Los Reyes Magos: historia, tradición y cine

Las Navidades se acaban. Para despedirlas, y pensando en la fiesta del día 6, qué mejor que este artículo sobre “Los Reyes Magos: historia, tradición y cine” publicado en su blog por el escritor y profesor de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Málaga, Alfonso Méndiz.

“La Natividad”: los Reyes con los pastores

Hay unos personajes que todos sentimos muy vinculados a la Navidad –sobre todo, los niños- y de los que apenas nos hablan los Evangelios. Se trata de los Reyes Magos, cuya imagen ha sido muy elaborada por la tradición, hasta el punto de que no suelen faltar en ningún belén del mundo.

San Mateo escribe que “unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido?” (Mt 2, 1-2). En esa frase sólo indica su profesión: eran Magos, estudiosos de los astros y de sus movimientos en el Cielo; y precisamente de ese oficio se valdrá Dios para atraerlos –mediante una estrella- hasta el mismo lugar donde se encuentra Jesús. Pero no afirma que sean Reyes. Es éste un añadido del pueblo, que ha supuesto –con cierta lógica- que debían ser poderosos cuando fueron recibidos por la máxima autoridad de Jerusalén, Herodes, y cuando preguntan explícitamente por “el Rey de los Judíos”.

Tampoco afirma cuántos eran: “unos Magos”. Podían ser dos, cuatro, seis… Pero como fueron tres sus regalos (oro, incienso y mirra), la tradición ha deducido que ese debía ser el número de los magos reunidos en Belén. Sus nombres tampoco están en la Escritura: aparecen por vez primera en un mosaico bizantino localizado en Ravena (Italia) que se fecha en torno al año 520. En él figura una leyenda sobre los tres magos que dice ” SCS BALTHASSAR SCS MELCHIOR SCS GASPAR”; esto es, sagratísimos -o veneradísimos- Baltasar, Melchor y Gaspar.

La primera descripción de los Reyes Magos se la debemos al teólogo anglosajón Beda el Venerable (675-735): “El primero de los magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera blanca y luenga barba; fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe, de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole el incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena (más tarde se le representaría negro) mostró su reconocimiento ofreciéndole mirra, que significaba que el Hijo del hombre debía morir.”

Las representaciones cinematográficas de los Magos han seguido fielmente la iconografía popular: son tres, se comportan como reyes, vienen sobre camellos y les acompañan una cohorte de pajes y servidores. En todas las películas se les retrata así, y ahí termina también toda su intervención en la historia, aunque hay tres filmes que han añadido algo más para completar el relato. En Ben Hur (1959), tal como aparece también en la novela, Melchor profetiza los padecimientos de Jesús y establece así un paralelismo simbólico con los dolores que aguardan al aristócrata judío. En La Natividad (2006) se incluyen al principio algunas escenas de los Magos en su trabajo como astrónomos: su observación del firmamento, el descubrimiento de la estrella, y –tras la consulta de algunos legajos- la conexión de este fenómeno con las profecías mesiánicas. Finalmente, en Jesús de Nazaret (1977) vemos cómo los Magos se van juntando por el camino y cómo dialogan acerca de su actitud frente a Herodes. También ayudan a descubrir el sentido espiritual de lo que está pasando. Así, cuando Baltasar contempla al Niño, comenta a José y a María: “Al venir aquí, creí que nos equivocábamos, pero ahora veo que es muy justo”; y, por si esto fuera poco, Gaspar añade: “No en la gloria, sino en la humildad”.Hay un punto en el que la representación de los Magos diverge de unos filmes a otros, y es el de su presencia junto a los pastores en la gruta de Belén. Ya hemos comentado en otro post que esa reunión es poco probable. Ha cristalizado en el imaginario de la Navidad por una necesidad “escénica”: una pintura o una representación de la Navidad resultan mucho más dramáticas e interesantes si se resumen en una sola escena todos los personajes implicados; así la noche del Nacimiento aparece como más “grandiosa”. Pero los teólogos suponen que ambos hechos estuvieron separados en el tiempo. Por una parte, los Magos debieron tardar algunos meses en llegar a Jerusalén desde el lejano Oriente. Por otra, Herodes manda degollar no a los recién nacidos, sino a todos los varones menores de dos años: esto hace suponer que el Nacimiento del que le hablan debió haber ocurrido un año antes.

Curiosamente, las primeras películas sobre Jesús sí muestran esa separación temporal. Vida y pasión de Jesucristo (1907), de Zecca, y Del pesebre a la Cruz (1912), de Sidney Olcott, muestran primero la llegada de los pastores a la cueva y, más tarde, la aparición de los Magos en la casa de José y María, un lugar mucho más acogedor que el portal.

