Carta de Alexia González, a sus compañeras del Colegio Jesus Maestro

Diez días antes de su fallecimiento

7 de marzo de 1984_ su última fiesta de cumpleaños

El 25 de noviembre, diez días antes de su fallecimiento, Alexia dictó a su padre esta carta para que se la enviaran a sus compañeras de clase del Colegio Jesús Maestro, de la Compañía de Santa Teresa de Jesús.

Queridas todas:

Parece mentira, ¿verdad?, hace ya cinco meses que fui al Colegio a despedirme de todas vosotras con la idea de volver, como mucho, a los dos meses.

Pero todo se fue complicando y entre pruebas y operaciones, tratamientos y curas, sigo en Navarra, pero acordándome mucho de vosotras.

No sé si estaréis al corriente de todo lo que ha pasado desde junio hasta ahora (aunque supongo que la Madre Isabel os habrá tenido al tanto). Desde que llegué a la Clínica no paré de hacer cosas. (…)

Después de ver la habitación bajé a la Capilla que, aunque no es muy grande, es muy acogedora, muy bonita y está muy bien cuidada. Toda la Clínica tiene las puertas como las de nuestras casas y los ascensores son normales, es decir, que no es la típica Clínica: que te hace sentirte en tu casa.

En seguida empezaron a llegarlos médicos, todos encantadores, que se preocuparon mucho de qué tal viaje hicimos y se propusieron que, en cuanto pudiese, una vez terminadas las pruebas, saliese a visitar Pamplona. (…)

Pronto empezaron a decir qué iban a hacer conmigo: decidieron volver a operarme para arreglar el injerto que en Madrid me habían dejado mal.

Al principio tenía mucho miedo, a pesar de mi experiencia, pero en cuanto empecé a conocer como amigos a todos mis médicos, perdí ese miedo.

El Doctor Chamorro, que es un gran cirujano de digestivo, y que adora a todos los niños, se hizo muy amigo mío: él sería el que me pondría el “port-a-cats” (…)

Es un hombre encantador, muy bromista, y que me hizo pasar los días antes de la operación con mucha tranquilidad, sin miedo, y además estuvo en la operación conmigo; si no llega a ser por él, lo hubiera pasado mal (…)

La operación duró diecisiete horas, me pusieron una escayola que me cogía medio cuerpo y en donde se sujetaban dos hierros que, a su vez, mantenían mi cabeza firme mediante una corona, también de hierro, con cuatro clavos sujetos en los huesos de la cabeza.

Estuve un día y medio en la UCI con tubos para poder respirar que, más bien parecía que eran para ahogarme. Lo pasé mal, pero las enfermeras eran tan cariñosas y tan preocupadas, que lo hicieron más fácil. Había hilo musical.

El Doctor Chamorro vino en seguida a verme e hizo que me quitaran el tubo respirador, con lo cual me quedé muy aliviada. En seguida dejaron pasar a mi familia y mi madre estuvo conmigo todo el tiempo; no como en otras Clínicas, que lo tuve que aguantar yo sola. La UCI está llena de muñequitos.

Después de una semana de post-operatorio, ya tenía todos los puntos fuera: los de la cadera (tuvieron que volver a sacarme hueso para el injerto nuevo) y los del cuello, que me lo hicieron sobre la misma cicatriz de la operación de Madrid.

Muy pronto recuperé el buen humor y como tuvieron que darme alimentación por vena, entre esto y que se me abrió el apetito, engordé mucho, casi me puse como una vaca, y como la escayola no me dejaba engordar, tuve problemas, que los resolvía gracias a que estábamos en plenas fiestas de San Femiín, y con tan buen ambiente se te pasaba todo.

No me perdí un solo encierro televisado, porque en mi habitación tenía televisión. Puse la habitación “sanferminera” con carteles, la faja, el pañuelico, etc. La verdad es que fueron unos días que recuerdo como muy agradables pese a la escayola y la pérdida de movimiento que me produjeron las operaciones.

Y así se fue pasando todo el mes de julio, hasta el 9 de agosto en que me operaron por segunda vez; en esta ocasión estaba más triste y nerviosa porque no estaba conmigo el Doctor Chamoiro, que se encontraba de vacaciones.

