Homilía del obispo de San Sebastián, Mons. Ignacio Munilla en la Fiesta de San Ignacio de Loyola

Azpeitia, 31 de julio de 2010

Queridos sacerdotes concelebrantes, queridos fieles de Azpeitia y devotos de San Ignacio; estimadas autoridades:

Con respeto y al mismo tiempo, con confianza; con profunda alegría y a la vez, con sentido de responsabilidad, presido por primera vez esta Eucaristía para honrar a nuestro querido Patrono, San Ignacio. Coincide además que este año se celebran los 700 años de la fundación de la Villa, además de los cuatrocientos años de la proclamación de San Ignacio como Patrono. Fue un 31 de julio de 1610, tal día como hoy, hace cuatro siglos. Éste es para mí un gran honor, que se ve acompañado de sentimientos de indignidad y debilidad: somos “poca cosa”, pero confiamos en que es el Espíritu del Señor quien asiste y dirige a su Iglesia.

 Mi primera reflexión quiere centrarse en el hecho que aquí nos congrega: la memoria de un santo, Ignacio de Loyola; fiel seguidor de Jesucristo. No hemos sido convocados por las vidas de los poderosos o de los notables de su tiempo, que si bien su historia pudo tener resonancia en un momento determinado, luego se ha perdido en el olvido. Exactamente lo mismo ocurrirá con cada uno de nosotros: Al final de nuestra vida, todo lo que no sea santidad y respuesta fiel a la llamada de Dios, habrá sido inútil y baldío, y no dejará ninguna huella beneficiosa para la posteridad.

 Podemos señalar, por lo tanto, una primera lección: lo verdaderamente importante es la santidad, la búsqueda de Dios, el deseo de cumplir su voluntad… Hoy en día, bajo el influjo de una mentalidad practicista, tendemos a pensar que la santidad no es rentable y que no tiene futuro. Sin embargo, la realidad es bien distinta. Como nos dice el Señor en el Evangelio de San Mateo: “Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt 24, 35).

 ¡Cuántas cosas podemos aprender de San Ignacio! Nuestra Madre la Iglesia nos sigue proponiendo su vida como modelo; mientras que el influjo de su carisma se ha extendido más allá de la orden religiosa por él fundada. En efecto, San Ignacio tiene muchos “hijos” dentro y fuera de la Compañía de Jesús: el Señor lo ha elegido como un instrumento suyo, para ayudarnos a descubrir y a discernir la voluntad de Dios en nuestra vida; para que “acertemos” a dar con ese camino concreto que Dios tiene pensado para cada uno de nosotros, y que será el que nos lleve a la santidad.

 Como segunda reflexión quisiera presentaros una singular oración que San Ignacio nos dejó en herencia a sus hijos. Dice así: “Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis; a vos Señor, lo torno. Todo es vuestro: disponed de ello a toda vuestra voluntad y dadme amor y gracia, que esto me basta“.

 En efecto, queridos hermanos, la clave del Evangelio, la clave del cristianismo, la clave de la espiritualidad católica, es ésta: la entrega al Señor de nuestra voluntad. Así lo ha remarcado San Ignacio en esta oración tan hermosa: “Tomad, Señor y recibid mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad”.

 Iñigo de Loyola comenzó este aprendizaje cuando vio truncado el sueño de su carrera militar, al caer herido en la defensa del castillo de Pamplona… ¡Soñó con ganar batallas, y de repente se vio humillado y cojo para el resto de su vida! ¡Soñó con la conquista de damas hermosas, pero la Virgen María sanó su impureza, en aquella visita que recibió durante su convalecencia, y le preparó para acoger el don del celibato por el Reino de los Cielos! ¡Soñó con los aplausos de este mundo y con los honores caballerescos, pero el Señor le mostró otro camino: el de la pobreza y la humillación; de forma que en Manresa decidió cambiar sus vestimentas de caballero, por las ropas andrajosas de un mendigo!

 Años más tarde, después de haberse entregado a Dios, seguiría soñando… y llegó a soñar en consagrar su vida en Tierra Santa, viviendo en los mismos lugares en los que Jesús había vivido, apartado de los problemas de la vieja Europa… Sin embargo, como dice Ignacio Tellechea en su maravillosa biografía Solo y a pie: “¡Soñó en Jerusalén, pero despertó en Roma!”. Fue la obediencia al Papa la que le llevó a descubrir los caminos que Dios tenía reservados para él. El itinerario de su seguimiento a Jesús pasaría por Roma, más allá de aquellos sueños de su primera época, que –a pesar de las apariencias- no eran auténticamente espirituales. No en vano, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola llegaría a formular que el “sentir con la Iglesia”, en plena comunión con el Papa, es un criterio indispensable y seguro para el conocimiento de la voluntad divina.

 En resumen, la vida de San Ignacio y su espiritualidad, nos introducen en una verdadera escuela de discernimiento: no es lo mismo desear que querer, no es lo mismo soñar que discernir, no es lo mismo ilusionarse que perseverar, no es lo mismo hablar que hacer, no es lo mismo querer que poner los medios; en definitiva, no podemos dar por buenas nuestras sensibilidades e ideologías, sin cuestionarnos antes si se adecuan al querer de Dios.

 Finalmente, San Ignacio, como todos los santos, llega a descubrir vitalmente que la santidad es un don de la gracia de Dios, que requiere nuestra personal cooperación: el pleno desasimiento de nuestra voluntad, para poder dar cumplimiento a SU voluntad. El camino y el carisma de San Ignacio nos enseñan que solamente podemos ser santos; solamente podemos ser felices, cuando estamos en disposición de afirmar con sencillez y con plena confianza: “quiero únicamente lo que Dios quiera”. Fue precisamente San Ignacio quien nos recordó que la renuncia a la propia voluntad, por amor a Dios, tiene más valor espiritual que la resurrección de un muerto.

 El modelo de San Ignacio es verdaderamente necesario para la vida de la Iglesia Católica de nuestros días. Más aún, me atrevería a decir que es indispensable, para que no sucumbamos a la tentación del relativismo reinante y de nuestra propia subjetividad. El carisma ignaciano nos preserva de la tentación de crear un dios a nuestra medida, así como una religión a la carta.

 Muy queridos hermanos, ciertamente, tenemos que estar muy orgullosos de nuestro santo Patrono, San Ignacio. Nadie como él ha llevado el nombre de esta tierra a todos los rincones del mundo. Los nombres de Loyola y de Azpeitia reciben de Ignacio la mayor de las resonancias… Pero, al mismo tiempo, cada uno de nosotros hemos de acogernos a su patrocinio, con una sincera necesidad de realizar un profundo examen de conciencia en nuestra propia vida. A buen seguro que, también hoy, San Ignacio podría decirnos que el examen de conciencia -y la conversión que produce en nuestro interior- es el medio más eficaz para cuidar nuestra alma, nuestra familia, y nuestro pueblo. La autocrítica, realizada en la esperanza cristiana, es el punto de partida para la liberación de todo hombre.

