Informe Libertad Religiosa. China.

CHINA

PERTENENCIA
RELIGIOSA
Agnósticos 50,3%
Religiones chinas
tradicionales 28,5%
Budistas 8,4%
Cristianos 7,1%
Otros 5,7%
IGLESIA
CATÓLICA
Bautizados
8.000.000*
*estimado
Hong Kong 349.000
Macao 28.000
Taiwán 304.000
SUPERFICIE
9.560.175 km2
POBLACIÓN
1.330.297.000
REFUGIADOS
301.078
DESPLAZADOS

1. El Partido y las religiones
El año 2008 es el de los Juegos Olímpicos de Pekín. Del 8 al 24 de
agosto, millones de personas de todo el mundo visitarán China para
ver las Olimpiadas y también presenciarán la vida cotidiana de este
país. Ante la mirada del mundo entero, China intenta ofrecer una
imagen lo más eficiente, moderna, acogedora y abierta posible. La
publicidad china presenta los Juegos Olímpicos como el culmen de
la modernización del país y a China, como «pareja a todos los demás
países». Por esta razón, sus líderes se cuidan, también en el ámbito
religioso, de no provocar tensiones, críticas o conflictos.
La libertad religiosa durante los Juegos Olímpicos
A muchas comunidades religiosas (protestantes, budistas tibetanos,
Falung Gong, etc.), estos Juegos Olímpicos les brindan la oportunidad
de poner a prueba el grado de libertad religiosa existente en China,
razón por la que llevan ya tiempo preparándose para aprovechar
este período para evangelizar a la población, distribuir libros y material
didáctico de contenido religioso y reunirse con los miembros chinos
de sus comunidades.
La reacción china a estas presiones ha sido inmediata y se ha traducido
en una serie de avisos e instrucciones para la admisión de los
atletas y turistas extranjeros. En este sentido, el grupo directivo del
Comité Olímpico de Pekín subrayó la prohibición de «importar material
de propaganda religiosa». Frente a las críticas de la comunidad
internacional, que interpreta esto como una prohibición total, el portavoz
del Ministerio de Asuntos Exteriores ha precisado que «los extranjeros
pueden traer objetos o material religioso, tanto impreso como
audiovisual, para su uso personal», añadiendo que «el derecho a
la libertad religiosa está protegido por la Constitución y la legislación
chinas» (Xinhua, 8 de noviembre de 2007).
Esto significa que durante las olimpiadas de Pekín no habrá cambio
alguno de la normativa en vigor para las actividades religiosas, por
lo que seguirá estando prohibido importar textos de Falun Gong,
considerado en China un «culto maléfico» ilegal. Tampoco se podrán
distribuir Biblias o libros religiosos y se continuará con la persecución
de toda actividad que apoye al Tíbet y al Dalái Lama, así como
las reuniones con creyentes de comunidades clandestinas. También
queda prohibida cualquier relación libre no supervisada entre comunidades
chinas y extranjeras. Todos los contactos deben estar regulados
–y registrados– por las respectivas Asociaciones Patrióticas.

La página web de los Juegos Olímpicos de Pekín (www.beijing2008.cn) solo contiene la indicación
de no introducir en el país «material peligroso, sangre, animales infectados y material
“perjudicial para la política china”». En una nota posterior aparece la siguiente precisión:
«Se recomienda no traer más de una Biblia en cada viaje a China» (cfr.
http://en.beijing2008.cn/22/69/article212026922.shtml).
El politburó y el resurgimiento religioso
Sin embargo, el Partido está dedicando cada vez más atención a las religiones y a su evolución
e influencia en la sociedad. El 18 de diciembre de 2007, por primera vez en la historia
de la China popular, en una sesión plenaria del politburó del Partido Comunista Chino
(PCCh), se abordó formalmente el tema de la religión sin nombrarla con los habituales clichés
marxista-leninistas tales como «opio del pueblo». Según un breve comunicado de la
agencia Xinhua (19/12/2007), el mismo Hu Jintao, secretario general y presidente de la República,
resaltó en su intervención programática preparada para la ocasión el papel positivo
de la religión en la creación de una «sociedad armoniosa» (uno de sus lemas favoritos a la
hora de describir un país en el que reine un bienestar general, en el que la distancia entre ricos
y pobres se vaya cerrando y se promueva un desarrollo respetuoso con el medio ambiente).
Según fuentes confidenciales de AsiaNews, la decisión de mencionar las religiones
y su contribución vino dada por dos factores:
a) El temor a que en China ocurra lo mismo que en Birmania, un país que mantiene buenas
relaciones con China y en el que, en el verano de 2007, las manifestaciones y protestas
contra la subida del coste de vida, a las que se sumaron protestas contra la Junta Militar,
fueron iniciadas precisamente por los monjes budistas y desembocaron en un enfrentamiento
violento entre el Ejército y la población. También en China el budismo es la religión
más extendida y normalmente se registran al menos 300 manifestaciones diarias
que terminan en enfrentamientos violentos con la policía y que son convocadas debido
al coste de vida, la apropiación de tierras y casas, problemas relacionados con la polución,
etc.
b) El gran renacimiento de la religión en la sociedad china e incluso en el seno del Partido.
Da la impresión de que este pleno del politburó se celebró para preparar una estrategia dirigida
a controlar los poderes religiosos y que resultara eficaz contra posibles alianzas entre
las comunidades religiosas y los ciudadanos descontentos. Dicha estrategia cobró aún más
urgencia al descubrirse que el Partido ya no es capaz de controlar directamente la vida religiosa
de los chinos.
Según la agencia de noticias protestante Forum 18 (citada por AsiaNews, 15/12/2006), es
precisamente la pretensión del Partido de controlar todas las actividades religiosas –mediante
el registro del personal y de los lugares de culto en la Administración Estatal de Asuntos
Religiosos y a través del control de las Asociaciones Patrióticas– lo que anima a muchos
creyentes a ampliar el número de comunidades no registradas y, por tanto, clandestinas.
Un análisis más detenido revela un desarrollo imprevisto: según estudios de dos profesores
de la Universidad Normal de Shanghái, Tong Shijun y Liu Zhongyu, en China hay al menos
300 millones de creyentes, es decir, más del triple del número estimado hace algunos
años por el Gobierno (cfr. People’s Daily y AsiaNews 7/2/2007), siendo la religión que más
ha crecido el cristianismo, que representa al 12% de todos los creyentes (40 millones de personas
declaran ser seguidoras de Cristo). En 2005, Pekín calculaba que había unos 16 millones
de cristianos, mientras que a finales de los noventa –una vez más, según datos gubernamentales–
había poco más de 10 millones.
Según Liu, este fenómeno afecta sobre todo a las zonas rurales, si bien «la pobreza no es la
motivación que mueve a los nuevos creyentes, pues la mayoría de ellos procede de las regiones
costeras, más poderosas y desarrolladas». También la edad media de los creyentes es
más baja: cerca de dos tercios de los entrevistados tienen edades comprendidas entre los 16
y los 35 años, mientras que solo un 9,6% tiene 55 años o más. Las razones de este despertar
religioso también son interesantes: para el 24,1% de los entrevistados, la religión «muestra
el camino verdadero de la vida», mientras que un 28% opina que «ayuda a curar enfermedades
y a evitar catástrofes, a la vez que asegura una vida mejor».
Estos datos confirman numerosos testimonios de obispos cristianos que hablan de una «gran
sed de Dios», sofocada durante décadas y siglos por el materialismo marxista y el materialismo
confuciano.
La cuestión es que este renacimiento religioso también afecta al Partido mismo. Según datos
publicados por Epoch Times (12/11/2005), al menos 20 de los 60 millones de miembros
del Partido profesan algún tipo de religión.
Un estudio secreto de la Comisión Disciplinaria del Partido del que se ha tenido noticia en
Occidente revela que en las ciudades el número de miembros del Partido implicados en actividades
religiosas asciende a 12 millones, y que, de estos, al menos 5 millones practican
con regularidad una religión; en las zonas rurales son 8 millones, de los cuales al menos la
mitad participan con regularidad en actividades religiosas. En algunos casos, el fenómeno
afecta a todos los niveles del Partido, y en un número significativo de casos, incluso a todo
el grupo directivo local. Con el fin de evitar problemas con la Dirección nacional, algunos
cargos de rango medio y superior del Partido han convertido una habitación de sus casas en
una iglesia doméstica clandestina.
Este resurgimiento religioso no afecta solo al cristianismo o a las grandes religiones. Un estudio
de la Escuela Nacional de Administración china de finales de 2006 muestra que un
28% de los miembros considerados ateos en el Partido Comunista cree sin embargo en la fisiognomía
(estudio del carácter a través de la fisonomía del individuo); un 18% recurre a la
antigua filosofía de Zhou Gong para la interpretación de los sueños; un 13,7% cree en la astrología
y un 6% utiliza el I Ching para adivinar el futuro. Solo una minoría, eso sí, poderosa,
del 47% declaró no creer en lo que considera como «supersticiones».
Todo esto también es indicio de la desconfianza de las personas hacia el Partido y su ideología.
Wang Changjiang, profesor de la Escuela Central del Partido, afirma que estas
prácticas «supersticiosas» tienen éxito porque la «ideología revolucionaria» comunista
ha resultado insuficiente a la hora de explicar la realidad cotidiana (cfr. AsiaNews
24/5/2007).
En un intento de contrarrestar la oleada religiosa en sus propias filas, el PCCh lanzó hace
más de cuatro años una campaña dirigida a difundir el ateísmo a través de la radio, la televisión,
Internet y conferencias en la Universidad. Además, en 2006 financió con 20 millones
de euros una campaña para reavivar el marxismo. No obstante, algunos miembros del
Partido siguen convencidos de que las religiones pueden contribuir a la armonía, la estabilidad
y el desarrollo sociales, por lo que consideran que no hay que combatir su crecimiento,
ni impedir a los miembros del Partido que participen en sus actividades.
Aparentemente, los líderes chinos están divididos en cuanto a cómo abordar el tema: por
un lado, valoran el papel de las religiones y, por otro, las controlan para que no lleguen a
convertirse en un desafío directo a su poder. Quienes rehúyen el control –los creyentes de
las comunidades clandestinas– son arrestados, sus Iglesias disueltas y sus templos destruidos.
Sin embargo, nunca se les acusa por cargos referidos a prácticas religiosas, sino por
«perturbar el orden social».