Esta segunda operación duró ocho horas; también me entubaron y pasé una noche en la UCI, con toda mi familia a mi lado. Aunque más corta, fue más traumática al ser por detrás y yo lo pasé peor.

También ahora me pusieron injerto y dos plaquitas de metal que mantienen mi cabeza firme. Después de salir de la UCI y de una semana de post-operatorio, me quitaron los redones y los puntos y mi querida e inseparable escayola, que conservo y que os enseñaré cuando regrese a Madrid.

Lo malo de tanta operación es que me parece que en vez de ir hacia delante voy para atrás, pero yo sé que no es así y actualmente ya empiezo a andar un poquito y aguanto bastante andando.

No me aburría nada todo el tiempo que estuve esperando al ortopédico que tenía que ponerme el collarín, bastante aparatoso, dicho sea de paso. La planta 2ª que es donde yo estoy, está llena de niños encantadores, porque es la planta de Pediatría.

Estaba Miguel, un sabio pequeñajo que era el jefe de toda la planta; a mí me hacía mucha compañía y lo recuerdo con mucho cariño. También estaba Patricia, una chica de Madrid, que me gustaría presentaros a mi regreso. Y sobre todo Carolina y Aida, especialmente esta última, dos renacuajos, de 4 años Carolina, y año y medio Aida.

Ésta era tan simpática, tan alegre, se iba con todo el mundo, que le cogí un cariño muy grande; tanto es así que, aún hoy, la echo mucho de menos.

Lo malo de la tardanza del dichoso ortopédico fue que, al no poder moverme de la cama y el gran calor que hizo en verano, se me abrieron las heridas y pasé un mes muy doloroso hasta que se cerraron de nuevo con unas curas horribles.

En cuanto todo pasó me colocaron un collarín más cómodo de lo que yo pensaba y en seguida pude levantarme, sentarme en un sillón en la tenaza, visitar con mi silla de ruedas el nido con los niños chiquitines, es decir, lo que podríamos llamar una vida normal. Y todos los días el capellán me traía la Comunión que tanto me conforta.

Pero como nada es eterno y lo bueno acaba pronto, el pobre Doctor Brugarolas, que es el oncólogo que me trata, vino con una cara hasta el suelo, muy disgustado, para decirme que, por prevención, debía seguir con la quimioterapia.

Yo me llevé un gran disgusto pero, aunque no lo creáis, Dios da las fuerzas necesarias y todavía te dan ganas de reír un poquito. Desde entonces: adelanto, atraso, adelanto, atraso, pero sigo con la rehabilitación cada día y con la radioterapia que había dejado hace tiempo.

Y como todo pasa aunque parece que no es así, es la tercera semana que estoy en casa, yendo y viniendo para el tratamiento de quimioterapia, y todos aquellos días de dolor, aburrimiento, desesperanza, han pasado y ahora sólo queda la recta final que, aunque es muy dura, es la recta final.

Tengo muchas ganas de ir a Madrid y, si Dios quiere, podré hacerlo en diciembre, siempre que no me bajen las defensas, me salgan aftas o pasen cosas así, que es lo que me pasa siempre.

El caso es que las Navidades pienso pasarlas con vosotras, todas juntas, porque no sabéis cuánto os quiero, cuánto os hecho de menos y cuánto deseo veros. ¡Cómo se nota que estáis rezando por mí! Seguid haciéndolo para que pronto estemos juntas, ¡aunque tenga que repetir curso!

Decidle a la Madre Isabel que me sigo acordando mucho de ella y dadle besos de mí parte. ¡Le debo tanto!

Sabed que no me olvido de ninguna de vosotras. Os tengo presentes pese a no estar juntas y, si tengo que repetir curso, estoy segura que vosotras no os olvidaréis de mí.

Quiero deciros que vuestras cartas me hacen muy feliz y las espero como el mejor regalo y, si de verdad queréis hacerme uno, no os rompáis la cabeza, escribidme aunque sólo sea una postal, que eso me hará mucho más feliz que si me regalarais caramelos o libros o lo que sea.

Os vuelvo a repetir que noto lo mucho que rezáis por mí y que me tenéis presente. Decidles a las niñas nuevas que, aunque no las conozco, también las tengo presentes y que tengo muchas ganas de conocerlas.

