Ascensión Lloret Marco

7
SEPTIEMBRE

ASCENSION LLORET
MARCO

Ascensión Lloret Marco
de San José de Calasanz.

RELIGIOSA ESCOLAPIA
.

ASESINADA EN GANDÍA
VALENCIA EL 7 SEPTIEMBRE – 1936.

I. LOS MÁRTIRES
1.1. Los
mártires
1.2. Los procesos canónicos.
1.3. Nombres de los mártires
Beatificados el 11 de marzo de 2001.
II.  CRÓNICA
2.1.  Crónica de la
acogida de los peregrinos. Aula Pablo VI del Vaticano
2.2.  Crónica de la
solemne ceremonia de la Beatificación
2.3.  Crónica de la Misa de Acción de
Gracias en San Pedro del Vaticano
2.4.  Crónica de la solemne Misa de Acción
de Gracias en la Catedral de Valencia
III.  DOCUMENTOS
3.1.  Decreto
acerca del martirio de la Congregación para las Causas de los
Santos
3.2.  Homilía del Santo Padre Juan Pablo
II
3.3.  Ángelus
3.4.  Discurso del Papa Juan Pablo II a los participantes
en la audiencia con motivo de la Beatificación de los mártires
españoles
3.5.  Homilía del Sr. Arzobispo en la Misa de Acción de Gracias de
los mártires españoles
3.6.  Homilía en la Misa de Acción de Gracias por la
Beatificación de José Aparicio Sanz y 232 compañeros, mártires de la persecución
religiosa de 1936 en España
3.7.  Carta pastoral del Sr. Arzobispo Agustín
García-Gasco Vicente con motivo de la Beatificación del 11 de marzo de los
mártires de la persecución religiosa de 1936
3.8.  Otros textos del Sr.
Arzobispo sobre los mártires
3.8.1.  De la homilía pronunciada en la fiesta
de San Vicente Mártir. Catedral de Valencia, 22 de enero de
2001
3.8.2.  Misa crismal. 11 de marzo de 2001
3.8.3.  Misa
In Coena Domini. 12 de abril de 2001
3.8.4.  De la homilía en la ordenación
de presbíteros. S.I. Catedral Metropolitana. 30 de junio de 2001
IV.  PARTE
GRÁFICA
4.1.  Tapiz preparado para la plaza de San Pedro del
Vaticano
4.2.  Medalla oficial
4.3.  Descripción del relicario de los
mártires ofrecido al Santo Padre
4.4.  Descripción de la arqueta que contiene
las venerables reliquias de los mártires para la Catedral de
Valencia
4.5.  Cuadros
4.6.  Bibliografía sobre los mártires
beatificados

EXTRA
Beatificación de los
mártires
11 de marzo de 2001

I.  LOS MÁRTIRES
1.1.  Los
mártires
A los sacerdotes, religiosos y seglares que entregaron sus vidas por
Dios el pueblo comenzó a llamarles mártires porque no tuvieron ninguna
implicación política ni hicieron la guerra contra nadie. Por ello, no se les
puede considerar caídos en acciones bélicas, ni víctimas de la represión
ideológica, que se dio en las dos zonas, sino mártires de la fe.
Los mártires
beatificados el 11 de marzo de 2001 demuestran la unidad y diversidad eclesial y
aquella ceremonia resultó pastoralmente significativa, porque vio unidos en un
único rito a muchos mártires de una misma Archidiócesis. La ceremonia tuvo estas
características:
– la representatividad eclesial del grupo de mártires, pues
hay sacerdotes, religiosos y seglares, que son expresión de los numerosos
carismas y familias de vida consagrada;
– la representatividad de la Iglesia
en España porque este grupo representa 34 diócesis. Todos ellos se encontraban
en Valencia desarrollando sus respectivos ministerios y actividades apostólicas
y algunos de ellos fueron unidos en el proceso por competencia, en base a la
normativa canónica vigente;
– el elevado número de sacerdotes seculares y de
seglares, pues es la primera vez que fueron beatificados 40 miembros de los
presbiterios diocesanos de Valencia (37) y Zaragoza (3), así como 22 mujeres y
19 hombres y jóvenes, miembros de la entonces floreciente Acción Católica
Española y de otros movimientos de espiritualidad y apostolado seglar, de todas
las edades, profesiones y estado social;
– el actual contexto pastoral
favorable, que ha despertado interés en las diócesis españolas hacia esta página
gloriosa de la reciente historia. Ésta había quedado un tanto olvidada, pero
testimonia la fe y la fidelidad de la Iglesia en España y, más en concreto, en
Valencia, que tuvo sus orígenes a principios del siglo iv en el martirio del
diácono Vicente. El desarrollo de los procesos, las correspondientes catequesis
y la fama martyrii han llevado a las comunidades cristianas a un mayor interés y
devoción hacia los mártires.
Por ello, la beatificación conjunta ha sido
sumamente oportuna y es de desear que suscite una vida cristiana más intensa, un
mayor fervor espiritual y un renovado interés por mantener viva la memoria de
estos gloriosos testigos de la Fe.
El clima espiritual favorable creado por
el Gran Jubileo del 2000 ha permitido que, concluido el largo proceso canónico,
pudiera celebrarse esta beatificación el 11 de marzo de 2001, como primer fruto
espiritual del Año Santo. Estos mártires son los primeros beatos del Tercer
Milenio.
1.2.  Los procesos canónicos
Durante la persecución religiosa
republicana la Archidiócesis de Valencia pagó uno de los mayores tributos de
sangre (361 sacerdotes, 373 hombres y jóvenes de Acción Católica, 93 Mujeres de
Acción Católica y varios centenares de religiosos de diversos institutos
masculinos y femeninos) y esto explica el hecho de que en ella se abrieran la
mayoría de los procesos de beatificación que han llegado a su punto
final.
Impulsados por los arzobispos Marcelino Olaechea (1946-1966) y el
Siervo de Dios José María García Lahiguera (1969-1978), así como por el
Presbiterio Diocesano y el Foro de Laicos, lo mismo que por las respectivas
Órdenes y Congregaciones religiosas, Valencia dedicó muchas energías humanas
para que estos procesos pudieran llegar a su conclusión y fueran un instrumento
de evangelización, especialmente en los campos de la catequesis, de la pastoral
juvenil y de la promoción vocacional.
Todos los procesos canónicos de los
Beatos recién elevados a los altares fueron instruidos en la Archidiócesis de
Valencia, a excepción del de los Franciscanos Conventuales (n.º 99 a 104), que
se hizo en Barcelona, y el del Beato Francisco Castelló Aleu (n.º 233), que se
instruyó en Lleida.
Lo que con tanto empeño y esperanza se inició hace más de
50 años, se vio culminado en la solemne ceremonia que tuvo lugar en la plaza de
San Pedro el 11 de marzo de 2001.
Laus Deo!
1.3.  Nombres de los mártires
beatificados el 11 de marzo de 2001
Causa de los sacerdotes diocesanos,
mujeres, hombres y jóvenes de Acción Católica y de otros movimientos apostólicos
de la Archidiócesis de Valencia

A
Sacerdotes diocesanos
1.  Beato
José APARICIO SANZ. Arcipreste de Enguera.
(* Enguera, 12-III-1893 + Picadero
de Paterna, 29-XII-1936). Martirizado junto con su coadjutor
(n.º 12).
2.  Beato Fernando GONZÁLEZ AÑÓN. Párroco de Turís.
(* Turís,
17óII-1886 + Picassent 27-VIII-1936).
3.  Beato Juan VENTURA SOLSONA.
Arcipreste de Villahermosa del Río.
(* Villahermosa del Río, Castellón, 1875
+ Castillo de Villamalefa, Castellón, 17-IX-1936).
4.  Beato JOSÉ RUIZ
BRUIXOLA. Párroco de San Nicolás, de Valencia.
(* Foios 1857, 30-III-1857
+ Gilet, 29-X-1936).
5.  Beato Ramón MARTÍ SORIANO. Cura Regente de
Vallada.
(* Burjassot, 7-X-1902 + Carretera de Godella a Bétera,
27-VIII-1936).
6.  Beato Joaquín VILANOVA CAMALLONGA. Coadjutor
de Ibi.
(* Ontinyent, 6-X-1888 + Ibi, Alicante, 29óVII-1936).
7.  Beato
Enrique MORANT PELLICER. Cura de Barx.
(* Bellreguard, 13-X-1908 + Xeraco,
3óX-1936).
8.  Beato Carmelo SASTRE SASTRE. Párroco de Piles.
(* Pego,
Alicante, 21-XII-1890 + Palma de Gandía, 15óVIII-1936).
9.  Beato Vicente
BALLESTER FAR. Capellán de las Agustinas de Xàbia.
(* Benidoleig, Alicante,
4-II-1888 + Carretera de Teulada a Benissa, Alicante, 23-IX-1936).
10.  Beato
Ramón Esteban BOU PASCUAL. Cura Regente de Planes.
(* Benimantell, Alicante,
12-X-1906 + La Nucía, Alicante, 15-X-1936).
11.  Beato Pascual FERRER
BOTELLA. Capellán de San Vicente de Algemesí.
(* Algemesí, 9-XI-1894 + Sueca,
24-IX-1936).
12.  Beato Enrique JUAN REQUENA. Coadjutor de
Enguera.
(* Aielo de Malferit, 2-III-1903 + Picadero de Paterna,
29-XII-1936). Martirizado junto con su párroco (n.º 1).
13.  Beato Elías
CARBONELL MOLL”. Coadjutor de Cocentaina.
(* Cocentaina, Alicante, 20-XI-1869
+ Sax, Alicante, dióc. Orihuela, 2-X-1936). Martirizado junto con su hermano
Juan (n.º 14).
14.  Beato Juan CARBONELL MOLL”. Coadjutor
de Cocentaina.
(* Cocentaina, Alicante, 6-VI-1874 + Sax, Alicante, dióc.
Orihuela, 2-X-1936). Martirizado junto con su hermano Elías
(n.º 13).
15.  Beato Pascual PENADÉS JORNET. Regente
de Bélgida.
(* Montaverner, 3-I-1894 + Puerto de Cárcer,
15-IX-1936).
16.  Beato Salvador FERRANDIS SEGUÍ. Párroco
de Pedreguer.
(* L’Orxa, Alicante 25-V-1880 + Carretera del Vergel, Alicante,
3-VIII-1936).
17.  Beato José TOLEDO PELLICER. Coadjutor
de Banyeres.
(* Llaurí, 15-VII-1909 + El Saler de Valencia,
10-VIII-1936).
18.  Beato Fernando GARCÍA SENDRA. Cura de Sagra.
(* Pego,
Alicante, 31-III-1905 + La Pedrera de Gandía, 18-IX-1936).
19.  Beato José
GARCÍA MAS. Capellán del EcceóHomo de Pego.
(* Pego, Alicante, 11-VI-1896 +
La Pedrera de Gandía, 18-X-1936).
20.  Beato José María SEGURA PENADÉS.
Coadjutor de Ontinyent.
(* Ontinyent, 13-X-1896 + Genovés,
11-IX-1936).
21.  Beato Salvador ESTRUGO SOLVES. Capellán del Hospital
de Alberic.
(* Bellreguard, 12-X-1862 + Alberic, 10-VIII-1936).
22.  Beato
Vicente SICLUNA HERNÁNDEZ. Párroco de Navarrés.
(* Valencia, 30-IX-1859
+ Bolbaite, 22-IX-1936).
23.  Beato Vicente María IZQUIERDO ALCÓN. Párroco de
La Pobla de Farnals.
(* Mosqueruela, Teruel, 25-V-1891 + Rafelbunyol,
18-VIII-1936).
24.  Beato José María FERRÁNDIZ HERNÁNDEZ. Arcipreste
de Alcoi.
(* El Camp de Mirra, Alicante, 11-VIII-1879 + Rotglá-Corberá,
24-IX-1936).
25.  Beato Francisco IBÁÑEZ IBAÑEZ. Abad de la Colegiata
de Xàtiva.
(* Penáguila, Alicante, 22-IX-1876 + Llosa de Ranes,
19-VIII-1936).
26.  Beato José GONZÁLEZ HUGUET. Párroco
de Cheste.
(* Alaquàs, 23-I-1874 + Ribarroja, 12-X-1936).
27.  Beato José
FENOLLOSA ALCAYNA. Canónigo de la Colegiata de San Bartolomé, de
Valencia.
(* Rafelbunyol, 16-III-1903 + Sagunto, 27-IX-1936).
28. Beato
Félix YUSTE CAVA. Párroco de San Juan y San Vicente, de Valencia.
(*
Chulilla, 21-II-1887 + El Saler de Valencia, 14-VIII-1936).
29.  Beato
Vicente PELUFO CORTS. Capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados,
de Alzira.
(* Alzira, 26-II-1868 + 11-IX-1936).
30.  Beato José CANET
GINER. Vicario de Catamarruch.
(* Bellreguard, 24-VIII-1903 + La Pedrera
de Gandía, 4-X-1936).
31.  Beato Francisco SENDRA IVARS. Cura Regente
de Calpe.
(* Benissa, Alicante, 23-IV-1899 + Teulada, Alicante,
4-IX-1936).
32.  Beato Diego LLORCA LLOPIS. Coadjutor de Benissa.
(*
Oliva, 2-VII-1896 + Gata de Gorgos, Alicante, 6-IX-1936).
33.  Beato Alfonso
SEBASTIÁ VIÑALS. Director de la Escuela de Formación Social de Valencia.
(*
Valencia, 27-V-1910 + Paterna, 1-IX-1936).
34.  Beato Germán GOZALVO ANDREU.
Misacantano de Torrent.
(* Torrent, 30-VIII-1913 + Monserrat,
22-IX-1936).
35.  Beato Gonzalo VIÑES MASIP. Can-nigo de la Colegiata
de Xàtiva.
(* Xàtiva, 19-I-1883 + Vallés, 10-XII-1936).
36.  Beato Vicente
RUBIOLS CASTELLÓ. Cura Párroco de La Pobla Llarga.
(* Gandía, 13-III-1874 +
La Pobla Llarga, 4-VIII-1936).
37.  Beato Antonio SILVESTRE MOYA. Cura
Ecónomo de Santa Tecla, de Xàtiva.
(* L’Ollería, 26-X-1892 + El Saler de
Valencia, 7-VIII-1936).

B
Mujeres de Acción Católica
38.  Beata
Amalia ABAD CASASEMPERE. Viuda y madre de dos hijas. Dedicada a sus
labores.
(* Alcoi, Alicante, 11-XII-1897 + Benillup, Alicante,
21-IX-1936).
39.  Beata Ana María ARANDA RIERA. Soltera. Sus labores.
(*
Denia, Alicante, 24-I-1888 + Paterna, 14-X-1936).
40.  Beata Florencia
CAEROLS MARTÍNEZ. Soltera. Obrera textil.
(* Caudete, Albacete, 20-II-1890
+ Rotglá-Corberá, 2-X-1936).
41.  Beata María CLIMENT MATEU. Martirizada
junto con su madre. Sus labores.
(* Xàtiva, 13-V-1887 +
20-VIII-1936).
42.  Beata Társila CÓRDOBA BELDA. Madre de tres hijos
fallecidos, viuda. Sus labores.
(* Sollana, 8-V-1861 + Algemesí,
17-X-1936).
43.  Beata Francisca CUALLADÓ BAIXAULI. Soltera. Modista.
(*
Valencia, 3-XII-1890 + Benifaió, 19-IX-1936).
44.  Beata María Teresa
FERRAGUD ROIG. Martirizada a sus 83 años junto con sus cuatro hijas, religiosas
de clausura (n.os 211, 212, 213 y 217). Sus labores.
(* Algemesí, 14-I-1853
+ Alzira, 25-X-1936).
45.  Beata Luisa María FRÍAS CAÑIZARES. Soltera.
Profesora de la Universidad de Valencia.
(* Valencia, 20-VI-1896 + Paterna,
6-XII-1936).
46.  Beata Encarnación GIL VALLS. Soltera. Maestra
nacional.
(* Ontinyent, 27-I-1888 + L’Ollería, 24-IX-1936).
47.  Beata
María JORDÁ BOTELLA. Soltera. Sus labores.
(* Alcoi, Alicante, 26-I-1905
+ Benifallím, Alicante, 27-IX-1936).
48.  Beata Herminia MARTÍNEZ AMIGÓ.
Fusilada junto con su marido. Sus labores.
(* Puzol, 31-VII-1887 + Gilet,
26-IX-1936).
49.  Beata María Luisa MONTESINOS ORDUÑA. Soltera, fusilada
junto con su padre, sus tres hermanos y su tío. Sus labores.
(* Valencia,
3-III-1901 + Picassent, 31-I-1937).
50.  Beata Josefina MOSCARDÓ MONTALVÁ.
Soltera. Sus labores.
(* Alzira, 10-IV-1880 + 22-IX-1936).
51.  Beata
María del Olvido NOGUERA ALBELDA. Soltera. Sus labores.
(* Carcaixent,
30-XII-1903 + Benifairó de Valldigna,
30-XI-1936).
52.  Beata Crescencia VALLS ESPÍ. Martirizada junto con sus tres
hermanas. Sus labores.
(* Ontinyent, 9-VI-1863 + 20-IX-1936).
53.  Beata
María de la Purificación VIDAL PASTOR. Soltera. Sus labores.
(* Alzira,
14-IX-1892 + Corberá, 21-IX-1936).
54.  Beata María del Carmen VIEL FERRANDO.
Soltera. Sus labores.
(* Sueca, 27-XI-1893 + El Saler de Valencia,
4-XI-1936).
55.  Beata Pilar VILLALONGA VILLALBA. Soltera. Sus labores.
(*
Valencia, 22-I-1891 + Burjassot, 11-XII-1936).
56.  Beata Sofía
XIMÉNEZ XIMÉNEZ. Viuda, madre de dos hijos. Sus labores. Martirizada junto con
su hermana Purificación, religiosa (n.º 203) y con otra religiosa (n.º
204).
(* Valencia, 15-X-1876 + Paterna, 23-IX-1936).

C
Hombres y
jóvenes de Acción Católica
57.  Beato Rafael ALONSO GUTIÉRREZ. Casado, padre
de seis hijos. Administrador de correos.
(* Ontinyent, 14-VI-1890 + Agullent,
11-VIII-1936). Martirizado junto con Carlos Díaz (n.º 60).
58.  Beato Marino
BLANES GINER. Casado, padre de nueve hijos.
(* Alcoi, Alicante, 17-IX-1888 +
8-IX-1936).
59.  Beato José María CORBÍN FERRER. Soltero.
Universitario.
(* Valencia, 26-XII-1914 + Santander, en el barco-prisión
“Alfonso Pérez”, 27-XII-1936).
60.  Beato Carlos DÍAZ GANDÍA. Casado, padre
de una niña de ocho meses.
(* Ontinyent, 25-XII-1907 + Agullent,
11-VIII-1936). Martirizado junto con Rafael Alonso (n.º 57).
61.  Beato
Salvador Damián ENGUIX GARÉS. Viudo, padre de seis hijos.
Veterinario.
(* Alzira, 27-IX-1862 + 29-X-1936).
62.  Beato Ismael
ESCRIHUELA ESTEVE. Casado, padre de tres hijos.
Agricultor.
(* Tavernes de Valldigna, 20-V-1902 + Picadero de Paterna,
9-IX-1936).
63.  Beato Juan Bautista FAUBEL CANO. Casado, padre de tres
hijos. Pirotécnico.
(* Llíria, 3-I-1889 + Paterna,
28-VIII-1936).
64.  Beato José Ramón FERRAGUD GIRBÉS. Casado, padre de ocho
hijos. Labrador.
(* Algemesí, 10-X-1887 + Alzira, 24-IX-1936).
65.  Beato
Vicente GALBIS GIRONÉS. Casado, padre de un hijo. Abogado.
(* Ontinyent,
9-IX-1910 + Benisoda, 21-IX-1936).
66.  Beato Juan GONGA MARTÍNEZ. Soltero.
Oficinista.
(* Carcaixent, 25-III-1911 + Simat de Valldigna,
13-XI-1936).
67.  Beato Carlos LÓPEZ VIDAL. Casado, sin hijos. Segundo
sacristán de la Colegiata de Gandía.
(* Gandía, 15-XI-1894 + La Pedrera
de Gandía, 6-VIII-1936).
68.  Beato José MEDES FERRÍS. Casado, sin hijos.
Martirizado junto con sus tres hermanos religiosos.
(* Algemesí, 13-I-1885 +
Alcudia de Carlet, 12-XI-1936).
69.  Beato Pablo MELÉNDEZ GONZALO. Abogado y
periodista. Casado, padre de diez hijos. Martirizado junto con su hijo
Alberto.
(* Valencia, 7-XI-1876 + Castellar, 23-XII-1936).
70.  Beato José
PERPIÑÁ NÁCHER. Casado. Radiotelegrafista y abogado.
(* Sueca, 22-II-1911 +
Picadero de Paterna, 29-XII-1936).
71.  Beato Arturo ROS MONTALT. Casado y
padre de seis hijos. Trabajador de la yutera.
(* Vinalesa, 26-X-1901 +
Moncada, 28-VIII-1936).
72.  Beato Pascual TORRES LLORET. Casado y padre de
cuatro hijos. Constructor.
(* Carcaixent, 23-I-1885 +
6-IX-1936).
73.  Beato Manuel TORRÓ GARCÍA. Casado, sin hijos.
Aparejador.
(* Ontinyent, 2-VII-1902 + Benisoda, 21-IX-1936).
74.  Beato
José Maria ZABAL BLASCO. Casado, padre de tres hijos. Empleado de la Estación
del Norte de Valencia.
(* Valencia, 20-III-1898 + Picadero de Paterna,
8-XII-1936).

