Doña Sofía se Mojó hace 8 años siendo Reina.

“Si los homosexuales quieren casarse que no lo llamen matrimonio porque no lo es”

La opinión de la Reina sobre distintos asuntos como la libertad religiosa o la dictadura de Fidel Castro se refleja en el libro La Reina muy de Cerca de Pilar Urbano. En él, doña Sofía se manifiesta en contra del matrimonio homosexual. “Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual. (…) Si esas personas quieren casarse pueden estar en su derecho (…), pero que a eso no lo llamen matrimonio porque no lo es”.
La opinión de la Reina sobre los distintos asuntos de la actualidad se refleja en el libro La Reina muy de Cerca de Pilar Urbano que la editorial Planeta ha sacado este jueves a la venta con una tirada de 100.000 ejemplares. Es la primera vez que doña Sofía se pronuncia abiertamente sobre asuntos muy diversos tales como el aborto; el suicidio asistido; el matrimonio entre homosexuales; la posible llegada de Obama a la Casa Blanca; la relación entre Letizia y el Príncipe o el futuro de la Monarquía; la política de Fidel Castro; la libertad religiosa;

Según la autora, con este libro la Reina “ha querido dar una visión moderna y desacralizada de la Monarquía del futuro”. “Letizia le ha metido a doña Sofía una buena revolución de motor, la ha modernizado, la ha convertido en una Reina menos de tribuna y más de asfalto”. Urbano aseguró que le envió a la Reina un cuestionario de 638 preguntas y que le ha preguntado “todo lo que la gente de la calle quiere saber”.

Estas son algunas opiniones de la Reina plasmadas por Pilar Urbano en su libro:

Doña Letizia y el Príncipe

Sobre doña Letizia, la Reina se vuelca en “elogios” con ella, argumenta Pilar Urbano. “Es inteligente, viva, dinámica, divertida, entusiasta, atenta, sensitiva, fina y honrada. Me asombra ver lo exigente que es consigo misma”. “Yo no he sido su maestra ni me he dedicado a enseñarle nada”. “Es Letizia quien me enseña a mí cosas de la actualidad”. “Me chifla su gusto para vestirse ella o a las niñas o para las cosas de la casa y cuando vamos de compras, me dejo guiar, me fío de su elección. Con Letizia veo la vida desde otra perspectiva”, confiesa la Reina.

“La conocimos el Rey y yo la misma tarde”. “Esta pareja funciona”, dice la Reina que recuerda que el Príncipe solía ponerse frente al televisor para ver el telediario de las tres. “¿Es guapa, eh”, “Tiene estilo eh?”, “lo hace muy bien ¿no?, le preguntaba a su madre mientras veían la televisión.

“Mamá estoy enamorado, muy enamorado de Letizia. Me gusta mucho. La quiero y… pienso casarme con ella” a lo que la Reina le respondió: ¿Te das cuenta de que si te casas es para siempre?” “¡Es que eso es justamente lo que quiero: vivir con ella siempre, hasta la muerte!”, le dijo don Felipe.

Homosexualidad

Sobre el matrimonio entre homosexuales, la Reina dice: “Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual, pero ¿que se sientan orgullosos por ser gays’? ¿qué se suban a una carroza y salgan a manifestaciones? Si todos los que no somos gays saliéramos en manifestación… colapsaríamos el tráfico en todas las ciudades”, explica la Reina.

“Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios, casarse, pueden estar en su derecho, o no según las leyes de su país; pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles; contrato social, contrato de unión…”.

Libertad religiosa

“Sí, por supuesto”, responde la Reina sobre cuando Pilar Urbano le pregunta si es partidaria de ella. “Pero no como estrategia para hacer un batiburrillo de religiones y que al final ¡allez hop! –la Reina da una palmada al aire como si terminase un juego de magia– se disuelva el hecho religioso”.

“En los colegios se ha de enseñar religión al menos hasta cierta edad. Los niños necesitan una explicación del origen del mundo y del origen de la vida; una orientación moral; y una seguridad de que no estamos aquí solos, ni por casualidad, que hay algo más, que hay Alguien..”, argumenta doña Sofía.

A este respecto, añade que hay una ermita en el exterior de la Zarzuela en donde se celebra misa los domingos. “Vamos los que estamos, si mi hijo está, él ayuda de monaguillo”.

11-S y la guerra de Irak

Los atentados “los vimos en directo”, dice doña Sofía. “Pocos días antes habíamos visto ‘El coloso en llamas’ pero lo de las Torres Gemelas superaba la ficción”. “Por muy horribles y asesinos que fueran los atentados terroristas no se justifica lo que vino después: Afganistán, Iraq… han creado un infierno sin salida”. “Puedo entender que Bush prometa a su país que se hará justicia pero ¿meter a su país y a un montón de ‘aliados’ en unas guerras de venganza y destrucción? ¡No puedo entenderlo!”, exclama la Reina.

Machismo

“Machismo, por supuesto, no, Pero hacer del feminismo una bandera o una obsesión, tampoco”, afirmó.

Fidel Castro

La Reina le pregunta a Fidel Castro en un viaje en avión, rumbo a los Juegos Olímpicos de Barcelona 92: “¿Por qué no abres un poquito. un poquito, sólo un poquito…?”. A esta sugerencia le responde Fidel Castro: “Nooo mi Reina!. No puedo. Si abro un poquito, en seguida querrán un muchito. Eso ya lo hará mi sucesor”.

Atentados contra la Familia Real

“Ese riesgo existe pero no perdemos ni un segundo en pensarlo. En el terrorista no se piensa. No se piensa (…) Es una norma de vida para nosotros. Higiene mental. Una manera de vivir en paz y hacer cada día lo que tengamos que hacer”. “No estaría bien que a los Reyes nos aterrorizaran los terroristas. Se habrían salido con la suya viéndonos acobardados”.

El accidente de Barajas

Cuando se produjo este trágico accidente la Reina relata que el Rey dijo: ¡Qué palo más duro!, pero tú y yo no podemos saber qué es esto porque no nos ha rozado. Es como si te amputasen trozos vivos de tu cuerpo…” A lo que Doña Sofía respondió: ¡Claro que nos ha rozado la catástrofe! Estos muertos, esos heridos, esos familiares destrozados no nos son ajenos: son nuestra gente, son nuestra familia española. Y, no sé qué sentirán ellos, pero yo necesito ir a abrazarlos”.

Ceuta y Melilla

“Ceuta y Melilla son España: los territorios, la historia, la población. Y en nuestra visita toda aquella gente se echó a la calle con banderas para decir esto: Somos españoles. Lo que pasa es que Mohamed VI, como antes Hassan II, su padre, cada dos por tres tiene que reclamar y protestar para que la cuestión siga abierta (…) No es nada nuevo. Y desde luego, no nos quita el sueño”.

Doña Elena y Jaime de Marichalar

“Se están inventando lo que no hay. Ni abogados, ni divorcio, ni nulidad…Aquí no se ha dado ningún paso más allá de lo que acordaron hace un año: ‘cese temporal de la convivencia’. Ésa es la situación. Y estamos a lo que esa situación dure, a lo que pueda dar de sí. ¡Nunca se sabe! Es una fase delicada, y la tienen que resolver entre ellos, sólo entre ellos. ¿Los demás? Ayudar lo máximo y estorbar lo mínimo”.