No sabría nunca terminar esta carta. Me parece que siempre tengo algo más que contaros, pero ya me he alargado bastante contando mis batallas y ya tengo que poner punto final.

MUCHOS BESOS, ABRAZOS Y DE TODO LO QUE SE OS PUEDA OCURRIR, os quiere mucho y no os olvida vuestra amiga

Alexia

Alexia González-Barros.

El “camino” de Alexia

Ante este tipo de situaciones, pienso que los católicos debemos reaccionar con audacia y con paciencia. “Es preferible encender una luz que maldecir las tinieblas”, de modo que estamos ante una ocasión magnífica para dar a conocer la vida de Alexia y su maravilloso testimonio.
Monseñor José Ignacio Munilla.

Hace ya unos catorce años que cayó en mis manos una de las biografías publicadas sobre la vida y muerte de una adolescente madrileña, Alexia González-Barros (1971-1985), cuyo proceso de beatificación está en curso. Se trataba de la historia dramática de una joven de trece años a quien se le había declarado un tumor maligno que acabó con su vida en menos de un año. Aquel libro no me dejó indiferente. Muy al contrario: en repetidas ocasiones me hizo llorar de emoción y en otras reía y disfrutaba al comprobar la belleza del tesoro de la inocencia, cuando ésta es iluminada por la fe cristiana. La fuerza testimonial que irradiaba, grabó en mí una huella imborrable. Entonces yo era todavía un sacerdote “novel”, pero al concluir la lectura de aquel libro, comprendí que en adelante, aquella niña sería mi “amiga” por el resto de mis años. Recuerdo también que empleé un dinero del que en aquel momento disponía, para distribuir en la parroquia abundantes ejemplares de su vida. Con alegría, pude comprobar cómo Alexia llegaba igualmente a otros corazones. A lo largo de estos años, me he acordado de ella, de una forma especial, cada vez que visito o tengo noticia de algún niño o adolescente enfermo.

¿Qué es lo que más me llamó la atención de su historia? Por encima de todo, su plena confianza en la voluntad de Dios… “Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras” –repetía con frecuencia-. Es como si en ella se fundiesen el sentido común y la más alta mística. Ciertamente, los niños inocentes –Alexia– nos enseñan a sobrenaturalizar lo natural y a naturalizar lo sobrenatural. También me impresionó profundamente la fuerza de la familia cristiana. ¡Aquella familia era una “piña” en la que se vivía una especie de “santidad compartida”!

Añado a lo anterior que, el hecho de acercarme a la figura de Alexia me ayudó también a valorar más los carismas de la Iglesia, porque era notorio que la pertenencia al Opus Dei de varios de sus miembros, había sido un factor determinante del que se había nutrido aquella historia de amor. Y, finalmente, tengo que agradecer a Alexia que me “enseñase” a tener relación y devoción hacia nuestro personal Ángel Custodio. ¡Me quedé perplejo al descubrir la audacia con la que aquella niña “bautizaba” a su Ángel de la Guarda con el nombre de “Hugo”! La naturalidad con la que Alexia trataba con Hugo, me ayudó a entender aquella frase del Evangelio: “Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18, 10).

Pues bien, hace ya varios meses, llegó a mis oídos la noticia de que un director de cine, que se autodefine como “ateo practicante”, había decidido inspirarse en la historia de Alexia para realizar una especie de “contrahistoria” de su vida. No me lo hubiese creído, de no ser por el cúmulo de faltas de respeto a la religión cristiana, de las que ya hemos sido testigos… (No creo necesario detallar los casos recientes: obras teatrales con título blasfemo, exposiciones fotográficas de la misma índole, programas televisivos burlescos y despectivos, etc).

Finalmente, la película en cuestión ya ha llegado a las salas cinematográficas, con el nombre de “Camino”. Por si hubiese lugar a dudas, el director ha tenido la desfachatez de hacer un guión en el que la niña protagonista de la película lleva el nombre propio del título del libro que escribió el fundador del Opus Dei (Camino). La película utiliza la historia de Alexia como arma arrojadiza contra lo que la propia niña más amaba: su madre y su padre, sus hermanos, la Iglesia… Todo aquello que los creyentes habíamos admirado en el testimonio de Alexia y de su familia, por arte de magia, en la pantalla es retorcido hasta el extremo, y se nos muestra como grotesco, como masoquismo, fanatismo, manipulación… Baste citar el subtítulo burlesco elegido para la película: “¿Quieres que rece por ti para que tú también te mueras?”…

