Carta del Papa Benedicto XVI al presidente de Haití, René Preval

El Papa expresa su pesar, asegura su oración y garantiza a Hatí la ayuda de la Iglesia ahora y en futuro  

 Conocedor con profundo pesar del terremoto que ha asolado trágicamente a amado país,  deseo asegurar a Vuestra Excelencia mi profunda simpatía y mi oración ferviente hacia todos los afectados por este terrible desastre.

 Le pido a Dios que reciba en la paz de su Reino a todos los que han muerto en el terremoto y  conforte a sus familias, que incluso, en algunos casos, no pueden dar una sepultura digna a sus seres queridos. También rezo para que el espíritu de solidaridad habite en cada corazón y para que se mantenga la calma en las calles  a fin de que la generosa ayuda llegada de todo el mundo aporte socorro a todos los damnificados y la tranquilidad de saber que toda la comunidad internacional se ha hace corresponsable de su cuidado

 Aprecio enormemente el compromiso de todos aquellos que, haitianos y extranjeros, a veces arriesgando sus vidas,  hacen todo lo posible para encontrar y rescatar a los supervivientes. Lo agradezco de todo corazón.

 Permítaseme asegurar a Vuestra Excelencia que la Iglesia Católica, a través de sus instituciones, más allá de la viva conmoción  de estos días, permanecerá junto con los afectados por este desastre y, en la medida de sus fuerzas, les ayudará en pro de un futuro mejor.

 Como una muestra de cariño hacia todos, le doy de corazón a usted y al conjunto de la población de Haití una especial Bendición Apostólica.

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Sacerdote sobreviviente relata dramática situación de seminario en Haití

El P. Augustin Almy, sacerdote diocesano que se encontraba en el Seminario de Puerto Príncipe cuando ocurrió el terremoto del 12 de enero pasado, relató la dramática situación en la que se encuentran actualmente los sacerdotes y seminaristas de este centro.

P. Augustin Almy

Desde el mismo lugar en donde están ahora los restos del seminario en Puerto Príncipe, el P. Almy contó a ACI Prensa que al momento del terremoto se encontraba en su cuarto “viendo televisión en el segundo piso. De pronto oí un ruido que no pude identificar como un terremoto. Vi luego que las paredes se caían y que la casa también se venía abajo”.

“Luego de unos cinco o siete minutos hubo silencio. Salí y vi el seminario completamente destruido. Quise abrir luego las ventanas de mi oficina y no pude. Traté de entrar y tampoco me fue posible. Los seminaristas estaban asustados. Y me di cuenta que me había salvado de morir“, dijo el sacerdote.

Al hablar de la situación actual del seminario, el P. Almy resaltó que todavía “hay algunos seminaristas que no podemos identificar, pero podemos sentir el olor que nos indican que han fallecido. Tampoco podemos encontrar a un profesor de derecho canónico y no hemos podido tener acceso a su cuarto para ver si es que está vivo o muerto”.

“La capilla –continuó– ha quedado totalmente destruida y no podemos celebrar Misa allí. Tenemos que celebrar aquí a campo abierto”.

Al hablar luego de las necesidades urgentes que tienen, el sacerdote indicó que es imperativo “asegurar los pocos bienes que quedan. De todos lados vienen a robar y no se dan cuenta que el seminario no está acabado, tenemos que continuar pese a la catástrofe“.

“Necesitamos también recuperar los cuerpos de los fallecidos por respeto y para evitar enfermedades. Algunos amigos nos están ayudando con algo de comida y agua” pero también está el problema de la “energía eléctrica que no tenemos“, concluyó.

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Sexo, género y confusión

La semana pasada el Hospital Clínic de Barcelona realizó la primera operación de cambio de sexo a un menor en España, con autorización judicial. La intervención ha sido recibida con ese tono de ¿por qué no?, tan habitual últimamente en una sociedad que prefiere dar por buena cualquier técnica sanitaria al servicio del deseo. Pero una operación de este estilo está lejos de encontrar la recomendación unánime de los especialistas.

