Itinerario de la Cruz de las JMJ – Valencia

Itinerario de la Cruz de las JMJ – Valencia

 
VIERNES 11 FEBRERO:
21’45h: Recepción de la Cruz en el PALACIO ARZOBISPAL y Procesión hacia la CATEDRAL. (Valencia)
22’00h: Vigilia de Bienvenida de la Cruz en la CATEDRAL. (Valencia). Al finalizar se trasladará la Cruz en procesión hasta la Casa de las HERMANITAS DE LOS ANCIANOS DESAMPARADOS. (Valencia)
23’30h: Vísperas en las HERMANITAS DE LOS ANCIANOS DESAMPARADOS. (Valencia)

SÁBADO 12 FEBRERO:
8’00 a 14’00h: Celebraciones en las HERMANITAS DE LOS ANCIANOS. (Valencia)
17’00h: Visita al CENTRO PENITENCIARIO. (Picassent)
19’30h: Eucaristía en la CATEDRAL. Al finalizar se trasladará la Cruz en procesión hasta en Centro Arrupe. (Valencia)
22’00h: Cena de sobaquillo en el Centro Arrupe. (Valencia)
22’30h: Vigilia en el CENTRO ARRUPE. (Valencia)

DOMINGO 13 FEBRERO:
9’00h: Laudes en el CENTRO ARRUPE. (Valencia)

LUNES 14 FEBRERO:
10’30h: Llegada y celebraciones en el COLEGIO SALESIANOS. (Valencia)
15’30h: Llegada y celebraciones en la UCV (Sede Santa Úrsula). (Valencia)

JUEVES 17 FEBRERO:
16’30h: La cruz estará en la BASÍLICA DE LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS, para la veneración de los jóvenes. (Valencia)
20’30h: Eucaristía de despedida en la BASÍLICA DE LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS. (Valencia)

Triptico Cruz Itinerante -JMJ 2011 – Valencia

Material para Niños

La Cruz y Europa

El caso Lautsi ha levantado revuelo en Europa después de que el Tribunal europeo de derechos humanos condenara a Italia por la presencia de los crucifijos en las escuelas públicas, una presencia que supuestamente viola los derechos humanos. Para dar una base legal a su decisión, el Tribunal creó una nueva obligación, según la cual el Estado está «obligado a la neutralidad confesional en el campo de la educación pública».

 El Tribunal añadió que no veía «cómo la exposición en las clases de las escuelas públicas, de un símbolo que es razonable asociar al catolicismo (religión mayoritaria en Italia) puede servir al pluralismo educativo, que es esencial para preservar una “sociedad democrática” tal como la concibe la Convención». Así, según el Tribunal, los Estados europeos deberían ser arreligiosos (neutralidad confesional) para servir al pluralismo, que sería la causa constitutiva de una sociedad democrática. En otros términos, el Tribunal afirma que una sociedad, para ser democrática, debe renunciar a su identidad religiosa. Italia presentó recurso de apelación contra esta decisión ante la Grande Chambre del Tribunal de Estrasburgo. La apelación se expuso el 30 de junio pasado y el juicio del Tribunal se espera para otoño.

 Este caso es sumamente importante. Es emblemático, puesto que está en juego la legitimidad misma de la presencia visible de Cristo en las escuelas italianas y, por extensión, de toda Europa. Se ha convertido en un símbolo en el conflicto actual sobre el futuro de la identidad cultural y religiosa de Europa. Un conflicto que enfrenta a los partidarios de la secularización completa de la sociedad y a los defensores de una Europa abierta y fiel a su identidad profunda. Los primeros ven el laicismo como la solución que permite gestionar el pluralismo religioso y el pluralismo como un argumento que permite imponer el laicismo. La secularización no es un fenómeno completamente

espontáneo o ineludible. Procede incluso a través de opciones políticas, como la política anticlerical de Francia a comienzos del siglo xx.

NECESIDAD DE IDENTIDAD

 Europa es distinta. El pluralismo religioso, el cosmopolitismo que sirve de paradigma para la reflexión del Tribunal, en realidad es una ficción extraña en la mayor parte del territorio europeo. Sin embargo, es verdad que estamos en una época en la cual las identidades nacionales se ponen en tela de juicio, pero al mismo tiempo es muy fuerte la necesidad de identidad. La Europa occidental de finales de la segunda guerra mundial vivió jurídicamente en un régimen proclamado de libertad religiosa; pero, de hecho, lo que hemos conocido es más bien un régimen de simple tolerancia religiosa. Esto se explica con el hecho de que las minorías religiosas en aquel tiempo eran poco visibles y no pretendían modificar la identidad religiosa de las naciones a las que habían emigrado.

 Hoy la situación es diferente. La presencia del islam obliga a Europa a tomar realmente posición sobre la libertad religiosa. Esta elección no es sólo una toma de posición filosófica, sino que tiene también importantes consecuencias concretas sobre la realidad de la identidad religiosa occidental. Resulta cada vez más evidente que las instituciones públicas de Europa occidental —y la sentencia Lautsi lo demuestra— han optado por limitar la libertad religiosa e imponer una secularización de la sociedad para promover un modelo cultural preciso en el cual la ausencia de valores (neutralidad) y el relativismo (pluralismo) son valores en sí mismos para sostener un proyecto político que se quiere que supere la religión y la identidad. Este proyecto político, en cuanto sistema filosófico, pretende tener el monopolio.

 En este contexto de radicalización de la secularización se inserta el caso Lautsi. Es el último y principal obstáculo contra el cual ha topado el proceso de secularización después del debate relativo a las «raíces cristianas» en el preámbulo del Tratado constitucional europeo. El hecho de que una jurisdicción haya podido, en nombre de la libertad religiosa, llegar a la conclusión de que una sociedad, para ser democrática, debe renunciar a su identidad religiosa, exige una reflexión sobre la evolución del concepto. El caso Lautsi muestra que este concepto, ideado para proteger a la sociedad del ateísmo de Estado, al final se ha convertido en un instrumento de deslegitimación social y de privatización de la religión. En definitiva, este caso muestra que este modo de entender la libertad religiosa puede volverse contra la religión y ser el principal instrumento conceptual de la secularización de la sociedad.

 SI SE NIEGAN LAS IDENTIDADES COLECTIVAS

 La primera y principal carencia que el caso Lautsi revela es la incapacidad de la concepción moderna de libertad religiosa de pensar y de respetar la dimensión religiosa de la vida social y la dimensión social de la religión. La teoría que ha llevado a la sentencia Lautsi se basa en el reconocimiento exclusivo de los derechos del individuo, que se supone dotado de una conciencia considerada infalible por naturaleza y destinado a evolucionar en una sociedad imaginada como axiológicamente (moralmente) neutral. Esta libertad se considera universal en cuanto fundada en la naturaleza humana y es imperativa puesto que es la expresión de uno de los aspectos de la dignidad humana. Por el contrario, la sociedad pública, en cuanto considerada una entidad artificial al servicio del individuo, debe anularse frente a la única autoridad legítima: la libertad que deriva de la dignidad individual.

 La identidad religiosa de la sociedad ya no tiene, de por sí, valor y legitimidad. Se considera un simple hecho heredado de la historia. En numerosos campos, el derecho internacional reconoce que las naciones pueden ser titulares de derechos subjetivos, como el derecho de proteger su identidad cultural, lingüística y ecológica y de transmitirla a las generaciones futuras; pero esto no vale para su identidad religiosa, aunque se trate de uno de los componentes más profundos de la identidad. En materia religiosa, las naciones no son titulares de ningún derecho. Según la concepción moderna de la libertad de religión, sólo los individuos, tomados aisladamente, poseen derechos religiosos que se ejercen en los límites que fijan las legislaciones nacionales. La religión y las distintas sociedades intermediarias no se benefician de una protección especial: sólo cada creyente, individualmente, es titular de este derecho, y este derecho se ejerce ante todo y sobre todo respecto a terceros y respecto a la sociedad.

 Esta libertad religiosa implicaría, pues, la neutralización de la identidad religiosa de la sociedad, pero esa neutralidad es profundamente ilusoria. De hecho, aunque el poder civil puede ser indiferente a las convicciones íntimas de las personas, no puede serlo del todo respecto de la religión en cuanto que esta es por su naturaleza un fenómeno social. Así, pretender ser indiferente respecto de la religión al final significa negar la dimensión fundamentalmente social de la religión y limitarla a la esfera privada de las convicciones íntimas.

 Es expresión de una opción filosófica afirmar en el caso Lautsi que el Estado debería actuar como si la sociedad y la cultura italianas no tuvieran nada de religioso. Sin embargo, un Estado, un pueblo, tiene necesariamente una identidad, y esta identidad tiene necesariamente una dimensión religiosa. Un Estado no es un concepto, no es una estructura neutral, no tiene la frialdad de una institución supranacional; un Estado es la emanación de un pueblo, con su historia y su identidad. En esta óptica, los símbolos sirven precisamente para representar, para encarnar los componentes de la identidad social. La identidad colectiva se construye en torno a símbolos. La dimensión religiosa de la identidad social de un pueblo la constituyen y manifiestan toda una serie de usos sociales y costumbres, como las fiestas, los nombres, un cierto tipo de relaciones humanas, el vestido e incluso la alimentación. Se manifiesta también mediante símbolos visibles, como los crucifijos en las escuelas, en los hospitales o en las plazas y en los monumentos públicos.

 Para ser coherente consigo mismo, el Tribunal europeo debería renunciar a cerrar en Navidades o en Pascua, y adoptar, como habían hecho los revolucionarios franceses, un calendario nuevo sin referencias a la vida de Cristo. De hecho, la identidad religiosa de una sociedad no puede ser neutralizada: puede ser negada, atacada y sustituida, pero no neutralizada. Por consiguiente, el verdadero centro de la cuestión en el caso Lautsi es la legitimidad de una autoridad supranacional que pretende modificar con imperio la dimensión religiosa de la identidad de un país. La teoría jurídica de la libertad religiosa no es capaz de tener en cuenta la identidad cristiana de Europa; es precisamente esto lo que el caso Lautsi ha revelado. Por consiguiente, la reacción política sin precedentes que ha suscitado la sentencia de noviembre de 2009 reviste una gran importancia, en cuanto que es una verdadera reafirmación de la legitimidad propia y particular del cristianismo en la identidad de Europa, frente a la dinámica de la secularización.

 INDIVIDUO Y SOCIEDAD

 El caso Lautsi revela también que el modo como el Tribunal de Estrasburgo afronta la libertad religiosa se basa en una concepción conflictual de las relaciones entre el individuo y la sociedad. La sociedad y la persona no son consideradas en una relación de complementariedad, sino de oposición: la sociedad es el principal obstáculo a la libertad individual; son las sociedades las que limitan la libertad; por tanto, deberían anularse, llegar a ser lo más neutrales posible con el fin de liberar el espacio para el libre ejercicio de la conciencia individual.

 Dicha concepción conflictual lleva a una lógica de reivindicación exclusiva de «mi derecho particular» contra el conjunto de la sociedad. El derecho de los hijos de la señora Lautsi a no estar obligados a ver el símbolo de Cristo debería prevalecer, sin ninguna componenda posible, sobre el deseo mayoritario de todo un pueblo, e incluso de todos los pueblos miembros del Consejo de Europa. La absolutización de la dignidad y de la autonomía individual lleva a la absolutización del derecho que la garantiza, y a la anulación de los intereses de la comunidad.

 La libertad contra la religión

 El caso Lautsi también debe llevar a interrogarse sobre el peligro que constituye la lógica de la libertad religiosa cuando se lleva al extremo, en cuanto que lleva a negar la religión en nombre de la libertad de religión, a defender la libertad de religión suprimiendo socialmente la religión. Es lo que ha hecho el Tribunal: ha pretendido defender la libertad religiosa suprimiendo el símbolo religioso. Se trata de un verdadero vuelco histórico y conceptual, puesto que en la posguerra se quiso la libertad religiosa como instrumento de defensa de la trascendencia del hombre ante el nihilismo de Estado. La libertad de religión es probablemente el derecho más violado en Europa en el siglo xx; sus enemigos se niegan a admitir que la religión y la libertad no son necesariamente antinómicas —utilizan la libertad contra la religión— e incluso consideran que la simple manifestación de la religión de los demás viola la libertad religiosa.

 Por último, como resulta de la jurisprudencia del Tribunal europeo, la libertad religiosa ya no es un derecho primario, fundamental, directamente derivado de la naturaleza trascendente de la persona humana, sino un derecho secundario, concedido por la autoridad civil y derivado del ideal de pluralismo democrático. Se trata de un vuelco conceptual. Así son cada vez más frecuentes en la jurisprudencia fórmulas como: la libertad de religión garantiza el pluralismo y por ello merece una tutela especial. La manifestación de las convicciones religiosas se encuentra así encuadrada por las exigencias de un orden público asimilado a la neutralidad.

