Monseñor Carlos Osoro afirma que la Iglesia “supone una gran esperanza para una sociedad dolorida”

El arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, invita en su carta de esta semana a los fieles cristianos a contribuir al sostenimiento económico de la Iglesia para que ella, a su vez, “pueda sostener todo lo que hace a favor de las personas y su dignidad” en la “profunda crisis económica actual”.

Monseñor Carlos Osoro

 En su carta, que titula “Todos somos necesarios para mantener abiertas las puertas de la Iglesia”, el prelado expresa que quienes llaman a esas puertas “saben que no se les pregunta cómo viven, qué es lo que hacen, cómo piensan o a qué grupo pertenecen” y que si “llaman a la puerta” para pedir ayuda, “se abren las puertas sin más”.

 A este respecto asegura que “son muchos los que últimamente están llamando a la `puerta de la Iglesia´”. Por ello, que la propia Iglesia se proponga “acompañar y ayudar como lo hizo desde que fue fundada por Jesucristo, pero con una especial intensidad a aquellos que están más afectados por esta crisis”, supone una “gran esperanza para una sociedad que está dolorida”.

 También, el arzobispo de Valencia invita a los cristianos a “escuchar, acompañar y ayudar” y propone “a todos los valencianos y valencianas” algunas vías para actuar, que son “invitaciones compartidas”.

 Así, anima a “vivir en la Belleza”, es decir, que “dejemos limpio lo que estamos encontrando sucio y nunca a la inversa”. Alienta también al “civismo: evitemos el peligro a los demás como si del nuestro propio se tratara”. Además, exhorta a la generosidad “renunciando a nuestros intereses y poniendo por encima los intereses de los que más necesitan, quienes están sufriendo más”.

 También invita al esfuerzo y aboga por que “cultivemos nuestros talentos, sean muchos o pocos, si es que no queremos robar a los demás”. Igualmente, anima a mantenerse en la verdad “que tiene un nombre y unas medidas, Jesucristo, esta Verdad nos hace libres”. Y, por último, insta a tener “una mirada universalizadora: todos los demás y muy especialmente los que más están sufriendo son hijos de Dios y por ello mis hermanos”.

Además, el prelado recuerda que “una manera clara de vivir el Amor de Dios a los hombres” es asumir el “compromiso de ayudar a que la Iglesia pueda ofrecer una respuesta adecuada” a los retos del momento actual, y que “disponga de los medios necesarios para ello”.

 Al término de su carta, el Arzobispo vuelve a invitar a “participar activamente” en la Iglesia y a colaborar económicamente en su sostenimiento. “Nadie debe quedar excluido de la posibilidad de participar en la expansión del amor a las personas que sufren en estos momentos de dificultades”, advierte monseñor Osoro que añade que “todos somos necesarios para hacer el bien” y, para que “sigan abiertas las puertas de la Iglesia a la llamada de los necesitados”.

 

Mons. Martínez Camino: el 17-0 fue un clamor popular en defensa de la vida

El secretario de la Conferencia Episcopal Española Juan Antonio Martínez Camino ha asegurado que “el clamor popular en defensa de la vida” tuvo el sábado en Madrid, tal y como se esperaba, una “expresión vigorosa”. Martínez Camino ha recordado que este proyecto es “un peligro para el sistema legal y también para la convivencia basada en los principios del derecho”.

Monseñor Martínez Camino

El secretario de la Conferencia Episcopal ha manifestado su esperanza de que “en la discusión parlamentaria y en la votación definitiva el proyecto de ley no sea aprobado”.  Martínez Camino ha insistido en que este proyecto “supondría un retroceso grave en la protección de la vida de los que van a nacer, además de un retroceso en la protección de la maternidad, puesto que no se arbitran medidas para facilitar a las mujeres con dificultades el poder llevar adelante su maternidad“.

