Amenábar ha desvirtuado la historia de Hipatia para reforzar el sentimiento antirreligioso

La última película de Amenábar, ambientada en el Egipto de los siglos IV y V, habla de la intolerancia y el lastre que las religiones suponen para el desarrollo de las ciencias y el progreso, a la vez que muestra a Hipatia, su protagonista, como un nuevo estandarte de `laicidad santa´. Un contexto histórico deformado, para abordar los temas culturales que a Amenabar le interesa difundir. Así lo han explicado, profesores de la Universidad Complutense y el CEU, que, a propósito de ‘Àgora´, han analizado el marco histórico y el mensaje del film en una mesa redonda organizada por la Universidad CEU San Pablo, titulada ‘La verdadera historia de Hipatia’.

Hipólito Sanchiz, Alejandro Rodríguez de la Peña, Miguel Herrero y Juan Orellana.

• El film habla de la intolerancia y el lastre que las religiones suponen para el desarrollo de las ciencias y el progreso, a la vez que muestra a Hipatia, su protagonista, como un nuevo estandarte de `laicidad santa´ según han comentado los participantes de la mesa redonda organizada por el CEU

• La figura de San Cirilo es una de las que más se perjudica en la película, retratado como un personaje tosco, “siendo en realidad uno de los teólogos más sabios de la Iglesia, que aplica las categorías neoplatónicas al concepto de la Trinidad, que se debate posteriormente en dos concilios”, explica el profesor de la Complutense Miguel Herrero El profesor de narrativa audiovisual de la Universidad CEU San Pablo, Juan Orellana, ha comentado que el director madrileño “muestra un retrato de Hipatia llena de virtudes, que se identifican con la antropología cristiana, es bondadosa, tolerante,  prudente, gentil con los esclavos, ama y busca la verdad, incluso una  virgen consagrada al estudio de la Ciencia. Y además, se le representa en oposición a un cristianismo corrupto. Es una santa laica, que muere mártir del fanatismo religioso”.Lo que presenta la filmación, a juicio del ponente, es la supuesta contraposición entre un ámbito de la razón, representado por Hipatia y sus clases, como templo de la cultura y el respeto, frente al escenario de las revueltas callejeras de los fanáticos religiosos. “Se muestra la imagen de una religión que detesta la Ciencia como si fuera el enemigo”, asiente Orellana. “Con la película no se pretende cambiar la concepción que el espectador tiene de un hecho histórico del pasado, sino lo que interesa es que el público emita un juicio sobre realidades del presente” ha apuntado el profesor de Narrativa. Así, “el cineasta propone su propia filosofía de la Historia, y digo Historia con minúsculas”. De tal forma que el espectador puede concluir “qué desgracia para los hombres que hayan existido las religiones”.Ha explicado Orellana, que, pese a ser un indiscutible profesional, el cineasta está perdiendo oportunidades de hacer buen cine a costa de difundir ideales culturales que a él le interesan, como se ha hecho patente en `Mar abierto´. Así, “la película tiene un eje trasversal feminista, ya que se le atribuyen a Hipatia, personaje histórico del SVI, notas reivindicativas del S.XX.”, comenta. Así, la versión de la historia de Hipatia que propone Amenábar induce a un choque irremediable entre la fe y la razón, confundiendo con la “fe” a la superstición, y entendiendo por “razón” sólo el concepto que se identifica con su vertiente más positivista y matemática.Se da una imagen sesgada, falsa y difícil de creer si se recuerda la obra de San Cirilo y la aportación de la Iglesia Católica a lo largo de los siglos para el desarrollo de las Artes y las ciencias. “Sólo hay que repasar el pontificado de Benedicto XVI, y su encíclica `Fides et Ratio´”, comenta.En cuanto a la representación del contexto histórico que realiza el film, el académico y profesor de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, Miguel Herrero, ha destacado que la imagen que aparece de la iglesia de Clemente y Cirilo, es justamente “opuesta a la real”. Así, la Iglesia de Alejandría que se muestra en la película es una Iglesia que interpreta la Escritura al pie de la letra, cuando Alejandría era justo un claro estandarte de conciliación entre fe y razón. “Este enfoque niega la variedad del cristianismo del momento”, comenta el profesor.Así, la figura de San Cirilo es una de las que más se perjudica en la película, retratado como un personaje tosco, “siendo en realidad uno de los teólogos más sabios de la Iglesia, que aplica las categorías neoplatónicas al concepto de la Trinidad, que se debate posteriormente en dos concilios”, explica el profesor de la Complutense.Otros detalles, como la edad verdadera de Hipatia en el momento de su asesinato, no reflejan la realidad, ya que se calcula que la letrada rondaría por aquel momento los cincuenta años, afirma el profesor Miguel Herrero. Así, se presenta la Alejandría de los siglos III, IV y V como la cuna de la cultura pagana, atribuyendo el progreso como propiedad exclusiva de éstos, y siendo los cristianos un componente que promovió la rebelión, comenta Hipólito Sanchiz, profesor Historia de la Universidad CEU San Pablo. Por el contrario, “en el momento histórico al que se remite la película finalizan cincuenta años de anarquía militar, de hecho, en el mismo siglo IV son asesinados dos obispos”.En cuanto a las fuentes literarias fiables que existen sobre la muerte de Hipatia, declara Alejandro Rodríguez de la Peña, profesor Historia Medieval de la CEU USP, “son escasas y difusas”. El profesor destaca que la obra más fiable de las dos más cercanas en al tiempo de Hipatia, apelando a un profesor de la Universidad de Harvard, es la de Sócrates el eclesiástico, escritor católico, y la otra es la crónica del arriano Filostorbio, que apuntaba incluso que la filósofa había sido bautizada al arrianismo.