Sin embargo, será en los años sesenta cuando ambas escenas se solapen en el tiempo. Rey de reyes (1961) muestra una ciudad de Belén corrompida por los romanos y ahí sitúa a un posadero egoísta y nervioso, que rechaza sin miramientos a la joven pareja. Cuando, poco después, los Magos llegan a la ciudad de David –“venían de Persia, Mesopotamia y Etiopía”, nos dice la voz en off- aparecen en el establo sin diálogo previo con Herodes, y allí ya están presentes los pastores. De igual modo, aunque desde otra perspectiva, La historia más grande jamás contada (1965) sigue el relato de los Magos, describe minuciosamente el careo con el tetrarca y nos lleva con ellos hasta el portal, donde ya los pastores han ofrecido sus cántaros y ovejas. En esta misma línea se situará también el relato de La Natividad, cuyo guión tiene necesariamente que unir ambas escenas para solemnizar así el momento cumbre de la cinta: el nacimiento de Cristo en la gruta de Belén.Por el contrario, otras películas han reflejado la separación en el tiempo de una y otra adoración al Niño: la de los pastores y la de los Magos. Jesús de Nazaret es un claro ejemplo, con una distinción de secuencias que afecta también a la puesta en escena: solemne y lenta en el Nacimiento, con los pastores llegando por la noche hasta la gruta; sobria y natural en la epifanía, con los Reyes llegando por el día hasta la casa. Como vemos en el fotograma, el Niño tiene alrededor de un año, la Virgen está de pie y en plena faena, y la casa evidencia el trabajo de José para hacerla más confortable.

De todo esto celebraremos su fiesta el próximo día 6. ¡Felicidades a todos por la Solemnidad de la Epifanía!

La Generalitat obliga a distribuir las películas en catalán

El Gobierno catalán ha aprobado este martes la Ley del Cine Catalán, que prevé que las películas distribuidas con más de 15 copias tengan la mitad de ellas en catalán. Aunque están exentas de esta medida las cintas europeas que tengan menos de 15 copias, no así las americanas, que deberán distribuir la mitad de sus copias en catalán. La medida consiste en incluir la opción catalán en el menú de idiomas de los DVD.

Polémica ley

El consejero de Cultura y Medios de Comunicación de la Generalitat catalana, Joan Manuel Tresserras, ha informado este martes en rueda de prensa que la Ley del Cine Catalán que ha aprobado el Gobierno catalán exige que los DVD incluyan la versión catalana en el menú de idiomas.Además, las películas europeas con 15 o menos copias serán las únicas exentas de incluir el catalán en el doblaje o la subtitulación. Las americanas, por ejemplo, con menos de 15 copias sí deberán distribuir la mitad de las copias en catalán. “La norma ya no es general“, ha indicado Tresserras.Según ha explicado tras el Consejo Ejecutivo, esta ley completa los objetivos de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) y está hecha “para cambiar el estado de las cosas” en un sector que no ha hecho “avances substanciales en democracia“.

Avatar o el ecologismo como religión

Dirección: James Cameron
Producción: James Cameron y Jon Landau
Guión: James Cameron
Elenco: Actores principales: Sam Worthington, Zoe Saldana, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Michelle Rodriguez, Giovanni Ribisi, Joel David Moore

Una de las aventuras épicas más impresionantes jamás llevadas al cine, “Avatar” es la realización del sueño personal de James Cameron,  director de “Titanic”, que escribió el guión de su nueva película 14 años atrás, pero sólo en 2005 tuvo a disposición la sorprendente tecnología cinematográfica que “Avatar” estrena, y que ha establecido un nuevo estándar para el mundo cinematográfico.

 La nueva tecnología gráfica, especialmente cuando puede disfrutarse en 3D, como sucede en las principales plazas del mundo, sirve de vehículo para narrar una conmovedora historia épica que se desarrolla en la imaginaria luna llamada Pandora, donde los seres humanos explotan un extraño y valioso mineral para garantizar la energía a un planeta Tierra completamente devastado y sin recursos vitales.

“Avatar” nos introduce al fascinante y surrealista mundo de Pandora a través de los ojos del personaje principal Jake Sully, un ex infante de marina confinado a una silla de ruedas. Jake recibe la oportunidad de su vida cuando la corporación que explota el mineral de Pandora le ofrece participar del programa “Avatar”.