 Se ha mostrado hoy esperanzado en que el proyecto de ley de reforma de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo “no sea aprobado” durante la discusión parlamentaria y en la posterior “votación definitiva”. Preguntado sobre la posición del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que ha anunciado que la reforma de la citada Ley continuará adelante sin cambios, el secretario general de la Conferencia Episcopal ha dicho que no realiza manifestaciones
“sobre declaraciones políticas” sino sobre el proyecto de ley
.

 Además, ha señalado que la reforma de la Ley supondrá “un grave quebranto del bien común, porque desproteger la maternidad y desproteger el derecho a la vida es algo muy básico para la convivencia social y, por lo tanto, para el bien común“.

En su opinión, esta movilización “ha mostrado que la sociedad española está viva en su percepción ética de los principios básicos de la convivencia social“. Al respecto, ha añadido que un proyecto de ley que “consagre como pretendido, supuesto, incomprensible derecho, por tanto derecho inexistente, el derecho a eliminar la vida de un ser humano, es un peligro para el sistema legal y para la convivencia basada en los principios realmente de derecho, no en principios de fuerza“.

 Martínez Camino ha sostenido que “la verdadera igualdad entre seres humanos exige que todos seamos iguales en el derecho fundamental a vivir“, ya que “la dignidad intocable del ser humano incluye como uno de sus elementos fundamentales la intangibilidad de la vida y esto es para todos los seres humanos“.

El nuevo Nuncio de Su Santidad en España llega a Madrid

Renzo Fratini, nuevo nuncio apostólico en España

 En la sala de autoridades del aeropuerto de Barajas, ha sido recibido, entre otros, por Mons. Santo Gangemi, Consejero de la Nunciatura, que ha estado al frente de la delegación pontificia en calidad de Encargado de Negocios desde que el anterior Nuncio marchó a Roma; y por el obispo auxiliar de Madrid y Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, Mons. D. Juan Antonio Martínez Camino.

 La Santa Sede hizo público su nombramiento como Nuncio Apostólico en España y en el Principado de Andorra el 20 de agosto de este año, en sustitución de Mons.Manuel Monteiro de Castro, quien fue nombrado por el Papa Benedicto XVI secretario de la Congregación para los Obispos.

 Monseñor Fratini nació en Macerata (Italia) el 25 de abril de 1944. Recibió la ordenación sacerdotal el 6 de septiembre de 1969 y es Doctor en Derecho Canónico. En 1974 ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede y ha desempeñado sus funciones en las sedes de Japón, Nigeria, Etiopia, Grecia, Ecuador, Jerusalén y Palestina y Francia. El 7 de agosto de 1993 fue nombrado Nuncio Apostólico en Pakistán; el 8 de agosto de 1998, en Indonesia, y el 24 de junio de 2003 se le nombró también Nuncio Apostólico en Timor Oriental. Desde el 27 de enero de 2004 ha sido Nuncio Apostólico en Nigeria.

 En próximas fechas, después de presentar sus cartas Credenciales a Su Majestad el Rey, Mons. Fratini ofrecerá una recepción de bienvenida en la Nunciatura Apostólica.

 

Carta a los enfermos en el año sacerdotal

Por monseñor Zygmunt Zimowski, presidente del Consejo Pontifcio para la Salud, a los enfermos y los que sufren en el mundo con ocasión del año sacerdotal.
 

 Queridos Hermanos y Hermanas Enfermos
Venerados Hermanos Obispos y Sacerdotes, responsables de la pastoral de los enfermos
Estimadas asociaciones de enfermos
A todos vosotros que prestáis el precioso servicio a los enfermos:
Estamos en pleno desarrollo del Año Sacerdotal convocado por Bene dicto XVI el 19 de junio de 2009 con ocasión del 150° aniversario del nacimiento de Juan María Vianney, el Santo Patrón de todos los párrocos del mundo. En la Carta para la convocación del Año Sacerdotal el Santo Padre escribe: «Este año es una ocasión para promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo». En este tiempo de gracia toda la comunidad cristiana está llamada a redescubrir la belleza de la vocación sacerdotal y, por tanto, a orar por los sacerdotes.
A la cabecera del enfermo, el sacerdote representa al mismo Cristo, Médico Divino, que no es indiferente ante la suerte del que sufre. Antes bien, a través de los sacramentos de la Iglesia, que administra el sacerdote, Jesucristo ofrece al enfermo una curación mediante la reconciliación y el perdón de los pecados, por medio de la unción con el óleo sagrado y finalmente en la Eucaristía, en el viático en el cual, como acostumbraba decir San Juan Leonardi, Él mismo se convierte en «el fármaco de la inmortalidad por el que “somos confortados, nutridos, transformados en Dios y partícipes de la naturaleza divina” (cf. 2Pt 1,4)». Por tanto, en la persona del sacerdote está presente junto al enfermo el mismo Cristo que perdona, cura, consuela, toma de la mano y dice: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11,25).