D
Causa de la Orden de Predicadores
(Dominicos)
O.P.
Este grupo comprende 18 frailes predicadores de la
provincia religiosa de Aragón, la cual fue erigida en 1301. A esta provincia
pertenecieron San Vicente Ferrer, San Luis Beltrán y los beatos Dalmacio Moner y
Francisco Coll.
Son los primeros dominicos españoles víctimas de la
persecución religiosa de la II República española elevados al honor de los
altares.
Nueve de los beatos eran miembros del convento de Calanda (Teruel),
entonces casa de Formación; cinco de Valencia y cuatro de Barcelona.
A ellos
se unen dos sacerdotes de la Archidiócesis de Zaragoza.
75.  Beato Jacinto
SERRANO LÓPEZ. Vicario provincial.
(* Urrea de Gaén, Teruel, dióc. Zaragoza,
30-VII-1901 + Puebla de Híjar, Teruel, 25-XI-1936).
76.  Beato Luis URBANO
LANASPA. Vicario provincial.
(* Zaragoza, 3-VI-1882 + Valencia,
25-VIII-1936).
77.  Beato Constantino FERNÁNDEZ ÁLVAREZ
(* La Vecilla,
Le-n, 7-II-1907 + Valencia, 29-VIII-1936).
78.  Beato Rafael PARDO MOLINA.
Cooperador.
(* Valencia, 28-X-1899 + 26-IX-1936).
79.  Beato Lucio
MARTÍNEZ MANCEBO. Maestro de novios.
(* Vegas del Condado, León, 28-VII-1902
+ Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
80.  Beato Antonio LÓPEZ COUCEIRO
(*
El Ferrol, La Coruña, dióc. Mondoñedo-El Ferrol, 15-XI-1869 + Calanda, Teruel,
29-VII-1936).
81.  Beato Felicísimo DÍEZ GONZÁLEZ
(* Devesa de Curueño,
León, 26-XI-1907 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
82.  Beato Saturio REY
ROBLES
(* Devesa de Curueño, León, 21-XII-1907 + Calanda, Teruel,
29-VII-1936).
83.  Beato Tirso MANRIQUE MELERO
(* Alfaro, La
Rioja, dióc. Calahorra y La Calzada, 26-I-1877 + Calanda, Teruel,
29-VII-1936).
84.  Beato Gumersindo SOTO BARRIOS. Cooperador.
(* Amil, La
Coruña, 21-X-1869 + Calanda, Teruel, 29-VII-1936).
85.  Beato Lamberto DE
NAVASCUÉS Y DE JUAN. Novicio.
(* Zaragoza, 18-V-1911 + Calanda, Teruel,
29-VII-1936).
86.  Beato José María MURO SANMIGUEL
(* Tarazona, Zaragoza,
26-X-1905 + Castelserás, Teruel, 30-VII-1936).
87.  Beato Joaquín PRATS
BALTUEÑA. Novicio-clérigo.
(* Zaragoza, 5-III-1915 + Castelserás, Teruel,
30-VII-1936).
88.  Beato Francisco CALVO BURILLO
(* Híjar, Teruel,
21-XI-1881 + 2-VIII-1936).
89.  Beato Francisco MONZÓN ROMEO
(* Híjar,
Teruel, 29-III-1912 + 29-VIII-1936).
90.  Beato Ramón PEIRÓ
VICTORÍ
(* Aiguafreda, Barcelona, 7-III-1891 + El Morrot, Barcelona,
21-VIII-1936).
91.  Beato José María VIDAL SEGÓ
(* Secuita, Tarragona,
3-II-1912 + Barcelona, 23-IX-1936)
92.  Beato Santiago MESEGUER
BURILLO
(* Híjar, Teruel, 1-V-1885 + Barcelona, 1-XI-1936).
Sacerdotes de
la Archidiócesis de Zaragoza, incluidos en el proceso de los
dominicos:
93.  Beato Manuel ALBERT GINÉS. Coadjutor
de Calanda.
(* Calanda, Teruel, 3-X-1867 ó
29-VII-1936).
94.  Beato Zósimo IZQUIERDO GIL. Párroco de Castelserás.
(*
Villahermosa del Campo, 17-XII-1895 + Castelserás,
30-VII-1936).

E
Causa de la Orden Franciscana de los Frailes
Menores
(O.F.M.)
Hace 37 años que se comenzó la causa. Tras un período de
investigación, el día 21 de junio de 1966 se introducía en el arzobispado de
Valencia, la causa de canonización, por el reconocimiento de martirio, de estos
cuatro beatos.
“Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor y
soportan enfermedad y tribulación. Bienaventurados aquellos que las sufren en
paz, pues por ti, Altísimo, coronados serán” (San Francisco, Cánticos de las
criaturas, 10-11).
95.  Beato Pascual FORTUÑO ALMELA. Vicario del convento de
Santo Espíritu del Monte.
(* Villarreal de los Infantes,
Castellón, dióc. Segorbe-Castellón, 5-III-1886 + 7-IX-1936). Martirizado
con un golpe de machete en el pecho.
96.  Beato Plácido GARCÍA
GILABERT
(* Benitachell, Alicante, dióc. Valencia, 1-I-1895 + Denia,
Alicante, dióc. Valencia, 16-VIII-1936). Fue atrozmente mutilado y
asesinado.
97.  Beato acrist acristá MUÑOZ. Estudiante de
Teología.
(* Bellrreguard 10-IV-1914 + 4-X-1936). Fusilado.
98.  Beato
Salvador MOLLAR VENTURA. Sacristán del colegio de Benissa.
(* Manises,
27-III-1896 + Paterna, 26-X-1936). Fusilado.

F
Causa de la Orden
Franciscana de los Frailes Menores Conventuales
(O.F.M.Conv.)
Estos seis
mártires eran miembros de la comunidad religiosa de Granollers (Barcelona), la
única que la Orden de los Frailes Menores Conventuales había erigido en España a
principios del siglo xx, después de la supresión llevada a cabo por rey Felipe
II en 1567.
La violenta persecución que se levantó en el verano de 1936
sorprendió a los religiosos en sus puestos de trabajo, dispuestos a confesar su
fidelidad da Cristo. En la tarde del 20 de julio, los milicianos de la F.A.I.
quemaron la iglesia y el convento, mientras que todos los religiosos se
dispersaron y buscaron refugio junto a amigos y bienhechores. Sin embargo, muy
pronto fueron descubiertos y, en fechas distintas, del 27 de julio a los
primeros días de septiembre, fueron arrestados, encarcelados, juzgados
sumariamente y, en fin, matados por el simple hecho de ser religiosos y
sacerdotes franciscanos.
99.  Beato Modesto VEGAS VEGAS. Sacerdote.
(* La
Serna, Palencia, 24-II-1912 + Llisa, Barcelona, 27-VII-1936).
100.  Beato
Dionisio VICENTE RAMOS. Sacerdote.
(* Caudé, Teruel, 9-X-1871 + Granollers,
Barcelona, 31-VII-1936). Martirizado junto con el siguiente.
101.  Beato
Francisco REMÓN JÁTIVA. Hermano.
(* Caudé, Teruel, 22-IX-1890 + Granollers,
Barcelona, 31-VII-1936).
102.  Beato Alfonso LÓPEZ LÓPEZ.
Sacerdote.
(* Secorún, Huesca, dióc. Jaca, 16-XI-1878 + Samalús, Barcelona,
3-VIII-1936). Martirizado junto con el siguiente.
103.  Beato Miguel REMÓN
SALVADOR. Hermano.
(* Caudé, Teruel, 17-IX-1907 + Samalús, Barcelona,
3-VIII-1936).
104.  Beato Pedro RIVERA RIVERA. Sacerdote.
(* Villacreces,
Valladolid, 3-IX-1912 + Barcelona, 1-IX-1936).

G
Causa de la Orden
Franciscana de los Frailes Menores Capuchinos
(O.F.M.Cap.)
En el grupo de
los Mártires españoles de la Orden de los Frailes Capuchinos, hay 12 religiosos
y 5 monjas clarisas Capuchinas. Los Capuchinos sacerdotes y hermanos,
pertenecían todos a la Provincia religiosa de la “Preciosísima Sangre de
Cristo”, de Valencia, y fueron asesinados en distintos lugares, sin hacerles
ningún proceso formal previo.
Todos ellos de edades diferentes que van de
los 23 a los 80 años de edad, provenientes de las distintas fraternidades de la
Provincia Religiosa, empeñados en los trabajos y apostolados diversos,
predicadores, confesores, profesores formadores, otros empeñados en los trabajos
de servicio a la fraternidad y a la gente que se acercaba al Convento.
Se
trata de los primeros Capuchinos españoles martirizados durante la persecución
del 1936-1939 que son Beatificados.
A este grupo se añade una
monja agustina hermana de tres de las Capuchinas con su madre que quiso estar
junto a sus hijas hasta la muerte.
105.  Beato Aurelio de Vinalesa (José
AMPLE ALCAIDE). Sacerdote.
(* Vinalesa, 3-II-1896 + Barranco de Carraixet,
28-VIII-1936).
106.  Beato Ambrosio de Benaguacil (Luis VALLS MATAMALES).
Sacerdote.
(* Benaguasil, 3-V-1870 + Carretera de Valencia a Barcelona,
24-VIII-1936).
107.  Beato Pedro de Benisa (Alejandro MAS GINESTAR).
Sacerdote.
(* Benissa, Alicante, 11-XII-1876 + Denia, Alicante,
26-VIII-1936).
108.  Beato Joaquín de Albocácer (José FERRER ADELL).
Sacerdote.
(* Albocásser, Castellón, 23-IV-1879 + Carretera de Puebla Tornesa
a Villafamés, Castellón, 30-VIII-1936).
109.  Beato Modesto
de Albocácer (Modesto GARCÍA MARTÍ). Sacerdote.
(* Albocásser, Castellón,
18-I-1880 + 13-VIII-1936).
110.  Beato Germán de Carcagente (José María
GARRIGUES HERNÁNDEZ). Sacerdote.
(* Carcaixent, 12-II-1895 + Carcaixent,
junto al puente del Júcar, 9-VIII-1936).
111.  Beato Buenaventura de Puzol
(Julio ESTEVE FLORS). Sacerdote.
(* Pu�ol, 9-X-1897 +
26-IX-1936).
112.  Beato Santiago de Rafelbuñol (Santiago MESTRE IBORRA).
Sacerdote.
(* Rafelbuñol, Valencia, 10-IV-1909 + Gilet, Valencia,
29-IX-1936).
113.  Beato Enrique de Almazora (Enrique GARCÍA BELTRÁN).
Diácono.
(* Almassora, Castellón, 16-III-1913 + Pedrera de Castellón,
16-VIII-1936).
114.  Beato Fidel de Puzol (Mariano CLIMENT SANCHIS).
Hermano.
(* Puzol, Valencia, 8-I-1856 + Sagunto, Valencia, 27 septiembre
1936).
115.  Beato Bernardo de Lugar Nuevo de Fenollet (José BLEDA GRAU).
Hermano.
(* Lloch Nou de Fenollet, 23-VII-1867 + Genovés,
4-IX-1936).
116.  Beato Pacífico de Valencia, lego (Pedro SALCEDO PUCHADES).
Hermano.
(* Castellar, 24-II-1874 + Monteolivete, 12-X-1936).
Cinco
religiosas capuchinas de la Orden de Santa Clara, del Monasterio de Agullent,
incluidas en este proceso:
117.  Beata María Jesús (María Vicenta MASIÁ
FERRAGUD)
(* Algemesí, 12-I-1882 + Cruz Cubierta de Alzira, 25 octubre
1936).
118.  Beata María Verónica (María Joaquina MASIÁ
FERRAGUD)
(* Algemesí, 15-VI-1884 + Idem).
119.  Beata María Felicidad
(María Felicidad MASIÁ FERRAGUD)
(* Algemesí, 28-VIII-1890 + Idem).
Estas
tres eran religiosas clarisas fueron martirizadas junto con su anciana madre
(n.º 44) y otra hermana religiosa, agustina descalza (n.º 122).
120.  Beata
Isabel CALDUCH ROVIRA
(* Alcalá de Chivert, Castell-n, dioc. Tortosa,
9-V-1882 + Cuevas de Vinromá, Castellón, dióc. Tortosa, 14 abril 1937). Del
monasterio de Castellón de la Plana.
121.  Beata Milagros ORTELLS
GIMENO
(* Valencia, 29-XI-1882 + Picadero de Paterna, 20 noviembre 1936). Del
monasterio de capuchinas de la calle de Ruzafa, de Valencia.
122.  Beata
Josefa de la Purificación MASIÁ FERRAGUD. Agustina descalza (en el siglo: María
Josefa Ramona).
(* Algemesí, 1887). Martirizada el 25-X-1936 junto con su
anciana madre (n.º 44) y sus tres hermanas religiosas clarisas (n.os 117, 118,
119).

H
Causa de la Compañía de Jesús (Jesuitas)
S.J.
Los Beatos
Mártires jesuitas pertenecían al territorio de la Provincia de Aragón de
entonces; eran siete padres y cuatro hermanos. A ellos se añade un laico,
don Luis CamposGórriz, antiguo alumno, congregante mariano y dirigente nacional
de Acción Católica.
La Compañía de Jesús estaba legalmente disuelta en España
desde 1932; los novicios y los jóvenes en formación, con sus profesores y
formadores, fueron acogidos por diversas provincias europeas y pudieron
proseguir en ellas su formación. Un número apreciable de padres y hermanos
continuaron viviendo dispersos y en clandestinidad, realizando sus ministerios
con grandes dificultades y en medio de circunstancias adversas. A partir del
comienzo de la guerra civil (julio 1936) la persecución religiosa se hizo más
intensa y sus vidas estaban en peligro. De hecho, más de un centenar de jesuitas
sufrieron el martirio durante esos años.
Entre los que la Iglesia ha
beatificado hay superiores de comunidad y operarios, enfermeros y electricistas,
rectores y profesores de Colegios, un eminente profesor de Derecho Canónico,
directores de Congregaciones Marianas, así como los que se dedicaban con
especial predilección a los más pobres y a trabajar con la juventud obrera.
Sabían que sus vidas estaban en peligro, se les ofreció ocultarse o huir, pero
prefirieron permanecer consolando a sus hermanos, celebrando la eucaristía y el
ministerio de la reconciliación. Testimoniaron su fidelidad a Cristo y a su
Iglesia no ocultaron su identidad de religiosos y jesuitas, ofreciendo sus
personas a seguir al Rey eternal en la pena hasta el derramamiento de la
sangre.
123.  Beato Tomás SITJAR FORTIÁ
(* Girona, 1866 + Cruz Blanca,
carretera de Albaida a Gandía, 19-VIII-1936). Superior de la residencia
de Gandía.
124.  Beato Constantino CARBONELL SEMPERE
(* Alcoi, 1866
+ Tavernes de Valldigna, Valencia, 23 agosto 1936).
125.  Beato Pedro
GELABERT AMER
(* Manacor, Mallorca, 1887 + Tavernes de Valldigna, Valencia,
23-VIII-1936).
126.  Beato Ramón GRIMALTOS MONLLOR
(* La Pobla Llarga,
Valencia, 1861 + Tavernes de Valldigna, 23 agosto 1936).
127.  Beato Pablo
BORI PUIG
(* Vilet de Maldá, Lérida, 1864 + Benimaclet, 29 septiembre
1936).
128.  Beato Vicente SALES GENOVÉS
(* El Grao de Valencia, 1881 +
Picadero de Paterna, 29 septiembre 1936).
129.  Beato José TARRATS
COMAPOSADA
(* Manresa, Barcelona, 1878 + Barcelona, 28 septiembre
1936).
130.  Beato Darío HERNÁNDEZ MORATÓ
(* Buñol, 1880 + Paterna, 29
septiembre 1936).
131.  Beato Narciso BASTÉ BASTÉ
(* San Andrés de
Palomar, Barcelona, 1866 + Paterna, 15 octubre 1936).
132.  Beato Alfredo
SIMÓN COLOMINA
(* Valencia, 1877 + Paterna, 29 noviembre
1936).
133.  Beato Juan Bautista FERRERES BOLUDA
(* L’Ollería, 1861 +
Cárcel de San Miguel de los Reyes de Valencia, 29 diciembre 1936). Murió víctima
de los sufrimientos padecidos antes de que llegaron los
asesinos.
134.  Beato Luis CAMPOS GÓRRIZ. Congregante mariano y antiguo
alumno de los Jesuitas; Seglar. Miembro de Acción Católica.
(* Valencia, 1905
+ Picadero de Paterna, 28óXI-1936).

