No es noticia que los obispos entreguen casi dos millones de euros a Cáritas para afrontar la crisis que abarrota sus comedores sociales.

Cadenas de Televisión

Los mismos

Isidro Catela analiza la actualidad televisiva y muestra que “son los mismos que esta semana han considerado que no es noticia que los obispos entreguen casi dos millones de euros a Cáritas para afrontar la crisis que abarrota sus comedores sociales” y “las mismas televisiones que en plena crisis, le ponen encima de la mesa un cheque en blanco a los ladrones de guante blanco para que ofrezcan entrevistas y nos rompan el corazón con sus miserias”.

Los mismos informativos, las mismas televisiones, los mismos perros con distinto collar, que dice el refrán. Los escaparates que exhiben con frecuencia a la Iglesia en eterna confrontación con el poder político, los mismos que hace tres meses nos abrumaban con el silencio ante la crisis, aquellos telediarios de saldo que contribuyen a la difusión del falso tópico de la Iglesia acaudalada, de los ricos y los pobres, en dialéctica perpetua. Los mismos que se rasgaban las vestiduras, los mismos que hacen propaganda con el crucifijo de una escuela, los que quieren vaciarnos las paredes y jamás nos aportarán una idea para llenarlas de sentido. Son los mismos que esta semana han considerado que no es noticia que los obispos entreguen casi dos millones de euros a Cáritas para afrontar la crisis que abarrota sus comedores sociales.

Sólo algún medio, en el colmo del cinismo, se ha permitido decir que esta cantidad no es más que el uno por ciento del presupuesto que van a manejar las diócesis. Los mismos, exactamente los mismos, que promocionan campañas en pos del 0,7 oficial que nunca acaba de llegar.

Son los mismos informativos, las mismas televisiones que en plena crisis, le ponen encima de la mesa un cheque en blanco a los ladrones de guante blanco para que ofrezcan entrevistas y nos rompan el corazón con sus miserias.

Los delincuentes dan audiencia, se maquillan, se iluminan, nos emboban durante un rato y pasan la gorra al final de la función. Esta sí que es la crisis de verdad, el origen moral de la otra crisis. La vida económica que se ha visto dominada por la avaricia de la ganancia rápida, por el derroche y la ostentación presentados como supuesta prueba de efectividad económica y social. Esta es la verdadera crisis: la que se nos cuela en la cartera, en la cabeza y en el televisor. La misma crisis que se ha instalado en nuestro corazón hace ya tiempo.