 Nos acogemos a la protección de nuestra Madre Santa María, a quien San Ignacio conoció bajo la advocación de Olatz. La santidad serena que vemos en el Ignacio de la madurez, contrasta con la impulsividad del joven Íñigo, con el cual la Madre del Cielo hubo de tener mucha paciencia (y seguramente también su madre de la tierra, Doña María). ¡Que Santa María nos acompañe en el camino a cada uno de nosotros, y a todo nuestro pueblo, para que lleguemos a esa meta que Dios nos tiene reservada!

El cardenal Rouco rechaza, de nuevo, el aborto y aboga por la cultura de la vida

“Una cultura que no fomente la vida, que no la propicie, se suicida a sí misma”, afirmó en la conferencia de clausura del curso de verano en Aranjuez de la Universidad Rey Juan Carlos I, titulado “El inmenso valor de la vida humana”, en el que han participado también el cardenal Cañizares y otros especialistas

  “La esperanza de nuestra cultura tiene nombre: la vida humana” ha sido el título de la conferencia impartida esta mañana por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela.

 Con esta conferencia se ha clausurado el curso de verano ‘El inmenso valor de la vida humana’ que se ha celebrado en Aranjuez, organizado por la Universidad Rey Juan Carlos en colaboración con la Universidad Católica de Valencia.

 En declaraciones a los medios antes de su intervención, el Cardenal ha resaltado que “la esperanza de nuestra cultura tiene un nombre: vida humana. Es una formulación muy bella, pero que encierra problemas muy vivos y que afectan muy profundamente a la realidad de la vida de las comunidades europeas y españolas. Si hablamos de nuestra cultura, nos encontramos con un panorama de problemas de la interpretación de la historia de España, de su cultura, en un momento de mucho pluralismo cultural”. Para el Cardenal, “una cultura que no fomente la vida, que no la propicie, se suicida a sí misma. Para que haya cultura tiene que haber gentes que la promuevan, que la protagonicen. Por tanto, tiene que haber personas, realidades sociales previas”. “Además, si una cultura determinada, con sus protagonistas históricos vivos, no promueve y favorece lo que Juan Pablo II llamaba ‘cultura de la vida’, sobre todo en España, se niega a sí misma. Desde hace casi dos milenios, el principio de ‘no matarás’, de cuidar la vida, ha sido esencial”.

 Ha reconocido que, “así como en otras culturas se pueden encontrar textos de sacrificios humanos, en los lugares de cultura cristiana esto no existe, no se ha dado nunca. En España se han dado muchas señales y muchas muestras de una cultura que siempre ha defendido el principio de la vida, porque defendía el principio evangélico del amor –entre el amor y la vida hay una estrechísima relación, no física y psicológica, sino también espiritual-. Y si España ha vivido la mayor parte de su historia, al menos, con un proyecto y un ideal de vida marcado por el Evangelio, pues su moral y la moral de las personas, de su matrimonio, de sus familias… estaba inspirada en el Evangelio, en el mandamiento del amor, en el principio de favorecer y hacer viable, bella y hermosa la vida… en la medida en que no favorece ese aspecto a fondo, la cultura de la vida se pierde”.

La cultura española se fraguó con el cristianismo

Ya en su conferencia, el Cardenal ha recordado que “la cultura de España se fraguó con el cristianismo vivido en el seno de la Iglesia Católica sin interrupción alguna por lo menos hasta el siglo XVIII”. Pero en la España del último tercio del siglo XX “ha granado un proyecto cultural en torno a proyectos éticos-prepolíticos y ético-jurídicos de innegable raíz cristiana, propuestos, propugnados y compartidos también por extensos sectores del mundo laico español no radical”, como “el principio antropológico de la dignidad inviolable de la persona humana, fundada según la concepción cristiana en su vocación de criatura e hija de Dios; con sus implicaciones y consecuencias prácticas de enorme trascendencia histórica, concretadas en el postulado ético-jurídico y pre-político de sus derechos fundamentales innatos, iguales para el varón y la mujer, en el principio del bien común y en el de la subsidiariedad con sus exigencias indispensables respecto al carácter igualmente ético-jurídico y pre-político de las instituciones básicas para el bien de las personas y de la sociedad como son el verdadero matrimonio entre varón y mujer y la verdadera familia nacida de él”.

 Para el Cardenal, “esta forma histórica del proyecto cultural español contemporáneo se apoya además en la historia objetiva de los bienes culturales heredados y conservados, provenientes en su casi totalidad del pasado cristiano. El patrimonio intelectual, literario y artístico de España que comprende sus tradiciones, usos y estilos de vida populares, se halla inequívocamente marcado hasta el día de hoy por las experiencias fundamentales de la fe y de la vida cristiana que han configurado la historia individual y colectiva de los españoles”.

 Hacer resonar el Evangelio de la Vida

Respecto a la vida humana, el Cardenal ha recordado que “no pertenece sólo al plano al plano ontológico de la vida física, sino que pertenece también al plano trascendente de la vida espiritual”. Así, “cuando se habla de vida humana en toda su plenitud entra necesariamente en juego la totalidad de sus dimensiones: físicas y espirituales; naturales y sobrenaturales”. Por eso, “el mandamiento de respetar, favorecer y propiciar el desarrollo digno de la vida humana se refiere por tanto al valor de la vida en su totalidad”. Y “la prohibición de matar se dirige primaria y específicamente a evitar la muerte física del hombre”.

 En la sociedad actual, ha señalado, el derecho a la vida presupuesto lógico y existencial de los demás derechos ha sido el primero que ha caído víctima de ese movimiento de ideas inspirado y movido por la negación del carácter trascendente de la persona humana”. Por ello, recordando a Juan Pablo II en la Misa de las familias celebrada en España el 2 de noviembre de 1982, ha dicho que “no se puede legitimar la muerte de un inocente”, y ha exhortado a “hacer resonar en nuestra sociedad el Evangelio de la Vida. Sin él, nuestra cultura carece de futuro: se quedará sin el aliento del alma que hace posible la esperanza”.

 Vida humana

“Para que una cultura exista y tenga futuro, ha apuntado, es precisa la vida humana”. Así, la crisis demográfica por la que atraviesan las sociedades europeas desde hace casi cuatro décadas “las ha puesto si no al borde mismo de su total desaparición en un futuro no excesivamente remoto, sí y en un futuro que se aproxima a pasos acelerados, en su calidad de sociedades con una fórmula cultural propia e inconfundible”. España, ha afirmado, “no es una excepción. Incluso se ha puesto a la cabeza en algunos de los más decisivos factores socio-políticos y jurídicos subyacentes a la crisis”.