El club Bilderberg

“Para mí son unas reuniones apasionantes. A lo largo de los años, vas conociendo gente muy diversa, bien informada, bien relacionada, cada una con un bagaje formidable en su terreno, en su área o en su país. Allí se juntan personas de muchos mundos: política, finanzas, energía, defensa, comunicaciones, investigación científica…¡Se aprende tanto!”. Respecto a su secretismo la Reina afirma: “El secreto es para que cada uno pueda decir con libertad lo que piensa, lo que en un debate le viene a la cabeza, y que eso no se difunda. Pero no es secreto porque estemos conspirando. ¡Nada de conjuras!”.

Sangre roja

“Una cosa es el derecho al trono, por herencia. Y otra cosa es la sangre. Ni hay una sangre mejor que otra ni hay una dignidad de reyes superior a la dignidad de cualquier otro hombre”.

Entrevista a Kiko Argüello, Europa necesita la Familia Cristiana.

El Camino Neocatecumenal es una de las realidades eclesiales que cada año promueve la realización de este encuentro, que tiene carácter festivo, y que normalmente se celebra en torno a la fiesta litúrgica de la Sagrada Familia.
Con este motivo, uno de los iniciadores del Camino, el pintor español Kiko Argüello, concedió una entrevista a Z ENIT, explicando las claves de este acontecimiento.

-De nuevo este año se convoca para el 2 de enero, una celebración en defensa de la familia en Madrid, y de nuevo el Camino Neocatecumenal participa en su organización. ¿Por qué salir un año más a la calle? ¿Por qué precisamente en España?

Kiko Argüello: No pretendemos hacer un meeting, si no que quisiéramos, con la Iglesia, ayudar a muchas familias que se encuentran en dificultad porque el ambiente que les rodea es un ambiente laico, o ateo, en el que es habitual el divorcio.
Cada cuatro minutos en España se rompe una familia. Parece que esto es lo normal, pero no es cierto. Hay miles de familias cristianas en España. El ambiente que nos rodea parece decirnos que está todo perdido, sin embargo la familia cristiana es “la esperanza para Europa”. Eso quisiéramos decir a todo el mundo.

– En otras ocasiones han participado obispos y cardenales de la Curia Romana y de otros países. ¿Qué presencia está prevista este año? ¿Habrá también conexión con el ángelus del Papa?

Kiko Argüello: Este año han respondido, como el año pasado, con mucho entusiasmo. Vendrán más de cien familias de Holanda, con el obispo de Roermon (Amsterdam), monseñor Franciscus Jozef Wiertz, a la cabeza; vendrán muchos de Alemania, 150 familias, junto a monseñor Paul J. Cordes, también viene a Madrid monseñor Jean-Pierre Marie Cattenoz, arzobispo de Avignon, con más de 250 familias de Francia. De Italia viajarán hasta Madrid más de 15.000. También participará con mucho entusiasmo el cardenal Antonelli, que es el presidente del Pontificio consejo para la Familia. De Polonia llegarán hasta la capital más de diez mil familias. Vendrá también monseñor Zbigniew Kiernikowski, obispo de Sietdlce etc. Muchas familias están agradecidas al Señor y al Camino, que es una iniciación cristiana que les ha sostenido en la fe, les ha apoyado y les ha hecho descubrir la belleza, el amor en el matrimonio cristiano.

– Muchas veces usted ha insistido en el testimonio público que ofrecen las familias numerosas e incluso muy numerosas. Precisamente en unos momentos en que este modelo de familia se considera “superado” o irrealizable, o incluso por muchos, no deseable. ¿Por qué es para ustedes tan importante?

Kiko Argüello: Esto es fundamental. El día 2 mostraremos como una familia transmite la fe a sus hijos en medio de una celebración doméstica, llena de amor y diálogo entre dos generaciones. Todos los hijos están en la Iglesia. Los h ijos están casados ya y tienen nietos. Es algo impresionante. Es aquí donde se juega el futuro de Europa.
Pablo VI dijo en la Humanae Vitae que todo acto conyugal tiene que ser abierto a la vida. Fue un error el que muchos criticaran a Pablo VI y no quisieran obedecer al Papa en esta línea. Pensaban que la familia católica era tener uno o dos hijos, por lo que hoy faltan millones de niños que los cristianos no quisieron tener. Se ha cometido un pecado de omisión muy grave. No solamente el aborto.
El problema es la connotación “cristiano”. ¿Qué es ser cristiano? Es un hombre que vive no para él mismo sino que hace la voluntad de Dios. Todo hijo primero es pensado por Dios. Los cónyuges, los padres colaboran con Dios en un proyecto que viene del cielo.
Europa ha dejado de ser cristiana, está andando hacia la apostasía, ha perdido sus raíc es, está en una crisis económica, cultural, artística. Pero hay que decir que Dios no nos abandona, es posible un renacer gracias a los cristianos. Pero para que haya cristianos hace falta la iniciación cristiana, educarlos en la fe, que es lo que intentamos hacer en el Camino en miles y miles de parroquias.

– Esta realidad eclesial se distingue por una serie de carismas propios, como las familias en misión o “ad gentes”, familias que parten con sus hijos a países, especialmente de antigua cristianización, donde ya no hay presencia de la Iglesia. ¿Por qué el Camino Neocatecumenal da tanta importancia a la familia dentro de la nueva evangelización?  ¿Qué sentido tiene esta forma de evangelizar?

Kiko Argüello: En la familia se da el misterio enorme de la fe. ¿Qué es la fe? La participación de la vida divina en nosotros. Hemos manda do muchas veces por ejemplo a Holanda itinerantes y no los han querido. Sin embargo, enviando familias que se amaban en una nueva dimensión, los párrocos han quedado sorprendidos. Al ver las familias abiertas a la vida y con tantos hijos que se reunían en casa a rezar y cuyos padres preguntaban a los hijos ¿qué te dice la Palabra de Dios?, ¿cómo vives tu fe? han quedado sobrecogidos.  Se han encontrado con la fe.
La fe es una virtud sobrenatural. Para tenerla hace falta escuchar el Kerygma, hace falta una comunidad donde se verifique la estatura de la fe, si tienes o no tienes fe. La fe se ve en los frutos, por eso, quien tiene fe ha vencido a la muerte, quien tiene fe no se separará jamás de su mujer porque tiene una capacidad nueva de amor al enemigo, como Cristo nos amó.

– El Papa acaba de erigir un dicasterio específico para la nueva evangelización. ¿Qu&ea cute; papel tienen en él los nuevos movimientos y realidades eclesiales, y en especial el Camino?