 No sólo, sino que en la realidad la libertad de religión se limita cada vez más sólo a la libertad de fe, es decir, a la libertad interior de creer o no creer. Sería un error considerar que la fe es independiente de la religión en cuanto que una es interior y la otra exterior. Limitar la libertad de religión (a causa de la no legitimidad social de la religión) para proteger sólo la libertad de fe (como expresión pura de la trascendencia humana) correspondería, en una familia, a prohibir las oraciones y el catecismo en nombre de la libertad del acto de fe de los hijos. De hecho, así habría poquísimas posibilidades de trasmitir la fe a los hijos. Lo mismo vale para la sociedad. Quitar la religión de la sociedad equivale a quitar la fe de los corazones de las generaciones futuras.

 REACCIÓN SIN PRECEDENTES

 La sentencia Lautsi ha provocado una reacción social y política sin precedentes en la historia del Consejo de Europa. Nunca una decisión del Tribunal de Estrasburgo fue tan contestada, con tanto vigor, no sólo por los creyentes, sino también por la sociedad civil y numerosos Gobiernos. Tres semanas después de la audiencia ante la Grande Chambre, es cada vez más evidente que se ha obtenido una gran victoria contra la dinámica de la secularización. Aunque jurídicamente Italia todavía no ha ganado, de hecho políticamente ya ha logrado una victoria magistral. En efecto, hasta ahora, no menos de veinte países europeos han manifestado su apoyo oficial a Italia defendiendo públicamente la legitimidad de la presencia de símbolos cristianos en la sociedad y, en particular, en las escuelas.

 En un primer tiempo, diez países se comprometieron en el caso Lautsi con «intervenciones de terceros» (amicus curiae). Cada uno de ellos —Armenia, Bulgaria, Chipre, Grecia, Lituania, Malta, Mónaco, Rumanía, Federación Rusa y San Marino— ha entregado al Tribunal un memorial escrito invitándolo a retractarse de su primera decisión. Estos memoriales no sólo tienen valor jurídico, sino que son también y ante todo importantes testimonios de defensa del patrimonio y de la identidad de estos países ante la imposición de un modelo cultural único. Lituania, por ejemplo, no ha dudado en hacer un paralelo entre la sentencia Lautsi y la persecución religiosa que sufrió y que se manifestaba sobre todo en la prohibición de los símbolos religiosos.

 A estos diez países, hasta ahora, se han añadido otros diez. En efecto, los Gobiernos de Albania, Austria, Croacia, Hungría, ex República yugoslava de Macedonia, Moldavia, Polonia, Serbia, Eslovaquia y Ucrania han cuestionado públicamente el juicio del Tribunal y pedido que se respeten las identidades y las tradiciones religiosas nacionales. Numerosos Gobiernos han insistido en decir que esa identidad religiosa está en el origen de los valores y de la unidad europea.

 Así, junto con Italia, casi la mitad de los Estados miembros del Consejo de Europa (21 de 47) ya se ha opuesto públicamente a este intento de secularización forzada y ha afirmado la legitimidad social del cristianismo en la sociedad europea. Más allá de los argumentos reales de defensa de las identidades, de las culturas y de las tradiciones cristianas nacionales, de hecho estos veinte Estados han afirmado y defendido públicamente su adhesión a Cristo mismo; han recordado que es conforme al bien común que Cristo esté presente y sea honrado en la sociedad.

Esta coalición, que agrupa a casi toda Europa central y oriental, revela la persistencia de una división cultural interna en Europa; revela también que esa división se puede superar, como lo testimonia la importancia del apoyo a Italia por parte de los países de tradición ortodoxa.

IGLESIAS ORTODOXAS Y LAICISMO 

La importancia del apoyo que dan los países de tradición ortodoxa resulta en gran parte de la determinación del patriarcado de Moscú a defenderse contra el avance del laicismo. Poniendo por obra la petición del Patriarca Kiril de «unir a las Iglesias cristianas contra el avance del laicismo», el metropolita Hilarión ha propuesto la creación de una alianza estratégica entre católicos y ortodoxos para defender juntos la tradición cristiana contra el laicismo, el liberalismo y el relativismo que prevalecen en la Europa moderna: «El laicismo que prospera hoy en Europa —ha escrito el presidente del Departamento de las relaciones exteriores del patriarcado— es en sí mismo una pseudo-religión con sus dogmas, sus normas, su culto y su simbología. Siguiendo el ejemplo del comunismo ruso del siglo xx, aspira al monopolio y no soporta ninguna competencia. Por este motivo, los líderes del laicismo reaccionan de modo exagerado a cualquier manifestación religiosa y a la mención del nombre de Dios. (…) El laicismo actual, al igual que el ateísmo ruso, se considera el sustituto del cristianismo. Por esto, no puede permanecer neutral e indiferente respecto a este último. Es abiertamente hostil a él». Este análisis está en sintonía con el que hizo el Papa, quien el 24 de enero de 2008 dijo a los obispos de la Conferencia episcopal de Eslovenia que el laicismo es «distinto pero no menos peligroso que el marxismo».

 Este importante fenómeno denota que la transición democrática en los países del este no fue acompañada de la transición cultural, como Occidente deseaba vivamente. Hoy asistimos más bien a un movimiento inverso de reafirmación de identidad que pasa por una forma de restauración del modelo ortodoxo de relación entre la Iglesia y el poder civil. De hecho, el muro de separación entre el poder civil y el religioso desaparece en favor de una colaboración al servicio del bien común. El poder civil y el religioso consideran legítima y de por sí buena esta colaboración; les cuesta mucho comprender su regular condena de parte del Tribunal de Estrasburgo, que vela por la rígida separación entre la esfera religiosa y la civil.

 El fuerte apoyo llegado del este podría anunciar además un gran cambio en la dinámica de construcción de la unidad europea. En efecto, siempre se ha pensado que la unidad europea se iba a realizar inevitablemente de oeste a este mediante una conquista de este último al liberalismo económico y cultural occidental. Ahora bien, evento raro, el caso Lautsi ha provocado un movimiento inverso, del este hacia el oeste. El este de Europa, apoyándose en el catolicismo, se opone al oeste en la defensa de la cultura cristiana y de una justa concepción de la libertad religiosa. Claramente los defensores de la libertad ante el materialismo ya no están donde estaban un tiempo.

 Durante el procedimiento ante el Tribunal de Estrasburgo se ha podido apreciar un cierto malestar respecto de las naciones orientales que se atrevían a contestar que la labor del Tribunal fuese correcta. Este malestar se ha notado, por ejemplo, cuando los Estados terceros que han intervenido han intentado tomar la palabra durante la audiencia. Normalmente, esa petición no crea dificultades, y se conceden treinta minutos a cada Estado a fin de que exponga sus argumentaciones. En el caso Lautsi, en cambio, esos Estados se han encontrado con una negativa categórica. Sólo después de haber insistido mucho han obtenido, todos juntos, quince minutos. Algunos de esos países han vivido esto como una afrenta y un reflejo de autodefensa del Tribunal. Esta intervención común ante el Tribunal es, en cualquier caso, un acontecimiento histórico. Entre las cuestiones que hay que plantearse en el futuro inmediato está la de saber si el Tribunal será capaz de abrir de nuevo la discusión sobre su paradigma ideológico en materia religiosa. Veintiún países del Consejo de Europa, de cuarenta y siete, lo han invitado expresamente a hacerlo; rechazar de modo perentorio esta invitación minaría directamente la legitimidad del Tribunal.

 El Consejo de Europa, del que depende el Tribunal de Estrasburgo, en su Carta de fundación afirma «el vínculo inquebrantable» de los pueblos de Europa con los «valores espirituales y morales que son su patrimonio común». Estos valores espirituales y morales no son de naturaleza privada; son constitutivos de la identidad religiosa de Europa y reconocidos como bases del proyecto político europeo. Como el Papa ha recordado recientemente, el cristianismo es la fuente de estos valores espirituales y morales. La alianza de estos veintiún países indica que es posible construir el futuro de la sociedad europea sobre este fundamento, al precio de una reflexión lúcida sobre el modelo cultural occidental contemporáneo y en la fidelidad cristiana. Europa no puede afrontar el futuro renunciando a Cristo.

El caso Lautsi ha levantado revuelo en Europa después de que el Tribunal europeo de derechos humanos condenara a Italia por la presencia de los crucifijos en las escuelas públicas, una presencia que supuestamente viola los derechos humanos. Para dar una base legal a su decisión, el Tribunal creó una nueva obligación, según la cual el Estado está «obligado a la neutralidad confesional en el campo de la educación pública». 
 

El Tribunal añadió que no veía «cómo la exposición en las clases de las escuelas públicas, de un símbolo que es razonable asociar al catolicismo (religión mayoritaria en Italia) puede servir al pluralismo educativo, que es esencial para preservar una “sociedad democrática” tal como la concibe la Convención». Así, según el Tribunal, los Estados europeos deberían ser arreligiosos (neutralidad confesional) para servir al pluralismo, que sería la causa constitutiva de una sociedad democrática. En otros términos, el Tribunal afirma que una sociedad, para ser democrática, debe renunciar a su identidad religiosa. Italia presentó recurso de apelación contra esta decisión ante la Grande Chambre del Tribunal de Estrasburgo. La apelación se expuso el 30 de junio pasado y el juicio del Tribunal se espera para otoño. 

Este caso es sumamente importante. Es emblemático, puesto que está en juego la legitimidad misma de la presencia visible de Cristo en las escuelas italianas y, por extensión, de toda Europa. Se ha convertido en un símbolo en el conflicto actual sobre el futuro de la identidad cultural y religiosa de Europa. Un conflicto que enfrenta a los partidarios de la secularización completa de la sociedad y a los defensores de una Europa abierta y fiel a su identidad profunda. Los primeros ven el laicismo como la solución que permite gestionar el pluralismo religioso y el pluralismo como un argumento que permite imponer el laicismo. La secularización no es un fenómeno completamente espontáneo o ineludible. Procede incluso a través de opciones políticas, como la política anticlerical de Francia a comienzos del siglo xx. 

NECESIDAD DE IDENTIDAD 

Europa es distinta. El pluralismo religioso, el cosmopolitismo que sirve de paradigma para la reflexión del Tribunal, en realidad es una ficción extraña en la mayor parte del territorio europeo. Sin embargo, es verdad que estamos en una época en la cual las identidades nacionales se ponen en tela de juicio, pero al mismo tiempo es muy fuerte la necesidad de identidad. La Europa occidental de finales de la segunda guerra mundial vivió jurídicamente en un régimen proclamado de libertad religiosa; pero, de hecho, lo que hemos conocido es más bien un régimen de simple tolerancia religiosa. Esto se explica con el hecho de que las minorías religiosas en aquel tiempo eran poco visibles y no pretendían modificar la identidad religiosa de las naciones a las que habían emigrado. 

Hoy la situación es diferente. La presencia del islam obliga a Europa a tomar realmente posición sobre la libertad religiosa. Esta elección no es sólo una toma de posición filosófica, sino que tiene también importantes consecuencias concretas sobre la realidad de la identidad religiosa occidental. Resulta cada vez más evidente que las instituciones públicas de Europa occidental —y la sentencia Lautsi lo demuestra— han optado por limitar la libertad religiosa e imponer una secularización de la sociedad para promover un modelo cultural preciso en el cual la ausencia de valores (neutralidad) y el relativismo (pluralismo) son valores en sí mismos para sostener un proyecto político que se quiere que supere la religión y la identidad. Este proyecto político, en cuanto sistema filosófico, pretende tener el monopolio. 

En este contexto de radicalización de la secularización se inserta el caso Lautsi. Es el último y principal obstáculo contra el cual ha topado el proceso de secularización después del debate relativo a las «raíces cristianas» en el preámbulo del Tratado constitucional europeo. El hecho de que una jurisdicción haya podido, en nombre de la libertad religiosa, llegar a la conclusión de que una sociedad, para ser democrática, debe renunciar a su identidad religiosa, exige una reflexión sobre la evolución del concepto. El caso Lautsi muestra que este concepto, ideado para proteger a la sociedad del ateísmo de Estado, al final se ha convertido en un instrumento de deslegitimación social y de privatización de la religión. En definitiva, este caso muestra que este modo de entender la libertad religiosa puede volverse contra la religión y ser el principal instrumento conceptual de la secularización de la sociedad. 

SI SE NIEGAN LAS IDENTIDADES COLECTIVAS 

La primera y principal carencia que el caso Lautsi revela es la incapacidad de la concepción moderna de libertad religiosa de pensar y de respetar la dimensión religiosa de la vida social y la dimensión social de la religión. La teoría que ha llevado a la sentencia Lautsi se basa en el reconocimiento exclusivo de los derechos del individuo, que se supone dotado de una conciencia considerada infalible por naturaleza y destinado a evolucionar en una sociedad imaginada como axiológicamente (moralmente) neutral. Esta libertad se considera universal en cuanto fundada en la naturaleza humana y es imperativa puesto que es la expresión de uno de los aspectos de la dignidad humana. Por el contrario, la sociedad pública, en cuanto considerada una entidad artificial al servicio del individuo, debe anularse frente a la única autoridad legítima: la libertad que deriva de la dignidad individual. 