El Año Sacerdotal se concluirá en el mes de junio de 2010, año en que el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios celebrar&aacut e; el XXV aniversario de su institución. En efecto, el Siervo de Dios Juan Pablo II, de venerada memoria, instituyó este Dicasterio Pontificio el 11 de febrero de 1985, en la fiesta de la Bienaventurada Virgen de Lourdes, para manifestar «la solicitud de la Iglesia para los enfermos, ayudando a quienes realizan un servicio para con los que están enfermos y los que sufren, con el fin de que el apostolado de la misericordia, al que se dedican, responda cada vez mejor a las nuevas exigencias» (Pastor Bonus, art. 152).
En razón de esta providencial conmemoración, estoy cerca a cada uno de vosotros y os invito, queridos hermanos y hermanas enfermos, a dirigir incesantemente vuestras oraciones y el ofrecimiento de los sufrimientos al Señor de la vida en favor de la santidad de vuestros amados sacerdotes, a fin de que desempeñen con entrega y caridad pastoral el ministerio que Cristo Médico del cuerpo y del alma les ha confiado. Os exhorto a redescubrir la belleza de la oración del Santo Rosario en beneficio espiritual de los sacerdotes, en particular modo en el mes de octubre. Además de esto, cada primer jueves y cada primer viernes del mes, dedicados a la devoción eucarística y al Sagrado Corazón respectivamente, son días particularmente oportunos para participar en la Santa Misa y en la adoración del Santísimo Sacramento.

Quisiera hacerles presente que, al orar por los sacerdotes, se pueden obtener este año indulgencias especiales. El Decreto de la Penitenciaría Apostólica dispone:
«A los ancianos, a los enfermos y a todos aquellos que por motivos legítimos no puedan salir de casa, si con el espíritu desprendido de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres acostumbradas condiciones, en su casa o donde se encuentren a causa de su impedimento, en los días antes determinados rezan oraciones por la santificación de los sacerdotes y ofrecen con confianza a Dios, por medio de María, Reina de los Apóstoles, sus enfermedades y los malestares de su vida.

Por último, se concede la indulgencia parcial a todos los fieles cada vez que recen con devoción en honor del Sagrado Corazón de Jesús cinco padrenuestros, avemarías y glorias, y otra oración aprobada específicamente, para que los sacerdotes se conserven en pureza y santidad de vida».
Quisiera confiar también a vuestras oraciones la peregrinación de los capellanes hospitalarios que, con ocasión del XXV aniversario de la institución del Pontificio Consejo, se llevará acabo el mes de abril próximo, primero en Lourdes y luego en Ars. De hecho, existe una profunda vinculación entre estas dos ciud adelas francesas. Hablando precisamente de este nexo providencial en su Carta para la convocación del Año Sacerdotal, Benedicto XVI ha recordado la observación del beato Papa Juan XXIII que escribió: «”Poco antes de que el Cura de Ars terminase su carrera tan llena de méritos, la Virgen Inmaculada se había aparecido en otra región de Francia a una joven humilde y pura, para comunicarle un mesaje de oración y de penitencia, cuya inmensa resonancia espiritual es bien conocida desde hace un siglo. En realidad, la vida de este sacerdote cuya memoria celebramos, era anticipadamente una viva ilustración de las grandes verdades sobrenaturales enseñadas a la vidente de Massabielle” (…). El Santo Cura recordaba siempre a sus fieles que “Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir, de su Santa Madre”».

