Fernández Díaz lamenta que algunos que no protegen a los niños se preocupen por los toros

Después de que el Parlamento de Cataluña ha aprobado debatir en los próximos meses la prohibición de las corridas de toros, el popular Jorge Fernández Díaz ha lamentado que haya gente que no proteja a los niños -en relación con la nueva Ley del Aborto libre aprobada por el Gobierno- y que sin embargo si que se preocupen por los toros.

El vicepresidente 3º del Congreso y diputado del PP por Barcelona, Jorge Fernández Díaz ha asegurado que para algunos grupos como el PSOE y una parte de Convergencia”, “ya no digamos para ERC o IU”, ha añadido, “es más importante hablar de los toros que de la familia y del matrimonio y afecta más a la conciencia y a la libertad”.Así, ha insistido en que para el Partido Socialista “es más importante ética y moralmente debatir sobre las corridas de toros que debatir sobre la maternidad”. 

Jorge Fernández Díaz

San Nicolás de Bari

  ¿Sabes quién era San nicolás de bari?

Obispo de Mira

 San Nicolás fue obispo de la ciudad de Mira, en Licia, Asia Menor (corresponde a la localidad turca llamada actualmente Dembre), en el s. IV, y sus reliquias se veneran en Bari (Italia). Muy pocos son los datos que se conocen de la vida de este santo, puesto que no existen testimonios auténticos contemporáneos. Sus biografías más antiguas son de algunos siglos posteriores a la época en que se cree que vivió. Se considera que nació en Patara (Asia Menor) alrededor del año 270, y que murió un día 6 de diciembre de un año entre 345 y 352.

Lo poco que se conoce de la figura de San Nicolás contrasta fuertemente con la universalidad de su fama y de su culto, con la popularidad de que goza en oriente y en occidente, aun en los tiempos modernos, y con la abundancia de leyendas creadas en torno a él. Fue tan popular en la antigüedad, que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era y es invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, y la gente conseguía por su intercesión favores admirables.

Existen muchas obras que hablan de la vida del santo. Entre ellas destaca una compilación de San Metodio, Arzobispo de Constantinopla, que ofrece un resumen de todas las piadosas y maravillosas historias que se contaban de él.

Según estas historias, ya desde el nacimiento de Nicolás los prodigios se suceden uno tras otro: Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a sus padres: “sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto”. La generosidad es una virtud que siempre se ha asociado a este santo.

Fue ordenado sacerdote por un obispo tío suyo. Al morir sus padres atendiendo a los enfermos en una epidemia, él quedó heredero de una inmensa fortuna. Entonces repartió sus riquezas entre los pobres y se fue a un monasterio. Después de visitar Tierra Santa llegó a la ciudad de Mira (Turquía) donde fue elegido obispo. Su elección se consideró un designio divino.

San Nicolás es especialmente famoso por los numerosos milagros que lograba conseguir de Dios. Se le representaba con unos niños, porque se contaba que un criminal había herido a cuchillo a varios niños, y el santo al rezar por ellos obtuvo su curación instantánea.

También pintan junto a él a una joven, ya que se dice que en su ciudad había un anciano muy pobre con tres hijas a las que no lograba casar por su extrema pobreza; el santo, por tres días seguidos, cada noche le echó por la ventana una bolsa con monedas de oro, y así el anciano logró casarlas.

Otra historia cuenta como estando unos marineros en medio de una terribilísima tempestad en alta mar, empezaron a decir: “Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen obispo Nicolás, sálvanos”. Y en ese momento vieron aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual bendijo al mar, que se calmó, y en seguida desapareció. Por esto es considerado también patrono de los marineros.

En otra ocasión iban a condenar injustamente a tres amigos suyos que estaban muy lejos. Ellos rezaron pidiendo a Dios que por la intercesión de Nicolás, su obispo, los protegiera, y esa noche en sueños el santo se apareció al juez y le dijo que no podía condenar a esos tres inocentes; así, al siguiente día fueron absueltos.

Cuando el emperador Licinio decretó una persecución contra los cristianos Nicolás fue encarcelado y azotado, pero siguió aprovechando toda ocasión que se le presentaba para hablar del cristianismo a cuantos trataban con él. Luchó contra la idolatría, y convirtió a judíos y árabes. Una vez muerto, el poder milagroso del santo seguía asistiendo a todos aquellos que le invocaban.

En Roma ya en el año 550 le habían construido un templo en su honor. En 1087, las reliquias de San Nicolás fueron trasladadas a Bari: según la tradición —avalada por un documento del s. XII— cuando los mahometanos invadieron Turquía, un grupo de católicos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia. Allí se obtuvieron tan admirables milagros por intercesión del santo, que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa.

En 1089 el mismo papa Urbano II consagró la cripta en donde son venerados los restos del santo. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía, e innumerables iglesias le han sido dedicadas. En oriente lo llaman San Nicolás de Mira, por la ciudad de la que fue obispo, pero en occidente se le llama San Nicolás de Bari. Aún en la actualidad es considerado en muchas partes como patrono de los niños y de los marineros.