Aunque a estas alturas ya nada nos sorprenda, tengo que reconocer que a mí este episodio me ha impresionado: ¿Qué mal habrán hecho a nadie Alexia y su familia? ¿Por qué “se revuelve” ante su memoria un señor que se dice “no creyente”? ¿Será sólo cosa de buscar el dinero fácil, o habrá más factores que lo expliquen? Vienen a mi memoria las palabras que el “buen ladrón” dirigió a su compañero de suplicio, tras escuchar con asombro cómo éste insultaba gratuita e injustificadamente a Jesús crucificado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque nos lo hemos merecido. En cambio, éste nada malo ha hecho. –Y volviéndose hacia Jesús le dijo-: ¡Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino!” (Lc 23, 41).

La escena de los dos ladrones crucificados junto a Jesús es paradigmática: la humanidad no se divide en “buenos” y “malos”. En realidad, todos somos “ladrones”, es decir, “pecadores”. Por el contrario, la humanidad se compone de pecadores “arrepentidos” y pecadores “convencidos”. Los primeros reconocen su culpa, al mismo tiempo que aprecian y admiran toda la bondad que les rodea. Los segundos, por el contrario, parece como si encontrasen alivio blasfemando contra Dios, o ensuciando a quienes pudiesen estar más limpios que ellos. Ésta ha sido una constante en la historia de la Iglesia: el testimonio de los santos es estímulo para unos, al mismo tiempo que resulta molesto para otros.

Ante este tipo de situaciones, pienso que los católicos debemos reaccionar con audacia y con paciencia. “Es preferible encender una luz que maldecir las tinieblas”, de modo que estamos ante una ocasión magnífica para dar a conocer la vida de Alexia y su maravilloso testimonio. Lo ocurrido demuestra que la vida de Alexia es mucho más luminosa de lo que suponíamos, especialmente en el momento histórico actual, en el que se introduce la eutanasia y el suicidio asistido. Nuestra sociedad está necesitada de “testigos” que den “luz” y que nos ayuden a vivir con sentido las cruces de nuestra existencia. ¡Alexia, danos audacia y paciencia para el “camino”!

+ José Ignacio Munilla, obispo de Palencia

Carta abierta de José Damián, hermano de Alexia González-Barros.

Carta abierta de José Damián, hermano de Alexia González-Barros, a Javier Fesser, director de la película “Camino”

“Le ruego que deje de maltratarnos”

Soy hermano de Alexia González-Barros, la protagonista inequívoca de su última película. Ante la proximidad de su estreno, al que nos ha invitado, quiero explicarle porqué no vamos a ir, y sé que usted lo entenderá muy bien.

En primer lugar, esos hechos reales que a usted sólo le inspiraron para escribir su guión, realmente sucedieron; y nosotros, también de un modo realísimo, los sufrimos.

Obviamente, no queremos hurgar en la herida y revivir ese dolor; aunque usted por ello se permita recriminarnos que, de este modo, opinaremos sobre su película “por terceros, en lugar de por nosotros mismos…”

En su respuesta a la carta abierta de mi hermano, usted afirma que quiso contactar con nosotros; pero calla, y bien lo sabe, que sólo lo intentó a partir de septiembre, cuando la película sobre Alexia estaba acabada.

Para entonces, nosotros sus hermanos, como todos, ya nos habíamos desayunado el 31 de julio con el titular tan explícito de su reportaje en ‘El País’: “Javier Fesser habla de su película sobre el Opus Dei y sobre Alexia…” Aquí sí que nos dolió recibir una información que tan directamente nos afectaba, no ya por terceros, sino por la prensa…

Me sume en la perplejidad alguna de sus declaraciones -que 1ógicamente, sigo con atención-, tales como su solemne y repetida afirmación de que “es una ficción donde no hay nada inventado”.

Asombroso, hasta que descubres que “los trozos de realidad” que usted menciona, se identifican sin ninguna duda con Alexia y mi familia, pero, eso sí, (mal)interpretados a su manera.

Sin duda se trata de una manipulación semántica -un perverso juego de palabras- tras el que se esconde cuando las preguntas directas le impiden exponer su discurso de buen chico.