Debido a la toxicidad de la atmósfera de Pandora, el programa “Avatar” permite que “conductores” humanos  manejen mentalmente cuerpos biológicos artificialmente creados mediante la combinación de ADN humano con el de la raza nativa de Pandora, los Na’vi.

Los Na’vi son casi dos veces más altos que los seres humanos, perfectamente esbeltos, con una piel azulada y algo atigrada y dotados de una agilidad incomparable.

Capaz de desplazarse libremente en su nuevo avatar, Jake recibe la misión de infiltrar a los Na’vi, cuya resistencia a permitir que sus bosques sean destruidos por la corporación de la Tierra se ha convertido en un dolor de cabeza para los desalmados humanos.

Las cosas, sin embargo, no salen según lo planeado: Jake, en su avatar, se extravía en la peligrosa jungla de Pandora, y cuando está a punto de perecer a causa de la hostil fauna local, es salvado por una bella Na’vi, Neytiri, una suerte de princesa de su raza.

Jake comenzará así una doble vida: en su silla de ruedas, como espía informante de la avanzada militar humana, y dentro de su avatar, como un Na’vi cada vez más fascinado con la compleja cultura local, la impresionante naturaleza de Pandora, y la belleza de Neytiri, con quien comienza a desarrollar una relación cada vez más apasionada.

Inicialmente dividido entre ambos mundos,  Jake opta por ocupar su lugar mesiánico entre los Na’vi  y finalmente liderar la épica batalla final contra los explotadores humanos de la que dependerá la subsistencia de Pandora.

Hasta aquí la descripción. Tratándose de una película de Hollywood, no es difícil imaginar el final.

Lo desconcertante de “Avatar”, sin embargo, es la descarada, infantil y hasta ridícula propaganda ecologista, donde cualquiera que no comparte el radicalismo “New Age” de creer en la “madre tierra”, es un asesino sicópata, como el “malo” de la película, un coronel que desde una nave ordena la masacre de una tribu Na’vi mientras degusta indiferentemente una taza de café.

La separación entre  buenos y malos es tan grotesca, que en nada se diferencia al mundo de héroes y villanos de los cartones animados para niños de la Warner, esos del Correcaminos y el Coyote Waly que concluían con el proverbial “eso es todo amigos”.

Los héroes de Avatar, los Na’vi,  son, en efecto, tan “buenos” como “malos” son los explotadores humanos: creen en la “madre tierra”, piden permiso y luego disculpas a cada animal que cazan para subsistir y viven en total, perfecta e idílica conexión con la naturaleza.

Esta conexión no es figurativa: en la película, los Na’vi poseen una trenza dotada de terminaciones nerviosas con las que se literalmente se conectan a similares “tomacorrientes” neurálgicos de animales que corren y vuelan; y es sólo mediante esta conexión, y no la destreza, como pueden desplazarse por tierra o volar montados sobre enormes aves.

Los ritos fúnebres de los Na’vi  son escenas calcadas de los festivales hippies de la década de los 70: sentados en posición “yogui”, entrelazan las manos en alto en círculos concéntricos, mientras cierran los ojos, contonean sus torsos y cantan  mantras a la “madre tierra.”

La única redención posible, la película nos conduce a creer, es convertirse en un Na’vi. La otra alternativa es formar parte de los frívolos, desalmados y codiciosos humanos, que no contentos con haber destruido su propio planeta “convierten en enemigos a cualquiera que esté sentado sobre algo que les  interesa”, como señala uno de los personajes en “Avatar”.

No hay medias tintas. Pero esa “redención” se logra sólo aprendiendo el camino iniciático, porque como dice Jake en uno de sus informes, “nosotros los humanos no tenemos nada que a los Na’vi pueda interesar”; mientras que Neytiri responde a los deseos de Jake de aprender el camino: “no se puede llenar una copa que ya está llena”.

Es decir, hay que “vaciarse” de todo lo humano y “comenzar de nuevo” por el camino de unos pocos iniciados. Pero ¿Cuál camino?  El del gnosticismo ecologista versión siglo XXI; es decir, el que niega que, como sostiene el cristianismo, que la salvación es para todos y está al alcance de todos.

Los críticos de Hollywood suelen ser feroces con lo que califican de “simplismo moralista”  de la mayoría de  películas cristianas. Producciones de trasfondo cristiano como “Fireproof“, “Facing the Giants” o “The Blind Side” con un más que aceptable éxito en la cartelera norteamericana, han sido literalmente aplastadas por los críticos de cine por el supuesto “crimen” de ser “moralistas”.

