Santa Sede publica Constitución Apostólica que regula paso de anglicanos a la Iglesia

La Congregación para la Doctrina de la Fe dio hoy a conocer la Constitución Apostólica “Anglicanorum coetibus”, sobre la institución de Ordinariatos Personales para los anglicanos que entran en plena comunión con la Iglesia Católica. En el comunicado se precisa, además, que la disciplina sobre el celibato sacerdotal no ha variado en modo alguno.

La mencionada Constitución Apostólica y las Normas Complementarias están fechadas el 4 de noviembre, festividad de San Carlos Borromeo, y firmados por el Cardenal William Joseph Levada y el Arzobispo Luis F. Ladaria, S.I, respectivamente Prefecto y Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

En el comunicado se recuerda que el 20 de octubre de 2009, el Cardenal Levada anunció “un nuevo documento para responder a las numerosas peticiones enviadas a la Santa Sede por grupos de ministros y fieles anglicanos de diversas partes del mundo que desean entrar en la comunión plena y visible con la Iglesia Católica”.

El texto explica que “la Constitución Apostólica que se publica hoy introduce una estructura canónica que facilita esa reunión corporativa mediante la institución de Ordinariatos Personales que permitirán a esos grupos entrar en comunión plena con la Iglesia Católica, conservando al mismo tiempo elementos específicos del patrimonio espiritual y litúrgico anglicano. Las Normas Complementarias servirán para la correcta aplicación del procedimiento“.

Seguidamente señala que “esta Constitución Apostólica abre un nuevo camino para la promoción de la unidad de los cristianos, reconociendo al mismo tiempo la legítima diversidad en la expresión de nuestra fe común. No se trata de una iniciativa que haya tenido origen en la Santa Sede, sino de una respuesta generosa por parte del Santo Padre a la aspiración legítima de esos grupos anglicanos. La institución de esta nueva estructura se sitúa en plena armonía con el compromiso para el diálogo ecuménico, que sigue siendo prioritario para la Iglesia Católica”.

Asimismo, el comunicado precisa que “la posibilidad prevista en la Constitución Apostólica de la presencia de algunos clérigos casados en los Ordinariatos Personales no significa en modo alguno un cambio en la disciplina de la Iglesia acerca del celibato sacerdotal que, como afirma el Concilio Vaticano II es signo y al mismo tiempo estímulo de la caridad pastoral y anuncia de forma resplandeciente el reino de Dios”.

La Constitución consta de trece disposiciones relativas a la formación de los Ordinariatos que gozan, según afirma el párrafo 3 del primer apartado, “de personalidad jurídica pública y son asimilables jurídicamente a una diócesis”; a la potestad del Ordinario “ejercida de forma conjunta con la del obispo diocesano local en los casos previstos por las Normas Complementarias”; a los candidatos al Orden Sacramental; a la erección, con la aprobación de la Santa Sede, de nuevos Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, así como de parroquias; a la visita “ad limina” del Ordinario, entre otros temas

Las Normas Complementarias, concluye el comunicado, tratan de la dependencia de la Santa Sede; las relaciones con las Conferencias Episcopales y los obispos diocesanos; el Ordinario; los fieles del Ordinariato; el clero; los obispos que eran anglicanos; el Consejo de gobierno; el Consejo pastoral y las parroquias personales.

Congregación para la Doctrina de la Fe emite nota sobre el aborto “terapéutico”

Corrigiendo una confusión generada por recientes declaraciones de una autoridad vaticana, la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) emitió hoy una clarificación confirmando las enseñanzas de la Iglesia sobre el mal llamado aborto “terapéutico”, que “no ha sido ni nunca podrá ser” aceptado por la doctrina católica.

El documento es una respuesta, precisa, a la “manipulación e instrumentalización” de un artículo publicado por Mons. Rino Fisichella en L’Osservatore Romano del 15 de marzo de 2009, sobre el caso del aborto procurado a una niña brasileña de 9 años que había sido violada por su padrastro.

En el texto, Mons. Fisichella parecía criticar al Arzobispo local Mons. José Cardoso Sobrinho, lo que generó críticas de los medios seculares luego de confirmar que, de acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia, todos los involucrados en el aborto, con excepción de la pequeña, estaban excomulgados.

La posición del Arzobispo Fisichella creó, especialmente en América Latina, una ola de artículos y editoriales señalando que la Iglesia había “suavizado” su posición sobre el aborto, y fue usado incluso políticamente en Nicaragua para tratar de revertir la prohibición a todo tipo de abortos.

Como consecuencia, “diversas cartas, también de parte de altas personalidades de la vida política y eclesial, han informado sobre la confusión”, dice el documento de la CDF.

“Al respecto, la Congregación para la Doctrina de la Fe reitera que la doctrina de la Iglesia sobre el aborto provocado no ha cambiado ni puede cambiar. Tal doctrina está establecida en los numerales 2270-2273 del Catecismo de la Iglesia Católica“, tras lo cual, la clarificación cita los numerales en su totalidad:

“La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida. ‘Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado’. ‘Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra'”.

“Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido. Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables”

“La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. ‘Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae’, es decir, ‘de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito’, en las condiciones previstas por el Derecho. Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad. El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:

‘Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte’”.

“Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho… El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos’”.

La CDF recuerda luego que “el Papa Juan Pablo II ha reafirmado tal doctrina con su autoridad de Supremo Pastor de la Iglesia en la Encíclica Evangelium vitae: ‘Por tanto, con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos —que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina—, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal”.