 El bajo índice de natalidad, que no garantiza el relevo generacional, así como el descenso creciente de la nupcialidad provocan “una confusión intelectual y ética sin precedentes respecto a la naturaleza del verdadero matrimonio y de la familia y una negación impresionante del derecho a la vida de los más indefensos: de los concebidos –desde el primer momento de su concepción hasta su muerte natural-, de los enfermos terminales y de los ancianos”.

 Considera que la emigración como solución “no resuelve a medio plazo los problemas económico-sociales operantes en y de la crisis, y no despeja a medio o largo plazo el cierto peligro de desaparición de nuestra cultura , que se quedaría sin fuerza física y vigor moral para sostenerse con un mínimun de identidad antropológica frente a otras culturas más jóvenes”. Porque “nuestra cultura no logrará subsistir en el futuro si renuncia a la vitalidad propia y originaria que garantizan únicamente el matrimonio y la familia de su población”.

“La apertura moralmente responsable a la vida humana es una condición ‘sine qua non’ para el futuro de nuestra cultura”, afirma.  Y es que,  “si la sociedad española en su conjunto perdiese el sentido cristiano del valor de la vida humana y del carácter absoluto del derecho que le protege habría perdido lo más esencial y fundamental de su cultura”. Por ello ha concluido insistiendo en que la esperanza de nuestra cultura está “en mantener viva y  comprometida la voluntad de seguir cumpliendo y testimoniando el Evangelio de la Vida”.

Cañizares sigue dando la batalla a favor de la vida: “el aborto es antidemocrático”

Monseñor Antonio Cañizares ha condenado tambien, en los Cursos de Verano de Aranjuez la nueva Ley del Aborto y ha subrayado que el problema viene de la educación. A su juicio, estamos ante ley inconstitucional y atenta contra la democracia: “neguémonos a secundar cualquier iniciativa que atente contra la vida, no demos nuestra adhesión a cuantas personas, instituciones, obras o disposiciones vayan en contra de la vida, no podemos adhrerirnos a quien niega algo tan fundamental como la vida”. 

 

Objeción de Conciencia Sanitaria al aborto

Esta Guía se presentan tras as numerosas consultas atendidas sobre la objeción de conciencia sanitaria a raíz de la Ley Aído, y en medio de las trabas que algunas Comunidades Autónomas están poniendo a los profesionales sanitarios que en conciencia se niegan a colaborar en la matanza de decenas de miles de seres humanos, que han incrementado la preocupación de los médicos, enfermeros, anestesistas, trabajadores sociales y administrativos (entre otros profesionales del ámbito sanitario) por su libertad de conciencia.  Las tres grandes víctimas del aborto son el niño no nacido, la madre sobre la que se ejercita una nueva clase de violencia institucionalizada, y el servicio médico que se ve forzado legalmente a colaborar en la consecución de la muerte de miles de seres humanos inocentes.La Ley Orgánica 2/2010, sólo reconoce el derecho a la objeción de conciencia a los profesionales sanitarios directamente implicados en el aborto y por lo que respecta a estos profesionales, en su art. 19.2 establece que dicha objeción de conciencia tiene que manifestarse anticipadamente y por escrito, obligando precisamente al objetor a declarar implícitamente sobre su ideología, religión o creencia, condicionándose dicha objeción al no impedimento por la misma al acceso y calidad asistencial de la madre que pide abortar.Dicha regulación atenta a la propio jurisprudencia del Tribunal Constitucional, que ya en la STC 53/1985, en su fundamento jurídico 14, cuando se le planteó la posible inconstitucionalidad de la ley que despenalizaba determinados supuestos de aborto por no contemplar la regulación de la objeción de conciencia de los médicos y demás personal sanitario, se pronunció de forma categórica acerca de la posibilidad de ejercer la objeción de conciencia por parte del personal sanitario a quien pudiera corresponder practicar un aborto, aunque la ley no dijera nada al respecto.Es decir, las restricciones de la nueva legislación, en cuanto a los sujetos objetantes, y en cuanto a las condiciones y extensión de la objeción de conciencia, suponen un claro quebrantamiento de los artículos 16 y 18 de la Constitución Española.Además, en la presentación  de la Guía se ha propugnado la ampliación de la objeción a la realización del diagnóstico prenatal. Y es que es evidente que para poder realizar el aborto eugenésico regulado en la ley, se necesita de un previo informe, es decir, de un diagnóstico prenatal, sin embargo, no se regula la objeción de conciencia del personal que realiza tal práctica y que en principio parece no ser alcanzado por la objeción del personal que interviene directamente.Pues bien, no es posible un aborto eugenésico sin un dictamen prenatal previo que transforma al médico que participa en el diagnóstico en cooperante necesario de los abortos eugenésicos que se materialicen. Como recuerda el presidente del Centro Jurídico, Javier Pérez- Roldán y Suanzes “la propia OMS critica un sistema de diagnóstico prenatal sin la posibilidad de proporciones “opciones reproductivas” y reconoce la posibilidad de que los médicos que se oponen al aborto no participen en los programas de diagnóstico prenatal.”El informe del Consejo de Estado ante la nueva ley de aborto, ya alertaba  sobre la vinculación entre diagnostico prenatal y aborto eugenésico, recordando que tal causa de aborto es contraria al ordenamiento jurídico internacional suscrito por España, por constituir una discriminación por motivos de salud. Así pues, el diagnóstico prenatal utilizado para detectar anomalías con objeto de producir el aborto es contrario al ordenamiento jurídico internacional y las declaraciones del Consejo de Europa (Comité de ministros N/90 del 13al 21/6/1990) o del Comité Internacional de Bioética de la UNESCO (Informe 29/08/1994).Es más, los programas de diagnóstico prenatal que contemplan como utilidad acabar con la vida del ser humano embriofetal enfermo son contrarios al código deontológico de la profesión médica. El 27.3 de dicho Código indica que “El médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste”. Otra norma, recogida en el artículo 24.1 del vigente Código de Ética y Deontología Médica, establece que “al ser humano embriofetal enfermo se le debe tratar de acuerdo con las mismas directrices éticas, incluido el consentimiento informado de los progenitores, que se aplican a los demás pacientes”. El artículo 26.1 del mismo Código reconoce que “el médico tiene el derecho a negarse por razones de conciencia (…) a interrumpir un embarazo”.El médico que desee ajustarse a su código deontológico debe tratar al ser embriofetal enfermo con los mismos criterios éticos que a cualquier otro paciente y eso incluye no someterlo a pruebas que puedan someter al paciente a un riesgo directo de muerte, o que estén diseñadas para que acabar con su vida sea una opción, ni atender a la solicitud de que se acabe con su vida.Por ello los impulsores de esta Guía quieren dar su apoyo al amplio colectivo médico que con la entrada en vigor de la L.O. 2/2010 ve violado su derecho fundamental a la objeción de conciencia, y manifiestan su apoyo total e incondicional a todos los facultativos que quieran objetar, a la vez que advierten que permanecerá vigilante al cumplimiento de la ley, y denunciarán todas las irregularidades que se produzcan en el cumplimiento de la misma, afecten estas a las diversas administraciones públicas, a los clínicas abortivas, o a los médicos que intervengan de forma ilegal en la práctica de abortos.De igual forma, estos colectivos instan al personal sanitario adscrito a la Sanidad Pública a defender de forma activa el derecho a la vida, recordando que ninguna ley prohíbe informar a la mujer gestante de la existencia de multitud de fundaciones, asociaciones, e instituciones que están dispuestas a ayudarla en su maternidad, y se les insta a entregar a la mujer información sobre las consecuencias físicas y psíquicas del aborto o ecografías o fotografías que reflejen el desarrollo embrionario o fetal, independientemente de lo que digan las leyes, que sólo establecen un mínimo de información.La defensa de la vida no sólo es una obligación del Estado y de las instituciones públicas, también es un compromiso de todos los ciudadanos.De igual forma, el CJTM ha creado un grupo de trabajo experto en derecho sanitario con un doble objetivo: asesorar a los colegios profesionales, y a los profesionales sanitarios sobre su derecho a la objeción de conciencia/ciencia; y asesorar y defender a todas las mujeres víctimas de la violencia abortiva que padezcan un síndrome posaborto, mediante la reclamación de indemnizaciones de daños y perjuicios a las clínicas abortivas y a la administración sanitaria.  GUIA:

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Cardenal Urosa reitera críticas a Gobierno de Chávez ante Asamblea

La Oficina de Información del Arzobispado de Caracas dio a conocer la versión oficial del mensaje leído ayer ante la Asamblea Nacional por parte del Cardenal Jorge Urosa Savino quien acudió a responder algunas preguntas sobre sus declaraciones críticas respecto al gobierno de Venezuela. En ese recinto, el Purpurado sustentó sus afirmaciones y explicó que da su opinión como ciudadano y obispo; en el marco de la democracia, lo establecido por la Constitución que exige a todo venezolano participar activamente en la vida pública del país, el respeto debido a las autoridades y sin mentir.

En la exposición ante la presidenta diputada Cilia Flores y otros más ante quienes declaró durante varias horas en una sesión a la que no tuvieron acceso los periodistas y que no fue transmitida en directo por televisión, el Cardenal explicó que su proceder está en consonancia con la misión a él encomendada por Jesucristo, y muy lejos de la política partidista de la que es ajena; y recordó que en ningún momento ha dicho mentiras.

Al referirse luego a sus declaraciones sobre el socialismo marxista en Venezuela, el Cardenal Urosa señaló que no ha dicho nada nuevo ya que el mismo presidente Chávez es quien afirma seguir esta corriente, y expuso los peligros de esta ideología para la nación.

También reiteró su crítica a diversas leyes que considera inconstitucionales y que constituyen una gran preocupación para el pueblo, un atentado contra la democracia y el pluralismo político, como por ejemplo la referida a la educación y la de los procesos electorales, sobre las que los obispos ya se han pronunciado oportunamente.

A continuación, el texto íntegro de la exposición del Arzobispo de Caracas y Primado de Venezuela, Cardenal Jorge Urosa Savino:

“Ciudadana Presidenta y demás diputadas y diputados de la Comisión Coordinadora de la Asamblea Nacional:

Con la mejor buena voluntad y en espíritu de diálogo abierto, sereno y respetuoso, acudo ante ustedes atendiendo la cordial invitación de la Cdna. Diputada Cilia Flores, Presidenta de este Cuerpo Legislativo. Agradezco también la garantía ofrecida por la Cdna Presidenta con relación a mi seguridad y respeto a mi dignidad y condición humana,

Con el respeto y reconocimiento debidos a este cuerpo que representa el Poder Legislativo del Estado Venezolano, vengo con Dios y con la Virgen como Arzobispo de Caracas, es decir, líder religioso y Pastor de los 5 millones de católicos de Caracas, sin distinción de simpatías políticas; Cardenal de la Iglesia en Venezuela y Presidente de honor de la Conferencia Episcopal Venezolana, integrada por 45 Obispos estrechamente unidos en nuestro servicio religioso al pueblo de Venezuela.

En mi tarea pastoral en Caracas me acompañan los Obispos Auxiliares y más de 500 sacerdotes y diáconos, y 1.100 religiosas y religiosos que sirven permanentemente las necesidades pastorales de los caraqueños. También miles de laicos comprometidos que trabajan en las actividades pastorales de la Iglesia. Viviendo la opción por los pobres como sacerdote caraqueño, además de mis labores como formador de sacerdotes en los Seminarios eclesiásticos de Caracas, trabajé durante 11 años en un barrio popular, el barrio Casa de Tabla, conocido ahora como “Cecilio Acosta”, en Maca, Petare.

Soy un Obispo, Pastor de la Iglesia, servidor de Jesucristo y del pueblo venezolano todo. En esa condición he actuado y hablado sobre las cuestiones sociales. No me considero ni me he considerado nunca, y no he actuado en ningún momento como actor u operador político. Soy vocero de Jesucristo y de las inquietudes y del interés del pueblo venezolano por la paz, el encuentro, la inclusión, y por el respeto a los derechos humanos civiles, sociales, y políticos consagrados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. No soy vocero de ninguna parcialidad política.

Misión de la Iglesia y derechos de los obispos

En los debates de estos días se ha hablado mucho sobre la misión de la Iglesia, más específicamente sobre la competencia y participación los Obispos en la vida nacional. Antes de hacer algunas consideraciones de carácter religioso o teológico sobre el tema, quisiera destacar que el art. 62 de la Constitución claramente afirma el derecho de todos los ciudadanos venezolanos a participar activamente en la vida pública. Cito: “Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar libremente en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes elegidos o elegidas”.

Y el art. 132 va más allá: “Toda persona tiene el deber de cumplir sus responsabilidades sociales y participar solidariamente en la vida política, social y comunitaria del país, promoviendo y defendiendo los derechos humanos como fundamento de la convivencia democrática y de la paz social”. En cumplimiento de esta disposición constitucional, la participación en la vida pública de los Obispos, Pastores de la Iglesia en Venezuela, va en la línea del relacionamiento y convivencia de los ciudadanos con el libre ejercicio de sus derechos; no como búsqueda o ejercicio del poder político, ni mucho menos como expresión de la legítima participación de los ciudadanos en partidos políticos. Repito, no somos operadores políticos.

De manera que, cuando los Obispos, desde nuestra misión pastoral, religiosa y espiritual, expresamos opiniones sobre aspectos de la vida social o política del país, lo hacemos con pleno derecho como ciudadanos venezolanos, y cumpliendo el deber que nos impone la Constitución Nacional de promover y defender los derechos humanos para el logro de la convivencia democrática y de la paz social.