De esta crítica no se han salvado ni siquiera películas con argumentos ricos y complejos como “Bella” o “Because of Winn Dixie“.

El simplismo moralista y el maniqueísmo de “Avatar” es no sólo risible, sino incluso un insulto a la inteligencia del espectador. Pero ¿Por qué ganará más de un Oscar y por qué  alguna audiencia aplaude enardecida cuando los Na’vi, ayudados por la “madre tierra” comienzan a despedazar a los humanos?

Primero, porque sin duda, la película no puede ser cinematográficamente más espectacular. Pero principalmente, porque representa el dogma oficial de  Hollywood de la religión sin Dios y sin compromisos morales personales. Y Hollywood ensalza a sus “santos” con el mismo fanatismo con el que quema a sus “herejes”. Eres el Correcaminos o eres el Coyote Waly. “Avatar” ha venido a confirmar esa regla.

Diario vaticano critica panteísmo y espiritualismo ecológico de Avatar

L’Osservatore Romano (LOR) dedicó tres de sus artículos de la edición del fin de semana a taquillera cinta de James Cameron, Avatar, en los que criticó el sentimentalismo, panteísmo y espiritualismo ecológico de la película.

En un primer artículo se señala que Cameron hace un paralelo entre el “genocidio” de los blancos contra las poblaciones nativas de Estados Unidos, presentando a los humanos de la película, como a los primeros y a los segundos como a los “na’vi” de la cinta que habitan en el mundo de Pandora, lugar donde transcurren la ficción.

La historia del director, dice el texto, “tiene una aproximación blanda, se cuenta sin profundizar y termina por caer en el sentimentalismo“.

“Todo se reduce –prosigue– a una parábola antiimperialista y antimilitarista fácil, apenas esbozada, que no tiene la misma mordiente de otras películas que buscan mostrar estos aspectos”.

El ecologismo de Avatar, dice LOR, “se empantana de un espiritualismo ligado al culto de la naturaleza que le hace guiños a una de las tantas modas del tiempo. La misma identificación de los destructores con los invasores y de los ambientalistas con los indígenas aparece luego como una simplificación que menosprecia el ámbito del problema”.

El segundo artículo plantea el nacimiento de una película de culto con Avatar. “Inaugurará, tal vez –dice el texto– un nuevo género, creando un imaginario colectivo en el que se reflejará una vez más la fuerza atractiva de los mundos alternativos, una cierta forma de espiritualismo ecológico hoy de moda y el temor, muy difundido, a vivir una verdadera trascendencia”.

El tercer texto, tomado por LOR de la revista Mondo e Missione (Mundo y Misión) lleva por título “La religión de Pandora” y refiere la opinión de algunos columnistas sobre este tema. El texto cita al comentarista de asuntos religiosos del New York Times, Ross Duhat, quien considera que Avatar presenta “una apología del panteísmo, una fe que hace a Dios igual a la naturaleza, y llama a la humanidad a una comunión religiosa con el mundo natural”.

Este comentarista, prosigue el artículo, “recuerda que esta visión religiosa es una especie de caballito de batalla del Hollywood más reciente. Para Douthat la opción panteísta de Cameron y de la industria cinematográfica de Estados Unidos en general, sigue a través de este camino porque ‘millones de estadounidenses han respondido a ella de manera muy positiva’”.

“Y como reconocía –continúa– en el siglo XVIII el filósofo francés Alexis de Tocqueville, ‘el credo estadounidense en la esencial unidad del género humano nos lleva a anular toda distinción en la creación. El panteísmo abre la puerta a una experiencia de lo divino para la gente que no se siente a gusto en la perspectiva escriturística de las religiones monoteístas’”.

Tras hacer algunas comparaciones de la cinta con la concepción del hinduismo, como que el color azul de los na’vi sea similar al de Shiva –una de sus principales deidades– el artículo sugiere, citando a un blogger estadounidense, que Cameron también podría haber “unido la antigua teología cristiana de la gracia y de la redención a su parábola antiimperialista’. (cuando afirma que llegar a ser un na’vi es volver a nacer)”.

“El debate, como se ve, está más abierto que nunca“, concluye

BEN-HUR CUMPLE 50 AÑOS

  CON 11 OSCARS, ES UNA DE LAS TRES PELÍCULAS MÁS LAUREADAS DE LA HISTORIA

En estos días se cumplen 50 años del estreno de una de las mejores películas que se han realizado en la historia: Ben-Hur. En efecto, ésta se concluyó el 18 de noviembre de 1959 y se estrenó en la primera semana de diciembre. Era la película más esperada del año.