La operación está lejos de encontrar la recomendación unánime de los especialistas

La cirugía de “reasignación de sexo” se realizó sobre un chico de 16 años que se sentía como mujer. Toda la información procede del cirujano plástico que realizó la intervención, Iván Mañero, quien asegura que el chico se vestía de chica desde los cuatro años (¿a los cuatro años un niño decide cómo vestirse?). El paciente aquejado de este trastorno ha estado en tratamiento durante tres años, aunque no se dice si el tratamiento ha sido también psiquiátrico.

Sin entrar a valorar un caso cuya historia clínica se desconoce, llaman la atención las ideas sobre sexo y género que revela Mañero, en estos días de protagonista mediático. Al haberse especializado desde 1999 en cirugía para transexuales –dice haber realizado 500 intervenciones–, no es extraño que piense que no hay ningún problema. “Ya era chica. Como género se siente mujer mientras que sus genitales son masculinos. Eso hace que su vida no sea normal. Nosotros ponemos de acuerdo el sexo con su mente” (El País, 13-1-2010).

Sus palabras sugieren la idea de que el sexo de una persona es un mero accidente biológico que puede ser cambiado para seguir el género que uno siente o escoge. “El error es no diferenciar entre género, sexo y orientación sexual. Género es cómo me siento, si hombre o mujer. Sexo, cómo son mis órganos. Y orientación, con quién quiero mantener relaciones”. Ya se ve que aquí lo importante es el “siento” y “quiero”, no lo que “son” los datos biológicos.

Sin embargo, a pesar de la cirugía, algunos hechos biológicos no cambian. Cada una de las células del cuerpo de una persona tiene cromosomas que lo identifican como varón o mujer. Y, durante el embarazo, las hormonas prenatales han modelado de diferente modo el cerebro de los niños y el de las niñas. El propio Mañero reconoce que el paciente “deberá seguir un tratamiento hormonal femenino –estrógenos– durante toda su vida”. Tampoco podrá tener hijos, ya que evidentemente la “chica” no tiene ovarios.

Lo que la operación no arregla

Si no cabe duda de que la transexualidad o disforia de género es una enfermedad y un penoso conflicto, lo que no está tan claro es que la “reasignación de sexo” sea la curación. Destacados psiquiatras que han estudiados estos casos ponen en duda que resuelva los conflictos del paciente.

Uno de los que han examinado el tema es Paul McHugh, que fue jefe del servicio psiquiátrico del Johns Hopkins Hospital de la Universidad del mismo nombre. En un artículo publicado en First Things (noviembre 2004) contaba los estudios que realizaron al respecto en su departamento con pacientes que habían sido sometidos a este tipo de cirugía en su hospital.

En cuanto al tipo de pacientes, había fundamentalmente dos grupos. Uno estaba formado por hombres homosexuales que veían en el cambio de sexo un modo de resolver sus conflictos y su sentido de culpabilidad, para actuar sexualmente como mujeres con hombres. El otro consistía en hombres heterosexuales (y algunos bisexuales) a los que les excitaba vestirse como mujeres y para los cuales la transformación quirúrgica les otorgaba más verosimilitud.

“La mayoría de los pacientes localizados algunos años después de la cirugía estaban contentos con lo que habían hecho y solo unos pocos lo lamentaban”, cuenta McHugh. “Pero en lo que se refiere a relaciones, trabajo y emociones tenían los mismos problemas que antes. La esperanza de que superarían sus dificultades emocionales para resurgir psicológicamente no se habían cumplido”.

Otro estudio sobre temas similares realizado en los servicios psiquiátricos del Clark Institute de Toronto, identificó a este tipo de pacientes como hombres a los que les excitaba imitar a mujeres seductoras, lo que les llevaba primero a vestirse como mujeres y eventualmente hacia la solución quirúrgica. Como la mayoría seguían sintiéndose atraídos por las mujeres, se identificaban ante los psiquiatras como lesbianas (Quizá por esto Iván Mañero advierte que “puede haber un transexual homosexual”).

Tras estos estudios el departamento de psiquiatría del Johns Hopkins dejó de prescribir esta cirugía de reasignación de sexo para adultos. “Como psiquiatras, deberíamos tratar de arreglar sus mentes y no sus genitales”, dice McHugh. “Proporcionar cirugía para cambiar el cuerpo de estas desafortunadas personas era colaborar con su trastorno mental en vez de tratarlo”. Cuando el Johns Hopkins anunció que iba a dejar de hacer esta cirugía, muchos otros hospitales le siguieron, aunque otros centros siguen practicándola.