La identidad religiosa de la sociedad ya no tiene, de por sí, valor y legitimidad. Se considera un simple hecho heredado de la historia. En numerosos campos, el derecho internacional reconoce que las naciones pueden ser titulares de derechos subjetivos, como el derecho de proteger su identidad cultural, lingüística y ecológica y de transmitirla a las generaciones futuras; pero esto no vale para su identidad religiosa, aunque se trate de uno de los componentes más profundos de la identidad. En materia religiosa, las naciones no son titulares de ningún derecho. Según la concepción moderna de la libertad de religión, sólo los individuos, tomados aisladamente, poseen derechos religiosos que se ejercen en los límites que fijan las legislaciones nacionales. La religión y las distintas sociedades intermediarias no se benefician de una protección especial: sólo cada creyente, individualmente, es titular de este derecho, y este derecho se ejerce ante todo y sobre todo respecto a terceros y respecto a la sociedad. 

Esta libertad religiosa implicaría, pues, la neutralización de la identidad religiosa de la sociedad, pero esa neutralidad es profundamente ilusoria. De hecho, aunque el poder civil puede ser indiferente a las convicciones íntimas de las personas, no puede serlo del todo respecto de la religión en cuanto que esta es por su naturaleza un fenómeno social. Así, pretender ser indiferente respecto de la religión al final significa negar la dimensión fundamentalmente social de la religión y limitarla a la esfera privada de las convicciones íntimas. 

Es expresión de una opción filosófica afirmar en el caso Lautsi que el Estado debería actuar como si la sociedad y la cultura italianas no tuvieran nada de religioso. Sin embargo, un Estado, un pueblo, tiene necesariamente una identidad, y esta identidad tiene necesariamente una dimensión religiosa. Un Estado no es un concepto, no es una estructura neutral, no tiene la frialdad de una institución supranacional; un Estado es la emanación de un pueblo, con su historia y su identidad. En esta óptica, los símbolos sirven precisamente para representar, para encarnar los componentes de la identidad social. La identidad colectiva se construye en torno a símbolos. La dimensión religiosa de la identidad social de un pueblo la constituyen y manifiestan toda una serie de usos sociales y costumbres, como las fiestas, los nombres, un cierto tipo de relaciones humanas, el vestido e incluso la alimentación. Se manifiesta también mediante símbolos visibles, como los crucifijos en las escuelas, en los hospitales o en las plazas y en los monumentos públicos. 

Para ser coherente consigo mismo, el Tribunal europeo debería renunciar a cerrar en Navidades o en Pascua, y adoptar, como habían hecho los revolucionarios franceses, un calendario nuevo sin referencias a la vida de Cristo. De hecho, la identidad religiosa de una sociedad no puede ser neutralizada: puede ser negada, atacada y sustituida, pero no neutralizada. Por consiguiente, el verdadero centro de la cuestión en el caso Lautsi es la legitimidad de una autoridad supranacional que pretende modificar con imperio la dimensión religiosa de la identidad de un país. La teoría jurídica de la libertad religiosa no es capaz de tener en cuenta la identidad cristiana de Europa; es precisamente esto lo que el caso Lautsi ha revelado. Por consiguiente, la reacción política sin precedentes que ha suscitado la sentencia de noviembre de 2009 reviste una gran importancia, en cuanto que es una verdadera reafirmación de la legitimidad propia y particular del cristianismo en la identidad de Europa, frente a la dinámica de la secularización. 

INDIVIDUO Y SOCIEDAD 

El caso Lautsi revela también que el modo como el Tribunal de Estrasburgo afronta la libertad religiosa se basa en una concepción conflictual de las relaciones entre el individuo y la sociedad. La sociedad y la persona no son consideradas en una relación de complementariedad, sino de oposición: la sociedad es el principal obstáculo a la libertad individual; son las sociedades las que limitan la libertad; por tanto, deberían anularse, llegar a ser lo más neutrales posible con el fin de liberar el espacio para el libre ejercicio de la conciencia individual. 

Dicha concepción conflictual lleva a una lógica de reivindicación exclusiva de «mi derecho particular» contra el conjunto de la sociedad. El derecho de los hijos de la señora Lautsi a no estar obligados a ver el símbolo de Cristo debería prevalecer, sin ninguna componenda posible, sobre el deseo mayoritario de todo un pueblo, e incluso de todos los pueblos miembros del Consejo de Europa. La absolutización de la dignidad y de la autonomía individual lleva a la absolutización del derecho que la garantiza, y a la anulación de los intereses de la comunidad. 

La libertad contra la religión 

El caso Lautsi también debe llevar a interrogarse sobre el peligro que constituye la lógica de la libertad religiosa cuando se lleva al extremo, en cuanto que lleva a negar la religión en nombre de la libertad de religión, a defender la libertad de religión suprimiendo socialmente la religión. Es lo que ha hecho el Tribunal: ha pretendido defender la libertad religiosa suprimiendo el símbolo religioso. Se trata de un verdadero vuelco histórico y conceptual, puesto que en la posguerra se quiso la libertad religiosa como instrumento de defensa de la trascendencia del hombre ante el nihilismo de Estado. La libertad de religión es probablemente el derecho más violado en Europa en el siglo xx; sus enemigos se niegan a admitir que la religión y la libertad no son necesariamente antinómicas —utilizan la libertad contra la religión— e incluso consideran que la simple manifestación de la religión de los demás viola la libertad religiosa. 

Por último, como resulta de la jurisprudencia del Tribunal europeo, la libertad religiosa ya no es un derecho primario, fundamental, directamente derivado de la naturaleza trascendente de la persona humana, sino un derecho secundario, concedido por la autoridad civil y derivado del ideal de pluralismo democrático. Se trata de un vuelco conceptual. Así son cada vez más frecuentes en la jurisprudencia fórmulas como: la libertad de religión garantiza el pluralismo y por ello merece una tutela especial. La manifestación de las convicciones religiosas se encuentra así encuadrada por las exigencias de un orden público asimilado a la neutralidad. 

No sólo, sino que en la realidad la libertad de religión se limita cada vez más sólo a la libertad de fe, es decir, a la libertad interior de creer o no creer. Sería un error considerar que la fe es independiente de la religión en cuanto que una es interior y la otra exterior. Limitar la libertad de religión (a causa de la no legitimidad social de la religión) para proteger sólo la libertad de fe (como expresión pura de la trascendencia humana) correspondería, en una familia, a prohibir las oraciones y el catecismo en nombre de la libertad del acto de fe de los hijos. De hecho, así habría poquísimas posibilidades de trasmitir la fe a los hijos. Lo mismo vale para la sociedad. Quitar la religión de la sociedad equivale a quitar la fe de los corazones de las generaciones futuras. 

REACCIÓN SIN PRECEDENTES 

  La sentencia Lautsi ha provocado una reacción social y política sin precedentes en la historia del Consejo de Europa. Nunca una decisión del Tribunal de Estrasburgo fue tan contestada, con tanto vigor, no sólo por los creyentes, sino también por la sociedad civil y numerosos Gobiernos. Tres semanas después de la audiencia ante la Grande Chambre, es cada vez más evidente que se ha obtenido una gran victoria contra la dinámica de la secularización. Aunque jurídicamente Italia todavía no ha ganado, de hecho políticamente ya ha logrado una victoria magistral. En efecto, hasta ahora, no menos de veinte países europeos han manifestado su apoyo oficial a Italia defendiendo públicamente la legitimidad de la presencia de símbolos cristianos en la sociedad y, en particular, en las escuelas.

 En un primer tiempo, diez países se comprometieron en el caso Lautsi con «intervenciones de terceros» (amicus curiae). Cada uno de ellos —Armenia, Bulgaria, Chipre, Grecia, Lituania, Malta, Mónaco, Rumanía, Federación Rusa y San Marino— ha entregado al Tribunal un memorial escrito invitándolo a retractarse de su primera decisión. Estos memoriales no sólo tienen valor jurídico, sino que son también y ante todo importantes testimonios de defensa del patrimonio y de la identidad de estos países ante la imposición de un modelo cultural único. Lituania, por ejemplo, no ha dudado en hacer un paralelo entre la sentencia Lautsi y la persecución religiosa que sufrió y que se manifestaba sobre todo en la prohibición de los símbolos religiosos.

 A estos diez países, hasta ahora, se han añadido otros diez. En efecto, los Gobiernos de Albania, Austria, Croacia, Hungría, ex República yugoslava de Macedonia, Moldavia, Polonia, Serbia, Eslovaquia y Ucrania han cuestionado públicamente el juicio del Tribunal y pedido que se respeten las identidades y las tradiciones religiosas nacionales. Numerosos Gobiernos han insistido en decir que esa identidad religiosa está en el origen de los valores y de la unidad europea.

 Así, junto con Italia, casi la mitad de los Estados miembros del Consejo de Europa (21 de 47) ya se ha opuesto públicamente a este intento de secularización forzada y ha afirmado la legitimidad social del cristianismo en la sociedad europea. Más allá de los argumentos reales de defensa de las identidades, de las culturas y de las tradiciones cristianas nacionales, de hecho estos veinte Estados han afirmado y defendido públicamente su adhesión a Cristo mismo; han recordado que es conforme al bien común que Cristo esté presente y sea honrado en la sociedad.

 Esta coalición, que agrupa a casi toda Europa central y oriental, revela la persistencia de una división cultural interna en Europa; revela también que esa división se puede superar, como lo testimonia la importancia del apoyo a Italia por parte de los países de tradición ortodoxa.

 IGLESIAS ORTODOXAS Y LAICISMO

 La importancia del apoyo que dan los países de tradición ortodoxa resulta en gran parte de la determinación del patriarcado de Moscú a defenderse contra el avance del laicismo. Poniendo por obra la petición del Patriarca Kiril de «unir a las Iglesias cristianas contra el avance del laicismo», el metropolita Hilarión ha propuesto la creación de una alianza estratégica entre católicos y ortodoxos para defender juntos la tradición cristiana contra el laicismo, el liberalismo y el relativismo que prevalecen en la Europa moderna: «El laicismo que prospera hoy en Europa —ha escrito el presidente del Departamento de las relaciones exteriores del patriarcado— es en sí mismo una pseudo-religión con sus dogmas, sus normas, su culto y su simbología. Siguiendo el ejemplo del comunismo ruso del siglo xx, aspira al monopolio y no soporta ninguna competencia. Por este motivo, los líderes del laicismo reaccionan de modo exagerado a cualquier manifestación religiosa y a la mención del nombre de Dios. (…) El laicismo actual, al igual que el ateísmo ruso, se considera el sustituto del cristianismo. Por esto, no puede permanecer neutral e indiferente respecto a este último. Es abiertamente hostil a él». Este análisis está en sintonía con el que hizo el Papa, quien el 24 de enero de 2008 dijo a los obispos de la Conferencia episcopal de Eslovenia que el laicismo es «distinto pero no menos peligroso que el marxismo».

 Este importante fenómeno denota que la transición democrática en los países del este no fue acompañada de la transición cultural, como Occidente deseaba vivamente. Hoy asistimos más bien a un movimiento inverso de reafirmación de identidad que pasa por una forma de restauración del modelo ortodoxo de relación entre la Iglesia y el poder civil. De hecho, el muro de separación entre el poder civil y el religioso desaparece en favor de una colaboración al servicio del bien común. El poder civil y el religioso consideran legítima y de por sí buena esta colaboración; les cuesta mucho comprender su regular condena de parte del Tribunal de Estrasburgo, que vela por la rígida separación entre la esfera religiosa y la civil.

 El fuerte apoyo llegado del este podría anunciar además un gran cambio en la dinámica de construcción de la unidad europea. En efecto, siempre se ha pensado que la unidad europea se iba a realizar inevitablemente de oeste a este mediante una conquista de este último al liberalismo económico y cultural occidental. Ahora bien, evento raro, el caso Lautsi ha provocado un movimiento inverso, del este hacia el oeste. El este de Europa, apoyándose en el catolicismo, se opone al oeste en la defensa de la cultura cristiana y de una justa concepción de la libertad religiosa. Claramente los defensores de la libertad ante el materialismo ya no están donde estaban un tiempo.

 Durante el procedimiento ante el Tribunal de Estrasburgo se ha podido apreciar un cierto malestar respecto de las naciones orientales que se atrevían a contestar que la labor del Tribunal fuese correcta. Este malestar se ha notado, por ejemplo, cuando los Estados terceros que han intervenido han intentado tomar la palabra durante la audiencia. Normalmente, esa petición no crea dificultades, y se conceden treinta minutos a cada Estado a fin de que exponga sus argumentaciones. En el caso Lautsi, en cambio, esos Estados se han encontrado con una negativa categórica. Sólo después de haber insistido mucho han obtenido, todos juntos, quince minutos. Algunos de esos países han vivido esto como una afrenta y un reflejo de autodefensa del Tribunal. Esta intervención común ante el Tribunal es, en cualquier caso, un acontecimiento histórico. Entre las cuestiones que hay que plantearse en el futuro inmediato está la de saber si el Tribunal será capaz de abrir de nuevo la discusión sobre su paradigma ideológico en materia religiosa. Veintiún países del Consejo de Europa, de cuarenta y siete, lo han invitado expresamente a hacerlo; rechazar de modo perentorio esta invitación minaría directamente la legitimidad del Tribunal.