A vosotros, pues, queridos hermanos y hermanas que estáis enfermos y a los que sufrís confío la Iglesia que tiene necesidad de vuestras oraciones y sufrimientos, la persona del Santo Padre Benedicto XVI y todos los obispos y sacerdotes del mundo, y todos los que trabajan diariamente por vuestra santificación. Os pido una oración especial por los sacerdotes enfermos y probados en el cuerpo que cada día experimentan como vosotros el peso del dolor, junto a la fuerza de la gracia salvífica que consuela y resana el alma.

Asimismo, orad por la Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II. Orad con insistencia por las santas vocaciones sacerdotales y religiosas. Al respecto, os propongo una bella oración de Juan Pablo II que podeis recitar cada día. ¡Orad también por mí! También yo como sacerdote y obispo confío en vosotros y en el ofrecimiento de vuestros sufrimientos a fin de que desempeñe en el modo mejor y en el temor de Dios la tarea como Presidente del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, que me ha sido confiada por el Santo Padre. Por mi parte, os aseguro mi oración por vosotros, junto con mis colaboradores del Pontificio Consejo, cada día en la hora del “Angelus” con las palabras de Benedicto XVI:

Oremos por todos los enfermos,
especialmente por los más graves,
que de ningún modo pueden proveer a sí mismos,
sino dependen totalmente de los cuidados de los demás:
que cada uno de ellos experimente,
en la soledad de quien le está al lado,
el poder del amor de Dios y la riqueza de su gracia que salva.
¡María, salud de los enfermos, ruega por nosotros! (Angelus, 8.02.2009)
Con este espíritu de oración recíproca imparto a vosotros, a vuestros seres queridos y a los que se ocupan de vosotros mi bendición: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

+Zygmunt Zimowski
Presidente del Pontificio Consejo
para los Agentes Sanitarios

 Vaticano, 1 de octubre de 2009

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES SACERDOTALES Y RELIGIOSAS
DE JUAN PABLO II
Espíritu de Amor eterno,
que procedes del Padre y del Hijo,
Te damos gracias por todas las vocaciones
de apóstoles y santos que han fecundado la Iglesia.
Continúa, todavía, te rogamos, esta tu obra.
Acuérdate de cuando, en Pentecostés,
descendiste sobre los Apóstoles reunidos en oración
con María, la madre de Jesús,
y mira a Iglesia que tiene hoy
una particular necesidad de sacerdotes santos,
de testigos fieles y autorizados de tu gracia;
tiene necesidad de consagrados y consagradas,
que manifiesten el gozo de quien vive sólo para el Padre,
de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo,
de quien construye con la caridad el mundo nuevo.
Espíritu Santo, perenne Manantial de gozo y de paz,
eres tú quien abre el corazón y la mente a la divina llamada:
eres tú que hace eficaz cada impulso
al bien, a la verdad, a la caridad.
Tus ‘gemidos inenarrables’
suben al Padre desde el corazón de la Iglesia,
que sufre y lucha por el Evangelio.
Abre los corazones y las mentes de los jóvenes,
para que una nueva floración de santas vocaciones
manifieste la constancia de tu amor,
y todos puedan conocer a Cristo,
luz verdadera del mundo,
para ofrecer a cada ser humano
la segura esperanza de la vida eterna. Amén.