Apoyo discriminatorio a algunas religiones
Consciente de su pérdida de credibilidad, el Partido está utilizando a algunas religiones para
salvaguardar su poder. Así, ayuda, financia y apoya al confucionismo (más bien una doctrina
moral que una religión), al budismo y al taoísmo.
Desde 2002 el Gobierno ha destinado 10.000 millones de dólares a la revitalización de la
doctrina confuciana erigiendo Institutos de Confucio en China y en el resto del mundo, con
la intención de mostrar una cara conocida a la cultura mundial, como respuesta a la crisis
moral y espiritual del país. El interés del Partido obedece también al hecho de que la filosofía
confuciana –tan despreciada por Mao Zedong– predique ante todo el amor y respeto
filiales, la obediencia a las autoridades y el autosacrificio por el bien del clan, siendo todas
ellas cualidades que desean promover en la actual China individualista, tan deseosa de escapar
al control del Partido (cfr. AsiaNews, 7/7/2006).
A mediados de abril de 2007, el Gobierno financió con un millón de dólares una conferencia
con dos sedes (Xian y Hong Kong) para promover el estudio del Tao Te Ching, el libro
más importante del Taoísmo. Al encuentro asistieron Liu Yandong, del Comité Central del
Partido, Xu Jialu, vicepresidente de la Asamblea Nacional Popular y Ye Xiaowen, director
de la Administración Estatal de Asuntos Religiosos.
Según algunos observadores, este patrocinio obedeció a varios motivos: llenar el vacío religioso
resultante de la crisis del comunismo, combatir la difusión del catolicismo y el protestantismo,
promover una religión «específicamente nacional» y no extranjera, difundir un
credo para el cual no actuar en la sociedad es un ideal, y promover la imagen de China en
el exterior (cfr. South China Morning Post, 30/4/2007).
Del 13 al 16 de abril de 2006, el Gobierno patrocinó la Conferencia del Foro Budista Mundial.
En una entrevista de Xinhua, Ye Xiaowen declaró: «El budismo puede ofrecer una
“contribución particular” [a una sociedad armoniosa], porque tiende a un ideal de armonía
más cercano a la percepción china […]. Como país responsable, China tiene una visión propia
y una política precisa en la promoción de la armonía mundial. El poder religioso [sic]
es una de las fuerzas sociales de las que China puede extraer apoyo» (cfr. AsiaNews
11/4/2006).

Detención de activistas religiosos que luchan por los derechos humanos
Lo que más teme China es una alianza entre el activismo religioso y el activismo socio-político,
similar a la de Birmania o las constituidas en muchas ocasiones en la historia del Imperio
Chino. Con el fin de evitarlo, Pekín no desaprovecha ocasión –funerales de figuras importantes,
congresos del Partido, sesiones de la Asamblea Nacional Popular– para arrestar a
cientos de disidentes, entre ellos, también a cristianos (de cuya confesión no tenemos datos).
Cabe destacar al abogado Gao Zhisheng, quien en diciembre de 2006 fue sentenciado a tres
años de prisión por «subversión contra el Estado». El tribunal que lo sentenció declaró haber
recibido una «confesión plena». Como prueba de sus actividades, los jueces señalaron
los nueve artículos firmados por el abogado y publicados en varias páginas de Internet, entre
los que destacaban las tres cartas abiertas al presidente Hu Jintao y al primer ministro
Wen Jiabao, en las que el activista exigía más libertad religiosa y menos corrupción. Gao,
en su día abogado modelo del Partido Comunista, se ha convertido con el transcurso de los
años en un activista de derechos humanos que defiende a cristianos, uigures, miembros de
Falun Gong, campesinos y víctimas de la injusticia (cfr. AsiaNews 5/1/2007).
Otra personalidad digna de ser mencionada es Hua Huiqi, líder de una iglesia doméstica
cristiana y activista en favor de los derechos humanos que combate la expropiación de casas
en Pekín y que ayuda a muchos habitantes de las provincias a presentar reclamaciones
al Gobierno. La última vez que fue puesto en libertad (bajo vigilancia) fue en julio de 2007,
tras cumplir una sentencia de seis meses de prisión por «obstrucción a la justicia». Sin embargo,
el 8 de octubre de 2007 le propinaron tal paliza que tuvieron que llevarlo inconsciente
al hospital (AsiaNews, 12/10/2007).

2. La Iglesia católica en China
Del año 2007 es la carta pastoral del papa Benedicto XVI dirigida a todos los creyentes de
la Iglesia católica china, escrita el 27 de mayo y hecha pública el 30 de junio. En ella, el
Pontífice analizaba la historia y condición actual de la Iglesia china, y llegaba a afirmar que
solo hay una Iglesia, pues los católicos clandestinos (no reconocidos por el Gobierno) y los
católicos oficiales (sí reconocidos por el Gobierno) están unidos a la Santa Sede. Al mismo
tiempo, pedía muy respetuosamente a las autoridades políticas del país que garantizaran la
libertad religiosa a la Iglesia, que permitieran a la sociedad china expresar sus creencias y
dejaran a la Santa Sede la última palabra en lo relativo a los nombramientos de obispos, tal
y como también lo requieren varios documentos europeos, entre ellos, los de la ONU [cfr.
Carta… nota (43)]. Esta necesidad cobró aún más urgencia después de los acontecimientos
ocurridos en 2006, cuando la Asociación Patriótica (AP) y el Ministerio de Asuntos Religiosos
insistieron en ordenar a tres obispos sin permiso de la Santa Sede y amenazaron con
la ordenación de varios más. La Carta declara que interferir de este modo en la vida de Iglesia
es «inconciliable con la doctrina católica» [cfr. Carta…, nº 7 y nota (36)], pues aspira a
crear una Iglesia independiente del Papa.
La Carta del Papa llegó pocos meses después de un encuentro en el Vaticano sobre la Iglesia
en China (19-20 de enero), que reunió a personalidades de la Curia Romana con obispos
y cardenales de Hong Kong, Taiwán y Macao. También en este caso se señaló la evidente
ambivalencia del Gobierno en relación con los asuntos religiosos (cfr. arriba).
Fuentes de AsiaNews (9/10/2007) revelaron que en el seno del Ministerio de Asuntos Exteriores
varias personalidades muy importantes definieron dicha Carta como «un buen documento,
bien traducido, una labor de expertos capaz de abrir la vía del diálogo». En cambio,
la Oficina de Asuntos Religiosos (OAR), la Asociación Patriótica (AP) y el Frente Unido
adoptaron una postura diferente. Según algunos diplomáticos occidentales, el secretario general
de la AP, Antonio Liu Bainian, describió la Carta como un «pésimo documento», «mal
traducido al chino» y «peligroso desde un punto de vista político». De ahí que impidiera toda
difusión de la Carta y la retirara de las páginas web chinas, además de imposibilitar el
acceso a los sitios en Internet del Vaticano y de otras agencias que publicaron la Carta.
Con ocasión de la celebración del 50.º aniversario de la fundación de la AP (agosto de
1957), el Frente Unido, la OAR y la AP organizaron conferencias y cursos en varios lugares
del país, invitando a sacerdotes, religiosas y obispos. El tema era la modernización de la
Iglesia (financiación, reorganización, seminarios,…), pero también la Carta del Papa. En dichos
actos, Liu Bainian atacó violentamente el documento papal, calificándolo de nuevo intento
«imperialista» para «colonizar» a la Iglesia en China, comparable a todo lo acaecido
en el pasado con las potencias coloniales. En opinión de Liu Bainian, el requerimiento del
Pontífice en relación con la libertad religiosa y la independencia para nombrar a los obispos
es equiparable a la experiencia de las «concesiones» extranjeras, consistentes en los territorios
sustraídos al control del Gobierno central y conquistados por la fuerza por las potencias
occidentales en el siglo XIX (ibídem).
En el distrito de Qingxiu, cerca de Nanning (Guangxi, suroeste de China), la policía se incautó
de ejemplares de un boletín parroquial que contenía pasajes de la Carta y los destruyó.
La filial de Nanning de la OAR lanzó una campaña contra la «intrusión del Vaticano en
la vida de Iglesia», para lo que impuso a los sacerdotes católicos sesiones políticas y de
mentalización con el fin de «hacerles ver su error», a saber, el de haber publicado y distribuido
la Carta del Papa entre los católicos chinos (ibídem).
Trabas a las ordenaciones episcopales; detenciones y violencia contra la Iglesia clandestina
La misma dualidad y ambigüedad afectó a algunas ordenaciones episcopales de 2007. El 8 de
septiembre en Pekín, el 30 de noviembre en Yichang (Hubei) y el 4 de diciembre en Cantón
(Guangdong) fueron ordenados los obispos de estas importantes diócesis, mientras que el 8 de
septiembre en Guizhou y el 21 de diciembre en Ningxia fueron nombrados dos obispos auxiliares;
todos estos nombramientos se realizaron –como anunció el Vaticano– previa aprobación
de la Santa Sede. Sin embargo, su ordenación se había retrasado durante meses –la de
Cantón, por más de un año– debido a las trabas interpuestas por la AP, que pretendía incluir
entre los obispos ordenantes a prelados que no estaban en comunión con la Santa Sede.
Por un lado, el Gobierno central parece aceptar cierto grado de influencia del obispo de Roma
a la hora de elegir a los candidatos al Episcopado, pero, por otro, parece incapaz de neutralizar
la presencia de la AP, que continúa poniendo impedimentos a las ordenaciones, a pesar
de ser una dependencia gubernamental.
Pese a las tímidas señales conciliatorias entre China y el Vaticano, las políticas de control
absoluto sobre la Iglesia católica parecen prevalecer, como demuestran los continuos arrestos
de sacerdotes y obispos de la Iglesia no oficial, pero también los secuestros de obispos
oficiales.
El 14 de noviembre, el P. Wang Zhong de la Diócesis de Xiwanzi (Hebei) fue sentenciado
a tres años de prisión por organizar la celebración de la consagración de una iglesia en Guyuan.
En un informe del proceso enviado a AsiaNews (22/11/2007) se recalca que se trataba
de una iglesia legal construida con el permiso de la Oficina de Asuntos Religiosos. Sin
embargo, el clérigo era un sacerdote clandestino, no registrado por la AP. El P. Wang fue
arrestado el 24 de julio de 2007, tras lo cual permaneció recluido en total aislamiento y sin
la posibilidad de recibir visitas. Tampoco se le permitió elegir abogado ni preparar su defensa.
La diócesis de Xiwanzi es una de las diócesis de la Iglesia clandestina. Cuenta con 15.000
creyentes y está situada a unos 260 kilómetros al norte de Pekín, casi en la frontera con
Mongolia Interior. Incitada por la AP, la policía lleva unos meses actuando en esta zona,
donde ha iniciado una campaña contra los sacerdotes y obispos de la Iglesia clandestina. El
obispo auxiliar de la diócesis, Mons. Yao Liang, desapareció tras ser arrestado por la policía
el 30 de julio de 2006. Además, hay 20 creyentes y 2 sacerdotes en prisión.
El 25 de noviembre, el rector del seminario de la diócesis de Yujiang (Jiangxi, China Central),
P. Zeng Zhongliang, fue arrestado junto con uno de sus seminaristas, Wang Bin, mientras
visitaban la provincia meridional de Guangdong. Actualmente, ambos están en la prisión
de Yujiang. Fueron arrestados pocos días después de un encuentro con todos los
sacerdotes de su diócesis, organizado por el mismo P. Zeng en la localidad de Fozhou. En
dicho encuentro, el sacerdote representaba al obispo de su diócesis, Mons. Tomás Zeng
Jingmu (85 años), que también es su tío y que desde hace algún tiempo se encuentra en
arresto domiciliario en la sede episcopal (cfr. AsiaNews, 27/11/2007).
El orfanato de Wuqiu, en Jinzhou (Hebei), gestionado por religiosas y perteneciente a la
Iglesia clandestina, acoge a cientos de niños abandonados y, a menudo, discapacitados. Este
centro lleva años padeciendo la oposición del Gobierno local, que prohíbe los donativos
y que ha advertido a las religiosas y sacerdotes que no deben relacionarse con el exterior,
por lo que ha prohibido a los habitantes y amigos que visiten el centro. Además, ha instalado
una cámara en la entrada y la policía ha interrogado exhaustivamente a las religiosas. En
los últimos meses, varios voluntarios que habían acudido para ayudar y llevar regalos fueron
interceptados y multados por la policía. Las religiosas pertenecen a la diócesis de
Zhengding, a cuyo obispo, Mons. Julio Jia Zhiguo, siguen arrestándolo a menudo por negarse
a formar parte de la AP. Según algunos analistas, la presión ejercida sobre este orfanato
es una forma indirecta de presionar al obispo y a sus contactos en otros países (cfr.
South China Morning Post, 17/12/2007).