I
Causa de la sociedad salesiana
de San Juan Bosco (Salesianos) S.D.B.
Los Salesianos martirizados en la
España republicana fueron 88, a los que se añaden dos Salesianas y cinco
seglares Cooperadores. La mayoría fueron asesinados por separado o en grupos
reducidos en lugares, situaciones y fechas muy diferentes, a causa de la
dispersión obligada en diversos domicilios muchas veces en grandes ciudades. La
mayor parte murieron sin ningún juicio previo, pocos con uno de mero trámite, y
sólo nos consta un juicio formal en el Tribunal de Espionaje y Alta Traición de
Barcelona: en él fue condenado a muerte el sacerdote don Julio Junyer Padern el
23 de marzo de 1938, sentencia que se cumplió al ser fusilado en los fosos
de Montju•c el 26 de abril de 1938.
La Provincia Salesiana Tarraconense en
aquellas fechas abarcaba: Cataluña, Valencia, Baleares y Aragón. Un buen grupo
de sus religiosos se hallaba en el Colegio Salesiano de Valencia, de la
calle Sagunto, practicando los Ejercicios Espirituales que todos los hijos de
Beato Bosco solían tener cada verano. Recordaremos primero a los salesianos
sacrificados junto con el Provincial, después a los que sufrieron la muerte en
Barcelona y, por último, a otros dispersos en otras diócesis.
El primer grupo
de Salesianos martirizados está formado por nueve religiosos de la Comunidad de
Valencia, detenidos todos ellos en julio de 1936 y ejecutados en lugares
distintos:
135.  Beato José CALASANZ MARQUÉS. Sacerdote, Inspector de la
Provincia Tarraconense.
(* Azanuy, Huesca, 23-XI-1872 + Valencia,
29-VII-1936).
136.  Beato Jaime BUCH CANALS. Coadjutor.
(* Bescan-,
Girona, 9-IV-1889 + El Saler de Valencia, 31-7-1936).
137. Beato Juan
MARTORELL SORIA. Sacerdote.
(* Picassent, Valencia, 1-IX-1889 + Valencia,
10-VIII-1936).
138. Beato Pedro MESONERO RODRÍGUEZ.
Clérigo.
(* Aldearrodrigo, Salamanca, 29-V-1912 + El Vedat de Torrent,
VIII-1936).
Los cinco que siguen, después de haber pasado algunos meses en
San Miguel de los Reyes y en la Cárcel Modelo de Valencia, fueron fusilados en
el Picadero de Paterna el 9 de diciembre de 1936.
139.  Beato Antonio MARTÍN
HERNÁNDEZ. Sacerdote.
(* Calzada de Béjar, Salamanca,
18-VII-1885).
140.  Beato Recaredo de los RÍOS FABREGAT.
Sacerdote.
(* Bétera, Valencia, 11-I-1893).
141.  Beato Julián RODRÍGUEZ
SÁNCHEZ. Sacerdote.
(* Salamanca, 16-X-1896).
142.  Beato José GIMÉNEZ
LÓPEZ. Sacerdote.
(* Cartagena, Murcia, 31-X-1904).
143.  Beato Agustín
GARCÍA CALVO. Coadjutor.
(* Santander, 3-II-1905).
A la Comunidad
Salesiana de Alcoy (Alicante) pertenecían:
144.  Beato José OTÍN AQUILÉ.
Sacerdote.
(* Huesca, 22-XII-1901 + Valencia, 1-XI-1936).
145.  Beato
Álvaro SANJUAN CANET. Sacerdote.
(* Alcocer de Planes, Alicante, 26-IV-1908 +
Villena, 2-X-1936).
Pertenecían a la Comunidad Salesiana de Sarriá
(Barcelona):
146.  Beato Francisco BANDRÉS SÁNCHEZ. Sacerdote.
(* Hecho,
Huesca, 24-IV-1896 + Barcelona, 3-VIII-1936).
147.  Beato Sergio CID PAZO.
Sacerdote.
(* Allariz, Orense, 24-IV-1884 + Barcelona,
30-VII-1936)
148.  Beato José BATALLA PARRAMÓN. Sacerdote.
(*
Abella, Lleida, 15-I-1873 + Barcelona, 4-VIII-1936).
149.  Beato José RABASA
BENTANACHS. Sacerdote.
(* Noves, Lleida, 26-VII-1862 + Barcelona,
8-VIII-1936).
150.  Beato Gil RODICIO RODICIO. Coadjutor.
(* Requejo,
Orense, 20-III-1888 + Barcelona, 4-VIII-1936).
151.  Beato Ángel RAMOS
VELÁZQUEZ. Coadjutor.
(* Sevilla, 9-III-1876 + Barcelona,
11-X-1936).
152.  Beato Felipe HERNÁNDEZ MARTÍNEZ. Estudiante de
Teología.
(* Villena, Alicante, 14-III-1913 + Barcelona,
27-VII-1936).
153.  Beato Zacarías ABADÍA BUESA. Clérigo.
(* Almuniente,
Huesca, 5-XI-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).
154.  Beato Jaime ORTIZ ALZUETA.
Coadjutor.
(* Pamplona, 24-V-1913 + Barcelona, 27-VII-1936).
155.  Beato
Javier BORDÁS PIFERER. Clérigo.
(* San Pol de Mar, Barcelona, 24-IX-14 +
Barcelona, 23-VII-1936).
156.  Beato Félix VIVET TRABAL. Clérigo.
(* San
Félix de Torelló, Barcelona, 23-I-1911 + Esplugues, Barcelona,
25-VIII-1936).
157.  Beato Miguel DOMINGO CENDRA. Clérigo.
(* Caseres,
Tarragona, 1-III-1909 + Prat de Compte, Tarragona, 12-VIII-1936).
De la
Comunidad Salesiana del Tibidabo, de Barcelona:
158.  Beato José CASELLES
MONCHO. Sacerdote.
( * Benidoleig, Alicante, 8-VIII-1907 + Barcelona,
27-VII-1936).
159.  Beato José CASTELL CAMPS. Sacerdote.
(*
Ciudadela, Menorca, 12-X-1902 + Barcelona, 28-VII-1936).
De la Comunidad
Salesiana de la calle de Rocafort, de Barcelona:
160.  Beato José BONET
NADAL. Sacerdote.
(* Santa Maria de Montmagastrell, Lleida, 26-XII-1875 +
Barcelona, 13-VIII-1936).
161.  Beato Jaime BONET NADAL. Sacerdote.
(*
Santa María de Montmagastrell, Lleida, 4-VIII-1884 + Tárrega, 18-VIII-1936).
Primo hermano del anterior.
De la Comunidad Salesiana
de Sant Vicent dels Horts, Barcelona:
162.  Beato Alejandro PLANAS SAURÍ.
Fiel laico, célibe.
(* Mataró, Barcelona, 31óX-1878 + Garraf, 19-XI-1936).
Conocido como “El Sord”, por lo que no pudo profesar como salesiano, aunque lo
fue por voluntad y dedicación.
163.  Beato Eliseo GARCÍA GARCÍA.
Coadjutor.
(* El Manzano, Salamanca, 25-VIII-1907 + Garraf,
19-XI-1936).
De la comunidad Salesiana de Gerona:
164.  Beato Julio JUNYER
PADERN. Sacerdote.
(* Vilamaniscle, Girona, 30-X-1892 + Montju•c,
26-IV-1938). Condenado a muerte el 23-X-1938, por el Tribunal de Espionaje y
Alta Traición, que manifestó su odio al sacerdote.
El 6 de septiembre de 1936
alcanzaron el martirio en Barcelona dos Hijas de María Auxiliadora, del colegio
de Santa Dorotea de Sarriá (Barcelona), unidas en su renuncia a la libertad para
atender a una hermana enferma, unidas también al dar la vida por
Cristo:
165.  Beata María del Carmen MORENO
BENÍTEZ, F.M.A.
(* Villamartín, Cádiz, 1885).
166.  Beata María Amparo
CARBONELL MUÑOZ, F.M.A.
(* Alboraia, Valencia, 9-XI-1893).
J
Causa de
los Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores, T.C.
Guiado por el
Espíritu, el padre Luis Amigó dijo a sus seguidores: Vosotros, zagales del Buen
Pastor, sois los que habéis de ir en pos de la oveja descarriada hasta volverla
al aprisco. Y no temáis perecer en los despeñaderos y precipicios en que os
habréis de poner para salvar la oveja perdida; ni os arredren zarzales ni
emboscadas. Les confió así la misión de ser, entre los niños y
jóvenes desadaptados, testigos del amor misericordioso de Cristo, que vino a
buscar al que estaba perdido.
Y consciente, además, de que el amor se
testifica desviviéndose por la persona amada, les invitó a que estuviesen
dispuestos a sacrificar incluso la propia vida en el servicio a sus muchachos. Y
al trasluz de la estampa del Buen Pastor, la vida de los
diecinueve amigonianos beatificados cobra un significado especial. Algo
similar sucede también con la vida de la laica amigoniana Carmen García Moyón. A
mediados de aquel año 1936, obligados por las autoridades, tuvieron que
abandonar muchas de las instituciones que regían a favor del menor desadaptado.
La mayoría de sus comunidades fueron dispersadas y sus bienes patrimoniales
enajenados, cuando no destruidos.
Todos ellos -con su actitud de dar
libremente la vida y de afrontar los últimos momentos de pie, como María, y con
las sandalias puestas, al estilo de quien no huye ante las dificultades-
constituyen un acabado ejemplo de lo que significa ser zagal del Buen
Pastor.
167.  Beato Vicente CABANES BADENAS. Sacerdote.
(* Torrent,
25-II-1908 + Bilbao, 30-VIII-1936). Después de haberle disparado cuatro tiros lo
dejaron por muerto, pero pudo ser llevado al hospital de Basurto, donde
murió.
168.  Beato José ARAHAL DE MIGUEL (Bienvenido María de Dos Hermanas).
Sacerdote.
(* Dos Hermanas, Sevilla, 17-VI-1887 + Madrid, 1-VIII-1936). Fue
martirizado bárbaramente, abierto en canal y expuesto su cuerpo al
público.
169.  Beato Salvador CHULIÁ FERRANDIS (Ambrosio María de Torrent).
Sacerdote.
(* Torrente, Valencia, 16-IV-1866 + Torrente,
18-IX-1936).
170.  Beato Manuel FERRER JORDÁ (Benito María de Burriana).
Hermano.
(* Burriana, Castellón, 26-XI-1872 + Masía de Calabra, Turís,
16-IX-1936).
171.  Beato Crescencio GARCÍA POBO. Sacerdote.
(* Celadas,
Teruel, 15-III-1903 + Madrid, 3-X-1936).
172.  Beato Vicente GAY ZARZO
(Modesto María de Torrent). Hermano.
(* Torrente, Valencia, 19-I-1885 +
Torrente, 18-IX-1936).
173.  Beato Urbano GIL SÁEZ
(* Albarracín, Teruel,
9-III-1901 + La Pobla de Vallbona, Valencia, 23-VIII-1936).
174.  Beato
Agustín HURTADO SOLER (Domingo María de Alboraya). Sacerdote.
(* Alboraya,
28-VIII-1872 + Madrid, 15-VIII-1936). Murió acribillado a
balazos.
175.  Beato Vicente JAUNZARÁS GÓMEZ (Valentín María de Torrente).
Sacerdote.
(* Torrente, Valencia, 6-III-1896 + Torrente,
18-IX-1936).
176.  Beato Salvador FERRER CARDET (Laureano María de Burriana).
Sacerdote.
(* Burriana, Castellón, 13-VIII-1884 + Masiá de Calabra, Turís,
16-IX-1936).
177.  Beato Manuel LEGUA MARTÍ (León María de Alacuás).
Sacerdote.
(* Alacuás, Valencia, 23óIV-1875 + Madrid,
26-IX-1936).
178.  Beato Justo LERMA MARTÍNEZ (Francisco María de Torrente).
Hermano.
(* Torrente, Valencia, 12-XI-1886 + Torrente,
18-IX-1936).
179.  Beato José María LLÓPEZ MORA (Recaredo María de Torrente).
Hermano.
(* Torrente, Valencia, 22-VIII-1874 + Torrente,
18-IX-1936).
180.  Beato José LLOSÁ BALAGUER. Hermano.
(* Benaguacil,
Valencia, 23-VIII-1901 + Benisanó, Valencia, 7-X-1936).
181.  Beato Pablo
MARTÍNEZ ROBLES (Bernardino María de Andújar). Hermano.
(* Andújar, Jaén,
28-I-1879 + Masiá de Calabra, Turís, 16-IX-1936).
182.  Beato Florentin PÉREZ
ROMERO. Sacerdote.
(*Valdecuenca, Teruel, 14-III-1904 + La Pobla de Vallbona,
Valencia, 23-VIII-1936).
183.  José María SANCHÍS MOMPÓ (Gabriel María
de Benifayó). Hermano.
(* Benifayó, Valencia, 8-X-1858 + Benifayó,
16-VIII-1936).
184.  Beato Francisco TOMÁS SERER. Sacerdote.
(* Alcalalí,
Alicante, 11-X-1911 + Madrid, 2-VIII-1936).
185.  Beato Timoteo VALERO PÉREZ.
Sacerdote.
(* Terriente, Teruel, 24-I-1901 + Vicálvaro, Madrid,
17-IX-1936).
Unida a este grupo, en el proceso canónico, está
también:
186.  Beata Carmen GARCÍA MOYÓN. Cooperadora laica.
(* Nantes,
Francia, 13-IX-1888 + Torrent, 30-I-1937). Después de haber intentado abusar de
ella, los milicianos la rociaron de gasolina y la quemaron viva.
K
Causa
del sacerdote del Sagrado Corazón de Jesús
(Dehoniano o
Reparadores) S.C.I.
Él mismo escribía al P. General con motivo de su
onomástica felicitándole y comunicándole su detención:
“Aquí me tiene
Reverendísimo Padre, detenido desde hace casi tres semanas, con ocasión de
proferir algunas frases de protesta por el horrendo espectáculo de las iglesias
quemadas y profanadas. ¡Dios sea bendito! ¡Hágase en todo su divina voluntad! Me
alegro mucho de poder sufrir algo por Él, que tanto sufrió por mí, pobre
pecador.” Parroquia de Santos Juanes de Valencia.
187.  Beato Mariano JUAN
MARÍA DE LA CRUZ GARCÍA MÉNDEZ
(* San Esteban de los Patos, Ávila, 1891 +
Silla, 23-VIII-1936). Párroco en la diócesis de Ávila desde 1916. En 1926
ingresó en la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de
Jesús.
L
Causa de los Hermanos de las Escuelas Cristianas F.S.C.
y
religiosas Carmelitas de la Caridad
188.  Beato Leonardo OLIVERA BUERA.
Capellán del Colegio de la Bonanova (Barcelona).
(* Campo,
Huesca, dióc. Barbastro, 6-III-1889 + El Saler de Valencia, 23-X-1936).
Los
tres religiosos siguientes formaban parte de la Comunidad del Colegio de
la Bonanova y fueron asesinados juntos el 23 de octubre de 1936
en Benimaclet (Valencia).
189.  Beato Ambrosio León (Pedro LORENTE
VICENTE)
(* Ojos Negros, Teruel, dióc. Zaragoza, 7-I-1914).
190.  Beato
Florencio Martín (Álvaro IBÁÑEZ L”ZARO)
(* Godos, Teruel, dióc. Zaragoza,
12-VI-1913).
191.  Beato Honorato Andrés (Andrés ZORRAQUINO HERRERO)
(*
Bañón, Teruel, dióc. Zaragoza, 18-IV-1908).
Los dos religiosos siguientes
formaban parte de la Comunidad de Cambrils (Barcelona) y fueron asesinados
juntos en Paterna (Valencia) el 22 de noviembre de 1936.
192.  Beato Elías
Julián (Julián TORRIJO SÁNCHEZ)
(* Torrijo del Campo,
17-XI-1900).
193.  Beato Bertrán Francisco (Francisco LAHOZ MOLINER)
(*
Campos, Teruel, 14-XII-1912).
LL
Religiosas Carmelitas de la
Caridad
(Vedrunas)
No todas murieron el mismo día y en el mismo lugar. Las
9 Hermanas de la comunidad de Cullera, el 9 de agosto en el Saler. Las 12 de la
Casa de la Misericordia de Valencia, en el Picadero de Paterna el 24 de
noviembre. Pura Ximénez y Maria Josefa del Río en el cruce Benicalap-Campanar,
el 24 septiembre. Ascensión Lloret, con su hermano escolapio,
en Tabernes de Valldigna el 7 de septiembre. La calidad evangélica de sus vidas,
se puede sintetizar de este modo:
1.  Fuerte sentido comunitario. Desde la
respuesta de H. Pedret: “Yo iré donde vaya la madre” -por anciana la querían
dejar- hasta aquella, “donde están la hijas debe estar la madre”, expresión de
la superiora de la Misericordia, en el pretendido intento de liberación por su
condición de catalana.
2.  Liderazgo que ejercen las dos superioras
de Cullera y Misericordia: Elvira Torrentallé y Niceta Plaja, de Cullera y
Misericordia respectivamente: “Hermanas nos llevan al Saler, cinco minutos y en
el cielo.” Así alentaba a sus hermanas camino del holocausto. Las dos pidieron
ser las últimas en la ejecución. Se sabe que Niceta Plaja, arrodillada exclamó:
“Me las entregaste Señor y te las entrego, cuando quieras.”
3.  Fidelidad y
amor a la misión: “sólo nos iremos cuando nos echen”. Muy lejos de lamentarse en
medio de los sufrimientos, sentían mucha pena por los asilados que habían
quedado huérfanos. Ellas, mujeres consagradas, llamadas a ser signo de la
ternura de Dios (VC 57), no podían olvidarlos. Supieron ser cada una “el testigo
fiel y ver” (Ap. 3, 14), con una confianza ilimitada en el Señor hasta más allá
de la muerte.
4.  Fuerte dimensión eucarística: aparece en el decurso de su
vida -horas de sagrario en tiempos libres y en fiestas- que culminará con el
“Cantemos al Amor de los amores”, que los árboles del Saler pudieron escuchar
como último testimonio de a amor y devoción entonado por la superiora y seguido
por todas en el momento del martirio.
5.  Clara conciencia del martirio y la
extraordinaria valentía, ánimo, serenidad y fortaleza con que lo
afrontaron.
194.  Beata Elvira TORRENTALLÉ PARAIRE, de la Natividad de
Nuestra Señora.
(* Balsareny, Barcelona, 29óVI-1883). Superiora de la
comunidad.
195.  Beata Rosa PEDRET RULL, de Nuestra Señora del Buen
Consejo.
(* Falset, Tarragona, 5óXII-1864) (murió en el camino cuando la
llevaban el 18 de agosto, para asesinarla).
196.  Beata María CALAF MIRACLE,
de Nuestra Señora de la Providencia.
(* Bonastre, Tarragona,
18óXII-1871).
197.  Beata Francisca de AMEZUA IBAIBARRIAGA, de Santa
Teresa.
(* Abadiano, Vizcaya, 9óIII-1881).
198.  Beata María Desamparados
GINER SIXTA, del Santísimo Sacramento.
(* El Grao de Valencia,
13óXII-1877).
199.  Beata Teresa CHAMBÓ Y PALET, de la Divina Pastora.
(*
Valencia, 5óII-1889).
200.  Beata Águeda HERNÁNDEZ AMORÓS, de Nuestra Señora
de las Virtudes.
(* Villena, Alicante, 5óI-1893).
201.  Beata María
Dolores VIDAL CERVERA, de San Francisco Javier.
(* Valencia,
31óI-1895).
202.  Beata María de las Nieves CRESPO LÓPEZ, de la Santísima
Trinidad.
(* Ciudad Rodrigo, Salamanca, 17óIX-1897).
Las tres religiosas
siguientes fueron martirizadas en otros lugares y fechas:
203.  Beata
Ascensión LLORET MARCO, de San José de Calasanz.
(* Gandía, 21óV-1879 +
7óIX-1936). Martirizada junto con su hermano Salvador, escolapio.
204.  Beata
María de la Purificación XIMÉNEZ XIMÉNEZ, de San José.
(* Valencia, 3óII-1871
+ Benicalap, Valencia, 23óIX-1936). Asesinada junto con su hermana
Sofía Ximénez (n.º 56) y el hijo de ésta, Luis y con la
siguiente.
205.  Beata María Josefa del RÍO MESSA, de Santa Sofía.
(*
Tarragona, 29óIV-1895 + Benicalap, Valencia,
23óIX-1936).
206.  Beata Niceta PLAJA XIFRA, de San Prudencia.
(* Torrent,
Girona, 31óX-1863). Superiora de la Casa de la Misericordia.
207.  Beata
Paula ISLA ALONSO, de Santa Anastasia.
(* Villalaín, Burgos,
28óVI-1863).
208.  Beata Antonia GOSENS SÁEZ DE IBARRA, de San Timoteo.
(*
Vitoria, 17óI-1870).
209.  Beata Daría CAMPILLO PANIAGUA, de Santa
Sofía.
(* Vitoria, 11óIX-1873).
210.  Beata Erundina COLINO VEGA, de
Nuestra Señora del Carmen.
(* Lagarejos, Zamora, dióc. Astorga,
23óVII-1883).
211.  Beata Consuelo CUÑADO GONZÁLEZ, del Santísimo
Sacramento.
(* Bilbao, 1óI-1884).
212.  Beata Concepción ODRIOZOLA
ZABALIA, de San Ignacio.
(* Azpeitia, Guipúzcoa, dióc. Vitoria,
8óII-1882).
213.  Beata Feliciana de URIBE ORBE, de Nuestra Señora del
Carmen.
(* Múgica, Vizcaya, dióc. Vitoria, 8óIII-1893).
214.  Beata
Concepción RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, de Santa Magdalena.
(* Santa Eulalia de las
Manzanas, León, dióc. Oviedo, 13óXII-1895).
215.  Beata Justa MAIZA
GOICOECHEA, de la Inmaculada.
(* Ataún, Guipúzcoa, dióc. Vitoria,
13óVII-1897).
216.  Beata Clara EZCURRA URRUTIA, de Nuestra Señora de la
Esperanza.
(* Mondragón, Guipúzcoa, dióc. Vitoria,
17óVIII-1896).
217.  Beata Cándida CAYUSO GONZÁLEZ, de Nuestra Señora de los
Ángeles.
(* Ubiarco, Santander, 5óI-1901).

M
Causa de una religiosa
servita
La vida de la Beata María Guadalupe, por su opción radical por la
oración, por su identificación plena con Cristo crucificado, por su devoción a
la Virgen y la firmeza en su consagración religiosa, nos descubre a los hombres
y mujeres de hoy, que una monja de clausura, aparentemente inútil e improductiva
a los ojos de nuestra sociedad, es testimonio vivo de la fe de la Iglesia
rebasando el odio del mundo con su mirada contemplativa y aplomo
cristiano.
218.  Beata María Guadalupe RICART OLMOS, del Monasterio Servita
del Pie de la Cruz, de Valencia.
(* Albal, Valencia, 23óII-1881 + Silla,
Valencia, 2óX-1936). Su cuerpo fue hallado monstruosamente destrozado y
desfigurado.

N
Causa de las religiosas de las Escuelas
Pías
(Escolapias)
Este grupo está formado por seis religiosas de la
Congregación de Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías y dos ex alumnas
uruguayas laicas. Así pues, ocho mujeres dedicadas exclusivamente a la
educación humanoócristiana de las niñas y jóvenes, a la promoción de la mujer,
según su carisma, fueron asesinadas.
219.  Beata María del Niño Jesús (María
BALDILLOU BULLIT)
(* Balaguer, Lleida, dioc. La Seu de Urgel,
6óII-1905).
220.  Beata Presentación de la Sda. Familia
(Pascuala Presentación GALLÉN MARTÍ)
(* Morella, Castellón de la
Plana, dióc. Tortosa, 20óXI-1872).
221.  Beata María Luisa de Jesús (María
Luisa GIRÓN ROMERA)
(* Bujalance, Córdoba, 25óVIII-1887).
222.  Beata
Carmen de San Felipe Neri (Nazaria GÓMEZ LEZAUN)
(* Eulz, Navarra, dióc.
Pamplona, 27óVII-1869)
223.  Beata Clemencia de San Juan Bautista (Antonia
RIBA MESTRES)
(* Igualada, Barcelona, 8óX-1893).
Estas cinco escolapias
del colegio de Valencia, dada la situación persecutoria y antirreligiosa
reinante en la ciudad, buscaron refugio en un piso de la calle de San Vicente,
que el 8 de agosto de 1936 fue asaltado por unos milicianos. En un coche fueron
llevadas a la playa del Saler, donde al amanecer de ese mismo día sellaron con
su sangre su vida de fidelidad al Señor.
224.  Beata María de Jesús (María de
la Encarnación DE LA IGLESIA Y DE VARO)
(* Cabra, Córdoba,
25óIII-1891).
225.  Beata Dolores AGUIAR-MELLA Y DÍAZ
(* Montevideo,
Uruguay, 29óIII-1897). De madre uruguaya y padre español.
226.  Beata
Consuelo AGUIAR-MELLA Y DÍAZ
(* Montevideo, Uruguay, 29óIII-1898).
Madre
María de la Iglesia y la laica uruguaya Dolores Aguiar-Mella desde finales de
julio de 1936 vivían refugiadas en un piso en Madrid. Su hermana Consuelo Aguiar
Mella con su familia. Después de haber pasado estos dos meses entre atropellos,
registros domiciliarios, todo tipo de amenazas y persecución, el 19 de
septiembre de 1936, Dolores fue detenida en la calle. Dos horas más tarde unos
milicianos fueron a buscar a M. María de la Iglesia al piso donde estaba
refugiada. Consuelo Aguiar-Mella, que en ese momento se encontraba allí para
conocer lo que había pasado con su hermana, la acompañó. Por su fe y
convicciones cristianas, claramente manifestadas, las tres fueron detenidas y
martirizadas a las afueras de Madrid. Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz son
las primeras beatas de Uruguay.
Ñ
Causa de una religiosa de la
Congregación de María Inmaculada
Misioneras Claretianas
Por muchos años
formadora de las jóvenes generaciones de claretianas y educadora en Carcagente.
Fundadora de la comunidad y colegio en Puerto de Sagunto. Sufrió la primera
persecución el año 1931. Entregó la vida por Cristo y su Evangelio ofreciéndola
por la paz y reconciliación.
227.  Beata María Patrocinio GINER GOMIS, de San
Juan.
(Tortosa, 4óI-1874 ó Portichol de Tavernes de Valldigna,
13óXI-1936).
O
Causa de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados
Las
dos religiosas pertenecían a la Comunidad de Requena (Valencia) y fueron
fusiladas juntas en el término municipal de Buñol (Valencia) el 8 de septiembre
de 1936.
228.  Beata Josefa de San Juan RUANO GARCÍA
(* Berja, Almería,
11óVII-1854).
229.  Beata Dolores de Santa Eulalia PUIG BONANY
(* Berga,
Barcelona, 12óVII-1857).