Castel Gandolfo, 24 de setiembre de 1997

Monseñor Santiago Agrelo OFM, arzobispo de Tánger

Suponía que éramos más avispados que el bueno de Esaú, el hermano ‘rojillo’ de Jacob, quien, más por tonto que por agotado, había malvendido, por un potaje de lentejas, sus derechos de primogénito. Pero la historia pone a cada uno en su sitio, y si Esaú me parecía ridículo por su elección entre lentejas y primogenitura, empiezo a taparme la cara de vergüenza por mis opciones entre ‘lentejas y Dios’.La devaluación de Dios podríamos verla sólo así, con la sugerente seriedad del buen humor, pero nos la muerta en su desnuda maldad la estupefacta incredulidad divina, expresada en las palabras del apóstrofe: “¡Espantaos, cielos, horrorizaos y pasmaos!, porque dos maldades ha cometido mi pueblo: me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y se cavaron aljibes, aljibes agrietados que no retienen el agua”.
Algo me dice que a Esaú su plato de potaje lo dejó con hambre, y que al pueblo sediento sus muchos aljibes lo dejaron con sed.
Hoy, unidos en comunión por la fe y por la necesidad, oramos con las palabras del salmista: “Ten compasión de tus siervos. Sácianos de tu misericordia. Baje a nosotros la bondad del Señor”.
Y mientras pronunciábamos la oración, la mirada buscaba ya, en la mesa de Dios, a Cristo Jesús. Él es para nosot ros la compasión de Dios que nos visita, la misericordia de Dios que nos alcanza, su sabiduría que se nos ofrece y trae consigo todos los bienes.
Si consideras las palabras de tu oración, te reconoces pobre: pides como los pobres, insistes como los pobres y esperas como los pobres.
Si consideras la mesa a la que te invitan, sabes que está preparada para ti, pues en ella se te ofrece lo que tú has pedido. Pero sabes también que, si no eres pobre, la devaluarás, la depreciarás, la des-preciarás.
Porque de eso se trata, de lo que preferimos, de lo que apreciamos, tanto en la misa como en la vida.

En la escuela de la palabra de Dios comenzamos a vislumbrar que el acercamiento del hombre a la sabiduría divina no es posible si no la preferimos a cetros y tronos, a todas las riquezas, a salud y belleza. El acercamiento del hombre a Jesús de Nazaret no es posible sin una opció n personal por la pobreza.
En realidad, el joven rico del que habla el evangelio, como tú y como yo, amado y llamado a seguir a Jesús, escogió todavía el viejo plato de lentejas: ¡Todos podemos ser Esaú!

Con Rafael, ahuyentando “diablillos”

Monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia, con motivo de la canonización del hermano Rafael Arnáiz, que celebrará Benedicto XVI en el Vaticano este domingo.

