Insoportable hipocresía – O la doble y letal vara de medir sobre la vida

“Hoy en día nadie puede subestimar el alcance universal de los Derechos Humanos, en particular el derecho a la vida, a partir del que se sustentan todos los demás”. “Por encima de todo, nadie puede disponer de la vida humana, ni siquiera los Estados”.”Será el éxito de Estados que respeten hasta el último instante la vida de todos y cada uno de sus conciudadanos. Nadie tiene derecho a arrebatar la vida a otro ciudadano. Absolutamente nadie. Trabajemos por esta causa, me tienen a su disposición”.

 Quien habla no es precisamente Santo Tomás de Aquino, ni Santo Tomás Moro –patrono de los políticos católicos-, ni un eclesiástico, ni el Papa… Quien habla, quien habló así ayer mismo, miércoles 24 de febrero de 2010, quien hizo público tal mensaje es José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno de España. Lo hizo en Ginebra. Lo hizo horas después de que se supiera que el preso político cubano, disidente del castrismo, Orlando Zapata Tamayo muriera tras siete años de cárcel, de torturas y vejaciones y 84 días de huelga de hambre, sin que esta muerte “política” –este asesinato moral- le mereciera al señor Zapatero el más mínimo comentario de condena, por subliminal, implícito e indirecto que, fuentes de La Moncloa digan ahora, se expresó el presidente del Gobierno de España.

 Una cosa y su contraria  

 Y lo hizo, sobre todo, en el mismo día y casi a la misma que el Senado español aprobaba por tanto solo seis votos de diferencia la nueva ley del aborto, la ley del señor Zapatero.

  ¿Es posible decir una cosa en Madrid y su contraria en Ginebra? ¿O es que el aborto no arrebata la vida de un ciudadano, de un ser humano, de una persona? ¿O es que el Estado, mediante leyes tan inicuas como la aprobada el 24 de febrero en España, no dispone así arbitraria e injustamente la vida humana? ¿Cómo se puede decir que “hoy en día nadie puede subestimar el alcance universal de los Derechos Humanos, en particular el derecho a la vida, a partir del que se sustentan todos los demás” y, a la vez promover y aprobar el aborto libre?

 “Será el éxito de Estados que respeten hasta el último instante la vida de todos y cada uno de sus conciudadanos”. ¿Y el primer suspiro, señor Zapatero, este no merece ser respetado? Difícilmente, señor Zapatero, habrá un último suspiro vital si antes de ha hecho abortar el primero.

 Sí, dirán los escuderos y cortesanos del señor Zapatero, que el presidente del Gobierno español se refería a la pena de muerte. Nadie quiere la pena de muerte. Pero tampoco nadie debe querer esa pena de muerte preventiva que es el aborto. Hay muchas maneras de acabar con la vida de un ser humano. Una, sí, es la pena de muerte, que supone y significa acabar con la vida. Pero, tan cruel, tan vil –incluso quizás más- y, sobre todo, más injusto es no dejar nacer a un inocente.

¿De qué va el señor Zapatero? ¿Cómo se puede llamar a esto: irresponsabilidad, inconsistencia, incompetencia, inconsciencia, ignorancia? Da igual el nombre que le queramos dar porque en cualquier es irresponsabilidad culpable, inconsistencia culpable, incompetencia culpable, inconsciencia culpable, ignorancia culpable. Es un insulto a la inteligencia, al derecho, al sentido común, a la ética. Es cinismo intolerable. Es la hipocresía insoportable y abominable de una doble y letal vara de medir la vida, que habría de avergonzar y abochornar a propios y a extraños. Y que  de ningún modo nos puede dejar indiferentes e inactivos.

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