La desesperación y el pillaje empeoran la situación en Haití

Hasta el momento han sido enterrados 70.000 cadáveres. Los vivos han pasado del miedo a la indignación y la violencia, y los saqueos se extienden por Puerto Príncipe y han causado ya decenas de muertos. Mientras tanto, en el aeropuerto se amontona la comida, el agua y los suministros médicos que llegan desde todos los rincones del mundo y que no se empezarán a repartir hasta que el ejército de Estados Unidos se despliegue y garantice la seguridad. El gobierno haitiano por su parte ha decretado el estado de emergencia hasta fin de mes.

La cifra de muertos fue facilitada por el secretario de Estado para la Alfabetización, Carol Joseph, según informó Radio Metropole, una de las más escuchadas en el país. Además del estado de emergencia, que suspende varias garantías constitucionales, el gobierno ha decretado un periodo de duelo nacional de 30 días desde hoy y hasta el 17 de febrero. Según el ministro del Interior, Antoine Bien-Aimé, el terremoto ha causado la muerte de 100.000 personas, aunque otras fuentes aseguran que podrían ser más. 

La desesperación ha empezado a cundir entre los que tuvieron más suerte. Así, la violencia, el pillaje y la cifra de robos y asaltos suben como la espuma en las calles de Haití cinco días después del terremoto. Mientras, la comunidad internacional lucha por frenar estos problemas inmediatos y se plantea la reconstrucción a largo plazo. La ayuda no ha llegado a muchos puntos de concentración de damnificados en estos primeros días, como es el caso de los miles de refugiados de Peguyville, en la capital, que después del seísmo solo han visto un camión con agua potable.

Muchos damnificados se quejan de que no han recibido ninguna asistencia, pese a que el aeropuerto de Puerto Príncipe soporta verdaderos atascos de aviones cargados con víveres y medicinas. “Hay que comprender, la coordinación se ha ido al suelo, lo mismo que nuestros edificios del Programa Mundial de Alimentos (PMA) y de la propia Minustah“, comenta Alejandro López-Chicheri, jefe de comunicaciones de esa agencia para América Latina.

Pero los damnificados, cerca de tres millones de personas, no lo comprenden y, sumidos en un estado de profunda desesperación, se cuelan en comercios cerrados o almacenes y arrojan desde el tejado todo tipo de mercancías. Cientos de jóvenes, muchos armados con barras de hierro o madera, y algunos con cuchillos, ocuparon el domingo una importante avenida del centro de la ciudad y forzaron la entrada de varios almacenes de la calle, ninguno de ellos de comestibles.

Muchos de ellos protagonizaron enfrentamientos a golpes y empujones en plena calle por el reparto del botín, pero sin llegar a utilizar sus armas, ante la mirada de numerosos fotógrafos.Saqueos que quedan en total impunidad, ya que los militares de la ONU que recorren las calles capitalinas pasan por delante sin intervenir, mientras que la policía haitiana dispara al aire sin éxito. Otras fuentes hablan de linchamientos y castigos a los saqueadores.

Los Bomberos de Castilla y León son uno de los equipos afectados. En medio del rescate de una niña, y tras trabajar varias horas en el desescombro, la seguridad de la zona les obligaba a abandonar la operación tras escuchar disparos en la calle contigua. Hasta la capital, Puerto Príncipe, ha viajado la vicepresidenta primera del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega, para evaluar la situación sobre el terreno. Allí ha transmitido ánimo y ha agradecido su trabajo a los voluntarios españoles, que se declararon frustrados tras tener que abandonar a la pequeña en pleno rescate.

Además, a la ONU le preocupa la propia seguridad de su personal, algo que ralentiza las operaciones de ayuda. De hecho, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estudiará este lunes en una reunión extraordinaria ampliar el número de tropas de la Minustah, liderada por Brasil, y actualmente integrada por 6.000 cascos azules y 2.200 policías, según el canciller brasileño, Celso Amorim.

En la reunión celebrada hoy por los 27 en Bruselas se ha acordado un primer envío de treinta millones de euros para reconstruir la zona. Existe la previsión de enviar más de cien millones más a corto plazo, y unos doscientos a largo plazo. Se ha hablado además de la convocatoria de una Conferencia Internacional en colaboración con la ONU y EEUU. La coordinación es precisamente lo fundamental en estos momentos. Así lo ha afirmado la alta representante de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton. La destrucción de infraestructuras, que está dificultando el reparto de ayudas, es, por contra, el mayor problema. 

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