 El Consejo de Europa, del que depende el Tribunal de Estrasburgo, en su Carta de fundación afirma «el vínculo inquebrantable» de los pueblos de Europa con los «valores espirituales y morales que son su patrimonio común». Estos valores espirituales y morales no son de naturaleza privada; son constitutivos de la identidad religiosa de Europa y reconocidos como bases del proyecto político europeo. Como el Papa ha recordado recientemente, el cristianismo es la fuente de estos valores espirituales y morales. La alianza de estos veintiún países indica que es posible construir el futuro de la sociedad europea sobre este fundamento, al precio de una reflexión lúcida sobre el modelo cultural occidental contemporáneo y en la fidelidad cristiana. Europa no puede afrontar el futuro renunciando a Cristo.

 Por Grégor Puppinck, director del European Centre for Law and Justice, ECLJ (Estrasburgo)
 (Publicado en la edición española de L’Osservatore Romano, 01/08/2010)

Sí al Crucifijo desde Sigüenza-Guadalajara

Un centenar de organizaciones eclesiales y civiles de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara se suman a la iniciativa  

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Más de 90 organizaciones católicas de Guadalajara, entre asociaciones parroquiales, cofradías y hermandades, asociaciones juveniles, movimientos eclesiales, y AMPAS y colegios católicos, así como algunas asociaciones vecinales, se han adherido a un manifiesto elaborado por el Arciprestazgo de Guadalajara en defensa de la presencia de crucifijos y símbolos religiosos en el ámbito público, especialmente en los colegios.

El manifiesto ha sido presentado el 4 de febrero en la Casa Diocesana de la capital por el arcipreste de Guadalajara, el sacerdote Ángel Luis Toledano, y por el delegado diocesano de Enseñanza, el sacerdote Pedro Moreno, quienes han explicado que la iniciativa nació en el seno del Consejo Arciprestal de Pastoral de la capital, en una reunión mantenida hace unos días. Los promotores del manifiesto esperan más adhesiones de colectivos cristianos en los próximos días, antes de proceder a elevar la nota a las autoridades políticas locales, provinciales y regionales.

 La iniciativa es pionera en el país, y surge tras la sentencia reciente del Tribunal de Estrasburgo, que daba la razón a una familia italiana que reclamaba la retirada de los crucifijos del colegio público donde estudiaba su hija, y del intento del Gobierno por elaborar una nueva Ley que regule la presencia de manifestaciones religiosas en el ámbito público, a la luz de la aconfesionalidad del Estado que decreta la Constitución.

 “La presencia del crucifijo en las aulas y otros espacios públicos es parte de nuestra identidad histórica, cultural, y espiritual cotidiana, y aun de la sociedad occidental. Esta presencia es además mayoritariamente aceptada. La imagen de Cristo crucificado es un signo que une a las personas, promueve los principios de igualdad, libertad y tolerancia, porque para Cristo todos los hombres somos hermanos, y por tanto iguales. Es un referente educativo de primer orden: Pasó su vida haciendo el bien, fue perseguido por su libertad de expresión, y murió perdonando”, dice, entre otras muchas cosas, el manifiesto, que pide a los organismos públicos ya la sociedad que “mantengan y respeten la presencia pública del crucifijo y otros signos religiosos propios de nuestra identidad”.

 Pedro Moreno ha defendido que el crucifijo es “el símbolo máximo de la solidaridad y de nuestra identidad como pueblo”, y se ha preguntado “a quién beneficia” la retirada de las cruces.

 Asimismo, han justificado la presencia de las cruces en las aulas de centros públicos en que “la mayoría de los alumnos” son católicos, porque así lo demuestra que el “70% escoja Religión”, y han dicho que eso no es incompatible con el respeto a aquellos padres y alumnos que no desean su presencia. “No es comparable la masa de católicos con uno o dos casos aislados que protesten. Es chocante que por una persona se pueda cambiar esto”, decían los sacerdotes.

 En Guadalajara, según Pedro Moreno, la mayoría de colegios públicos de nueva creación ya no instalan crucifijos, y no pide que se coloquen, sino que “no se retiren de donde están”. Según estos sacerdotes, todavía hay algunos colegios públicos que los mantienen en las aulas, como es el caso del Alvarfáñez, donde han reconocido que tiempo atrás se creó un conflicto con algunos padres que demandaron una retirada que finalmente no se produjo. No obstante, aseguran que las colisiones apenas se han producido en los centros escolares. 

 TEXTO ÍNTEGRO DEL MANIFIESTO  

 El Consejo Arciprestal de Pastoral del Arciprestazgo de Guadalajara hace pública esta Nota, a la que se adhieren las instituciones eclesiales y cívicas abajo firmantes:

 1. Afirmamos que, como Iglesia en Guadalajara, los cristianos hemos colaborado y participado de forma ejemplar en la instauración y maduración de nuestra democracia, y nos encontramos plenamente integrados en ella.

 2. Constatamos que para la inmensa mayoría de los ciudadanos la religión es un valor importante y un fundamento más que les anima a cumplir los deberes personales, familiares, profesionales y cívicos con nobleza y responsabilidad.

 3. Valoramos la presencia del crucifijo en las aulas y en otros espacios públicos como parte de nuestra identidad histórica, cultural y espiritual cotidiana, y aún de la sociedad occidental. Además esta presencia ha sido y es mayoritaria y popularmente aceptada. La imagen de Cristo crucificado es un signo que une a las personas, promueve los principios de igualdad, libertad y tolerancia, porque para Cristo todos los hombres somos hermanos y, por tanto, iguales: ricos y pobres, creyentes y no creyentes, judíos y no judíos, blancos y negros, hombres y mujeres… Jesucristo es un referente educativo de primer orden en la atención a los pobres, enfermos y marginados de la sociedad. Él pasó su vida haciendo el bien, fue perseguido por su libertad de expresión, murió perdonando, y afirmó que el centro de la vida humana está en el amor fraterno y la solidaridad. Por ello, la cruz de Jesús no sólo no genera ninguna discriminación entre personas sino que es un símbolo de vida, de esperanza y de concordia universal.

 4. Por ello, nos sorprende y preocupa la imposición de iniciativas minoritarias que pretenden la exclusión o rechazo del crucifijo, de lo religioso y de sus signos de la vida pública y, más en concreto, de las escuelas; mientras, por otro lado, estas aludidas iniciativas desoyen el sentir multitudinario en favor del respeto de la vida humana en gestación, que es el derecho humano fundamental.

 5. Por lo cual, pedimos a los organismos públicos competentes y a la sociedad en general que, ponderando prudencialmente los principios y valores en juego, mantengan y respeten la presencia pública del crucifijo y otros signos religiosos propios de nuestra identidad histórica, cultural y espiritual.

 6. Seguiremos aportando a esta sociedad, desde el cumplimiento de nuestra misión propia y nuestras tareas específicas, los valores humanos y religiosos que fundamenten la convivencia humana, la integración social y democrática, y la atención a los más desfavorecidos.

 7. Hacemos votos por que nuestra sociedad construya su futuro desde las bases sólidas de la convivencia pacífica, la integración social, los derechos humanos – incluido el derecho a la libertad y expresión religiosa-, así como los valores y convicciones profundas compartidas por la inmensa mayoría de los ciudadanos, como lo son las creencias religiosas.

 ORGANIZACIONES QUE LO FIRMAN  

Asociaciones parroquiales:

 1. Cáritas Beata María de Jesús

 2. Consejo Parroquial de Pastoral Beata María de Jesús

 3. Consejo parroquial de Asuntos Económicos Beata María de Jesús

 4. Cáritas Parroquial María Micaela

 5. Consejo Parroquial de Pastoral de María Micaela

 6. Consejo Parroquial de Asuntos Económicos María Micaela

 7. ANFE (Adoración Nocturna Femenina Española) de San Juan de la Cruz (Sigüenza-Guadalajara)

 8. Consejo Parroquial de Pastoral San Juan de la Cruz

 9. Cáritas Parroquial San Juan de la Cruz

 10. Cáritas Parroquial El Salvador

 11. Consejo Parroquial de Pastoral San Pedro Apóstol

 12. Cáritas Parroquial San Pedro Apóstol

 13. Cáritas Parroquial San José Artesano

 14. Consejo Parroquial de Pastoral San José Artesano

 15. Cáritas Parroquial Santiago Apóstol

 16. Consejo Parroquial de Pastoral de Santiago Apóstol

 17. Consejo de Asuntos Económicos de Santiago Apóstol

 18. Cáritas Parroquial Santa María

 19. Consejo Parroquial de Pastoral de Santa María

 20. Consejo Parroquial de Asuntos Económicos de Santa María

 21. Vida Ascendente de San Juan de Ávila

 22. Cáritas Parroquial de San Juan de Ávila

 23. Adoración Nocturna Femenina Española de San Juan de Ávila

 24. Consejo Parroquial de Pastoral de San Juan de Ávila

 25. Salesianos Cooperadores

 26. Cáritas María Auxiliadora

 27. Adoración Nocturna Femenina Española de María Auxiliadora

 28. Consejo Parroquial de Pastoral de María Auxiliadora

 29. Asociación de María Auxiliadora

 30. Consejo Parroquial de Pastoral de Santísimo Sacramento

 31. Cáritas Parroquial de Santísimo Sacramento

 32. Cáritas Parroquial Padua

 33. Vida Ascendente de San Antonio de Padua

 34. Movimiento Junior Padua

 35. Consejo de Asuntos Económicos de San Antonio de Padua

 36. Consejo Parroquial de Pastoral de San Nicolás el Real

 37. Consejo Parroquial de Pastoral de San Diego de Alcalá

 38. Cáritas Parroquial de San Diego de Alcalá

 Cofradías y Hermandades

 1. Real e Ilustre Cofradía Ntra. Sra. de la Antigua de Guadalajara

 2. Junta de Cofradía y Hermandades de Semana Santa de Guadalajara

 3. Cofradía Virgen de la Mayor de Sigüenza

 4. Cofradía Virgen de la Salud de Barbatona

 5.Cofradía San Antón de Sigüenza

 6.Cofradía del Sagrado Corazón-Pía Unión de Sigüenza

 7.Cofradía Virgen del Carmen de Sigüenza.

 8.Hermandad Esperanza Macarena y Cristo de la Salud de Guadalajara

 9.Cofradía de la Pasión del Señor de Guadalajara

 10.Cofradía de Ntra. Sra. de los Dolores de Guadalajara

 11.Cofradía Cristo Yacente – Santo Sepulcro de Guadalajara

 12.Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz de Guadalajara

 13. Asociación Mariana de Nuestra Señora del Olvido, Triunfo y Misericordias de Guadalajara

 14. Asociación Cristiana de Viudas Virgen de la Antigua de Guadalajara

 15.Cofradía Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Guadalajara

 16.Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad de Guadalajara

 Asociaciones Juveniles:

 1. Grupo Scout Alveus – MSC

 2. Club Juvenil Luz Viva

 3. Club Juvenil Shadday

 4. Asociación Juvenil Encuentro Guadalajara

 5. Grupo Scout Erídano – MSC

 6. Club Juvenil Manantial

 7. Club Juvenil Amanecer 

 8. Club Deportivo Elemental Santa Cruz

 9. Club Deportivo Viana

 10. Castilla Subterránea

 11. Centro Juvenil Don Bosco

 12. Club Castilla Joven

 13. Asociación Diocesana de Scouts de Sigüenza-Guadalajara

 14. Grupo Scout Apícula – MSC

 15. Asociación Juvenil Wadi Asociaciones cívicas o de barrio

 Asociaciones cívicas o de barrio

 1. Asociación cultural Ex Alto de Sigüenza

 2. Asociación de Vecinos La Colonia-Heras

 3. Asociación de Vecinos Balconcillo

 4. Asociación de Vecinos Los Manantiales

 5. Asociación Partir-Con

 Movimientos eclesiales

 1. CONFER Diocesana Sigüenza – Guadalajara

 2. Cáritas Diocesana Sigüenza-Guadalajara

 3. Delegación diocesana de Pastoral Vocacional 

 4. Cursillos de Cristiandad

 5. Conferencias de San Vicente de Paúl

 6. Movimiento de Hermandades del Trabajo de Guadalajara

 7. Talleres de Oración y Vida

 8. Orden Franciscana Seglar

 9. Manos Unidas

 Centros de estudios teológicos

 1. Seminario Mayor Diocesano de Sigüenza

 2. Centro de Cultura Teológica y Foro de Estudios de Guadalajara

 3. Escuela Diocesana de Teología Ntra. Sra. de la Asunción de Guadalajara

 Colegios y AMPAS:

 1. Colegio Salesiano San José

 2. Asociación Isidro Almazán

 3. Consejo Escolar del Colegio Diocesano Santa Cruz

 4. AMPA del Colegio Diocesano Santa Cruz

 5. Asociación de Padres de Alumnos Sor Bertila de Azuqueca de Henares

 6. Colegio Giovanni Antonio Farina de Azuqueca de Henares

 7. Consejo Escolar del Colegido Diocesano Cardenal Cisneros

 8. AMPA del Colegio Diocesano Cardenal Cisneros

Lo que es la Cruz desde el alba del cristianismo

I. PADRES GRIEGOS

 S. IRENEO DE LYON (m. 202)

 El SIGNIFICADO ULTRATEMPORAL Y ULTRAMUNDANO DE LA CRUZ

 «Jesucristo apareció como hombre en la plenitud de los tiempos y como Palabra de Dios reunió en sí todas las cosas, las del cielo y las de la tierra. El unió al hombre con Dios y restableció de nuevo la comunión y armonía entre Dios y los hombres. De otro modo, si él no hubiera venido a nosotros, nosotros no habríamos estado en condiciones de tomar parte legal en la inmortalidad. Pues si hubiese permanecido invisible y desconocida la inmortalidad, no nos hubiese traído la salvación.