Kiko Argüello: Monseñor Fisichella reconoce que el Camino ha sido el primero que ha avanzado la nueva evangelización, llevando a cabo la misión “ad gentes” en medio de no bautizados, enviando familias con muchos hijos por todo el mundo. Más de 50 familias en China, en Japón, la India…
El problema es dónde están los cristianos y qué es ser cristiano hoy. ¿Es ir a misa? No basta sólo con eso. Ser cristiano es tener dentro la victoria de Cristo sobre la muerte. Los cristianos no viven más para sí mismos, viven para Cristo. Su vivir es Cristo, su pensar es Cristo, su actuar es Cristo. Es Cristo que vive en ellos. Tienen dentro vida inmortal y pueden amarse en una nueva dimensión, la dimensión de la cruz. ¡Mirad como se aman! Gritaban l os paganos al ver a los cristianos. Esto tiene que volver a gritarse en el mundo entero. ¡Mirad como se quieren los cristianos! Muchos paganos al ver nuestras comunidades nos preguntan ¿cómo os relacionáis? Porque les impresiona. En el fondo hay muchos en nuestra sociedad que están solos y quisieran amar, pero no saben como.

Zenit

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PORTO SAN GIORGIO (ITALIA)– El iniciador del Camino Neocatecumenal es uno de los principales impulsores del gran encuentro de oración por la familia cristiana que se celebrará el domingo en la plaza de Colón de Madrid.

– «La familia cristiana, esperanza para Europa». ¿Por qué este lema?
–Porque creemos firmemente que es así. Estamos asistiendo a una falta de relevo generacional por la falta de hijos. Según las estadísticas, necesitaríamos 2,11 hijos por familia y Europa tiene 1,5. Dicen los estudiosos que es una situación muy grave. Si la familia es cristiana está abierta a la vida, comprende que tener un hijo no es una cosa arbitraria, sino que es colaborar con Dios en crear un ser humano que vivirá eternamente. Es algo tan serio que el Vaticano II habló de paternidad responsable. Después del Concilio se ha creído por error que esto era tener uno o dos hijos, pero el Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede ha dicho que no es así. Si los cristianos toman conciencia de su ser cristiano, la familia tendrá los hijos que Dios le dé y serán los futuros médicos, abogados, etc.

– ¿Cómo es la familia cristiana?
– Los cristianos tenemos dentro vida eterna. Por el pecado original, el hombre está como condenado a ofrecerse todo a sí mismo. Sin embargo, dice San Pablo que «Cristo murió por todos los hombres, para que no vivan más para sí mismos». Todo hombre sabe que amar, que ofrecerse al mundo para salvar a los hombres es la verdad y Dios ha enviado a su Hijo para salvarnos de este egoísmo radical. El hombre cristiano es el que no vive más para sí mismo, porque ha recibido de Dios la victoria sobre la muerte y puede amar al enemigo.

– ¿Por qué es importante transmitir la fe a los hijos y cómo lo hace el Camino Neocatecumenal?
–La Iglesia ha dicho que transmitir la fe a las siguientes generaciones es de vida o de muerte. Es muy importante que la familia, padres e hijos, se reúnan y hablen. En el Camino hacemos una celebración en la que los domingos se reúne la familia en torno a una mesa con mantel, una Biblia, una vela en el centro y una cruz. Se lee la Escritura y el padre pregunta a los hijos: «¿esta palabra qué le dice a tu vida?» La palabra viene a ser luz a la historia de cada hijo y al final aparecen todos los problemas que tienen. El padre o la madre entonces les dan una palabra y todos rezan el Padre Nuestro y se dan la paz. Para terminar, cada uno de los hijos recibe la bendición de los padres.

– ¿Cuál es la situación de la familia en Europa?
–Se ha ido destruyendo poco a poco. Por ejemplo, Holanda está llena de matrimonios homosexuales, es como una moda. En Francia el 50% de la población ya no está bautizada. Juan Pablo II habló de la apostasía de Europa. Se ha caído en el error de pensar que todos tienen fe, pero no es así. Es muy importante recuperar la fe, abrir en las parroquias una iniciación cristiana donde dialogar con la gente. Es urgente la nueva evangelización.

– En el encuentro participarán obispos europeos…
– Organizar esto humanamente es difícil, pero lo hacemos por amor a Jesucristo y a la familia. Nos sorprende que los obispos, que están con muchos problemas en sus diócesis, sean capaces de ir a Madrid. Tenemos un único espíritu en la Iglesia y estamos todos de acuerdo en que la batalla sobre la familia es crucial.

–Usted cantará «María, paloma incorrupta». ¿De qué trata?
– El cardenal Rouco me invitó a hacer un disco sobre la Virgen con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. En el disco aparece este canto nuevo. Tomé un texto de San Romano el Meloda, un artista sirio. En Bizancio se reunía con los cristianos en una celebración y les enseñaba arte con los iconos, música y después hacía una homilía dialogada. Terminaba con un himno que tenía estribillos para el pueblo, llamados «kontákia». Uno de ellos dice que la Virgen es la «única paloma incorrupta», el «refugio de las almas débiles» y la «filacteria de la perfecta castidad». Le he puesto música y como es un canto nuevo se lo dedicamos a la familia.

Entrevista al cardenal Rouco Varela – Misa de la Familia en Madrid, JMJ Madrid 2011

El cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, se prepara un año más para celebrar en familia una multitudinaria Eucaristía al aire libre. Será este domingo en la Plaza de Lima a partir de las 10 de la mañana. Para la ocasión, el cardenal ha recibido en su casa a ABC con el objetivo de contarnos cómo vive esta experiencia de Iglesia y cuáles son los temas que más le preocupan sobre la compleja realidad de España.

 —¿Por qué se ha abierto la Misa de la Familia a Europa?

 —Hay tres razones. Una que tiene que ver con la presencia en toda de Europa de lo que se llaman las nuevas realidades eclesiales, en forma muy singular, del Camino Neocatecumenal, que sienten como algo muy valioso lo que hemos hecho en España en la dos últimas grandes fiestas de la familia, en 2007 y 2008, y que les ha parecido que debíamos de vivirlo en un contexto de fraternidad y comunión con toda la Iglesia de Europa. Una segunda razón es que los problemas de fondo a los que hay que responder desde el punto de vista pastoral de la Iglesia, en relación con la familia, son los mismos en toda Europa. Y hay una tercera razón, menos importante, y es que el lugar de Europa donde el 27 de diciembre uno puede aspirar a que el tiempo no le deshaga el asunto es en España.

 —¿El Papa está preocupado por la situación de España?

 —Está preocupado por Europa en general, pero es cierto y evidente que la situación española en relación con la familia le llama la atención. Que sepamos no se ha dado, ni se está dando en ningún país europeo, una forma legislativa de modificación del derecho vigente sobre la vida, el matrimonio y la familia, tan alejada de la tradición cristiana, como la actual española. Este asunto, que es un problema en toda Europa, se convierte en estos días en un tema clave en España. De todos modos, la dimensión europea de la misa de este año no ha tenido que ver con el proceso español de la modificación de la ley del aborto. Si no se hubiera dado este proceso también la hubiéramos hecho.

 —¿Hay más razones para reunir a la familia cristiana que un año atrás?

 —Menos no hay. Desde el punto de vista español, quizás haya alguna más que tiene que ver con ese proceso cultural, político y jurídico, que ha llevado a la nueva ley del aborto, que es inseparable en su contenido de la problemática general del matrimonio y la familia. La vida del ser humano nace en el corazón del matrimonio. En esa bellísima realidad del amor conyugal entre un hombre y una mujer se da pie al nacimiento de la familia. La familia es la comunidad donde se abre la posibilidad de que el hombre aprenda las variantes más hondas y más fundamentales de la experiencia del amor, de un amor gratuito. Toda esa pedagogía viva del amor tiene en la familia un lugar imprescindible e insustituible.