 

 

Benedicto XVI plantea el reto de evangelizar con medios digitales sin alterar el Evangelio

 

El Papa Benedicto XVI afirmó que los nuevos instrumentos y formas de comunicar en el “continente digital” presentan a la Iglesia el reto de “anunciar el Evangelio a la humanidad del tercer milenio, conservando su contenido inalterable”.

Al recibir a los participantes en la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales que en estos días analiza el papel de las nuevas tecnologías, el Santo Padre recordó que “la cultura moderna, se asienta, todavía antes que en los contenidos, en el hecho mismo de la existencia de nuevas formas de comunicar que utilizan nuevos lenguajes, se sirve de nuevas técnicas y crea nuevas actitudes psicológicas”.

“Todo ello supone un reto para la Iglesia, llamada a anunciar el Evangelio a la humanidad del tercer milenio, conservando su contenido inalterable, pero haciéndolo comprensible también gracias a instrumentos y modalidades afines a la mentalidad y la cultura de hoy”, indicó.

El Pontífice explicó que “la Iglesia ejerce lo que podríamos llamar una ‘diaconía de la cultura’ en el actual ‘continente digital’, recorriendo sus caminos para anunciar el Evangelio, la única Palabra que puede salvar al ser humano”.

Señaló que “toca al Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales la tarea de profundizar en los elementos de la nueva cultura de los medios, empezando por los aspectos éticos, y la de ejercer un servicio de orientación  y de guía para ayudar a las Iglesias particulares a percibir la importancia de la comunicación, que representa un punto clave e irrenunciable de cualquier plan pastoral”.

El Santo Padre citó las Instrucciones Pastorales “Communio et progressio” de Pablo VI y “Aetatis nova” de Juan Pablo II, dos “importantes documentos que han favorecido y promovido en la Iglesia una amplia sensibilización”, sobre los temas ligados a la comunicación.

También recordó la encíclica “Redemptoris missio” de Juan Pablo II en la que afirmaba que “el trabajo en estos medios no tiene solamente el objetivo de multiplicar el anuncio. Se trata de un hecho más profundo porque la evangelización misma de la cultura moderna depende en gran parte de su influjo. No basta, pues, usarlos para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta ‘nueva cultura’ creada por la comunicación moderna”.

El Papa se refirió asimismo al último Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, donde alentaba “a los responsables de los procesos de comunicación en todos los ámbitos, a promover una cultura del respeto por la dignidad y el valor del ser humano, un diálogo enraizado en la búsqueda sincera de la verdad, de la amistad, capaz de desarrollar los dones de cada uno para ponerlos al servicio de la comunidad humana”.

Finalmente, recordó el 50º aniversario de la Filmoteca Vaticana fundada por el beato Juan XXIII, que posee un “rico patrimonio cultural perteneciente a toda la humanidad”, e invitó a proseguir la recogida y catalogación de imágenes “que documentan el camino de la cristiandad, a través del sugestivo testimonio de la imagen”.