 Ha llegado el anhelado 11 de octubre: la Canonización de nuestro muy querido hermano Rafael Arnáiz.
            Rafael es, antes de nada, nuestro “amigo”; consecuencia lógica que se desprende de ser “santo”, es decir, “amigo de Dios”… No dudemos de que él puede ayudarnos a “acertar” en el camino de la vida. Su historia, sus ansias de felicidad y sus luchas interiores, se asemejan a las nuestras, mucho más de lo que nos imaginamos… Las circunstancias de nuestra vida serán muy distintas, pero las batallas que nos presentan las tentaciones y los medios que tenemos para poder vencerlas, son básicamente los mismos. Aunque hayan pasado más de setenta años, y aunque el estrés y el ruido que nos envuelven, contrasten con la paz y el silencio del claustro monacal, estamos básicamente ante los mismos retos.
            Para demostrarlo, me quiero servir de un texto extraído de las cartas del Hermano Rafael; un pasaje entrañable y emblemático, en el que nuestro santo comparte con nosotros su lucha contra el hastío y la falta de sentido de la existencia:
«Las tres de la tarde de un día lluvioso del mes de diciembre. Es la hora del trabajo, y como hoy es sábado y hace mucho frío, no se sale al campo. Vamos a trabajar a un almacén donde se limpian las lentejas, se pelan patatas, se trituran las berzas, etc. (…) La tarde que hoy padezco es turbia, y turbio me parece todo. Algo me abruma el silencio, y parece que unos diablillos, están empeñados en hacerme rabiar, con una cosa que yo llamo recuerdos… En mis manos han puesto una navaja, y delante de mí un cesto con una especie de zanahorias blancas muy grandes y que resultan ser nabos. Yo nunca los había visto al natural, tan grandes… y tan fríos… ¡Qué le vamos a hacer!, no hay más remedio que pelarlos.
El tiempo pasa lento, y mi navaja también, entre la corteza y la carne de los nabos que estoy lindamente dejando pelados. Los diablillos me siguen dando guerra. ¡¡Que haya yo dejado mi casa para venir aquí con este frío a mondar estos bichos tan feos!! Verdaderamente es algo ridículo esto de pelar nabos, con esa seriedad de magistrado de luto.
Un demonio pequeñito y muy sutil, se me escurre muy adentro y de suaves maneras me recuerda mi casa, mis padres y hermanos, mi libertad, que he dejado para encerrarme aquí entre lentejas, patatas, berzas y nabos.
(…) Transcurría el tiempo, con mis pensamientos, los nabos y el frío, cuando de repente y veloz como el viento, una luz potente penetra en mi alma… Una luz divina, cosa de un momento… Alguien que me dice que ¡qué estoy haciendo! ¿Que qué estoy haciendo? ¡Virgen Santa! ¡Qué pregunta! Pelar nabos…, ¡pelar nabos!… ¿Para qué?… Y el corazón dando un brinco contesta medio alocado: “Pelo nabos po r amor…, por amor a Jesucristo”».
            La batalla de Rafael con esos “diablillos” que pretendían robarle la paz, la alegría y hasta la misma esperanza, es también la nuestra. Nuestra vida puede resultarnos monótona, tediosa e insufrible, o por el contrario, gozosa e ilusionante, dependiendo de la clave de sentido que mueva nuestra existencia.
            Frente a quienes piensan que el motor del mundo es el dinero, el poder o el placer; los santos nos recuerdan que el verdadero motor, y el único capaz de darnos la capacidad de ahuyentar a “los diablillos”, al mismo tiempo que nos revela el sentido de nuestra existencia, es el amor: el amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús.
            El rostro de C risto tiene la virtud de hacerse presente y de cautivarnos a través de los santos, y ahora, en concreto, a través de quien será venerado como San Rafael Arnáiz. Porque, como dice nuestro Papa Benedicto XVI, con una expresión certera, “los santos son la estela luminosa con la que Dios ha atravesado la historia”.
            El Hermano Rafael está acompañado de otros cuatro santos más, en esta ceremonia de Canonización: Zygmunt Szcęsny Feliński, polaco, obispo y fundador de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Familia de María; Francisco Coll i Guitart, español, sacerdote dominico y fundador de la Congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciación; Jozef Damian de Veuster, holandés, sacerdote de la Congregación de los Sagrados Corazones (muy conocido por su entrega h eroica a los leprosos, relatada en la película “Molokay”); y Marie de la Croix, francesa, fundadora de la Congregación de las Hermanitas de los Pobres.
            Ciertamente, estamos ante grandes figuras que han destacado por su fecundidad apostólica y por la estela que han dejado tras ellos. Entre estos, el Hermano Rafael llama la atención, porque no fundó nada, ni tuvo ningún puesto relevante, ni destacó externamente ante los demás; es más, hubo de conformarse con ser un simple “oblato”, ya que su salud no le permitió abrazar íntegramente la regla trapense… Rafael no hizo cosas grandes, ¡¡sólo fue santo!!
            Esto nos recuerda que no debemos confundir la santidad, con unos modelos determinados de liderazgo que nos resultan inalcanzab les para el común de los mortales… La santidad no sólo debe ser admirada, sino sobre todo deseada, trabajada y suplicada a Dios. De forma similar a como el destino natural del niño es hacerse hombre, así también el fin del cristiano es ser santo. Es la meta lógica de quien ha sido redimido por Cristo…; lo contrario sería una frustración. Como decía la Madre Teresa de Calcuta: “La santidad no es el lujo de unos pocos, es un simple deber para cada uno de nosotros”. Por ello, el escritor converso León Bloy escribía: “Sólo existe una tristeza: no ser santo”.

