“Orden y Belleza”. – Asociación Católica de Maestros de Valencia.

CURSO: EL ORDEN Y LA BELLEZA. LA VÍA PULCHRITUDINIS.
Estimados amigos y socios de la ACMVAL:
Ante el mundo, donde prevalece la “dictadura del relativismo”, la Iglesia tiene en sus manos los mejores instrumentales para responder a las inquietudes del hombre actual “huérfano” de verdad, de belleza, de claridad en el pensamiento y bombardeado ideológicamente por lo feo, lo de mal gusto y lo vulgar.
La irradiación que proporciona la belleza produce admiración y reconocimiento y el corazón del niño está preparado para adherirse a ella y saciarse enteramente.
Desde la ACMVAL hemos configurado este curso gratuito, a cargo de ponentes muy válidos con estos objetivos:- Transmitir una metodología y una visión para que se produzca el encuentro entre el niño y la belleza.
– Mostrar como docentes y padres un camino hacia lo bueno, bello y verdadero.
– Aprender a transmitir la belleza y el orden en las diferentes expresiones artísticas de la escuela.
– Aprender a buscar a Dios por medio de la belleza.

Nuestro deseo que surja desde lo profundo del corazón, un grito enamorado de la belleza como el de San Agustín en su libro de Confesiones:
“Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé”.
Más información ver cartel adjunto.

¡Os esperamos!

Agustín Laje en TV: corrección política, nueva izquierda e ideología de género

 

Agustín Laje en el programa peruano “Rey con Barba y Tudela” hablando de diversos tópicos, tales como la dictadura de la corrección política, la ideología de género y la nueva izquierda.

La Santa Sede ante la ONU: La ideología de género es un paso atrás para la sociedad

Imagen referencial / Crédito: Unsplash

El Arzobispo Bernardito Auza, Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU en Nueva York, aseguró que la ideología de género es un “paso atrás” para la humanidad que, al “eliminar la diferencia sexual” entre hombres y mujeres, ha creado un problema y no una solución.

El 20 de marzo el también jefe de la Delegación de la 63° reunión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW), realizó una ponencia durante el evento “Igualdad de género e ideología de género: protección de mujeres y niñas”, que la Santa Sede patrocinó en la ONU junto con la Fundación Heritage.

En su exposición, el Arzobispo Auza dijo que cuando la CSW comenzó a reunirse en 1947 no era necesario discutir la pregunta básica de quién es la mujer, porque la respuesta era obvia para todos. “Inclusive en 2011, cuando se estableció la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres, también conocida como ONU Mujeres”, añadió.

Sin embargo, indicó que el fenómeno reciente de la “identidad de género” y la ideología de género ha hecho que sea necesario hacer esa pregunta.

“En lugar de conducir a una sociedad más libre y justa, en otras palabras, la ideología de género dificulta la comunión y la generación entre hombres y mujeres. Es un ‘paso atrás’, porque ‘la eliminación de la diferencia (sexual) de hecho crea un problema, no una solución’”, enfatizó el Prelado, citando el discurso del Papa en la Audiencia General del 15 de abril del 2015.

Mons. Auza advirtió que esta ideología pretende que “la condición de mujer” sea vista “como la manera en que uno piensa o se expresa sobre uno mismo”, y por tanto, aquellos que “se consideran mujeres deben ser tratados tales, independientemente de su naturaleza biológica en los niveles celular, endocrinológico o reproductivo, independientemente de características sexuales primarias y secundarias, u otros factores”.

En ese contexto, Mons. Auza advirtió que “sustituir la identidad de género por el sexo biológico tiene enormes ramificaciones en distintas áreas” como la ley, educación, economía, salud, seguridad, deportes, idioma y cultura; inclusive en términos de antropología básica, dignidad humana, derechos humanos, matrimonio y familia, maternidad y paternidad, y la causa de mujeres, hombres y especialmente niños.

En otro momento, el Arzobispo reiteró que el Papa Francisco ha sido claro sobre este tema. Por ejemplo, el 2 de octubre de 2016, cuando el Pontífice resaltó “la dignidad y el derecho a no ser discriminados por quienes no se sienten representados por su sexo biológico”; pero por otro lado, no olvidó mencionar los peligros derivados de la ideología de género.

