Santa Genoveva Torres Morales

PREPARACION EN LA CRUZ DESDE QUE NACIO GENOVEVA

A los 8 años queda huérfana de madre, y de padre cuando tenía un año. En Almenara (Castellón) el día 3 de enero de 1870. En un hogar humilde de labradores en el que era la más pequeña de dos niños y cuatro hermanas. Su madre se llamaba Vicenta y su padre, José. En seis años vio morir a cuatro hermanos. Quedó sola con su hermano mayor, de dieciocho años, y tuvo que hacer desde niña de “ama de casa”. La vida la hizo madurar muy rápido. Aunque no faltó a la catequesis parroquial, su asistencia a la escuela fue muy escasa. Hizo su primera comunión, sin traje y sin ceremonia exterior. Se confesó, y recibió la primera comunión con los otros fieles, pero esa circunstancia no impidió que naciera en ese momento en Genoveva un profundo amor a la Eucaristía. Vivió con su hermano con gran estrechez económica. Aficionada a la lectura con los libros de su madre, leyó que estamos en este mundo para hacer siempre la voluntad de Dios. Y se le quedó grabada la frase para toda su vida.

AMPUTACION DE UNA PIERNA SIN ANESTESIA
Un tumor maligno en la pierna izquierda ocasionada por el mucho trabajo para su edad, la mala alimentación y los escasos cuidados. Ante el peligro de gangrena, se le amputó la pierna izquierda a la altura del muslo, a los trece años. La operación se le practicó en su misma casa, sobre la mesa de la cocina, con métodos rudimentarios. El torniquete para evitar la hemorragia se rompió. Los gritos de la niña resonaron por todo el pueblo, en una operación sin anestesia. Le ataron la pierna por el muslo, en forma tan deficiente que durante toda su vida sufrirá dolor constante. Cuando todos esperaban su muerte se repuso y volvió a las tareas domésticas con la ayuda de dos muletas, que serán siempre sus compañeras inseparables. Y ¡cuántos viajes tendrá que hacer, y en cuántos trenes subir y bajar y qué martirio incesante en su vida de fundadora ajetreada, con unas colaboradoras tan deficientes! Se ha convertido en una mujer fuerte, valiente, animosa, capaz de sufrir sin queja, amorosa, humilde, sencilla…

LA “CASA DE LA MISERICORDIA” DE VALENCIA
Con quince años ingresa en la “casa de Misericordia” de Valencia, donde las Carmelitas de la Caridad cuidarán de ella. Diez años pasará con estas religiosas. Allí profundizará su formación espiritual y su relación con Dios, Sentía una especial devoción a la Eucaristía y al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen María y a los Santos Ángeles. El padre Carlos Ferris, jesuita, capellán del centro, la ayudó a progresar en su experiencia espiritual profunda. Solicitó ingresar en las Carmelitas de la Caridad, que regentaban la casa, a quienes veneraba como “ángeles”. Pero no fue admitida por su minusvalía.

PEREGRINANDO POR EL DESIERTO
Desde ese momento no cejó en buscar cuál era la voluntad de Dios sobre ella. Ante la negativa, motivada por su imposibilidad física, Genoveva tratará de descubrir el camino que Dios le tiene reservado Desde su salida de la “Casa de Misericordia” en 1894 hasta 1911, su vida será una peregrinación por el desierto en busca de la voluntad de Dios. “Me puse en las manos de Dios para cuanto pudiera querer de mí con voluntad firme de no resistirme en nada de cuanto de mí exigiera, costara lo que costara”. ¿La fundación de una congregación que atienda, con amor, a mujeres solitarias, afligidas, dando sentido a su vida y estimulando su práctica religiosa?

LA PRIMERA CASA HOGAR
El día 2 de febrero de 1911 en Valencia, el canónigo José Barbarrós le informó de unas señoras solas y con mucho sufrimiento, y con la aprobación personal del Padre Martín Sánchez, SJ., constituyó la Sociedad Angélica, que se inauguró en Valencia con el nombre de Sociedad Angélica del Sagrado Corazón, con la aprobación del arzobispo de Valencia, Salvador y Barrera. Era el embrión del instituto de Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles con el carisma y misión de “aliviar la soledad de las personas que viven solas y necesitadas de cariño, de consuelo, de amor y de cuidados en su cuerpo y en su espíritu”. Genoveva fue nombrada directora. Con ello remediaba un problema social: amparar la soledad. Pero sus fundaciones no serían sólo “casas” sino “hogares”, para que las personas que vinieran amueblaran la habitación a su gusto con el fin de que su desarraigo fuera menor, pues podían llevar consigo las cosas de mayor afecto personal.

