LOS PROTOMARTIRES DE ROMA 30 JUNIO

LA       CALUMNIA

Si a Oriente, Jerusalén, le       bastó un Prrotomártir, Esteban, porque le había       precedido la       Cabeza, Cristo, a Occidente, la Capital del Imperio, Roma, a       quien alude, le hizo falta la multitud innumerable del Apocalipsis, los       Protomárties de Roma, de cuya historia nos dan       testimonio Tacito, Dion Casio y Plinio el Joven       por la historia civil, Tertuliano y San Clemente I papa, por la de       la Iglesia.       En el año 64 un incendio devastó 10 de los 14 barrios de       Roma. Fue un incendio tan voraz que dispersó a los vecinos por todas       partes enloquecidos por la fuerza de las llamas. Gritaban las mujeres,       chillaban los niños y en su desesperación algunos ya se daban por vencidos       y se dejaban alcanzar por el fuego trepidante. El emperador Nerón, fue       acusado por el pueblo de haber provocado él mismo el incendio con la       intención de satisfacer su orgullo de querer alzar una nueva  Roma, sobre los escombros de la       vetusta y cochombrosa Roma. Siempre ha ocurrido,       para alzar una Constitución nueva y derrumbar un Estado, se busca un chivo       expiatorio sobre el que se carguen los muertos a base de mentiras,       silencios  y trampas.

LOS ANALES DE       TACITO

El gran historiador Tácito       Cornelio (54-120), senador y cónsul, describirá este acontecimiento       escribiendo en tiempo de Trajano sus Anales. Cuando los rumores se       hicieron públicos, Nerón, encontró los culpables, los cristianos. Con ello       empieza la primera, gran persecución que durará hasta el 68 y acabará con       la vida entre otros de los apóstoles Pedro y Pablo. Sometió a       refinadísimas penas a los cristianos, que ya eran mal vistos por las       infamias que se les atribuían. El nombre de cristianos venía de Cristo,       quien bajo el reinado de Tiberio había sido condenado al suplicio por       orden del procurador Poncio Pilato. Momentáneamente adormecida, esta       maléfica superstición irrumpió de nuevo no sólo en Judea, sino también en       Roma, adonde todo lo que es vergonzoso y abominable viene a confluir.       Primeramente fueron arrestados los que hacían abierta confesión de su fe.       Después, tras denuncia de estos, fue arrestada una gran muchedumbre, no       tanto porque acusados de haber provocado el incendio, sino porque se los       consideraba encendidos en odio contra el género humano.

LOS       TORMENTOS

Aquellos que iban a morir eran       también expuestos a las burlas: cubiertos de pieles de fieras, morían       desgarrados por perros, o eran crucificados, o quemados vivos como       antorchas que iluminaban las tinieblas, puesto el sol. Nerón ofreció sus       jardines para gozar de tal espectáculo, mientras él anunciaba los juegos       del circo y vestido de auriga se mezclaba con el pueblo, o aparecía       erguido en su carroza.

JUICIO PERSONAL DE       TACITO

Los cristianos eran, pues,       considerados también por Tácito como gente despreciable, capaz de crímenes       horrendos, como el infanticidio ritual, la renovación de la Cena del Señor, en la       que se alimentaban de la Eucaristía, era interpretada       como el asesinato de un niño para comérselo. Lo que originó la disciplina       del arcano, que prohibía divulgar el sacramento de la eucaristía. También       interpretaban como incesto el abrazo de paz que se hacía en la celebración       de la       Eucaristía «entre hermanos y hermanas»). Estas       acusaciones, nacidas del chismorreo de la gentuza, fueron sancionadas por       la autoridad del emperador, persiguiendo a los cristianos y condenándolos       a muerte. Desde ese momento, nos lo atestigua Tácito, se añadió a la       imputación contra los cristianos también un nuevo crimen,: el odio contra el género humano. Plinio el joven, irónicamente, escribirá que con una       acusación semejante se habría podido en lo sucesivo condenar a muerte a       cualquiera.

ACUSADOS DE       ATEISMO

El historiador griego Dión Casio, que en Roma fue pretor y cónsul, en el       libro 67 de su Historia Romana afirma que bajo Domiciano fueron acusados y       condenados «por ateísmo» (ateótes) el consul Flavio Clemente y su mujer Domitila, y con ellos muchos otros que «habían       adoptado los usos judaicos».

La acusación de ateísmo, es       dirigida contra quien no considera divinidad suprema la majestad imperial.       Domiciano, durísimo restaurador de la autoridad central, pretende el culto       máximo a su persona, centro y garantía de la «civilización humana».

Parece mentira que un       intelectual como Dión Casio llame «ateísmo» el       rechazo del culto al emperador, lo que significa que en Roma no se admitía       ninguna idea de Dios que no coincida con la majestad imperial. Quien tiene       una idea diversa es eliminado como gravemente peligroso para la       «civilización humana».

LA COARTADA       DE NERON

Sobre los cristianos en       consecuencia, descargó Nerón, las acusaciones que se le habían hecho a él,       condenándolos a terribles suplicios. Aparte de que la doctrina  cristiana eran un desafío a los       dioses paganos celosos y vengativos… “Los paganos—dirá Tertuliano—       atribuyen a los cristianos todas las calamidades públicas, cualquier       catástrofe. Si las aguas del Tíber se desbordan       e inundan la ciudad, si por el contrario el Nilo no se desborda ni inunda       los campos, si hay sequía, carestía, peste, terremoto, la culpa es toda de       los cristianos, que desprecian a los dioses, y por todas partes se grita:       ¡Los cristianos a los leones!”.

ANTORCHAS       HUMANAS

Nerón tuvo la responsabilidad       de haber iniciado la absurda hostilidad del pueblo romano, más bien       tolerante en materia religiosa, respecto de los cristianos: la ferocidad       con la que castigó a los presuntos incendiarios no se justifica ni       siquiera por el supremo interés del imperio. Antorchas humanas, rociadas       con brea ardiendo en los jardines de la colina Oppio, mujeres y niños vestidos con pieles de animales       en las garras de las bestias feroces en el circo, fueron espectáculos tan       horrorosos que suscitaron un sentido de compasión y de horror en el mismo       pueblo romano. “Entonces —dice Tácito—se manifestó un sentimiento de       piedad, aunque se tratara de gente merecedora de los más ejemplares       castigos, porque se veía que eran eliminados no por el bien público, sino       para satisfacer la crueldad de un individuo”, Nerón. La persecución no       terminó en aquel fatal verano del 64, sino que continuó hasta el año 67.       La gente sin embargo pensaba que había sido el propio emperador Nerón, “el       loco”, quien lo provocó, y es famosa la imagen del emperador tocando el       arpa en su palacio mientras observaba las llamas destruyendo la capital       del imperio. Hay muchas teorías: desde la simple y llana demencia de Nerón       hasta una compleja maniobra política con vistas a replantear todo el       urbanismo de Roma. El caso es que, hoy por hoy, no podemos afirmar con       seguridad si Nerón fue o no el culpable. Lo que si sabemos es que el       emperador empezó a preocuparse cuando sus súbditos comentaron que él era       el pirómano.

De modo que buscó a un       responsable que pagara las culpas, alguien en quien descargar la ira y la       frustración del pueblo romano. Los cristianos no adoraban a los dioses del       imperio, tenían fama de raros y hasta se decía que eran caníbales. La       gente de la calle estaba dispuesta a echarles mano, y que pagaran tal       atrocidad. Así comenzó la primera persecución de cristianos Decapitados,       crucificados, quemados en la hoguera, pero los       romanos.