 Así pues, se hizo visible, para que nosotros en cierto sentido tengamos parte en el regalo de la inmortalidad. La desobediencia de nuestro primer padre Adán nos había enrollado en los lazos de la muerte. Por eso fue necesario y justo que las cadenas de la muerte fuesen rotas por la obediencia de aquél que se hizo hombre por nosotros. Puesto que la muerte reinaba sobre el cuerpo, fue necesario y justo que, mediante el sometimiento del cuerpo, librase así al hombre de su esclavitud. La Palabra se hizo carne para que el cuerpo, por el que el pecado había conseguido su dominio, tomado posesión y gobernaba, obligado precisamente por él mismo, fuera también otro en nosotros. Y por eso tomó nuestro Señor el mismo cuerpo que el de Adán, para luchar en favor de los padres y, mediante Adán, vencer al que mediante Adán nos había afectado.

 «¿De dónde procede la naturaleza de la primera creación? Procede de la volun­tad y sabiduría de Dios y de la tierra virgen. “Pues Dios” -dice la Escritura- “no había enviado la lluvia antes de que fuese creado el hombre y éste estuviera allí para cultivar la tierra” (Gén 2, 5). De esta tierra, cuando todavía era virgen, formó Dios al hombre del polvo como principio del género humano. En la reproducción de este hombre quería Dios obrar de la misma manera la imagen del cuerpo, en cuanto que él nació de la Virgen por voluntad y sabiduría de Dios. Así debía mostrarse en la for­mación de su propio cuerpo la semejanza con la de Adán y dar cumplimiento a lo que está escrito: “En el principio, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios” (Gén 1, 26).

 «Y así como por la desobediencia de una virgen el hombre fue llevado a la caída, se derrumbó y murió, así el hombre, animado de nuevo con vida, recibió la vida de una virgen que escuchó la palabra de Dios. Pues el Señor ha venido para buscar de nuevo a la oveja perdida, ya que el hombre estaba perdido. Así tampoco fue hecho una nueva criatura, sino que conservó la correspondencia creadora con aquella que procedía de Adán. Pues era necesario y equitativo que en la reproducción de Adán en Cristo lo mortal fuese asumido por lo inmortal y absorbido en él Eva María, para que la Virgen sea la intercesora, y la descendencia de una virgen perdiera su fuerza y fuese elevada por la obediencia de otra virgen. La trasgresión que tuvo lugar por medio del árbol fue borrada por el árbol de la obediencia en el que fue crucifi­cado el Hijo del Hombre en total sumisión a Dios. En él dominó al conocimiento del mal y dio entrada al conocimiento del bien, y lo sujetó. Es malo desobedecer a Dios, como es bueno obedecerle. En relación a esta actividad salvadora dice la Pala­bra por medio del profeta Isaías en una predicción de los futuros acontecimientos -pues por esto se llaman profetas, porque predicen el futuro-: “No he sido rebelde, no me he echado atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a quienes me mesaban la barba, no hurté mi rostro a los ultrajes y a los salivazos’, (Is 50, 6). Mediante la obediencia hasta la muerte de cruz borró la vieja desobedien­cia comenzada en el madero.

 «El mismo es la Palabra del Dios Todopoderoso que nos penetra a todos en un presente invisible y por eso abarca todo el mundo, su anchura y largura, su altura y profundidad. Pues por la Palabra de Dios todas las cosas son conducidas según un orden. Y el Hijo de Dios ha sido crucificado en ellas, en cuanto que él ha puesto la impronta de la cruz en todas ellas. Sin embargo, fue justo y equitativo que, al hacerse él mismo visible, imprimiese en todas las cosas visibles su comunión de cruz con todas ellas. Su eficacia debía mostrar, en las cosas visibles y en forma visible, que él es el que ilumina las alturas, esto es, el cielo, y alcanza los abismos, en los cimien­tos de la tierra; el que ensancha las llanuras desde el oriente hasta el occidente y desde el norte hasta el sur, guía la anchura y convoca al conocimiento del Padre a todo lo desperdigado por todas partes.»

                                                                                     (Prueba de anuncio apostólico, 31-34)

 ORIGENES (m. 253/54)  

 SEGUIMIENTO DE CRISTO COMO OFRENDA PERFECTA

«Ofrecer un hijo o una hija, ganado o tierra: todo esto queda fuera de nosotros. Ofrecerse a sí mismo a Dios y agradecer no con el trabajo ajeno sino con el propio: esto es más perfecto y elevado que todos los votos. Quien obra así es seguidor de Cristo. Dios concedió al hombre la tierra, el mar y todo lo que contienen”. Hasta el mismo cielo le dio en servicio. El concedió también el sol, la luna y las estrellas a los seguidores de los hombres, regaló a éstos la lluvia, el viento y todo lo que existe en el mundo. Pero después de todo esto, se dio a sí mismo. “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su único Hijo para la vida del mundo” (Jn 3, 16). ¿Qué hace de grande el hombre cuando se ofrece a Dios, a El que se ofreció el primero? Pues cuando tú “tomas tu cruz” y “sigues” a Cristo, cuando dices: “Yo vivo, pero no soy yo el que vive, sino que es Cristo el que vive en mí” (Gál 2, 20); cuando nuestra alma anhela y está sedienta de “volver a casa y estar con Cristo” (Flp 1, 23), entonces es cuando uno se ha ofrecido a sí mismo, esto es, su  ofrenda a Dios.»

                                                                           (Homilías sobre el libro de los Números, 24, 2).

 S. ATANASIO (295-373)

 LA REVELACION DE LA SALVACION DEL MUNDO MEDIANTE LA CRUZ

 «Los paganos se burlan con lengua calumniosa y se ríen de nosotros, aunque saben que nosotros presentamos siempre sólo la cruz de Cristo. Y precisamente por eso se quiere sobre todo lamentar su locura, porque ellos, los que se burlan de la cruz, no ven cómo su fuerza llena todo el mundo y cómo, mediante la cruz, se hacen mani­fiestas a todas las obras del conocimiento divino. Pues si ellos fuesen gente con recto sentido y mirada para su divinidad, no se burlarían de algo tan grandioso. No, más bien deberían también ellos reconocerle y verle como Salvador del mundo, ya que la cruz no se ha hecho para perdición de la criatura, sino para su salvación. Pues si con la entrada de la cruz en el mundo llegó el final de todo servicio idolátrico, si toda fantasmagoría de los demonios cede a esta señal y en adelante Cristo es vene­rado y el Padre reconocido por medio de él; si los adversarios quedan avergonzados, pero él hace callar cada día a los corazones de aquellos que le contradicen: ¿cómo se puede pensar -puede uno preguntarse con justicia- en una obra del hombre, en vez de confesar que es el Logos (esto es, la Palabra) de Dios y el Salvador del mundo el que ha subido a la cruz? A éstos les pasa lo que a aquél que insulta al sol que se oculta detrás de las nubes y, sin embargo, admira su luz porque ve que toda la creación es iluminada por él. Pues como la luz es hermosa y más hermoso todavía el sol como fuente de luz, ya que el estar lleno todo el orbe terráqueo del conoci­miento de Dios es una obra divina, el Creador y Guía de obra tan maravillosa ha de ser Dios y Logos (Palabra) de Dios.»

                                                                                                          (Contra los gentiles,1)

 S. CIRILO DE JERUSALEN (313-387)

 LA CRUZ, NUESTRA MAS ALTA GLORIA

 «Para la Iglesia católica cada hecho de Cristo es objeto de gloria. Pero el objeto de más alta gloria es la cruz. Así lo reconoce Pablo cuando dice: “lejos de mí el gloriarme si no es en la cruz de Cristo” (Gál 6, 14). Fue algo maravilloso el que un ciego de nacimiento recobrase la vista en la piscina de Siloé. Sin embargo, ¿qué supone un ciego contra los ciegos de todo el mundo? Algo grande, sobrenatural fue el que Lázaro, que llevaba cuatro días muerto, resucitase de entre los muertos. Sin embargo, sólo en él se manifestó la gracia. Pero, ¿qué supone un Lázaro frente a aquellos que mueren por causa de sus pecados sobre la tierra? Fue un milagro el que cinco panes alcanzasen para alimentar a cinco mil hombres. Sin embargo, ¿qué son cinco mil hom­bres frente a aquellos que sufren hambre en toda la tierra, porque viven en la ignorancia? Fue maravillosa la liberación de la mujer que estaba encadenada por Sata­nás desde hacía dieciocho años. Pero, ¿qué supone una mujer frente a todos nosotros que estamos atados por las cadenas de nuestros pecados? La corona victoriosa de la cruz ha traído luz a los ciegos espirituales, ha liberado a todos los que yacen bajo el pecado y salvado a toda la humanidad.

 No te admires de que fuese salvado todo el mundo. El que murió por él no era un hombre corriente, sino el Hijo único de Dios. El pecado de un solo hombre, Adán, hace entrar la muerte en el mundo. Pero si, por la caída de uno, vino la muerte a reinar en el mundo, ¿no debe reinar mucho más la vida por el acto justo de Uno? Si en su tiempo nuestros primeros padres fueron arrojados del paraíso por causa de un madero del cual habían comido, ¿no deberán entrar fácilmente los creyentes en el paraíso a causa del madero de Jesús? Si el que fue formado de la tierra trajo la muerte a todos, el que lo había formado de la tierra ¿no debía traer la vida ya que él mismo es la vida?

 «Así, pues, no queremos avergonzarnos de la cruz del Salvador, sino más’ bien ¡gloriarnos de ella! La enseñanza de la cruz es escándalo para los judíos y necedad para los gentiles, pero para nosotros es salvación- para los que se pierden es nece­dad, pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios. Pues el que ha muerto por nosotros no fue -como se dijo- un hombre corriente, sino el Hijo de Dios, Dios hecho hombre. Si el cordero que se sacrificó por orden de Moisés, alejó al exterminador, ¿no debería mucho más librarnos del pecado el cordero de Dios que tomó sobre sí los pecados del mundo? Si la sangre de un cordero irracional rea­lizó la salvación, la sangre del Hijo único ¿no traerá con mayor motivo la salvación?»

                                                                                          (Catequesis del Bautismo, 13, 1-3)

 FUNDAMENTO DEL USO DEL SIGNO DE LA CRUZ

 «No queremos avergonzarnos de la cruz de Cristo. Que otros la hagan, tú debes hacer la señal de la cruz públicamente, para que los demonios, cuando vean la señal real, tiemblen y se alejen. Haz la señal de la cruz en la comida y en la bebida, cuando te sientes, te acuestes y te levantes, cuando hables, camines, en una palabra: en todas tus ocupaciones. Pues el que fue crucificado sobre ese lugar (Gólgota) está arriba en el cielo. Si hubiera permanecido en el sepulcro después de la crucifixión y sepultura, entonces tendríamos motivo de avergonzarnos (de la cruz). Pero el que fue crucificado sobre el Gólgota ha subido al cielo desde el monte de los olivos situado en el este. En ese lugar (sobre el Gólgota) descendió al infierno y volvió a nosotros. Allí (sobre el monte de los olivos) nos ha dejado de nuevo para subir al cielo; pues el Padre le ha dicho: “Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies” (Sal 109, 1).»

                                                                                             (Catequesis del Bautismo, 4, 14)

 LA CRUZ COMO DISTINTIVO DE LOS CREYENTES

«El árbol de la vida fue plantado en la tierra, para que la tierra maldecida gozase de bendición y los muertos sean salvados. ¡No nos avergoncemos, pues, de confesar al Crucificado! ¡Sellemos llenos de confianza con el dedo la frente, hagamos la señal de la cruz sobre todas las cosas, sobre el pan que comemos, sobre la copa que bebe­mos! ¡Hagámosla al salir y al volver, antes del sueño, al acostarnos y al levantarnos al andar y al descansar! Grande es este medio de protección. Es gratuito en atención a los pobres, no supone esfuerzo por causa de los débiles. La gracia viene de Dios. La cruz es el distintivo de los creyentes, el terror de los demonios. “Mediante la cruz, Cristo ha triunfado sobre ellos y los ha desenmascarado públicamente” (Col 2, 15). Cada vez que contemplan la cruz, se acuerdan del Crucificado. Ellos temen a aquél que ha aplastado las cabezas del dragón. No desestimes el sello porque se te haya dado gratuitamente; ¡no, honra precisamente por esto tanto más al bienhechor!»

