S.S. Benedicto XVI enciende el Cirio de la Paz y se descubre el Nacimiento

Benedicto XVI ha encendido el Cirio de la Paz en la ventana de su apartamento, poco después de que se descubriese el Portal de Belén de tamaño natural construido en mitad del recinto vaticano, delante del obelisco.

Ciudad del Vaticano

La inauguración del Nacimiento y el encendido del cirio son los dos ritos tradicionales con los que dan comienzo las celebraciones navideñas en el Vaticano, donde a las diez de esta noche, dos horas antes de la medianoche, el Papa oficiará en la basílica de San Pedro la Misa del Gallo.Durante el encendido del cirio, el Papa sólo ha rezado unos segundos por la paz en el mundo y con la vela ha hecho la señal de la cruz. Después con la mano ha saludado y ha bendecido a los presentes en la plaza.
    
El Portal de Belén fue inaugurado por el cardenal Angelo Comastri, vicario para la Ciudad del Vaticano, entre cantos de niños y música navideña. El Nacimiento ocupa una superficie de 300 metros cuadrados y un frente de 25 metros cuadrados, cuenta con una veintena de figuras provenientes del Portal de Belén que fue realizado en 1842 en la iglesia romana de San Andrés della Valle por San Vicente Palotti. Al lado del Portal ha sido colocado el tradicional árbol de Navidad, que este año ha regalado al Papa la región belga de Valonia y que fue inaugurado el pasado día 18 por Benedicto XVI.

Nochebuena

Tal y como reza la antífona del oficio Divino Hoy sabréis que viene el Señor y mañana contemplaréis su Gloria. En esta jornada, cobra especial relevancia la Misa de medianoche, popularmente conocida como Misa del Gallo, en la que se vive el gran Día del Nacimiento de Cristo, con la adoración al Niño Recién nacido, después de la Celebración. Así se dará por concluido el Tiempo de Adviento, que ha supuesto una preparación de los caminos de la vida al Dios que viene durante las pasadas cuatro semanas. También en este día recordamos a San Gregorio, sacerdote que muere durante la persecución del Emperador Diocleciano. Según cuenta la historia, Roma encarga al lugarteniente Flaco, poner orden dentro de sus fronteras en lo que respecta a la religión imperial eliminando todo lo que sea ajeno a las divinidades romanas. La estrategia que utiliza es obligar a poner más dioses para obligar  a adorarles, observando así, quiénes cumplen con el mandato. Los que no obedezcan serán castigados severamente. Aquí es donde aparece Gregorio, en Spoleto. Su principal constante es hacer el bien a los demás, asistir a los pobres y consolar a los afligidos. Cuantos le conocen destacan su Fe y espíritu de oración, explicando los grandes secretos del Dios Uno y Trino a los que se lo piden. Muchos se sienten atraídos por su testimonio de vida, tocándoles su interior. Pero no todos lo ven de esta manera. Otros le ven un rebelde a la filosofía del Imperio, por no querer adorar a los ídolos. Al intentar persuadirle de que lo haga, él se niega y se muestra dispuesto a morir por Cristo. Su anhelo se verá cumplido y Dios le concederá la palma del martirio en el año 303.