Texto íntegro del discurso leído por Zapatero en el Desayuno Nacional de Oración

 El presidente Rodríguez Zapatero elige un pasaje del Deuteronomio que habla sobre los jornaleros en su intevención ante Obama

 Zapatero afirma que crear empleo es la “tarea mas apremiante” de los gobiernos

 Presidente, Congresistas, señoras y señores, gracias.

 Gracias por invitarme a participar, en nombre de mi país, en nombre de España, en uno de los actos de mayor tradición y simbolismo en la sociedad americana. Gracias a los Senadores Klobuchar e Isakson, y permítanme que les hable en castellano, en la lengua en la que por primera vez se rezó al Dios del Evangelio en esta tierra.

 Nadie como ustedes conoce el valor de la libertad religiosa, sus antecesores huyeron de la dominación y para que nunca les fuera arrebatada la libertad fundaron este país.

 Una Nación, los Estados Unidos, alumbrada en la democracia, que no ha dejado de crecer bajo su fuerza; que abolió la esclavitud, reconoció la igualdad de voto y proscribió la discriminación; que ha ensanchado el pluralismo, la tolerancia, el respeto a todas las opciones y creencias.

 Conquistas admirables, admirables a ojos de un demócrata que vive en una de las naciones más antiguas del orbe: España; una nación también diversa, forjada en la diversidad y renovada en su diversidad; una nación también americana, “la más multicultural de las tierras de Europa, (la) España celta e ibera, fenicia, griega, romana, judía, árabe y cristiana” -sobre todo cristiana-, como la ha caracterizado desde Latinoamérica Carlos Fuentes.

 Nuestros dos países deben mucho a quienes han venido de fuera. No se entienden sin ellos, sin los que, a lo largo del tiempo, han llegado a nuestra tierra y, conviviendo, se han convertido en “nosotros” en lo que somos.

 Permítanme que les lea un pasaje de la Biblia, del capítulo 24 del Deuteronomio: “No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país. Págale su jornal ese mismo día, antes que se ponga el sol, porque está necesitado, y su vida depende de su jornal”.

 No dejemos de velar por la buena integración de quienes han venido a trabajar y a convivir a nuestros países; no dejemos de velar también por aquellos a los que no podemos acoger entre nosotros, y pasan hambre y miseria en tantos lugares de la Tierra, como las personas que viven en Haití y cuyo infortunio nos ha movido a hacer un gran ofrecimiento de solidaridad; una solidaridad que nos reconcilia con nuestra condición misma de seres humanos, vulnerables y fraternos, y que no debe diluirse en el olvido.

 Asimismo, quiero proclamar el más sentido compromiso con los hombres y las mujeres que en nuestras sociedades padecen, en estos tiempos difíciles, la falta de trabajo. Todos ellos deben saber que no hay tarea de la que, como gobernantes, nos sintamos más responsables; que no hay tarea que nos acucie más que la de favorecer la creación del empleo.

 Señoras y señores,

 Hoy mi plegaria quiere reivindicar igualmente el derecho de cada persona, en cualquier lugar del mundo, a su autonomía moral, a su propia búsqueda del bien.

 Hoy mi plegaria quiere reivindicar la libertad de todos para vivir su propia vida, para vivir con la persona amada y para crear y cuidar a su entorno familiar, mereciendo respeto por ello.

 La libertad es la verdad cívica, la verdad común. Es ella la que nos hace verdaderos, auténticos como personas y como ciudadanos, porque nos permite a cada cual mirar a la cara al destino y buscar la propia verdad.

 Pero la tolerancia es mucho más que la aceptación del otro; es descubrir, conocer y reconocer al otro. El desconocimiento del otro está en la raíz de los conflictos que amenazan a la Humanidad y ponen en peligro nuestro futuro. El odio nace de la ignorancia y la concordia se construye sobre el conocimiento. También la paz.

 España ya fue en el pasado ejemplo de convivencia entre las tres religiones del Libro, Judaísmo, Cristianismo e Islam, y hoy defiende en el mundo la tolerancia religiosa y el respeto a la diferencia; el diálogo, la convivencia de las culturas, la Alianza de las Civilizaciones.

 Lo hacemos con tanta convicción como rechazamos las afirmaciones excluyentes de superioridad moral, el absolutismo o el fundamentalismo intransigente.

Estados Unidos sabe, como también lo sabe España, que la utilización espuria de la fe religiosa para justificar la violencia puede ser enormemente destructiva, y qué mejor momento que este Desayuno de Oración para que recordemos juntos, para que honremos juntos, a nuestras víctimas del terrorismo, porque, juntos, también defendemos la libertad allí donde se ve amenazada.

 Señor Presidente, Congresistas, señoras y señores,

 Ya sea con una dimensión trascendente o cívica, la libertad es siempre el fundamento de la esperanza, de la esperanza en el futuro.

 “Por la libertad, así como por la honra -se dice en El Quijote, la obra literaria más importante escrita en español- se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos…”

 Que ese don siga iluminando a América y a todos los pueblos de la tierra.

 Gracias.