En una de sus cartas escribe que “a vuestra hermana Alexia le gustaría” la película, ¿cómo puede sostener eso cuando la retrata ridículamente a ella misma y a quienes ella más quiso: sus padres y su única hermana; y se burla de Dios y de aquello en lo que creía?

También quería recordarle un viejo asunto: le pedimos formalmente que retirara el nombre de nuestra hermana Alexia del texto que aparece al final de su película.

¿Por qué no lo ha hecho?

Para evitar confusiones a quienes pensaran ver esta película, quisiera advertirles que a través de ella nunca conocerán a su protagonista, Alexia González-Barros, ni las profundas razones gracias a las cuales afrontó con tanta entereza, ejemplarmente, la durísima enfermedad de la que murió a los 14 años.

Y a usted, señor Fesser, le agradeceré que deje de maltratarnos con guante blanco y de considerarnos estúpidos.

Al menos, un poco de ese respeto del que tanto habla.

Fdo. José Damián González-Barros González

Carta abierta, de Alfredo González-Barros.

Alfredo González-Barros:

Carta abierta y respuesta a Javier Fesser


Respuesta a Javier Fesser

23 de octubre de 2008

Acabo de tener noticia de la carta abierta de Javier Fesser al Opus Dei y, una vez más, por alusiones, querría aclarar brevemente algunos puntos:

Me veo en la obligación de dirigirme nuevamente a Javier Fesser para pedirle que, de una vez por todas, deje en paz a la familia González-Barros.

Es completamente falsa la afirmación de que el Opus Dei haya utilizado a mi hermana Alexia y a mi familia para desviar la atención. ¿Cómo se atreve usted a hablar de connivencia del Opus Dei con mis familiares? Ahora resulta que tampoco podemos defendernos: sólo faltaba que cuando lo hacemos, usted nos acuse de hacerlo al dictado.

Tampoco le parecen sinceras las cartas que otras personas de mi familia están escribiendo, tras sentirse dolidos y utilizados por su campaña de marketing.

Si, como le pedimos desde el principio, usted hubiera retirado la dedicatoria a Alexia González-Barros, nada de esto habría sucedido.


Carta abierta a Javier Fesser

26 de septiembre de 2008

Soy Alfredo González-Barros y González, hermano de Alexia, inequívoca protagonista de tu película. Ayer me senté a ver tu rueda de prensa en el Festival de San Sebastián con un objetivo: quería oír cómo argumentabas ante los periodistas que nunca te pusiste en contacto con nosotros y por qué no has atendido nuestra petición formal de que retirases de tu película la referencia explícita a Alexia González-Barros y González.

En esa carta que te enviamos todos los hermanos, se decía que nuestra petición “en nada afecta a la libertad de expresión y creación, que nosotros compartimos como un valor fundamental de toda convivencia libre y democrática”; y añadíamos: “No dudamos de que su hombría de bien entenderá esta petición y pondrá los medios pertinentes para acogerla con la mayor prontitud”.

Pero una vez más, no ha sido así. En tu respuesta nos prometiste: “Para vuestra tranquilidad os comunico que ni desde la productora, ni desde la distribuidora hemos utilizado nunca ni pensamos utilizar el nombre de Alexia, ni hacer referencia a ella o a su proceso de beatificación como parte de la publicidad de la película. Tenéis mi palabra”.

Lamentablemente no ha sido así.

Tu afirmación de ayer de que el aplauso al morir la protagonista, se produjo en la realidad cuando murió Alexia (el periodista dijo su nombre) me ha dolido en el alma por lo injusto y terrible de tal aseveración.

No debería hacer falta que te diga que mi hermana Alexia no murió rodeada de aplausos. Murió rodeada de cariño. Cariño de sus seres queridos: padres y hermanos y con el silencio respetuoso de las enfermeras, doctores y enfermos que motu propio se acercaron a la habitación de Alexia.

Murió mientras intentábamos tragar nuestras lágrimas, porque –no lo olvides- para nosotros era un verdadero drama el pensar en tener que soportar su pérdida.

Ya ves qué actitud tan poco original. Una gran pena por la perdida de un ser muy querido. Y es verdad que el gran pesar de su pérdida solo se dulcificaba por el convencimiento íntimo de que Alexia había dejado de sufrir y estaba en el cielo.