Origen de la figura de Santa Claus

Su fiesta se celebra el 6 de diciembre. Por haber sido tan amigo de la niñez y tan generoso, en algunos países europeos se repartían en este día dulces y regalos a los niños, y prácticamente con esta fecha se empezaban las festividades de diciembre, relacionando así al santo con las fiestas navideñas.  

Durante los siglos XVII y XVIII coinciden en Estados Unidos inmigrantes de distintas culturas como la británica, la holandesa y la alemana: la tradición católica de holandeses y alemanes, que tenía devoción a San Nicolás se mezcló con la de “Father Christmas” (el padre de la Navidad) que era la figura típica de las fiestas navideñas en Inglaterra.

Como derivación del nombre del santo en alemán (San Nikolaus) lo empezaron a llamar Santa Claus, y fue popularizado en la década de 1820 —a través de un poema famosísimo en los Estados Unidos del poeta Clement Clark Moore— como un amable y regordete anciano de barba blanca, al que llama “St. Nick”, que la noche de Navidad pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños en un trineo volador tirado por renos.

La marca de refrescos Coca-Cola, al utilizar al personaje como parte de su campaña comercial en Navidad, cambiaría su capa de pieles por un traje rojo y blanco, dando así lugar al personaje de Santa Claus tal como se conoce ahora, también llamado Papá Noel y por supuesto —rememorando su origen— San Nicolás.

Aprobación en el Congreso español del aborto.

El todavía proyecto de ley ha de ser ahora tramitado en el Senado para volver en el mes de marzo al Congreso.

A tenor de la crudeza de la situación: la crisis económica es, ante todo, crisis moral, la crisis económica es efecto visible y lacerante de una profunda crisis ética de nuestra sociedad que ha hecho del dinero, del hedonismo y del individualismo la guía y el norte de su existencia.

 Y así nos lo recuerdan ahora los obispos de la CEE con la publicación de una oportuna declaración ante la crisis moral y económica. Sí, moral y económica, por este orden, por el orden de las causas hasta llegar a los efectos. Con sobriedad y esencialidad nuestros obispos, a la luz de la encíclica «Caritas in veritate» del Papa Benedicto XVI, nos ofrecen en esta declaración un diagnóstico preciso de la actual situación y trazan algunas propuestas, algunas «terapias», en orden a la salida y recuperación de la crisis. Y en este sentido, el recordatorio, la interpelación de que «no hay verdadero desarrollo sin Dios» es una de las principales aportaciones del nuevo documento de la CEE.

 ¿Y es que no ha adorado nuestro mundo al becerro de oro, al dios falso, del enriquecimiento fácil, del «todo vale», de la codicia desmedida, de la falta de honradez, de la insoportable insolidaridad? «Dios –escribe certeramente el Papa en su última y luminosa encíclica– es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de “ser más”». Este mensaje, esta obviedad avalada por la historia pasada y reciente, tiene ahora especial vigencia cuando, por ejemplo, tantas personas, se disponen a celebrar y a vivir unas fiestas navideñas como si Dios no existiera. Dios, el Dios de los cristianos, no es enemigo del hombre, ni del progreso, ni de la modernidad. Dios es el eje y el motor de la existencia y del desarrollo verdaderamente humano.

 Por ello, la crisis ha de ser una ocasión para «poner en Dios –como escribe la CEE– la referencia verificadora de nuestras actitudes y comportamientos. Sólo teniendo en cuenta la dimensión trascendente de la persona, podemos lograr un desarrollo humano integral». Sin Dios, con el olvido de Dios o proscribiendo o silenciando en nuestro entorno público y privado su nombre, su culto y sus signos, no saldremos auténticamente de la crisis.

 Tampoco saldremos de la crisis con la actual ceguera y perversión con respecto al principal de los derechos de la persona como es el derecho a la vida, de toda la vida –desde su concepción hasta su ocaso natural– y de la vida de todos. Produce, por ello, estupefacción, perplejidad y consternación la deriva hacia la que se encamina la ley del aborto en España. Las políticas antinatalistas están en la base de la actual crisis económica. Con palabras de Benedicto XVI en su última encíclica, asumidas por los obispos en su declaración, «la apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica. Grandes naciones han podido salir de la miseria gracias también al gran número y a la capacidad de sus habitantes. Al contrario, naciones en un tiempo florecientes pasan ahora por una fase de incertidumbre, y en algún caso de decadencia, precisamente a causa del bajo índice de natalidad».

 Precisamente en estos días se ha sabido que Francia, uno de los primeros países en salir de la crisis, atribuye a sus recientes políticas a favor de la natalidad su recuperación económica. Y es que la vida nunca es una amenaza y una pobreza sino una oportunidad y una fuente inestimable de riqueza. «La apertura a la vida –subraya el Papa– está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social», como puede ser la solidaridad. ¿Por qué entonces ignorar o despreciar esta hoja de ruta para salir de la crisis y persistir en los errores de fondo que nos han llevado a ella?