LA SOCIEDAD FUE ERIGIDA COMO “PÍA UNIÓN” EN 1912
La sociedad fue erigida como “Pía Unión” en 1912 y el primer reglamento en 1914. El mismo año fundó otra casa en Zaragoza, en la calle del Pilar, aconsejada por el P. Martín Sánchez; en 1914 fundó en Madrid y, después en Bilbao, Barcelona, Santander y Pamplona. En 1925 la Pía Unión fue reconocida en Zaragoza como Instituto religioso de derecho diocesano por el Arzobispo Rigoberto Doménech, ante quien emitieron sus votos, Genoveva, nombrada Superiora General, y otras dieciocho religiosas. Pío XII en 1953 lo elevará a instituto religioso de derecho pontificio. En Zaragoza instalaron la Casa General y el Noviciado, en una hospedería a los pies de la Virgen del Pilar e inaugurada en 1941. A pesar de su cojera, la Madre Genoveva viajará por las principales ciudades españolas resolviendo problemas, atendiendo a sus hijas…a pesar de haber sido una mujer enferma durante toda su vida.

LA SOLEDAD DE LAS MUJERES
Se fijó en un acuciante problema de la soledad que aquejaba a muchas mujeres en los comienzos del siglo XX. Por motivos familiares quedaban abandonadas. Aliviar la soledad de las personas que, por diversas circunstancias viven solas y necesitadas de cariño, de consuelo, de amor, y cuidados en su cuerpo y en su espíritu. Aquellos problemas se han agudizado en la Sociedad moderna en la que se han agudizado, con la soledad. Estas personas tienen necesidad de cuidados físicos, pero sobre todo, y es lo más importante, tienen necesidad de Dios.

La obra de la Madre Genoveva es de plena actualidad. Está concebida para devolver la ilusión por la vida a quienes la han perdido, infundiéndoles la paz y el gozo del Espíritu. Las Religiosas Angélicas, movidas por la Misericordia de Cristo, ofrecen a estas personas un hogar, donde se las cuida y atiende hasta el fin de sus días. Ella, que estaba abierta a ver en los acontecimientos la mano de Dios, captó esta necesidad y sembró el germen de lo que sería el futuro Instituto religioso. Comenzó con dos compañeras, difíciles de carácter, a recoger en la casa a distintas personas necesitadas. Con su paciencia y caridad Genoveva pudo soportar aquella situación, viviendo de su trabajo de costura y bordado. Se les quedó pequeña la casa y tuvieron que ir buscando hogares más amplios. Genoveva pensó en promover la vela de la adoración eucarística nocturna.

VALENCIA Y ZARAGOZA
En tiempos de la república y de la guerra civil, algunas de las casas tuvieron que padecer la persecución religiosa, quedando la mayoría devastadas, mientras que la Madre Genoveva infundía paz y esperanza en todas sus Hermanas. En las casas de Zaragoza y Valencia se dio protección a personas, miembros de institutos religiosos y seglares, pues la Madre Genoveva tenía un corazón abierto para todas las personas y actividades de la Iglesia, con un espíritu de servicio asombroso. Fue reelegida Superiora General en los capítulos de 1935, 1941 y 1947. Retirada de su cargo en 1954, se convirtió en religiosa siempre obediente a la nueva Madre General.

PRIMERO EL SAGRARIO
Todas las casas empezaban por el “Sagrario”, “porque estando Jesús en casa nada temo” y de esta forma imprimió en sus religiosas una nota característica de su espiritualidad: la adoración-reparación a la Eucaristía. Desde ese fundamento las Angélicas desplegarían su apostolado con las tres notas que la Madre Genoveva dejó plasmadas en sus constituciones: espíritu de humildad y sencillez que busca sólo a Dios en todas las cosas, espíritu de obediencia con la abnegación del propio juicio a la voluntad de Dios en las disposiciones de los superiores y espíritu de caridad, que engendra en las Hermanas el ardor apostólico. La palabra más repetida en sus escritos es “amor”: “Que sólo el amor me impulse a obrar”. “Que tu puro amor mueva todas mis acciones”. “Nada es pesado para el que ama”. “Dios merece ser servido con fidelidad y amor”. “El amor nunca dice basta”.