Torturas y muerte de algunos obispos prisioneros
El caso más trágico fue la muerte de Mons. Juan Han Dingxian, obispo clandestino de Yongnian.
Tras dos años en aislamiento, el prelado, que pasó al menos treinta y cinco años de su
vida en prisión, falleció en el hospital el 9 de septiembre de 2007. A sus familiares solo los
avisaron unas pocas horas antes de su muerte. A primera hora de la mañana posterior a su
muerte (acaecida a las 23.00 horas), lo incineraron y enterraron en un cementerio público,
sin permitir a los familiares, creyentes y amigos sacerdotes despedirse de él y bendecirle.
Según varios católicos de su diócesis, la policía quería «ocultar las pruebas», tal vez de torturas.
Antes de esta fecha ya hubo casos similares. Por ejemplo, el de Mons. Juan Gao Kexian en
2005, el de Mons. José Fan Xueyan en abril de 1992 y el de Mons. Liu Defen, obispo clandestino
de Anguo (Hebei), que también murió en 1992.
La comunidad internacional ha condenado en muchas ocasiones a China por las torturas que
practica su policía. Manfred Nowak, investigador jefe del Comité contra la Tortura de la
ONU, lo confirma en uno de sus informes de 2006, donde denuncia «el extendido uso de la
tortura en toda China» y exige «la inmediata puesta en libertad de todos los presos sentenciados
por ejercer su derecho a la libertad religiosa o a la de expresión».
En China hay leyes que prohíben la tortura, pero a menudo son ignoradas. En 2004, el Ministerio
de Seguridad Pública aprobó una ley que responsabiliza a los policías de las muertes
acaecidas durante las detenciones.
Pero lo cierto es que también las personas que son puestas en libertad salen de prisión con
enfermedades y completamente extenuados a causa del trato violento en las prisiones. Así
también les ocurre a los obispos y sacerdotes que han estado en prisión o en aislamiento:
Mons. José Fan Zhongliang de Shanghái, de 87 años de edad, vive enfermo y sigue bajo vigilancia;
Mons. Santiago Lin Xili de Wenzhou (Zhejiang), de 86 años de edad, con graves
achaques físicos después de tres años en prisión, permanece en aislamiento desde 2002. Dos
sacerdotes de Wenzhou, P. Shao Zhumin y P. Jiang Sunian, que fueron puestos en libertad
el verano de 2007, están en tratamiento médico por problemas cardíacos, respiratorios y de
oído; todos ellos, consecuencia de la violencia practicada en las prisiones.

Detenciones y desapariciones
Varios obispos clandestinos y oficiales permanecen en aislamiento; de algunos no se sabe
nada desde hace años:
1) Mons. Santiago Su Zhimin (Diócesis de Baoding, Hebei), de 74 años de edad, desapareció
tras su detención en 1996. En noviembre de 2003 fue visto en el hospital de Baoding,
custodiado por policías, donde le atendían por dolencias de corazón y de la vista. A los
pocos días, volvió a desaparecer.
2) Mons. Cosme Shi Enxiang (Diócesis de Yixian, Hebei), de 85 años de edad, fue arrestado
el 13 de abril de 2001. Mons. Shi fue consagrado obispo en 1982. Había pasado treinta
años en prisión. Su última detención había sido en diciembre de 1990, siendo puesto
en libertad en 1993. Después permaneció en aislamiento forzado hasta su detención más
reciente.
3) Mons. Martín Wu Qinjing, obispo oficial de Zhouzhi (Shaanxi), de 39 años de edad, fue
detenido por la AP y está custodiado por la policía desde el 17 de marzo de 2007. Probablemente
lo mantengan en aislamiento forzado en Lintong o Xian, y lo obliguen a asistir
a «sesiones de estudio». No puede contactar con sus fieles ni con sus obispos. Mons.
Wu Qinjing fue consagrado en 2005 por el ya fallecido arzobispo de Xian, Mons. Antonio
Li Duan, y con el visto bueno de la Santa Sede, pero no de la AP. Según esta organización
de control, que busca crear una Iglesia independiente de Roma, la consagración
de Mons. Wu fue ilegal por realizarse bajo el control de «poderes extranjeros».
Entre las detenciones recientes no hay que olvidar la del P. José Lu Genjun, un administrador
de la diócesis de Baoding (Hebei), de 47 años de edad, que ya había pasado tres años
en un campo de trabajos forzados. Arrestado en agosto de 2004 y luego puesto en libertad,
volvió a ser detenido el 18 de febrero de 2006. Desde entonces, no se sabe dónde permanece
recluido, sin juicio ni cargos específicos. Fue arrestado junto con el P. Pablo Huo Junlong,
de 52 años de edad y también administrador de la diócesis de Baoding. En la actualidad
hay al menos 11 sacerdotes detenidos (cfr. AsiaNews 18/10/2007).

Bienes confiscados jamás restituidos
Pero la persecución no es solo ideológica, sino también económica. En el desarrollo incontrolado
que caracteriza desde hace décadas a este país, una forma de enriquecerse es la especulación
inmobiliaria. Y esta es la razón por la que la Oficina de Asuntos Religiosos y la
Asociación Patriótica confiscan, venden y utilizan tantas propiedades de la Iglesia católica.
El Centro de Estudios del Espíritu Santo de Hong Kong ha calculado que los funcionarios locales,
protegidos por sus cargos en el Partido Comunista, se embolsan los beneficios de negocios
con propiedades de un valor de 130.000 millones de yuanes (unos 13.000 millones de
euros). En los años ochenta, el Gobierno central aprobó leyes para la restitución de las propiedades
confiscadas a sus legítimos dueños (sobre todo durante la Revolución Cultural), pero
muchos funcionarios locales las ignoran, por lo que la Iglesia apenas recibe nada.
Parece ser que la especulación es también el motivo secreto que se esconde tras la prohibición
de las peregrinaciones al Santuario de Nuestra Señora del Carmelo de Tianjiajing (Henan)
y la confiscación posterior del complejo del santuario. Esta peregrinación, realizada
por primera vez en 1905 e interrumpida tan solo durante la Revolución Cultural (1966-
1976), congregaba entre 40.000 y 50.000 personas cada año. En mayo de 2007, el Gobierno
provincial de Henan la prohibió; el Gobierno de la ciudad de Anyang (la diócesis que alberga
el santuario) revocó el permiso al santuario y la peregrinación, que calificó de
«actividades religiosas ilegales», y aprobó una resolución que niega el uso del suelo público
a la Iglesia de Anyang, requisando también el recinto del santuario. Además, ha habido
amenazas de hacer saltar por los aires todo el complejo, incluidas las estaciones del Vía Crucis
y una imagen de la Virgen de principios del siglo XX. Este santuario ya había sido parcialmente
destruido por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial y por la Guardia
Roja (cfr. AsiaNews, 12/11/2007).