Pero es que, además, nuestra condición cristiana y nuestra misma misión pastoral de constructores de la paz, nos impone la opción por los pobres y el deber de velar por la vigencia de los derechos humanos. Cristo nos dice que seremos juzgados por el amor. El nos dice que entraremos al Reino de los Cielos “porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, preso y enfermo, y me visitaste”, etc. (Mt, 25)

La Misión Pastoral de la Iglesia no es solamente celebrar actos de culto, sino anunciar a Jesucristo y su Evangelio del amor a Dios y del amor fraterno, del respeto a la vida y los derechos de los seres humanos; es promover la convivencia social en el marco de la libertad y la justicia. Los Mandamientos de la Ley de Dios son un llamado a una convivencia social libre, justa, fraterna. Y eso es lo que nos mueve a los Obispos venezolanos a pronunciarnos sobre la vida social y pública del país.

Al respecto quiero destacar que no es ahora, en los últimos años, cuando los Obispos hemos hecho llamados a la conversión moral en lo social y a la renovación del corazón en la vida política, económica y social de Venezuela según la Doctrina Social de la Iglesia. Quiero recordar aquí, entre muchos, algunos documentos de aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia publicados a lo largo de estos años, durante diversos gobiernos: el documento “Iglesia y política”, de 1973″; “La Situación social del País, de enero de 1974” en el cual se habla de la necesidad de que se promueva un progreso más efectivo, dirigido al beneficio de todos, pero especialmente a los sectores menos favorecidos, y particularmente a los marginados.

El documento sobre Las Misiones y los Indígenas, de julio de 1977, en el cual se rechazan abiertamente las violaciones a los derechos humanos de los indígenas; la Carta pastoral de Cuaresma de 1980, profética en su diagnóstico y en sus propuestas, en la cual, al hacer un apremiante llamado a la conversión moral, se afirma que la situación social de Venezuela configuraba una situación personal, colectiva y estructural de pecado; el documento sobre la vivienda, de enero de 1986, y el documento sobre el desempleo, de julio de 1987; el documento publicado en enero de 1988 con motivo de los 25 años del 23 de enero de 1958. Especial relieve merece la Exhortación “La recuperación del país” publicada luego del Caracazo, el 8 de abril de 1989, en la cual se hace un diagnóstico severo y muy claro sobre la situación política, económica y social de Venezuela, y se condena la masacre de El Amparo.

Otro documento de especial significación es el titulado “Constructores de la Paz”, publicado el 10 de enero de 1992, donde se alude, entre otras cosas, a los asesinatos cometidos por funcionarios de los cuerpos de seguridad del estado. Allí advertíamos: “Sin una respuesta pronta y efectiva a esas urgencias, no habrá paz social con los consiguientes peligros de anarquía o de tentaciones a soluciones de fuerza” Tres semanas después sucedieron los hechos del 4 de febrero.

De manera que no ha sido solamente en estos últimos 11 años y medio cuando los Obispos venezolanos, en cumplimiento de nuestra misión religiosa y pastoral al servicio del pueblo de Venezuela, y en el ejercicio de nuestros derechos constitucionales hemos hecho apremiantes llamados al diálogo, a la atención de las necesidades del pueblo, a la defensa de los derechos humanos, a la inclusión y a la convivencia social, a la justicia como base de la paz. No nos encerramos en las sacristías, ni nos escondemos tras el incienso de las ceremonias. Somos Obispos de una Iglesia viva y activa, comprometida con el pueblo venezolano.

Y esto lo hacemos como respuesta al llamado del Concilio Vaticano. II que nos dice:

“Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y solos aquellos medios que sean conformes al Evangelio y para bien de todos según la diversidad de tiempos y de situaciones” (GS. 76)

Y al Documento de la Vª Conferencia General de los Obispos latinoamericanos y del Caribe, Aparecida, que afirma:

504 “Consciente de la distinción entre comunidad política y comunidad religiosa, base de sana laicidad, la Iglesia no dejará de preocuparse por el bien común de los pueblos y, en especial, por la defensa de principios éticos no negociables porque están arraigados en la naturaleza humana”.

Pero sobre todo, los Obispos hablamos en respuesta al evangelio de Nuestro Señor Jesucristo que nos llama a ser misericordiosos y a atender las necesidades de nuestros hermanos: Recordemos la parábola del buen samaritano. El modelo que nos presenta Jesús es el samaritano que ayuda a un desconocido en desgracia. (Lc, 10,33 ss).Y el apóstol Santiago, recalcando la necesidad de la caridad concreta hacia los demás nos dice: “La religión pura e intachable ante Dios Padre es esta: visitar a los huérfanos y viudas en su tribulación”… (St. 1, 27)

En el cumplimiento de nuestra Misión pastoral con respecto a la vida concreta de los venezolanos, los Obispos actuamos siempre como ministros de Jesucristo y como pastores del Pueblo de Dios, no buscando el poder, sino como servidores y constructores de la paz. Por eso cuando hablamos en cuestiones de orden social siempre apelamos a la conversión moral, a la necesidad de modificar las conductas, a la rectificación de políticas que consideremos equivocadas, a la necesidad de que todos nos consideremos hermanos en una casa común, una familia, miembros de un solo pueblo, el pueblo venezolano, sin exclusiones de ningún tipo. Permanentemente invitamos al diálogo entre los diversos sectores, a la convivencia, a la búsqueda de soluciones para los diversos problemas del país. Valores como justicia, paz, diálogo y reconciliación son los que guían nuestro ánimo y nuestros documentos en materia social.

Mis declaraciones

Ustedes me han invitado para que, explique las razones que sustentan las denuncias que presuntamente habría realizado, “en contra del Comandante Hugo Chávez, Presidente Constitucional de Venezuela y de las Instituciones del Estado Venezolano” en recientes declaraciones.

Un punto previo: suelo declarar muy poco. Y en mis actuaciones litúrgicas evito el tema político partidista, y así lo exijo a todos los sacerdotes de la Iglesia en Caracas. Mi predicación es religiosa, y de moral tanto individual como social; no es una predicación partidista.

Ahora bien: quiero decir respetuosamente que en mis declaraciones sí he emitido opiniones, pero no he formulado “acusaciones ni denuncias”. No es mi ánimo o intención. He emitido mis opiniones amparado por los valores consagrados en nuestra Constitución, tales como la democracia, la preeminencia de los derechos humanos y el pluralismo político, consagrados en el art. 2 de nuestra Carta Magna, y el deber del Estado de garantizar el cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución.