P
Causa de las Terciarias Capuchinas de la
Sagrada Familia
La forma de vida que las identificó como Terciarias
Capuchinas de la Sagrada Familia fue el seguimiento de Jesucristo como menores y
penitentes, según los ideales de San Francisco de Asís y el espíritu legado por
el Venerable Padre Luis Amigó, reflejado en las actitudes del Buen Pastor en la
misión específica de las obras de misericordia, corporales y espirituales, con
los más pobres y necesitados.
La Sagrada Familia de Nazaret, desde su vida
oculta y sencilla, fue para ellas modelo de oración, humildad, vida de familia y
disponibilidad a la Voluntad de Dios hasta el martirio.
En el ejercicio
humilde de su apostolado fueron sorprendidas por la persecución religiosa,
encontrando la muerte en Puzol y Gilet, localidades de la Provincia de Valencia
(España), donde demostraron la solidez de su fe y la fidelidad a sus
compromisos.
230.  Beata M. Victoria QUINTANA ARGOS (Rosario de Soano).
Religiosa TC.
(* Soano, Santander, 13-V-1866 + Puzol, Valencia,
22-VIII-1936).
231.  Beata María FENOLLOSA ALCAYNA (Francisca Javier
de Rafelbuñol)
(* Rafelbuñol, Valencia, 24-V-1901 + Gilet, Valencia,
27-IX-1936).
232.  Beata Manuela FERNÁNDEZ IBERO (Serafina
de Ochovi)
(Ochovi, Navarra, dióc. Pamplona, 6-VIII-1872 + Puzol, Valencia,
22-VIII-1936).

Q
Causa de la Diócesis de Lleida
Francisco realizó
sus estudios en las Escuelas de los Hermanos Maristas y concluyó los estudios
superiores técnicos en el Colegio “Instituto Químico” de los Padres Jesuitas y
especialmente en la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña (Franja de la
Acción Católica Española). Concluido sus estudios de Licenciado en Ciencias
Químicas trabajó en el Complejo Químico “Cros de Lleida” e inició su noviazgo
con la señorita María Pelegrí.
Llamado a cumplir el Servicio Militar como
soldado de cuota se encontró en medio de los acontecimientos del 19 de julio de
1936. Encarcelado en la noche del 21 al 22 de julio por los milicianos
republicanos, el 29 de septiembre fue sometido a juicio ante el Tribunal
popular, donde afirmó con voz clara y precisa su condición de católico: “Lo
referente al delito de ser católico -dijo-, soy muy a gusto delincuente, y si
mil vidas tuviera que dárselas a Dios, mil vidas le daría; así que no hace falta
que me defienda.”
233.  Beato Francisco Castelló Aleu
(Nacido el
19-IV-1914 en Alicante + el 29-IX-1936 en Lérida, 22 años). Miembro de la
Juventud de Acción Católica de
Cataluña.
Arriba
II.  CRÓNICA
2.1.  Crónica de la acogida de los
peregrinos. Aula Pablo VI del Vaticano
El sábado, 10 de marzo de 2001, en una
tarde primaveral romana, a partir de las 15’30 horas la plaza de San Pedro y la
hermosa columnata de Bernini se vieron inundadas por los miles de peregrinos,
casi todos españoles, que acudían al Aula de Pablo VI, para asistir al
espectáculo preparado en honor de los 233 Mártires, que al día siguiente iban a
ser Beatificados. Entre los peregrinos se encontraban una nutrida representación
del episcopado español.
La velada empezó a las 17’00 horas con la
presentación del acto, con breves y emotivas palabras, por Rafael
Álvarez Taberner, locutor de radio vaticano. Al finalizar invitó a ponerse en
pie a todos los familiares de los mártires. Se aproximaban a las 1.500 personas.
Imponía su presenciaé Siguió la actuación de un grupo
folklórico d’Albades Cultural deTorrent (Valencia), que obsequiaron y deleitaron
con sus bellos cantos y danzas típicas valencianas. Seguidamente intervino
Paloma Gómez Borrero, famosa y conocida periodista española, corresponsal de la
COPE en Roma. Le encargaron que sus palabras fueran un “canto a la mujer”, en
homenaje a las 67 mujeres mártires del grupo. Lo hizo con espontaneidad y
sencillez. Recordó anécdotas del Papa, en sus viajes, partiendo de ellas, hizo
alusión a frases y hechos de los mártires.
En el centro de la velada se
presentó el Oratorio titulado: Sicut lilium Inter. spinas, del profesor
Aurelio Porfirio, y fue interpretado por el
coro Juilate Deo, Scuola T. Ludoviscode Vitoria, dirigido por Hna. M.»
Dolores Aguirre, CCV. Era una mezcla de música de órgano, solistas, coro y
danzas sobre un doble hilo conductor: unas serie de siete cartas leídas de una
madre a su hijo religioso, que estaba en peligro de muerte por su fe, en la
última ya conoce la noticia del martirio, y el texto cantado de Stabat Mater. El
sufrimiento de la madre del misionero se hacía eco con el sufrimiento de María.
Terminó el Oratorio con una apoteosis final: tres jóvenes bailaron una
danza-ballet, y jóvenes y niños con túnicas blancas subieron al escenario y
formaron un gran círculo en tormo a la figura central. El coro, mientras tanto,
acompañaba la escena con el canto de AMÉN, ALELUYA.
El emotivo y profundo
encuentro de espectáculo y oración, se cerró con unas sentidas palabras de don
Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, matizando el sentido de esta
conmemoración. Agradeció el trabajo de los postuladores para llegar a aquel
final feliz de las Causas, y los invitó a subir junto a él. El público los
acogió con un fuerte aplauso. Fue una velada dignísima. Las horas vividas en el
Aula de Pablo VI, abarrotada de público, pasaron rápidas y dejaron
huella.
Arriba

2.2.  Crónica de la solemne ceremonia de la
Beatificación
El domingo 11 marzo, el Santo Padre beatificó en la plaza de
San Pedro al sacerdote José Aparicio Sanz y doscientos treinta y dos compañeros
martirizados en España entre 1936 y 1939: sacerdotes diocesanos, religiosos,
religiosas, personas casadas y solteras de todas las profesiones; miembros de la
Acción Católica y de otros movimientos eclesiales. Son los primeros beatos del
tercer milenio. Con ellos, Juan Pablo II ha beatificado desde el comienzo de su
pontificado a 1.227 siervos de Dios.
La ceremonia comenzó a las 10’00 de la
mañana. El Papa hizo su ingreso en la plaza por la puerta central del templo.
Después del rito de introducción, se acercaron al altar para pedir la
beatificación Mons. Agustín García-Gasco Vicente, Arzobispo de Valencia; el
Cardenal Ricardo María Carles Gordó, Arzobispo de Barcelona, y Mons.
Francisco CiuranetaAymi, Obispo de Lérida, con los catorce postuladores de las
dieciséis causas. En nombre de todos Mons. Agustín García-Gasco pidió al Romano
Pontífice que beatificara a los doscientos treinta y tres siervos de Dios; a
continuación leyó unas breves notas biográficas de casi todos. Menos las de los
seis franciscanos conventuales, que leyó el CardenalCarles Gordó, y la de
Francisco de Paula Castelló i Aleu, que leyó el Obispo de Lérida. Su Santidad
pronunció la fórmula de beatificación y estableció que de ahora en adelante se
pueda celebrar su fiesta, en los lugares y del modo que marca el derecho, el día
22 de septiembre. La asamblea asintió con el canto del “Amén”. Y un gran
aplauso, mientras se iba descubriendo el tapiz, que colgaba del balcón central
de la fachada de la basílica; al mismo tiempo, el coro de la
capilla Sixtina cantaba el “Tibi Laus, Domine”, alternándose con la asamblea,
que cantaba el “Christus vincit”. Mons. Agustín García-Gasco Vicente, en nombre
de los Ordinarios de las diócesis en que murieron los nuevos beatos, dio las
gracias al Santo Padre.
La primera lectura, el salmo responsorial y la
proclamación del evangelio se hizo en castellano; la segunda lectura en
italiano; y el versículo antes del evangelio se cantó en latín. Su Santidad
pronunció la homilía que publicamos en estas páginas. La plegaria universal de
los fieles se hizo en italiano, español, francés e inglés. Entre los más de
cincuentaconcelebrantes se hallaban, además de los prelados que postularon la
beatificación, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela,
presidente de la Conferencia episcopal española, los arzobispos: Elias Yanes, de
Zaragoza; Lluís Martínez, de Tarragona; Agostino Superbo, Potenza-Muro
Lucano-Marsico Nuovo (Italia), asistente eclesiástico de la Acción Católica
italiana; Nicolás Cotungo Fanizzi, s.d.b., de Montevideo; José
Sebastián Laboa, nuncio apostólico; Edward Nowak, secretario de la Congregación
para las Causas de los Santos; los obispos: José Maria Guie, de Vich; Victorio
Oliver, de OrihuelaóAlicante; Antonio Vilaplana, de León; José Vilaplana, de
Santander; Francisco Javier Martínez, de Córdoba; Antonio “ngel Algara, de
Teruel; Braulio Rodríguez, de Salamanca; Joaquín Carmelo Borobia, de Tarazona;
Miguel JoséAsurmendi, s.d.b., de Vitoria; Julián López, de Ciudad Rodrigo; Juan
Antonio Reig, de Segorbe-Castellón de la Plana; Jesús Esteban Catalá, de Alcalá
de Henares, y Adolfo González, de “vila. Entre los concelebrantes se hallaba
también el maestro general de los dominicos, el maestro general de los
franciscanos conventuales y el de los franciscanos capuchinos, el prior general
de los Siervos de María, el propósito general de los escolapios, el superior
general de los claretianos, el de los dehonianos y el de los terciarios
capuchinos de la Virgen de los Dolores, así como un consejero general de los
jesuitas y de los salesianos, y el provincial de los franciscanos en España.
Asistieron a la ceremonia quince cardenales, entre ellos
José Saraiva Martins, c.m.f., prefecto de la Congregación para las causas de los
santos; y los españoles: Eduardo Martínez Somalo, camarlengo de la santa Iglesia
romana y prefecto de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y
las sociedades de vida apostólica; Antonio María Javierre Ortas, s.d.b., y
Francisco “lvarez Martínez, arzobispo de Toledo. Participaron, asimismo, varios
arzobispos y obispos, entre ellos el arzobispo Justo Mullor García, presidente
de la Academia eclesiástica pontificia, y los obispos Cipriano Calderón,
vicepresidente de la Comisión pontificia para América Latina;
José Luis Redrado, o.h., secretario del Consejo pontificio para la pastoral de
la salud, y Javier Echevarría, prelado del Opus Dei. Con el Cuerpo diplomático
estaban el Arzobispo Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, y
Mons. Pedro López Quintana, asesor para los asuntos generales de la Secretaría
de Estado. En puestos reservados se hallaban la delegación oficial de España,
presidida por el ministro Jaume Matas Palou, y la del Uruguay, presidida por el
ministro secretario de la Presidencia de la República, Raúl Lago. Asistió al
sagrado rito una gran asamblea de fieles de todas las diócesis de origen de los
mártires y numerosos miembros de las órdenes y congregaciones religiosas a las
que pertenecieron.
Varios familiares de los mártires intervinieron en
diferentes momentos del sagrado rito, como en la presentación de las reliquias y
de las ofrendas o en la proclamación de las intenciones de la oración de los
fieles.
Al final de la misa, el Santo Padre saludó a los peregrinos y rezó
con los fieles el Ángelus. Luego, saludó a las delegaciones oficiales y subió al
coche descubierto, en el que recorrió la plaza bendiciendo y saludando a todos
los asistentes.
Arriba
2.3.  Crónica de la Misa de Acción de Gracias en
San Pedro del Vaticano
Para las 9’30 horas del día 12 de marzo estaba
programada, en la Basílica de San Pedro, la Eucaristía de acción de gracias por
la glorificación de los nuevos 233 Beatos Mártires. La Basílica Vaticana estaba
repleta de peregrinos.
Como preparación para la ceremonia se rezaron las
letanías de los Beatos Mártires. Emocionaba oír sus nombres, uno a uno, en la
gran basílica, desde el altar de la Confesión, donde Pedro, sucesor y Vicario de
Jesús, fue el primer Papa mártir. Los mártires eran personas cercanas. A nuestro
lado se encontraban muchos de sus familiares: hijos, esposas, hermanos,
sobrinos, hermanos de Congregación, y eso creaba un ambiente especial en la
Asamblea.
El Arzobispo de Valencia presidió la magna concelebración en el
altar papal, bajo el imponente baldaquino de Bernini. Eran más de 500
sacerdotes concelebrantes, entre los cuales habían unos 20 Arzobispos y Obispos.
El Cardenal Arzobispo de Barcelona, Ricardo María Carles, revestido de
capisayos, ocupó un sitio distinguido. El Seminario Metropolitano de Moncada
tuvo a su cargo los distintos ministerios litúrgicos y los cantos. Los fieles
tuvieron a su disposición un folleto para seguir la ceremonia.
La homilía
estuvo a cargo del Arzobispo de Valencia. Había vivido el proceso de los
mártires de su diócesis con entusiasmo y se notaba. Los presentó como ejemplos
de vida y testimonio para todos; impulso para vivir a fondo nuestro
cristianismo.
Al terminar la Eucaristía se reanudó el rezo de las letanías de
los Beatos Mártires que faltaban por haberse interrumpido la lectura al comenzar
la Misa. Y fuera de programa, como un grito de gratitud a María, se entonó el
himno a la Virgen de los Desamparados en valenciano. Quizá fue la primera vez
que resonó en la basílica vaticana este himno, cantado con todo el entusiasmo y
fervor. Siguió el himno de la Virgen de Montserrat, mientras se esperaba de un
momento a otro la llegada del Papa Juan Pablo II para la Audiencia de los
peregrinos.
Hacia las 12’00 horas, cuando se terminaba la ceremonia de acción
de gracias, la llegada de los guardias suizos a la basílica anunció la del Papa
Juan Pablo II para la Audiencia con los peregrinos.
Su presencia fue acogida
con vibrantes aplausos y disparos de flash sin interrupción, mientras el Papa
atravesaba hasta llegar al altar de la confesión, donde ocupó su sede. Desde
allí repetidas veces saludó a los asistentes, que no cesaban de aplaudir y
vitorear al Papa. Tenía a su lado a los cardenales de Madrid y Barcelona.
En
su alocución en español, después de saludar a los prelados españoles, a las
autoridades civiles y religiosas, a los familiares de los mártires y a los
fieles, presentó a los mártires como un gran cuadro del evangelio de las
Bienaventuranzas. Los 233 Mártires constituían un gran abanico en el que se
podían contemplar todas las vocaciones cristianas. Había jóvenes laicos, padres
y madres de familia, religiosos, sacerdotes. La santidad es para todos. Por
último afirmó que la herencia de los mártires nos reclama a guardar su memoria y
ser testigos vivos y visibles de la Buena Nueva, para los tiempos nuevos:
testigos de amor, de unidad y de paz. Un reto para todos los asistentes; buen
programa de vida cristiana.
El cerrado y prolongado aplauso de la Asamblea
acogió con entusiasmo sus sentidas y profundas palabras, llenas de amor a la
nación española, a quien invitó a seguir las rutas de santidad, marcadas desde
los comienzos del cristianismo por tantas hijas e hijos, lumbreras de santidad
en la Iglesia universal.
A continuación las autoridades, familiares de los
mártires, Superiores Generales y Postuladores pasaron a saludar al Papa. Una vez
terminado el besamanos impartió la bendición a la Asamblea y fue despedido entre
aplausos, cánticos y manifestaciones de amor y
alegría.
Arriba
2.4.  Crónica de la solemne Misa de Acción de Gracias en
la Catedral de Valencia
La Seo Valentina resultó insuficiente para albergar a
todos los fieles que quisieron participar en la Misa de Acción de Gracias por la
Beatificación de los 233 mártires, la mayoría de ellos de nuestra Diócesis. El
Sr. Arzobispo dispuso que ésta tuviese lugar el día 3 de mayo. No fue
coincidencia sino expresa voluntad del Prelado porque el 3 de mayo se celebra la
Cruz Gloriosa de Pascua Florida. Mons. Agustín García-Gasco Vicente, acompañado
de sus Obispos Auxiliares y de un gran número de sacerdotes, presidió la magna
Concelebración Eucarística. La Catedral se revistió con los elementos de las
grandes solemnidades.
Muchos de los asistentes conocieron a los nuevos
Beatos, era lógico que en la Catedral se advirtiese un clima de alegría y
agradecimiento a Dios Nuestro Señor. Familiares, conciudadanos, compañeros de
congregación, postuladores llegados de Roma, superiores generales y provinciales
llenaron las amplias naves del Primer Templo de la diócesis.
Como retablo se
instaló el lienzo de José Grassa “La glorificación de los mártires valencianos”.
En el cimborio, en la vertical del altar mayor, estaba colocado el tapiz que el
día de la beatificación estuvo colgado en la Basílica de San Pedro del Vaticano,
el cual representaba la cruz martirial de San Vicente. La arqueta de plata que
contenía las Venerables Reliquias de los Beatos presidió la ceremonia.
La Schola Cantorum d’Algemesí acompañada de órgano y orquesta creó un
ambiente solemne y de recogimiento. Interpretó cantos en gregoriano y obras
de Híndel, Victoria, Mozart, Romeu, etc.
El Sr. Arzobispo en su homilía, que
se publica en este mismo boletín, dijo que la Iglesia de Valencia se sentía
orgullosa ante un grupo tan numeroso de Mártires y sentía la necesidad de
rendirles un agradecido homenaje.
Al concluir la Misa, el relicario fue
trasladado por cuatro diáconos revestidos con dalmáticas al lugar donde
permanecerá para la veneración de los fieles, bajo la mesa del altar del mártir
sacerdote y religioso valenciano San Jacinto Castañeda, en la capilla de la
girola dedicada, en adelante, a los Mártires del
siglo xx.
Arriba
III.  DOCUMENTOS
3.1.  Decreto acerca del martirio de
la Congregación para las Causas de los Santos
Congregación para las Causas de
los Santos
Diócesis de Valencia
Beatificación-Declaración del
Martirio
de los siervos de Dios
José Aparicio Sanz
y LXXIII
compañeros
sacerdotes diocesanos, laicos y laicas
(
+ 1936-1937)
DECRETO ACERCA DEL MARTIRIO
“Toda lengua proclame:
¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre” (Fil 2, 11).
La fe en
Jesucristo, humillado en su muerte de Cruz y glorificado por Dios Padre en su
resurrección de entre los muertos y ascensión al cielo, es la luz que
resplandece en el rostro de sus discípulos, que le anunciaron como Señor del
Universo.
Muchos católicos españoles dieron un admirable testimonio de fe con
generosidad durante la persecución que en los años 1936-1939 atacó con furia a
la Iglesia. En aquel momento un gran número de obispos, presbíteros, religiosos,
religiosas y laicos, por la fuerza del Espíritu Santo permanecieron fieles al
Divino Maestro en medio de peligros y tribulaciones y dieron el máximo
testimonio de caridad en su muerte. Muchas regiones de España fueron regadas con
la sangre de los mártires, y donde las tinieblas de odio y violencia fueron más
espesas, allí se mostró con mayor claridad el esplendor del testimonio
cristiano. Esto sucedió también en la Archidiócesis de Valencia, en la cual
muchos hombres y mujeres siguieron a Cristo en su camino de la cruz y fueron
inmolados por él. De esta apretada muchedumbre forman parte treinta y siete
presbíteros diocesanos, dieciocho laicos varones y diecinueve laicas, a los que
recordamos aquí con admiración y piedad. Aquellos presbíteros se dedicaban al
ministerio pastoral; los laicos y laicas eran cristianos fervorosos, entregados
a labores apostólicas, y entre ellos muchos pertenecían a la Acción Católica y a
otras asociaciones similares. Unos pasaron por las molestias e indignidad de la
cárcel, donde se prepararon a su muerte mediante la oración y las obras de
caridad para con los compañeros de cautiverio; otros debieron soportar en los
últimos instantes de su vida graves daños y violencias, así como proposiciones
lisonjeras y exhortaciones a abandonar la fe, prometiéndoles en tal caso la
libertad. Todos se dirigieron al lugar del martirio con ánimo valeroso y con el
corazón lleno de esperanza en el premio eterno, y también perdonando a sus
perseguidores. Por las actas judiciales sabemos que muchos de los setenta y
cuatro testigos de Cristo, antes de entregar su alma a Dios, profesaron
abiertamente su fe gritando “Viva Cristo Rey”, u otras exclamaciones
similares.
Los nombres de estos dignísimos hijos de la Iglesia son los
siguientes:
I.  Presbíteros diocesanos
1.  José Aparicio Sanz. Nació en
Enguera el 12 de marzo del año 1893. Fue ordenado sacerdote en el año 1916 y se
dedicó al ministerio pastoral en varias parroquias; cuando fue detenido era
arcipreste de su pueblo natal, donde era muy estimado por su piedad y
ejemplaridad de vida. Fue matado a los 43 años de edad, el 29 de diciembre del
año 1936, junto con su coadjutor Enrique Juan Requena.
2.  Fernando
González Añón, párroco de Turís; fue matado a los 50 años de edad, el 27 de
agosto del año 1936.
3.  Juan Ventura Solsona, arcipreste de Villahermosa del
Río; fue matado a los 61 años, el 17 de septiembre del año 1936.
4.  José
Ruiz Bruixola, párroco de San Nicolás de Valencia; fue matado a los 79 años de
edad, el 28 de octubre del año 1936.
5.  Ramón Martí Soriano, administrador
parroquial de Vallada; fue matado a los 34 años de edad, el 27 de agosto del año
1936.
6.  Joaquín Vilanova Camallonga, coadjutor de Ibi; fue matado a
los 48 años de edad, el 27 de julio del año
1936.
7.  Enrique Morant Pellicer, párroco de Bárig; fue matado a los 28
años de edad, el 15 de agosto del año 1936.
8.  Carmelo Sastre Sastre,
párroco de Piles; fue matado a los 46 años de edad, el día 15 de agosto del año
1936.
9.  Vicente Ballester Far, capellán de las Agustinas Descalzas
de Jávea; muerto a los 42 años de edad, el día 24 de septiembre de
1936.
10.  Ramón Esteban Bou Pascual, administrador parroquial de Planes; fue
matado a los 33 años de edad, el 17 de octubre del año 1936.
11.  Pascual
Ferrer Botella, capellán de San Vicente de Algemesí; muerto a los 42 años de
edad, el 24 de septiembre de 1936.
12.  Enrique Juan Requena, coadjutor de
Enguera; fue matado a los 33 años de edad, el 29 de diciembre del año
1936.
13.  Elías Carbonell Mollá, coadjutor de Concentaina; fue matado a los
67 años de edad, el 2 de octubre del año 1936.
14.  Juan Carbonell Mollá,
coadjutor de Concentaina; fue matado a los 62 años de edad, el 2 de octubre del
año 1936, junto con su hermano, el anterior Siervo de Dios
Elías.
15.  Pascual Penadés Jornet, administrador parroquial de Bélgida; fue
matado a los 42 años de edad, el 15 de septiembre del año
1936.
16.  Salvador Ferrandis Seguí, párroco de Pedreguer; fue matado a los
56 años de edad, el 3 de agosto del año 1936.
17.  José Toledo Pellicer,
coadjutor de Bañeres; fue matado a los 27 años de edad, el 10 de agosto del año
1936.
18.  Fernando García Sendra, administrador parroquial de Sagra; fue
matado a los 31 años de edad, el 18 de septiembre del año 1936.
19.  José
García Mas, capellán de Pego; muerto a los 40 años de edad, el 18 de septiembre
del año 1936.
20.  José María Segura Penadés, coadjutor de Onteniente; fue
matado a los 40 años de edad, el 11 de septiembre del año
1936.
21.  Salvador Estrugo Solves, capellán del hospital de Alberique; fue
matado a los 74 años de edad, el 21 de agosto del año
1936.
22.  Vicente Sicluna Hernández, párroco de Navarrés; de 77 años de
edad, caído el 22 de septiembre del año 1936.
23.  Vicente María
Izquierdo Alcón, administrador parroquial de la Puebla de Farnals; fue matado a
los 45 años de edad, el 18 de agosto de 1936.
24. José
María Ferrándiz Hernández, arcipreste de Alcoy; fue matado a los 57 años de
edad, el 24 de septiembre del año 1936.
25.  Francisco Ibáñez Ibáñez, abad de
la colegiata de Játiva; fue matado a los 60 años de edad, el 19 de agosto del
año 1936.
26.  José González Huguet, párroco de Cheste; fue matado a los 62
años de edad, el 12 de octubre del año 1936.
27.  José Fenollosa Alcayna,
canónigo valenciano; fue matado a los 33 años de edad, el 27 de septiembre del
año 1936.
28.  Félix Yuste Cava, párroco de los Santos Juan y Vicente de
Valencia; muerto a los 49 años de edad, el 14 de agosto del año
1936.
29.  Vicente Pelufo Corts, capellán del Asilo de Alcira; fue matado a
los 68 años de edad, el 22 de septiembre del año 1936.
30.  José Canet Giner,
coadjutor en Catamarruch; fue matado a los 33 años de edad, el 4 de octubre del
año 1936.
31.  Francisco Sendra Ivars, administrador parroquial de Calpe; fue
matado a los 37 años de edad, el 4 de septiembre del año
1936.
32.  Diego Llorca Llopis, coadjutor de Benissa; fue matado a los 40
años de edad, el 6 de septiembre del año 1936.
33.  Alfonso Sebastiá Viñals,
director de la Escuela de Formación social de Valencia; fue matado a los 26 años
de edad, el 1 de septiembre del año 1936.
34.  Germán Gozalvo Andreu, fue
muerto pocas semanas después de su ordenación sacerdotal, a los 23 años, el 22
de septiembre del año 1936.
35.  Gonzalo Viñes Masip, canónigo de la
Colegiata de Játiva; fue matado a los 53 años de edad, el 10 de diciembre del
año 1936.
36.  Vicente Rubiols Castelló, párroco de Puebla Larga; fue matado
a los 64 años de edad, el 14 de agosto del año 1936.
37.  Antonio Silvestre
Moya, administrador parroquial de Santa Tecla en Játiva; fue matado a los 44
años de edad, el 8 de agosto del año 1936.
Estos sacerdotes fueron
considerados mártires de la fe después de su muerte; por lo cual el Arzobispo de
Valencia inició la Causa de beatificación-declaración de martirio mediante el
Proceso Ordinario Informativo en los años 1957-1971, cuya autoridad y valor fue
reconocida por la Congregación para las Causas de los Santos mediante decreto
promulgado el 15 de mayo del año 1998.