                                                                                      (Catequesis del Bautismo, 13, 35-36)

 PSEUDO-MACARIO (300-390)  

 EL SELLO DEL SEÑOR EN NOSOTROS

 «¡Aspiremos a llevar en nosotros la marca y el sello del Señor! Pues en el instante del juicio, cuando se haga por Dios la separación y sean reunidos todos los pueblos de la tierra, toda la descendencia de Adán, cuando el pastor llame a su rebaño, todos los que tienen la marca conocerán a su pastor y el pastor conocerá a los que lleven el sello particular y los reunirá de todos los pueblos. Pues los suyos oyeron su voz y le siguieron (Jn 10, 27). El mundo será dividido en dos partes: un rebaño de tiniebla que va al fuego eterno, y un rebaño lleno de luz que es conducido a la herencia celes­tial (Mt 25, 31ss). Precisamente esto que ahora poseemos en nuestra alma, brilla entonces y se manifiesta y reviste nuestros cuerpos con gloria. Para el tiempo del mes Xanthikos (abril) brotan y empujan fuera las raíces, que están cubiertas, sus frutos, sus flores y su hermosura. Así se manifiestan las buenas raíces y salen a la luz las que producen espinas. En aquel día cada uno mostrará en su cuerpo sus obras; lo bueno y lo malo se hará manifiesto. Pues en ello consiste el juicio completo y la recompensa.»

                                                                                            (Homilías espirituales, 12, 13-14)

 PADECER CON CRISTO

«Todos los justos caminaron por el “camino estrecho” y angosto. Fueron perse­guidos, maltratados y padecieron afrentas, “vivieron en pieles de cabra, en cuevas, en las hendiduras de la tierra” (Hb 11, 37). Igualmente el Apóstol: “Hasta este momento” -dice Pablo- “pasamos hambre, sed y desnudez, somos injuriados y andamos errantes” (1 Cor 4, 11l). Algunos de ellos fueron decapitados, otros crucifi­cados y otros martirizados de distintas formas. Y ¿cómo caminó él, el Señor de los profetas y apóstoles, el que se olvidó igualmente de su gloria divina? El se hizo nues­tro modelo, pues por burla llevó sobre su cabeza una corona de espinas, le escupieron, le golpearon y le crucificaron. Si Dios caminó así sobre la tierra, también tú debes imitarle. Y si los apóstoles y profetas caminaron así, también nosotros, que queremos ser edificados sobre el cimiento del Señor y de los apóstoles, debemos imitarlos.

 Pues el Apóstol dice en el Espíritu Santo: “Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo” (1 Cor 4, 16). Pero si amas la gloria humana, quieres ser venerado, buscar deleite, entonces te has salido del camino. Pues tú debes ser crucificado con el Crucificado, sufrir con el que sufre, para que seas glorificado con el Glorificado. Sí, la esposa debe sufrir con el esposo y así hacerse compañera y “coheredera de Cristo” (Rom 8, 17). No es posible, sin padecer y sin un camino áspero, estrecho y angosto, entrar en la ciudad de los santos desc r reinar con el Rey en una eternidad sin fin.»

                                                                                               (Homilías espirituales, 12, 4-5)

S. GREGORIO NISENO (335-394)

 El SENTIDO ESCONDIDO DE LA CRUZ

 «Si la cruz contiene un sentido más profundo, lo sabrán todos los que más entien­den sobre el significado del secreto. Lo siguiente lo conocemos a través de la tradición. En todos los hechos y dichos que se nos narran en el Evangelio, subyace una inten­ción sublime y divina, y no se encuentra en ellos nada que, además de los rasgos humanos, no lleve el carácter divino. Aun cuando los hechos y dichos parezcan demos­trar puramente la impronta humana, el sentido escondido puede descubrir el fundamento divino. Tal como exige la lógica, también aquí hay que tener en cuenta una parte sin pasar por alto la otra, contemplar lo humano en la muerte, pero de forma y modo que se tome muy en serio el significado divino que resalta todavía más clara­mente. Corresponde a la divinidad penetrar todo y, según la naturaleza de las cosas, dilatarse en todas sus partes…

 «De esta forma la cruz, mediante su figura dirigida en cuatro direcciones, al salir claramente cuatro maderos de su punto central, que los mantiene unidos, quiere ense­ñarnos que él, que en su muerte según el plan de Dios fue extendido en ella, es el mismo que une en sí al universo y le da una unidad armoniosa al sintetizar la multi­plicidad de cosas en un todo único. Pues respecto a las cosas miramos hacia arriba o hacia abajo, o nuestra investigación se dirige hacia ambos lados. Ojalá pienses en lo que hay en el cielo o bajo la tierra o a ambos lados. La divinidad va al encuentro de tu mirada contemplativa en todas partes, es sólo conocida en las cosas y en cada una de sus partes, y contiene todas las cosas en su ser. Si a esta naturaleza presente en todas partes hemos de denominarla Dios o Palabra o Sabiduría o Poder o cual­quier otra cosa que sea elevada y que pueda designar mejor al Altísimo, nuestra fe no discute acerca de palabras, expresiones y usos de imagen. Puesto que toda la crea­ción mira a él y está alrededor de él y por él guarda su unidad y conjunto armonioso , por eso no deberíamos dejarnos llevar sólo por el oído al recto conocimiento de Dios, sino también el ojo debería ser el maestro de verdades más altas.

 «Refiriéndose a la cruz, el gran Pablo imparte una enseñanza profunda a la comu­nidad de Efeso cuando quiere capacitarla para entender cuál es la altura y profundidad, la anchura y la largura (Ef 3, 18). Pues a cada uno de los maderos de la cruz les presenta él ante los ojos con un nombre particular: a la parte de arriba del vertical la designa altura, a la parte de abajo profundidad, y a las horizontales, anchura y lar­gura. De una forma más clara todavía distingue este concepto, creo yo, en la carta a los Filipenses a quienes escribe: “Al nombre de Dios  toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo” (Flp 2, 10). El usa aquí una sola palabra para el madero del medio y que cruza, refiriendo a la tierra todo lo que se encuentra entre el cielo y el abismo.»

                                                                                                       (Gran Catequesis, 32, 2)

 S. JUAN CRISOSTOMO (350-407)

 LA CRUZ NUESTRA GLORIA Y NUESTRA FUERZA

 «Nadie se avergüence de la venerable seña de nuestra salvación, el mayor de todos los beneficios, por la cual vivimos y existimos. Antes bien queremos llevar la cruz de Cristo como una corona, pues mediante la cruz se realiza nuestra total salva­ción. Cuando uno nace, la cruz está allí; cuando uno se alimenta con aquel manjar misterioso, siempre que uno es consagrado, siempre que se realiza cualquier otra acción, en todas partes está a nuestro lado esta señal de victoria. Por eso marcamos con ella, llenos de celo, las casas, paredes y ventanas, la frente y el corazón. Ella es el símbolo de nuestra salvación, de nuestra común liberación, así como de la bondad de nuestro Señor. “Como un cordero fue llevado al matadero” (Is 53, 7). Cada vez que haces la señal de la cruz, toma a pecho todo lo que contiene la cruz, modera la ira y el resto de las pasiones.

 «Cuando te persignas, llena tu frente de más confianza, libera a tu alma. Vosotros sabéis ciertamente de dónde nos viene la libertad. Para ganarnos esta libertad, San Pablo menciona la cruz y la sangre del Señor cuando dice: “Habéis sido comprados a un precio alto; no os hagáis esclavos de los hombres- (1 Cor 7, 23). Quiere decir: piensa en el precio que se ha pagado por ti y no serás esclavo de nadie. El llama a la cruz precio de compra.

 «Pero la cruz no ha de hacerse simplemente sólo con el dedo, sino en primer lugar con el corazón, lleno de fe interior. Cuando te persignes de esta forma en la frente, no se te acercará ningún espíritu impuro, porque verá el arma que le ha herido, la espada que le ha asestado el golpe mortal. Si nosotros nos estremecemos al con­templar los lugares de suplicio, ¡qué no sentirá el diablo ante la contemplación del arma con la que Cristo ha roto todo su poder y ha decapitado al dragón!

 «Así pues, no te avergüences de un bien tan grande para que Cristo tampoco se avergüence de ti, cuando venga en su gloria y aparezca ante él su señal, más brillante que los rayos del sol. Sí, entonces vendrá la cruz y predicará alto mediante su apari­ción, dará públicamente testimonio en favor de] Señor sobre toda la tierra y enseñará que éste no ha omitido nada de lo que depende de él. Esta señal tuvo ya en tiempos de nuestros antepasados, y tiene todavía ahora, la fuerza de abrir puertas cerradas, hacer inofensivo el veneno, quitar a la cicuta su efecto, curar la mordedura de anima­les venenosos; pues si ella abre las puertas, la entrada al paraíso, y hace saltar las cadenas del diablo, ¿por qué maravillarse de que sea más poderosa que las bebidas venenosas y que toda otra clase de cosas de este tipo?

«Graba, pues, profundamente en tu memoria esta verdad e imprime la salvación de nuestras almas en tu corazón. Pues esta cruz ha salvado y convertido al mundo, ha disipado el error, traído la verdad, transformado la tierra en cielo, hecho de los hombres ángeles. Con la cruz no hay que temer más al diablo, sino despreciarlo; la muerte ya no es muerte, sino sólo un sueño.»

                                                                                                     (Comentario a Mt 54, 4-5)

  PROTECCION MEDIANTE LA CRUZ, NO MEDIANTE AMULETOS Y FORMULAS MAGICAS

 «¿Qué se debe decir de aquellos que se ocupan en fórmulas mágicas y amuletos, y se atan monedas de hierro de Alejandro el Macedonio en la cabeza y en los pies? Así pues, ¿se hubiera pedido a nuestra esperanza que vinculásemos la esperanza de la conservación de nuestra vida a la imagen de un rey gentil después de la cruz y muerte de nuestro Señor? ¿No conoces la fuerza y la bendición de la cruz? La cruz ha aniquilado a la muerte, borrado los pecados, arrebatado su trofeo al infierno, roto el poder del diablo, y nosotros ¿no debemos confiar en que nos puede guardar la salud del cuerpo? El ha levantado de nuevo a todo el mundo, y tú ¿no tienes con­fianza en él? Di: ¿qué hubieras merecido tú para ello?

 « … ¿No te avergüenzas de que te dejes seducir por tales pasiones, después de haber aceptado la doctrina elevada del cristianismo? Una cosa hace a este engaño todavía más siniestro. Cuando advertimos y amonestamos, se nos contesta como si fuera una disculpa: “La señora que hace ese juramento es una cristiana y no expresa otra cosa que el nombre de Dios”. Precisamente por eso la odio y detesto más, porque se sirve del nombre de Dios para pecar, porque se presenta como cristiana y sin embargo realiza obras paganas. También los demonios pronuncian el nombre de Dios y son demonios. Ellos dijeron al Señor: “Sabemos quién eres: el santo de Dios”. Pero sin tenerlo en cuenta, el Señor los reprendió y arrojó. 

 «Así os amonesto yo, para que os apartéis de ese engaño y os apoyéis, como en un báculo, en aquellas palabras: “Yo te rechazo, Satanás”. Así como tú no te atreve­rías a ir al mercado desnudo y descalzo, tampoco deberías salir sin esas palabras. Cada vez que atravieses el umbral debes repetir antes: “Yo te rechazo, Satanás, y a tus pompas y a tu servicio. Y a ti, Cristo, estoy a tu lado”. Nunca debes salir sin esta fórmula; así poseerás un báculo, un arma, un bastión invencible. Con estas palabras hazte la señal de la cruz en la frente. Así nadie podrá hacerte daño, quienquiera que sea el que se encuentre contigo. Ni el mismo diablo podrá hacerte daño, si estás armado con esta armadura en cualquier parte donde él te vea.»

                                                                                       (Instrucción a los catecúmenos 2, 5)

 S. JUAN DAMASCENO (675-749)

 LA DIFERENCIA ENTRE CREYENTES Y NO CREYENTES A TRAVES DE LA CRUZ

 «La palabra de la cruz es una necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios” (1 Cor 1, 18). Pues “el hombre espi­ritual juzga todo, el hombre animal no capta las cosas del espíritu” (1 Cor 2, 14s). Necedad es la palabra de la cruz para aquéllos que no la aceptan en la fe y no pien­san en la bondad y el poder de Dios, sino que investigan lo divino con pensamientos humanos y naturales. Pues todo lo que es de Dios está por encima de cualquier natu­raleza, palabra y pensamientos. Si uno piensa cómo y por qué Dios ha llamado todo de la nada al ser y quiere fundamentarlo con pensamientos naturales, no entenderá nada. Pues este conocimiento es animal y demoníaco. Pero si, guiado por la fe, uno tiene a la divinidad por buena, todopoderosa, verdadera, sabia y justa, encontrará todo liso y llano y un camino recto. Sin fe es imposible ser salvado. Sobre la fe des­cansa todo, lo humano como lo espiritual. Sin fe no abre el surco el labrador, ni el comerciante confía su vida al mar embravecido sobre una pequeña embarcación, ni se fundan matrimonios, ni sucede nada de lo que ocurre en la vida. Mediante la fe reconocemos que todas las cosas han conseguido llegar de la nada al ser por el poder de Dios. Mediante la fe llevamos a cabo todo lo divino y lo humano. Pero la fe es asentimiento sin vacilación.