3. La Iglesia protestante en China
El Gobierno central teme que durante los Juegos Olímpicos de Pekín haya enfrentamientos
violentos o manifestaciones de carácter religioso que escapen al control policial. Entre los
grupos que presuntamente serían los más proclives a organizar actos similares están los cristianos
protestantes, por dos razones, una externa y una interna.
La razón externa es que en los últimos dos años miles de protestantes brasileños y estadounidenses
han estado preparándose a conciencia para evangelizar el país, pensando que con
motivo de las Olimpiadas iba a ser más fácil obtener visados para China. El portavoz del
Consejo Cristiano Chino, el pastor oficial Cao Shengjie, ha advertido a todos los misioneros
extranjeros que «respeten las reglas del país» que no permiten realizar actividades evangelizadoras
sin permiso previo. A los extranjeros se les prohíbe organizar cualquier tipo de
actividad religiosa (AsiaNews, 30/5/2007). Todo ello conculca uno de los principios de la libertad
religiosa, a saber, la libertad de reunirse con una persona que profesa la misma fe
aunque sea de otra nacionalidad.
La razón interna radica en que los protestantes son el grupo más numeroso y más difícil de
controlar de todos los cristianos chinos: según las estadísticas oficiales, son un total de 16
millones de creyentes. Todas las confesiones protestantes están integradas en el Movimiento
de las Tres Autonomías (MTA) que, de forma análoga a la Asociación Patriótica en el caso
de los católicos, asegura su obediencia al Partido. Sin embargo, y gracias a una extendida
evangelización financiada por grupos poderosos afincados en EE.UU., Corea y Australia,
la población protestante sobrepasa los 50 millones de creyentes (los más optimistas hablan
de más de 80 millones). El desequilibrio entre cristianos reconocidos y no reconocidos, considerados
clandestinos, provoca una dura reacción por parte del Gobierno, que ahora exige
la absorción de las comunidades clandestinas por el MTA o su eliminación. Con ello, el Gobierno
contraviene una resolución de la ONU que considera discriminatoria la distinción entre
actividades religiosas «legales» (por estar reconocidas por el Estado) e «ilegales» (por
no estarlo).
Campaña para destruir las comunidades protestantes clandestinas
Un documento secreto acerca de la campaña gubernamental contra las Iglesias no registradas
del Partido Comunista Chino de Hubei fue traducido y publicado en su totalidad el 13
de noviembre de 2007 por China Aid Association, una organización con sede en EE.UU.
que denuncia la persecución religiosa en China (cfr. Secret Document Reveals Chinese Government’s
Campaign against Unregistered Churches en http://www.chinaaid.org).
El documento está fechado el 24 de julio de 2007 y procede del distrito de Duodao del municipio
de Jingmen (Hubei). El editor ha borrado el número de serie para impedir que pueda
ser identificada la persona que lo envió al extranjero. De hecho, el documento, impreso
en copias numeradas, contiene instrucciones sobre la confidencialidad del contenido y la
prohibición de revelárselo a nadie del exterior.
El texto trata solo de la campaña de normalización implementada a escala local en Jingmen
del 15 de junio al 30 de noviembre, pero revela que su origen está en los documentos redactados
por los Gobiernos central y provincial tras un encuentro de la Conferencia de Trabajo
Cristiana Nacional del Gobierno (conocido como Conferencia 601 y celebrada el 1 de
junio de 2007), con la participación de «camaradas en posiciones de liderazgo en el Gobierno
central», del Frente Unido y la Administración Estatal de Asuntos Religiosos, lo cual
implica que la campaña tenía alcance nacional.
Su objetivo era «combatir actividades que entrañen la infiltración de fuerzas extranjeras hostiles
bajo el manto de la religión cristiana y salvaguardar la estabilidad en la sociedad y en
el ámbito religioso». La cooperación entre la Oficina de Asuntos Religiosos y la «seguridad
pública» debía arrojar «buenos resultados a la hora de hacerse con el control sobre emplazamientos
y encuentros de misioneros no autorizados». En la práctica, esto equivalía a la integración
de todas las comunidades clandestinas en el Movimiento de las Tres Autonomías,
única expresión legal del cristianismo protestante en China.
El documento reconoce la existencia de «lugares ilegales» de «numerosa congregación» y
sugiere que habría que alcanzar una «normalización de las actividades cristianas» mediante
una «estandarización del sistema de registro de emplazamientos cristianos», de «actividades
cristianas» y de «pastores». De esta forma se buscaba garantizar la «educación de la
mayoría», para «aislar y eliminar a las pequeñas minorías» y ofrecer una «educación ideológica
paciente y exhaustiva».
Para lograr dicho resultado, el documento recomienda empezar por una amplia «investigación
» sobre «lugares de encuentro, participantes, emplazamientos y sus estilos»; verificar
«si existe infiltración de poderes extranjeros o una labor misionera clandestina que entrañe
supersticiones feudales o herejías». Dicha investigación debía ocuparse también de «los
contenidos de los sermones, la vida personal y el perfil de los misioneros, sus fuentes de ingresos,
situación económica, sistemas de actividades, los miembros más importantes y la
gente ordinaria involucrada».
La «normalización» se alcanzaría «con la inscripción de lugares de encuentro, reemplazando
lugares privados por iglesias, unificando diversos emplazamientos y persuadiendo a la
gente de que los cierren y los cancelen».
«En cuanto a quienes se nieguen a modificar su comportamiento y a poner fin a sus actividades
[…] las fuerzas de seguridad públicas y la Oficina de Asuntos Religiosos deben trabajar
conjuntamente para frenar de forma decidida a estas personas».
El documento no presenta ninguna novedad en lo relativo a la política religiosa. Sigue
las Regulaciones sobre Actividades Religiosas aprobadas en 1994 por el primer ministro
Li Peng (conocido como el Carnicero de Tiananmen) y actualizadas y revisadas en 2005:
se continúa insistiendo en la distinción entre actividades religiosas «normales» e «ilegales
», donde la «normalidad» se garantiza previa aceptación del control estatal. Esta distinción
contraviene la Carta de Derechos Humanos de Naciones Unidas. En 1994, el enviado
de la ONU, Abdelfattah Amor, redactó un informe sobre la intolerancia religiosa
en China, en el que se condenaba la distinción del Gobierno chino entre «actividades religiosas
normales» y «actividades anormales o ilegales». En opinión de Abdelfattah
Amor, dicha distinción es discriminatoria, por lo que debe ser eliminada de la legislación
y de la práctica.
Lo que está ocurriendo en varios lugares de China es resultado de esta campaña. Según China
Aid Association, el Gobierno detuvo en el año 2007 a 1.958 creyentes, pastores y laicos,
de las Iglesias protestantes no oficiales. Además, la organización informa de que en 2007,
con los Juegos Olímpicos cerca, la persecución de los protestantes se incrementó en un
30,4% frente a 2006, sumando un total de 60 incidentes.

Violencia
Según informó China Aid Association (25 de diciembre de 2007), en la Nochebuena de
2007, la policía de Hubei arrestó a un grupo de huérfanos y cooperantes cristianos. Las autoridades
encerraron a los niños en un hotel y «convencieron» al propietario del terreno sobre
el que se erige el orfanato de que desahuciara a los arrendatarios. El pastor Ming Xuan
Zhang, a cargo de los huérfanos, ya no puede encontrar un terreno o alquilar un lugar, porque
la policía ha mandado a la población que no le ayuden.
El pastor Zhang desempeña un papel muy importante en las iglesias domésticas chinas no
oficiales. Conocido por el afectuoso apelativo de Bike, este líder protestante ha sido arrestado
en doce ocasiones. En noviembre de 2006, el presidente estadounidense George W.
Bush quiso reunirse con él durante su visita oficial a China, pero el encuentro no fue posible
a causa de la «desaparición» de Zhang: la policía lo había arrestado y mantenido oculto
durante la visita de Bush.
El 5 de diciembre de 2007, un grupo de policías y miembros de la Oficina de Asuntos Religiosos
provincial realizaron una redada en una iglesia doméstica en Kunming (Yunnan),
arrestando a todos los presentes. Tras inspeccionar el edificio, los policías quemaron cientos
de libros religiosos (incluidos varios ejemplares de la Biblia) y los documentos de identidad
de tres cristianos. La policía obligó al propietario del terreno del templo a desahuciar
a los arrendatarios. Según el derecho penal chino, la policía debe dejar constancia de cualquier
confiscación en un documento oficial, con el fin de establecer el tamaño y valor de
las pruebas en el juicio. Sin embargo, en Kunming los agentes no siguieron este procedimiento.
El 23 de enero de 2008, una mujer de dicha comunidad acudió a la comisaría del distrito para
exigir una compensación por los libros quemados. La policía le propinó tal paliza que hubo
que trasladarla, inconsciente, a un hospital.
Una dirigente comunista de Baoding (Hebei) que se había convertido al cristianismo perdió
el trabajo y su cargo en el Partido por acoger en la escuela comunista que ella misma dirigía
un curso de Estudios Bíblicos y por participar en él. Al encuentro, celebrado el 1 de enero
de 2008, asistieron 50 cristianos (abogados, profesores, escritores, periodistas y artistas,
entre otros), que fueron llevados a comisaría e interrogados. Geng Sude, una protestante de
55 años de edad, confirmó que en febrero de 2008 el Comité del Partido la cesó en su cargo
de vicedirectora de la escuela comunista local y la despidió. La afectada declaró a Reuters:
«No entiendo la decisión del Partido; no he dicho nada contra el Gobierno ni contra
China y tampoco he infringido la ley».
El 7 de febrero de 2007, la policía de la ciudad de Shanghuang (Jiangsu) irrumpió en el domicilio
de Tan Jianwei, un cristiano protestante de 36 años de edad, anfitrión de un encuentro
de oración. Los agentes llegaron acompañados de representantes de la Oficina de
Asuntos Religiosos provincial y de miembros del Escuadrón para Protección Nacional.
El grupo irrumpió en el apartamento armado y sin orden judicial, y los policías pidieron los
documentos de identidad y fotografiaron a todos los presentes. Varios cristianos fueron golpeados
por negarse a mostrar sus documentos. Tras confiscar varios ejemplares de la Biblia
(sin entregar el recibo exigido por la ley china), los agentes se llevaron detenidas a tres personas
para «realizar pesquisas». En la comisaría, les obligaron a firmar un documento en el
que se comprometían a no celebrar más servicios religiosos en casa de Tan Jianwei, so pena
de sufrir «graves consecuencias».

