Son justas sólo las leyes que protegen la vida humana y rechazan el aborto, advierte el Papa

Benedicto XVI

«Son conformes a la justicia sólo las leyes que tutelan la sacralidad de la vida humana y rechazan la licitud del aborto, de la eutanasia, de las desenvueltas experimentaciones genéticas –advierte el Papa-, las leyes que respetan la dignidad del matrimonio entre un hombre y una mujer, que se inspiran en una correcta laicidad del Estado –laicidad que comporta siempre la salvaguarda de la libertad religiosa- y que persiguen la subsidiariedad y la solidaridad a nivel nacional e internacional».

«De otra forma, acabaría por instaurarse» la «dictadura del relativismo», el cual «no conoce nada como definitivo y deja como medida última sólo el propio yo y sus deseos», subrayó Benedicto XVI en la audiencia general este miércoles, ante peregrinos de todo el mundo llegados al Vaticano.

En su serie de catequesis sobre la cultura cristiana del medioevo, de la figura de John de Salisbury -filósofo y teólogo nacido en Inglaterra a principios del siglo XII-, el Papa propuso lecciones de actualidad.

Existe «una verdad objetiva e inmutable, cuyo origen es Dios, accesible a la razón humana y que se refiera a la actuación práctica y social -apuntó-. Se trata de un derecho natural en el que las leyes humanas y las autoridades políticas y religiosas deben inspirarse para que puedan promover el bien común».

Ley natural -que se caracteriza por la «equidad» o «justicia», o sea, «la atribución a cada persona de sus derechos»- de la que proceden «preceptos que son legítimos en todos los pueblos y que en ningún caso pueden derogarse», aclaró.

Gran importancia por lo tanto, siguiendo a Benedicto XVI, en la relación entre ley natural y ordenamiento jurídico.

Y es que «en nuestro tiempo, de hecho, sobre todo en algunos países, asistimos a un desgajamiento preocupante entre la razón, que tiene la tarea de descubrir los valores éticos ligados a la dignidad de la persona humana, y la libertad, que tiene la responsabilidad de acogerlos y promoverlos», alertó.

Por eso tal vez hoy John Salisbury nos recordaría –dijo el Papa- cuáles son las leyes realmente conformes a la justicia.

La acción social y política jamás se debe separar de la verdad objetiva sobre el hombre y sobre su dignidad, porque «la verdad y el amor que aquella desvela no se pueden producir, sino sólo acoger -puntualizó-. Su fuente última no es, ni puede ser, el hombre, sino Dios, esto es, Aquél que es Verdad y Amor».

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