He emitido mis apreciaciones como ciudadano venezolano en pleno goce de los derechos que me otorga la Constitución, a la cual me acojo, teniendo en cuenta que, – como dice el Art. 19 – “El Estado garantizará a toda persona, conforme al principio de progresividad y sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable… de los derechos humanos…Su respeto y garantía son obligatorios para los órganos del Poder Público, de conformidad con esta Constitución, con los tratados sobre derechos humanos suscritos y ratificados por la República y con las leyes que los desarrollen”. Como ciudadano venezolano también reivindico, a tenor del art. 39, mi titularidad de derechos políticos de acuerdo con la Constitución, y en particular mi derecho a mi integridad física, psíquica o y moral, consagrado en el art. 46. También reivindico el derecho consagrado en el art. 60 que reza: “Toda persona tiene derecho a la protección de su honor, vida privada, intimidad, propia imagen confidencialidad y reputación”. Por eso exijo que cesen los ataques que contra mi persona se difunden en algunos programas de medios de comunicación del Gobierno.

He emitido opiniones con seriedad, expuesto a equivocarme, pero no he dicho mentiras

He emitido opiniones acogiéndome al art. 57 de la Constitución que reza: “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por lo expresado”.

Y es bueno recordar que, a tenor del art. 141 de la Constitución, la Administración Pública, se fundamenta “en los principios de honestidad, participación, eficacia… rendición de cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública”. ¿No implica esto que en su gestión los funcionarios están sujetos al escrutinio, opinión y crítica de los ciudadanos? Yo he expresado mis opiniones en ejercicio del legítimo derecho a la crítica sobre la actuación de funcionarios en asuntos de naturaleza pública e interés colectivo.

En este marco, y en concreto, quiero decir dos cosas:

En primer lugar he opinado que el Presidente Chávez quiere llevar al país por el camino del socialismo marxista. Pues bien: no he dicho nada nuevo, pues el Presidente en varias ocasiones ha afirmado ser marxista, como lo hizo, por ejemplo en esta Asamblea el 15 de enero de 2010, y está decidido, lo dice permanentemente, a convertir a Venezuela en un estado socialista. Opino que llevarnos por este camino implicaría dejar a un lado importantes principios consagrados en la actual Constitución.

El Estado socialista marxista es totalitario, pues copa todos los espacios, tal como sucedió en los países sometidos al régimen socialista o comunista, como los de Europa Central, la Unión Soviética en el pasado, y Cuba todavía en el presente.

En segundo lugar quiero aclarar que en ningún momento he opinado negativamente en contra – y mucho menos he atacado– a la Asamblea Nacional, al Tribunal Supremo de Justicia o a la Fiscalía General de la Nación. Respeto todas las Instituciones del Estado y nunca me he referido a ellas de manera negativa en los medios de comunicación. Respeto igualmente y nunca he ofendido al Ciudadano Presidente de la Republica.

Mis opiniones no van en contra de las instituciones. Simplemente expreso mis apreciaciones sobre algunas actuaciones. Al opinar que algunas leyes me parecen inconstitucionales no ataco, ni desconozco, ni actúo en contra de la Asamblea, sino que me parece que esas leyes van al margen o contrarían el espíritu y en algunos casos la letra de la Constitución. Ejerzo así mi derecho a participar en la vida pública del país, en el marco del pluralismo consagrado por la Carta Magna, y en uso de la libertad de expresión, tan querida por todos los venezolanos. De hecho se han dado muchos casos, antes y ahora, de que personas o instituciones acudan legítimamente al Tribunal Supremo a cuestionar la constitucionalidad de algunas leyes.

Mi opinión de que algunas leyes contrarían el espíritu o el texto constitucional es sostenida también por algunas instituciones de gran prestigio, tales como la Asociación Venezolana de Derecho Constitucional (15 de dic. de 2009), la declaración de Decanos de Facultades de Ciencias Jurídicas y Políticas de algunas Universidades; El Consejo Superior de la Federación de Colegios de Abogados, entre otros. Esa opinión también ha sido manifestada públicamente en la Asamblea por algunos diputados.

Algunas leyes preocupantes

En concreto, algunas leyes que me, en mi opinión, parecen estar en contradicción con la Constitución en algunos aspectos, son:

la Ley del Consejo Federal de Gobierno,
la Ley de reforma de la Ley Orgánica de descentralización, delimitación y transferencia de competencias del Poder Público;
La Ley Orgánica de Educación;
la Ley de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana;
la Ley sobre la Organización y régimen del Distrito Capital;
La Ley para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios (Ley del Indepabis),
La Ley Orgánica de Procesos Electorales.
Y el actual Proyecto de Ley de Comunas.

En general, esas leyes afectan el pluralismo político

Todas estas leyes van en la línea de darle más poder al Gobierno central y a la Presidencia de la República, en detrimento de las capacidades y el poder del pueblo, de la gente, de de las regiones, de la familia, del ciudadano, y consagran un Estado y un Gobierno cada vez más poderoso por encima de la acción e iniciativa de la gente, de los ciudadanos comunes.

Conclusión

Ciudadana Presidenta; Ciudadanas diputadas, ciudadanos diputados:

Al concluir esta exposición quiero reafirmar, junto con mis hermanos los Obispos de la Iglesia Católica en Venezuela, nuestra opción por los pobres, nuestra actitud de disposición al diálogo, de servicio al pueblo venezolano, de participación en el marco de los derechos que nos otorga la Constitución, y en cumplimiento de nuestro deber como pastores al servicio del Pueblo de Dios sin discriminaciones políticas ni de ninguna clase, que vive en concreto en condiciones históricas sociales, económicas y políticas que todos hemos de procurar mejorar.

Reafirmo mi condición de Pastor de la Iglesia, a la cual sirvo en nombre de Jesucristo

, con el propósito de que su “Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz”, se haga realidad en el corazón de los venezolanos, a través de la fe en Dios, y a través de la convivencia fraterna y solidaria. Pido a Dios Nuestro Señor que bendiga a nuestra querida Venezuela, a Ustedes, a todo nuestro pueblo y que nos acompañe siempre la maternal intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de Coromoto. Amén, fundamental para la vida democrática, pues incorporan la concepción socialista, para implantar una Patria socialista, lo cual consagra como obligatoria para todos los venezolanos una ideología, un sistema y un partido, lo cual es ajeno al espíritu y a la letra de la Constitución, que habla de Estado social de Derecho y de Justicia, y propugna como uno de los valores fundamentales el pluralismo político. Van en una línea de centralización del poder, en contra del federalismo y la descentralización, lo cual vulnera las capacidades de acción de los venezolanos de la provincia. . Mentir es decir algo que uno sabe falso como si fuera verdad. Opinar es emitir una apreciación con algún margen de error. Con humildad pero con dignidad afirmo que no soy mentiroso.

Muchas gracias.
Caracas, 27 de julio de 2010

Valencia mostrará ecografías a las mujeres que se plantean abortar

Como sabes, el Tribunal Constitucional ha decidido, por un solo voto de diferencia, que la nueva ley del aborto puede ir exterminando seres humanos en masa, mientras los señores magistrados estudian los recursos presentados contra esta norma injusta y cruel.
¿Y ahora, qué? Ahora, todo. Hay mucho que hacer.