Detenciones y campos de concentración
China Aid Association informó del arresto de 270 líderes protestantes no oficiales, culpables
de haber participado en «un encuentro religioso ilegal» en el distrito de Hedeng (cerca
de la ciudad de Linyi, en la provincia de Shandong) el 7 de diciembre de 2007. Actualmente,
unos 150 cristianos permanecen recluidos en una prisión estatal. Los pastores se habían
reunido para estudiar la Biblia, cuando 50 agentes de la policía –procedentes de doce ciudades
de la provincia– irrumpieron en el lugar de reunión. Los agentes les vendaron los ojos
y los esposaron de dos en dos, para luego trasladarlos a la prisión local, donde fueron interrogados.
La policía hizo su aparición en coches blindados y no permitió que nadie abandonara
la zona. Los 120 cristianos puestos en libertad tuvieron que pagar una multa de 300
yuanes (unos 30 euros) en concepto de «tasa de interrogatorio».
Tras permanecer desaparecidos durante más de dos meses, nueve líderes protestantes reaparecieron
en octubre de 2007 en campos de trabajo chinos. Entre ellos, también estaba la
Sra. Li Mei, de 42 años de edad, atada a una cama y obligada a someterse urgentemente a
una histerectomía a causa de las torturas infligidas en prisión. Estos cristianos habían sido
arrestados el 15 de julio durante una ceremonia religiosa en un domicilio particular y fueron
condenados el 6 de agosto. Según los jueces del tribunal de Enshizhou (Hebei), eran culpables
de «crímenes contra el Estado organizados en encuentros de un culto maléfico». Nadie
informó a sus familiares sobre su arresto y las sentencias. Los protestantes fueron
trasladados a varios laogai (campos de trabajos forzados) de la provincia para su «reeducación
por el trabajo». En el documento que presenta las pruebas se lee: «La prueba de su culpabilidad
radica en haber cantado himnos cristianos en los pueblos circundantes, haber mostrado
una película sobre Jesús en una residencia de ancianos y haber rezado conforme a su
culto diabólico por la recuperación de un anciano enfermo».
En junio de 2007, las autoridades de Shandong condenaron a un año de «reeducación por
el trabajo» a dos líderes de iglesias evangélicas domésticas –Zhang Geming y Sun Qingwen–,
por «utilizar un culto diabólico para obstruir la ley». Ambos misioneros, procedentes
de Henan, habían sido arrestados el 15 de junio junto con otros cuatro líderes y fueron condenados
a cumplir la pena en un campo de Jining. Finalmente, se los puso en libertad el 1
de julio tras pagar una multa de 10.000 yuanes (unos 1.000 euros).
Pronto, otros dos cristianos de Shanxi también serán condenados a trabajos forzados: Zhou
Jieming y Niu Wenbin, quienes fueron encarcelados el 10 de junio pasado bajo la sospecha
de «utilizar un culto diabólico para obstruir la ley». Ambos pastores fueron arrestados cuando,
junto con otros doce pastores cristianos locales, distribuían Biblias en la comarca de Jiaocheng.
Cuatro de ellos fueron puestos en libertad ese mismo día, mientras que otros seis
permanecieron en prisión durante seis días sin cargo alguno.

La pena de muerte
A mediados de noviembre de 2006, los líderes del grupo protestante Tres Grados de Siervos
fueron condenados a muerte y ejecutados sin pruebas que los incriminaran. Los tres cristianos
(Xu Shuangfu, Li Maoxing y Wang Jun, de 60, 55 y 36 años de edad, respectivamente) murieron
en una prisión de Heilongjiang, y sus familiares solo fueron informados tras la ejecución
para que recogieran sus cenizas. Tampoco fueron advertidos sus abogados, pese a haber
presentado un segundo recurso de apelación tras perder el primero el 18 de octubre de 2006.
En julio de 2006, el Tribunal Intermedio Popular de Shuangyashan (provincia oriental de

Heilongjiang) condenó a muerte por asesinato a los tres hombres; en el curso del procedimiento

legal, la policía acusó a otras catorce personas. Entre estas, Zhang Min (35), Zhu Li-xin (37) y Ben Zhonghai fueron condenados a la pena capital, pero las ejecuciones se suspendieron.
A continuación, el juez condenó a otras once personas a penas de prisión de entre
tres y quince años.
Según la acusación del Gobierno, Xu Shuangfu –el líder de este grupo protestante con más
de 500.000 miembros en todo el país– había asesinado, junto con otros miembros del grupo,
a 20 dirigentes del grupo Relámpago de Oriente y robado 32 millones de yuanes (unos
3,2 millones de euros).
Los miembros de Relámpago de Oriente se autodenominan cristianos, pero para muchas comunidades
protestantes no son más que «una secta de criminales». La Sra. Zheng, fundadora
del grupo, afirma ser la reencarnación de Jesucristo. Muchos de sus seguidores están
involucrados en actividades sospechosas.
Para los abogados de Xu, las pruebas presentadas por el Gobierno no demuestran en modo
alguno la culpa de su cliente. Entre otras cosas, su confesión fue obtenida mediante torturas,
una práctica que el mismo Gobierno chino ha definido como «muy extendida» en sus
prisiones (China Aid Association).

Deportaciones
Entre abril y junio de 2007, China deportó a más de 100 presuntos misioneros provenientes
de Estados Unidos, Corea del Sur, Singapur, Canadá, Australia e Israel. El nombre de la
operación era Tifón n.º 5, y su objetivo, «adelantarse a las actividades de cristianos extranjeros
antes de los Juegos Olímpicos de Pekín de agosto de 2008». Las deportaciones afectaron
sobre todo a cristianos de Pekín y Xinjiang, Tíbet y Shandong. En Xinjiang fueron deportadas
60 personas, algunas de edades comprendidas entre los 15 y los 18 años. En mayo,
al menos 15 parejas cristianas, casi todas americanas, fueron deportadas de Pekín. El 31 de
mayo, un israelí y un estadounidense fueron arrestados in Linyi (Shandong) por participar
en un encuentro de oración con 70 líderes de iglesias domésticas. En Pekín, tres cristianos
americanos fueron detenidos el 1 de julio y luego obligados a abandonar el país siquiera sin
permitírseles contactar con su embajada. Según algunos activistas, estas deportaciones forman
parte de la «limpieza previa a los Juegos Olímpicos de Pekín» (China Aid Association).

4. La Iglesia ortodoxa en China
En China, la comunidad ruso-ortodoxa está discriminada, pues no es una de las cinco religiones
oficiales del país (budismo, taoísmo, islam, cristianismo protestante y cristianismo
católico). En 2007 el patriarca de Moscú criticó en repetidas ocasiones al Gobierno de Pekín
por no concederle a la Iglesia ortodoxa china plena libertad y reconocimiento (Asia-
News, 12/4/2007). El metropolita greco-ortodoxo de Hong Kong, Nikitas Lulias, también
criticó a las autoridades chinas por la misma razón (AsiaNews, 10/7/2007).
Según datos facilitados por el Departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de
Moscú, en China hay unos 13.000 creyentes de la Iglesia ortodoxa, de los cuales unos 400
viven en la capital.
La Iglesia ruso-ortodoxa está presente en China desde hace tres siglos. Las primeras comunidades
las formaban emigrantes rusos, principalmente, en el norte del país. En la actualidad,
la mayoría de los creyentes siguen siendo de origen ruso. Estas comunidades, que se
concentran en cuatro áreas –Harbin (Heilongjiang), donde hay también una parroquia consagrada
al Manto Protector de la Madre de Dios; Labdarin (Mongolia Interior), Kulj y
Urumqi (Xinjiang)– adquirieron total autonomía de la Iglesia ruso-ortodoxa en 1957. La
Revolución Cultural eliminó totalmente la presencia de obispos y sacerdotes. Hasta el día
de hoy, los creyentes carecen de sacerdotes; ocasionalmente, se reúnen los domingos para
rezar. Sin embargo, en estos momentos, 13 estudiantes ortodoxos chinos estudian en la Academia
de Teología Sretenskaya de Moscú y en la Academia de San Petersburgo.
El último sacerdote ortodoxo chino, P. Alexander Du Lifu, falleció en Pekín en 2003 a la
edad de 80 años. Según información facilitada por el Patriarcado de Moscú, el padre Du,
que carecía de iglesia, «ofrecía consejo espiritual en privado». En ocasiones se le permitió
oficiar la Liturgia en la Embajada rusa de Pekín. Para su funeral, el Patriarcado de Moscú
obtuvo permiso para utilizar la catedral católica de la Inmaculada Concepción (la catedral
de Nantang, en Pekín).

