La primera operación de cambio de sexo a un menor en España dispara la polémica

La semana pasada se ejecutó en España la primera intervención quirúrgica en el Clínico de Barcelona para modificar los órganos genitales de un menor de edad, tras recibir una autorización judicial en noviembre pasado. Se trata de un adolescente de 16 años que declara sentirse mujer desde los 4 y llevaba 2 con un intenso tratamiento psiquiátrico, endocrino y hormonal. La polémica respecto a esta intervención, al margen de las eventuales complicaciones morales de un cambio de sexo, radica sobre todo en el hecho de que el paciente es un menor de edad: ¿a qué edad se es maduro para decidir que uno pertenece al sexo opuesto?

Una decisión irreversible

La operación corrió a cargo de la empresa de asistencia sanitaria privada Barnaclínic, puesto que la sanidad pública no puede realizar cambios de sexo a menores de edad. Y el cirujano plástico autor de la intervención, Iván Mañero, manifiesta que su paciente está feliz y asegura que “si ahora creen que una chica de 16 años es madura para abortar las veces que quiera sin decírselo a sus padres, también lo es para someterse a la intervención“. Fueron dos horas y media en las que al menor le construyeron una vagina mediante la piel del pene manteniendo las terminaciones nerviosas, y unas glándulas mamarias. A partir de aquí, el tratamiento tan sólo será hormonal con el fin de prevenir una descalcificación precoz de los huesos, pero no psicológico.

La familia del joven ha sido la primera en España en pedir una orden judicial que permita esta operación de cambio de sexo en un menor, del que no quieren facilitar ningún dato que pueda identificarlo, tras ser operado para ser mujer.

Desde el punto de vista ético son muchas las voces que han criticado este tipo de prácticas. Respecto a los cambios de órganos genitales en general, muchos expertos estiman que no puede someterse a un individuo a modificaciones anatómicas que resulten irreversibles. Es una cuestión de libertad: la misma libertad que se ejerce para cambiar de sexo, queda sin embargo anulada para volver al estado anterior. Pero además, en este caso concreto, concurre la circunstancia de que se trata de un menor de edad, y en este terreno los inconvenientes éticos son aún mayores: la transexualidad es una patología extremadamente compleja y resulta temerario aplicar una intervención quirúrgica sin tener la seguridad de que el paciente posee la suficiente madurez psicológica.

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