Santa Sede: combatir la droga para defender a la familia

Intervención de monseñor Migliore en las Naciones Unidas.

 La lucha contra el tráfico de drogas es fundamental para la defensa de la familia, afirmó el pasado jueves en Nueva York el arzobispo Celestino Migliore, Nuncio Apostólico y Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas.
El prelado intervino en la 64ª sesión de la Asamblea General ante el Tercer Comité sobre el item 105, “Control internacional de las drogas”, reafirmando la importancia de la familia como “piedra angular de la reducción de la demanda y de las estrategias de atención” en el sector de las sustancias estupefacientes.
“Visto que muchas causas y consecuencias de la dependencia de las sustancias psicotrópicas están relacionadas con las dinámicas familiares”, observó, “la prevencoçpm, el cuidado, la rehabilitación y los esfuerzos se deberían concentrar en las relaciones familiares en sus dimensiones biológicas, spicológicas, sociales, culturales y económicas”.
Esto, añadió, es aún más importante dado que “el abuso de las drogas puede debilitar a la familia, que es la base de la sociedad, dañando asóí el tejido social de la comunidad y contribuyendo incluso a la desestabilización de la sociedad”.
Las investigaciones, por otro lado, siguen subrayando que “los principios fundamentales de la sociedad se aprenden en casa”.
Alternativas reales
En su discurso, el representante de la Santa Sede subrayó que el abuso de las drogas “sigue impidiendo la capacidad d e los individuos, de las comunidades, de las Naciones, de alcanzad el desarrollo económico, político y social”.
El abuso de las drogas, subrayó, “afecta a individuos de todo estatus socio-económico”, representando “una fuente de evasión financiera, emocional y psicológica con efectos devastantes sobre las personas y sobre sus familias”.
Por este motivo, la delegación vaticana “concuerda decididamente en el hecho de que la salud global del individuo esté en el centro del control del consumo de drogas, y que como sociedad se deben defender la salud y la dignidad de las personas evitando el uso de drogas y aliviando el sufrimiento delos toxicodependientes a través de la curación”.
Afrontar las necesidades sanitarias de los individuos, explicó, será sin embargo insuficiente si no se consigue también hacer frente a los “diversos factores que llevan a la producción y al consumo de drogas”.
Con este propósito, el Observador Permanente recordó cómo los países en vìas de desarrollo y las personas afligidas por la pobreza son “particularmente vulnerables a los efectos devastadores del tráfico de drogas, porque son puntos estratñegicos para el tráfico o cultivadores con buen mercado”.
En estos países, subrayó, se están realizando de varias formas programas de desarrollo que proporcionan a las familias campesinas “alternativas reales a los cultivos de amapolas y de coca, que causan destrucción y derramamiento de sangre”.
Estos programas, declaró el representante vaticano, “deben seguir siendo apoyados a nivel nacional, regional e internacional”, así como deberían realizarse “mayores esfuerzos para subrayar el nexo causa-efecto entre el creciente desa rrollo y la erradicación del tráfico de droga”.
Reacción en cadena
La delegación vaticana recordó también “con particular preocupación” los vínculos “cada vez más obvios” entre el tráfico de droga “y otras tragedias humanas comoel tráfico de seres humanos, la proliferación de armas de pequeño calibre, el crimen organizado y el terrorismo”.
Estos elementos, señaló, “muestran que el abuso de sustancias no es una transgresión sin víctimas, sino que tiene un impacto devastador y de amplio calado en toda la comunidad”, y quienes sufren las consecuencias “son especialmente los pobres y los vulnerables”.
“Los individuos que caen presa del uso y abuso de drogas necesitan apoyo y asistencia por parte de los miembros de su familia, de la comunidad y de la sociedad”, concluyó.
“Cuantos han combatido y vencido la aflicción del abuso de drogas son modelos verdaderamente positivos y, siendo ‘embajadores de esperanza’ pueden tener una influencia importante en la vida de los demás”.