5. La comunidad judía en China
La comunidad judía en China está discriminada porque no es una religión oficialmente reconocida.
Muchos edificios de los creyentes judíos fueron confiscados bajo Mao Zedong.
El rabino principal de Israel solicitó al Gobierno chino que permitiera a los creyentes acudir
a la sinagoga de Ohel Rachel en Shanghái, pero no obtuvo respuesta (cfr. South China
Morning Post, 13/6/2006).
La sinagoga de Ohel Rachel, completada en 1920, puede acoger hasta 700 creyentes; a principios
de los años treinta, vivían en Shanghái un millar de judíos sefardíes y más de cinco
mil asquenazíes, a los que se unieron unos 30.000 exiliados que huían de las deportaciones
del periodo nazi.
Tras 1949, el Departamento Municipal de Educación expropió la sinagoga, convirtiéndola
en un centro de conferencias, y durante la Revolución Cultural se le asignó un uso industrial.
Tras las purgas de Mao, fue reestructurada y convertida en un museo de la presencia
judía durante la guerra. Actualmente permanece cerrada al público, pero la comunidad puede
visitarla en días festivos.
En 2003 el Gobierno dio permiso para restaurar y modernizar el antiguo barrio judío de
Shanghái (Hongkou), pero no para construir sinagogas. En China viven varios miles de judíos,
tolerados mientras ejerzan su culto con discreción y sin implicar a los chinos (cfr. Asia-
News, 30/12/2003).

6. El islam en China
En 2007 la tolerancia del Gobierno chino frente a los 21 millones de musulmanes solo fue
una cuestión de imagen: con ocasión del Año del Cerdo del zodíaco chino, el Comité Per-
manente del Politburó emitió la orden «de evitar las imágenes de cerdos» en la publicidad
y los programas de televisión, «para proteger la armonía entre las diferentes religiones y
grupos étnicos». Para contextualizar esta medida, hay que tener presente que tan solo unos
meses antes la comunidad islámica internacional se había sublevado por las caricaturas de
Mahoma y el discurso de Ratisbona de Benedicto XVI.
La decisión de prohibir imágenes de cerdos también fue un movimiento político-económico:
China compra grandes cantidades de petróleo a los países musulmanes de Próximo Oriente,
Asia Central y África, por lo que le interesa presentarse, tanto dentro del país como en el extranjero,
como muy respetuosa con el mundo islámico y granjearse así su reconocimiento.

Musulmanes uigures
Internamente, China continúa aplicando una política represiva y colonizadora a los uigures
(unos 8 millones de musulmanes de origen turco que se concentran en la región de Xinjiang),
con el fin de controlar los movimientos separatistas y las infiltraciones de extremistas
procedentes de Pakistán y Afganistán. Según un diario de Xinjiang, en 2005, fueron detenidos
18.227 uigures acusados de «amenazar la seguridad nacional», y varios centenares
de ellos, condenados a muerte. En enero de 2007, la policía asaltó un campo de entrenamiento
y mató a 18 uigures alegando, sin pruebas, que eran terroristas.
En un extenso informe publicado por Forum 18 en septiembre de 2006, se mencionan los
generalizados controles a los que son sometidos los imanes y los jóvenes. Todos los viernes
por la mañana, el día santo de los musulmanes, los imanes acuden a la Oficina de Asuntos
Religiosos para explicar el contenido de sus sermones y recibir «indicaciones generales».
Cada grupo religioso debe estar registrado por la Comisión Religiosa Nacional y el nombramiento
de sus líderes debe contar con la aprobación de las autoridades. Dichos líderes
están obligados participar en reuniones periódicas en las que reciben pautas de los funcionarios.
Normalmente, a los creyentes les está vedado ocupar cargos públicos importantes y
enseñar en las escuelas.
Los niños no pueden recibir una instrucción religiosa. A los menores de 18 años no se les
permite asistir a los lugares de culto, porque los jóvenes deben «completar su educación y
desarrollar su personalidad antes de optar por ser creyentes o ateos». Durante el mes de ayuno
del Ramadán, las autoridades escolares obligan a los alumnos y profesores musulmanes
a tomar el almuerzo.
También hay noticias de expropiación y destrucción de lugares de culto u otros edificios utilizados
para dicho fin por las comunidades musulmanas. Hará unos tres años, durante la remodelación
de la zona que rodea la mezquita Id Kah (la más importante de Kashgar), demolieron
numerosos restaurantes pequeños y saloncitos de té donde se reunían los
musulmanes tras la oración. En Urumqi, la vieja mezquita fue demolida y reconstruida como
parte de un centro comercial, entre un local que vende pollo frito y un supermercado Carrefour.
Los fieles denuncian que «a veces ni siquiera oímos las oraciones a causa de la música
de los locales colindantes».
Los movimientos islámicos como el sufismo y el wahabismo –así como los libros a ellos referidos–
están prohibidos por temor a que adopten expresiones políticas.
Según Forum 18, la persecución religiosa en la región de Xinjiang obedece, ante todo, a una
motivación económica, y su fin es destruir la identidad de la población uigur para luego explotar
las materias primas de esta zona rica en petróleo y gas natural. Por esta razón, Pekín
lleva años fomentando la migración de chinos de la etnia han a esta zona, una etnia que en
estos momentos ya representa al menos al 50% de sus 20 millones de habitantes, además de
controlar el comercio y ocupar las posiciones de poder, mientras que los uigures (42%) son
mayoritariamente campesinos.

Rebiya Kadeer y sus hijos
Un ejemplo de la persecución que sufren los uigures en China es la situación que atraviesa
la familia Kadeer. Rebiya Kadeer, de 59 años de edad, se refugió en Estados Unidos en
2005. Esta mujer de la etnia uigur, miembro de la Conferencia Consultiva Política Popular,
fue arrestada en 1999, acusada de haber facilitado al extranjero información descrita como
«material que contenía secretos de Estado» sobre la situación en Xinjiang. Una vez en el extranjero,
Kadeer también informó sobre los campos de trabajo forzados y las torturas en las
prisiones chinas. Por esta razón, China la acusó de confabulación con «conocidos grupos terroristas
» (cfr. AsiaNews, 13/9/2006).
El 17 de abril de 2007, uno de sus hijos, Ablikim Abdiriyim, fue condenado a nueve años
de prisión por el tribunal de Urumqi. Según la acusación, Ablikim había publicado en Internet
artículos secesionistas que instigaban a la gente a actuar contra el Gobierno y que
distorsionaban la realidad concerniente a los derechos humanos y la política étnica en China.
Además, quedó privado de sus derechos políticos durante tres años (en China, los derechos
políticos incluyen la libertad de expresión y el permiso para participar en manifestaciones
y protestas). Según Amnistía Internacional, Ablikim enfermó a causa de las
palizas recibidas en prisión, donde se le negó asistencia médica. Según la Sra. Kadeer, a su
hijo «ni siquiera se le permitió nombrar a un abogado ni defenderse y el juicio se celebró
a puerta cerrada».
En septiembre, otro de sus hijos, Alim Abdiriyim, fue sentenciado a siete años de prisión
por evasión fiscal. Un tercer hijo también fue arrestado por el mismo motivo, pero condenado
sólo a pagar una multa, y una de las hijas lleva meses en arresto domiciliario (cfr. Asia-
News, 18/4/2007).

Musulmanes hui
Los hui (chinos convertidos al islam) son unos 15 millones de personas que se concentran
principalmente en Ningxia (China central), Shaanxi, Qinghai y Pekín. El Gobierno siempre
ha procedido con mucho tacto con ellos, hasta el punto de subvencionar la peregrinación a
la Meca. Sin embargo, en años recientes los hui han encabezado varias revueltas, motivadas
por la desigualdad socio-económica de la China contemporánea, que favorece al grupo étnico
de los han (etnia china).
Entre los hui también se ha registrado un incremento del extremismo islámico, debido a la
influencia recibida durante las peregrinaciones y al encuentro de la versión hui del islam,
propia de China, con ulemas paquistaníes o saudíes más fundamentalistas.
En un intento de controlar este tipo de influencias, China ha dispuesto que Arabia Saudí solo
podrá extender visados para la peregrinación desde el Consulado saudí de Pekín y exclusivamente
a ciudadanos que estén en posesión de un permiso de la Asociación Patriótica Islámica.
Esta nueva norma, en vigor desde 2006 y válida también para los uigures y los hui,
ha reducido en muchos miles el número de creyentes que participan en el haj. Al Gobierno
chino le preocupa el hecho de que incluso entre la población hui –habitualmente tranquila–
se esté registrando un extremismo cada vez más poderoso que podría ocasionar tensiones
sociales. En muchas zonas hui, en su día célebres por su islam liberal (donde hay incluso
mezquitas encabezadas por mujeres imanes), se puede constatar una creciente masificación
en los encuentros de oración, un aumento del uso del velo islámico y del número de jóvenes
que eligen estudiar árabe y el Corán (cfr. South China Morning Post, 4/10/2006).

7. Budismo tibetano en China
Desde la invasión del Tíbet en 1950, Pekín intenta subyugar a la población y a su líder político
y espiritual, el Dalái Lama, que huyó en 1959 a India. Presionada por la comunidad
internacional, China ha mantenido conversaciones con emisarios del Dalái Lama para abordar
su posible retorno al Tíbet, pero siempre ha concluido que el líder budista tibetano «pretende
dividir la patria» y prepara la independencia de la región del Himalaya. Lo cierto es
que, hace ya varios años, el Dalái Lama abandonó la idea de la independencia, proponiendo,
en su lugar, un régimen de semiautonomía para el Tíbet, similar al de Hong Kong siguiendo
el lema: un país, dos sistemas.
Además, en Pekín preocupa que la comunidad tibetana del extranjero pueda planificar su
entrada por la fuerza en China para dar publicidad a su causa, aprovechando los Juegos
Olímpicos. Al menos 30 atletas tibetanos en el exilio han solicitado permiso al Comité
Olímpico Internacional para participar en las Olimpiadas bajo la bandera tibetana, solicitud
que, no obstante, ha sido denegada.
Pese a que el Dalái Lama se circunscribe de forma creciente a asuntos espirituales, Pekín
sigue recalcando su importancia política y critica a todo aquel que lo apoye desde el extranjero
(Estados Unidos, Alemania, Australia, Canadá, etc.).
Al tener noticia de la posible visita del pasado 13 de diciembre del Dalái Lama al Vaticano,
Pekín amenazó con «serias consecuencias para la Santa Sede» (cfr. AsiaNews, 2/11/2007).
Dentro del país, China persigue cualquier tipo de conexión con el Dalái Lama. La posesión
de fotos o grabaciones de discursos suyos es considerada un delito contra la seguridad del
Estado.