“PAN Y       CIRCO”

Era uno de los lemas favoritos       de los emperadores; de modo que hicieron del martirio de estos hombres y       mujeres una diversión para el pueblo romano. Los cristianos eran       conducidos al coliseo, donde eran devorados por las fieras ante el asombro       y sobrecogimiento del público, que rompía en aplausos o carcajadas cada       vez que un mártir era devorado por un león. La costumbre parece que tuvo       éxito, y durante años los cristianos fueron perseguidos y asesinados.       Primero por el incendio, después por el odio que se había inculcado hacia       ellos y, por último, porque eran peligrosos, porque crecían, pudo escribir       Tertuliano, “somos de ayer y llenamos todo el orbe” y porque negaban la       legitimidad misma de un imperio basado en la divinidad del gobernante. El       historiador Tácito (120) da cuenta en sus Anales de la muerte de «esas       gentes a las que el vulgo denominaba cristianos. Eran, según dice, «una       inmensa multitud», estos son los que vienen de la gran tribulación, dice       Juan en el Apocalipsis. Su muerte «fue organizada como una diversión.       Unos, cubiertos con pieles de fieras, fueron desgarrados por perros; otros       fueron izados a cruces en las que, al caer el día, se convirtieron en       antorchas vivas, a fin de iluminar la noche. Nerón había ofrecido sus       jardines para semejante espectáculo. Facilitaba juegos en el circo,       mezclándose entre la multitud, vestido de auriga  de cuadrigas o bien tronando sobre       su vehículo. Por eso, aun cuando estas gentes fueran unos culpables dignos       de los últimos suplicios, uno se sentía lleno de compasión al ver cómo       eran inmolados no para el bien público, sino por crueldad de uno solo».

EL SEPULCRO DE       PEDRO

El apóstol San Pedro fue uno de       los crucificados en esta noche atroz, puesto que su cuerpo se hallaba       depositado en la ladera de la colina vaticana. Posteriormente, el lugar       fue identificado y se construyó el primer templo conmemorativo. Hoy, en el       centro de la       Basílica, bajo la cúpula de Bernini es, precisamente donde se encontró su cuerpo.       Importantes excavaciones realizadas con todo el rigor científico durante       el Pontificado de Pío XII encontraron los restos del Apóstol Pedro hecho       datado y acreditado con toda seguridad.

LA TUMBA       DE PABLO

San Pablo fue decapitado en       Tre Fontane, Tres       Fuentes y enterrado muy cerca en el mismo sitio donde hoy se alza       la       Basílica de San Pablo extramuros, en la Vía Ostiense. Allí, además, del cuerpo de       Pablo está también la cabeza de Pedro. En el interior del templo hay dos       impresionantes estatuas de los dos Santos Apóstoles. Pedro exhibe las       llaves del Reino. Pablo, la espada de su palabra. Se llama Extramuros       porque se encuentra fuera del recinto de la muralla de Roma. Esta       basílica, muy importante, es como un santuario dedicado a las Iglesias de       Oriente y su arquitectura guarda la inspiración de los grandes templos       orientales. El lugar se denominó Tre Fontane por las tres fuentes que brotaron en los tres       rebotes que dio la cabeza en tierra al ser       decapitada.

JESUS MARTI       BALLESTER

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Veladas por la Vida en 12 localidades de la C. Valenciana

Bajo la denominación de Veladas por la Vida, los voluntarios de Derecho a Vivir han convocado más de cien concentraciones cívicas (diez de ellas en la C. Valenciana) para el primer fin de semana de julio en toda España y en algunas ciudades del resto de Europa e Iberoamérica, coincidiendo con el primer aniversario de la entrada en vigor de la ley que legaliza el aborto indiscriminado en España durante las doce primeras semanas de gestación. Algunas más (como la del viernes 25 de junio en Orihuela) ya han tenido lugar y otras (como la prevista en Alicante) se llevarán a cabo la semana siguiente.

En todas estas Veladas por la Vida se lee un manifiesto en el que se recuerda a los candidatos a las próximas Elecciones Generales la prioridad de derogar una ley injusta y violenta que conculca el derecho fundamental a la vida y deja en la salud de las mujeres secuelas de la violencia abortista. El texto incluye también una petición al Congreso de los Diputados, al que reclaman que rechace el proyecto de ley de “muerte digna”.

La primera Velada de esta campaña en nuestra región tuvo lugar el pasado sábado, 25 de junio, en la Plaza de la Catedral de Orihuela, donde a partir de las 21:00 horas se congregaron centenares de personas.

Diez más están programadas para el próximo domingo, día 3 de julio.

Dos se celebrarán en localidades de la provincia de Alicante:

  • Los Montesinos (Alicante), a las 20:00h., en la Plaza de la Iglesia.
  • Elche (Alicante), a las 21:00 h., en la Plaza de Baix (frente al Ayuntamiento).

Otras dos, en la de Castellón:

  • Nules (Castellón), a las 12:00 h., frente a la iglesia de la playa.
  • Castellón, a las 20:00 h., en la Plaza Mayor (frente al Ayuntamiento).

Seis más, en la de Valencia:

  • Torrent (Valencia), a las 19:00 h., en la Plaza Obispo Benlloch (frente al Ayuntamiento, junto al ficus).
  • Jarafuel (Valencia), a las 20:00 h., frente al Ayuntamiento.
  • Xàtiva (Valencia), a las 20:30 h., en la Albereda Jaume I, 35 (frente al Ayuntamiento).
  • Algemesí (Valencia), a las 21:00 h., en la Plaza Mayor.
  • Valencia, a las 21:00 h., en la Plaza de la Virgen.
  • Náquera (Valencia), a las 22:00 h., en la Plaza del Ayuntamiento.

El fin de semana siguiente, concretamente el viernes 8 de julio, se celebrará la Velada por la Vida en Alicante, a partir de las 20:30 h., en la Plaza de la Montañeta (frente a la parroquia Ntra. Sra. de Gracia).

– Lista actualizada de las Veladas organizadas en toda España en este enlace: http://www.hazteoir.org/veladas-3j-2011

– Más información sobre las Veladas por la Vida en su propia web: http://veladasporlavida.derechoavivir.org

El episcopado español ante el proyecto de ley sobre el final de la vida

Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal

 

La CCXX Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, el 22 de junio de 2011.

 

1 En España, como en otros lugares del mundo occidental, se discute y se legisla des­de hace años acerca del mejor modo de afrontar la muerte como corresponde a ese momento tan delicado y fundamental de la vida humana. La actualidad de la cuestión viene dada por di­versos motivos. Es posible que el m&#2 25;sdeterminante de ellos se halle en los avances de la me­dicina, que si, por una parte, han permitido alargar el tiempo de la vida, por otra, ocasionan con frecuencia situaciones complejas en los momentos finales, en las que se ha hecho más difícil distinguir entre lo natural y lo artificial, entre el dolor inevitable y el sufrimiento debido a determinadas intervenciones de las nuevas técnicas médicas. Además, la mayor frecuencia con la que las personas llegan a edades avanzadas, en situaciones de debilidad, ha replantea­do también la cuestión del sentido de la vida humana en esas condiciones.

2 En diversas ocasiones que demandaban una palabra de clarificación a este respec­to, a la luz del Evangelio de la vida y de los derechos fundamentales de la persona, la Confe­rencia Episcopal ha hecho oír su voz a través de sus diferentes organismos (1). Los principios básicos de la doctrina católica sobre “el Evangelio de la vida humana”, en todos sus aspectos y, por tanto, también en los referentes al “respeto y cuidado de la vida humana doliente y terminal” se hallan luminosamente sintetizados en el tercer capítulo de la Instrucción Pastoral de la Asamblea Plenaria titulada La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (2).

3 El Gobierno de la Nación ha aprobado el pasado día 17 de junio un ”Proyecto de Ley Reguladora de los Derechos de la Persona ante el Proceso Final de la Vida” que aborda por primera vez esta cuestión en una posible norma para toda España (3). Deseamos hacer pública nuestra valoración del mismo para contribuir al necesario y pausado debate público sobre una cuestión de tanta relevancia y para ayudar a los católicos y a todos los que deseen escuchar­nos a formarse un juicio ponderado y acorde con el Evangelio y con los derechos fundamenta­les del ser humano.