 «Los bienes materiales y el triunfo en la vida a toda costa se constituyen en «los dioses» de las nuevas generaciones»  

 —Cuando ve a esas miles de familias participar en la misa, pese al frío y de haber viajado muchas de ellas desde muy lejos, ¿qué siente?

 —Se tiene la vivencia de la Iglesia en plenitud. Eso es la Iglesia, ese acto de Iglesia refleja toda la profunda verdad de la vida y de la realidad de la Iglesia. Expresa, comunica y testimonia al hombre y al mundo cuáles son sus deseos, cuáles son las fuentes de su vida y qué ofrece la Iglesia al hombre.

 —¿Por qué un tema medular como la promoción de la familia y la natalidad ha pasado tan desapercibido en los últimos años?

 —No es un fenómeno sólo de nuestro país. Se trata de un largo itinerario que se inicia en la década de los 70 en conjunción con una gran crisis cultural y espiritual de los jóvenes de Europa y América del Norte. Es el resultado de una opción de vida donde el hombre pone en el centro de su existencia una realización puramente individualista y egoísta de su vida; en la que el placer, el dinero, el ansia desmedida de los bienes materiales y el triunfo en la vida a toda costa se constituyen en «los dioses» de las nuevas generaciones como causa y efecto, a la vez del abandono de la concepción trascendente del hombre y del reconocimiento de la existencia de Dios. Hedonismo, materialismo y ateísmo se suelen condicionar mutuamente.

 —¿Y sus consecuencias?

 —Tiene muchas consecuencias, como considerar que el vivir responsablemente la dimensión sexual de la persona es sólo tener cuidado de que no te enfermes. Segundo, vivir el ideal de la vida como ideal de paternidad y maternidad ya no tiene mucho sentido, entonces comienzan fenómenos como la expansión vertiginosa del divorcio y también la difusión y la legalización del aborto en las sociedades europeas. En definitiva, no se quiere dar la vida y no se comprende la vida como ofrenda.

 —El Congreso ha aprobado la ley del aborto. ¿Qué le parece lo más grave de esta ley?

 —Facilita más que antes el paso hacia el aborto por parte de la mujer y, por lo tanto, empeora la situación del derecho a la vida. Abortar se convierte en un derecho en las catorce primeras semanas de embarazo. A más niños se les va a impedir nacer. La conciencia de una parte de la sociedad se va a embotar más. Puede producirse un efecto positivo, en tanto en cuanto va a suponer una llamada de gran urgencia para los cristianos, para convertirnos en servidores de la vida y acogedores de las madres que se ven en esas situaciones difíciles. Hay que pedir mucho a María, la Reina de la Vida, que sea así.

 «No se quiere dar la vida y no se comprende la vida como ofrenda»  

 —La ley prevé incluir también la educación sexual en el sistema educativo. ¿Teme que sea un nuevo adoctrinamiento?

 —Claro. Ese aspecto de la educación de la sexualidad humana es una responsabilidad de los padres. En primer lugar, toda fórmula escolar en cualquier tipo de centro de enseñanza, sobre todo en los que se forman niños y jóvenes, que no parta del respeto a ese derecho de los padres es mala y no responde a las exigencias del bien común y, por supuesto, a lo que establece la Constitución en el artículo 27, párrafo 3.

 —Primero se llamó matrimonio a las uniones homosexuales y ahora se pretende convertir el aborto en un derecho. ¿Qué hay detrás de estas propuestas?

 —Hay ciertamente una visión del hombre puramente inmanente y materialista, que ha llegado a convertirse en una teoría antropológica y psicológica muy dominante, favorecida por todo este tipo de acciones políticas y jurídicas que responden a la llamada teoría de género y para la que ser hombre o ser mujer es de un significado sin fundamento en el ser del hombre. Uno puede elegir ser hombre o ser mujer según las circunstancias históricas y culturales que han labrado y formado la historia de la persona. Esa teoría es la que se quiere implantar y no sólo teóricamente sino también en la práctica, diciendo a los jóvenes y a los niños que hay que «hacer opción» de su condición humana en lo sexual, como si eso no tuviera nada que ver con la sustancia de su ser personal.

 —Entonces, una determinada legislación puede cambiar la mentalidad de una sociedad…

 —Una legislación nunca puede cambiar totalmente a una sociedad. La realidad del hombre y de lo humano es mucho más fuerte que cualquier legislación y todo el ordenamiento jurídico de ella resultante. Al final todo proceso histórico, cultural y jurídico que no responde al bien fundamental y a la verdad del hombre fracasa. Las leyes humanas pueden causar mucho dolor y sufrimiento pero al final se impone siempre la verdad y el bien del hombre.

 —¿Cómo está afectando la crisis a la familia?

 —La crisis le está afectando mucho, sobre todo cuando se producen situaciones de pérdida de empleo. Las consecuencias son muy graves porque las expone a una situación de carencia fundamental que les impide poder responder a una necesidad vital como es la de alimentar y educar a los hijos. Eso es ocasión para que surjan problemas y sean motivo de rupturas familiares y de sufrimiento indecible para los hijos. Al final son los niños y adolescentes las víctimas más inocentes y menos culpables y más directamente afectadas por esas crisis de los matrimonios.

 —¿Cuenta la Iglesia con suficientes recursos económicos y humanos para seguir ayudando a las familias que se acercan a instituciones como Cáritas?

 —Acabamos de celebrar una reunión del Consejo Diocesano de Cáritas de Madrid y hemos constatado que, en el 2009, se ha producido un crecimiento superior al 30% de las donaciones y una subida muy sustancial de los voluntarios. También hay una especie de vigorización espiritual y apostólica y muchas ganas de ayudar, de forma que estamos respondiendo bastante bien a las necesidades más elementales que sufren muchas familias. El año que viene tenemos previsto ampliar, además, la red de centros de ayuda a las madres en dificultades, muchas veces abandonadas con sus niños. Estamos intentando ayudarles para que no renuncien a sus hijos, que puedan ser madres. En este momento la oferta de ayuda es de gran amplitud y los recursos materiales y humanos están viniendo con una maravillosa generosidad que no deja diariamente de sorprendernos.

 —¿Qué le pide a Dios en estas Navidades?

 —Que nazca en el corazón de la gente, de los niños, de los jóvenes, de las familias, incluidos los abuelos y que consuele mucho a los que están sufriendo en el alma y en el cuerpo. Y luego, que nazca también en ese mundo de pobreza y de dolor que nos rodea a causa de lo que llamamos crisis económica. También le vamos a pedir mucho al Niño Jesús por las familias el 27 de diciembre y por los jóvenes que se preparan para celebrar la gran Jornada Mundial de la Juventud en Madrid en 2011.

