“Euskal Herria”, esa invención

“Euskal Herria”, esa invención

Uno de los dramas de la España actual es que los ciudadanos hemos renunciado a nuestros derechos políticos y a ser representados adecuadamente por los dirigentes. Hemos hecho “mutis” acerca de nuestra historia común, de los valores tradicionales que siempre han llevado a España a ser una nación fuerte. Hemos desistido de ser parte activa del edificio democrático, y nos hemos conformado con ser el eterno convidado de piedra. Y así nos va.

Porque, en general, el político español sólo reacciona a base de puyazos. Si Vd. quiere que el ministro de tal ramo se corrija y retire su globo sonda número 7.239 de la legislatura, sólo tiene que convocar una concentración que sea numerosa a las puertas del Congreso, y llamar a los medios de comunicación de Polanco y Roures para que lo cubran. Al día siguiente, el cabizbajo politicucho retirará la medida asegurando que era solamente una hipótesis de trabajo. Y tan fresco, oiga.

Decimos esto porque, según parece, un nutrido grupo de tuercebotas vascos que llevan algunos años viviendo como marajás gracias al Estado Español, ahora dicen que no jugarán el partido de Navidad contra Irán (el partido de las selecciones autonómicas) si en la camiseta no pone “Euskal Herria” en lugar de “Euskadi”, como hasta ahora. Dicen los maradonitas euskaldunes que “se utilizan jugadores de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava, Navarra, y las provincias vasco-francesas de Behe Nafarroa, Lapurdi y Zuberoa, y que por tanto la cosa no puede llamarse “Euskadi”, sino “Euskal Herria”.

Y claro, el problema de ese simulacro de razonamiento es que esa cosa a la que ellos llaman así, “Euskal Herria” no ha sido nunca otra cosa que un ejercicio esforzado y continuado de imaginación colectiva, pero jamás ha tenido el menor apego a la realidad. Nunca ha tenido entidad política, ni jurídica, ni geográfica, ni seguramente tampoco cultural, ya que en cada una de esas zonas existe su propia cultura autóctona, sin que ello suponga ningún argumento de peso para establecer nacionalismo alguno.

Sin embargo, la protesta de estos futbolistas que, insistimos, viven muy bien gracias a lo que cobran de España (en una Liga donde jugasen contra el Bermeo, el Baracaldo o el Elgoibar lo tendrían complicado para mantener su tren de vida), será seguramente aceptada, y el día 23 de diciembre saldrán al campo con un enorme “Euskal Herria” en la chepa. Y aquí todos a callar: los políticos, para no variar, y los ciudadanos.