 Dirigida por William Wyler y basada en la novela homónima escrita por Lewis Wallace en 1880, era el remake de una película anterior, estrenada en 1925.

La cinta supuso la consagración de un Charlton Heston que, con sus 35 años de entonces, acabó llevándose un papel que antes habían rechazado, por diversos motivos, actores como Paul Newman, Burt Lancaster o Rock Hudson.

Cuenta la historia de un príncipe judío (Judá Ben-Hur) tras caer en desgracia a raíz de sus enemistad con un antiguo amigo romano de la infancia (Messala). Y en diferentes momentos de su historia va encontrándose con Jesús de Nazaret.

Es una película sobre el valor, el honor, el sufrimiento, la familia y la esperanza.

Y es ahí donde radica la verdadera grandeza de Ben-Hur, en que a lo largo de sus 214 minutos de duración, se entretejen varias historias, a cual más grande, con un objetivo siempre en la mente de su protagonista: encontrar a su madre y a su hermana.

Así, la amistad que se convierte en enemistad entre Judá y Messala; el enamoramiento entre Judá y Esther; su paso por las galeras y su éxito después en Roma; su vuelta a Jerusalén; la carrera de cuádrigas y su posterior ansia de venganza, tienen de fondo la obsesión de Judá, que es su arraigo a su pueblo y a su familia.

Las grandes epopeyas del cine tienen siempre un gran tema de fondo, y en este caso atrapa al espectador desde el principio. Eso, y el porte, la planta, y la calidad interpretativa de Charlton Heston, que con el papel de Ben-Hur saltó al estrellato.

LA PELÍCULA EN CIFRAS

La realización del film, máximo exponente de un cine artesanal ya extinto, fue una odisea de principio a fin. Costó 15 millones de dólares (aunque sólo en un año recaudó 40).

Todo fueron problemas, desde la elección de la banda sonora hasta la del actor protagonista. En un principio se pensó en Paul Newman, Rock Hudson o Burt Lancaster para el papel del principe judío y en el todavía algo desconocido Heston para el de Messala.

Pero Charlton dio tales muestras de su calidad dramática en una prueba, que encandiló a los productores, que se dejaron convencer por un apasionado Wyler.

Precisamente la determinación de Wyler, que se atrevió con un proyecto demasiado grande para lo que él estaba acostumbrado, y el magnífico guion de Karl Tunberg (único nominado al Oscar que no consiguió el galardón) lograron hacer de Ben-Hur una película para la historia.

Fue el film que ganó por primera vez 11 estatuillas doradas (imbatible hasta 1997 con Titanic y 2003 con El retorno del Rey).

En concreto, la película obtuvo el Oscar en las siguientes categorías: mejor actor principal (Heston), mejor actor de reparto (Hugh Griffith), mejor película, director (Wyler), sonido, decorados, montaje, banda sonora, fotografía, efectos especiales y vestuario.

Sus cifras siguen sorprendiendo hoy en día. Para su realización se hicieron más de 100.000 diseños de vestuario, se utilizaron más de 8.000 extras y 300 decorados.

La famosa carrera de cuádrigas tardó 3 meses (toda la película casi nueve) en rodarse en un escenario único construido al efecto dando por resultado 20 minutos de cine 100%.

El resultado fue y será siempre una película enorme, irrepetible, de lo mejor que se ha hecho jamás.

Esta cinta fue filmada en los estudios de Cinecittá bajo la dirección de William Wyler, quien era una gran experto de la transposición con lo que logró no hacer sentir el peso de la novela original, escrita por Lew Wallace en 1880.

En Ben Hur se puede apreciar la habilidad de Wyler en el equilibro entre la historia y las luchas personales de los personajes: la relación de hermandad que se va rompiendo por las razones de Estado que une al protagonista con el tribuno romano Messala, el momento culminante de su encuentro con la madre y la hermana enfermas de lepra, el amor platónico por la hija de un siervo, el gran retorno a la casa natal luego de años de esclavitud.

Todos estos episodios de atmósfera intimista (entre los que también se puede ver la conversión de Ben-Hur al cristianismo) generan un espacio inusual en el contexto de un film de estas proporciones.

LA NOVELA

Recordando al autor de la novela Lew Wallace, podemos afirmar que el libro ha estado durante años entre los más vendidos del mundo y le ha garantizado al autor una fama comparable solo a la de algunos pocos escritores.