II.  Laicos
1.  Rafael Alonso
Gutiérrez, padre de familia; fue matado a los 46 años de edad, el 11 de agosto
del año 1936.
2.  Marino Blanes Giner, padre de familia; fue matado a los 48
años de edad, el 21 de julio del año 1936.
3.  José María Corbín Ferrer,
soltero; fue matado a los 22 años de edad, el 27 de diciembre del año
1936.
4.  Carlos Díaz Gandía, padre de familia; fue matado a los 29 años de
edad, el 11 de agosto del año 1936.
5.  Salvador Damián Enguix Garés, padre
de familia, viudo; fue matado a los 74 años de edad, el 28 de octubre del año
1936.
6.  Ismael Escrihuela Esteve, padre de familia; fue matado a los 34
años de edad, el 8 de septiembre del año 1936.
7.  Juan
Bautista Faubel Cano, padre de familia; a los 47 años de edad fue matado, el 28
de agosto del año 1936.
8.  José Ramón Ferragud Girbés, padre de familia;
fue matado a los 49 años de edad, el 24 de septiembre del año
1936.
9.  Vicente Galbis Gironés, padre de familia; fue matado a los 26 años
de edad, el 21 de septiembre del año 1936.
10.  Juan Gonga Martínez, soltero;
fue muerto a los 25 años de edad, el 13 de noviembre del año
1936.
11.  Carlos López Vidal, padre de familia; fue matado a los 42 años de
edad, el 6 de agosto del año 1936.
12.  José Medes Ferrís, casado; fue matado
a los 51 años de edad, el 12 de noviembre del año 1936.
13.  Pablo Meléndez
Gonzalo, padre de familia; fue matado a los 60 años de edad, el 23 de diciembre
del año 1936.
14.  José Perpiñá Nácher, casado; fue matado a los 25 años de
edad, el 29 de diciembre del año 1936.
15.  Arturo Ros Montalt, padre de
familia; fue matado a los 35 años de edad, el 28 de agosto del año
1936.
16.  Pascual Torres Lloret, padre de familia; fue matado a los 51 años
de edad, el 6 de septiembre del año 1936.
17.  Manuel Torró García, casado;
fue matado a los 34 años de edad, el 21 de septiembre del año 1936.
18.  José
María Zabal Blasco, padre de familia; fue muerto a los 38 años de edad, el 8 de
diciembre del año 1936.
Desde el día de su muerte estos siervos de Dios
resplandecieron por la fama del martirio; por lo cual el Arzobispo de Valencia
instruyó el Proceso Ordinario Informativo en los años 1959-1975 sobre el
martirio [atribuido], al que siguió el Rogatorial en Santander. El decreto sobre
la autoridad y valor de estos procesos fue promulgado por la Congregación para
las Causas de los Santos el 22 de mayo del año
1998.

III.  Laicas
1.  Amalia Abad Casasempere, madre de familia,
viuda; fue muerta a los 38 años de edad, el 28 de septiembre del año
1936.
2.  Ana Aranda Riera, soltera; fue matada a los 48 años de edad, el 14
de octubre del año 1936.
3.  Florencia Caerols Martínez, soltera; fue
matada a los 46 años de edad, el 1 de octubre del año 1936.
4.  María
Climent Mateu, soltera; fue matada a los 49 años de edad, el 20 de agosto del
año 1936.
5.  Társila Córdoba Belda, madre de familia, viuda; fue matada a
los 75 años de edad, el 17 de octubre del año
1936.
6.  Francisca Cualladó Baixauli, soltera; fue matada a los 46 años
de edad, el 19 de septiembre del año 1936.
7.  María Teresa Ferragud Roig,
madre de familia, viuda; fue matada a los 83 años junto con sus cuatro hijas
Religiosas, el 25 de octubre del año 1936.
8.  Luisa María Frías Cañizares,
soltera; fue matada a los 40 años de edad, el 6 de diciembre del año
1936.
9.  Encarnación Gil Valls, soltera; fue matada a los 48 años, junto
con su hermano sacerdote don Gaspar, el 24 de septiembre del año
1936.
10.  María del Pilar Jordá Botella, soltera; fue matada a los 31 años
de edad, el 26 de septiembre del año 1936.
11.  Herminia Martínez Amigó,
madre de familia; fue matada los 49 años de edad junto con su marido, el 27 de
septiembre del año 1936.
12.  María Luisa Montesinos Orduña, soltera; fue
matada a los 36 años de edad, el 28 de enero del año
1937.
13.  Josefa Moscardó Montalvá, soltera; fue matada a los 56 años de
edad, el 22 de septiembre del año 1936.
14.  María del Olvido
Noguera Albelda, soltera; fue matada a los 33 años de edad junto con su hermano,
el 26 de septiembre del año 1936
15.  Crescencia Valls Espí, soltera; fue
matada junto con tres hermanas a los 73 años de edad, el 26 de septiembre del
año 1936.
16.  María de la Purificación Vidal Pastor, soltera; fue matada a
los 44 años de edad, el 22 de septiembre del año 1936.
17.  María del
Carmen Viel Ferrando, soltera; fue matada a los 43 años de edad, el 5 de
noviembre del año 1936.
18.  Pilar Villalonga Villalba, soltera; muerta a los
45 años de edad, el 11 de diciembre del año 1936.
19.  María Sofía
Teresa Ximénez Ximénez, madre de familia, viuda; fue matada a los 60 años de
edad, junto con su hijo y otros familiares, el 23 de septiembre del año
1936.
El Pueblo de Dios consideró a estas discípulas de Cristo como
verdaderas mártires de la fe; por lo cual el Arzobispo de Valencia instruyó el
Proceso Ordinario Informativo en los años 1955-1956, para reunir la
documentación del martirio [atribuido]. La autoridad y valor de este proceso fue
reconocida por la Congregación para las Causas de los Santos el 4 de julio del
año 1997.
Posteriormente la Congregación para las Causas de los Santos,
escuchando las peticiones de las Postulaciones, concedió que las Causas de los
Siervos y Siervas de Dios que hemos recordado más arriba, fueran reunidas en una
sola Causa. Una vez preparada la Positio, se trató si la muerte de José Aparicio
Sanz y sus LXXIII Compañeros se podía considerar como verdadero martirio. El 26
de noviembre del año 1999 se tuvo, con resultado positivo, la reunión particular
de Consultores teólogos. Después los Cardenales y los Obispos, en Sesión
ordinaria del día 5 de diciembre del año 2000, escuchada la relación del Ponente
de la Causa, el Excelentísimo Señor Ottorini Pedro Alberto, Arzobispo
deCagliari, declararon que estos Siervos de Dios fueron matados por odio a la fe
y que habían entregado su vida por Cristo y por la Iglesia.
Acerca de todo lo
cual, informado por el Prefecto que suscribe, el Sumo Pontífice Juan Pablo II,
recibiendo las peticiones de la Congregación para las Causa de los Santos y
teniéndolas por legítimas, ordenó que se preparara el decreto sobre el martirio
de los Siervos de Dios conforme a derecho.
Una vez hecho esto, llamados ante
Él hoy el infrascrito Prefecto, el Ponente de la Causa y yo, Obispo Secretario
de la Congregación, y estando presentes los restantes que, según la costumbre,
son convocados, el Santo Padre declaró que: Consta acerca del martirio y de la
causa de los Siervos de Dios José Aparicio Sanz y sus LXXIII Compañeros
Sacerdotes diocesanos, Laicos y Laicas, matados en los años 1936-1937, en el
caso y para el efecto que se trata.
Su Santidad quiso que se publicara este
decreto y se guardara en las actas de la Congregación para las Causas de los
Santos.
Dado en Roma, el 18 de diciembre de
2000.
José Saraiva Martins
Arzobispo Titular
de Thuburnica
Prefecto
Eduardo Nowak
Arzobispo Titular
de Lumi
Secretario
Arriba
3.2.  Homilía del Santo Padre Juan Pablo
II
Domingo 11 de marzo de 2001
Amados hermanos y hermanas:

1.  “El
Señor Jesucristo transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su
condición gloriosa” (Flp 3, 21). Estas palabras de San Pablo que hemos escuchado
en la segunda lectura de la liturgia de hoy, nos recuerdan que nuestra verdadera
patria está en el cielo y que Jesús transfigurará nuestro cuerpo mortal en un
cuerpo glorioso como el suyo. El Apóstol comenta así el misterio de la
Transfiguración del Señor que la Iglesia proclama en ese segundo domingo de
Cuaresma. En efecto, Jesús quiso dar un signo y una profecía de su Resurrección
gloriosa, en la cual nosotros estamos llamados también a participar. Lo que se
ha realizado en Jesús, nuestra Cabeza, tiene que completarse también en
nosotros, que somos su Cuerpo.
Éste es un gran misterio para la vida de la
Iglesia, pues no se ha de pensar que la transfiguración se producirá sólo en el
más allá, después de la muerte. La vida de los santos y el testimonio de los
mártires nos enseñan que, si la transfiguración del cuerpo ocurrirá al final de
los tiempos con la resurrección de la carne, la del corazón tiene lugar ya
ahora, en esta tierra, con la ayuda de la gracia.
Podemos preguntarnos: ¿Cómo
son los hombres y mujeres “transfigurados”? La respuesta es muy hermosa: Son los
que siguen a Cristo en su vida y en su muerte, se inspiran en Él y se dejan
inundar por la gracia que Él nos da; son aquellos cuyo alimento es cumplir la
voluntad del Padre; los que se dejan llevar por el Espíritu; los que nada
anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los demás hasta derramar su sangre
por ellos; los que están dispuestos a darlo todo sin exigir nada a cambio; los
que -en pocas palabras- viven amando y mueren perdonando.

2.  Así
vivieron y murieron José Aparicio Sanz y sus doscientos treinta y dos
compañeros, asesinados durante la terrible persecución religiosa que azotó
España en los años treinta del siglo pasado. Eran hombres y mujeres de todas las
edades y condiciones: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, padres y
madres de familia, jóvenes laicos. Fueron asesinados por ser cristianos, por su
fe en Cristo, por ser miembros activos de la Iglesia. Todos ellos, según consta
en los procesos canónicos para su declaración como mártires, antes de morir
perdonaron de corazón a sus verdugos.
La lista de los que hoy suben a la
gloria de los altares por haber confesado su fe y dado su vida por ella es
numerosa. Hay treinta y ocho sacerdotes de la Archidiócesis de Valencia, junto
con un numeroso grupo de hombres y mujeres de la Acción Católica también, de
Valencia; dieciocho dominicos y dos sacerdotes de la Archidiócesis de Zaragoza;
cuatro Frailes Menores Franciscanos y seis Frailes Menores Franciscanos
Conventuales; trece Frailes Menores Capuchinos, con cuatro Religiosas Capuchinas
y una Agustina Descalza; once Jesuitas con un joven laico; treinta y dos
Salesianos y dos Hijas de María Auxiliadora; diecinueve Terciarios Capuchinos
con una cooperadora laica; un sacerdotedehoniano; el Capellán de Colegio La
Salle de la Bonanova, de Barcelona, con cinco Hermanos de las Escuelas
Cristianas; veinticuatro Carmelitas de la Caridad; una Religiosa Servita; seis
Religiosas Escolapias con dos cooperadoras laicas provenientes éstas últimas del
Uruguay y primeras beatas de ese País latinoamericano; dos Hermanitas de los
Ancianos Desamparados; tres Terciarias Capuchinas de Nuestra Señora de los
Dolores; una Misionera Claretiana, y, en fin, el joven Francisco Castelló
i Aleu, de la Acción Católica de Lleida.
Los testimonios que nos han llegado
hablan de personas honestas y ejemplares, cuyo martirio selló unas vidas
entretejidas por el trabajo, la oración y el compromiso religioso en sus
familias, parroquias y congregaciones religiosas. Muchos de ellos gozaban ya en
vida de fama de santidad entre sus paisanos. Se puede decir que su conducta
ejemplar fue como una preparación para esa confesión suprema de la fe que es el
martirio.
¿Cómo no conmovernos profundamente al escuchar los relatos de su
martirio?
La anciana María Teresa Ferragud fue arrestada a los 83 años de
edad junto con sus cuatro hijas religiosas contemplativas. El 25 de octubre de
1936, fiesta de Cristo Rey, pidió acompañar a sus hijas al martirio y ser
ejecutada en último lugar para poder así alentarlas a morir por la fe. Su muerte
impresionó tanto a sus verdugos que exclamaron: “Esta es una verdadera santa.”
No menos edificante fue el testimonio de los demás mártires, como el joven
Francisco Alacreu, de 22 años, químico de profesión y miembro de la Acción
Católica, que consciente de la gravedad del momento no quiso esconderse, sino
ofrecer su juventud en sacrificio de amor a Dios y a los hermanos, dejándonos
tres cartas, ejemplo de fortaleza, generosidad, serenidad y alegría, escritas
instantes antes de morir, a sus hermanas, a su director espiritual y a quien
fuera su novia. O también elneosacerdote Germán Gozalvo, de 23 años, que fue
fusilado sólo dos meses después de haber celebrado su Primera Misa, después de
sufrir un sinfín de humillaciones y malos tratos.

3.  ¡Cuántos ejemplos
de serenidad y esperanza cristiana! Todos estos nuevos Beatos y muchos otros
mártires anónimos pagaron con su sangre el odio a la fe y a la Iglesia desatado
con la persecución religiosa y el estallido de la guerra civil, esa gran
tragedia vivida en España durante el siglo xx. En aquellos años terribles muchos
sacerdotes, religiosos y laicos fueron asesinados sencillamente por ser miembros
activos de la Iglesia. Los nuevos beatos que hoy suben a los altares no
estuvieron implicados en luchas políticas o ideológicas, ni quisieron entrar en
ellas. Bien lo sabéis muchos de vosotros que sois familiares suyos y hoy
participáis con gran alegría en esta beatificación. Ellos murieron únicamente
por motivos religioso. Ahora, con esta solemne proclamación de martirio, la
Iglesia quiere reconocer en aquellos hombres y mujeres un ejemplo de valentía y
constancia en la fe, auxiliados por la gracia de Dios. Son para nosotros modelo
de coherencia con la verdad profesada, a la vez que honran al noble pueblo
español y a la Iglesia.
¡Que su recuerdo bendito aleje para siempre del suelo
español cualquier forma de violencia, odio y resentimiento! Que todos, y
especialmente los jóvenes, puedan experimentar la bendición de la paz en
libertad: ¡Paz siempre, paz con todos y para todos!

4.  Queridos
hermanos, en diversas ocasiones he recordado la necesidad de custodiar la
memoria de los mártires. Su testimonio no debe ser olvidado. Ellos son la prueba
más elocuente de la verdad de la fe, que sabe dar un rostro humano incluso a la
muerte más violenta y manifiesta su belleza aun en medio de atroces
padecimientos. Es preciso que las Iglesias particulares hagan todo lo posible
por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio.
Al inicio del
tercer milenio, la Iglesia que camina en España está llamada a vivir una nueva
primavera de cristianismo, pues ha sido bañada y fecundada con la sangre de
tantos mártires. Sanguis martyrum, semen christianorum! ÁLa sangre de los
mártires es semilla de nuevos cristianos! (Tertuliano, Ap 1, 50, 13: CCL 1,
171). Esta expresión, acuñada durante las persecuciones de los primeros siglos,
debe hoy llenar de esperanza vuestras iniciativas apostólicas y esfuerzos
pastorales en la tarea, no siempre fácil, de la nueva evangelización. Contáis
para ello con la ayuda inigualable de vuestros mártires. Acordaos de su valor,
“fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y
hoy y siempre” (Hb 13, 7ó8).