“Trato de demostrar que el cristiano no es un cretino”

El escritor Vittorio Messori presenta su libro-entrevista

En su último libro publicado en España, el apologeta de la razón Vittorio Messori, es el cazador cazado. Quien entrevistara a los dos últimos Papas para sendos libros, es ahora interrogado por el vaticanista Andrea Tornielli en un volumen titulado “Por qué creo” (LibrosLibres). 
Messori (Sassuolo, 1941) periodista y escritor italiano, es considerado como el escritor de temas católicos más traducido del mundo. Sus obras más influyentes han sido “Hipótesis sobre Jesús” (1977) e “Informe sobre la fe” (1987) (entrevista con el cardena l Joseph Ratzinger). Fue el primer periodista en publicar un libro entrevista con Juan Pablo II, que se publicó en un libro titulado “Cruzando el umbral de la esperanza” (1994).

–Al comienzo del libro, se le ve muy reticente a abrir su alma en canal, aunque ya está  aceptado el reto de enfrentarse a las preguntas de Tornielli. ¿Ha sido tan duro como parece para usted enfrentarse a la sistematización de su vivencia de conversión?

–Vittorio Messori: He esperado muchos años antes de responder. Primero porque he escrito 23 libros, todos de investigación religiosa, pero siempre había rechazado contar mi conversión. Mis lectores saben que en mi vida hay un antes y un después. Saben que no he nacido católico y que he tenido una educación muy anticlerical y muy antirreligiosa. Y saben que ahora soy un católico “papista”, ortodoxo, y tienen mucha curiosidad por saber cómo pasó. ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido en su vida? Cómo de anticlerical he pasado a ser un católico riguroso en el pensamiento, no tanto en la vida. Porque yo no me presento como un beato. Soy como todos, un pecador que hace muchas cosas incoherentes.  
He sido muy celoso de mi vida íntima, no me he animado a contarla. Pero en efecto, la conversión es un misterio y es muy difícil contar un misterio. Mi trabajo está en las palabras, soy periodista y escritor, trabajo con ellas. Pero me resultaba muy difícil encontrar las necesarias para contar este misterio. 
Finalmente me decidí a responder no sólo a la petición de los lectores, sino a la de este periodista, este colega, Andrea Tornielli, que para mí es el mejor vaticanista italiano, además de un gran periodista y esc ritor. Ahora me he decidido por primera vez a contarlo porque mi vida está dividida en dos, al pasar de la increencia a la fe. 

–La edición española del libro “Por qué creo” (Libros Libres) tiene más de 350 páginas y, pese al impresionante recorrido por la experiencia, sigue quedando una duda. ¿Se puede abarcar la experiencia mística de una persona en letra impresa? ¿Es posible verbalizar todo el cambio intelectual y moral que experimenta un converso?

–Vittorio Messori: Este es uno de los motivos por los que siempre había dicho que no. Repito que el misterio es difícil de contar. No soy un místico, no soy un visionario. Siempre he sido una persona muy pragmática, muy concreta, muy racional. Pero, no sé por qué, hubo un periodo en mi vida, de unos dos meses en un verano, donde encontré una nueva dimensión en la que la verdad, que pensaba que no existía en mayúsculas, se me hizo evidente. Está en el Evangelio.  
Yo era un buen estudiante, me encantaba estudiar y me preparaba no sólo para ser periodista, sino también profesor universitario y había leído muchísimos libros, pero ese pequeño libro que es el Evangelio no lo había leído. No sospechaba que en él estuviera la Verdad. 
Ahora he continuado usando la razón como antes, pero abierto al misterio. Mis maestros me enseñaron a usar la razón pura, pero he descubierto que usándola, al final de la razón siempre se llega al misterio. En todos mis libros he buscado razonar. No he trabajado la predicación, la espiritualidad, la homilía. Trato de ayudar al lector a razonar sobre la f e y al final, apostar por la veracidad de la fe.  

–Aunque su conversión parece ligada también a un “hecho extraordinario”, usted no lo alega como argumento, buscando razones objetivas y fundamentos históricos objetivos para la credibilidad de la Iglesia. ¿Qué opina de la apologética basada no tanto en la racionalidad de la fe como en las experiencias y vivencias individuales?

–Vittorio Messori: No hay contradicción entre las dos. La verdad de la fe se comprende razonando y viviendo. Hace cuarenta años de mi “fractura” y en este tiempo he razonado y estudiado mucho, pero sobre todo he vivido y he encontrado que el fruto de mi razonamiento encontraba sentido en la vida completa. El Evangelio cuenta que los discípulos preguntaron a Jesús quién era. Él no les da sermones, no les ofrece razonamientos, les decía: “Ven y sígueme. Ven conmigo, vive conmigo y verás que soy el Mesías. El cristianismo no es una filosofía, no es una ideología. Es un encuentro de dos personas. 

–En el libro se desprende cierto pesar por el abandono de sus antiguos maestros, los que le introdujeron en el camino del agnosticismo. ¿Se sintió  traicionado por quienes defendían la razón como única base posible, cuando esa misma racionalidad es el eje de su llegada a la fe?

–Vittorio Messori: Para mí la fe fue una sorpresa. No la buscaba, estaba bien. No tenía ninguna preocupación religiosa. Me bastaba la cultura laicista y racionalista de mis maestros. No deseaba ser católico. La fe no me ha resuelto los problemas de la vida. Al revés, me la complicó. Porque yo venía de una familia no creyente. Estudié en una escuela más que laica, laicista. Me preparé pa ra ser periodista, siempre tuve una gran vocación. Pero periodista de asuntos políticos, sociales y económicos. En mi último año de universidad tenía la vida programada y tuve que cambiar por completo el programa. A mis padres les pareció que me había vuelto loco y mis profesores se mostraron atribulados y decepcionados. Pensaban que “lo mío” tendría que ver con una depresión nerviosa. ¡Cómo un discípulo de nuestro laicismo se puede hacer católico! Fue muy duro, porque uno puede pensar que la fe resuelve todos los problemas. 
Por supuesto que estoy muy contento y feliz de tener problemas, pero efectivamente fue una ruptura grande. En todo caso, he tenido la fortuna de trabajar para grandes periódicos como La Stampa, el diario de la FIAT y también con Il Corriere de la Sera. Pero siempre hablando de asuntos religiosos, que es lo contra rio que yo pensaba en un principio. Al final encontré mi sitio, pero fue duro cambiar por completo mis planes. 

–Vayamos pues con una cuestión de actualidad. ¿Cómo valora que el Tribunal de Derechos humanos de Estrasburgo acabe de sentenciar que las escuelas italianas deben eliminar los crucifijos de las paredes de sus aulas porque su presencia puede perturbar a los niños que no son cristianos?

–Vittorio Messori: El concordato entre el Estado Italiano y la Iglesia dice que en las escuelas y tribunales debe estar presente la cruz y está en perfecta sintonía con la Constitución italiana. La decisión me entristece pero no me escandaliza. 
Me entristece porque estos funcionarios [los jueces] no se han enterado de nada porque la cruz desde hace mucho tiempo es más que un símbolo religioso, es un símbolo humano, de la injusticia, del sufrimiento y de la esperanza. La posición laicista sobre el cruicifijo es absurda, porque la negación de las raíces cristianas de Europa no es un pecado contra la religión sino contra la historia. Sin san Benito o los papas del medievo no existiría Europa. Es un pecado contra la historia. 
No me escandaliza, porque creo que la cristiandad de masas está terminada. Jesús dice que sus discípulos serán siempre un pequeño grupo. No soy un nostálgico de la cristiandad de masas, de la España de la Inquisición, de que el 90 por ciento de la gente vaya el domingo a misa. Creo que, como dice Benedicto XVI, los cristianos debemos descubrir nuestra propia vocación. 

