SAN VICENTE FERRER. APOSTOL DE EUROPA Y VALENCIANO UNIVERSAL

1.”TEMED A DIOS Y DADLE GLORIA”. Este texto del Apocalipsis 14,7, es el lema de San Vicente Ferrer a quien el Espíritu Santo ha enriquecido con carismas proféticos de evangelizador abnegado, taumaturgo portentoso, pastor de almas solícito y constructor de la paz. En Valencia (España) se conoce bien la historia legendaria de sus abundantes milagros que le envuelven, incluso antes de nacer, como el saludo de aquella cieguecita dirigido a su madre embarazada, que cuando le dijo: – “Llevas un ángel”, recobró la vista. Amenazada de hambre la ciudad por la sequía dice el niño Vicente: “Si queréis lluvia, llevadme en procesión”.
2. La grandeza espiritual de San Vicente Ferrer hay que buscarla en su propia familia, en el hogar de Guillem Ferrer y Constanza Miquel, de cuyo matrimonio nacieron ocho hijos, Vicente fue el segundo, en el año 1350, en un siglo en que la cristiandad tuvo que sufrir momentos tan difíciles como el de los mártires romanos, la invasión de los bárbaros, el Destierro de Avignon, el Cisma de Occidente, la guerra de los cien años, el hundimiento del sacro imperio romano, y la peste negra de1348, que redujo Europa a la mitad de su población. Europa ansiaba la paz. Y San Vicente trabajó por la paz despertando, encauzando y dirigiendo los anhelos espirituales de la época.
3. A los siete años recibió la tonsura clerical. A los once, era Beneficiado de la parroquia de Santo Tomás. Y a los diecisiete,  postulante dominico, en el convento cercano y vecino de su casa, en la plaza de Tetuán de Valencia donde recibió el hábito dominicano. Cuando terminó el noviciado sufrió tentaciones de volver al mundo, a lo que le instaba su madre. Le pidió un día de tregua, que pasó en oración, y triunfó la gracia.
4. Ha tenido que vencer enemigos poderosos: carne, orgullo, ambición, conciencia de su valer, impaciencia. Combatía con ayuno, oración de alabanza, y oración mental. Vuelve a Valencia cuando tiene 29 años y es ordenado sacerdote. Elegido prior de su convento, a los pocos meses tuvo que renunciar porque su comunidad estaba dividida, como toda la Iglesia, a causa del Cisma de Occidente. Ocupa la cátedra de Lector de Teología en la Catedral. Durante cuarenta años luchará por la unidad de la Iglesia, dividida por el Cisma “lamentable i dolorós”, división que le hizo sufrir mucho. Fue amigo y confesor de Pedro de Luna, Benedicto XIII, Papa de Avinyon. Pero al no poder conseguir su renuncia a la que estaban dispuestos el de Roma, y el de Pisa, tercero en discordia, se separó de él. Cuando se ha conseguido el poder supremo, no se depone con facilidad. El poder es una corona de espinas, que duele más cuando se la quitan.
5. Para formar a un dominico eran necesarios quince años. Estudió dos años Lógica en Barcelona. Y durante otros dos años, la enseñó en Lérida. También allí publicó dos libros de filosofía. Y vuelve a Barcelona para estudiar cuatro cursos de Teología. Y después en Toulous, siguió un curso especial de Teología, que le abrió a las corrientes teológicas del momento.
6. El nuevo Papa, Martín V, quiso que siguiera predicando como si fuera uno de los Apóstoles: “Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación”. Los discípulos “hablarán lenguas nuevas” Marcos 16,15. “Me han encargado este oficio”. Intervino en el Compromiso de Caspe y declaró rey de Aragón a Fernando de Antequera frente al Conde de Urgel, y reconcilió a las familias nobles valencianas, los Centelles y Vilaragut, cuyas luchas fratricidas habían ensangrentado las calles de la ciudad. Su vida densa e infatigable mereció el título de Apóstol de Europa. Vivió en las aulas de Teología, como discípulo y como maestro; en la Corte, como consejero de reyes y príncipes; como pacificador entre los bandos rivales; como consejero de Benedicto XIII en el palacio de Avignon; como Ángel de la Paz en su patria, solucionando en el compromiso de Caspe, el problema sucesorio en la Corona de Aragón, y en la Iglesia contribuyendo muy eficazmente al fin del Cisma de Occidente que tenía dividida a la cristiandad, hasta que el 22 de noviembre de 1399 dejó la Corte de Avignon para iniciar sus viajes apostólicos, que durarían veinte años, con un fruto inmenso.
7. En su proceso de canonización se aprecian las características extraordinarias que configuran la personalidad de San Vicente Ferrer: “Viaja a pie, apoyado en un bordón rematado en cruz, a la que mira con frecuencia devotamente. Con los años, enfermo de una pierna, se valdrá de un jumentillo… Sobre la modesta cabalgadura con albarda y estribos de madera, llevaba su ajuar: sus vestidos, una Biblia, un breviario y recado para escribir. Y un duro colchón para dormir. De cabecera le sirve una piedra o la Biblia. Mientras va de camino, medita o prepara los sermones. Y predica en todos los lugares y villas y hasta en las más pobres aldeas”. (Fages: Historia de San Vicente Ferrer). Así cumplía el mandato de las constituciones de la Orden. Su testimonio personal atraía a gentes de toda condición social, nobles y letrados, clérigos y religiosos de todas las órdenes, hombres y mujeres, unidos por la caridad fraterna y el deseo de hacer penitencia.