5.  Deseo confiar a la intercesión de los
nuevos beatos una intención que lleváis profundamente arraigada en vuestros
corazones: el fin del terrorismo en España. Desde hace varias décadas estáis
siendo probados por una serie horrenda de violencias y asesinatos que han
causado numerosas víctimas y grandes sufrimientos. En la raíz de tan lamentables
sucesos hay una lógica perversa que es preciso denunciar. El terrorismo nace del
odio y a su vez lo alimenta, es radicalmente injusto y acrecienta las
situaciones de injusticia, pues ofende gravemente a Dios y la dignidad y los
derechos de las personas. ÁCon el terror, el hombre siempre sale
perdiendo! Ningún motivo, ninguna causa o ideología pueden justificarlo. Sólo la
paz construye los pueblos. El terror es enemigo de la
humanidad.

6.  Amados en el Señor, también a nosotros la voz del Padre
nos ha dicho hoy en el Evangelio: “Este es mi Hijo, el escogido; escuchadle”
(Lc 9,35). Escuchar a Jesús es seguirlo e imitarlo. La cruz ocupa un lugar muy
especial en este camino. Entre la cruz y nuestra transfiguración hay una
relación directa. Hacernos semejantes a Cristo en la muerte es la vía que
conduce a la resurrección de los muertos, es decir, a nuestra transformación en
Él (cf. Flp 3, 10ó11). Ahora, al celebrar la Eucaristía, Jesús nos da su cuerpo
y su sangre, para que en cierto modo podamos preguntar aquí en la tierra la
situación final, cuando nuestros cuerpos mortales sean transfigurados a imagen
del cuerpo glorioso de Cristo.
Que María, Reina de los mártires, nos ayude a
escuchar e imitar a su Hijo. A Ella, que acompañó a su divino Hijo durante su
existencia terrena permaneció fiel a los pies de la Cruz, le pedimos que nos
enseñe a ser fieles a Cristo en todo momento, sin decaer ante las dificultades;
nos conceda la misma fuerza con que los mártires confesaron su fe. Al invocarla
como Madre, imploro sobre todos los aquí presentes, así como sobre vuestras
familias, los dones la paz, la alegría y la esperanza
firme.
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3.3.  Ángelus
Concluida la celebración eucarística en la
que beatificó a 233 mártires de la persecución religiosa en España, antes de
rezar la plegaria mariana del Ángelus, el Santo Padre pronunció la alocución que
ofrecemos a continuación.

1.  Antes de concluir esta solemne celebración,
deseo dirigiros un cordial saludo y daros las gracias a todos vosotros,
amadísimos hermanos y hermanas, que, con vuestra presencia, manifestáis vuestra
viva devoción a estos nuevos beatos.
Junto con ellos dirigimos ahora nuestra
mirada a María santísima, que la fe nos hace contemplar como Reina de los santos
y las santas de todas las épocas y naciones. Ella es, en particular, Madre y
Reina de los mártires, y está presente junto a ellos en la hora de la prueba,
como permaneció al pie de la cruz cerca de su Hijo Jesús.
Estos nuevos beatos
confiaron en ella, la Virgen fiel, en los momentos dramáticos de la persecución.
Cuando se les impidió profesar libremente la fe o, después, durante su
permanencia en la cárcel, para afrontar el momento supremo, encontraron un apoyo
constante en el santo rosario, rezado a solas o en pequeños grupos. ¡Cuán eficaz
resulta esta tradicional oración mariana en su sencillez y profundidad! El
rosario constituye en todas las épocas una valiosa ayuda para innumerables
creyentes.

2.  Ojalá que así sea también para nosotros. Pidámoselo a la
Virgen con la plegaria del Ángelus. “Oremos en particular, por las comunidades
cristianas que sufren persecución a causa de la fe, para que, con la fuerza del
Espíritu Santo, den testimonio del amor de Cristo, quien, al padecer no
amenazaba, sino que se ponía en manos de aquel que juzga con justicia” (1 P 2,
23).
María, Madre de la esperanza, nos obtenga la gracia de estar íntimamente
unidos a Cristo en la hora de la prueba a fin de experimentar la luminosa gloria
de su resurrección.
Después de rezar la plegaria mariana del Ángelus, Su
Santidad dirigió un saludo particular a los numerosos peregrinos de lengua
española que participaron en la beatificación, presentándoles a los nuevos
beatos como modelos de coherencia de vida, constancia en la fe y espíritu
reconciliador. He aquí sus palabras:
Deseo dirigir un caluroso saludo a todos
los peregrinos que han venido a Roma para participar en esta gozosa celebración.
En especial, a los señores cardenales, arzobispos y obispos que les acompañan,
así como a las autoridades, que han venido en representación de un pueblo que,
en todos los estamentos sociales y rincones de su geografía, ha dado tantos
ejemplos de santidad.
Que los nuevos beatos, modelos de coherencia de vida,
constancia en la fe y espíritu reconciliador, intercedan en el cielo por sus
paisanos de hoy, les impulsen a mantener vigorosa la savia cristiana que fecunda
su historia patria y alienten sus esfuerzos por alcanzar cotas cada vez más
altas de concordia, solidaridad y espíritu de fraternidad
cristiana.
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3.4.  Discurso del Papa Juan Pablo II a los
participantes en la audiencia
con motivo de la Beatificación de los mártires
españoles
Lunes 12 de marzo de 2001
Queridos hermanos y
hermanas:
1.  Me es grato tener este encuentro con vosotros, amados
peregrinos españoles que, acompañados por un numeroso grupo de obispos y
sacerdotes, así como de autoridades civiles de vuestros pueblos y regiones,
habéis participado ayer en la solemne beatificación de doscientos treinta y tres
hombres y mujeres mártires de la persecución religiosa que, en los años
1936-1939, afligió a la Iglesia en vuestra Patria. La de ayer fue la primera
beatificación del nuevo siglo y el nuevo milenio y es significativo que fuera de
mártires. En efecto, el siglo que hemos concluido ha sido uno en los que no han
faltado tribulaciones en las que muchos cristianos “han dado su vida por el
nombre de Nuestro Señor Jesucristo” (cf. Hch 15, 26).
Saludo con afecto a los
Señores Cardenales Antonio María Rouco, Arzobispo de Madrid y Presidente de la
Conferencia Episcopal Española, y Ricardo María Carles, Arzobispo de Barcelona,
así como a Mons. Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, diócesis de la que
proceden la mayoría de los nuevos beatos, a Mons. Francisco Ciuraneta, Obispo
deLleida, y a los demás Arzobispos y Obispos aquí presentes. Asimismo quiero dar
la bienvenida a las autoridades autonómicas, provinciales y locales, que
representan a los pueblos que cuentan ahora con nuevos beatos entre sus hijos
ilustres. Estos nuevos mártires siembran toda la geografía española con su
mensaje. En efecto, si tenemos en cuenta su origen, provienen de treinta y siete
diócesis y representan a trece Comunidades Autónomas, pero su testimonio llega a
abarcar todo el territorio español, y, por eso, es toda la Iglesia en España la
que ayer se alegró con este reconocimiento.

2.  Muchos de vosotros sois
descendientes, familiares o convecinos de los nuevos Beatos. Sé que está
presente la viuda de uno de ellos, militante de la Acción Católica, así como
muchos hermanos, hijos y nietos de los mártires. Algunos sois hermanos de
religión de los religiosos que han subido a la gloria de los altares. Otros sois
vecinos de sus lugares de origen, de donde ejercieron su ministerio, de donde
fueron martirizados o de donde están sepultados. Imagino la emoción que
experimentáis en estos momentos que, por tantos años, habéis esperado. En
vuestra vida de fe, sin duda alguna, su ejemplo os ha sido alentador, pues
habéis conservado su memoria y, en algunos casos, hasta recuerdos
personales.
La Beatificación de ayer ha sido la más numerosa de mi
Pontificado. En efecto, han sido elevados a los altares doscientos treinta y
tres mártires. Pero un número tan notable no hace olvidar las características
individuales. En efecto, en todos hay una historia personal, un nombre y un
apellido propio, unas circunstancias que hacen de cada uno de ellos un modelo de
vida, que es más elocuente aun con la muerte libremente asumida como prueba
suprema de su adhesión a Cristo y a su Iglesia.
Estos mártires, a los que hoy
nos referimos con gratitud y veneración, son como un gran cuadro del Evangelio
de las Bienaventuranzas, un hermoso abanico de la variedad de la única y
universal vocación cristiana a la santidad (cf. Constitución dogmática
Lumen gentium, cap. V). Proclamando ayer la santidad de este numeroso grupo de
mártires, la Iglesia da gloria a Dios.
La santidad no es solamente privilegio
reservado para unos pocos. Los caminos de la santidad son múltiples y se
recorren a través de los pequeños acontecimientos concretos de cada día,
procurando en cada situación un acto de amor. Así lo han hecho los nuevos beatos
mártires. Aquí reside el secreto del cristianismo vivido en plenitud. El
cristianismo realmente vital que todos los cristianos, de cualquier clase o
condición, están llamados vivir. Todos estamos amados a la santidad.
Pues lo
que Dios quiere, en definitiva, de nosotros es que seamos santos (cf. 1 Test 4,
3). Queridos hermanos y hermanas de España, creo que también a vosotros, como lo
acabo de hacer a todos los fieles en la reciente carta apostólica
Novo Millennio Ineunte, debo proponeros de nuevo con convicción “este alto grado
de la vida cristiana ordinaria” (NMI, 31). Que vuestro camino personal, el de
vuestras familias y comunidades parroquiales sea, hoy más que nunca, un camino
de santidad.

3.  Así nos encontramos sacerdotes que, misacantanos o
ancianos, ejercían los más diversos misterios: párrocos, vicarios, canónigos,
profesores; religiosos provenientes de los vastos campos del ejercicio de la
caridad, por medio de la enseñanza, la atención a ancianos y enfermos; hombres y
mujeres, solteros o casados, padres de familia, trabajadores de varios sectores.
En el origen de su martirio y de su santidad está el mismo Cristo. El
denominador común de todos ellos es su opción radical por Cristo por encima de
todas las cosas, incluso de la propia vida . Bien podían expresar con san Pablo:
“para mí vivir es Cristo y una ganancia el morir” (Filp 1, 21). Con su vida, y
sobre todo con su muerte, nos enseñan que nada hay que anteponer al amor que
Dios nos tiene y que nos manifiesta en Cristo Jesús. En ellos, como en todos los
mártires, la Iglesia ha encontrado siempre una semilla de vida. Tanto es así,
que podemos afirmar que las comunidades de los primeros tiempos se fraguaron en
la sangre de los mártires. Pero el martirio no es una realidad perteneciente al
pasado, sino también una realidad del tiempo actual. Por ello, he escrito en la
reciente Carta apostólica ¿no lo será también para el siglo y milenio que
estamos iniciando? (cf. Novo Millennio Ineunte, 41).
En efecto, es una
realidad constata que en nuestro tiempo han vuelto los mártires. Y si bien es
cierto que los tiempos han cambiado, también lo es que cada día surge la
posibilidad de seguir padeciendo sufrimientos por amor de Cristo. El horizonte
que se presenta delante de nosotros es, pues, amplio y apasionante. Los
cristianos siempre y en todo lugar han de estar dispuestos a difundir la luz de
la vida, que es Cristo, incluso hasta el derramamiento de sangre
(cf. Dignitatis humanae, 14). Debemos estar dispuestos a seguir las huellas de
los mártires y a vivir, como ellos, la santidad plenamente con Él, por Él y en
Él.
La herencia de estos valientes testigos de la fe, “archivos de la Verdad
escritos con letras de sangre” (Catecismo de la Iglesia católica, 2474), nos ha
legado un patrimonio que habla con una voz más fuerte que la de la indiferencia
vergonzante. Es la voz que reclama la urgente presencia en la vida pública. Una
presencia viva y serena que con la meridiana transparencia del Evangelio nos
llevará a presentar con naturalidad, pero también con firmeza, su siempre actual
radicalidad a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Se trata, pues, de un
legado cuyo lenguaje es el del testimonio. Que este patrimonio siga produciendo
frutos abundantes a través de vuestras vidas y compromiso y ponga de manifiesto
la extraordinaria presencia del Misterio de Dios que, actuando siempre y en todo
lugar, nos llama a la reconciliación y a la vida nueva en
Cristo.

4.  Queridos hermanos: Su testimonio no se puede ni se debe
olvidar. Ellos manifiestan la realidad de vuestras Iglesias locales. Que su
ejemplo haga de cada uno testigos vivos y creíbles de la Buena Nueva para los
nuevos tiempos. Que su imitación conduzca a producir en la sociedad actual
abundantes frutos de amor y esperanza. Este es mi deseo. Promoved la cultura de
la vida. Hacedlo con la palabra, pero también con gestos concretos. La oración
por la radical y sincera conversión de todos a la ley del Amor y el compromiso
específico y generoso por ella constituyen el fundamento de la convivencia entre
los hombres, las familias y los pueblos. Volved a vuestros pueblos y a vuestras
comunidades dispuestos a trabajar apostólicamente en la Iglesia y para la
Iglesia. Haced realidad las Bienaventuranzas en vuestros lugares de procedencia.
Impregnad con el único programa del Evangelio, que es el programa del amor, la
realidad cotidiana. Llevad a Cristo a vuestras vidas, vuestras comunidades, a
vuestros pueblos y a vuestra historia. Sed siempre y en todo lugar testigos
vivos y creíbles del amor, de la unidad y de la paz. En esta tarea os acompaña
siempre mi oración, mi afecto y bendición que de corazón os
imparto.
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3.5.  Homilía del Sr. Arzobispo en la Misa de Acción de
Gracias
de los mártires españoles
Roma. Lunes 12 de marzo de
2001
1.  Te Deum laudamus,
Te Dominum cofitemur te martyrum candidatus laudat exercitus (A
Ti, oh Dios, te alabamos, a Ti, Señor, te reconocemos a Ti te ensalza el blanco
ejército de los mártires).
Estas palabras tomadas del himno litúrgico con el
que la Iglesia festeja los grandes momento, expresan muy bien este intenso y
emocionante momento de oración: la Eucaristía con la que agradecemos a Dios,
dueño de los designios de la historia, la beatificación de José Aparicio Sanz y
232 compañeros mártires.
El inmenso gozo espiritual que sentimos, en parte
animado por la cercanía a estos beatos mártires, nos hace exclamar llenos de
júbilo: Te Deum laudamus.
En nuestra alabanza no estamos solos. Con nosotros
oran hoy muchas personas que comparten nuestro gozo, pero sobre todo sabemos que
con nosotros está mística pero realmente unido, “el blanco ejército de los
mártires”. Esta celebración es reflejo de la liturgia que incesantemente se
celebra en el cielo, delante del Trono y del Cordero, donde los vencedores de la
gran tribulación proclaman: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los
Ejércitos. Así pues, con ellos y animados por su ejemplo, también nosotros
decimos: Te Deum laudamus (A Ti, oh Dios, te alabamos).

2.  Saludo con
afecto y gratitud al Eminentísimo Señor Cardenal Ricardo María Carles, que ha
querido acompañamos en esta solemne liturgia de acción de gracias.
Saludo,
también, con afecto a mis hermanos en el Episcopado, pastores y guías de
diversas Iglesias particulares de España que dieron las aguas bautismales a los
nuevos Beatos. Con vosotros, comparto la alegría de ver cómo nuestras diócesis
han dado muestras de fidelidad a la Buena Nueva de Jesucristo, engendrando a la
fe y alimentando el crecimiento espiritual de estos hermanos nuestros que
sellaron con su sangre la adhesión a Cristo y a su Iglesia. No hay prueba de
amor a Dios más grande que dar la vida por su Hijo, Jesucristo.
También os
saludo queridos sacerdotes, colaboradores nuestros en el ejercicio del
ministerio apostólico a favor de las comunidades cristianas, herederas de tantos
ejemplos que son honor de la Iglesia y aliciente para el futuro.
Una palabra
afectuosa también para los religiosos y religiosas de las Congregaciones a las
que pertenecen muchos de los nuevos Beatos. Su testimonio enriquece vuestro
carisma y os alienta a imitarlos en vuestra consagración cotidiana al
Señor.
Saludo, también, a todos vosotros, fieles laicos de las diversas
diócesis relacionadas con los mártires, familiares, amigos, convecinos. A todos
os digo con san Pablo: fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe (Heb 3,
8).
Me complace dirigir también un saludo deferente a las autoridades
civiles, que con su presencia en Roma en estos días expresan el sentimiento
popular de reconocimiento y admiración hacia estas personas que la Iglesia
propone a la consideración de los hombres y mujeres de hoy.

3.  Para
todos nosotros es motivo de inmensa emoción celebrar esta Santa Misa reunidos
junto la tumba de san Pedro, en la confesión que recuerda su martirio. Aquí,
sobre la memoria del Apóstol Pedro, en esta basílica que el paso de los siglos
ha embellecido hasta ofrecer su maravilloso estado actual, vienen a la memoria
las palabras del Señor Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia
(Mt 16,8).
Este y otros monumentos y ruinas de la antigua Roma nos hablan de
los sufrimientos y de las persecuciones soportadas con fortaleza heroica por
nuestros padres en la fe, los cristianos de las primeras generaciones, que nos
recuerdan las palabras de Tertuliano: Sangre de mártires, semilla de cristianos
(Apol. 50, 13: CCL, 1.171).
Pero la experiencia de los mártires no es
característica sólo de la Iglesia de los primeros tiempos. Por lo que se refiere
a España, son muchos los que a lo largo del siglo xx han pagado su amor a
Cristo, derramando también la sangre.
Unos versos del poeta inglés
Thomas Eliot dicen: Donde ha vivido un santo, donde un mártir ha derramado su
sangre por Cristo, el suelo es santo y esa cualidad no la pierde nunca.
Estas
palabras nos recuerdan la santidad de ciertos lugares y pienso que se aplican
muy bien a algunos rincones de nuestra geografía valenciana. Al lado de ellos,
las tumbas de los mártires, renovadas con ocasión de la exhumación de sus
venerados restos con vistas a esta beatificación, se convierten en lugares de
gracia que nos recordarán para siempre su glorioso testimonio.

4.  El
evangelio proclamado en esta celebración nos ha presentado a Jesús subiendo a
Jerusalén para la Fiestas de las Tiendas (cf. Jn 7,11b-19). Él sabe que allí
será, cuando llegue la hora, el lugar de su glorificación a través de la muerte;
los judíos le buscan y él no se echa atrás ni se esconde.
Cuántos hermanos y
hermanas nuestros, los mártires beatificados ayer, eran conscientes de que su
testimonio pasaba por la muerte martirial, y, por eso, al ser buscados por sus
perseguidores, ni se echaron atrás ni se escondieron, sino que confesaron
abierta y públicamente, sin reservas y con gallardía, su condición de
sacerdotes, de religiosos, de fieles cristianos laicos.
Siguieron así las
huellas del rey crucificado, al que lanzaban sus últimos y más fervorosos
“vivas” en el supremo momento de la inmolación, no sin antes haber perdonado,
como Cristo, a sus verdugos.
Se unían así al blanco ejército de los mártires,
a los testigos valientes del Evangelio y servidores silenciosos del Reino, que
les han precedido en los siglos pasados, entrando así a entonar para siempre el
canto nuevo al Cordero inmaculado (cf. Ap2 1, 27).

5.  El recuerdo de
estos mártires es una herencia que no se debe perder y que se ha de transmitir
como un perenne deber de gratitud que suscita un renovado propósito de imitación
(Juan Pablo II, NMI, 7).
Que permanezca viva su memoria, que se transmita,
que se custodie como un tesoro de gran valor y sea levadura para la nueva
evangelización.
Sufrieron formas de persecución antiguas y nuevas,
experimentaron el odio y la exclusión, la violencia y el asesinato. Su fidelidad
al Evangelio se pagó con un precio muy alto.
Los nombres de algunos fueron
manchados por sus perseguidores, que añadieron al martirio la ignominia. Otros
fueron ocultados por sus verdugos (cf. Juan Pablo II, Homilía en la
conmemoración de los mártires del siglo xx, 7óVó2000). Sin embargo, en mis
visitas a las parroquias de nuestra Archidiócesis, he podido comprobar que los
cristianos conservan el recuerdo de gran parte de ellos.
El grupo de mártires
beatificado ayer es un gran cuadro de la vida de la Iglesia. En efecto, forman
parte del mismo sacerdotes, religiosos y religiosas, fieles cristianos laicos.
Aunados por el sufrimiento en odio a la fe, proclaman al mundo de forma
elocuente cómo “el amor es más fuerte que la muerte”. No apostataron de la fe, a
pesar de las provocaciones, ni se doblegaron ante los ídolos que les ofrecían si
renunciaban a sus convicciones religiosas.
Los sacerdotes murieron, siguiendo
el ejemplo del Buen Pastor, porque quisieron permanecer junto a sus fieles a
pesar de las amenazas, prefiriendo dejarse matar antes que renunciar a la propia
misión; los religiosos y religiosas vivieron su consagración hasta el
derramamiento de la sangre; los laicos, hombres y mujeres, supieron ofrecer su
vida como testimonio de su fe en Jesucristo.
Queridos sacerdotes: haced de la
vida y de la muerte de nuestros hermanos sacerdotes mártires fuente de
inspiración para el ejercicio cotidiano de vuestro ministerio; recordad su
entrega a la catequesis, su atención generosa a los pobres, enfermos y
necesitados, su celo por la salvación de las almas, pero, sobre todo, su
profunda espiritualidad. Conmueve su fidelidad a la celebración de la Eucaristía
y su firme y admirable devoción a la Virgen, recurriendo al rezo del santo
rosario en los momentos más difíciles.
Amados religiosos: Sabéis bien que
vuestra consagración a Cristo ha de inspirar coherentemente todos los momentos
de vuestra existencia. Por eso, el ejemplo de vuestros hermanos es, sin duda, de
aliento para vivir con plenitud y renovado entusiasmo vuestra vida religiosa al
servicio de la Iglesia.
Queridos fieles cristianos laicos: Alegraos con la
beatificación de hombres y mujeres como vosotros, de vuestras familias, de
vuestros pueblos, de vuestros ambientes. Si su muerte humanamente causa horror y
tristeza, nos llena de júbilo conocer su ejemplar vida de fe. En ellos
encontraréis abundantes inspiraciones para llevar adelante vuestra vida como
creyentes comprometidos con Dios y con la sociedad, de la que formamos parte y a
la que, desde los criterios del Evangelio, habéis de servir.