Una riqueza en particular acompaña al lector desde las primeras páginas dedicadas al encuentro entre los tres Reyes Magos. Se trata no sólo de la muestra de una erudición ciertamente presente, sino también del deseo de acompañar al lector a un lugar en un lugar y tiempo lejanos, definiendo sus contornos. Así Wallace no sólo dicta los cánones de la moderna novela histórica sino que se acerca sorprendentemente a la antropología cultural.

Más sobre Ágora: “Amenábar engaña tanto que hace de la película un panfleto político”

Amenábar ha hecho una nueva película, Ágora, que se caracteriza por la deformación de los hechos, es decir, el engaño, para ajustarlo a su discurso ateo y anticristiano. Él mismo se confiesa en la multitud de entrevistas que ha dado en la campaña promocional de su nueva película como ateo, con un añadido, su ostentación de la condición de homosexual, que es algo así como si Clint Eastwood tuviera necesidad de explicar cada vez que lo entrevistan que él es un hetero militante.

Cartel promocional

Todas las entrevistas están, lógicamente, pensadas a mayor gloria del director y su película. Entra dentro de las reglas del juego, por algo son pura promoción comercial donde el género periodístico substituye a la publicidad pura y dura. A pesar de ello, y del cuidado de los entrevistadores, siempre atentos al obligado panegírico, el director manifiesta unos caracteres curiosos, por decirlo de alguna manera.
 
Porque curioso es su sentido de culpa, que le lleva a declarar “no lo puedo remediar. En los aeropuertos siempre tengo la sospecha de que me van a detener en cualquier momento por lo que sea”. Él lo atribuye a un miedo a la “Autoridad” que constituye en su imaginario un valor abstracto y omnipresente. Bromas que gasta la propia conciencia.
 
No se cansa de declarar que en su nueva obra es fiel a los hechos históricos. Como pienso que es una persona razonablemente culta, que ha preparado su película, entonces solo me queda concluir que engaña, miente, o quizás se engaña a sí mismo, porque lo que plantea Ágora no tiene nada que ver con la realidad de lo que sucedió.
 
Esta no es la historia de Hipatia ni muchos menos de las relaciones entre neoplatónicos y cristianos en Alejandría. Su verdadera intención aflora porque tantas entrevistas y tan extensas obligan a hablar. Por ejemplo, cuando afirma que su intención real es denunciar los que utilizan la violencia como argumento, como hacen -dice- los etarras y los terroristas islámicos.
 
Claro, y por eso acude a un hecho de hace más de 1600 años, metiendo a los cristianos por en medio. En realidad, su intención es maniquea y no puede ocultarla “imaginé aquella lucha entre los paganos y los cristianos viejos –que ni fue exactamente tal, ni entonces existían viejos cristianos- como si fuera nuestra guerra civil” Está claro ¿no?A pesar de estos deslices, reitera lo que la necesidad comercial le ha marcado, especialmente pensando en un mercado que se le resiste como es el norteamericano, muy sensible a los panfletos anticristianos. “He insistido mucho en que la película no va contra los cristianos, sino contra los que utilizan la fuerza para defender sus ideas”.
 
Lástima que teniendo ejemplos tan categóricos y próximos, como Stalin y Lenin, Hitler, Mao, Pol Pot, o quizás para hacer una producción de ambiente histórico, los tiempos de terror de la Revolución Francesa, o el primer genocidio de La Vendée, tenga que acudir a una de las múltiples revueltas que sucedieron en la cosmopolita ciudad de Alejandría en el periodo inicial del cristianismo, y las pugnas políticas que entre los diversos grupos se produjeron. Unos hechos que mal representan la tesis que dice querer contar: unos violentos que masacran a unos pacíficos, benevolentes y cultos racionalistas.
 
La evidencia de su desconocimiento o voluntad de traicionar la realidad se manifiesta en pretensiones como la de afirmar que el cine no ha contado mucho el cambio del mundo antiguo al medieval, cuando este es uno de los temas que han registrado, con obras mediocres y buenas, una notable producción cinematográfica.
 
Pero sobre todo lo que debe ser subrayado es que no deja de ser curioso que, cuando lo que caracteriza los cuatro primeros siglos de la historia cristiana es la persecución en ocasiones terrible que éstos reciben, se vaya a fijar en un hecho aislado que además ha sido reiteradamente utilizado, también falsamente, en la historia por el ateísmo agresivo y la masonería.Se ha intentado convertir  a una matemática y astrónoma, Hipatia, en un símbolo de la razón contra el oscurantismo cristiano. Pero en este caso, a diferencia de otros, la evidencia de los hechos es tan grande que el éxito no ha acompañado al propósito histórico. En este caso la leyenda negra no ha llegado a cuajar.
 