8. Físicamente era de estatura mediana, bien proporcionado, ancha frente, cabellos rubios y tez clara, en sus últimos años, calvo. Con el rostro devorado por los ojos grandes, negrísimos, llenos de viveza y de dulzura, que hablaban cuando miraba. Tenía tanta calma como ardor. Tanta pasión como razón. Todo dominado por el amor de Dios. Aparecía enfermo y delicado cuando subía al púlpito y se transformaba en un joven robusto y lleno de vitalidad mientras predicaba.
9. En su “Tratado de Vida espiritual” se manifiesta como Maestro de santidad: En él aconseja: Oración, silencio, pureza, obediencia, humildad, comprensión de los defectos ajenos (que hay que llevar a la espalda, para no fijarse en ellos). Conocimiento de sí mismo, valor en la tentaciones, penitencia, dominio de los pensamientos y de las acciones, paciencia en la pruebas, huída de las ocasiones, perseverancia en la oración. Santa Teresa estimaba su libro.
10. Como no podía ser menos, sus virtudes, su ciencia, su fama, suscitaron la envidia de los hermanos; le crearon muchos enemigos. La envidia florece siempre entre la mediocridad, como tributo que paga al genio. Es un tributo que hace sufrir a quien la tiene activa y al que la tiene que padecer. Es un pecado triste y amarillo. La envidia es el vicio nacional. Fue su mayor sufrimiento. El, en cambio, está lleno de compasión por el prójimo, se alegraba de los bienes de los demás más que de los suyos propios. Y sufría con sosiego las injurias, los desprecios y las calumnias. A todos trataba con benignidad y afabilidad; aunque tenía una propensión a ironizar y ridiculizar la conducta de algunos clérigos y religiosos. Nunca se acomplejó ni ante el papa, ni ante los reyes. “Me he hecho débil con los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, como sea, a algunos”. En su vida ajetreada supo sacar tiempo y serenidad para escribir.
12. Todos los días canta la misa y predica durante dos o tres horas; y su trabajo es tan intenso y sus desplazamientos tan continuos, que se ve forzado a preparar los sermones en los viajes, que no le resulta difícil, porque viajando con medios tan primitivos y pobres, tiene ocasión de caminar contemplando, para ser fiel a la consigna de su fundador, Santo Domingo: “Contemplata, aliis tradere”. Con lo que desmintió la sentencia de Kempis: “Qui multum peregrinantur, tarde sanctificantur”. No hay regla sin excepción. Para él predicar es sembrar, derramar la vida, porque la vida se conserva por la semilla. Es sembrar en las conciencias el grano del Evangelio: “El hecho de predicar no es para mí motivo de soberbia. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el evangelio! 1 Corintios 9,16.
13. El decía: “El oficio de predicador es el de cocinero: Toman la buena vianda, la lavan y la cuecen. Las viandas son la Palabra de Dios. ¿Sabéis cómo lavan las viandas? Quien tiene que predicar debe estudiar, y no predicar sin estudiar. Después debe cocerla en el fuego de Jesucristo. También el cocinero debe probar el cocido de sal. Así el predicador debe probar de sal; o sea, que si predica de la humildad, debe probar la humildad, si la castidad, debe ser casto. Sale el predicador como el sembrador evangélico, de su celda, donde ha perseverado largo tiempo meditando, reflexionando, seleccionando en los graneros del Señor una buena simiente: autoridades, figuras, parábolas, comparaciones”. Fruto de este trabajo paciente y escondido eran sus sermones que llenaban de entusiasmo a las multitudes, en los que hay claridad, profundidad, riqueza de imágenes y unción, que comunica calor. En la forma, como valenciano, se proyecta su alma de artista. Su gusto por la magnificencia, la música, la pintura, las flores, las misas bellas y solemnes, es una característica bebida en los jardines de la tierra de las flores, de la luz y del color, y un eco de la graciosa arrogancia del Miguelete.
14. Murió en Vannes el 5 de abril 1419. Fue canonizado por Calixto III, Alfonso Borja, valenciano, a quien se lo había profetizado: “Serás Papa y me canonizarás”. Su ciudad, Valencia, guarda su recuerdo con cariño y tiene muy viva su devoción.
15. Al honrarle hoy en el Santo Sacrificio del Altar, pidámosle una bendición especial, una lluvia de osas que perfume nuestras vidas y nos haga dignos de celebrar estos santos misterios de la Pascua, que él vive en el cielo.
 
 
Jesús Marti Ballester

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