El PP registra en el Congreso su propuesta para apoyar la maternidad

El PP apuesta por una cerrada defensa de la maternidad respondiendo a la Ley del Aborto de Zapatero con una proposición de Ley de Protección a la Maternidad que incluye un amplio paquete de medidas fiscales, laborales y sociales. La iniciativa contempla, entre otras medidas, elevar la deducción por maternidad hasta 1.800 euros anuales por el segundo hijo, y a 2.400 por los siguientes, ampliar el período de baja maternal de 16 a 20 semanas, ampliable en el caso de parto múltiple, y la garantía de acceso a la red de apoyo social e institucional de todas las mujeres embarazadas.

La iniciativa prevé el acceso a la red de apoyo social e institucional a todas las mujeres embarazadas, así como la asistencia médica y psicológica precisa durante el embarazo y postparto; con especial atención a las mujeres en situación de necesidad. Al tiempo, propone un plus de protección para aquellas mujeres embarazadas que se encuentren en situación de especial vulnerabilidad o exclusión social, además de ayudas concretas para las mujeres embarazadas menores de edad o con discapacidad y de las mujeres embarazadas de hijos con alguna enfermedad o discapacidad.

Esta iniciativa parlamentaria, en la que también se proponen medidas de conciliación de la vida familiar y laboral, parte del reconocimiento del derecho de la mujer a ser madre sin renunciar a ningún ámbito de su realización personal, sin verse discriminada por  ese motivo y con la garantía de mantener una igualdad de condiciones con los hombres.

Entre las medidas contempladas en este proyecto de ley figura la ampliación del período de baja maternal de las 16 semanas actuales a 20 semanas, ampliables en el supuesto de parto múltiple de dos a cuatro semanas más por cada hijo. El objetivo es el de garantizar una mayor empleabilidad laboral de la mujer y una mayor protección antes y después del parto.El permiso por lactancia pasaría, según la propuesta del PP, del actual fijado en una hora y nueve meses de duración, con la posibilidad de sustituirlo por la reducción de jornada de media hora, a un periodo de 12 meses y 2 horas, que podrá ser sustituido por una reducción de su jornada en una hora.En su iniciativa, además, el PP incorpora una bonificación del 50% de la cuota empresarial de la Seguridad Social por contingencias comunes para fomentar la contratación por tiempo indefinido de mujeres con hijos menores de seis años o que se encuentren en situación de acogimiento, y una bonificación del 25% cuando el hijo tenga entre seis y doce años.En cuanto a las medidas fiscales, el PP propone elevar la deducción por maternidad de los 1.200 euros actuales hasta 1.800 euros anuales por el segundo hijo menor de tres años, y hasta 2.400 euros por el tercero y siguientes. Asimismo, la iniciativa del PP busca favorecer el modelo de teletrabajo mediante la aplicación del derecho de deducción del 10% del importe de las inversiones o gastos que realicen las empresas para fomentar el trabajo de las madres con hijos menores de 3 años en sus respectivos domicilios en la cuota íntegra del impuesto de sociedades. 

Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2010

Queridos hermanos y hermanas:

 Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. Este año quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: “La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo” (Rm 3, 21-22).

 Justicia: “dare cuique suum”

          Me detengo, en primer lugar, en el significado de la palabra “justicia”, que en el lenguaje común implica “dar a cada uno lo suyo” -“dare cuique suum”-, según la famosa expresión de Ulpiano, un jurista romano del siglo III.

 Sin embargo, esta clásica definición no aclara en realidad en qué consiste “lo suyo” que hay que asegurar a cada uno. Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo más íntimo que se le puede conceder solo gratuitamente: podríamos decir que el hombre vive del amor que solo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle. Los bienes materiales, ciertamente, son útiles y necesarias (es más, Jesús mismo se preocupó de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo seguía y sin duda condena la indiferencia que también hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia “distributiva” no proporciona al ser humano todo “lo suyo” que le corresponde.  Este, además del pan y más que el pan, necesita a Dios. Observa San Agustín: si “la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo… no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios” (De Civitate Dei, XIX, 21).

 ¿De dónde viene la injusticia?

          El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús que si sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: “Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre… Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón, de los hombres salen intenciones malas” (Mc 7,15; 20-21).

          Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente contra el hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior.

          Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene “de fuera”, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar –advierte Jesús- es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas, tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: “Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre” (Sal 51, 7). Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica de confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiados los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (Cf. Gn 3,1-6), experimentando, como resultado, un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre liberarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?

 Justicia y Sedaqad

         En el corazón de la sabiduría de Israel, encontramos un vínculo profundo entre la fe en Dios que “levanta del polvo al desvalido” (Sal 113, 7) y la justicia para con el prójimo. Lo expresa bien la misma palabra que en hebreo indica la virtud de la justicia: sedaqab.

          En efecto, sedaqab significa, por una parte, aceptación plena de la voluntad del Dios de Israel; por otra, equidad, con el prójimo (Cf. Ex 20, 12-17), en especial con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda (Cf. Dt 10,18-19). Pero los dos significados están relacionados, porque dar al pobre, para el israelita, no es otra cosa que dar a Dios, que se ha apiadado de la miseria de su pueblo, lo que le debe.