4 Con este propósito, recordamos primero sucintamente los principios básicos del Evangelio de la vida y ofrecemos luego nuestra valoración del Proyecto a la luz de tales princi­pios.

PARTE PRIMERA El Evangelio de la vida: la vida de cada persona es sagrada, también cuando es débil, sufriente o se encuentra al final de su tiempo en la tierra; las leyes han de proteger siempre su dignidad y garantizar su cuidado (4)

La dignidad de la vida humana y su carácter sagrado

5 Cuando hablamos de dignidad humana, nos referimos al valor incomparable de ca­da ser humano concreto. Cada vida humana aparece ante nosotros como algo único, irrepeti­ble e insustituible; su valor no se puede medir en relación con ningún objeto, ni siquiera por comparación con ninguna otra persona; cada ser humano es, en este sentido, un valor absolu­to.

6 La revelación de Dios en Jesucristo nos desvela la última razón de ser de la sublime dignidad que posee cada ser humano, pues nos manifiesta que el origen y el destino de cada hombre está en el Amor que Dios mismo es. (…) Los seres humanos no somos Dios, no somos dioses, somos criaturas finitas. Pero Dios nos quiere con Él. Por eso nos crea: sin motivo algu­no de mera razón, sino, por pura generosidad y gratuidad, desea hacernos partícipes libres de su vida divina, es decir, de su Amor eterno. La vida humana es, por eso, sagrada.

Dignificación del sufrimiento y de la muerte, frente a falsos criterios de “calidad de vi­da” y de “autonomía” del paciente

7 Cuando la existencia se rige por los criterios de una ‘calidad de vida’ definida princi­palmente por el bienestar subjetivo medido sólo en términos materiales y utilitarios, las pala­bras ‘enfermedad’, ‘dolor’ y ‘muerte’ no pueden tener sentido humano alguno. Si a esto aña­dimos una concepción de la libertad como mera capacidad de realizar los propios deseos, [sin referencia al bien objetivo], entonces no es extraño que, en esas circunstancias, se pretenda justificar e incluso exaltar el suicidio como si fuera un acto humano responsable y hasta heroi­co. La vuelta a la legitimación social de la eutanasia, fenómeno bastante común en las culturas paganas precristianas, se presenta hoy, con llamativo individualismo antisocial, como un acto más de la elección del individuo sob re losuyo: en este caso, sobre la propia vida carente ya de ‘calidad’.

8 El Evangelio de la vida fortalece a la razón humana para entender la verdadera dig­nidad de las personas y respetarla. Unidos al misterio pascual de Cristo, el sufrimiento y la muerte aparecen iluminados por la luz de aquel Amor originario, el amor de Dios, que, en la Cruz y Resurrección del Salvador, se nos revela más fuerte que el pecado y que la muerte. De este modo, la fe cristiana confirma y supera lo que intuye el corazón humano: que la vida es capaz de desbordar sus precarias condiciones temporales y espaciales, porque es, de alguna manera, eterna. Jesucristo resucitado pone ante nuestros ojos asombrados el futuro que Dios ofrece a la vida de cada ser humano: la glorificación de nuestro cuerpo mortal.

9. La esperanza de la resurrección y la Vida eterna nos ayuda no sólo a encontrar el sentido oculto en el dolor y la muerte, sino también a comprender que nuestra vida no es comparable a ninguna de nuestras posesiones. La vida es nuestra, somos responsables de ella, pero propiamente no nos pertenece. Si hubiera que hablar de un ‘propietario’ de nuestra vida, ése sería quien nos la ha dado: el Creador. Pero Él tampoco es un dueño cualquiera. Él es la Vida y el Amor. Es decir, que nuestro verdadero Señor ‐¡gracias a Dios!‐no es nuestro peque­ño “yo”, frágil y caduco, sino la Vida y el Amor eternos. No es razonable que queramos con­vertirnos en dueños de nuestras vidas. Lo sabe nuestra razón, que conoce la existencia de bie­nes indisponibles para nosotros, como, por ejemplo, la libertad, y, en la base de todos ellos, la vida misma. La feilumina y robustece este saber.

10. La vida humana tiene un sentido más allá de ella misma por el que vale la pena en­tregarla. El sufrimiento, la debilidad y la muerte no son capaces, de por sí, de privarla de sen­tido. Hay que saber integrar esos lados oscuros de la existencia en el sentido integral de la vi­da humana. El sufrimiento puede deshumanizar a quien no acierta a integrarlo, pero puede ser también fuente de verdadera liberación y humanización. No porque el dolor ni la muerte sean buenos, sino porque el Amor de Dios es capaz de darles un sentido. No se trata de elegir el dolor o la muerte sin más. Eso es justamente lo que los deshumanizaría. Lo que importa es vivir el dolor y la muerte misma como actos de amor, de entrega de la Vida a Aquel de quien la hemos recibido. Ahí radica el verdadero secreto de la dignificación del sufrimiento y de la muerte.

La muerte no debe ser causada (no a la eutanasia), pero tampoco absurdamente re­trasada (no al encarnizamiento terapéutico)

11. Hemos de renovar la condena explícita de la eutanasia como contradicción grave con el sentido de la vida humana. Rechazamos la eutanasia en sentido verdadero y propio, es decir, ‘una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor’ (5). En cambio, no son eutanasia propiamente dicha y, por tan­to, ‘no son moralmente rechazables acciones y omisiones que no causan la muerte por su propia naturaleza e intención. Por ejemplo, la administración adecuada de calmantes (aunque ello tenga como consecuencia el acortamiento de la vida) o la renuncia a terapias despropor­cionadas (al llamado encarnizamiento terapéutico), que retrasan forzadamente la muerte a costa del sufrimiento del moribundo y de sus familiares. La muerte no debe ser causada, pero tampoco absurdamente retrasada’ (6).

Es posible redactar un “testamento vital”

12. Respondiendo a los criterios enunciados, la Conferencia Episcopal ofreció en su momento un modelo de manifestación anticipada de voluntad, que presentamos de nuevo, como apéndice de esta declaración, en redacción actualizada. Quienes desearan firmar un do­cumento de este tipo podrán encontrar en este ‘testamento vital’ un modelo acorde con la doctrina católica y con los derechos fundamentales de la persona, lo cual no siempre es así en otros modelos.

La legalización expresa o encubierta de la eutanasia, en realidad va en contra de los más débiles

13. La legalización de la eutanasia es inaceptable no sólo porque supondría la legiti­mación de un grave mal moral, sino también porque crearía una intolerable presión social so­bre los ancianos, discapacitados o incapacitados y todos aquellos cuyas vidas pudieran ser consideradas como ‘de baja calidad’ y como cargas sociales; conduciría ‐como muestra la ex­periencia ‐a verdaderos homicidios, más allá de la supuesta voluntariedad de los pacientes, e introduciría en las familias y las instituciones sanitarias la desconfianza y el temor ante la de­preciación y la mercantilización de la vida humana.

El objetivo de la legislación sobre el final de la vida ha de ser garantizar el cuidado del moribundo, en lugar de recurrir a falsos criterios de ”calidad de vida” y de ”autonomía” para, en realidad, desproteger su dignidad y su derecho a la vida.

14. La complejidad creciente de los medios técnicos hoy capaces de alargar la vida de los enfermos y de los mayores crea ciertamente situaciones y problemas nuevos que es nece­sario saber valorar bien en cada caso. Pero lo más importante, sin duda, es que el esfuerzo grande que nuestra sociedad hace en el cuidado de los enfermos, crezca todavía más en el respeto a la dignidad de cada vida humana. La atención sanitaria no puede reducirse a la sola técnica, ha de ser una atención a la vez profesional y familiar.

