María es la estrella que guía a la Iglesia hacia Cristo, dice el Papa Benedicto XVI

Al presidir el rezo del Ángelus hoy martes 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, el Papa Benedicto XVI resaltó que ella es verdaderamente Madre de la Iglesia y es además “la estrella para orientarse y caminar en la ruta indicada por Cristo“.

Ante miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre explicó los pasajes bíblicos de la liturgia de hoy, en los que “luego del pecado original, Dios se dirige a la serpiente, que representa a Satanás, lo maldice y le hace una promesa: ‘pondré enemistad entre ti y la serpiente, entre su estirpe y la suya: ella te aplastará la cabeza y tu acecharás su calcañar’. Es el anuncio de una victoria: Satanás en los inicios de la creación parece estar mejor, pero habrá un hijo de mujer que le aplastará la cabeza. Así, mediante la estirpe de la mujer, Dios mismo vencerá“.

Esa mujer, continuó el Papa, “es la Virgen María, de la cual ha nacido Jesucristo que, con su sacrificio, ha vencido una vez y para siempre al antiguo tentador. Por ello, en tantas imágenes o estatuas de la Inmaculada, Ella está representada en el acto de aplastar a una serpiente con sus pies”.

El Santo Padre resaltó luego que en María, “la humilde y auténtica hija de Israel, verdadera Sión en donde Dios quiere poner su morada”, se puede ver la obediencia; que la distingue de Adán y Eva, pues “permanece obediente a la voluntad del Señor, ya que toda ella pronuncia un ‘sí’ y se pone plenamente a disposición del divino designio. Es la nueva Eva, verdadera ‘madre de todos los vivientes’, de cuantos por la fe de Cristo reciben la vida eterna”.

“¡Queridos amigos, qué alegría inmensa tener como Madre a María Inmaculada! Cada vez que experimentamos nuestra fragilidad y las sugestiones del mal, podemos dirigirnos a Ella. Y nuestro corazón recibe luz y consuelo. También en las pruebas de la vida, en las tempestades que hacen vacilar la fe y la esperanza, pensemos que somos hijos suyos y que las raíces de nuestra existencia van a lo profundo en la infinita gracia de Dios”.

Seguidamente Benedicto XVI explicó que “la Iglesia misma, aún expuesta a los influjos negativos del mundo, encuentra en Ella la estrella para orientarse y seguir la ruta que le indica Cristo. María es en efecto la Madre de la Iglesia, como han proclamado solemnemente el Papa Pablo VI y el Concilio Vaticano II“.

Por lo tanto, continuó, “mientras rendimos gracias a Dios por este signo estupendo de su bondad, encomendemos a la Virgen Inmaculada a cada uno de nosotros, nuestras familias y las comunidades, a toda la Iglesia y al mundo entero. Lo haré yo también esta tarde, según la tradición, a los pies del monumento dedicado a Ella, en la Plaza de España”.

Tras saludar a los miembros de la Pontificia Academia de la Inmaculada, liderada por el Cardenal Andrea Maria Deskur, el Papa se dirigió a los presentes en la Plaza de San Pedro en diversos idiomas. En español el Papa recordó que “la Iglesia celebra hoy la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima, tan arraigada en España y en los países latinoamericanos”.

“La Purísima, como es denominada la Virgen en la liturgia de este día, fue preservada de toda mancha de pecado para ser digna morada del Cordero Inocente, abogada de gracia y ejemplo de santidad“.

“Que el Señor nos conceda el don, por intercesión de la ‘llena de gracia’, de purificarnos interiormente en este tiempo de Adviento para acoger con prontitud la venida de Cristo a nuestras vidas. Muchas gracias”, concluyó

PLEGARIA DEL PAPA A LA INMACULADA EN PLAZA DE ESPAÑA DE ROMA

El Papa ha pedido a María que done a todos los cristianos el valor de ser centinelas de la mañana y alma del mundo en esta difícil estación de la historia. En el tradicional acto de veneración a la Inmaculada Concepción, que tiene lugar cada 8 de diciembre en la Plaza de España de Roma, Benedicto XVI ha confiado a la Virgen a los más indefensos de los niños antes que nada, y sobre todo los gravemente enfermos, los adolescentes necesitados y cuantos sufren las consecuencias de duras situaciones familiares.

 En su hermosa veneración a María, el Papa le ha confiado también a los ancianos solos, los enfermos, los emigrantes con dificultades para adaptarse, las familias que fatigan para cuadrar las cuentas y las personas que no encuentran empleo o lo han perdido. “Enséñanos María –ha continuado el Santo Padre- a ser solidarios con quien está en dificultad, a equilibrar las cada vez más grandes diferencias sociales; ayúdanos a cultivar un sentido del bien común más vivo, del respeto de lo público, empújanos a sentir esta ciudad como patrimonio de todos, y hacer cada uno, con conocimiento y compromiso, nuestra parte para construir una ciudad más justa y solidaria”.

 La belleza de María nos asegura que es posible la victoria del amor, como ha subrayado el Papa, atestigua que la gracia es más fuerte que el pecado y que es posible la liberación de cualquier esclavitud. El Pontífice ha pedido a María en su oración que nos ayude a creer con confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; que nos anime a permanecer despiertos, sin ceder a la tentación de las evasiones fáciles, afrontando la realidad con sus problemas, con valor y responsabilidad.

 Precisamente hoy han concluido las celebraciones del 150 aniversario de las apariciones de la Virgen María a santa Bernardita. Y en la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el nombre que reveló la Señora a Bernardita en su última aparición, esta expresión aflora en los labios del pueblo cristiano. “Y como un hijo alza los ojos hacia su madre y con su sonrisa olvida cualquier miedo o dolor, así hoy nosotros, encontramos en María la sonrisa de Dios, el reflejo inmaculado de la luz divina, reencontramos en ella nueva esperanza incluso en medio de los problemas y los dramas del mundo”.

 Recordando la tradición de que el Papa se una al homenaje de la Ciudad a María con un cesto de rosas, el Papa ha subrayado que las flores significan amor y devoción, del Papa, de la Iglesia de Roma y de los habitantes de la Ciudad, que se sienten espiritualmente hijos de la Virgen María. “Simbólicamente, ha explicado después Benedicto XVI, las rosas expresan todo lo bello y lo bueno que hemos realizado durante el año, porque en esta tradicional cita, querríamos ofrecer todo la Madre, convencidos de que no habríamos podido hacer nada sin su protección y sin las gracias que cotidianamente obtiene de Dios. Pero – como suele decirse- no hay rosas sin espinas, y también sobre los tallos de estas estupendas rosas blancas no faltan las espinas, que para nosotros representan las dificultades, los sufrimientos, los males que han caracterizado y caracterizan la vida de las personas y de nuestras comunidades. A la Madre se le presentan las alegrías, pero también se le confían las preocupaciones, seguros de encontrar en ella el bálsamo para no abatirnos y el apoyo para continuar adelante”.