La resistencia pacífica a una ley injusta no sólo es un deber moral. También es legal y salvará vidas; vidas concretas de niños y niñas con nombres y apellidos.
Derecho a Vivir, el Centro Jurídico Tomás Moro y Andoc (Asociación Nacional para la Defensa de la Objeción de Conciencia) presentaremos en los próximos días una completa y práctica Guía de la Objeción de Conciencia para profesionales sanitarios (ginecólogos, médicos de atención primaria, enfermeras, matronas,…).
Será un prontuario fácil de usar, con todas las preguntas y respuestas necesarias para objetar al aborto.
La inmensa mayoría de profesionales de la salud se niegan a practicar o colaborar en abortos.
Este documento les ayudará a defender su derecho constitucional a la objeción de conciencia.
Lo distribuiremos gratuitamente, a través de los Colegios Profesionales y lo publicaremos en la web de HazteOir.org y Derecho a Vivir, para que esté al alcance de todos y se convierta en una herramienta útil de resistencia a una ley cruel.
También los políticos conscientes de la aberración jurídica, científica y moral que supone la nueva ley pueden y deben hacer mucho por mitigarla, cada uno en la medida de sus posibilidades y dentro del marco del respeto a la legalidad.
No vamos a parar, ya lo sabes, hasta conseguir que un partido con opciones de gobierno en España se comprometa a derogar esta ley injusta.
Mientras tanto, nos parece que una buena forma de resistirse legalmente a ella es lo que acaba de hacer la Generalitat valenciana.
El Gobierno de esta región informará a cada mujer que esté pensando en abortar sobre las alternativas a esta forma de violencia, le explicará las evidencias científicas sobre el origen de la vida humana que lleva en su seno, le expondrá las consecuencias de un aborto para su salud y le mostrará ecografías en tres dimensiones de bebés con el mismo tiempo de gestación que el suyo.
Es una medida legal (desarrolla el artículo 17.4 de la nueva ley del aborto, sobre el Derecho de Información de la madre) y es una buena medida que salvará vidas.
Te pido menos de un minuto de tu tiempo para testimoniar tu apoyo a esta política a través de la alerta cívica que hemos activado en HazteOir.org.
Una información completa, científica y clara sobre la realidad de la vida humana en el seno materno y sobre las consecuencias del aborto para la salud de la mujer es una forma práctica de resistir a una ley injusta y cruel, y de salvar vidas.
En el siguiente enlace, puedes firmar tu mensaje de apoyo al Gobierno de la Generalitat Valenciana por seguir esta política.
http://www.hazteoir.org/node/31813

Tu testimonio y el de miles de ciudadanos más será un mensaje a otros Gobiernos autónomos, para que adopten medidas similares de información a las mujeres.
Es la hora de la resistencia activa, pacífica y legal a una ley que establece el exterminio masivo e indiscriminado de seres humanos.
Cuanto mayor sea esa resistencia, más fácil será su derogación. Te necesito más alerta y comprometido que nunca con el derecho a la vida.

Apoya ahora una buena medida de gobierno que salvará vidas humanas.
http://www.hazteoir.org/node/31813

Muchas gracias por no rendirte. Muchas gracias por ser la voz de los que no la tienen.

Defender vida contra aborto no es cuestión de religión

Méjico.

Lourdes Casares de Félix de la Asociación en Defensa de la Familia, experta en temas de familia recordó a los mexicanos que la defensa de la vida no es una cuestión religiosa y recordó que esta se basa en la certeza científica de que un concebido es un nuevo ser humano.

En el artículo “El drama del aborto”, publicado en el Diario de Yucatán, Lourdes Casares de Félix de la Asociación en Defensa de la Familia, explicó que el derecho a la vida no se ha convertido en un derecho religioso. “¿Acaso defender la vida de un ser humano inocente es cuestión de religión? Aceptar que el embrión antes de las 12 semanas y desde su concepción es una persona cuya vida debe respetarse y afirmar que el aborto es un crimen no es cuestión de religión, es un argumento que se basa en la ciencia como podría demostrar el doctor en Medicina y Ciencias y profesor de Genética Fundamental, Jerome Lejeune”, indicó.

“Científicamente se ha probado que hay vida y que es humana. Aquí la pregunta moral o ética sería: ¿Se debe permitir dar muerte a esa vida? La respuesta la puede dar cualquier ateo humanista. Ante la falta de argumentación científica para promover el aborto siempre hay el recurso de culpar a la religión”, agregó.

Casares recordó que “el drama del aborto no sólo radica en despojar al no nacido de derechos, ni en empeñarse en no reconocerlo como la persona que es, ni en aceptar o negar su capacidad de sentir dolor o placer, ni en minimizar su capacidad potencial de razonar y decidir, el drama es la triste deshumanización del ser humano empeñado en destruir la vida de seres indefensos negándoles la oportunidad de vivir”.

Homilía en la Solemnidad del Apóstol Santiago


Majestades
Hermanos en el Episcopado
Excmo. Cabildo Metropolitano
Autoridades
Sacerdotes, Vida Consagrada y laicos
Miembros de la Archicofradía del Apóstol Santiago
Televidentes y Radioyentes
Peregrinos

La solemnidad del Apóstol Santiago el Mayor, Patrón de España, nos motiva a tomar conciencia de nuestra condición cristiana, encomendándonos a su patrocinio para ser fieles a la tradición apostólica que fundamenta nuestra fe y revitalizar nuestra identidad que ha vertebrado la historia de los pueblos de España, con lo común de todos y lo específico de cada uno.

El sentido de nuestra existencia
El Apóstol nos transmitió el Evangelio de Jesucristo, que nos descubre la vocación profunda de nuestra existencia, deseosa de la plenitud en Dios. “Quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida. La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo”1. El hombre del tercer milenio desea una vida auténtica y plena, tiene necesidad de verdad, de libertad profunda, de amor gratuito. También en los desiertos del mundo secularizado, el alma del hombre tiene sed del Dios vivo.
En nuestro peregrinar nos damos cuenta de que el hombre es el sentido del mundo creado por Dios. Dice san Agustín: “Camina a través del hombre y llegarás a Dios”. El respeto por la dignidad de la persona ha de ser la norma inspiradora de todo auténtico progreso social, económico, cultural y científico. Los desafíos de nuestra época están ciertamente por encima de las capacidades humanas: lo están los desafíos históricos y sociales, y con mayor razón los espirituales. Con Cristo podemos afrontarlos, animando una profunda renovación cultural cristiana y recuperando los valores esenciales como la austeridad, el esfuerzo y la solidaridad sin olvidar la caridad, “principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”, para ofrecer a todos la esperanza de un mañana mejor y digno del hombre sobre todo en estos momentos no fáciles como decía Su Majestad. En este sentido, la mirada de la fe, abierta a medirse con el juicio de Dios y con su proyecto de bien para todas las criaturas, es un faro orientador y perceptible ante la devaluación del sentido moral. La persona busca un sentido a su vida que le ayude a situarse ante sí misma y ante la sociedad, cualesquiera que sean las circunstancias en que vive. Evadir la búsqueda de sentido de la vida o resignarse a una falta de esperanza empobrece la calidad de vida para uno mismo y para los demás.