6.  “No hay
amor más grande que dar la vida” (Jn 15,13). Los Beatos José Aparicio Sanz y
compañeros mártires nos enseñan a no anteponer el propio interés, el propio
bienestar y la propia supervivencia a la fidelidad al Evangelio. Ellos supieron
oponerse al mal, “haciendo de la fragilidad el propio testimonio”.
Nos legan,
pues, queridos hermanos y hermanas, una preciosa herencia, que es la adhesión a
la Cruz como camino hacia la Pascua. Esta herencia nos enriquece y sostiene al
iniciar este nuevo siglo y este nuevo milenio. Reconocer su martirio era un
deber de justicia para con ellos.
Como Arzobispo de Valencia, en nombre
propio y de toda la Archidiócesis, doy gracias al Señor por el testimonio de los
mártires que ayer fueron beatificados. Ahora nos corresponde seguir su ejemplo
en la misión de anunciar valientemente a Cristo, en nuestra querida tierra
valenciana.
Asimismo, agradezco vivamente al Santo Padre que haya propuesto a
estos hermanos nuestros al reconocimiento de toda la Iglesia. Nos sentimos
honrados y, a la vez, comprometidos eclesialmente por su ministerio de comunión
en la caridad, significado en la celebración Eucarística en tomo a este altar de
la Confesión. Desde aquí, en nombre de todos los cristianos que peregrinamos en
Valencia, renuevo el deseo de fidelidad de nuestra Iglesia particular y expreso
al Santo Padre nuestra lealtad y reconocimiento a su magisterio
universal.
Toda la Iglesia de Valencia está hoy presente en este lugar, no
sólo por los peregrinos que os habéis desplazado hasta aquí, sino porque todas
las comunidades cristianas de la Archidiócesis participan con nosotros en la
única comunión y testimonio de Cristo que nuestros mártires
confirman.

7.  La Santísima Virgen María es invocada también
Regina Martyrum (Reina de los Mártires). Una espada atravesó su corazón, como le
profetizó el anciano Simeón en el Templo de Jerusalén, cuando al pie de la Cruz
fue testigo privilegiado de los sufrimientos de Jesús, su divino hijo. Ella fue
consuelo de los mártires en la tribulación. Que con su ayuda materna, que no nos
ha de faltar, nosotros, animados por el ejemplo de esos testigos, vivamos con su
mismo valor nuestro amor por Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre (cf.Heb 12,
1ó2).
Grandes maravillas ha hecho el Señor por nosotros.
Beato José
Aparicio Sanz y compañeros mártires, rogad por
nosotros.
Arriba
3.6.  Homilía en la Misa de Acción de Gracias
por la
Beatificación de José Aparicio Sanz y 232 compañeros,
mártires de la
persecución religiosa de 1936 en España
S.I. Catedral Metropolitana, 3 de
mayo de 2001
1.  El Santo Padre, Pastor de la Iglesia universal, reconoció
solemnemente el pasado 11 de marzo el martirio de 233 hermanos en la fe, que
dieron su vida por Cristo. Sus nombres están inscritos en la lista de los justos
cuya vida está en manos de Dios (Sab 3, 1).
Los que estuvimos en Roma para
ese acontecimiento dimos gracias a Dios, junto al Santo Padre, por el testimonio
admirable de estos hermanos y hermanas víctimas de la persecución religiosa de
1936. Hoy nuestra Iglesia de Valencia, reunida en comunión de fe y amor,
presenta a Dios un renovado canto de alabanza y gratitud por los nuevos
beatos.
Hay un grupo grande de sacerdotes diocesanos; religiosos
franciscanos, capuchinos, dominicos, franciscanos conventuales, salesianos,
jesuitas, terciarios capuchinos, escolapios, un dehoniano; religiosas hermanitas
de los ancianos desamparados, carmelitas de la caridad, hijas de maría
auxiliadora, capuchinas, misioneras claretianas, servitas, agustinas descalzas,
terciarias capuchinas; y un numeroso grupo de laicos de Acción
Católica.
Todos ellos acogieron la Palabra de Dios y en ella fueron
santificados (cf Jn 17,11). Consagrados en la verdad, con su martirio, nos
dieron a conocer a Cristo. En su rostro brilla la faz del Señor (Salmo 30,
16).
Su fe alimenta nuestra fe. Con su entrega confirman nuestra esperanza y
aumentan en nosotros la caridad. Su testimonio es el nuestro, porque sabemos que
la Buena Noticia debe ser proclamada, en primer lugar, mediante el testimonio
(Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 21).
Vemos colmada su alegría por el triunfo
de la fe sobre las persecuciones del mundo. Ellos nos invitan a soñar con una
nueva primavera eclesial donde todos seamos uno en el Amor del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo.

2.  El martirio está íntimamente ligado a la
condición de discípulo de Jesús. La vida cristiana consiste en dar testimonio
sobre Jesucristo, el Verbo Encarnado. Por el bautismo nacimos a una vida nueva
de consagrados a Dios, fruto de la entrega de Cristo en favor nuestro
(cf. Jn 17,19).
Discípulo de Jesús es aquel que le reconoce como Señor y le
ama y se identifica existencialmente con El. Todo el que cree que Jesús es el
Mesías, ese es nacido de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser ama
también al que ha nacido de Él (1 Jn 5,1).
Todo discípulo de Jesús hace suyas
estas palabras de San Juan Crisóstomo: los que de una vez para siempre nos hemos
revestido de Cristo y hemos merecido recibirle, podremos manifestar a todos,
incluso sin decir nada, simplemente con la actitud de nuestra vida, el poder de
aquel que habita en nosotros (San Juan Crisóstomo, Catequesis Bautismales VIII,
18).

3.  El Señor dice en el Evangelio: Como tú me enviaste al mundo,
así los envío yo también al mundo (Jn 17,18). Los discípulos de Jesús recibimos
la misión de evangelizar. La misión nos coloca siempre en una situación
arriesgada.
La causa principal del martirio está, precisamente, en la
irradiación del Evangelio en la vida y en la sociedad. Cualquier ámbito en el
que nos encontremos es el lugar y el momento oportuno para anunciar y hacer vida
el Evangelio de Cristo. Como decía San Agustín: Todos los tiempos son de
martirio (San Agustín, Sermón 6).
El siglo xx que acabamos de dejar no fue
una excepción.
El seguidor de Jesús se ha de identificar con Él, haciendo de
su existencia un testimonio fiel y valiente del mismo Cristo.
Las
persecuciones no surgen de forma espontánea. Intervienen factores culturales,
políticos y sociológicos que van fraguando posturas hostiles hacia los creyentes
en Jesús. En sus manifestaciones más extremas, derivan a situaciones
violentas.
El testimonio sobre Jesús provoca e inquieta a las idolatrías de
un mundo que se esmera en eliminar todo vestigio sobre Dios. Frente a eso,
permanece una certeza: ¿Quien es el que vence al mundo sino el que cree que
Jesús es el Hijo de Dios? (1 Jn 5,5).
Los mártires, como fieles testigos de
Cristo, experimentan que su vida está en las manos de Dios. Fueron hallados
dignos del Señor porque confiaron en Él y permanecieron fieles a su amor
(cf. Sab 3, 9).
Ellos nos emplazan hoy a vivir nuestra pertenencia a Cristo y
a testimoniarlo sin miedos. Son para nosotros modelo de coherencia con la verdad
profesada (Juan Pablo II, Homilía 11 de marzo 2001, 2).
El testimonio de los
mártires es una herencia que no se debe perder y que se ha de transmitir como un
perenne deber de gratitud que suscita un renovado propósito de imitación (Juan
Pablo II, Novo Millennio Ineunte, 7).
Se reconoce en ellos la fidelidad a
Cristo que confirma el valor eterno de la Buena Noticia.

4.  La fuerza
del martirio viene dada por la Pascua. La resurrección de Cristo da pleno
sentido a la entrega de la vida en favor del Evangelio.
Nuestros mártires son
signo de la obra redentora de Jesucristo, testimoniando con su vida la dignidad
de los hijos de Dios. Ellos nos muestran cómo son los hombres y mujeres
transfigurados por Cristo.
Son los que siguen a Cristo en su vida y en su
muerte, se inspiran en El y se dejan inundar por la gracia que El nos da; son
aquellos cuyo alimento es hacer la voluntad del Padre; los que se dejan llevar
por el Espíritu; los que nada anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los
demás hasta derramar su sangre por ellos; los que están dispuestos a darlo todo
sin exigir nada a cambio; los que -en pocas palabras- viven amando y mueren
perdonando (Juan Pablo II, Homilía 11 de marzo 2001, 1).
Este es un marco
idóneo para purificar nuestra memoria e insistir en que la Iglesia no puede
aceptar la violencia, ni la muerte de quien quiera que sea, como camino de
liberación, porque sabe que la violencia engendra inexorablemente nuevas formas
de opresión y esclavitud (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 37).
Pido a los
beatos José Aparicio y compañeros que intercedan ante Dios para que toda
violencia desaparezca, de modo particular el terrorismo, como el Santo Padre
deseó en su homilía el día 11 de marzo.

5.  Nuestros hermanos y hermanas
beatos que hoy celebramos son verdaderos mártires de Cristo. El martirio fue la
confirmación de una vida cristiana ejemplar. Su único “delito” fue ser
cristianos. Con su modo de vivir y de morir, perdonando, denuncian los abusos
humanos, las injusticias y la violencia.
La admiración por su martirio esté
acompañada, en el corazón de los fieles, por el deseo de seguir su ejemplo, con
la gracia de Dios, si así lo exigieran las circunstancias (Juan Pablo
II, Incarnationis mysterium, 13).
Nuestra Archidiócesis de Valencia se
alegra, junto con toda la Iglesia, por la exaltación de estos hermanos
nuestros.
¿Cómo no experimentar incluso un cierto orgullo, por un grupo tan
numeroso de sacerdotes diocesanos, fieles laicos, religiosos y religiosas, que
vivieron y murieron entre nosotros por causa de su fe en Jesucristo?
No son
personas de otras épocas, ajenas a nosotros. Aún hay testigos oculares de su
vida. Perduran los lazos de sangre y amistad. No son pocos quienes los recuerdan
con cariño y devoción. Son rostros y nombres cercanos en el tiempo y en el
espacio. Conocemos las casas donde vivieron, las situaciones por las que
atravesaron.
Guardamos memoria de algunos gestos y palabras suyos. Sabemos
por qué les persiguieron y podemos, aun, identificar los lugares donde los
apresaron o murieron. Son personas como nosotros; son cristianos como
nosotros.
De cada uno de ellos recibimos una lección admirable de vida
cristiana. El relato de su vida y las circunstancias de su muerte nos emocionan
vivamente.

6.  Me impresiona ver que estos mártires representan muy bien
los distintos grupos de bautizados que configuran nuestra Archidiócesis.
Expresan la catolicidad de la Iglesia y la pluralidad de vocaciones, carismas y
ministerios que el Espíritu Santo suscita en nuestra Iglesia local. Sus vidas,
como testigos verdaderos de Cristo, son un estímulo para que vivamos
valientemente nuestra condición de discípulos del Señor Jesús en la comunión
eclesial.
El grupo de sacerdotes diocesanos muestra todas las virtudes del
ministerio sacerdotal, al servicio del Pueblo de Dios. Amaron su ministerio, se
dieron a sus feligreses, actuaron siempre como pastores ejemplares del rebaño de
Cristo y su vida de santidad fue confirmada por el derramamiento de su
sangre.
Los presbíteros existen y actúan para el anuncio del Evangelio al
mundo y para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo Cabeza y
Pastor, y en su nombre (Juan Pablo II, Pastores Dabo Vobis, 15).
Los fieles
laicos reflejan rostros de personas de toda edad y condición. Impresiona la
fortaleza de su fe y la valentía con la que afrontaron la muerte, desde la
serenidad de quien sabe va a dar un máximo testimonio de Cristo. Este grupo de
estudiantes, amas de casa, profesionales y campesinos, fueron verdaderamente
apóstoles tanto en sus comunidades familiares como en sus diócesis y parroquias
(Apostolicam Auctuositatem, 18).
Ellos ponen de manifiesto la actualidad y la
importancia del laico cristiano para la Iglesia y para el mundo. Con el martirio
atestiguaron heroicamente su consagración y compromiso bautismal.
Las
religiosas y religiosos mártires expresan la vitalidad y significación de la
vida consagrada en nuestra Iglesia. En el amplio abanico de carismas y servicios
que estos mártires representan, queda en evidencia que se entregaron totalmente
al servicio de Dios amándole por encima de todo y su vida estuvo consagrada al
bien de toda la Iglesia (LumenGentium, 44).
Hubo jóvenes novicios, profesores
de teología, contemplativos, educadores. Todos ellos, con su martirio,
permanecieron firmes en su opción por Cristo hasta la muerte. Su ejemplo
recuerda la importancia de los carismas de la vida religiosa al servicio de las
Iglesia locales.
Reconocer su martirio era un deber de justicia para con
ellos y para el honor de Dios (cf. Juan Pablo II, Homilía 11 de marzo 2001,
4).

7.  Como Arzobispo de Valencia, en nombre de toda la Archidiócesis,
doy gracias a Dios por el testimonio del beato José Aparicio Sanz y compañeros.
Todas las comunidades cristianas de la Archidiócesis se hacen presentes en la
única comunión y testimonio de Cristo que nuestros mártires
confirman.
Asimismo, agradezco vivamente al Santo Padre la beatificación de
estos hermanos. El don de su martirio significa mucho. Nos recuerda la misión a
la que somos enviados por el Señor mismo.
Juan Pablo II nos dijo el día 12 de
marzo, tras la misa de acción de gracias celebrada en la Basílica de San Pedro:
que vuestro camino personal, el de vuestras familias y comunidades sea, hoy más
que nunca, un camino de santidad (Juan Pablo II, Discurso a los peregrinos
participantes en la beatificación, 1).
Todos los fieles valencianos
confesamos a Cristo, el Señor, de quien deseamos ser dignos discípulos en el
seno de la Madre Iglesia.
Como Iglesia local somos signo e instrumento del
Reino de Dios que Él mismo inauguró con su encarnación, muerte y resurrección.
Este es el compromiso que hemos contraído: hacer visible a Jesucristo en nuestro
contexto humano por la credibilidad de nuestra vida cristiana.
Obispos,
sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles cristianos laicos somos enviados por
el Señor a ser sus testigos por la santidad de nuestra vida.

8.  María,
Reina de los mártires, ampáranos bajo tu manto para que nos comprometamos a
ayudar a los hombres y mujeres de nuestra tierra a encontrarse con Jesús y creer
en Él.
Beato José Aparicio y compañeros mártires: interceded ante Dios por
todos nosotros para que, siguiendo vuestro ejemplo, seamos fieles testigos de
Jesucristo en el tiempo que nos toca vivir, según la vocación que cada uno ha
recibido del Señor.
Arriba
3.8.  Otros textos del Sr. Arzobispo sobre los
mártires
3.8.1.  De la homilía pronunciada en la fiesta de San Vicente
Mártir.
Catedral de Valencia, 22 de enero de 2001
“Quiero recordar que la
tierra valenciana ha sido muy fecunda en frutos de vida cristiana. Muchas han
sido y son las personas que, a veces de forma pública y notoria, a veces de
forma discreta y sin ruido, han hecho y hacen creíble el Evangelio de
Jesucristo.
La experiencia de los mártires y de los testigos de la fe no es
característica sólo de la Iglesia valentina de los primeros tiempos, sino que
también marca todas las épocas de su historia.
En el siglo xx, tal vez más
que en el primer período del cristianismo en Valencia, son muchos los que dieron
el testimonio de la fe con sufrimientos a menudo heroicos.
¡Cuántos
cristianos pagaron su amor a Cristo también derramando su sangre! Sufrieron
formas de persecución antiguas y nuevas, experimentaron el odio y la exclusión,
la violencia y el asesinato. Su fidelidad al Evangelio se pagó con un precio muy
alto.
Su recuerdo no debe perderse, más bien debe recuperarse de modo
documentado. Los nombres de algunos fueron manchados por sus perseguidores, que
añadieron al martirio la ignominia. Otros fueron ocultados por sus
verdugos.
Sin embargo en mis visitas a las parroquias de nuestra
Archidiócesis he podido comprobar que los cristianos conservan el recuerdo de
gran parte de ellos.
La Iglesia misma lo reconoce así. El próximo 11 de marzo
se proclamará solemnemente el martirio de muchos sacerdotes, religiosos,
religiosas y fieles cristianos laicos, hermanos nuestros que supieron dar la
vida por Cristo.
Una Iglesia de mártires se convierte en señal orientadora
para los hombres que buscan a Dios. Del sufrimiento de los mártires deriva una
fuerza de purificación y de renovación porque actualizan el sufrimiento de
Cristo y transmiten en el presente su fuerza salvífica.
Aprovecho para dar
gracias a Dios por el don del testimonio en la fe de estos hermanos y también
doy gracias al Santo Padre por elevarlos a los altares.
En la solemnidad de
San Vicente mártir, como Padre y Pastor de esta Iglesia particular de Valencia,
os emplazo, hijos queridos, a que os mantengáis firmes en el Evangelio que se os
ha predicado (2 Test 2, 15).
No tengáis miedo, nadie nos separará del amor de
Dios manifestado en Cristo (Rm 8, 39).
Ese es nuestro mensaje, nuestra
esperanza, nuestra fortaleza. Él es la razón de nuestro existir, el centro de
nuestra comunión eclesial, la fuente de nuestro amor.
Nunca olvidéis que, por
Jesucristo, sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo
adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las
tinieblas a su luz admirable (2Pe 2, 9).
Perseverad en la fe hasta el final.
Que toda vuestra vida sea santa, un relato de la salvación que Dios opera en
vosotros. No dejéis de alabar, bendecir y proclamar el nombre del Señor
(cf. Ecclo 51, 12).”
Arriba
3.8.2.  Misa crismal. 11 de marzo de
2001
“No puedo dejar de recordar a los mártires que fueron beatificados el
pasado 11 de marzo. Ellos confirmaron la santidad de su vida con un testimonio
fiel, que se convirtió en una confesión de fe por el derramamiento de su sangre.
Los que estuvimos en Roma, pudimos comprobar, el valor que tiene el martirio
cristiano, su capacidad de convocatoria y cuanto significa para todos los
creyentes en Cristo.
Ellos expresan de forma maravillosa la fecundidad de la
vida cristiana a través de todas las vocaciones con las que el Señor enriquece a
su Iglesia. Los nuevos beatos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles
cristianos laicos, nos enseñan a vivir valientemente nuestra fe en medio de las
contradicciones, dando un testimonio constante de Cristo por la santidad de
nuestra vida transfigurada por el Evangelio.
La Iglesia en Valencia está
llamada a vivir una nueva primavera cristiana, pues ha sido bendecida por el
testimonio de tantos hombres y mujeres que han sembrado en nosotros la semilla
del evangelio con su testimonio martirial.”

3.8.3.  Semana Santa. Homilía
en la misa in Coena Domini.
S.I. Catedral Metropolitana. 12 de abril de
2001
Los beatos José Aparicio Sanz y compañeros mártires encontraron en el
Sacramento de la Eucaristía el alimento de su fe, el sostenimiento de su
esperanza, la fortaleza de su amor. Que ellos rueguen por
nosotros.