OCASO Y MUERTE
A finales de 1955 su salud había decaído considerablemente. El 30 de diciembre tuvo un ataque de apoplejía y recibió los santos sacramentos. Todavía pudo comulgar en la madrugada del 4 de enero de 1956 y esa mañana entró en coma. A los ochenta y seis años de edad, el 5 de enero de 1956 falleció en Zaragoza. El pueblo comenzó a llamarla “Ángel de la soledad” y así sigue reconociéndola. El Instituto de Hermanas, llamadas “angélicas”, están extendidas por España, Italia, México y Venezuela. Además trabajan en catequesis, Casas de ejercicios, Guarderías, y en parroquias y escuelas. Fue beatificada en Roma por el Papa Juan Pablo II el día 29 de enero de 1995. Y canonizada en la plaza de Colón de Madrid por el mismo Papa en su quinta visita a España, el 4 de mayo de 2003, junto con Pedro Poveda, Maravillas de Jesús, Angela de la Cruz y el Padre José María Rubio. Sus reliquias reposan en la Casa Generalicia en Zaragoza y su memoria litúrgica se celebra el 4 de enero.

IDEARIO DE SANTA GENOVEVA TORRES
Hay que amar a Dios en todas las cosas agradables y desagradables: y si están envueltas en sufrimientos, tanto mejor. El amor sin sufrimiento es sospechoso. El amor todo lo hace fácil.

Si miro a Jesucristo en la cruz, todo sufrimiento me será sabroso. Pediremos la gracia de llevar con valor y santa alegría las cruces que a Dios le plazca enviarnos y haremos esta petición en los momentos penosos a la naturaleza. Vayamos al pie de la cruz; si tenemos valor para ello, quejémonos.

El centro de la devoción al Corazón de Jesús, está en la Eucaristía. La práctica del amor a este Corazón está en la oración, la penitencia, y en adorarle llevando almas por esos medios para que le conozcan y le amen.
Siento que Jesús me llama desde el Sagrario; cuando por mis obligaciones no puedo acudir, procuro hallarle en las mismas obligaciones. Debemos sacrificarnos mucho, practicando la caridad, que será reconocida por Dios nuestro Señor. Si de veras amamos a Dios su recuerdo nos hará volar en el sacrificio y en la abnegación en aras de la caridad. Revistámonos de los hechos de Jesús, que todos fueron de caridad, dulzura, amabilidad y sin distinción de personas. Quien ama a María procura imitar sus virtudes y obsequiarla siempre. Madre de Jesús y Madre mía, en penas y tribulaciones acudiré a Ti. Me mostrarás a tu Divino Hijo y le amaré.

Seamos amables y cariñosas con las que tengamos que tratar y servir. Lo que se hace por Dios, debe caracterizarlo las virtudes que Jesús practicó: humildad, paciencia, afabilidad, dulzura… darnos todas para ganarlas a todas. Sólo por la caridad y la mansedumbre llevaremos las almas a Dios. La base de la caridad y de la unión es la humildad. Si somos humildes de corazón en todos nuestros actos, practicando la caridad por Dios, gozaremos de la paz del alma. Darse a Dios de veras es lo único que da paz verdadera. Lo demás todo pasa pronto.
El tiempo corre hacia el sepulcro y vivimos neciamente si no vivimos para Dios. Viviendo para Dios, seremos generosos con Él y con el prójimo. Ofrezco a Dios todo, venga lo que viniere, todo lo permite el Señor.

VIRTUDES DE LA MADRE GENOVEVA
Niña simpática, alegre, trabajadora. Generosa y desprendida, reparte su poca comida con los pobres. Acepta cumplir la voluntad de Dios, para agradarle. Tiene gran capacidad de sufrimiento, es agradecida, de buen carácter, humor y piedad. Los jesuitas, a lo largo de su vida, la ayudarán a profundizar en su vida espiritual y a abrirse a la voluntad de Dios. Anima a sus hijas a amar mucho a Dios para acertar en el trato con las señoras que viven en las residencias de la Congregación. El objetivo es que se sientan como en su propia casa. Madre Genoveva se caracterizará por ese amor, atendiendo a las residentes más necesitadas. Su incapacidad física nunca será impedimento para nuevas fundaciones o para visitar a sus hijas. Y, como compañía en sus viajes, una caja de zapatos en la que guarda una imagen de la Virgen. Su enfermedad continua, nunca arranca una queja en ella.
“¿Quién soy yo? Más nada que nadie”: esta frase suya fue una realidad en su propia vida, llegando a dormir en el suelo, o rechazando los homenajes personales. Su gran preocupación son sus hijas, a quienes animará y acompañará sobre todo durante las épocas difíciles e inestables de la República y la Guerra Civil. Los últimos años de su vida mantuvo comunicación con todas sus hijas desde la Casa General, en Zaragoza, donde murió. Su gran amor a la Eucaristía le llevó a solicitar la Vela nocturna al Santísimo, para las mujeres. Y su amor a la Virgen la hizo consagrar la Congregación religiosa por ella fundada a María, en la festividad de Nuestra Señora de la Esperanza.

 

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