Necesidad de Dios por parte del hombre
El hombre es un peregrino abierto a lo trascendente, capacitado para transformar la sociedad a través del amor de Dios derramado en su corazón. “Puesto que todo hombre retiene siempre su condición de imagen de Dios, aun cuando esté quebrada por el pecado y con ella rota la brújula para buscar la verdad, discernir y realizar el bien, y admirar la belleza, el católico considera siempre posible el diálogo y la colaboración, incluso en las situaciones más difíciles, porque Dios nunca está del todo lejos del corazón del hombre”2. Dios es nuestra felicidad. “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, escribió san Agustín. No hay lugar para el conflicto entre la ley divina y la libertad humana. “La libertad recibida de Cristo y el servicio debido al prójimo son los fundamentos de la moral cristiana”3. El Apóstol Santiago, llamado a profundizar su relación personal con Dios como toda persona humana, profesó libremente su fe y fue el primero entre los apóstoles en beber el cáliz del Señor por fidelidad al Evangelio “Si pensamos en los dos milenios de historia de la Iglesia, acaba de decirnos el Papa, podemos observar que nunca han faltado las pruebas a los cristianos, que en algunos periodos y lugares han asumido el carácter de verdaderas y auténticas persecuciones. Estas, sin embargo, a pesar de los sufrimientos que provocan, no constituyen el peligro más grave para la Iglesia. El mayor daño, de hecho, lo padece ésta de lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, erosionando la integridad del Cuerpo místico, debilitando su capacidad de profecía y de testimonio, empañando la belleza de su rostro”.

La vida como servicio
La madre de Santiago y Juan pidió al Señor que sus hijos se sentaran uno a su derecha y otro a su izquierda. Con este motivo Jesús le contesta: “El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida en rescate por todos”. El cristiano ha de interpretar su vida en clave de servicio, sabiendo que servir a los demás configura su manera de ser, y que necesita amar lo que ha de hacer. Sentirse miembro del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, conlleva servir y amar porque la calidad de nuestra vida se construye ofreciéndonos como don total en el amor a Dios y a los demás. La lógica del Evangelio pide que no se ponga límite al don de uno mismo si no se quiere rebajar al ser humano.
El individualismo infiltrado en la conducta y relaciones sociales, inspira con frecuencia actitudes de vida insolidarias. Perdidos en el anonimato de un mundo sin hogar, nos es difícil mirar desde Dios a los demás. Sólo el espíritu de renuncia gratuita a todo lo propio nos hermana, porque no nace del heroísmo del fuerte y del que da pero no recibe, sino de la acogida del otro y de la experiencia de la propia debilidad. La espiritualidad cristiana debe ser continua inspiración para roturar nuevos campos y comenzar siempre de nuevo, porque se apoya en la promesa de Dios que llama a las cosas que no son para que sean (Rom 4,7).

Nuestro compromiso cristiano
Este compromiso nos lleva a ser presencia de la luz de la verdad que nos hace libres y presencia de caridad como transparencia del Maestro en el discípulo. “En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis como yo os he amado” (Jn 13,35). La incomprensión será la normal reacción del mundo contra esta presencia activa del cristiano como testigo viviente de la santidad evangélica por la virtud. Lo que de anticristiano hay en el mundo tiene que reaccionar siempre igual contra Cristo y los suyos. “Mi cáliz lo beberéis”. El proceso de conversión que capacita al creyente para su configuración cristiana, no será auténtico si no abre el corazón humano al Misterio de la Cruz. Cristo aclara que la generosa decisión de los Zebedeos dispuestos a beber el cáliz del Señor, ha de ser con espíritu de disponibilidad absoluta y de obediencia a los planes de Dios, no bajo intenciones de ambición personal y humana. La exigencia cristiana es recrear las mismas actitudes de Cristo en la situación histórica de cada uno de nosotros. Hoy la comunidad cristiana tiene que dar razón de la esperanza, pero es llevada también al desierto para ver dónde cifra su confianza. Cuando nos invade el pesimismo y sentimos la tentación de abdicar de nuestras responsabilidades terrenas, no debemos ignorar los imperativos de la fe. “Creí por eso hablé, sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará”. Vivimos en una organización eclesial y en un tejido de relaciones sociales donde simultáneamente crecen el trigo y la cizaña, como nos dice el Evangelio que se nos ha confiado. El esfuerzo por reducir el mal ha de ser persistente, sabiendo que la oferta del Evangelio es un camino humanizador de porvenir. Los cristianos han de ser portadores en el mundo de una esperanza temporal realista, no de vano sueño utópico. Conocer, imitar y vivir en comunión con Cristo significa también estar dispuestos a renunciar a todo lo que constituye la negación de su amor, para que “la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo”.
A Igrexa ten como misión levar aos seus fillos a Deus, ao seu destino eterno. Pero non se desentende das tarefas humanas; pola súa mesma misión espiritual, move aos seus fillos e todos os homes a que tomen conciencia da raíz de onde proveñen os males, e urxe a que poñan remedio ás inxustizas e ás deplorables condicións en que viven moitas persoas. Os discípulos de Xesucristo habemos de ser sementadores de fraternidade en todas as circunstancias da vida. Cando vivimos intensamente o espírito cristián, todas as súas actividades e relacións reflicten a caridade de Deus e poñen o selo do amor cristián, que é sinxeleza, veracidade, fidelidade, mansedume, xenerosidade, solidariedade e alegría.
Dando grazas a Deus con ledicia pola súa pronta recuperación, acollo a vosa ofrenda nacional, Maxestade, encomendando á intercesión do Apóstolo Santiago a todos os pobos de España, de Iberoamérica e de xeito especial ao pobo galego para que manteñamos unha convivencia solidaria non esquecendo as nosas raíces. Pido por todos os peregrinos que chegaron e seguirán chegando a venerar a túa tumba neste Ano Santo, e por todos os nosos gobernantes para que teñan fortaleza, xenerosidade e constancia na busca do ben común e da renovación ética e moral da nosa sociedade.
Encoméndote, Santo Apóstolo, os froitos espirituais e pastorais da peregrinación do Santo Papa para venerar a túa tumba. Que Deus, co teu patrocinio, bendiga ás súas Maxestades e a toda a Familia Real, sempre sensibles a toda realidade que afecta ao noso pobo. “A nosa terra dará o seu froito porque nos bendí o Señor noso Deus” (Ps 66,7).

Deus nos axuda e tamén o Apóstolo Santiago.
+Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela