madre Paolina Odia Bukasa, superiora general de la s Hermanas “Ba-Maria” de Buta Uele en la República Democrática del Congo, así como monseñor Telesphore George Mpundu, arzobispo de Lusaka, en Zambia.
Al tomar la palabra este sábado, el prelado reconoció que “lamentablemente con vergüenza tenemos que admitir que en Zambia, con demasiada frecuencia las mujeres son víctimas de abusos, violencia doméstica – que a veces llega hasta la muerte -prácticas culturales y de costumbre, discriminatorias y que las leyes claramente expresan prejuicios hacia la mujer”.
“Nosotros, los obispos, debemos hablar de manera mas clara y insistente en defensa de la dignidad de la mujer a la luz de las Escrituras y de la Doctrina Social de la Iglesia”, aseguró.

“Sí, fue una mujer, María, quién llevó por primero a Jesús en África como prófugo (Mt 2, 13-15). Hoy es la m ujer quien, de muchas maneras, nos trae a Jesús en Zambia. Mujeres religiosas y laicas ayudan a nuestra Iglesia a estar al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz, con una especial mirada hacia los pobres”, reconoció.

Para promover el respeto a las mujeres y su integración en las estructuras eclesiales con papeles de responsabilidad, de decisión y de proyección, el prelado invitó al Sínodo “a recomendar que en todas las diócesis se instituya y consolide el apostolado familiar y también oficinas que traten el problema de la mujer haciendo que sean cada vez más operativos y funcionales”.

Testimonio de AMOR

Testimonio dado por la hermana Geneviève Uwamariya, de la comunidad de Santa María de Namur en Ruanda, hizo estremecer esta mañana a los presentes en el aula sinodal.

La hermana Uwamariya perdió a su padre y a varios de sus familiares durante el genocidio ocurrido en Ruanda en 1994, uno de los episodios más sagrientos del siglo XX donde, desde abril hasta julio, fueron masacradas de manera sistemática entre 800.000 y 1.701.000 personas.

En medio de las 21 intervenciones, esta religiosa quiso compartir una experiencia p ersonal ocurrida tres años después de esta tragedia que, según ella, cambió su vida y que, a su parecer, ejemplifica la manera como se debe vivir la reconciliación medio de un continente herido por la violencia, las crudas violaciones a los derechos humanos y por los innumerables problemas sociales.
Recordó la hermana que el 27 de agosto de de 1997 que a través de un grupo de la Divina Misericordia, ella se encontró en Kybuye, su villa natal a un grupo de prisioneros, varios de ellos autores materiales de este genocidio.

El objetivo de este encuentro era prepararlos para el Jubileo del año 2000. Durante el encuentro la hermana pronunció esta frase: “Si tu has sido una víctima ofrece el perdón y perdona a quien te la ha hecho”, diciendo que sólo así la víctima se libraría de esta carga de rencor y el criminal por ende del peso de haber cometido es te mal.
“Inmediatamente un prisionero se alzó pidiendo misericordia”, testimonió la hermana. “Yo estaba petrificada al reconocer el amigo de la familia que creció y compartió con nosotros”, aseguró.
“Él me confesó de haber asesinado a mi padre. Me dio los detalles de la muerte de los míos”, dijo. Y cuenta la hermana que ella lo abrazó y le dijo: “tu eres y seguirás siendo mi hermano”.

Confesaba la religiosa que de esta manera ella sintió que se “había quitado un peso de encima”. “Reencontré la paz interior y di gracias a quien tenía entre mis brazos”, aseguró.
Y comentó que para su gran sorpresa oyó a este hombre gritar: “¡La justicia puede hacer su trabajo y me podrá condenar a muerte pero ahora soy libre!”
“Yo también quería gritar a quien me quisiera escuchar”, dijo la hermana “que tú también puedes reencontrar la paz interior”.

Desde este momento la hermana Geneviève Uwamariya se encarga de llevar el correo de las cárceles para pedir perdón a los supervivientes. De esta manera, 500 cartas han sido distribuidas. Y con algunas respuestas que ha recibido, muchos prisioneros han recuperado la amistad con las víctimas y han sentido el verdadero perdón.
Este hecho ha llevado a que las víctimas se reúnan. “Son acciones que han servido para que muchos vivan la reconciliación”, testimonió.
Geneviève Uwamariya aseguró que su pueblo está lleno de viudas y huérfanos y que desde 1994 ha sido reconstruido por los presos.

Contó que allí operan asociaciones de ex-presos con sus supervivientes nacidos en distintas parroqu ias y destacó su buen funcionamiento.
“De esta experiencia deduzco que la reconciliación no se trata sólo querer reunir a dos personas o grupos en conflicto”, dijo la hermana. “Se trata de establecer en cada uno el amor y dejar que venga la curación interior. Que permite la liberación”
Y concluyó asegurando: “Por eso es importante la Iglesia en nuestros países, porque tiene una palabra que ofrecer que cura, libera y reconcilia”.

“La educación, el alimento y la sanidad son menos accesibles que las armas”

Denunció monseñor Migliore, observador vaticano ante la ONU

 Los pueblos de todo el mundo “quieren ver un mundo en el que la educación, el alimento, la asistencia sanitaria y el agua limpia sean más accesibles que las armas ilícitas”.
Este fuerte llamamiento fue lanzado por el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas, interviniendo este jueves en Nueva York, en la 64 sesión de la Asamblea General con motivo del debate sobre desarme y seguridad internacional.

“La sociedad civil, las organizaciones humanitarias internacionales, los individuos y sobre todo q uienes sufren los conflictos armados y la violencia esperan de nosotros resultados tangibles y convincentes en la esperanza de ver un mundo libre de las armas nucleares, con severos controles sobre el comercio de armas, que hoy está estrechamente ligado a los mercados ilícitos y provoca serios daños a la humanidad”, dijo a los presentes.
Los datos, subrayó, no son todavía tranquilizadores. En 2008, el año en el que se produjo la gravísima crisis financiera que ha golpeado a todo el mundo, los gastos militares en lugar de disminuir aumentaron un 4%, haciendo todavía más difícil el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que entre otras cosas se proponían disminuir a la mitad la pobreza para 2015.

“¿Puede la gente esperar cambios más concretos y valientes por parte de sus líderes?”, preguntó el prelado.
“La respuesta est& aacute; en nuestras manos y mostrará la determinación de la comunidad internacional en perseguir la paz y la seguridad mundiales, basadas en la promoción del desarrollo humano integral”, afirmó.
Monseñor Migliore recordó que el artículo 26 de la Carta de Naciones Unidas declara que el gasto excesivo en armamento desvía los recursos humanos y económicos de objetivos fundamentales.
El papel principal de las iniciativas de desarme, afirmó, es el de “reducir los gastos militares a través del control de las armas y el desarme, de manera que la comunidad internacional pueda progresivamente desarmar la seguridad”.

Preguntándose por las “alternativas a estos gastos militares excesivos que al mismo tiempo no diminuyan la seguridad”, el observador vaticano respondió que una de ellas es “el refuerzo del multilateralismo”.
En est e sentido, reconoció que asistimos a “un nuevo clima político por parte de los protagonistas principales del desarme” que se suma al logro de objetivos como la adopción de una nueva Convención sobre las bombas de racimo, y renovados empeños por un mundo libre de minas.
En este perspectiva, la delegación vaticana subrayó el empeño de la Santa Sede en llevar adelante los trabajos sobre un Tratado para el Comercio de Armas que sea un instrumento vinculante para la importación, exportación y transferencia de armas.

“Las armas no pueden ser consideradas como cualquier bien intercambiado en el mercado global, regional o nacional, y su excesivo almacenamiento o su comercio indiscriminado –sobre todo en zonas afectadas por conflictos- no puede ser moralmente justificado de ninguna manera”, declaró.

Si por un lado la Santa Sede subraya la necesidad de “políticas nacionales y acuerdos milaterales para reducir los arsenales nucleares”, por otro exhorta a no olvidar “muchas cuestiones todavía no resueltas”, refiriéndose en concreto al hecho de que, tras trece años, el Tratado para la prohibición de pruebas nucleares no haya entrado todavía en vigor, faltando nuevas ratificaciones, y a los “obstáculos persistentes” que dificultan las negociaciones sobre un Tratado para la abolición del material fisible.
“Muchas cuestiones sobre el desarme esperan todavía una solución definitiva –concluyó monseñor Migliore–. Unamos los esfuerzos y la buena voluntad para que se aseguren la seguridad internacional y organismos multilaterales eficaces”.