En otras palabras, Amenábar utiliza como guión uno de los panfletos editados en el siglo XIX. Para ello, claro está, ha contado con 50 millones de euros, algo insólito para un director español, y es que cuando se trata de pegarle leña a la Iglesia está visto que el dinero nunca escasea.Presentar a la mujer en el ámbito de lo que fue la sociedad pagana, en unas condiciones de emancipación como las que caracterizan a Hipatia, resultaría absolutamente incomprensible si no se advierte al mismo tiempo que es el creciente desarrollo del cristianismo y su concepción de igual dignidad de hombre y mujer que lo hacen posible. El paganismo, los clásicos griegos y romanos, confieren a la mujer un papel subalterno y esencialmente doméstico y para nada vinculado a las instituciones públicas, excepto en determinados y específicos cultos religiosos. Es decir, Hipatia es el resultado de la evolución de una sociedad influenciada de manera creciente por el cristianismo. Esto nuestro director de cine lo escamotea.Asimismo, de la misma manera que Amenábar presenta a Hipatia es necesario recordar otras figuras de mujeres filósofas o escritoras, como Eudocia, nacida en una familia pagana como Atenais y convertida luego al cristianismo. La presencia pública de mujeres en una sociedad que se estaba cristianizando solo se explica por este último hecho, lo cual contradice frontalmente lo que Amenábar nos relata. Como lo hace el querer presentar el paganismo, el propio neoplatonismo, como una fuente de razón y de luz. Qué duda cabe que Platón, como otros clásicos, hizo importantes aportaciones a la filosofía, pero lo que conocemos como bueno de ellas está pasado por el tamiz de la interpretación y, en muchos casos, como el de San Agustín, la recreación cristiana.El platonismo completo, a palo seco y sin matices, sería algo inasumible para una mente ilustrada y quien lo dude solamente debe interesarse por La República. La idea de una confrontación brutal entre cristianos y paganos también está falseada absolutamente. En el imperio de Bizancio y en Alejandría en particular se produjeron en los siglos IV y V numerosas algaradas fruto de las tensiones entre las distintas corrientes políticas y de los propios cristianos. Murió Hipatia pero también murieron obispos antes que ella. Fue un periodo de fuertes pugnas políticas. Esto es tan evidente que las relaciones entre los pensadores cristianos y paganos fueron en general, buenas. En realidad, muchos pertenecían a las mismas familias. La propia Hipatia tuvo entre sus alumnos a cristianos y paganos, y actuó como asesora áulica del gobierno de su ciudad.Y la constatación de todo esto, de que el asesinato de Hipatia fue el fruto de un grupo y de una algarada y no el resultado de una confrontación “entre lo cristiano y lo pagano”, es tan evidente como el hecho de que la escuela platónica de Alejandría continuó funcionando con normalidad durante más de 200 años después de su muerte.  Y, sobre todo, la premisa mayor: los que persiguieron masivamente, reprimieron, torturaron y mataron fueron los paganos a los cristianos en nombre del paganismo y de razones que hoy nos parecen brutalmente irracionales, como lo constatan las propias actas de los juicios romanos.Amenábar engaña tanto, miente tanto con sus imágenes y argumento, que hace de la película más cara rodada en España un panfleto político.

 

 

Amenábar ha desvirtuado la historia de Hipatia para reforzar el sentimiento antirreligioso

La última película de Amenábar, ambientada en el Egipto de los siglos IV y V, habla de la intolerancia y el lastre que las religiones suponen para el desarrollo de las ciencias y el progreso, a la vez que muestra a Hipatia, su protagonista, como un nuevo estandarte de `laicidad santa´. Un contexto histórico deformado, para abordar los temas culturales que a Amenabar le interesa difundir. Así lo han explicado, profesores de la Universidad Complutense y el CEU, que, a propósito de ‘Àgora´, han analizado el marco histórico y el mensaje del film en una mesa redonda organizada por la Universidad CEU San Pablo, titulada ‘La verdadera historia de Hipatia’.

Hipólito Sanchiz, Alejandro Rodríguez de la Peña, Miguel Herrero y Juan Orellana.