Frente a la idea de una mujer “atrapada” en un cuerpo de hombre (o viceversa), estos psiquiatras piensan que una persona puede sufrir este trastorno por experiencias negativas que en la infancia o en la adolescencia les llevan a no aceptar su masculinidad o feminidad. En un intento de superar este doloroso conflicto, fantasean con la idea de vivir como alguien del otro sexo. Esto puede llevar a vestirse y a identificarse más con el sexo opuesto, e incluso a engañarse con la idea de pertenecer a él.

Jóvenes confusos

Estos diagnósticos psiquiátricos, comenta McHugh, no han sido bien recibidos por los “activistas transexuales (a menudo aliados con el movimiento gay) que todavía sostienen que su disforia de género representa su verdadera identidad sexual”. “Uno podría esperar que aquellos que aseguran que la identidad sexual no tiene bases biológicas o físicas aportarían más pruebas para persuadir a otros. Pero he comprobado que hay un fuerte prejuicio a favor de la idea de que la naturaleza es totalmente maleable”, dice el psiquiatra.

También en España, la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales ha emitido un comunicado para “celebrar” la operación de Barcelona y exigir el derecho de un menor a operarse “si así lo desea, cuenta con un estudio profesional y el apoyo de su familia”. A su juicio, “el trámite judicial retrasa inexplicablemente la realización de la cirugía y vulnera el derecho al libre desarrollo del o de la menor”.

Pero no se acaba de entender esta inclinación por el quirófano, cuando la ley para el cambio de género, aprobada en España por el gobierno de Zapatero en 2007, y que fue saludada en su momento como “la más avanzada del mundo”, solo pide que al solicitante se le haya diagnosticado un trastorno (disforia) de género y que haya sido tratado médicamente durante al menos dos años, pero no exige que el tratamiento haya incluido cirugía de reasignación sexual (modificación de los genitales).

Por su parte, Mañero piensa que “cada vez operaremos a más jóvenes. La sociedad es cada vez más madura y hay mayor conocimiento”. Lo más probable es que efectivamente haya más problemas de identidad sexual entre los jóvenes, por la propia confusión que hoy se extiende entre sexo, género y orientación sexual, unida al imperio del deseo. Pero precisamente por eso la prudencia y los datos psiquiátricos aconsejan no precipitar decisiones antes de la mayoría de edad y proporcionar a esas personas toda la ayuda psiquiátrica necesaria. 

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La venta de la píldora del día después crece un 300 por ciento

La píldora del día después es un producto seguro… para la cuenta de resultados de los laboratorios que la comercializan. El cambio de estatus aprobado por el Gobierno con el objetivo de que el fármaco pasara a dispensarse libremente en las farmacias, sin necesidad de receta médica, ha provocado un auténtico «boom» de ventas en España, hasta el punto de que puede hablarse ya de que el mes de septiembre de 2009 marcará un antes y un después en la historia comercial del medicamento.

El cambio de estatus del medicamento sí ha disparado la demanda.

Los datos sobre su comercialización en poder de Cofares –la principal distribuidora farmacéutica española, con alrededor de un 23 por ciento de cuota de mercado–, a los que ha tenido acceso LA RAZÓN, son elocuentes al respecto.

Como se recordará, el fármaco comenzó a dispensarse sin necesidad del visto bueno de los médicos el 28 de septiembre de 2009. Desde octubre hasta el 31 de diciembre del pasado año, Cofares distribuyó a las farmacias españolas un total de 45.315 envases de Postinor y Norlevo, las marcas comerciales de la píldora, fabricadas por los laboratorios farmacéuticos Bayer y Chiesi España, respectivamente. 9.121 se corresponden con el comprimido Postinor, y 36.194 son de Norlevo.
 
En el mismo período analizado –entre octubre y diciembre– pero de 2008, cuanto la píldora del día después sólo se daba en España bajo prescripción de los facultativos, apenas se vendieron en nuestro país 16.997 envases. De ellos, 3.075 fueron de Postinor, y 13.922 de Norlevo.
 