Reencarnaciones controladas
Simultáneamente, el Gobierno de Pekín –en principio, ateo– intenta controlar las ceremonias
y rituales tibetanos para que las tradiciones budistas queden sometidas al Partido.
Con el fin de preparar la sucesión del Dalái Lama, Pekín ha dispuesto que, a partir del 1 de
septiembre de 2007, todas las reencarnaciones de los lama, incluidas las del Dalái Lama, deben
obtener el visto bueno del Gobierno.
Ya en 1995, Pekín había intervenido de forma significativa en los rituales y tradiciones budistas.
En aquel año, el Dalái Lama reconoció a un niño de 6 años, Gedhun Choekyi Nyima,
como la undécima reencarnación del Panchen Lama, a lo cual China respondió con el
secuestro del niño y su familia. El Gobierno chino aplicó un método que consideraba más
efectivo y realista: el de elegir a otro niño, Gyaincain Norbu. En la actualidad, Norbu se ha
convertido en defensor de la política china en Tíbet, al tiempo que Nyima lleva ya doce años
secuestrado.
Según informes oficiales, entre noviembre y diciembre de 2007 dos monjes ancianos de 71
años de edad (Gyaltsen Tsepa Lobsang y Yangpa Locho) «se ahorcaron» en el monasterio
de Tashilhunpo, sede oficial del Panchen Lama y escenario de una de las manifestaciones
más violentas contra el régimen chino jamás registradas en Tíbet. Según varios lamas locales,
el Gobierno y los abades del monasterio siempre habían humillado y marginado a estos
dos monjes por considerarlos culpables de haber educado a los instigadores de la revuelta
(acaecida a principios de los años noventa) y, ante todo, de haber reconocido al undécimo
Panchen Lama, más tarde secuestrado por las autoridades chinas. Ambos habían sido acérrimos
defensores del Dalái Lama, cuyo sucesor se suponía que debían reconocer.

Torturas y trabajos forzados para los jóvenes
Para escapar al genocidio cultural y religioso, cada año entre tres y cuatro mil tibetanos intentan
abandonar el país para refugiarse en India, atravesando Nepal y pagando a contrabandistas
que los ayudan a cruzar la frontera. De hecho, resulta imposible obtener un permiso
normal de las autoridades chinas. En India, los tibetanos pueden mantener su cultura
y, sobre todo, reunirse con su líder espiritual, el Dalái Lama, que vive en Dharamsala junto
con el Gobierno tibetano en el exilio. Al menos un 50% de quienes osan realizar este peligroso
viaje son niños cuyos padres quieren que asistan a escuelas que mantienen viva la
identidad tibetana, algo del todo imposible en China.
Jamyang Samten, un fugitivo del Tíbet de 15 años de edad, cruzó Nepal y llegó el 29 de enero
de 2007 al Centro de Refugiados Tibetanos de Dharamsala. Allí informó de que el 30 de
septiembre de 2006, la policía china abrió fuego contra 75 tibetanos que intentaban cruzar
la frontera con Nepal en el puerto de montaña de Nagpa, a una altitud de 5.800 metros. Murieron
la monja Kelsang Namtso (17 años) y un hombre de 23 años de edad. El tiroteo fue
hecho público por unos turistas occidentales que lograron filmarlo. Más tarde, 41 de los tibetanos
lograron escapar y llegar a India, mientras que los 32 restantes fueron capturados
por la policía, entre ellos, Jamyang. Tras el tiroteo, el grupo (compuesto por jóvenes meno-
res de 20 años) logró esconderse en la nieve durante tres días, hasta quedarse sin comida.
Cuando salieron de sus escondites, la policía los capturó, los subió a un camión y se los llevó
a unos barracones. Durante tres días, los mayores de 15 años fueron interrogados y golpeados.
Todos fueron trasladados a la prisión de Shigatse, la segunda ciudad más grande del
Tíbet, donde fueron nuevamente interrogados y golpeados, y luego encadenados a un muro.
Durante 48 días tuvieron que cavar zanjas y erigir vallas. Después, Jamyang recuperó la
libertad y regresó a su casa, pero su deseo de ver al Dalái Lama era tan fuerte que volvió a
asumir el riesgo de viajar a India. Finalmente, logró su objetivo pagando a guías nepalíes
que lo ayudaron a cruzar la frontera (cfr. AsiaNews, 31/1/2007)

Detenciones
A mediados de octubre de 2007, la policía china aplastó violentamente una manifestación
de monjes budistas tibetanos que celebraban que se hubiera concedido al Dalái Lama la Medalla
de Oro del Congreso de Estados Unidos.
Los agentes de la policía han arrestado a muchos monjes en Lhasa, la capital del Tíbet. En
las cercanías de los monasterios de Drepung y Nechung, aislados para mantener a los miles
de monjes alejados del resto de la población, ha habido enfrentamientos con la policía y las
fuerzas armadas. La represión policial comenzó cuando se percataron de que los monjes estaban
pintando de blanco los muros de los edificios, siguiendo un ritual que denota «alegría
y purificación». La noticia de estas detenciones no se difundió rápidamente porque las autoridades
ordenaron la desconexión de todas las líneas de Internet en Tíbet el pasado 17 de
octubre, coincidiendo con la concesión de la medalla. Según Pekín, Estados Unidos «ha cometido
un grave error» al condecorar al líder budista, al que califica de «peligroso instigador
independentista» (AsiaNews, 23/10/2007).

El 1 de agosto, durante los festejos del 80.º aniversario del Ejército Popular de Liberación
en Lithang (provincia de Sichuan), Ronggay A’drak, un nómada tibetano de 52 años de edad
de Youru (subdivisión territorial de Kardze), logró encaramarse a la plataforma de los festejos
y gritar consignas en favor de la independencia del Tíbet y el retorno del Dalái Lama.
Inmediatamente fue arrestado, ante lo cual, más de 200 tibetanos organizaron una sentada
frente a la prisión. Según la agencia de noticias china Xinhua, fueron dispersados sin problemas
y todo acabó bien. Según Radio Free Asia, también hubo varios detenidos.
Conforme a una información facilitada por el Centro Tibetano para los Derechos Humanos
y la Democracia (TCHRD), el Tribunal Intermedio Popular de Lhasa condenó al monje tibetano
Sonam Gyalpo a doce años de prisión por «poner en peligro la seguridad del Estado
». Su familia recurrió la sentencia, dictada a mediados de 2006.

A finales de agosto de 2005, durante los festejos del cuarenta aniversario de la creación de
la Región Autónoma del Tíbet, detuvieron a Sonam. La policía declaró haber encontrado en
la casa del cuadragenario cuatro vídeos con enseñanzas del Dalái Lama, documentos políticos
e imágenes del líder espiritual budista, en el exilio desde 1959. Tras el registro domiciliario,
le tendieron una trampa en una salida secundaria del palacio de Potala, desde don-
de los agentes se lo llevaron secuestrado en un coche sin matrícula. Durante meses no se supo
nada de él.
Sonam, que había sido monje en el monasterio de Drepung, era uno de los 21 monjes que
en 1987 habían organizado una manifestación en Lhasa. En aquella ocasión fue acusado de
contrarrevolucionario y pasó tres años en la prisión de Drapchi. En 1993 volvieron a encarcelarlo
por un año.
En la actualidad se encuentra recluido en una prisión de Qushui, al oeste de Lhasa. El
TCHRD afirma que Sonam no ha infringido ninguna ley y ha denunciado su caso ante el
Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU, en la esperanza de que este organismo
intervenga contra su encarcelación ilegal.

Persecución económica
Una de las razones por las que China ignora la reivindicación de independencia del Tíbet
son los recursos naturales de esta región montañosa. De ahí que, junto a la persecución religiosa,
haya también una persecución motivada por intereses económicos que ha dado lugar
a un auténtico genocidio cultural del pueblo tibetano.
A finales de mayo de 2007, varios cientos de tibetanos organizaron una revuelta para protestar
contra la explotación de la montaña sagrada de Yala. Durante dicha protesta, organizada
ante una empresa minera, muchos tibetanos residentes en Bamei (provincia de Sichuan)
desafiaron al Gobierno y destruyeron numerosos coches.
La montaña de Yala, que se eleva sobre la llanura de Tagong, es una de las nueve montañas
sagradas de los tibetanos. Según los habitantes de Bamei, en sus minas se extrae plomo y
zinc.
El Gobierno intentó frenar inmediatamente la revuelta y las autoridades de Bamei anunciaron
que había sido aplastada. Según un tibetano, varias personas murieron, pero este dato
no ha sido confirmado. No obstante, ocho ciudadanos de Bamei, que presentaron una petición
al Gobierno de Sichuan, llevan desaparecidos desde entonces.
La exuberante pradera que rodea la montaña se extiende hacia el oeste de Sichuan. Para los
tibetanos, esta es la región Kham, una de las provincias tradicionales de Tíbet que limita con
la Región Autónoma del Tíbet (AsiaNews, 12/6/2007).
En nombre del desarrollo industrial del Tíbet, las autoridades chinas están obligando a los
líderes de las tribus nómadas a asentarse en las ciudades para «limpiar» las regiones no urbanizadas
y destinarlas a usos industriales. De esta forma, los nómadas pierden el arraigo
de sus tierras ancestrales y acaban en la pobreza. Según Human Rights Watch, a los líderes
tribales se les obliga a sacrificar rebaños enteros de yaks, ovejas y cabras antes de trasladarse
a zonas urbanizadas; a cambio, las autoridades de Pekín les pagan una indemnización
mínima por la destrucción de la economía local. Hay cientos de miles de personas afectadas
por esta política. Según uno de los deportados, «los chinos destruyen nuestras comunidades,
no nos permiten vivir en nuestras tierras y aniquilan nuestro estilo de vida». Según
Pekín, esta operación –que también afecta a las provincias limítrofes de Sichuan, Gansu y
Qinghai– forma parte de un plan de desarrollo para la parte occidental del país, que es pobre
y está atrasada.
La apertura el 1 de julio de 2006 de la línea ferroviaria Qinghai–Lhasa suscitó protestas entre
los tibetanos, que consideran que se trata de una forma de incrementar el control. Pekín
siempre responde que solo desea llevar la prosperidad y el desarrollo a esta región. Actualmente,
el Gobierno está intensificando los transportes al Tíbet y construyendo nuevas carreteras
que conectan con la línea de ferrocarril, como muestran las imágenes por satélite de
Google. Además, dicha línea se está extendiendo desde Lhasa hacia Shigatse, al oeste, y más
allá. Según expertos, en el extremo occidente de la región hay yacimientos de gas y petróleo,
y los yacimientos de cobre de Yulong son los segundos en importancia del país. Mientras tanto,
los activistas denuncian que la situación en Tíbet no ha mejorado en absoluto y que los
fondos estatales destinados a educación y sanidad son inferiores a los del resto de China.
Matt Whitticase de Free Tibet Campaign ha observado que «China jamás pensó en la posibilidad
de que el ferrocarril pudiera serle de utilidad a la población tibetana». Según estimaciones
de esta ONG, en Tíbet se encuentra cerca del 40% de los recursos minerales chinos,
incluidos petróleo, carbón, uranio, oro y cobre. Sin embargo, su explotación no aporta
ventajas al pueblo tibetano, sino más bien a los han (chinos) que, animados por Pekín, se
han trasladado a Tíbet, donde ya llevan un tiempo siendo la clase dominante.