–Multitud de sus respuestas concluyen haciendo una defensa del “et-et” (esto y aquello), frente al “aut-aut” (o esto o aquello), como característica esencial del catolicis mo: es la idea de que “todo cabe” en la Iglesia, como explicación de su insondable riqueza. Pero ¿dónde está el límite entre lo que cabe dentro de la Iglesia en alguna interpretación, y lo que no cabe por ser contrario a ella?

–Vittorio Messori: El principio fundamental del catolicismo, por decirlo en latín, es el “et-et”, frente al principio de la herejía  “aut-aut”. Pensemos en el protestantismo, que es un “aut-aut”: O la Biblia, o la tradición. O Jesucristo o la Virgen y los santos. O la gracia o el libre arbitrio. O Cristo o el Papa. La herejía del protestantismo elige o esto o aquello. Mientras que el lema del católico es “lo quiero todo”: el Papa y la Biblia; Jesús y la Madre; la gracia divina y la libertad del hombre: el Evangelio y la Iglesia. 
Ahora, creo que el católico debe descubrir esta sín tesis de acoger todo lo que es bueno. Esto es muy importante porque hoy hay mucho catolicismo abonado al “aut-aut”. El título de mi próximo libro será “Queremos todo”. 

–Es usted un defensor de la racionalidad de la Fe, de la existencia de motivos sólidos y casi científicos para la credibilidad de la Iglesia, y al mismo tiempo un defensor de los milagros, un propagandista de las apariciones de la Virgen… Esto un católico lo entiende bien, pero ¿cómo se lo explica a un ateo?

–Vittorio Messori: No existe contradicción entre la fe y la razón. No hay una batalla. La fe es el punto de llegada de la razón usada hasta el final. Estoy muy agradecido de lo que me enseñaron mis maestros universitarios, aunque luego renegaron de mí. Yo no he renegado de ellos, porque me habituaron a usar la razón y ser creyente no significa renunciar a la razón, sino usarla al máximo. 
A estos maestros, a los que estimo, les achaco el haber convertido la razón en una ideología, el racionalismo, donde no hay nada más allá de la razón. Han de comprender que hay cosas más allá de la razón, que no están contra ella. Y les anima usarla hasta el final. 
Yo he escrito mucho sobre las apariciones de Lourdes y ahora estoy terminando otro volumen sobre el asunto. Pero no es un libro de explicaciones sobrenaturales, sino que indago sobre el plano histórico las apariciones. Al final, me debo rendir ante el hecho de que la historia investigada a fondo lleva al misterio.
La mitad de mis lectores en Italia son creyentes, y la otra mitad no. La mayoría de estos últimos no están de acuerdo con mis conclusiones, pero siguen con agrado el razonamiento. Lo que trato de demostrar es que el cristiano no es un cretino, no es alguien que renuncia a usar la razón. El cristiano es quien usando la razón, rompe los muros del racionalismo para llegar a una realidad cierta que es más grande que nuestra propia razón.

 

Servir a Cristo en Tierra Santa

Un presbítero israelí comparte su “viaje” al sacerdocio

¿Cómo haría la amistad entre un adolescente judío y una monja ortodoxa de Rusia, de 90 años de edad, que resulta ser una princesa, para conducir a este joven a convertirse en católico? ¿Y más tarde, sacerdote jesuita?
Puede no parecer un resultado probable, pero es la verdadera historia que está detrás de la vocación del padre David Mark Neuhaus, Vicario del Patriarcado Latino para los católicos de lengua hebrea en Israel (www.catholic.il).
En esta entrevista al padre Neuhaus, relata cómo nació en una familia judía que había conseguido escapar al flagelo de los nazis en su Alemania natal.
La familia vivía en Sudáfrica, pero de adolescente, David se trasladó a Jerusalén. Allí conoció a una monja ortodoxa, que al hablar de su fe, irradiaba la alegría de Cristo.
Fue a través de sus conversaciones con ella cuando él se sintió llamado no sólo a convertirse en un cristiano, sino a servir a Cristo como su Vicario en la tierra.
Actualmente, padre Neuhaus, enseña Escritura en el Seminario del Patriarcado Latino y en la Universidad de Belén.
Completó su doctorado en ciencias políticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén. También tiene títulos en Teología del Centro Sèvres de París, y en Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.

-¿Cómo veía la religión de niño? ¿Era usted espiritual?
Padre Neuhaus: Yo nací en una familia judía no muy practicante, que había encontrado refugio de la devastación nazi en Sudáfrica. Mi padre iba regularmente a la sinagoga, pero en casa la práctica religiosa no era muy regular. Yo acudía a una excelente escuela judía local, donde rezábamos cada mañana, estudiábamos la Biblia, religión y hebreo.
Yo no estaba particularmente interesado en nada de esto, y pensaba que la religión era para los ancianos que estaban atemorizados por la muerte. Además, para mí, en esa época, el cristianismo lo percibía como que estaba en las raíces del sufrimiento de mi propia familia y de los demás judíos, particularmente en Europa, por tanto no era nada espiritual.

-Usted se convirtió desde el judaísmo mientras vivía en Israel. ¿Qué le llevó a convertirse al catolicismo?
Padre Neuhaus: Llegué a Israel a la edad de 15 años, apasionado por la historia, y llegué en búsqueda de una princesa rusa que sabía que se había trasladado a Jerusalén. Yo era un adolescente judío y el vástago del Imperio Ruso que conocí, Madre Barbara, tenía casi 90 años, era monja ortodoxa desde hacía más de 50 años.
Pasamos muchas horas juntos, hablando de los últimos días del Imperio Ruso, la revolución y sus repercusiones. En el curso de nuestras conversaciones, me dí cuenta de que esta viejísima y frágil señora brillaba de alegría. Lo encontré muy extraño, pues ella estaba completamente postrada en la cama, confinada en una pequeña cel da en un convento y la única expectativa que a ella le quedaba era la muerte.
Un día, me armé de valor y le pregunté: ¿Por qué está usted tan alegre? Ella sabía que yo era judío y dudó al principio, pero al final empezó a hablarme del gran amor de su vida, las palabras se desbordaban y ella estaba cada vez más radiante. Me habló de Jesucristo, del amor de Dios manifestado en él, de su vida de alegría con él en el convento.
Yo estaba conmocionado y hoy sé que en su alegría radiante vi el rostro de Jesús por primera vez. Nuestras conversaciones continuaron un tiempo. Tan pronto como vi a mis padres, les dije que quería ser cristiano, y ellos se quedaron estupefactos. Les prometí que esperaría 10 años, pero que si seguía convencido deberían aceptar. Ellos estuvieron de acuerdo, esperando que con el tiempo, cuando pasaran los diez años, yo habría vuelto a mis cabales.