La conclusión, pues, es clara: en apenas un año, y a pesar de que el Gobierno aseguró que no iba a aumentar la demanda con la modificación, las ventas del fármaco se han multiplicado casi por tres –un 266 por ciento– al pasar de 16.997 unidades vendidas a 45.317 en el último trimestre de 2009. La gran diferencia entre ambas cifras con respecto a la regulación de la píldora es el cambio de estatus decidido por el Ejecutivo, con la aquiescencia del Ministerio de Sanidad y Política Social.
 
Como Cofares representa una cuarta parte del mercado farmacéutico español, cabe llegar también a la conclusión de que en sólo tres meses podrían haberse vendido más de 150.000 pastillas en nuestro país, si se multiplican las 45.317 cajas comercializadas por la distribuidora por cuatro, para extrapolar la cantidad.

Un cambio de tendencia

El análisis de los datos de ventas correspondientes ya a todo 2009 también son muy reveladores acerca del crecimiento que ha experimentado la demanda de la pastilla desde que su posibilidad de compra por parte de las mujeres se abriera en España. En las comunidades en las que Cofares tiene actividad distribuidora, las farmacias recibieron 11.012 envases de Postinor durante los nueve primeros meses del año. En los tres restantes, cuando ya se vendía sin receta médica, obtuvieron 9.121 cajas, sólo 1.891 menos.

Con respecto al otro fármaco, Norlevo, la situación tampoco es muy distinta. Entre enero y septiembre, en el territorio gestionado por Cofares se comercializaron 48.149 envases, frente a los 36.194 que se vendieron entre octubre y diciembre.
Si el análisis atiende a los meses, la subida de ventas experimentada por Norlevo es, simplemente, espectacular.

Si en marzo se vendían 4.592 cajas y en junio 5.541, en octubre, tras el revuelo mediático suscitado por el polémico cambio de estatus, la cifra se disparó hasta los 11.618 envases, y ascendió hasta los 12.792 en el mes de diciembre. Sus ventas van, pues, «in crescendo». También ha sido alta la subida registrada por el otro fármaco, Postinor. En el mes de junio, Cofares distribuía 1.103 unidades. En octubre alcanzaba las 3.938.

Una subida espectacular

En total, Cofares comercializó durante el pasado año 104.476 envases de la píldora del día después. 20.133 fueron de Postinor y 84.343 de Norlevo. En todo 2008, vendió 71.523 fármacos. El incremento fue, simplemente, espectacular: de 32.953 cajas.

Los datos de ventas por territorios también muestran disparidades, aunque hay que tener en cuenta a la hora de valorarlos que la presencia de Cofares en todo el territorio español no es homogénea, siendo mucho más significativa en unas comunidades que en otras. Por ejemplo, y teniendo siempre en cuenta esta precisión, hay que decir que Madrid concentraría un 47,6 por ciento de las ventas de Postinor, y un 36,98 por ciento de las de Norlevo.

En Cataluña, el porcentaje de Postinor alcanzaría el 5,83 por ciento, mientras que el de Norlevo llegaría al 5,88 por ciento. En Valencia, el porcentaje de Postinor sería del 10,51 por ciento con respecto al total de ventas en España, y el de Norlevo llegaría al 9,42 por ciento. En Andalucía, Postinor obtiene un 3,41 por ciento de la cuota de Cofares, mientras que Norlevo copa el 3,26.

Concapa apoya el plan del PP para las madres

La Confederación de Padres Católicos (Concapa) se mostró ayer a favor del plan de apoyo a la maternidad que presentará el Partido Popular en los próximos días. Como adelantó LA RAZÓN, entre las principales propuestas del plan figuran una ley para que se puedan iniciar los trámites de adopción durante el embarazo de la madre biológica y un proyecto para que las empresas coticen menos por las empleadas con hijos pequeños.

Para Concapa, «la maternidad es un derecho esencial y los poderes públicos tienen la obligación de protegerlo». Sin embargo, consideran que también es preciso «reivindicar el derecho a la paternidad, ya que el varón tiene derechos y obligaciones». Los padres católicos señalan que «es hora de que los partidos políticos propongan en sus programas medidas que permitan al hombre y a la mujer disfrutar de la paternidad y de la maternidad sin ser discriminados por ello; es decir, apostar por la cultura de la vida frente a la cultura de la muerte». 

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