 «Claro que cada acción y acto milagroso de Cristo es sumamente grande, divino y maravilloso; pero mucho más maravilloso que todo es su cruz preciosa. Pues no de otra forma ha sido aniquilada la muerte, borrado el pecado de Adán, despojado el infierno, regalada la resurrección, se nos ha dado la fuerza, el presente, sí, el des­preciar la misma muerte, llevar a buen término la vuelta a la felicidad primitiva, abrir las puertas del paraíso, colocar nuestra naturaleza a la derecha de Dios; (no de otra forma) hemos sido hechos hijos de Dios y herederos mediante la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Todo fue hecho mediante la cruz. El Apóstol dice: “Todos los que hemos sido bautizados en Cristo nos hemos revestido de Cristo” (Gál 3, 27). “Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1 Cor 1, 24). Mira, la muerte de Cristo o la cruz nos ha revestido con la sabiduría y la fuerza de Dios. Pero la fuerza de Dios es la palabra de la cruz, porque por medio de ella nos ha dado a conocer la fuerza de Dios o la victoria sobre la muerte, o porque por la fuerza de Dios ha mantenido unidas la altura y la profundidad, la largura y la anchura, es decir, toda la creación visible e invisible, así como las cuatro terminales de la cruz están unidas y sostenidas por su punto central.

 «Esta cruz nos ha sido dada como señal en la frente, pues mediante ella nos diferenciamos los creyentes de los no creyentes y nos reconocemos. Es escudo y arma y señal de victoria contra el demonio. Es un sello para que el ángel estrangulador no nos toque, como dice la Escritura (Heb 11, 28). Ella levanta a los caídos, es sostén para los que están en pie, apoyo de los débiles, báculo de los tullidos, guía para los conversos, perfección para los que progresan, salud del alma y del cuerpo, defensa de todo mal, garantía de todos los bienes, destrucción del pecado, vástago de la resurrección, árbol de vida eterna. Hay que venerar este leño verdaderamente precioso y digno de veneración en el que Cristo mismo se ha ofrecido por nosotros, puesto que uno es curado mediante el contacto del cuerpo y de la sangre, igualmente los clavos, la lanza, los vestidos y sus lugares sagrados, como son: el pesebre, la cueva, el Gólgota que trae la salvación, el sepulcro que da la vida, Sión, el castillo de las iglesias y cosas semejantes. Si para nosotros son queridos la casa, la cama y los vesti­dos de los seres queridos, cuánto más ha de ser lo que es de Dios y del Salvador, y por lo que hemos sido salvados.

 «Nosotros veneramos la imagen de la cruz preciosa de la que proviene la vida, sea del material que sea. Nosotros no veneramos el material —lejos de nosotros­— sino la imagen como símbolo de Cristo. Pues así lo aclaró él a sus discípulos: “Enton­ces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre” (Mt 24, 30), esto es, la cruz. Por eso, también el ángel de la resurrección dijo a las mujeres: “Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado” (Mc 16, 6). Y el Apóstol: “Nosotros predicamos a Cristo cru­cificado”. Hay muchos cristos pero sólo un Crucificado. El no dijo: el traspasado por la lanza, sino el Crucificado. Por eso hay que venerar la señal de Cristo. Pues donde está la señal, allí estará también él. Al material de que está hecha la cruz, aunque fuese oro o piedras preciosas, después de una eventual destrucción de la imagen, no hay que venerarlo. Por consiguiente, cuando le veneramos a él (Dios), veneramos todo lo que está consagrado a Dios.»                                                               

(Exposición de la fe ortodoxa, 4, 11)

II. PADRES LATINOS

 

MINUCIO FELIX (Finales s. II y principios s. III)

 

LA SEÑAL DE LA CRUZ EN EL USO PAGANO

 

«Cuando declaráis a un malhechor y su cruz como objeto de nuestra veneración, os alejáis de la verdad si creéis que para nosotros sirve como Dios uno que ha mere­cido un castigo y que sólo ha hecho cosas terrenas. En realidad es digno de compasión el que pone toda su esperanza en un hombre mortal; pues toda ayuda termina con la muerte de ese hombre… Tampoco nosotros adoramos la cruz ni la deseamos. Voso­tros, que veneráis dioses de madera, adoráis quizás cruces de madera como parte integrante de vuestros ídolos. ¿Qué otra cosa son si no los emblemas militares, estan­dartes y banderas sino cruces adornadas y doradas? Vuestros signos de victoria no tienen sólo la forma de una cruz sencilla, sino que recuerdan también a un crucifi­cado. El signo de la cruz lo vemos igualmente sin afectación sobre el barco cuando navega a velas desplegadas o cuando se desliza con los remos extendidos. Cuando se levanta un travesaño, se origina el signo de la cruz; también cuando un hombre adora a Dios en espíritu con las manos levantadas. Así, se da la forma de cruz, en parte debido a las relaciones naturales y en parte a nuestros usos.»

 

                                                                                                         (Octavio, 29, 2-3, 6-8)

 

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LACTANCIO (250-318)

 

 

EFICACIA Y PODER DE LA CRUZ

 

«Ahora quiero hablar del secreto de la cruz. Nadie debe objetar: “Si Cristo debía tomar la muerte sobre sí, ¿por qué una muerte tan deshonrosa e ignominiosa?, ¿por qué no una muerte que hubiese llevado consigo gloria?”. Yo al menos sé de muchos que se espantan ante el nombre de la cruz y por tanto vuelven las espaldas a la ver­dad, siendo que la cruz tiene un significado profundo y un gran poder. Puesto que Cristo fue enviado precisamente para abrir a los más pequeños el camino de la salva­ción, él se humilló a sí mismo para salvar a los humildes. Por eso tomó sobre sí aquella clase de muerte que se suele infligir a los humildes, para dar a todos la posibilidad de la imitación. Y puesto que él había de resucitar de nuevo, por eso no se debía mutilarle ninguna parte del cuerpo, ni ser roto ningún hueso, como sucedía en la ejecución mediante la espada. Así la cruz ofrecía la ventaja de salvaguardar el cuerpo para la resurrección sin mutilar los huesos. A esto se añade la circunstancia de que Cristo debía ser levantado después de haber asumido libremente su pasión y muerte. Pero la cruz le ha levantado, en la realidad y en la apariencia, hasta tal punto que, al mismo tiempo que su pasión, su grandeza y su poder se han hecho manifiestos a todo el mundo. Al extender sus brazos en la cruz, ha extendido sus alas sobre el oriente y el occidente, para que bajo estas alas se reúnan para descansar todos los pueblos de ambas partes del mundo. Pero cuán grande sea la eficacia y el poder de esta señal, aparece claramente cuando todo el ejército de demonios es perseguido y arrojado mediante esta señal. Y así como Cristo antes de su pasión ahuyentó a los demonios mediante su palabra poderosa, así también son arrojados ahora los espíri­tus inmundos que se han introducido en los cuerpos de los hombres, mediante el nombre y la señal de la pasión de Cristo, mientras ellos se confiesan demonios bajo los tormentos y ceden a la mano castigadora de Dios.»

 

                                                                             (Compendio de las instrucciones divinas, 40)

 

 

S. JERONIMO (347-419)

 

LA CRUZ EN El ALMA

 

«Cuando hablo de la cruz, pienso no en el madero, sino en la pasión. Por lo demás esta cruz se encuentra en Bretaña, en India y en toda la tierra. ¿Qué se dice en el Evangelio? “Si no lleváis mi cruz y no me seguís diariamente” (Lc 14, 27). ¡Fíjate lo que dice! Si un alma no tiene cariño a la cruz como yo lo tuve por vosotros, enton­ces no podéis ser mis discípulos. Dichoso quien lleva en su alma la cruz, la resurrección, el lugar de nacimiento y de la ascensión de Cristo. Dichoso aquél que tiene en su corazón a Belén, aquél en cuyo corazón Cristo nace cada día. ¿Y qué significa Belén? Casa de pan. Seamos también nosotros una casa de pan, aquel pan que ha bajado del cielo. Cada día muere Cristo en la cruz por nosotros. Estamos crucificados para el mundo y Cristo está crucificado en nosotros. Dichoso aquel en cuyo corazón Cristo resucita cada día cuando hace penitencia por sus pecados, tam­bién los leves. Dichoso quien sube cada día desde el monte de los olivos al reino de los cielos, donde crecen los olivos ubérrimos de] Señor, donde amanece la luz de Cristo, donde están los huertos de olivo del Señor. “Yo, como un olivo frondoso en la casa de Dios” (Sal 51, 10). ¡Encendamos también nuestras lámparas con el aceite de aquel olivo e inmediatamente entraremos con Cristo en el reino de los cielos!»

 

                                                                                                              (Sobre el Salmo 95)

 

 

S. AGUSTIN (354-430)

 

UNION CON El CRUCIFICADO A TRAVES DE LA CRUCIFIXION

 

DE LAS CONCUPISCENCIAS CARNALES

 

«Predicar a Cristo significa no sólo decir lo que se debe creer de Cristo, sino tam­bién lo que debe tener en cuenta el que quiere entrar en comunión con el cuerpo de Cristo. Debe decirse todo lo que hay que creer de Cristo: de quién es Hijo, de quién es engendrado según su divinidad y de quién según la carne, qué ha sufrido y por qué, sobre qué se fundamenta la fuerza de su resurrección, qué clase de don del Espíritu Santo ha prometido y concedido realmente a sus creyentes; pero también qué clase de miembros busca como cabeza, enseña, ama, libera y conduce a la vida eterna de la gloria. Cuando tales cosas se dicen, entonces se predica a Cristo ora más corto y escaso, ora de forma más amplia y rica, pero no se ha de hablar sólo de lo que se refiere a la fe, sino también de lo que pertenece a la vida moral de un creyente.

 

«Así es como se comprenden también las palabras del apóstol Pablo: “Yo no pre­tendo saber entre vosotros más que a Jesucristo y éste crucificado” (1 Cor 2, 2). Deben saber que el concepto “Cristo, el crucificado” tiene mucho que decir al hombre; ante todo, que nuestro hombre viejo fue crucificado al mismo tiempo con él para que el cuerpo fuese despojado del pecado y nunca más sirvamos al pecado (Rom 6, 6). Por eso también dice el Apóstol de sí mismo: “Lejos de mí el gloriarme de otra cosa que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la que el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Gál 6, 14). Por eso hay que poner mucha atención a cómo es enseñado y aprendido Cristo el crucificado; así reconocerán que pertenece a su cruz el que también nosotros estemos crucificados para el mundo en su cuerpo. Bajo esto se entiende todo dominio de la mala concupiscencia.

 

«También el apóstol Pedro recuerda respecto al sacramento de esta cruz, esto es, de la pasión de Cristo, que todos los consagrados por ella deberían dejar el pecado. Escribe: “Así, pues, ya que Cristo padeció en la carne, armaos también vosotros de este mismo pensamiento, pues el que murió en la carne ha terminado de pecar, a fin de no vivir ya más el resto de su vida para los deseos humanos, sino para la volun­tad de Dios” (1 Pd 4, 1 s). Con esto enseña correctamente que sólo pertenece a Cristo crucificado, que ha sufrido en la carne, quien en su propio cuerpo ha crucificado sus deseos carnales y vive bien por medio del Evangelio.»