-¿Pensó alguna vez que acabaría como sacerdote católico?
Padre Neuhaus: Yo sentí mi vocación a la vida religiosa casi inmediatamente al encontrar a Cristo en Madre Barbara. La vocación al sacerdocio llegó tan pronto como puede entender el significado de la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. Quería estar en presencia de Jesús, debía aprovechar toda oportunidad de conocerle y quería llevarle a los demás. Sentía Sentí que el mundo tenía extrema necesidad de alegría y que Cristo era la clave de la verdadera alegría.
Los momentos más fuertes durante los primeros años de empezar a conocerle fue cuando, aún adolescente, frecuentaba la Iglesia Ortodoxa Rusa para la Divina Liturgia. La lectura de la Bibl ia llegó un poco más tarde y sigue siendo mi pasión hasta. Me llevó algún tiempo hasta que entré en contacto con la Iglesia Católica.
Lo que me atrajo fue la universalidad de la Iglesia Católica y su amor y la solicitud por el mundo. Lo que me consolaba era la búsqueda, por parte de Iglesia Católica, del camino de la reconciliación con el pueblo judío, para corregir lo que había sido pecaminoso en el modo en que se había enseñado a los católicos acerca de los judíos y del judaísmo.
Lo que me inspiró fue la enseñanza profética de la Iglesia Católica sobre la justicia y la paz, y su compromiso al lado de los oprimidos y los oprimidos. El interrogante categórico de mi familia y mis amigos judíos era: ¿Cómo puedes unirte a la comunidad que nos ha perseguido durante siglos?
Encontré consuelo en las figuras del beato Papa Juan XXIII, en el cardenal Augustin Bea y los otros gigantes del Concilio Vaticano II, así como la reformulación de la enseñanza de la Iglesia con respecto a los judíos. He entendido desde el principio que si yo, judío, entraba en la Iglesia, tenía que servir; yo no podría ser simplemente un cristiano más. Mucho antes de mi bautismo, entendí que ese servicio estaba íntimamente conectado con hacer presente a Cristo en el mundo a través del sacramento y por medio de la Palabra.

-¿Qué le atrajo hacia los jesuitas?
Padre Neuhaus: No fue Ignacio de Loyola al principio, él llegó después, durante el mes de retiro del primer año de noviciado. Al principio me atrajeron los primeros dos jesuitas que conocí en Jerusalén: padre Peter, un americano que había venido a trabajar con los palestin os como profesor de filosofía y teología en la Universidad Católica de Belén (donde yo enseño ahora), y el padre José, un nicaragüense que había venido a trabajar en la asociación israelí de habla hebrea, y que servía en la pequeña iglesia católica de habla hebrea (de la que yo soy ahora Vicario del Patriarcado).
La dedicación de estos dos hombres, que habían dejado todo para servir a Cristo, me conmovió profundamente. Yo estaba impresionado por la espiritualidad sólida y la talla intelectual de estos dos hombres. Me impresionó su capacidad para hacer frente a la complejidad, sin reducir la realidad a los eslóganes. Por encima de todo, me impresionó por su amistad con los demás en el Señor. Uno de ellos trabajaba en profunda solidaridad con los palestinos, el otro en profunda solidaridad con los judíos de Israel, y sin embargo a través del abismo de la violencia y el odio, fueron capaces de ser amigos, rezar juntos, hablar y reír juntos.
Esto abrió posibilidades de que nuestra realidad parecía haber cerrado, y ofrecía esperanza y un aliento de vida, donde no parecía haber ninguna. El padre José me preparó para el bautismo y me bautizó, el padre Peter coordinó mi entrada en la Compañía de Jesús y me revistió en mi ordenación.

-Usted es israelí, sacerdote católico que vive en Jerusalén, la tierra donde Jesús mismo caminó. ¿Qué dimensión especial añade esto a la vivencia de su sacerdocio?
Padre Neuhaus: Vivir donde Jesús vivió, caminar por donde él caminó, vivir entre su pueblo en la carne es un privilegio increíble. Como católicos creemos que el momento de la Resurrección de Cristo cambió la faz de la tierra en una “tierra santa”, y a la gente que cree en Cristo en un “pueblo santo”, pero este particular trozo de tierra lleva consigo las verdaderas huellas de la vida terrena de Jesús, y las huellas de los patriarcas de Israel, sacerdotes, reyes, sabios y profetas que le precedieron, preparando su camino.
Vivir el discipulado aquí es recordar a cada paso los actos concretos del amor que Jesús vivió aquí. La tierra en que vivimos es un “evangelio” en el que anuncia la buena noticia de la victoria sobre la muerte de Cristo y de todos los que llevaron a esa victoria. Para mí, el centro es la Iglesia de la Resurrección (llamada por muchos la Iglesia del Santo Sepulcro). Yo trato de ir regularmente a orar, y así revitalizar constantemente mi vocación e interceder por la Iglesia, para que seamos fieles al amor de Cristo p or el mundo.
Además de celebrar los sacramentos y la predicación de la Palabra, tengo un privilegio muy especial en esta tierra como profesor de Sagrada Escritura en el seminario diocesano de aquí. Una misión particular en la enseñanza de las Escrituras aquí es implicar a nuestros jóvenes seminaristas, jordanos y palestinos, en meditar sobre el don de ser capaz de leer las Escrituras en la tierra en que fueron escritas, celebrar los sacramentos en la tierra en la que fueron instituidos.
Además, aquí en esta tierra, atiendo a la pequeña Iglesia de habla hebrea. Orando en hebreo, estudiando el Antiguo Testamento en su propio idioma, siendo parte de la sociedad judía israelí, es un recordatorio constante de la fidelidad de Dios a través de las edades, especialmente a partir del momento le dijo a Abraham: “serás una bendición” (Génesis 12,2) .

-¿Cuál ha sido el aspecto más importante de ser sacerdote para usted, a día de hoy?
Padre Neuhaus: Ciertamente esperaba con gran expectación celebrar mi primera Eucaristía, para ser ministro de la presencia real de Cristo en un mundo que lo necesita desesperadamente. Sin embargo, me sorprendió la abundancia de la gracia en la escucha de las confesiones.
Servir como confesor sigue siendo uno de los aspectos más importantes del sacerdocio para mí porque es en el sacramento del perdón, donde tocamos de una manera muy real y directa la figura de Jesús que predicó el perdón, que vivió y murió por él. Yo esperaba la transformación humana que tiene lugar alrededor de la mesa eucarística y no me decepcionó, pero el poder de la absolución del pecado me dejó sin aliento. Me recuerda constantemente qué indigno soy de ser sacerdote por mi debilidad humana, y, sin embargo me asombra constantemente la obra de amor que Dios hace a través de los que Él ha elegido para ser sacerdotes.

-Usted participó en la bienvenida al Papa a Tierra Santa en mayo. ¿Cómo fue?
Padre Neuhaus: Fui nombrado Vicario del Patriarcado Latino para los católicos de lengua hebrea poco tiempo antes de la visita del Santo Padre, en mayo de 2009. Como miembro de la Asamblea de los Ordinarios locales, yo estaba entre los que podría acompañar cada paso de la visita del Santo Padre. Una visita a Tierra Santa es como caminar en un campo minado, por el conflicto entre los dos pueblos que viven aquí, los judíos israelíes y los árabes palestinos, pero lo más impresionante fue el amor, la solicitud y la profunda preocupación que el Santo Padre irradiada hacia ambos pueblos, y la valentía con la que proclamó el mensaje de esperanza para la reconciliación, la justicia y la paz. Sin duda, los momentos culminantes fueron las cuatro celebraciones de la Eucaristía (Amman, Jerusalén, Belén, Nazaret). En estas ocasiones, el Santo Padre irradiaba la alegría que me había atraído al principio a la Iglesia. Estamos en extrema necesidad de alegría, pues nuestra situación política es motivo de constante ansiedad.