• El film habla de la intolerancia y el lastre que las religiones suponen para el desarrollo de las ciencias y el progreso, a la vez que muestra a Hipatia, su protagonista, como un nuevo estandarte de `laicidad santa´ según han comentado los participantes de la mesa redonda organizada por el CEU

• La figura de San Cirilo es una de las que más se perjudica en la película, retratado como un personaje tosco, “siendo en realidad uno de los teólogos más sabios de la Iglesia, que aplica las categorías neoplatónicas al concepto de la Trinidad, que se debate posteriormente en dos concilios”, explica el profesor de la Complutense Miguel Herrero El profesor de narrativa audiovisual de la Universidad CEU San Pablo, Juan Orellana, ha comentado que el director madrileño “muestra un retrato de Hipatia llena de virtudes, que se identifican con la antropología cristiana, es bondadosa, tolerante,  prudente, gentil con los esclavos, ama y busca la verdad, incluso una  virgen consagrada al estudio de la Ciencia. Y además, se le representa en oposición a un cristianismo corrupto. Es una santa laica, que muere mártir del fanatismo religioso”.Lo que presenta la filmación, a juicio del ponente, es la supuesta contraposición entre un ámbito de la razón, representado por Hipatia y sus clases, como templo de la cultura y el respeto, frente al escenario de las revueltas callejeras de los fanáticos religiosos. “Se muestra la imagen de una religión que detesta la Ciencia como si fuera el enemigo”, asiente Orellana. “Con la película no se pretende cambiar la concepción que el espectador tiene de un hecho histórico del pasado, sino lo que interesa es que el público emita un juicio sobre realidades del presente” ha apuntado el profesor de Narrativa. Así, “el cineasta propone su propia filosofía de la Historia, y digo Historia con minúsculas”. De tal forma que el espectador puede concluir “qué desgracia para los hombres que hayan existido las religiones”.Ha explicado Orellana, que, pese a ser un indiscutible profesional, el cineasta está perdiendo oportunidades de hacer buen cine a costa de difundir ideales culturales que a él le interesan, como se ha hecho patente en `Mar abierto´. Así, “la película tiene un eje trasversal feminista, ya que se le atribuyen a Hipatia, personaje histórico del SVI, notas reivindicativas del S.XX.”, comenta. Así, la versión de la historia de Hipatia que propone Amenábar induce a un choque irremediable entre la fe y la razón, confundiendo con la “fe” a la superstición, y entendiendo por “razón” sólo el concepto que se identifica con su vertiente más positivista y matemática.Se da una imagen sesgada, falsa y difícil de creer si se recuerda la obra de San Cirilo y la aportación de la Iglesia Católica a lo largo de los siglos para el desarrollo de las Artes y las ciencias. “Sólo hay que repasar el pontificado de Benedicto XVI, y su encíclica `Fides et Ratio´”, comenta.En cuanto a la representación del contexto histórico que realiza el film, el académico y profesor de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, Miguel Herrero, ha destacado que la imagen que aparece de la iglesia de Clemente y Cirilo, es justamente “opuesta a la real”. Así, la Iglesia de Alejandría que se muestra en la película es una Iglesia que interpreta la Escritura al pie de la letra, cuando Alejandría era justo un claro estandarte de conciliación entre fe y razón. “Este enfoque niega la variedad del cristianismo del momento”, comenta el profesor.Así, la figura de San Cirilo es una de las que más se perjudica en la película, retratado como un personaje tosco, “siendo en realidad uno de los teólogos más sabios de la Iglesia, que aplica las categorías neoplatónicas al concepto de la Trinidad, que se debate posteriormente en dos concilios”, explica el profesor de la Complutense.Otros detalles, como la edad verdadera de Hipatia en el momento de su asesinato, no reflejan la realidad, ya que se calcula que la letrada rondaría por aquel momento los cincuenta años, afirma el profesor Miguel Herrero. Así, se presenta la Alejandría de los siglos III, IV y V como la cuna de la cultura pagana, atribuyendo el progreso como propiedad exclusiva de éstos, y siendo los cristianos un componente que promovió la rebelión, comenta Hipólito Sanchiz, profesor Historia de la Universidad CEU San Pablo. Por el contrario, “en el momento histórico al que se remite la película finalizan cincuenta años de anarquía militar, de hecho, en el mismo siglo IV son asesinados dos obispos”.En cuanto a las fuentes literarias fiables que existen sobre la muerte de Hipatia, declara Alejandro Rodríguez de la Peña, profesor Historia Medieval de la CEU USP, “son escasas y difusas”. El profesor destaca que la obra más fiable de las dos más cercanas en al tiempo de Hipatia, apelando a un profesor de la Universidad de Harvard, es la de Sócrates el eclesiástico, escritor católico, y la otra es la crónica del arriano Filostorbio, que apuntaba incluso que la filósofa había sido bautizada al arrianismo.