 

                                                                                         (De la fe y las obras, 9, 14-10, 15)

 

REUNION DEL GENERO HUMANO

 

«- Respetad me”, os dice la Iglesia. “Respetadme, aun cuando no queráis ver”. Los creyentes que en aquellos tiempos estaban en Judea aprendieron como presentes el nacimiento maravilloso de una Virgen, la pasión, la resurrección, la ascensión de Cristo y todas las palabras y obras de Dios. Vosotros no las habéis visto, por eso os negáis a creer. Así contemplad esto, poneos en tensión, pensad como propia con­templación lo que no os es contado como pasado ni anunciado como futuro, sino que os es mostrado como algo presente. ¿Acaso os parece nada o fácil y tenéis por nada o por pequeño milagro de Dios el que todo el género humano se transforme al nombre de un Crucificado?»                                              (Sobre la fe en lo invisible, 4, 7)

 

 

LA CRUZ COMO ESPERANZA DE LOS PUEBLOS

 

«Su rostro resplandece sobre el monte, su fama sobre toda la tierra. No fue roto o destrozado; no cedió en su propia persona ni en la Iglesia a los perseguidores, como si hubiera dejado de existir. Y así no ha sucedido ni sucederá lo que sus enemigos dijeron y dicen: “¿Cuándo morirá y desaparecerá su apellido?” (Sal 40, 6). No suce­derá “hasta que juzgue a la tierra”. ¿Quién? El, en quien hemos visto ya cumplida la última palabra del texto: “En su nombre pondrán los pueblos su esperanza”. Ojalá que uno se elevase, de la mano de hechos tan innegables, a la fe en cosas que siem­pre se ponen en duda de forma descarada. ¿Quién hubiera esperado el cambio repentino, cuyos testigos oculares están ahora con nosotros, los que no quieren toda­vía creer en Cristo y rechinan los dientes sobre él y arden de ira, porque no pueden ponerlo en duda? ¿Quién, digo yo, hubiera esperado que los pueblos pusieran su esperanza en el nombre de Cristo, quién lo hubiera esperado cuando Cristo fue arres­tado, atado, golpeado, injuriado y crucificado, cuando sus propios discípulos perdieron la esperanza que habían depositado en él? Lo que entonces apenas esperó uno de los criminales en la cruz, eso es lo que esperan ahora todos los pueblos y, para no caer en la muerte eterna, se marcan con la cruz en la que él sufrió la muerte.»

 

                                                                                                    (La Ciudad de Dios, 20, 30)

 

 

S. LEON MAGNO (m. 461)

 El MODELO DEL SEÑOR CRUCIFICADO

 

«En medio de este mundo petulante, nosotros no debemos hacernos necios petu­lantes, que fallan cuando les toca una desgracia; pues por una parte nos lisonjea un engañoso placer y por otra se levanta cada vez más amenazador el esfuerzo y la preo­cupación. No, “puesto que la tierra está llena de la bondad del Señor” (Sal 32, 5), por eso está a nuestro lado Cristo con su victoria. Así se cumplen sus palabras: “No temáis: yo he vencido al mundo” Un 16, 33). Siempre que luchemos contra la adula­ción del mundo o contra las pasiones de nuestra carne o contra las flechas afiladas de los herejes, ¡sea siempre la cruz del Señor nuestra arma! Cuando permanecemos alejados de—la levadura de la antigua maldad”, entonces celebramos la pascua duradera. En medio de todos los sucesos cambiantes de esta vida, tan ricos en sufri­mientos diversos, debemos tener presente el aviso del Apóstol que nos amonesta con estas palabras: “Debéis tener los sentimientos que tuvo Jesús, quien, a pesar de tener la forma de Dios, no se aferró a su derecho a ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo adoptando la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres y presentándose como hombre en lo externo. El se rebajó a sí mismo haciéndose obe­diente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios, a su vez, lo exaltó y le otorgó un nombre que está sobre todo nombre, para que, ante el nombre de Jesús, doblen la rodilla todos los seres del cielo, de la tierra y del abismo, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 5ss).

 

«Cuando hayáis comprendido correctamente el misterio del gran amor del Señor y tengáis presente lo que el Hijo único de Dios ha realizado para la salvación de los hombres, entonces debéis tener el mismo sentimiento del que fue lleno Cristo Jesús, cuya humillación no debe despreciar el rico, ni tener por menos el noble. Sin embargo, la felicidad de ningún hombre puede levantarse a tal altura, que deba con­siderar como algo vergonzoso el que Dios, que siempre permanece Dios, no haya tenido por indigno el hacerse siervo. Tomad, pues, como ejemplo las obras del Señor. ¡Amad lo que él ha amado y encontraréis en vosotros la gracia de Dios! ¡Contemplad en él, llenos de gozo, vuestra propia naturaleza! Cristo se hizo pobre sin perder su riqueza, se humilló sin disminuir su gloria, sufrió la muerte sin perder su eternidad. Por eso, también vosotros debéis andar el mismo camino y pisar las mismas huellas: también vosotros debéis despreciar lo terreno para participar del reino de los cielos. Quien carga con la cruz debe matar su concupiscencia, extinguir sus vicios, evitar toda vanidad y apartarse de toda enseñanza falsa. Pues ningún libidinoso, ningún siba­rita, ningún soberbio y ningún codicioso puede celebrar la pascua del Señor.»

 

                                                                                                           (Predicación, 72, 4-5)

 

 

S. GREGORIO MAGNO (540-604)

 

DE LAS FORMAS DE LLEVAR LA CRUZ

 

«De dos formas llevamos nosotros la cruz: dominando la carne mediante la conti­nencia y teniendo en cuenta sus necesidades como nuestras mediante una verdadera compasión con el prójimo. El que en una enfermedad del prójimo siente el dolor en sí mismo, ése lleva consigo la cruz. Pero hay que tener en cuenta que hay hom­bres que dominan su carne mediante la continencia, pero no por voluntad de Dios, sino por una ambición vana. Y hay también otros, muchos por cierto, que se compa­decen de sus semejantes no de una forma espiritual, sino carnal, de tal manera que los ayudan no por virtud, sino por su gran sensibilidad, más bien como carga. Todos éstos parecen llevar la cruz del Señor, pero no imitan al Señor. Por eso dice la Verdad con toda razón: “Quien no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”. Pues el cargar con la cruz e ir detrás del Señor significa renunciar totalmente a los deseos carnales o compadecer al prójimo con verdadero deseo de hacerle feliz. Quien realiza lo último sólo con intención temporal, ciertamente lleva la cruz, pero no sigue al Señor.»

 

                                                                                   (Homilía en la fiesta de un santo Mártir)

 

 

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Enfermera cristiana obligada a dejar la enfermería por llevar una cruz

Se querellará contra el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido

Una enfermera cristiana del Reino Unido que fue objeto de una acción disciplinaria por llevar un colgante con una cruz ha aceptado una oferta de reempleo temporal pero, aconsejada por sus abogados, se querellará por discriminación.

 
Shirley Chaplin, de 54 años, aceptó este martes la oferta “bajo coacción”, según la Asociación de la Prensa del Reino Unido. Su abogado dijo que emprenderá una acción en el Tribunal de Empleo por discriminación, ya que la señora Chaplin cree ser discriminada a causa de su fe, informaba este miércoles el Christian Post.  
Anteriormente se le dijo a la señora Chaplin, por parte del Hospital Royal Devon and Exeter que no podía llevar la cruz de plata de 2,5 centímetros abiertamente en su cuello porque viola su política de uniforme y es un riesgo para los pacientes, según el diario Telegraph.
 
Se le dijo que o aceptaba el reempleo en un puesto no como enfermera o afrontaría el despido. El Servicio Nacional de Salud (NHS) insistió en que el colgante podría ponerle  en peligro a ella o a un paciente si era agarrado.
 
La señora Chaplin dijo que llevaba la cruz desde que empezó a trabajar en el hospital hace treinta años, y afirmó que está siendo perseguida por sus creencias cristianas.
 
Sin embargo, el hospital se acomoda a otros símbolos de fe, tales como las enfermeras musulmanas que llevan el chador, informó el Daily Exp ress.
 
El periódico dijo que la señora Chaplin, madre de dos niños, de Kem, cerca de Exeter, se jubilará dentro de ocho meses.
 
Ella añadió: “He llevado una cruz por años y años y ahora, al final de mi carrera, me han dicho que me la quite”.
 
“No puedo explicar lo importante que es la cruz para mí. Es como yo expreso mi fe. Decirme que me la quite me ha conmocionado completamente. Mi fe cristiana es lo que motiva a cuidar a los demás”, dijo Chaplin al Daily Express.
 
“Pero siento que estoy siendo intimidada y victimizada por mi fe. Me impresionó cuando el Ejecutivo de Salud y Seguridad me dijo que no hay datos de ningún caso de daños causados por un colgante”.
 
La señora Chaplin ha sido apoyada por el Centro Cristiano Legal (CLC), un grupo de presión que lucha por la libertad religiosa.
 
Andrea Minichiello Williams, abogado y director dijo: “Hoy, una enfermera que ha servido fielmente al público de Exeter con sus habilidades profesionales fue forzada, bajo coacción, a dejar la enfermería y asumir un papel administrativo, todo porque la empresa no le permite llevar una cruz, la imagen del cristianismo mundialmente reconocida y apreciada.
 
“A la señora Chaplin no se le dejó ninguna otra opción que aceptar, pero hoy nos ha instruido para iniciar una acción ante el Tribunal de Empleo por discriminación contra su empleadores”, según informó la Asociación de Prensa del Reino Unido.

Con la Cruz, los jóvenes evangelizan, explica el cardenal Rouco

Carta con motivo del inicio de la peregrinación de la Jornada de la Juventud

 El cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, ha dirigido una carta a los jóvenes explicándoles que el próximo 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, dará comienzo “la peregrinación de la Cruz de los Jóvenes por la diócesis de Madrid”.

“Las Jornadas Mundiales de la Juventud significan el encuentro con Cristo muerto y resucitado por nosotros”, explica en la carta. 
  
El purpurado subraya que “esta Cruz, que el Siervo de Dios Juan Pablo II entregó a los jóvenes en el año 1984 para que la llevaran por el mundo entero, junto al icono de la Virgen María, es un hermoso signo de lo que significan las Jornadas Mundiales de la Juventud: el encuentro con Cristo muerto y resucitado por nosotros, Redentor del hombre”.

“Llevando la Cruz sobre sus hombros –añade–, los jóvenes se convierten en portadores de la alegre noticia de la salvación y proclaman a los cuatro vientos que Cristo nos ha salvado del pecado y de la muerte”. 

Para el cardenal, la Cruz es “el gran signo del amor de Dios que muestra su perdón y reconciliación para con todos los hombres. En realidad, el crucificado es el exaltado, el que ha sido elevado gloriosamente –la Cruz es gloriosa- como vencedor del pecado y de la muerte”.

“Por eso la Iglesia ha cantado y canta a la Cruz como signo de victoria y del triunfo –añade–. El amor de Cristo vence sobre todos los odios, rencores, venganzas y crímenes de lo s hombres. Es un amor que sana, libera, purifica, rescata y pacifica. Es un amor eterno e infalible. Es un amor humano y divino, capaz de elevarnos con Él a lo más alto de la gloria”. 

El cardenal arzobispo de Madrid invita a los jóvenes a proclamar “con palabras y gestos sencillos que Cristo ha llevado todas las cruces del mundo y las ha iluminado con su propia entrega a la muerte”, con el anhelo de que “ningún hombre se sienta solo en el dolor si sabe mirar al Crucificado”.


Dios: Tú, al banquillo

Crucifijo cayendo de la pared

Dios: Tú, al banquillo

De la guerra que se ha desatado en España por quitar los crucifijos de las escuelas.

Quizá, por la proximidad de las fechas o por el tema en sí, suena un tanto pesado recordar la problemática de los crucifijos en las escuelas. Yo, como humilde “cireneo”, me siento en la obligación espiritual de levantar esa cruz que han arrancado de la pared y ahora espera rota sobre el suelo. Y todo, porque a un padre le resulta pernicioso que su hijo tenga que ver, todos los días, un crucifijo en su aula…

¿Es que vamos a volver a lo de antes? Espero que no porque, de otra forma, de nada serviría luchar contra las corrientes activas o pasivas de persecución religiosa que hoy nos acosan… porque, de aquellos vientos de persecución, estas tempestades de fe.

Como tan sabiamente decía Benedicto XVI a los jóvenes en Sidney, “la tarea del testigo no es fácil. Todavía muchos sostienen que a Dios se le debe dejar en el banquillo, y la religión y la fe han de ser excluidas de la vida pública”.

¿Y por qué no convocar siempre a Dios de titular? Pienso yo… porque si Dios es todopoderoso, ¡jamás perderíamos un partido! ¿No es así?

La guerra de los crucifijos no es más que otro signo del intento de destruir lo que nos molesta y lo que agrede brutalmente a nuestro credo. La finalidad está en querer apartarle de todo, igual que a ese jugador que queremos quitar del equipo porque, en vez de contribuir a la victoria, nos estorba dentro del terreno de juego. Claro que, de masajista o para llevarnos el agua -cuando llueven las desgracias-, quizá sí recurrimos a su presencia…

Recuerdo cuando, en algún tiempo, Dios comenzó siendo elegido el mejor jugador del mundo, era el capitán y el titular indiscutible dentro del equipo… aunque los directivos de este mundo lo utilizasen a su antojo, creyendo que, con oro, podían pagar su cláusula. Poco a poco, cedió la titularidad a otros jugadores más explosivos… tras una larga estancia en el segundo equipo, pasó a ser suplente y hoy, ni siquiera deseamos que vista la camiseta de nuestro equipo…

De esta manera, y aunque Él esté pidiendo a gritos la titularidad, dejará de molestarnos… a pesar de que, por este precio, no consigamos ganar un solo encuentro y, sin Él, jamás venzamos en este partido vital contra la muerte. Menos mal que, aunque sea en la tanda de penaltis, Dios –que es el mejor jugador- terminará marcando el gol de oro al mal del hombre en el mundo.