Reconozco que esa es la ventaja de ser creyentes.

Y gracias a serlo, mis hermanos y yo podemos convivir y dialogar con personas que piensan de otro modo: nos educaron así.

Te ruego que rectifiques públicamente tu aserto –que quiero creer fruto de un grave error inocente por tu parte- de que los padres y hermanos de Alexia se despidieron de su hija y hermana con un aplauso. Es demencial llegar a pensarlo e inaudito que aceptáramos de nadie tal actitud hacia Alexia.

Fdo. Alfredo González-Barros González

Fesser se defiende, difamando al Opus Dei.

El director no desmiente las acusaciones de manipulación.
Fesser se defiende de las críticas a su película “Camino” difamando al Opus Dei.

El cineasta español Javier Fesser se ha defendido de las críticas a su más reciente película, ‘Camino’, y ha acusado al Opus Dei de “enredar” a miles de personas en un “viscoso entramado pseudoespiritual” que en sus palabras no conduce a nada. En una carta abierta hecha pública este jueves en Madrid, el director afirma que lo que seguramente más desconcierte al Opus Dei de la película sea “el tratamiento objetivo e inusualmente nítido de su modus operandi”.

Además, asegura Fesser, la organización estará irritada sobremanera por comprobar “que hasta el último detalle de lo que en ‘Camino’ se muestra es un reflejo bastante exacto de la realidad, de sus contradicciones y de su insostenible discurso”.

“La han pillado (comprendido) tan bien y se reconocen de tal manera en el retrato que de ellos se hace, que no podrían aceptarlo sin echar el cierre al tinglado”, escribe.

El tercer largometraje de Fesser, estrenado en España el 17 de octubre, cuenta la historia de Camino (Nerea Camacho), una niña de 11 años educada en el seno de una familia del Opus Dei que sufre una enfermedad terminal (un tumor cancerígeno en la vértebra) y que se ve obligada a enfrentar de forma repentina y simultánea dos hechos nuevos en su vida: la cercanía de la muerte y el descubrimiento del amor.

Su historia está inspirada en un hecho real, la vida de Alexia González-Barros, una joven de 14 años fallecida en 1985 por una enfermedad terminal en honor de santidad, y que se encuentra en proceso de beatificación.

La similitud de los casos generó las críticas de la familia de Alexia, que denunció como falsas algunas escenas de la cinta, y del propio Opus Dei, que acusó a Fesser de haber hecho con su película una “radiografía falsa y manipulada”, a lo que el cineasta replica que “esta película no es una frivolidad más sobre las exóticas costumbres (del Opus) sino que va directa a su corazón y les muestra tal y como son. Qué curioso que en esta película el Opus Dei salga mal parado y Dios no. ¿No eran la misma cosa?”.

En palabras de Fesser (autor de ‘El milagro de P. Tinto’ o ‘La gran aventura de Mortadelo y Filemón’), lo que más duele de su nuevo largometraje es que “muestra que el camino que proponen e imponen a miles de inocentes personas que por una cosa o por otra han terminado enredados en su viscoso entramado pseudoespiritual es un camino a ninguna parte”.

Asimismo, acusa al Opus Dei de haber utilizado para sus fines “el calvario de una pobre niña adolescente, en clara y desconcertante connivencia” con su familia. “Como artistas que son de la contrapropaganda y del anonimato, han utilizado una vez más a Alexia y a su familia para desviar inútilmente la atención”.

“Quizás algún día los hermanos, tías y sobrinos de Alexia, que me envían dardos envenenados en forma de cartas al director, comprendan esta película y sientan la vergüenza de haberme maltratado ellos a mí. Porque es muy injusto aceptar que un tumor cancerígeno en la vértebra de Alexia fue voluntad de Dios y sin embargo esta película, que por cierto no es su biografía, no lo sea”, concluye Fesser.

La verdadera historia de Alexia González Barros

Escucha la entrevista en “La Tarde”

La verdadera historia de Alexia González Barros

En “La Tarde con Cristina” han hablado sobre la verdadera historia de Alexia González Barros, la niña de 14 años que padecía una enfermedad que la llevó a la muerte. Alexia está de actualidad por el estreno de “Camino”, película dirigida por Javier Fesser, “que deforma la realidad de la vida de Alexia”, según ha comentado la presentadora de “La Tarde”, Cristina López Schlichting ya que “a través de datos inventados, insulta a quienes más quisieron a esta niña, es decir, a su familia”.