Asimismo, el documento agrega que “en algunas situaciones difíciles y complejas, vale la enseñanza clara y precisa de Juan Pablo II” y cita nuevamente la encíclica Evangelium vitae: “es cierto que en muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y doloroso, en cuanto que la decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones puramente egoístas o de conveniencia, sino porque se quisieran preservar algunos bienes importantes, como la propia salud o un nivel de vida digno para los demás miembros de la familia. A veces se temen para el que ha de nacer tales condiciones de existencia que hacen pensar que para él lo mejor sería no nacer. Sin embargo, estas y otras razones semejantes, aun siendo graves y dramáticas, jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente“.

El texto también señala que “en cuanto a la problemática de determinados tratamientos médicos para preservar la salud de la madre es necesario distinguir bien entre dos casos distintos: de una parte una intervención que directamente provoca la muerte del feto, llamado algunas veces de modo inapropiado aborto ‘terapéutico’, que no puede nunca ser lícita en cuanto es el asesinato directo de un ser humano inocente; de otra parte una intervención en sí misma no abortiva que puede tener, como consecuencia colateral, la muerte del hijo”.

Para finalizar, la clarificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe precisa que “en cuanto a la responsabilidad de los operadores sanitarios, es necesario recordar las palabras del Papa Juan Pablo II” y cita por última vez a la Encíclica Evangelium vitae: “su profesión les exige ser custodios y servidores de la vida humana. En el contexto cultural y social actual, en que la ciencia y la medicina corren el riesgo de perder su dimensión ética original, ellos pueden estar a veces fuertemente tentados de convertirse en manipuladores de la vida o incluso en agentes de muerte. Ante esta tentación, su responsabilidad ha crecido hoy enormemente y encuentra su inspiración más profunda y su apoyo más fuerte precisamente en la intrínseca e imprescindible dimensión ética de la profesión sanitaria, como ya reconocía el antiguo y siempre actual juramento de Hipócrates, según el cual se exige a cada médico el compromiso de respetar absolutamente la vida humana y su carácter sagrado“.

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE.

La instrucción se dirige “a los fieles cristianos y a todos los que buscan la verdad

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

Instrucción “Dignitas Personae” sobre algunas cuestiones de Bioética

Desde hace varios años la Congregación para la Doctrina de la Fe estudia las nuevas cuestiones biomédicas con el objeto de actualizar la Instrucción “Donum vitæ”. A cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona. Este principio fundamental, que expresa un gran “sí” a la vida humana, debe ocupar un lugar central en la reflexión ética sobre la investigación biomédica, que reviste una importancia siempre mayor en el mundo de hoy. La nueva Instrucción, fechada el 8 de septiembre de 2008, Fiesta de la Natividad de la Virgen María, tiene la intención de responder a algunas nuevas cuestiones en este campo que suscitan esperanzas pero también perplejidades en sectores cada vez más vastos de la sociedad.

Es un hecho que en los últimos años las ciencias biomédicas han avanzado de forma considerable. Estos avances han abierto nuevas perspectivas terapéuticas, pero también han suscitado serios interrogantes que no fueron explícitamente afrontados en la Instrucción “Donum viatæ” (22 de febrero de 1987).

La Instrucción comienza con las palabras “Dignitas Personæ”, la dignidad de la persona, que se le debe reconocer a todo ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural. Este principio fundamental “expresa un gran “sí” a la vida humana”, la cual “debe ocupar un lugar central en la reflexión ética sobre la investigación biomédica”

Se trata por tanto de una “Instrucción y naturaleza doctrinal” emanada por la Congregación para la Doctrina de la Fe y aprobada expresamente por el Santo Padre Benedicto XVI. La Instrucción pertenece pues a los documentos que “participan del ma-gisterio ordinario del Sumo Pontífice” (Instrucción Donum veritatis, n. 18), que ha de ser acogido por los fieles “con asentimiento religioso”

Para examinar las nuevas cuestiones “se han tenido siempre presentes los aspectos científicos correspondientes, aprovechando los estudios llevados a cabo por la Pontificia Academia para la Vida y las aportaciones de un gran número de expertos, para confrontarlos con los principios de la antropología cristiana. Las Encíclicas Veritatis splendor y Evange-lium vitæ de Juan Pablo II, y otras intervenciones del Magisterio, ofrecen indicaciones claras acerca del método y del contenido para el examen de los problemas considera-dos” (n. 2).

La Instrucción está dirigida “a los fieles cristianos y a todos los que buscan la verdad”. Cuando la Iglesia propone principios y valoraciones morales para la investigación biomédica sobre la vida humana, “se vale de la razón y de la fe, contribuyendo así a elaborar una visión integral del hombre y de su vocación, capaz de acoger todo lo bueno que surge de las obras humanas y de las tradiciones culturales y religiosas, que frecuen¬temente muestran una gran reverencia por la vida”.

La Instrucción comprende tres partes: la primera recuerda algunos aspectos antro-pológicos, teológicos y éticos de importancia fundamental bajo dos principios fundamentales:

“El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida”.

“El origen de la vida humana… tiene su auténtico contexto en el matrimonio y la familia, donde es generada por medio de un acto que expresa el amor recíproco entre el hombre y la mujer. Una procreación verdaderamente responsable pa-ra con quien ha de nacer es fruto del matrimonio”.

La segunda afronta nuevos problemas relativos a la procreación donde se enmarcan las técnicas de asistencia a la fertilidad, la fecundación in vitro o el congelamiento de embriones; mientras que la tercera parte examina algunas nuevas propuestas terapéuticas que implican la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano, como son la terapia génica, la utilización de “material biológico” humano de origen ilícito, o el uso terapéutico de las células troncales.