Rouco Varela preside la apertura del Año Jubilar 2010 de Caravaca de la Cruz

Durante la homilía, el cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española ha pedido que este Año Santo sea “rico y fecundo en frutos de evangelización tanto para las familias como para la sociedad”. Rouco Varela también ha resaltado que el peregrino que acuda a Caravaca va a encontrar “a Jesucristo y también el camino para la misericordia y el perdón”.

Antonio María Rouco Varela

El cardenal arzobispo de Madrid también afirmó hoy durante la ceremonia de apertura del Año Santo 2010 de Caravaca de la Cruz, que la actual situación de crisis económica y social “reclama soluciones éticas y espirituales de fondo”.

De este modo, el presidente de la Conferencia Episcopal quiso referirse a la actual situación de coyuntura económica en su intervención durante la celebración de la Eucaristía, “una crisis mundial que es especialmente reveladora, con el aumento creciente del paro, el agravamiento de la situación de la familia y el derecho a la vida, situación perfectamente constatable en España”.

Para el arzobispo de Madrid es una crisis incontrolable para la pura técnica económica, sociológica y política, y que reclama soluciones éticas y espirituales de fondo. “Como puso de manifiesto Benedicto XVI, existe una interrelación entre los elementos financieros y económico, bioéticos y culturales que configuran la
actual crisis. Más aún, el Papa indicó la razón última antropológica que la explica: el fracaso del modelo del superhombre como el salvador único de los problemas de la sociedad y el mundo”, subrayó.

En este punto, Varela recordó “ese mito del superhombre que animó con tanto éxito histórico el pensamiento y la cultura del siglo pasado ha vuelto con nuevas formas”, y añadió que “ese hombre del siglo XX despreciaba la vía del amor misericordioso de Jesucristo Crucificado, porque creía que se bastaba a sí mismo con el manejo de su poder socioeconómico, político y cultural para resolver las injusticias del mundo”.

Asimismo, para el cardenal esa figura “parece volver a aparecer en el umbral del tercer milenio, con la ciencia empírica como última instancia de la vida y del comportamiento humano capaz de garantizar la felicidad y el bienestar de los ciudadanos del mundo, sin necesidad de una razón trascendente y moral fundada en el mandamiento inequívoco del amor, que clarifique y dignifique el uso de la libertad”.

Por otro lado, explicó que el mensaje cristiano, “la experiencia viva del Jubileo de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca de la Cruz, no puede ser de más actualidad en este momento tan crítico que atraviesa la sociedad contemporánea, en el que se interpela con gravedad a la Iglesia convocada por Juan Pablo II y Benedicto XVI a una nueva evangelización”.

Por último, se refirió a los frutos del Jubileo de Caravaca de la Cruz, “que serán muchos y en muchos ámbitos de la vida de las personas y de la sociedad: frutos de convivencia, acercamiento entre pueblos, ciudades y regiones de España y de fuera, especialmente entre los hermanos de Europa, así como el aumento de la fe y de la vida cristiana”.

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