El Prelado también citó el párrafo 56 de la exhortación apostólica Amoris laetitia, en la que el Papa enfatiza que la ideología de género niega “la diferencia y la reciprocidad natural del hombre y la mujer”, sugiere “una sociedad sin diferencias de sexo y vacía la base antropológica de la familia”.

Al final de su discurso, Mons. Auza insistió que “cuando la dualidad natural y complementaria del hombre y la mujer se cuestiona, la noción misma de ser, lo que significa ser humano, se ve socavada”.

“El Papa Francisco está particularmente preocupado por la ideología de género que se enseña a los niños, por lo que se alienta a los niños y niñas a que, en la edad más temprana de la existencia, cuestionen si son niños o niñas y se les dice que el género es algo que uno puede elegir. También ha expresado su preocupación por la presión cultural, lo que él denomina ‘colonización ideológica’, que se coloca en los países, y en las culturas y los individuos que se resisten a esta nueva antropología radical”, concluyó el Arzobispo.

ACI

40 misioneros muertos en 2018

 

El Papa recordó a los 40 misioneros asesinados en 2018, con motivo del “Día en memoria de los misioneros mártires”, durante el Ángelus del 24 de marzo de 2019, en la Plaza de San Pedro.

Después de la oración mariana, el Papa habló de este día, lamentando las últimas cifras: “En 2018, obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos sufrieron violencia; Cuarenta misioneros fueron asesinados, casi el doble que el año anterior”.

Para el Papa, “recordar este calvario contemporáneo de hermanos y hermanas perseguidos o asesinados por su fe en Jesús, es un deber de gratitud para toda la Iglesia, pero también una invitación a dar testimonio con coraje de nuestra fe y nuestra esperanza”. en Aquel que, en la Cruz, venció para siempre el odio y la violencia con su amor “.

Zenit

“EDUCAR CON EL CORAZÓN” – ASOCIACIÓN CATÓLICA DE MAESTROS DE VALENCIA

ACMVAL

ASOCIACIÓN CATÓLICA DE MAESTROS DE VALENCIA

Estimados amigos y socios de la ACMVAL:
Os compartimos una información que puede ser de vuestro interés

“EDUCAR CON EL CORAZÓN”

Os invitamos a la presentación del innovador programa de educación emocional UpToYou

Este programa está pensado para profesores, padres y jóvenes que quieran profundizar y crecer tanto en el acompañamiento del niño y del joven en cualquier etapa de su vida como en su relación interpersonal.
UpToYou es una gran ayuda para mejorar las relaciones con los hijos, alumnos y con las personas con las que nos relacionamos diariamente. La novedad de este programa consiste en centrarse en la propia experiencia del educador y el primer objetivo es descubrir tanto la propia interioridad como la de la persona que se tiene delante. Partimos siempre desde la concreta experiencia emocional y buscando tener relaciones personales de calidad.
UpToYou se está implementando en varios centros escolares, educativos, empresas y familias, siempre con una cálida acogida tanto de los adultos como de los niños y jóvenes con los que se ha trabajado y con los que seguimos impulsando este programa que tanta alegría ha despertado en el corazón de muchas familias.
Datos prácticos:
Día: 25 de marzo
Hora: 18:30
Lugar: en la Asociación Católica de Maestros en la calle Avellanas, 22 de Valencia
        Entrada libre
        + info: www.uptoyoueducacion.com
        Email: uptoyouvalencia@gmail.com
        Teléfono: 660 15 98 67
¿Quieres conocer el testimonio de los que ya han hecho la formación en España, Brasil y Camerún?
¡Os esperamos a todos en la presentación para poder conocer esta nueva realidad en la educación!
ACMVAL
Calle Avellanas 22, 1, 3
46003 VALENCIA

Mensaje del Papa – Cuaresma 2019

 

“Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que ‘será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios’. No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales”.

A continuación, el texto completo del mensaje del Papa Francisco:

“La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24).

Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención.

Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca.

Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo.

El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1).

Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).

La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón.

Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.

Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3).

Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión.

Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.