No ofende quien quiere, sino quien puede. Fesser no puede.

Cartel de la película “Camino”, de Fesser

Escucha la entrevista en “La Tarde”

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En “La Tarde” han desmontado las falacias que aparecen en esta película con la colaboración en el estudio de invitados como Ninfa Watt, periodista y filóloga, Isabel Olmedo, tutora de Alexia en el colegio Jesús Maestro en el año en que murió, Begoña Aguirre, una de las amigas íntimas de Alexia y los testimonios de los hermanos de la pequeña.

Alexia murió de cáncer en 1985 a los 14 años y está en proceso de canonización desde el año 1993 por su visión sobrenatural de la enfermedad, su entereza y la alegría con la que afrontó esa circunstancia tan difícil.

Cada vez hay más gente indignada por la manipulación en “Camino”.

Cada vez hay más gente indignada por la manipulación en “Camino”
Se multiplican las cartas y artículos de protesta por la última película de Fesser

La manipulación realizada en la película “Camino” del caso de la niña Alexia González-Barros, ha provocado una catarata de protestas, especialmente dirigidas contra el director del film, Javier Fesser. El hermano de Alexia expresó en una carta dirigida a Fesser la indignación de la familia después de que el director dijese en rueda de prensa que la niña murió realmente entre aplausos de sus familiares –como refleja la película– lo que es falso. Además, se había comprometido a no utilizar la historia real de la niña para promocionar la película. La útima protesta, por parte del entorno familiar de Alexia, apareció ayer en el diario Abc, en la sección de cartas al director

En la carta publicada en Abc y que reproducimos a continuación, Gonzalo Medina denuncia el sufrimiento que para la familia de Alexia ha supuesto la película:

Estimado señor Fesser: soy alumno de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Acaba de estrenar su última película, que lleva por título «Camino». Como evidentemente conocerá, días antes del estreno su película fue proyectada en mi facultad, siguiendo a continuación un coloquio en el que participaron algunos de los actores del filme. Debe saber que soy sobrino de uno de los hermanos de Alexia González-Barros, a quien usted deseaba mantener en la memoria, como expone al finalizar la película: «A la memoria de Alexia González-Barros, fallecida…». Como le decía, acudí a verla, pero, desgraciada o afortunadamente, no pude quedarme al coloquio posterior. Sólo me gustaría, me encantaría, desearía decirle que si se hubiese interesado, al menos un poco, por conocer a la familia, saber cómo eran sus padres, cómo murieron…

¿Sabe usted que el padre de Alexia murió varios años más tarde que ella y no precisamente en un accidente de coche? ¿Sabe usted que la madre de Alexia no arrancaba nada más que sonrisas a diestro y siniestro y que no era una bruja reprimida, como usted la representa en su película? He conocido a pocas personas como ella, se lo aseguro. ¿Sabe usted que esa familia ya sufrió y sigue sufriendo lo bastante como para que personas como usted sigan metiendo el dedo en la llaga y les azote con su «exitosa» película, señor Fesser? No, no lo sabe ni nunca lo sabrá. Pero, Gracias a Dios, Paco y Moncha ya no están para ver su «exitosa» película. Se ríen no sólo de usted, sino también de todos nosotros desde el Cielo. ¡Menudo éxito el de su película!

El otro tema latente de su película es el Opus Dei. Mejor dicho, la manera de atacar y tergiversar la naturaleza y el espíritu del Opus Dei. La grandeza del Opus Dei, señor Fesser, no se reduce a meterse tres piedras en el zapato, como afirma en su «exitosa» película, ni a separar a los hombres de las mujeres, como mantiene en su «exitosa» película, ni mucho menos es obligación y represión, como defiende su «exitosa» película, sino que el Opus Dei se limita única y exclusivamente a aspirar a la Santidad en lo cotidiano de cada día, viviendo en el mundo, dándose a los demás con alegría y voluntariedad.

¡Ah! por cierto, yo no soy del Opus Dei, como tampoco lo fue Alexia González-Barros.