-¿Qué diría a un joven que estuviese hoy discerniendo sobre su vocación al sacerdocio?
Padre Neuhaus: He sido profesor de Escritura en nuestro seminario diocesano durante los últimos diez años. Esto me ha dado la ocasión de hablar a menudo, largamente y en profundidad, con los llamados al sacerdocio. Yo les digo: Necesitamos sacerdotes santos, que reflejen la vida de Dios entre nosotros, como ministros de la presencia de Dios en los sacramentos, y que prediquen la Palabra de Dios con convicción.
Necesitamos sacerdotes que estén llenos de fe, que irradien esperanza, que amen a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y que vivan en la alegría … sí, la alegría es nuestro testimonio palpable de la victoria sobre el miedo, el pecado y la muerte que Cristo ya ha ganado para nosotros en la resurrección, en un mundo que tiene poca evidencia de esa victoria.

 

Acompañar objeción de conciencia con doctrina política católica, pide jurista

Entrevista a uno de los organizadores del congreso “Estado y conciencia”

 “La verdadera resistencia ante las injerencias de parte del Estado debe venir acompañada de la auténtica afirmación de la doctrina política católica”.
Lo señala el profesor de Ciencia Política y Derecho Constitucional Miguel Ayuso en la siguiente entrevista concedida a ZENIT.
Ayuso forma parte del comité del congreso de la Unión Internacional de Juristas Católicos que se celebrará en Madrid el 12 y 13 de noviembre sobre el tema “Estado y Conciencia”.
Entre las diversas personalidades que participarán en el Congreso se encuentran el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, y el arzobispo Raymond L. Burke, prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.

— ¿Actualmente están los Estados tomando terreno en el ámbito propio de la conciencia?
Miguel Ayuso: Es cierto que nuestros días puede hacerse más evidente la potencial conflictividad de la relación entre el Estado y la conciencia.
Hay que tener presente que el Estado moderno nació basado en la afirmación de la libertad de conciencia, que ha conducido finalmente a constituir al poder político como fuente única de moralidad.

— ¿Podría poner algunos ejemplos?
Miguel Ayuso: Esto se ve con claridad en la vida interna de los Estados y en la de las organizaciones internacionales.
Así, los criterios con que se pretende evitar el contagio del SIDA o regular la natalidad presuponen la exclusión de cualquier normatividad moral de origen religioso.
Al mismo tiempo, el Estado separado de la Iglesia también tiende a negar la presencia de la fe en la educación o en la vida social.
He ahí el dinamismo por el que el liberalismo descristianiza, como se hace patente en un mundo en el que los paradigmas de la modernidad fuerte se disuelven en un discurso de matriz nihilista.

— ¿Qué diferencias hay en este sentido respecto al pasado?
Miguel Ayuso: Para empezar, hay que distinguir, con la recta filosofía y la doctrina católica, entre libertad “de” conciencia y libertad “de la” conciencia.
La segunda, que la Iglesia defiende, no es sino el reflejo de la ley moral objetiva inscrita en la conciencia, en todas las conciencias.
La primera, en cambio, que es la de la cultura moderna, y la que se ha impuesto, supone
la reclamación de una autonomía moral subjetiva.
Las consecuencias políticas de la distinción no son pequeñas. Porque la libertad “de” conciencia lleva al individualismo exasperado, que se resuelve en una visión del derecho positivo como pura fuerza, y que presupone el concepto de libertad negativa, esto es, la libertad sin regla.
Pero afirmar que todas las concepciones morales y religiosas tienen d erecho de ciudadanía, con el único límite de que los actos que provengan de las mismas no dañen a otros, implica sostener que cada uno puede, en la esfera privada, hacer lo que le plazca.
El hecho de drogarse, rechazar transfusiones de sangre necesarias, tener varias mujeres o evadir capitales al extranjero, por poner casos de distinta densidad, se convierten en problemas insolubles.

— ¿Cómo se pueden limitar las injerencias del Estado en los ámbitos propios de la conciencia?
Miguel Ayuso: Una primera solución conduce hacia los terrenos de la objeción de conciencia.
Conviene, sin embargo, trazar aquí una distinción paralela a la que acabamos de hacer sobre la libertad de conciencia.
Hay también una objeción “de” conciencia y una objeción “de la” conciencia. E igual y lógicamente la primera resulta ajena y contraria a la cultura católica; mientras que la segunda no es sólo aceptable sino que puede resultar incluso obligatoria en función de las circunstancias.
Por eso, en nuestros tiempos, se oye hablar mucho de objeción de conciencia. Y bien está en cuanto supone el rechazo de leyes esencialmente injustas.
Aunque con frecuencia lleva consigo una cierta ambigüedad, por el contexto de afirmaciones políticas en que se formula, y que no siempre discierne con claridad la objeción “de la “conciencia respecto de la objeción “de” conciencia.
De ahí que la verdadera resistencia ante las injerencias de parte del Estado debe venir acompañada de la auténtica afirmación de la doctrina política católica.
Ésta es la que sostiene que el Estado (o mejor, la comunidad política) es un instrumento del orden que se funda sobre una invariante moral , de modo que cuando se prescinde de ella no sólo se rechaza el que podríamos llamar “Estado católico”, sino que es el propio “Estado” el que desaparece.
No es frecuente, sin embargo, escuchar este tipo de afirmaciones en el mundo
católico contemporáneo, quizá porque ha sido engullido (aun inconscientemente) por la cultura liberal.

— ¿Por qué se ha escogido para el congreso de este año el tema “Estado y
Conciencia”?
Miguel Ayuso: En primer lugar, se trata de un tema central de la filosofía práctica, esto es, moral, jurídica y política.
Nunca está de más, por lo tanto, contribuir a esclarecer conceptos tan importantes, tanto en sí mismos como en su interrelación, para los profesionales católicos del derecho.
Pero no puede ocultarse que, en segundo lugar, la experiencia contemporánea hace más urgente esa reflexión, en cuanto exige el enjuiciamiento de múltiples cuestiones delicadas en las que está implicada la relación del Estado y de su ordenamiento jurídico con la conciencia.

— ¿Cuántas personas, y de cuántos países, prevé usted que participen en el Congreso del mes de noviembre?
Miguel Ayuso: La Unión Internacional de Juristas Católicos es una asociación privada internacional de fieles de derecho pontificio, dotada de personalidad jurídica, cuya sede central se encuentra en Roma, en el Palacio de la Cancillería, que goza de extraterritorialidad por pertenecer a la Santa Sede.
Reúne profesionales o estudiosos del derecho de veinte países y tiene más de cinco mil socios.
En este Congreso, el primero mundial que se celebra desde 1994, esperamos unos tresciento s participantes, procedentes de una quincena de países.
Por el momento, han anunciado su presencia colegas de Estados Unidos, Méjico, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Portugal, Francia, Italia, Hungría y Polonia, además de España naturalmente.