3.8.4.  De la homilía en la ordenación de presbíteros.
S.I.
Catedral Metropolitana. 30 de junio de 2001
“Permitidme que os proponga como
modelos a nuestros sacerdotes mártires, beatificados el pasado 11 de marzo. El
beato José Aparicio Sanz y sacerdotes compañeros, fueron hombres de fe. Lo
dieron todo. La santidad de su vida quedó de manifiesto con el testimonio de su
martirio.
Fueron grandes y buenos sacerdotes, dignos administradores de la
gracia, servidores diligentes del Pueblo Santo de Dios. Tuvieron muchas
dificultades. Sufrieron persecución, vejaciones, torturas, infamias. Todo
lo soportaron por amor a Cristo y a su Iglesia.
Con el derramamiento de su
sangre fueron plenamente asociados a la muerte y resurrección de Cristo, a cuyo
servicio habían consagrado totalmente sus vidas. Que ellos sean un punto de
referencia para vosotros.”
Arriba
IV.  PARTE GRÁFICA
4.1.  Tapiz
preparado para la plaza de San Pedro del Vaticano
En el museo San Pío V de la
Ciudad de Valencia se conserva un sepulcro en el que, según la tradición, fue
colocado el cuerpo del diácono San Vicente, quien murió martirizado en Valencia
en torno al año 304.
Este sarcófago, elaborado en mármol, probablemente en el
siglo iv, sólo ofrece labrado uno de los frentes. La mayor parte se encuentra
cubierta por una decoración “estrigilada”, en forma de “S” alargada. En los
extremos hay dos pilastras corintias estriadas.
Pero la sección más
interesante es el relieve rectangular que se encuentra en la zona central. El
motivo inferior es una cruz latina gemada, es decir, decorada con piedras
preciosas figuradas, y debajo de sus brazos hay un cordero, a la derecha, y un
ciervo, a la izquierda.
Sobre la cruz, coronándola, se encuentra el
crismón constantiniano, formado por las dos primeras letras del nombre de Cristo
en griego. El crismón, también decorado con gemas, está encerrado dentro de una
rica láurea o corona de hojas de laurel, enlazadas con cintas. En los brazos de
la cruz descansan dos palomas, que picotean los frutos de la corona de
laurel.
Este relieve central es símbolo de la muerte y la resurrección de
Cristo, significadas, respectivamente, por la cruz y el crismón coronado.
Las
palomas representan las almas de los justos, quienes, seguros en el árbol de la
cruz, saborean los beneficios espirituales de la resurrección del Señor.
Pregustando los bienes celestiales, confían alcanzar la corona de la
inmortalidad. Ésta es la esperanza que les permite enfrentarse incluso al
martirio, con la seguridad de que la victoria final pertenece a Cristo.
Este
relieve central, de gran calidad y bella composición, es reproducido en el tapiz
que durante el acto solemne pende en la fachada de la Basílica de San Pedro. Con
él quiere representarse a los 233 mártires que son beatificados. Siguiendo los
pasos de San Vicente Mártir, ellos dieron sus vidas por Cristo, con la mirada
puesta en su muerte y resurrección, seguros de alcanzar “la corana de gloria que
no se marchita” (1 P 5, 4).
Arriba
4.2.  Medalla oficial
La
Archidiócesis de Valencia dispuso que la prestigiosa Casa de Milán “Colombo”
acuñase una medalla conmemorativa. El anverso reproduce los rostros de algunos
mártires. En primer plano están los que encabezan los tres grupos: José Aparicio
Sanz, Amalia Abad y Rafael Alonso. En segundo plano están los perfiles de otros
mártires que representan simbólicamente a todos los demás, con la inscripción:
SACERDOTES DIOCESANOS, MUJERES, HOMBRES Y JÓVENES DE A.C.
En el reverso está
la Patrona de Valencia, la “Mare de Déu dels Desamparats”, primera “mártir” de
la persecución, pues su sagrada imagen fue “fusilada” y su Real Basílica
incendiada. La Puerta de los Apóstoles de la Catedral con la girola y el arco,
que conduce hacia los lugares del martirio de San Vicente, y la inscripción:
MÁRTIRES VALENCIANOS DEL SIGLO XX, con la fecha de la Beatificación:
11-3-2001.
Arriba
4.3.  Descripción del relicario de los mártires ofrecido
al Santo Padre
Se ha tomado como punto de partida el estilo clásico, pensando
el lugar en donde ha de ser expuesto: La Capilla de reliquias del
Vaticano.
El relicario tiene forma de tríptico, que surge de una base en
donde están representadas, por medio de sus respectivos anagramas o escudos,
entrelazados con palmas, símbolo del martirio, todas las Congregaciones que
presentan a sus mártires. En el friso se ha grabado la inscripción de la
Antífona I de las vísperas del oficio de mártires: “MORTUI SUNT MARTYRES PRO
CHRISTO, ET VIVENT IN AETERNUM” + “MARTYRUM CHORUS, LAUDATE DOMINUM IN EXCELSIS”
(Los mártires que dan la vida por Cristo, viven eternamente + Coro de los
mártires, alabad al Señor en el cielo). Y sobre la base de la cara posterior el
texto del Apocalipsis: “HI SUNT QUI VENERUNT DE TRIBULATIONE MAGNA (ANNIS
DOMINI MCMXXXVIóMCMXXXIX) ET LAVERUNT STOLAS SUAS ET DE ALBAVERUNT EAS IN
SANGUINE AGNI” (Apoc. 7, 14) (Éstos son los que vinieron de una gran persecución
-años del Señor 1936-1939- y lavaron sus ropas con la sangre del
Cordero).
Sobre la base surge una pequeña predela en forma de altar que hace
alusión al versículo del Salmo 50: “Acepta los sacrificios, ofrendas y
holocaustos sobre tu altar, Señor”. Sobre las cartelas de este altar, lleva unas
ramas de roble símbolo de la fortaleza. Una inscripción central hace de
ofrecimiento de este relicario al Papa: “LA ARCHIDIÓCESIS VALENTINA EN ESPAÑA
OFRECE ESTAS RELIQUIAS AL SUCESOR DE PEDRO”.
Encima de este pequeño altar
descansa la caja del relicario en forma de tríptico, rematado con un frontón
curvo entre cuyas cornisas y sobre enrayada hay una pequeña figura representando
al Padre Eterno. Debajo de Él, en el friso, el versículo del Te Deum: “TE
MARTYRUM CANDIDATUS LAUDAT EXERCITUS” (Te alaba el numeroso ejército de los
mártires). En las dos caras de las puertas exteriores lleva representados los
escudos de la Sede Valentina y de su Reino, además de las bisagras y cierre que
llenan los espacios libres juntamente con cenefas ornamentadas con palmas.
En
el interior de éstas se han repujado dos figuras que representan, una de ellas a
Santiago Apóstol, por ser el que predicó en España la Fe Apostólica; a sus pies
un cartelón, perteneciente al responsorio de las segundas vísperas del Apóstol
Santiago, dice: “ANUNTIATE INTER GENTES GLORIAM DOMINI” (Anunciad a todas las
gentes la gloria del Señor). La otra figura representa a San Vicente Mártir, que
hizo fructificar la fe de Cristo en estas tierras; el versículo es: “PROBABIT ME
DOMINUS QUASI AURUM” (Me ha probado el Señor como el oro). Las dos figuras van
enmarcadas con ramas de roble y olivo, símbolo de la fuerza y de la paz.
El
centro del tríptico o caja del relicario queda dividido con una cruz esmaltada
en rojo, que representa a Cristo y sobre ella palmas martiriales. En el centro
hay una paloma. De esta forma entre la cruz, la paloma y la figura superior
conforman la Santísima Trinidad que ampara las reliquias de aquellos que con su
fe y fortaleza regaron con su sangre las tierras de Valencia. En los vanos de la
cruz están las 16 tecas que contienen las reliquias.
En la cara posterior del
relicario se han grabado los nombres de los 233 mártires, con su nombre,
apellidos y congregación a la que pertenecieron.
En los laterales de la caja
hay una pequeña inscripción que dice: “PIRÓ FECIT VALENTIAE, 2001” y en el otro
el punzón del taller. Todo el relicario es de plata, combinando su color con el
dorado de la misma, repujados, cincelados y esmaltados. Su tamaño es de 54
centímetros incluida la peana de madera. Su peso total de 10.600
Kg.
Arriba
4.4.  Descripción de la arqueta que contiene las venerables
reliquias de los mártires para la Catedral de Valencia
Se trata de un arca
con cuerpo paralelepípedo, achaflanado en sus ángulos y tapa ondulada con sus
correspondientes vertientes a sus caras.
Se amolda al estilo
barroco-neoclásico-academicista imperante en la capilla donde está
instalada (y que Antonio Gilabert dispuso en el siglo xviii) acomodando la
ornamentación y funcionalidad al uso y destino para la cual se ha
realizado.
En el frontal se ha representado la figura de Cristo Rey, sentado
en la majestad de su gloria con los símbolos trinitarios. El Salvador domina
sobre el mundo esclavizado por el pecado y triunfante, con los brazos
extendidos, acoge a todo el que sigue su ejemplo hasta el martirio. En las
biografías de los mártires leemos que, la inmensa mayoría, murió perdonando y
gritando “Viva Cristo Rey”.
Completan el frontal dos grupos de figuras
convergentes. A la izquierda, se ha representado a obispos, sacerdotes,
religiosos y religiosas. A la derecha, a los seglares de toda condición, oficio
y edad, portando el símbolo del martirio. Sobre esta escena corre un friso que
circundando la arqueta lleva la siguiente inscripción en latín “MARTIRES SUNT
QUI PRO CHRISTO VIVENT IN AETERNUM” (Éstos son los que martirizados por Cristo,
viven eternamente).
En el panel trasero se ha representado el escudo de la
Diócesis Valentina, por medio del sello de la Catedral; la Virgen María sedente,
con su Hijo en brazos y la inscripción que los rodea: “INSIGNE DECUS VALENTINAE
SEDIS”.
Todo ello orlado con ramos de palmas, rosas y azucenas. Bajo el
escudo una filacteria o cinta, entrelazada con ramas de roble (símbolo de la
fortaleza) con la siguiente inscripción, escogida del Himno de acción de gracias
o Te Deum: “TE MARTIRUS CANDIDATUS, LAUDAT EXERCITUS” (Te alaba el numeroso
ejército de los mártires).
A ambos lados dos paneles donde lleva grabados los
nombres de los mártires que hasta la fecha se han depositado en el interior del
arca y espacio para poder grabar los que en el futuro se puedan agregar.
En
los laterales, sendas asas articuladas para manipular el arca, rodeadas por
filacterias con las inscripciones correspondientes al propio del oficio de los
mártires. “ANUNTIATE INTER GENTES GLORIAM DOMINI” y “PROBABIT ME DOMINUS QUASI
AURUM” (Anunciad entre las gentes la gloria del Señor y Me ha probado el Señor
como al oro).
En los chaflanes de los ángulos se han colocado, unas cartelas
que los cubre en toda su extensión y que además de acabar en su extremo inferior
en el remate que eleva toda el arca, sustenta sobre sus ritmos unas ánforas
flamígeras adornadas con ramas de roble. Aparte del elemento ornamental que
cubren, hay que buscar su paralelismo con el cuerpo del mártir, que aunque
siendo vasijas de barro por efecto del pecado original, éstas se transforman,
por medio de la gracia del lavado Bautismal, en lámparas ardientes por medio de
la Fe, animadas por la Esperanza y sobre todo robustecidas por la
Caridad.
Sobre la tapa que cubre el arca, se encuentran unas palmas
entrecruzadas, así como un cáliz y un áncora (símbolo de la Fe y la Esperanza) y
que juntamente con la cruz-crismón se eleva como remate y atrae y cobija a la
humanidad como el Buen Pastor que atrae a sus ovejas. Este Crismón es una
interpretación libre de la decoración del sarcófago de San Vicente mártir (el
primero que regó con su sangre nuestras tierras), adaptada como remate de la
obra.
En el interior de la arqueta hay, unas guías donde se ajustan quince
paneles, los cuales albergan cuarenta y ocho celdilla o tecas por ambos lados,
con los fragmentos de cada mártir y su nombre correspondiente. Una base
intercambiable y la documentación o “auténtica” que lacrada y sellada por los
jueces designados para el caso, acredita la veracidad de lo depositado en el
interior.
Técnicamente, el conjunto pesa 80 kilogramos, de lo cuales 16,
corresponden a la plata que en sus repujados, cubiertas y paneles, ornamentan la
obra. El resto es bronce bañado con oro fino, bruñido y lacado para su
conservación.
La fecha de ejecución y punzón la lleva en la lazada de la
parte posterior y dice así “PIRÓ FECIT IN VALENTIAE. A D. 2001” (Hecho por Piró
en Valencia. Año del Señor
2001).
Arriba
4.5.  Cuadros
4.5.1.  Aproximación de la representación
pictórica (I)
En este análisis se pretende exponer cómo han sido dispuestos
los diferentes elementos gráficoóplásticos que se aglutinan en la
confección de ésta obra pictórica.
Cabe indicar que desde el inicio de su
creación se ha atendido en todo momento a las directrices y pormenores que
requería el proyecto plástico; su cometido y función, en la que prima ser una
pintura destinada al culto. Las dimensiones concretas y disposición del formato
adaptándose al vano de pared a ocupar, el lugar destinado para su ubicación,
concretamente la capilla de San Jacinto Castañeda, sita es la Catedral de
Valencia.
En la pintura se representa un nutrido grupo de personas (poco más
de un centenar), todas ellas derramaron su sangre por Cristo durante la
persecución religiosa de 1936. El grupo mostrado forma parte de la mitad de los
mártires valencianos del siglo xx que fueron beatificados el 11 de marzo de
2001. La representación de sus imágenes tiene el claro propósito de que sus
figuras puedan ser veneradas.
La estructura compositiva de la obra radica en
una ampulosa espiral claramente definida, ésta queda comprendida por dos puntos
de fuga dispuestos en dos planos de altura distintos que consiguen aunar el
fluir del grupo humano representado. La utilización de la espiral viene traída
por tratarse de un elemento geométrico siempre abierto y cargado de simbolismo;
desde la mera expresión de movimiento, pasando por el concepto de infinitud y
eternidad, además de toda una serie de connotaciones de tipo espiritual y
místico.
Los dos puntos de fuga a que aludimos con anterioridad, son el
origen desde donde viene la marcha de la romera de mártires. Ésta se va
vertebrando y haciendo cada vez más visible paulatinamente llegando incluso,
gran número de las personas representadas
a hacercarse en primerísimos planos frente al observador (área interior del
cuadro), zona ésta que bien podría simbolizar la llegada a las puertas de la
Gloria celestial.
La omnipresencia de la Cruz, símbolo por excelencia de la
cristiandad, surge de forma velada de entre los vaporosos fondos del cuadro,
prolongando dos de sus brazos hasta bañar con su luz las figuras del grupo de
mártires.
La romería muestra jalonadamente a mártires pertenecientes a
diversas ordenes religiosas así como de hombres y mujeres seglares de diferente
condición y profesión. Están representadas las ordenes y congregaciones a las
que pertenecieron son: Clarisas, Jesuitas, Franciscanos, Dominicos, Salesianos,
Capuchinos, Dehonianos, Hermanitas de los Ancianos Desamparados, Sacerdotes
diocesanos, Carmelitas, Hermanos de la Doctrina Cristiana, Escolapias,
Terciarios Capuchinos y Hombres y Mujeres de Acción Católica. Podemos constatar
sin ningún género de duda la variada representación eclesial.
Retomando el
tratamiento plástico del cuadro, cabe indicar que se he cuidado en grado extremo
el conjunto de elementos gráficoópictóricos que intervienen y sus posibles
combinaciones e interrelaciones. Desde la estructura formal de las diferentes
figuras, sus disposiciones, composiciones, anatomías y elementos de atrettzo. La
relación entre las figuras y el fondo, pasando por la creación de espacios, el
variado uso de texturas y veladuras. Los diferentes trazos gestuales de las
pinceladas. La constante persecución de la naturalidad en el movimiento
y gestualidad de las figuras así como la aproximación en la consecución de la
identidad de sus rostros, de los que se pueden acertar e identificar algo más de
una treintena de ellos.
El tipo de iluminación empleado, juega un importante
papel dentro de la composición en si. El foco luminoso más intenso se
circunscribe al ángulo superior izquierdo del cuadro y a su vez el fluir del
baño lumínico tiene su gradación de origen cenital, impregnando a cada figura de
la escena, esto propicia en la mayoría de ocasiones marcados
contrastesluzósombra, tanto en los rostros como en sus indumentarias. Sólo en
contadas ocasiones aparecen figuras que sitúan sus rostros a contraluz.
El
tratamiento del color, sin duda condicionado por la iluminación es
predominantemente cálido, éste también viene atemperado por la dominante
sobriedad cromática requerida en el vestuario de los personajes. En el uso del
color se ha pretendido huir de estridencias coloristas tratando de mantener una
variedad equilibrada del mismo, con el fin de conseguir un clima naturalista.
Este hecho facilita la aproximación del observador hacia los personajes
representados.
La sensación de profundidad en el área superior del cuadro se
ha potenciado al aplicar la perspectiva aérea y la técnica del esfumato ayudando
de éste modo a crear una atmósfera difusa, en la que a medida que se alejan las
figuras de los personajes, disminuyen sus tamaños y a su vez el contorno de sus
formas va desdibujándose hasta desaparecer en la lejanía.
Valiéndonos de
variada y pormenorizada documentación gráfica de la época de los personajes en
la que fueron fotografiados con diversa fortuna, la resolución de los retratos
responde e un extenso estudios y análisis previo de cada caso en particular, en
los que para cada persona se ha requerido un tratamiento especifico y distinto.
Por otra parte también se ha aunado la intención de mostrar un cierto aire
general de templanza, vaga resignación, fuerza interior alimentada por la Fe,
generosidad, entereza y sobre todo serenidad y entrega.
En el conjunto de los
personajes pintados se ha pretendido conferir una reinante sensación de
proximidad, humanidad y naturalidad.
Éste cuadro forma una unidad cerrada en
si misma pero a su vez se complementa por una segunda obra en la que queda
completa la cifra de los 233 mártires que fueron beatificados por Juan Pablo II
el 11 de marzo de 2001.

4.5.2.  Aproximación de la representación
pictórica (II)
Este cuadro es un complemento del anterior. La temática,
contenido, función y dimensiones son similares al antes señalado. La pintura
representa un nutrido grupo de mártires que derramaron su sangre por Cristo
durante la persecución religiosa de 1936. El grupo mostrado es la otra mitad de
los que fueron beatificados en Roma por el Papa Juan Pablo II el 11 de marzo de
2001.
La estructura compositiva de la obra radica en una sinuosa curva
inmersa en una gran espiral, comprendida por dos puntos de fuga dispuestos en
dos planos de altura distintos que consiguen aunar el fluir del grupo humano
representado. La utilización de la espiral viene traída por tratarse de un
elemento geométrico siempre abierto y cargado de simbolismo; desde la mera
expresión de movimiento, pasando por el concepto de infinitud y eternidad,
además de toda una serie de connotaciones de tipo espiritual y místico.
Los
dos puntos de fuga son el origen desde el cual vienen los mártires. Ésta se va
vertebrando y haciendo cada vez más visible, llegando incluso a acercarse
en primerísimosplanos frente el observador, el cual puede reconocer a muchos de
ellos, área inferior del cuadro.
En la zona superior derecha, se ha dispuesto
de forma parcial y un tanto velada la parte más característica la cruz y el
crismón coronado procedente del sepulcro de San Vicente Mártir. Se trata de una
cruz gloriosa, símbolo de la muerte y resurrección de Cristo. Los 233 mártires
que han sido beatificados, siguiendo el ejemplo del primer mártir de la iglesia
valenciana, han alcanzado ya “la corana de gloria que no se
marchita”.

4.5.3.  Descripción del cuadro: “Glorificación de los mártires
valencianos”, composición formal
Desde una vista de la ciudad de Valencia
rodeada por el río Turia con las siluetas de los monumentos más representativos:
Miguelete, cimborrio de la Catedral, puente y Torres de Serranos, destacándose
en el crepúsculo se elevan en un ascenso helicoidal esa “muchedumbre de justos
que nadie podría contar; que han blanqueado sus túnicas en la sangre del
cordero” según nos cuenta San Juan en el Apocalipsis. Suben en un ascenso
dinámico al encuentro con la figura de Cristo que, sentado en un Trono de nubes
rodeado de luz deslumbradora les abre, sus brazos en actitud
acogedora.
Algunos llevan palmas en sus manos, y una alegría desbordante se
refleja en sus rostros y en sus manos. Hay mujeres, hombres, sacerdotes,
religiosas y religiosos, todos participan de esa dinámica ascendente en pos de
su meta: su encuentro con Cristo. El triunfo final de los juntos.
Aunque no
es momento de jerarquías, para destacar con un nombre al conjunto numeroso de
los 233 mártires que han sido beatificados por Juan Pablo II, la figura superior
de la derecha representa la efigie de José Aparicio Sanz, que aparece con estola
roja, mínimo distintivo más cromático que diferencial: “José Aparicio y
compañeros”.
La composición cromática es fruto de largos años de estudio de
la luminosidad de los colores. Data de los primeros años de estancia
en Tavernes de Valldigna del artista JoséGrassa Hontecillas, en que empezó a
intuirla y cuyo conocimiento alcanzó hace pocos años. Desde entonces la aplica
en sus obras de forma consciente y controlada. Dicha luminosidad da un poder
reflectante singular al cuadro. Un poco como si tuviera luz propia.
La
hechura ha sido resuelta como intentando que el juego de pinceladas parezca que
“ha salido sólo”, en un acto lúdico.
Arriba
4.6.  Bibliografía sobre los
mártires beatificados
Mucho se ha publicado sobre los 233 Mártires españoles
beatificados por Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001. Cada postulación, a parte
de la respectiva Positio, dedicó todo su empeño para dar a conocer las vidas de
sus respectivos mártires. Conscientes de que somos parciales preferimos, no
obstante, ofrecer la siguiente
biografía:
Valentina Beatificationis seu declarationis Martyrii Servorum Dei Rvdi.
D. Josephi Aparicio Sanz et Sociorum in martyrio sacerdotum de Clero
Valentino in odium fidei, uti fertur,interófectorum, Roma 1999;
Cárcel Ortí, V., Historia de la Iglesia en Valencia, tomo II, Valencia 1986; –
“La persecutión religieuse en Espagne de 1931 à
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