8. Hong Kong
El tema de la libertad religiosa y sus implicaciones sociales, educativas y políticas es debatido
ampliamente en este territorio, gracias a la vigorosa defensa de este derecho por parte
del cardenal Joseph Zen, el obispo católico de Hong Kong. El prelado, que defiende en la
antigua colonia la libertad de expresión y educación y la democracia, agita al mundo cultural
y político para que no caiga en la tentación de seguir el ejemplo de China e invalide la
fórmula de coexistencia entre Hong Kong y China, que Deng Xiaoping resumió así: «Una
nación, dos sistemas».
Frente a China, Mons. Zen se ha convertido en portavoz del deseo de libertad religiosa total
para su Iglesia y las demás religiones. Desde su consagración como cardenal (22 de febrero
de 2006) y la imposición de la birreta cardenalicia (24 de marzo de 2006), considera
que el rojo de su vestimenta representa «la sangre y las lágrimas de los numerosos héroes
anónimos de las Iglesias oficial y clandestina, que tanto han sufrido para permanecer fieles
a la Iglesia». Frente a él, Pekín mantiene una postura dividida. Según Antonio Liu Bainian,
secretario general de la Asociación Patriótica, el nombramiento de Mons. Zen representa
«una acción hostil contra China». Según el ministro de Exteriores Li Zhaoxing, se trata de
un acontecimiento positivo. En una entrevista con South China Morning Post declaró:
«Hong Kong es una provincia china, y sus habitantes son nuestros compatriotas. China está
feliz con los logros de estos compatriotas» (cfr. AsiaNews, 9/3/2006).
El 30 de julio de 2006, con ocasión de la Jornada de la Juventud Asiática celebrada en Hong
Kong, el cardenal informó de que cuatro provincias chinas habían prohibido la asistencia a
sus jóvenes católicos. En total, acudieron unos 1.000 jóvenes de todo el continente (Asia-
News, 31/7/2006).
Con ocasión del décimo aniversario del retorno de Hong Kong a la patria madre (1 de julio
de 1997) y a contracorriente de quienes exaltan a priori dicho acontecimiento, el cardenal
Zen demostró con datos que el número de pobres había aumentado en el territorio. El prelado
pidió al Gobierno que se implicara más en el apoyo a la población, oprimida a raíz de
una alianza entre China y los poderosos empresarios hongkoneses, y exhortó a los católicos
a ocuparse de los necesitados (AsiaNews, 19/6/2007).
Otro caballo de batalla del cardenal Zen es la libertad de educación. En 2004 el Departamento
de Educación aprobó una ley para la creación de un comité para la gestión escolar
(School Management Committee, SMC) con personalidad jurídica propia, separado de las
instituciones promotoras de la educación. Según el Gobierno, esto garantizaría una mayor
transparencia y democracia, mientras que, para los gestores de la educación, solo representa
una medida para interferir en la gestión interna que priva a la educación de su libertad organizativa.
Por ley, las nuevas medidas deberán implementarse hasta 2012. Sin embargo, quienes realizan
la adaptación de inmediato reciben ayudas y facilidades económicas. La diócesis de
Hong Kong ha decidido recurrir la ley ante los tribunales, calificándola de «discriminatoria
y racista». Actualmente, la diócesis y las congregaciones católicas presentes en la Región
Administrativa Especial de Hong Kong gestionan 221 escuelas primarias y secundarias
(AsiaNews, 11/12/2006).
El cardenal Zen cuenta con el apoyo explícito de las comunidades cristianas anglicanas y
ortodoxas. En cambio, las demás comunidades religiosas (budistas, taoístas, confucianos)
prefieren adoptar una postura menos combativa. Una muestra de la competencia que existe
entre las religiones tradicionales chinas (favorables a Pekín) y los cristianos es la propuesta
del Ministerio para Asuntos Religiosos chino de que Hong Kong acepte instaurar un día festivo
en honor a Confucio (28 de septiembre), aboliendo en su lugar una de las fiestas pascuales
cristianas (cfr. AsiaNews 23/4/2007).

9. Taiwán
En Taiwán, las comunidades religiosas gozan de total libertad religiosa.
A menudo, la República Popular China cita y critica las relaciones diplomáticas con Taiwán
como uno de los obstáculos que impiden mejorar las relaciones diplomáticas entre Pekín y
la Santa Sede. El otro obstáculo es «su interferencia en los asuntos chinos utilizando como
pretexto la religión» y el nombramiento de obispos. Sin embargo, las autoridades eclesiásticas
y políticas saben bien que esto último es el obstáculo real.
En 2007, también la Iglesia ruso-ortodoxa mantuvo relaciones con Taiwán, en la esperanza
de despertar el interés de Pekín y ser reconocida como religión oficial.
El 4 de abril de 2007 se celebró en Moscú un encuentro entre el secretario del Departamento
de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú, arcipreste Nikolai Balashov, y la repre-
sentante oficial de Taiwán en Moscú, Ángela Siu, que fue descrito como «constructivo» en
la página de Internet http://www.orthodoxytoday.org. Ambas delegaciones hablaron sobre la mejor
manera de establecer relaciones entre las organizaciones públicas y sociales taiwanesas
y de la asistencia pastoral a los creyentes ortodoxos residentes en la isla. Además, se abordó,
sin entrar en detalles, la posible visita a Taipéi de una delegación de la Iglesia ruso-ortodoxa.

Imponen silencio a la Reina.

Las declaraciones de la Reina a Pilar Urbano han generado una gran polémica.
Imponen silencio a la reina de España: quieren callar una voz laica.

Érase una vez un reino en el que era un acto heroico decir en voz alta las cosas que eran evidentes. Érase una vez un reino en el que el heroísmo era superlativo si el que decía cosas evidentes, además, las decía para todos, no las empaquetaba como “opiniones personales” o privadas.

Érase una vez un reino en el que su reina, llegada la madurez de su vida, cuando cumplía 70 años, después de décadas de servicio, de muchas renuncias personales que no cualquier mujer hubiera aguantado, decidió decir algunas cosas evidentes, con sencillez y con normalidad, pero con la convicción de que lo que decía era válido para todos.

Érase un reino en el que su reina, por fin, hizo un ejercicio de laicidad y afirmó que a lo largo de su ya larga vida y de su experiencia había adquirido algunas evidencias que podían servir para todos. En aquel reino se desató una ola de eso que Péguy llamaba el clericalismo de izquierdas y de derechas. Vida: “No soy partidaria de la eutanasia. La vida y la muerte no está en nuestra mano”. Razón: “Se ha de enseñar religión en los colegios, al menos hasta cierta edad: los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida”. Diferencia sexual: “Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual, pero ¿que se sientan orgullosos por ser gays? ¿Que se suban a una carroza y salgan en manifestaciones? Si todos los que no somos gays saliéramos en manifestación… colapsaríamos el tráfico. Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios y casarse, pueden estar en su derecho, o no, según las leyes de su país: pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles: contrato social, contrato de unión”.

Así responde Doña Sofía a algunas de las preguntas que le hace la periodista Pilar Urbano en su libro La Reina muy de cerca. Ha aparecido una verdadera laica y les ha faltado tiempo a los nuevos clérigos para mandar callar. La portada del Público como la cadena de televisión La Sexta, el nuevo emporio mediático de los amigos de Zapatero, es la más clara: le niega el derecho a hablar. Los clérigos de los colectivos gays utilizan un recurso muy viejo, expresan su superlativo escándalo con adjetivos altisonantes: “inaudito, retrogrado, intolerable”. Lo mejor de todo es cuando hablan de “declaraciones frívolas”. Moralina de los nuevos clérigos que se apoya en que el Parlamento ya ha sentenciado la cuestión.

Pero nadie parece dispuesto a entrar en el fondo de la cuestión, en el contenido de las declaraciones. ¿Es o no una evidencia que todos podemos compartir que la vida no está en nuestras manos? ¿Qué consecuencias tiene esa evidencia para ordenar nuestra vida en común? ¿Es o no conveniente que los niños se pregunten por el origen de las cosas? Se quieren silenciar a toda costa ésas y otras preguntas. Y cuando toda una reina las plantea, la Casa Real opta por privatizarlas, eran “opiniones privadas”. Y los clérigos del PP y del PSOE se conjuran para censurarla. Ni a Doña Sofía le dejan ser laica.