          No es casualidad que el don de las tablas de la Ley de Moisés, en el Monte Sinaí, suceda después del paso del Mar Rojo. Es decir, escuchar la Ley presupone la fe en el Dios que ha sido el primero en “escuchar el clamor” de su pueblo y “ha bajado para liberarle de la mano de los egipcios” (Cf. Ex 20,22).Dios está atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche: pide justicia con el pobre (Cf. Si 4,4-5. 8-9), el forastero (Cf. Ex 20,22), el esclavo (Cf. Dt 15,12-18).

 Por lo tanto, para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un “éxodo” más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?

 Cristo, justicia de Dios

          El anuncio cristiano responde positivamente a la sed de justicia del hombre, como afirma el apóstol San Pablo en la Carta a los Romanos: “Ahora independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado…por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia” (Rm 3,21-25).

          ¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. El hecho de que la “propiciación” tenga lugar en la sangre de Jesús significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en sí mismo la “maldición” que corresponde al hombre, a fin de transmitirle, en cambio la “bendición” que corresponde a Dios (Cf. Ga 3,13-14).

          Pero esto suscita enseguida una objeción: ¿qué justicia existe donde el justo muere en lugar del culpable y el culpable recibe a cambio la bendición que corresponde al justo? ¿Cada uno no recibe de este modo lo contrario de “lo suyo”? En realidad, aquí se manifiesta la justicia divina, profundamente distinta de la humana. Dios ha pagado por nosotros en su Hijo el precio del rescate, un precio verdaderamente exorbitante. Frente a la justicia de la Cruz, el hombre no se puede rebelar, porque de manifiesto que el hombre no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro para ser plenamente él mismo. Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.

          Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta la humildad para aceptar tener necesidad del Otro que me libere de lo “mío”, para darme gratuitamente lo “suyo”. Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia “más grande”, que es la del amor (Cf. Rm 13, 8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.

          Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor.

          Queridos hermanos y hermanas: la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este año volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don  y de salvación. Qué este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia. Con estos sentimientos, os imparto a todos de corazón la bendición apostólica.

BENEDICTO XVI, PAPA

Cuaresma 2010: Lema, calendario, normativas y caminos espirituales y pastorales

El mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2010 se titula “La justicia de Dios se ha manifestado mediante la fe en Jesucristo”

       Desde el próximo miércoles día 17 de febrero,  Miércoles de Ceniza, los cristianos nos encontramos en el tiempo litúrgico de la cuaresma, un bien hermoso y caracterizado tiempo de preparación a los misterios centrales del cristianismo: la pasión, muerte y resurrección redentoras de Jesucristo. Repasamos ahora el calendario y los caminos cuaresmales.

 El calendario

    La Cuaresma se prolongará hasta el Domingo de Pascua, este año, el día 4 de abril. Entre ese día, 4 de abril, y el 23 de mayo, solemnidad de Pentecostés, celebraremos la cincuentena pascual, el tiempo de la Pascua del Señor Resucitado. Nos reencontraremos con el tiempo ordinario, en su octava semana, el lunes 24 de mayo.

   El Domingo de Ramos en 2010 es el día 28 de marzo; Jueves Santo, el 1 de abril; y Viernes Santo, el día 2.

 Ayuno y abstinencia

           Por lo que respecta a los cuarenta días del tiempo santo de la Cuaresma, recordamos que, según la legislación vigente de la Iglesia, es preciso abstenerse de comer carne durante todos los viernes de estos cuarenta días. El ayuno y la abstinencia obligan tan sólo para el miércoles de ceniza, el próximo 17 de febrero, miércoles de ceniza, y para el viernes santo, este año, el día 2 de abril. El ayuno y la abstinencia, esto es, la dimensión penitencial de la cuaresma puede además ser ofrenda especial para la causa de la paz, la evangelización de los pueblos o cualquier otra intención.

 Ayuno, oración y limosna

     La penitencia o el ayuno es uno de los caminos tradicionales de la Cuaresma, como hemos dicho a propósito de la normativa vigente sobre el ayuno y la abstinencia.  Hay otros dos caminos cuaresmales más: la oración y la caridad o la limosna.

 Caminos pastorales

 Entre las praxis más recomendadas del tiempo santo de la Cuaresma está el rezo del Vía Crucis, al menos, durante los viernes. Como expresión de la dimensión formativa de la Cuaresma, muchas de nuestras parroquias ofrecerán durante algunos días de este tiempo santo las tradicionales y necesarias conferencias cuaresmales, escuelas de oración, sesiones de “lectio divina”, retiros con jóvenes…

 El lema de la Cuaresma 2010

 Como guía para toda la Cuaresma, al igual que en años anteriores, el Papa ha hecho público un hermoso mensaje cuaresmal. “La justicia de Dios se ha manifestado mediante la fe en Jesucristo” es la frase de la carta de San Pablo a los Romanos que sirve como lema y tema del mensaje cuaresmal de Benedicto XVI. En él, el Papa ahonda en el sentido profundo de la justicia divina y del valor redentor de la cruz de Jesucristo, máxima prueba del amor y de la justicia divina y dinamismo para establecer sociedades más justo