15. En nuestra sociedad, que cada día tiene mayor proporción de personas ancianas, las instituciones geriátricas y sanitarias ‐especialmente las unidades de dolor y de cuidados paliativos ‐han de estar [bien dotadas] y coordinadas con las familias y éstas, por su parte, ya que son el ambiente propio y originario del cuidado de los mayores y de los enfermos, han de recibir el apoyo social y económico necesario para prestar este impagable servicio al bien común. La familia es el lugar natural del origen y del ocaso de la vida. Si es valorada y recono­cida como tal, no será la falsa compasión, que mata, la que tenga la última palabra, sino el amor verdadero, que vela por la vida, aun a costa del propio sacrificio.

Denunciar la posible legalización encubierta de la eutanasia es un deber moral y de­mocrático

16. Cuando afirmamos que es intolerable la legalización abierta o encubierta de la eu­tanasia, no estamos poniendo en cuestión la organización democrática de la vida pública, ni estamos tratando de imponer una concepción moral privada al conjunto de la vida social. Sos­tenemos sencillamente que las leyes no son justas por el mero hecho de haber sido aprobadas por las correspondientes mayorías, sino por su adecuación a la dignidad de la persona huma­na.

17. No identificamos el orden legal con el moral. Somos, por tanto, conscientes de que, en ocasiones, las leyes, en aras del bien común, tendrán que tolerar y regular situaciones y conductas desordenadas. Pero esto no podrá nunca ser así cuando lo que está en juego es un derecho fundamental, como es el derecho a la vida. Las leyes que toleran e incluso regulan las violaciones del derecho a la vida son gravemente injustas y no deben ser obedecidas. Es más, esas leyes ponen en cuestión la legitimidad de los poderes públicos que las elaboran y aprueban. Es necesario denunciarlas y procurar, con todos los medios democráticos disponi­bles, que sean abolidas, modificadas o bien, en su caso, no aprobadas.

El derecho a la objeción de conciencia

18. En un asunto tan importante ha de quedar claro, también legalmente, que las per­sonas que se pueden ver profesionalmente implicadas en situaciones que conllevan ataques ‘legales’ a la vida humana, tienen derecho a la objeción de conciencia y a no ser perjudicadas de ningún modo por el ejercicio de este derecho. Ante el vacío legal existente, se hace más necesaria hoy la regulación de este derecho fundamental.

PARTE SEGUNDA Un Proyecto que podría suponer una legalización encubierta de prácticas eutanási­cas y que no tutela bien el derecho fundamental de libertad religiosa

Intención laudable: proteger la dignidad de la persona en el final de la vida sin despe­nalizar la eutanasia

19. El texto que valoramos persigue una finalidad ciertamente positiva: “La presente Ley tiene por objeto asegurar la protección de la dignidad de las personas en el proceso final de la vida” (art. 1), concretamente, de quienes se encuentran en situación terminal o de ago­nía (art. 2).

20. Con este fin, se propone “garantizar el pleno derecho de (la) libre voluntad” (art.1) de las personas que se hallan en esa situación, sin alterar para ello “la tipificación penal vigen­te de la eutanasia o suicidio asistido” (Exp. de motivos).

Enfoque unilateral: la supuesta autonomía absoluta del paciente

21. Sin embargo, una concepción de la autonomía de la persona, como prácticamente absoluta, y el peso que se le da a tal autonomía en el desarrollo de la Ley acaban por desvir­tuar la intención declarada y por sobrepasar el límite propuesto de no dar cabida a la eutana­sia.

22. En efecto, la “inequívoca afirmación y salvaguarda de la autonomía de la voluntad de los pacientes” (E.d.m.), a quienes se otorga el “derecho a decidir libremente sobre las in­tervenciones y el tratamiento a seguir” (art. 4), conduce a que se les conceda la capacidad de “rechazar las intervenciones y los tratamientos propuestos por los profesionales, aun en los casos en que esta decisión pudiera tener el efecto de acortar su vida o ponerla en peligro in­minente” (art. 6. 1).

23. Como este planteamiento constituye la espina dorsal de la argumentación del An­teproyecto, quedan inevitablemente fuera de su atención determinadas distinciones y limita­ciones que son fundamentales para la tutela efectiva de la dignidad de la persona y de su de­recho a la vida. Es más, el propio concepto de dignidad humana queda también negativamen­te afectado, puesto que parece sostenerse implícitamente que una vida humana podría care­cer de dignidad tutelable en el momento en el que así lo dispusiera autónomamente la parte interesada e incluso eventualmente un tercero (7).

Definición reductiva del concepto de eutanasia

24. Entre las cuestiones carentes de suficiente precisión se encuentra el concepto mismo de eutanasia o suicidio asistido, concebidos como “la acción de causar o cooperar acti­vamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro” (E.d.m., según el Código Penal), por petición de quien padece una enfermedad mortal o graves y permanentes padecimientos. Con esta definición reductiva, centrada sólo en las acciones directas, se deja abierta la puerta a las omisiones voluntarias que pueden causar la muerte o que buscan de modo directo su aceleración. Así lo confirman otras disposiciones concretas, encaminadas a legalizar tales omi­siones.

Conductas eutanásicas a las que se daría cobertura legal

25. Entre las conductas eutanásicas que se legalizarían con esta Ley está, en primer lugar, la posible sedación inadecuada. El Anteproyecto establece que las personas que se hallen en el proceso final de su vida tienen derecho “a recibir, cuando lo necesiten, sedación paliativa, aunque ello implique un acortamiento de la vida” (art. 11. 2c). Más adelante, en el art. 17. 2, se somete la sedación a criterios de proporcionalidad. Sin embargo, ya el hecho de que la administración de la sedación resulte apropiada o no es algo que depende del juicio médico y no de la voluntad del paciente, lo cual no queda claro en este texto que consagra el tratamiento específico de la sedación como un ”derecho” de este último. Además, no queda tampoco claro el modo en que la proporcionalidad sea aplicada a la sedación, condición nece­saria para que no se use de hecho como un medio para causarla muerte.

26. En segundo lugar, el abandono terapéutico o la omisión de los cuidados debidos también podrían tener cobertura legal si este Proyecto se convirtiera en Ley. La obligación moral de no interrumpir las curas normales debidas al enfermo no aparece afirmada en el tex­to. Éste se contenta con establecer las “actuaciones sanitarias que garanticen su debido cui­dado y bienestar” (art. 17, 2) como ambiguo límite del derecho de los pacientes a rechazar tratamientos y de la correlativa obligación de los profesionales de la salud de reducir el es­fuerzo terapéutico. Entre los aspectos que han de incluirse en el “debido cuidado” se hallan siempre la alimentación y la hidratación. Pero el texto tampoco contempla estos cuidados ne­cesarios, dejando así abierta la puerta a conductas eutanásicas por omisión de cuidados debi­dos. Cuando el Anteproyecto dispone que es ne cesarioevitar “la adopción o el mantenimiento de intervenciones y medidas de soporte vital carentes de utilidad clínica” (17. 2), permanece en una ambigüedad de consecuencias morales y jurídicas graves al no definir en qué consisten esas “medidas de soporte vital”, que pueden ser apropiadas o no serlo.

Los profesionales de la sanidad, reducidos a ejecutores de la voluntad de los pacientes, a quienes ni siquiera les es reconocido el derecho de objeción de conciencia

27. En su excesivo empeño por tutelar la autonomía de los pacientes, el Proyecto con­vierte a los médicos y demás profesionales de la sanidad prácticamente en meros ejecutores de las decisiones de aquellos: “Los profesionales sanitarios están obligados a respetar la vo­luntad manifestada por el paciente sobre los cuidados y el tratamiento asistencial que desea recibir en el proceso final de su vida, en los términos establecidos en esta Ley” (16. 1). Parece que estos profesionales tienen sólo obligaciones y no derechos, de los que nunca se habla. Pe­ro los profesionales de la sanidad también tienen el derecho de que sean respetadas sus opi­niones y actuaciones cuando, de acuerdo con una buena práctica médica, buscan el mejor tra­tamiento del paciente en orden a promover su salud y su cuidado. Tienen derecho a que no se les impongan criterios o actuaciones que resulten contrarios a lafinalidad básica del acto médico, que es siempre el cuidado del enfermo. Un buen texto legal en esta materia habría de conciliar los derechos de los pacientes con los de los médicos. Cada uno tiene su propia res­ponsabilidad en la alianza terapéutica que se ha de establecer entre ambos si se quiere conse­guir la relación adecuada entre el enfermo y el médico. No puede ser que éste quede exone­rado de toda responsabilidad moral y legal, como parece indicarse (art. 15. 3) y que aquél re­sulte habilitado para tomar prácticamente cualquier decisión. Resulta muy significativo a este último respecto que la Disposición adicional primera de este Proyecto, al ordenar una nueva redacción del artículo 11 de la Ley de autonomía del paciente, de 2002, suprima el párrafo que establece que “no serán aplicadas las instrucciones previas [del paciente] contrarias al orde­nam ientojurídico, a la lex artis, ni las que no se correspondan con el supuesto de hecho que el interesado haya previsto en el momento de manifestarlas”. Desaparece, por tanto, el criterio de la lex artis ‐o buena práctica médica ‐como límite a la absoluta autonomía del paciente terminal.

28. El Proyecto no alude en ningún momento al derecho a la objeción de conciencia que debería reconocerse y garantizarse al personal sanitario en su mayor amplitud posible. También habría de constar que el ideario católico de un centro sanitario será debidamente respetado.

Mal tratado el derecho humano de libertad religiosa

29. En las enfermedades graves y más aún en cuando se acerca la muerte, las perso­nas se encuentran por lo general especialmente necesitadas y deseosas de asistencia religiosa. Se trata de un hecho coherente con la naturaleza religiosa del ser humano que encuentra su reflejo en las correspondientes constataciones sociológicas.

30. Sin embargo, el presente Proyecto ni siquiera menciona el derecho fundamental de libertad religiosa, como es reconocido por la Constitución en su artículo 16. 1. Esto es algo llamativo, porque la naturaleza propia de las situaciones que regula están cargadas ‐como acabamos de apuntar ‐de hondos significados religiosos y exigirían ya de por sí ser tratadas en un marco legal que explicite y tutele positivamente ese derecho fundamental. Pero además, la mencionada ausencia resulta todavía menos explicable si se recuerda que el enfoque adopta­do por el texto es el del máximo desarrollo de los derechos fundamentales de la persona que se halla en las circunstancias citadas (8).

31. En cambio, el texto legal proyectado formula un nuevo derecho al que llama “de­recho al acompañamiento” (art. 12), dentro el cual incluye una denominada “asistencia espiri­tual o religiosa” de la que se dice que los pacientes “tendrán derecho recibir(la)” si ellos se la “procuran”, de acuerdo con sus convicciones y creencias, y “siempre que ello resulte compati­ble con el conjunto de medidas sanitarias necesarias para ofrecer una atención de calidad”.

32. El derecho de libertad religiosa, en cuanto derecho humano fundamental y prima­rio, no puede ser reducido por una Ley a la mera tolerancia de la práctica religiosa, como aquí se hace, sometida además de modo absoluto a condicionamientos jurídicos indeterminados y en manos de terceros (la compatibilidad con el “conjunto de medidas sanitarias”). Una Ley justa y acorde con la Constitución en este punto debería prever el reconocimiento del derecho de libertad religiosa de modo explícito y positivo. Que los pacientes tengan derecho al ejerci­cio de sus convicciones religiosas supone que el Estado, por su parte, ha de garantizar y favo­recer el ejercicio de ese derecho fundamental, sin perjuicio de su justa laicidad.

33. A este respecto se debería hacer mención genérica de los Acuerdos internaciona­les o Convenios de colaboración con las confesiones religiosas, en el derecho transitorio, es­pecificando que la asistencia religiosa se realizará en el marco de tales instrumentos jurídicos. En el caso particular de la Iglesia católica, es aquí pertinente el artículo IV del Acuerdo sobre Asuntos Jurídicos.

Otras carencias del Proyecto

34. No quedan suficientemente claras en este texto otras cuestiones de no poca rele­vancia, que nos limitamos a enumerar. El significado de “deterioro extremo” (E. d. m.), no pa­rece que pueda calificar siempre una fase terminal. La información a la que se tiene derecho debe ser “clara y comprensible”, se dice en el art. 5.1., pero habría que añadir que debería ser continuamente actualizada y verificada respecto de su efectiva comprensión. A los menores emancipados o con 16 años cumplidos se les otorga la misma capacidad de decidir sobre sus tratamientos que a los mayores de edad, lo cual va en detrimento de la responsabilidad de los padres (cf. art. 7). El artículo 16 protege poco al enfermo de posibles intereses injustos de familiares y profesionales a la hora de valorar su incapacidad de hecho. En el artículo 20 se di­ce que los comités de ética asistencial “podrán acorda rprotocolos de actuación para garanti­zar la aplicación efectiva de lo previsto en esta Ley”, siendo así que, por estatutos, dichos co­mités tienen carácter sólo consultivo.

Conclusiones

35. Sintetizamos como sigue nuestra valoración de Proyecto de Ley objeto de esta De­claración:

1. El Proyecto pretende dar expresión a un nuevo enfoque legal que supere un enfo­que asistencialista y dé paso a otro basado en el reconocimiento de los derechos de la persona en el contexto de las nuevas situaciones creadas por los avances de la medicina. Pero no lo consigue.

2. No logra garantizar, como desea, la dignidad y los derechos de las personas en el proceso del final de su vida temporal, sino que deja puertas abiertas a la legaliza­ción de conductas eutanásicas, que lesionarían gravemente los derechos de la per­sona a que su dignidad y su vida sean respetadas.

3. El erróneo tratamiento del derecho fundamental de libertad religiosa supone un retroceso respecto de la legislación vigente.

4. Ni siquiera se alude al derecho a la objeción de conciencia, que debería reconocer­se y garantizarse al personal sanitario.

5. La indefinición y la ambigüedad de los planteamientos lastran el Proyecto en su conjunto, de modo que, de ser aprobado, conduciría a una situación en la que los derechos de la persona en el campo del que se trata estarían peor tutelados que con la legislación actual.

Con esta declaración queremos contribuir a una convivencia más humana en nuestra sociedad, la cual sólo puede darse cuando las leyes reconocen los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana y tutelan el ejercicio efectivo de los mismos.

NOTAS

(!) Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, Sobre la eutanasia (15 de abril de 1986); Comité Episco­pal para la Defensa de la Vida, La eutanasia. Cien cuestiones y respuestas (14 de febrero de 1993); Co­misión Permanente, Declaración La eutanasia es inmoral y antisocial (18 de febrero de 1998). En: L. M. Vives Soto (Ed.), La vida humana, don precioso de Dios. Documentos de la Conferencia Episcopal Espa­ñola sobre la vida 1974‐2006, Edice, Madrid 2006, 235‐340; también en:www.conferenciaepiscopal.es/(Sección Documentos)

(2) LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, Instr. Past. La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (27 de abril de 2001), esp. Capítulo 3, “El Evangelio de la vida humana”. En: Boletín Oficial de la Conferencia Episcopal Española 16 (2001) 12‐60; y en: L. M. Vives Soto (Ed.), o. c., 45‐63; también en:www.conferenciaepiscopal.es(Sección Documentos)

(3)Existen ya normas emanadas de cuerpos legislativos autonómicos sobre las que se han pronunciado en su momento los obispos de esos lugares. Así, sobre el “Proyecto de Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de la Persona en el Proceso de la Muerte”, de la Junta de Andalucía, los Obispos de Andalucía publicaron una Nota el 22 de febrero de 2010; y sobre la “Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de la Persona en el Proceso de Morir y de la Muerte”, del Parlamento de Aragón, los obispos de Aragón publicaron una Carta Pastoral el 24 de abril de 2011.

(4) En toda esta primera parte seguimos casi siempre literalmente el tercer capítulo de la Instrucción Pas­toral de la LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, La familia, santuario de la vi­da y esperanza de la sociedad (27 de abril de 2001), números 101 al 128.

(5) Juan Pablo II, Carta Enc. Evangelium vitae, 65.

(6) Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, Declaración La eutanasia es inmoral y an­tisocial, 6.

(7)En la Exposición de motivos se dice explícitamente que “el proceso final de la vida, concebido como un final próximo e irreversible, eventualmente doloroso” sería también “lesivo de la dignidad de quien lo padece”; una afirmación que no sólo resulta antropológicamente inaceptable, sino también posible­mente contraria a la Constitución.

(8)La Exposición de motivos del Proyecto se refiere a la Constitución española, donde ésta reconoce va­rios derechos fundamentales como la dignidad (art. 10), la vida y la integridad física (art. 15) o la intimi­dad (art. 18. 1) e incluso la salud (art. 43), que, atendiendo a la sistemática constitucional, no es ya un derecho fundamental, sino un principio rector de la política social y económica.

APÉNDICE

Testamento vital

A mi familia, a mi médico, a mi sacerdote, a mi notario:

Si me llega el momento en que no pueda expresar mi voluntad acerca de los trata­mientos médicos que se me vayan a aplicar, deseo y pido que esta declaración sea considera­da como expresión formal de mi voluntad, asumida de forma consciente, responsable y libre, y que sea respetada como si se tratara de un testamento.

Considero que la vida en este mundo es un don y una bendición de Dios, pero no es el valor supremo y absoluto. Sé que la muerte es inevitable y pone fin a mi existencia terrena, pero creo que me abre el camino a la vida que no se acaba, junto a Dios.

Por ello, yo, el que suscribe, pido que si por mi enfermedad llegara a estar en situa­ción crítica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos despropor­cionados; que no se me aplique la eutanasia (ningún acto u omisión que por su naturaleza y en su intención me cause la muerte) y que se me administren los tratamientos adecuados pa­ra paliar los sufrimientos.

Pido igualmente ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. De­seo poder prepararme para este acontecimiento en paz, con la compañía de mis seres queri­dos y el consuelo de mi fe cristiana, también por medio de los sacramentos.

Suscribo esta declaración después de una madura reflexión. Y pido que los que tengáis que cuidarme respetéis mi voluntad. Designo para velar por el cumplimiento de esta voluntad, cuando yo mismo no pueda hacerlo, a………… Faculto a esta misma persona para que, en este supuesto, pueda tomar en mi nombre, las decisiones pertinentes. Para atenuaros cualquier posible sentimiento de culpa, he redactado y firmo esta declaración.

Nombre y apellidos: Firma: Lugar y fecha:

Catorce nuevos mártires españoles de 1936

El obispo de Lérida, Salvio Huix, y trece religiosas de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Para sus beatificaciones tan solo falta la aprobación papal de sus fechas y lugares

 

Con fecha 27 de junio, el PapaBenedicto XVI ha recibido al cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, y ha autorizado varios decretos de este dicasterio. Entre ellos, dos relativos a mártires españoles de 1936

 

El primero corresponde al martirio del siervo de Dios di Dio Salvio Huix Miralpeix, Obispo de Lleida; nacido en Santa Margarita de Vellors (España) el 22 de diciembre de 1877 e asesinado por odio a la fe en Lleida el 5 de agosto de 1936.

 

El segundo corresponde al martirio de la sierva de Dios Josefina Martínez Pérez, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl, y doce compañeras asesinadas por odio a la fe en diversos lugares dentro de los confines de la archidiócesis de Valencia entre los días 19 de agosto y 9 de diciembre de 1936.

Bono y el divorcio

Un artículo de Roberto Esteban Duque, sacerdote diocesano de Cuenca, párroco de Honrubia y doctor en Teología Moral

Muy a pesar suyo -o no-, el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, está muy lejos del cristianismo y de la Iglesia católica. Sus recientes declaraciones durante la procesión del Corpus Christi en Toledo, solicitando “vivir en una sociedad permisiva” y afirmando con entonación jocosa -como es habitual en él- que el que crea que el divorcio tiene relevancia moral alguna “no está en estos tiempos”, lo convierten en un católico separado de la Iglesia. Hacer apología del divorcio desde el Estado manifiesta un estilo de Gobierno totalitario, donde el campo del honor, la fidelidad y el amor, o el propio martirio, se antojan cosas bastante absurdas.

Bono intenta nivelar el hiato profundo que existe entre las convicciones de los hombres acerca de lo que debe ser una vida justa y buena con lo que de hecho la sociedad y él mismo practica, adaptando cualquier convicción al comportamiento estadístico real, a lo que “forma parte del paisaje”. ¿Cómo podría avergonzarse y no enaltecer Bono una ley que hace posible el divorcio en un tiempo mínimo después de contraer matrimonio, que no cultiva los fundamentos morales ni alienta las convicciones educativas desde las que la vida adquiere excelencia, si él mismo ha contribuido con su ejemplo a esa perversión moral?

Que sean aceptadas en una determinada época ciertas prácticas no significa que sean buenas ni beneficiosas para el hombre. Exhortar, como hace Bono, a la adaptación del espíritu de los tiempos no deja de ser algo avieso, convirtiéndose así el poder del Estado en un peligro para el matrimonio y la familia. Se cree Bono que él es el hombre normal, siendo el raro el hombre o la mujer casados, viviendo libremente en el amor y la fidelidad. Si el Estado estimula al divorcio con leyes frívolas y dañinas, con palabras y comportamientos provocadores, el camino no admite ya ninguna pendiente, y la pregunta que cualquier ciudadano debe hacerse es la siguiente: ¿cómo podemos organizar el Estado de modo que ni siquiera los malos gobernantes puedan causar unos males excesivamente graves en la sociedad?

Ni el hombre se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Los políticos y legisladores deberían saber que proponiendo o defendiendo leyes inicuas como las que destruyen la familia, o como el divorcio o el aborto, tienen una grave responsabilidad y existe la obligación de poner remedio al mal hecho si quieren volver a la comunión con el Señor. Destruir las formas de vida tradicionales sólo es fruto del relativismo, que ha roto las comunidades de tradición y memoria. Se precisa cada día más una cultura postmaterialista, que devuelva la confianza perdida en la vida política, una regeneración de la vida pública que respete un orden moral natural.

Cuando Mahoma hace su compromiso polígamo, estaba condicionado por una sociedad polígama. Tener cuatro esposas se conformaba a las circunstancias, pero nadie podría pensar que era algo enraizado en la naturaleza. La concepción de la unión conyugal de Mahoma se ajustaba a la sociedad de Arabia en el siglo VI. Sin embargo, Cristo, en su concepción del matrimonio, no se ajusta al contexto vital de Palestina en el siglo I. Su concepción del matrimonio se centra en el aspecto sacramental. Los judíos, romanos y griegos no creían la idea mística de que el hombre y la mujer se habían convertido en una sustancia sacramental. Por tanto, no se podrá afirmar que las palabras de Jesús de Nazaret se ajustasen a la época y no sean adecuadas para la época actual. Si el Imperio Romano se había convertido en el orbis terrarum, Cristo no hizo depender su doctrina moral de la existencia del Imperio Romano, ni sus palabras de las circunstancias de su tiempo: “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Lc 21,33). Cristo creyó en el sacramento del matrimonio a su manera, que es la manera de Dios Padre, y no a la manera contemporánea. No tomó sus argumentos contra el divorcio de la ley mosaica o de las costumbres de la gente de Palestina.

Cualquier persona que intervenga en política debe ser prudente, consciente de la tremenda responsabilidad intelectual que le incumbe y, sobre todo, de los daños que pueda acarrear. Debe pensar que no sabe nada y que su obligación es aprender, y no creer o fingir que se sabe cuando todo se ignora. Debe también ser capaz de criticarse a sí mismo (porque existe el pecado, y el bien y la verdad), y de mejorar las doctrinas del Estado y de la sociedad.

Dicho esto, Bono, que no siente ningún respeto hacia la fidelidad matrimonial ni hacia las leyes de la Iglesia católica, festejando la desaparición de los vínculos y deberes para hacer uso de las libertades y derechos, se celebra a sí mismo como un personaje snobista, que desea vivir en la jungla del “todo vale”, sin dogmas ni jerarquías, sin reglas para el espíritu, bajo pretextos de modernidad y progresismo.

No escuchen los “indignados” a Bono “por inteligencia”, como él desea, escúchenlo más bien como quien amenaza la tradición y el fervor, el arraigo y la continuidad, como quien contribuye a la agonía de los vínculos y las promesas irrevocables, haciendo vigente el juicio de Françoise Chauvin: “los hombres han deseado cambiar; pero en otro tiempo deseaban ese cambio para acercarse a lo que no cambia, al paso que hoy quieren cambiar para adaptarse a lo que de continuo cambia”.

Roberto Esteban Duque

Ecclesia

Solemnidad de Corpus Christi

 

Solemnidad
de Corpus Christi


 

Esta fiesta conmemora la
institución de la Santa Eucaristía el Jueves Santo con el fin de tributarle a la
Eucaristía un culto público y solemne de adoración, amor y gratitud. Por eso se
celebraba en la Iglesia Latina el jueves después del domingo de la Santísima
Trinidad. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el
domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.

La Solemnidad de Corpus Christi
se remonta al siglo XIII. Dos eventos extraordinarios contribuyeron a la
institución de la fiesta: Las visiones de Santa Juliana de Mont Cornillon y El
milagro Eucarístico de Bolsena/Orvieto.

Urbano IV, amante de la
Eucaristía, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264
,
en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en
la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi”
en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo
otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa
y al oficio. Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de
Aquino, por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano
y ha sido admirado aun por Protestantes.

La muerte del Papa Urbano IV
(el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto,
obstaculizó que se difundiera la fiesta. La fiesta fue aceptada en Cologne en
1306. El Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de
Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Publicó un nuevo
decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su
observancia.

Procesiones. Ninguno de los
decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la
celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por
los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del
siglo XIV.

El Concilio de Trento declara
que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la
costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso
y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y
honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En
esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y
verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la
victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Juan
Pablo II ha exhortado a que se renueve la costumbre de honrar a Jesús en este
día llevándolo en solemnes procesiones.

En la Iglesia griega la fiesta
de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios,
coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.


Santa
Juliana de Mont Cornillon y la fiesta de Corpus
Christi
.
La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en
1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont
Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora
de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5
de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue
enterrada en Villiers.

Juliana, desde joven, tuvo una
gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una
fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haberse intensificado
por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con
una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.
Ella
comunicó esta visión a Roberto de Thorete, el entonces obispos de Liège, también
al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques
Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun,
Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV.

El obispo Roberto se impresionó
favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar
fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración
se tuviera el año entrante; también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan
debía escribir el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en
Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del
oficio.

El obispo Roberto no vivió para
ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la
fiesta se celebró por primera vez con los cánones de San Martín en Liège.
Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con
quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de
la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que
pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.


VALENCIA:

 

La Procesión del Corpus

La Procesión

Históricamente la festividad del Corpus Christi en Valencia, ha sido y está
considerada como la “Fiesta Grande” de la ciudad, desde el ultimo tercio del
siglo XIV hasta finales del siglo XIX, la cual la celebra llena de esplendor y
solemnidad. Durante este periodo, la fama y renombre de nuestras Rocas y la
fiesta del Corpus Christi se extendió rápidamente tanto dentro como fuera de
nuestras fronteras.
Fue en el año 1263 cuando el Papa Urbano IV instituyó la
fiesta del Corpus Christi, por medio de la bula “Transiturus hoc mundo”,
extendiéndola por toda la cristiandad. Su celebración quedó fijada en el primer
jueves tras la octava de Pentecostés, motivo por el cual no tiene una fecha fija
y su celebración varia entre el 21 de mayo y el 24 de junio (actualmente se
celebra el domingo siguiente), celebrando desde esos momentos una procesión,
pero de las llamadas claustrales por celebrarse dentro de las Iglesias. Dicha
bula fue confirmada posteriormente por el Papa Clemente V en el Concilio General
de Vienne en 1311 y por el Papa Juan XXII en 1317. Con ello, la festividad del
Corpus se convirtió junto a la Pascua y la Navidad en el tercero de los grandes
acontecimientos litúrgicos del año. Para ensalzar dicha fiesta el entonces
obispo de Valencia entre los años (1348-1356) Hugo de Fenollet es quien el 4 de
Junio de 1355 promueve de acuerdo con el cabildo catedralicio, los jurados de la
ciudad, el justicia y prohombres de Valencia, la creación de una procesión que
recorriese las calles de la ciudad. Ordeno que en la fiesta del Corpus Christi
una “general e solemnial processó sia feta, en la cual sien e vajen tots los
clergues e religiosos e encara totes les gents de la dita ciutat” .
El pregón
de anuncio de esta primera procesión, consta en el Manual del Consell, fue
dispuesto por los jurados el 8 de agosto de 1416, anunciando al pueblo que en
honor y reverencia al Corpus, se realizara esta procesión. En dicho pregón se
establecía también el recorrido de la misma y que esta debía iniciar en la
catedral.
Queremos desde aquí destacar que el obispo Hugo de Fenollet durante
su pontificado en Valencia bautizó en la Iglesia de San Esteban el día 23 de
Enero de 1350, al hijo de Guillem Ferrer que posteriormente seria el famoso San
Vicente Ferrer. También fundó la escuela mayor de canto en 1351, y que muy
posiblemente fue el primer conservatorio de música creado en Valencia.
Ante
dicha festividad, en dicho bando también se pedía al vecindario que limpiasen
las calles por donde iba a pasar la procesión, adornasen sus casas y tirasen
hierbas aromáticas como homenaje al Santísimo.
Esta procesión como tal
solamente duró un año, ya que en 1356 falleció Hugo de Fenollet, y ante las
amenazas bélicas del rey castellano Pedro el Cruel, se decidió que esta se
suspendiese, acordándose que la festividad se celebrara alternativamente en una
parroquia de la ciudad.
En el año 1372 siendo obispo de la diócesis el
Cardenal Jaime de Aragón, nieto del Rey Jaime II y primo hermano de Pedro “El
Ceremonioso” es cuando de nuevo resurge y es a partir de ese momento cuando la
festividad empieza a tomar auge y solemnidad, añadiéndose a la fiesta la música
con los instrumentos de la época, así como los bailes o danzas de las cuales hoy
algunas aun perduran, así como de los numerosos gremios que existían con sus
banderas y llevando una vela de ocho onzas cada una de las personas
pertenecientes a cada gremio.
Tal era el esplendor de la procesión que se
tienen noticias que en el año 1401 Blanca de Aragón hace que se repita. El rey
Martín el Humano y la reina Juana de Sicilia acuden a presenciarla,
posteriormente en 1414 durante la coronación del Rey de Aragón Fernando de
Antequera desea que esta se represente en Zaragoza, en 1415 es el Papa Luna
quien asiste a la misma, en 1427 después es solicitada por el Rey Alfonso el
Magnánimo, en 1466 la presencia el rey Juan II de Aragón, los Reyes Católicos en
1481, posteriormente en 1501 la Reina Juana de Nápoles, nuevamente en 1528 el
emperador Carlos V, en Enero de 1585 por Felipe II, en 1612 por el Rey Felipe
III con motivo de sus bodas reales, el Príncipe de Angulema en 1815, Fernando
VII en 1827, la reina Isabel II con su hijo el futuro Alfonso XII en 1858, en
1888 la presenció Alfonso XIII y de nuevo finalmente en el año 1893 con motivo
del primer Congreso Eucarístico Nacional.
No siempre se ha celebrado la
procesión en la tarde del jueves. Hasta 1506 se hacia por la mañana pero, en ese
año se acordó que se hiciese por la tarde. En junio de 1677, el monarca Carlos
II ordena que se volviera a realizar por la mañana para evitar ofensas al
Sacramento. El consistorio municipal protestó por dicha medida y el 5 de julio
del mismo año, otra cédula real prescribía que la procesión comenzara a las
cinco y que finalizase a las nueve.
La presencia de las instituciones
gremiales en la procesión fue constante hasta 1835. Por otro lado, tras la
desamortización de Mendizábal en 1836, la supresión de muchas comunidades
religiosas que antes participaban en el Corpus Christi abriría las puertas al
paulatino declive de la procesión; a pesar de este vacío dejado por los gremios
y por las ordenes religiosas, lo llenaron las instituciones de beneficiencia y
caridad como eran el Colegio de Huerfanos de San Vicente Ferrer, Casa de la
Beneficiencia, Asilo de San Juan Bautista, etc.
Con la proclamación de la II
República, la fiesta se limitó nuevamente a que esta se realizase en el interior
de las iglesias, haciéndose desde 1931 hasta 1935.
Acabada la guerra civil,
los Ayuntamientos “de la victoria”, haciendo caso omiso a lo que significaba la
tradición valenciana, la centraron solamente en su parte religiosa, y quedando
representada por les Banderoles, els Gegants y els Nanos, els Cirialots, los
Apóstoles y los Evangelistas, así como algún que otro personaje
más.
Finalmente es a partir de la década de los años 50 al 60 cuando un grupo
de valencianos que se resisten a la perdida de la tradición en la procesión,
encarnan los personajes antes citados, llegando década tras década a la
formación del Grup de Mecha y a continuación la Asociación Amics del Corpus de
la Ciudad de Valencia, retomando el esplendor que la Procesión del Corpus tuvo
en sus inicios.

PROGRAMA OFICIAL 2011

Día 23 de Junio.

  • 20:00h – En la Iglesia del Patriarca, Solemne Eucaristia del Corpus,
    acompañado por el Coro Catedralicio y a su finalización Pregón del Corpus a
    cargo del Excmo. Sr. D. Fernando de Rosa Torner, vicepresidente del Consejo
    Superior del Poder Judicial.

Día 24 de Junio.

  • 09:00 – Traslado de las Rocas desde la Casa de las Rocas hasta la Plaza de
    Los Fueros.
  • 10:00 – Entrega de Pomells a las Primeras Autoridades.
  • 20:30 – Traslado de las Rocas a la Plaza de la Virgen donde quedarán
    expuestas.

Día 25 de Junio.

  • 19:30 – Representación dels Misteris en la Plaza de la Virgen.
  • 23:00 – Concierto Extraordinario de la Banda Municipal en la Plaza de la
    Virgen.

Día 26 de Junio.

  • 09:00 – Repique de campanas desde la Torre del Miguelete.
  • 10:30 – Misa Pontifical en la Santa Iglesia Catedral.
  • 12:00 – Cabalgata del Convite con expresa invitación del Capella de les
    Roques, exhibición de danzas típicas del Corpus y Degolla. El recorrido será el
    siguiente: Palacio de la Generalitat, Plaza de la Virgen, Miguelete, Plaza de la
    Reina, Cabillers, Avellanas y Plaza de la Almoina.
  • 12:00 a 12:30 – Volteo de campanas correspondiente a la Festividad del
    Corpus desde el Miguelete.
  • 16:30 – Paso de las Rocas. El recorrido será el siguiente: Plaza de la
    Virgen, Caballeros, Tros Alt, Mercado, María Cristina, San Vicente, Mar,
    Avellanas, Subida del Palau, volviendo por Avellanas, Mar, Paz, General Tovar,
    Plaza de Tetuan, Plaza del Temple, Pintor López, Conde de Trenor, Plaza de Los
    Fueros a Casa de las Rocas
  • 17:30 – Salida de los Carros de Murta y Les Danses.
  • 19:00 – Solemne Procesión con el siguiente itinerario: Salida de la Catedral
    por la Puerta de los Apóstoles, Plaza de la Virgen, Caballeros, Tros Alt,
    Bolseria, Mercado, María Cristina, San Vicente, Plaza de la Reina, Mar,
    Avellanas, Palau, Plaza de la Almoina y entrada a la Catedral.
  • 19:00 a 21:00 – Volteo de campanas desde el Miguelete.

Ideología de género es “presentación siniestra” de sexualidad humana

El Arzobispo de París y Presidente de la Conferencia Episcopal Francesa (CEF), Cardenal André Vingt-Trois, advirtió que la llamada “ideología de género” de moda en algunos ambientes, es una representación “oscura y siniestra” de la sexualidad humana.

En una entrevista concedida a la Radio católica Notre Dame, el Cardenal comentó sobre la inclusión de la ideología de género en los manuales de asuntos sociales de todas las clases de première (que corresponde al penúltimo año de la secundaria donde la edad promedio es de 16 años) obligatorias a partir del año escolar 2011-2012.

Esta ideología, explicó el Cardenal, no tiene ninguna valoración del aspecto afectivo de la sexualidad humana, en cambio “aborda la experiencia humana en este campo de manera puramente mecánica, con la premisa de que la orientación sexual es una construcción puramente cultural”.

El diario vaticano L’Osservatore Romano (LOR), que recoge en su edición del martes 21 de junio las declaraciones del Cardenal, explica que la ideología de género nació en Estados Unidos hace unos 30 años, se desarrolló luego en Europa siguiendo “líneas particulares del feminismo primero y luego del pensamiento homosexual”.

Esta ideología, según LOR, “pretende afirmar que en el mundo moderno la diferencia entre hombre y mujer es un hecho social (una ‘construcción’) antes que algo biológico. De esa forma la orientación sexual –y con ello la identidad de género y el papel del género– contaría más que el sexo biológico”.

El Arzobispo de París dijo también que con la ideología de género incluida en la educación de los jóvenes franceses se propone “una sexualidad que se reduce a las relaciones sexuales, sin considerar cómo éstas están articuladas en el desarrollo de una persona”.

“Las autoridades buscan una educación sexual “centrada exclusivamente en las enfermedades sexualmente transmisibles, en dar consejos sobre como evitarlas, en la interrupción del embarazo (aborto), que representa la ‘llave maestra’” del programa.

Este es uno de los aspectos más “tristes” de los manuales, continuó, porque “cuando los educadores no logran generar una verdadera introducción a la vida afectiva, son reducidos a hacer de ella un tema de ciencias naturales”.

El Cardenal subrayó finalmente la importancia de ayudar a los jóvenes a comprender que su sexualidad y energía afectiva no constituyen simplemente un fenómeno hormonal sino que es algo constitutivo de la persona que debe crecer armoniosamente “y siempre al interior de una auténtica relación humana”.